lunes, 17 de abril de 2017

Liderazgo político y acción robusta



Cuando se habla de liderazgo político, es posible que uno piense en cualidades como la determinación o el compromiso con unos principios. No obstante, como bien apunta Xavier Márquez en su excelente blog, abundan los ejemplos históricos de líderes políticos con un perfil muy diferente. Como explican los sociólogos Padgett y Ansell, durante el Renacimiento italiano, Cosimo de Medici ocupó el ejemplo paradigmático de a qué nos referimos. A pesar de no ocupar ningún cargo de jure, se erigió como gobernante de facto de Florencia y dio comienzo a un largo periodo de dominación de su familia en la capital toscana. Todo esto lo hizo habiendo ocupado cargos públicos oficiales apenas en dos ocasiones, ambas durante muy poco tiempo, y consiguiendo crear una facción a la par extremadamente heterogénea en su composición (aunque textos de la época los veían como los «campeones de los nuevos hombres», aún a día de hoy no queda muy claro exactamente qué intereses representaban) pero muy efectiva en su capacidad de movilización.

A pesar del tratamiento que se le da al líder florentino en El príncipe (Maquiavelo y Cosimo eran coetáneos y amigos durante la juventud, aunque su relación posterior fue complicada; la familia de Maquiavelo acabó en el exilio a causa de una trifulca con los Medici, y Maquiavelo posiblemente salvara el cuello gracias a su amistad con Cosimo), las narrativas de los que interactuaron con él describen a Cosimo como «una esfinge indescifrable» de la que no se conocían ni opiniones, ni planes, ni objetivos. De él se decía que era «tan taciturno que incluso sus íntimos y criados tienen problemas a la hora de entenderle». A menudo incluso daba sus respuestas en forma de proverbios o dichos. Vespasiano cuenta que sus respuestas eran tan breves y poco claras con el objeto de tener siempre doble sentido. Cosimo no tomaba la iniciativa jamás, simplemente se limitaba a responder a las peticiones o retos que le llegaban.

Padgett y Ansell argumentan que el gran éxito del liderazgo de Cosimo se debe precisamente a este liderazgo pasivo. Cosimo utilizaba la estrategia de lo que ellos llaman las señales polivalentes, que consiste en enviar mensajes tan ambiguos que pueden ser entendidos de forma distinta por cada receptor, constituyendo prácticamente un test de Rorschach. De esa manera, cada cual puede leer entre líneas lo que encuentre relevante, dejando abiertas el mayor número de opciones para el gobernante.

Mientras tanto, se trata de dejar que los oponentes señalen sus estrategias o intenciones, mientras uno oculta las suyas propias. El compromiso con unos principios o una línea de acción se convierte entonces no en una virtud sino en una forma de atarse las manos y debilitar la posición del gobernante. La inacción propia mientras los demás se mueven, en cambio, obliga a los enemigos a que muestren sus cartas mientras uno las tiene guardadas. Eric Leifer, que investigó el tema desde la perspectiva del ajedrez (y en el que se basaron Padgett y Ansell) concluye que a menudo los jugadores ganadores no se diferencian de los perdedores por su capacidad de predicción (es decir, no pueden ver más allá que sus oponentes en el árbol de jugadas futuras posibles), sino por su enfoque en reducir el número de jugadas posibles para sus oponentes mientras dejan abiertos el máximo número de opciones para sí mismos. Esto es lo que llaman los autores el principio de la «acción robusta», que no es otra cosa que una acción o respuesta que no puede ser prevenida o evitada por ningún oponente, porque nadie conoce ni las preferencias ni las restricciones del gobernante.

Nótese que la ambigüedad estratégica no es suficiente. Para ser completamente creíble, una estrategia así requiere que los intereses propios del gobernante sean ambiguos, es decir, que sea imposible deducir cuáles son los objetivos últimos del líder. Cosimo, haciendo uso de sus múltiples facetas como banquero, como político y como jefe de la familia Medici, nunca dejaba claro bajo qué rol estaba actuando. Además, como se dijo antes, la familia Medici tampoco representaba una serie de intereses homogéneos.

Naturalmente, el éxito de la estrategia de las señales polivalentes y las acciones robustas depende mucho del contexto. En esto el estudio de las redes sociales que conformaban las diferentes facciones de la política florentina es revelador. La red configurada alrededor de los Medici tenía dos características clave: primero, los seguidores de los Medici provenían de clases sociales muy distintas, lo cual dificultaba la formación de alianzas y coaliciones entre los distintos intereses; segundo, los seguidores de los Medici provenían de barrios diferentes, lo cual explotaba la dimensión geográfica. Esto ocasionaba que, al contrario que otras facciones florentinas, las relaciones entre los Medici y sus aliados se estructuraban en una red de forma radial, con un nodo central (la familia Medici), del cual partían numerosas líneas que lo conectaban (a través de intereses comerciales o matrimonios, por ejemplo) con el resto de nodos, de forma que los seguidores de la facción solo podían relacionarse entre ellos a través del nodo central, creando una situación de dependencia total e impidiendo la creación de alianzas alternativas. La facción contraria a los Medici, la de los oligarcas, tenía una red con intereses mucho más homogéneos y conectados entre sí, lo cual reducía radicalmente el poder de negociación del nodo central y abría la puerta a la revuelta de los nodos periféricos.

Abro un pequeño paréntesis para decir que esta clase de estrategia no tiene por qué ser intencional. Hay ocasiones en que el gobernante más incompetente y el más astuto tomarán el mismo camino, uno porque es lo único que sabe hacer y otro porque es consciente de que es la mejor estrategia. La intencionalidad es independiente de la efectividad de la estrategia en este sentido (conviene tener esto en cuenta cuando pensemos en casos más cercanos en tiempo y espacio). Los análisis de la época, por ejemplo, sugieren que en un principio Cosimo se encontró con la situación por accidente, pero que más adelante existió más intencionalidad en su estilo de gobierno.

Como bien apunta Márquez, estos patrones de gobierno siguen existiendo, y no hay nada que nos haga pensar que la idea de las señales polivalentes y las acciones robustas no se pueda aplicar a la democracia. Es más, se podría argumentar que el auge de los partidos catch-all que intentan agrupar a coaliciones cada vez más diversas tienen problemas similares que pueden conducir a situaciones donde se den liderazgos pasivos cada vez más a menudo. A todos se nos pueden ocurrir ejemplos más o menos cercanos, quizá hasta en el caso de nuestro país. A Rajoy a menudo se le critica por procrastinar todas las decisiones importantes, siendo quizá el caso de la consulta catalana el más relevante.

A priori diría que esta clase de estrategia no tiene por qué funcionar o fracasar. Donde los Medici tuvieron éxito, si por éxito entendemos la supervivencia de la coalición gobernante, otros salieron escaldados. Dos factores quizá sean clave. Primero, el periodo de Cosimo sentó las bases para el crecimiento del poder político de Florencia, abriendo la posibilidad de la distribución de rentas para mantener a la coalición heterogénea unida. En Europa, y en España en particular, la situación es opuesta. En tiempos de estancamiento y recesión, cualquier transferencia de renta es un juego de suma cero. Por lo tanto, las estrategias de acción robusta correrían el peligro de romper la credibilidad del nodo central para satisfacer las necesidades contradictorias de la coalición. Segundo, cuanto más dura la partida de ajedrez, más se ven obligados los jugadores a revelar su estrategia, y por lo tanto sus preferencias y restricciones. A medida que esto ocurre, las señales polivalentes dejan de surtir efecto, y los grupos representados en la coalición pueden empezar a buscar nodos centrales alternativos que se ajusten más a sus intereses.

Fuente. http://www.jotdown.es/2015/01/liderazgos-pasivos-y-accion-robusta/


          

viernes, 14 de abril de 2017

El desorden mundial y la caída de la Unión Europea

RAFAEL POCH - 7 marzo, 2017 - 12:27 h
PRIMEROS EFECTOS DEL TRUMPETAZO (*)

Da Luan, “gran desorden”, es el concepto con el que los chinos designan las épocas turbulentas. Se creó y difundió en una época histórica en la que el mundo estaba compartimentado. Hoy mucha gente percibe ese desorden referido no a un país o una región, sino al conjunto de nuestro mundo unificado. El motivo es que hay un fuerte contraste entre lo que la gente común percibe como los retos del siglo y los medios disponibles para afrontarlos.

Los retos del siglo son tres: atajar el cambio climático, paliar la desigualdad social y regional, y avanzar en el desarme de la capacidad de destrucción masiva (convertida en objeto de amplio consumo). Si colocamos eso al lado del cuadro institucional disponible, y de las normas y las conductas generales al uso en el ámbito de las relaciones internacionales, resulta un Da Luan global, una sensación general de gran desorden.

En términos generales eso tiene que ver con la presencia de un mundo nuevo que precisa de una nueva civilización. De eso ya hablaba Einstein en los años cincuenta cuando decía que “el arma nuclear lo ha cambiado todo, menos la mentalidad de los hombres”. El principio se puede ampliar a todo lo que implica el antropoceno, es decir el vivir en una época en la que la acción humana se ha convertido en factor de cambio geológico y de potencial suicidio de la especie (porque ahora tal suicidio es técnicamente viable a diferencia de la época histórica no antropocénica). Pero en términos más concretos, esa percepción de desorden se ha hecho mayor ante nuestros ojos, desde hace 25 años.

El fin del mundo bipolar, de la guerra fría, abrió una oportunidad (ese era precisamente el discurso de Gorbachov sobre el “nuevo pensamiento” y la “nueva civilización”).

Era una oportunidad para adentrarse en el multilateralismo, en la generalización de la diplomacia y el rechazo de las políticas militares, con un papel preponderante para las Naciones Unidas. Aquello se dejó pasar en beneficio del catastrófico ensayo de una hegemonía monopolar, cuya factura es más de un millón de muertos en Oriente Medio (“el crimen del siglo”, define Noam Chomsky la invasión de Iraq) y de la generalización de la lógica militar en la gobernanza de la transformación concreta actualmente en curso, es decir en el tránsito hacia un mundo multipolar con diversos centros de poder.

Esos centros pueden actuar en consenso, lo cual sería bueno para la gobernanza global, o en la lógica de “imperios combatientes” con la formación de bloques y alianzas militares enfrentadas. La sensación y percepción de desorden y peligro tiene que ver, precisamente, con el hecho de que parece que es mucho de lo segundo lo que se está imponiendo. Y eso es muy mala noticia para los retos del siglo.

Aunque el titulo de esta conferencia se refiera al mundo, aquí solo voy a hablar de los imperios o superestados sobre los que reposa la principal responsabilidad. No voy a hablar de Oriente Medio, ni de América Latina, ni de África, sino del cuarteto: Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y China.




Estados Unidos profundiza su aislamiento

La crisis de 2007/2008 evidenció la gran avería del capitalismo neoliberal. Yo llegué entonces a Alemania desde China y recuerdo que mi primer entrevistado en Berlín, un eminente sociólogo al que conocía de treinta años atrás, me dijo: “no sabemos qué va a pasar, pero una cosa está clara: el neoliberalismo está acabado”.

Diez años después se continúa con lo mismo en condiciones de avería. Eso ha provocado sorpresas como la del trumpetazo (y como el fenómeno Sanders) en Estados Unidos. El rechazo a la Clinton parece haber sido una reacción antiliberal que rechaza los efectos socioeconómicos de la globalización junto con los derechos de minorías y demás, (porque todo se presentaba en un mismo paquete), en beneficio de un etnonacionalismo. Trump aplica sus recetas a esa avería. Intenta una síntesis entre ese etnonacionalismo y el neoliberalismo económico anterior. Es lo que llamamos la “lepenización de Goldman Sachs”. Su “América first” incluye el intento de un cambio de vector exterior (menos contra Rusia y más contra Irán y China) lo que crea una insólita división del “partido de la guerra”. Algo extraordinario, porque la división del establishment en un imperio puede dar lugar a los desordenes más imprevistos. (Recordemos en ese contexto el consejo de un conocido experto ruso a Donald Trump: “refuerce su escolta”, y también la profecía de Michel Moore de que Trump no acabará su mandato).

Sea como sea, esa inestabilidad interna aísla aún más a Estados Unidos, que ya lanza claras señales de impotencia, por ejemplo en Oriente Medio, donde manifiestamente es incapaz de hacer nada (en realidad nadie es capaz de hacer nada por si solo allá) para arreglar el dramático desbarajuste que tanto contribuyó a crear (lo hemos visto en Siria, donde los rusos lo han aprovechado muy bien y, de momento, han ganado).

Aislamiento hacia América Latina, que ya venía de lejos con Alba y Mercosur, y que ahora puede incrementarse con las tensiones con México, y aún más si se cuestiona el acuerdo de Obama con Cuba. También por causa de Israel, por su apoyo al extremismo de su administración colonial y supremacista. Pero sobre todo aislamiento con todos por cuestionamiento del acuerdo global sobre cambio climático, con lo que Estados Unidos cede a China el liderazgo en ese asunto, como se vio en noviembre en la cumbre de Marrakesh.

Todo eso va a debilitar mucho a Estados Unidos, lo que podría no estar mal, teniendo en cuenta que estamos hablando de la principal amenaza a la paz mundial (13 guerras al precio de 14 billones de dólares en los últimos 30 años. Cifra oída en Davos), pero va a empeorar el ambiente general. El etnonacionalismo es contagioso (el América First es contagioso: UE first, China first, Rusia first, etc) y su modus operandi será seguramente más militar que diplomático (Trump ya ha aprobado un nuevo récord en gastos de guerra).


Unión Europea: intento de cohesión vía la tensión con Rusia

En la UE, Alemania es el centro del problema, porque la UE que ahora se rompe (la de Maastricht para acá) fue su diseño y es su seudónimo: los políticos alemanes hablan de una “Europa fuerte” y una “Alemania fuerte” indistintamente. Y es lógico porque la actual generación, que ya no ha conocido la guerra, vuelve a pensar en una Europa alemana es decir en algo que no suele acabar bien…

Ante su crisis de desintegración (no me extiendo en ella: todo está en Adios, Unión Europea), la UE está poniendo en primer plano la defensa. Como han hecho los liberales en Estados Unidos al presentar a Rusia como la explicación de su derrota electoral, la UE busca una cohesión en la defensa y ahí Rusia es el único pretexto disponible. Aquí hay que decir que la no documentada injerencia rusa en las elecciones de Estados Unidos, es una broma si se mira desde Moscú, o desde las crónicas  subvenciones y lobysmos de Arabia Saudí o Israel en la política americana, o si se recuerda la injerencia de Estados Unidos en las elecciones de tantos países, o lo que Snowden ha documentado en materia de masivo espionaje al demostrar la existencia de Big Brother.

Pero volviendo a la defensa europea, el problema es que la pelea del “partido de la guerra” en Washington cuestiona ese recurso. La orfandad de los atlantistas europeos es manifiesta a partir del momento en que Trump desdramatiza a Rusia (Trump es lo que los alemanes llaman un “Putinversteher”) y cuestiona la propia OTAN. Que el primer accionista y propietario de la OTAN la cuestione es algo que produce cortocircuitos, por más que quizá sea solo un medio para que los europeos paguen más. Además, está el despecho por el elogio de Trump al Brexit y por el feo al euroalemán. Todo eso abre una brecha y crea unas ansiedades extraordinarias, y obliga a Alemania a pensar un plan B en materia de defensa.

Hace unos días el Frankfurter Allgemeine Zeitung titulaba: “El Bundeswehr se encamina a ser el ejército principal de la OTAN. Dos brigadas checas y rumanas y dos tercios del ejército holandés ya están subordinados e integrados en el mando militar alemán. Hacia Polonia se avanza en  el mismo mecanismo de estructuras militares comunes. En 2017 el presupuesto de defensa alemán aumentará un 8% (si llegara al 2% del PIB, como pide la OTAN a todos sus miembros, ya sería superior al ruso). En el debate político la principal revista del establishment alemán en política exterior (Internationale Politik) y en algunos medios de comunicación (como el semanario Die Zeit) se escuchan voces obscenas que defienden la necesidad de tener armas nucleares.

Y el fondo de todo esto es la histeria de la “amenaza rusa”. Histeria porque la población de los miembros europeos de la OTAN supera en 4 veces a la de Rusia, la suma de sus PIB supera al ruso en 9 veces, su gasto militar en 3 veces, e incluyendo al conjunto de la OTAN en 12 veces.

Todo esto se está forzando con una campaña mediática inusitada que intenta recrear la tradicional imagen de enemigo hacia Rusia de la Alemania reaccionaria. La población alemana (la más antimilitarista de Europa, por razones obvias), no acepta esa insistente oferta: en todos los sondeos, la mayoría contra las sanciones a Rusia, y contra la imagen de enemigo en general es sólida. La responsabilidad de Merkel en el dinamitado de aquello que rehabilitó a la Alemania de la posguerra y que fue su mejor contribución, la Ostpolitik de Willy Brandt y Egon Bahr, es extraordinaria.

Los políticos alemanes lo han conmemorado todo con su presencia; el desembarco de Normandía, las matanzas de Oradour-sur-Glane en Francia y Lidice en Chequía, los actos de la Westerplate de Gdansk en Polonia, en el centro de Berlín hay un gran memorial sobre la Shoa. Merkel estuvo hasta en el centenario de la batalla de Verdun. Lo único que (el ex presidente) Gauck y Merkel no han conmemorado ha sido, en junio, el 75 aniversario de la operación Barbarroja: más de 20 millones de muertos en la URSS. La presencia de tropas y tanques alemanes en Lituania (serán 1200 soldados en primavera), en Rukla, a 100 km. de la frontera rusa, uno de los peores escenarios del judeicidio, es una vergüenza alemana. Y además de una vergüenza es una estupidez: en Europa solo habrá seguridad con Rusia. No la habrá sin Rusia, y, desde luego, de ninguna manera contra Rusia (son palabras de Matthias Platzeck, un político socialdemócrata alemán en su reciente discurso en la Frauenkirche de Dresde un memorial civil del pacifismo alemán).

Sobre seguridad europea he escrito mucho en mi blog, así que no voy a entrar en el hecho de que Euroatlántida ha estado 20 años metiéndole el dedo en el ojo al oso ruso, al burlar los acuerdos alcanzados en el contexto de la reuniuficación alemana y el fin de la guerra fría, extender la OTAN 1000 kilómetros más hacia al este y al  desplegar un escudo antimisiles contra inexistentes armas de Irán en las mismas barbas de los rusos. Mi punto de vista es que las bellaquerías de Rusia en Ucrania y demás, han sido de naturaleza reactiva y defensiva, como lo demuestra su propia geografía: las tensiones con Rusia no son en el Caribe o en el Mediterráneo, son en su inmediata vecindad.  Pero hablemos de Rusia.



Rusia: fragilidad y tentaciones peligrosas

En Rusia hay que distinguir la proyección exterior, que en términos generales contribuye a la multipolaridad y modera el hegemonismo, y la realidad interior de su gobierno.

Recordemos que la dicotomía  multilateralismo/ hegemonismo es a las relaciones internacionales algo parecido a lo que pluralismo y dictadura supone para un Estado.

Los periodistas y el público mal informado por ellos, suelen dividir los países en “democracias” y “dictaduras”, olvidando ese aspecto esencial, es decir; que hay estados que son plurales en su interior y hegemonistas y guerreros en su exterior, léase dictatoriales, y otros que sin ser democráticos practican una política exterior multilateralista y mucho más opuesta al hegemonismo y al belicismo y que, por tanto, contribuyen a cierto pluralismo internacional.

Lo primero que hay que comprender es la crítica fragilidad interna del régimen ruso.

En una sociedad moderna y educada del siglo XXI de la periferia de Europa, una autocracia personalista que no permite la rotación electoral y que gobierna una economía oligárquica muy injusta e ineficaz, es, por definición, débil.Que compense esa debilidad restringiendo cualquier desafío político a su monopolio, no hace más que profundizar su disfunción estructural.

El machismo exterior puede ser un recurso temporal para conjurar la fragilidad del sistema, pero es un recurso temerario. En 1905 la dinastía Romanov se tambaleó tras perder una guerra contra Japón. El ciclo de la revolución rusa comenzó entonces. Estoy convencido de que el actual sistema autocrático ruso acabará saltando.

El cambio de régimen propiciado por Occidente en Ucrania (a medias con una revuelta popular genuina) fue, a efectos geopolíticos, el último dedazo del expansionismo de la OTAN en el ojo del oso.Si el Kremlin no hubiera reaccionado (en Crimea y Donbas), el nacionalismo ruso, que es la ideología sobre la que gobierna Putin, se le habría desmoronado encima. Es muy fácil entenderlo: tras las retiradas geopolíticas de Gorbachov (Europa del Este) y de Yeltsin (las repúblicas de la URSS), tener a la OTAN en Sebastopol habría sido una humillación decisiva. Lo siguiente habría sido una revolución de color contra Putin, un maidán moscovita (que también habría sido mezcla de operación de cambio de régimen y de genuina protesta popular, como fue lo de Ucrania). Así que, insisto: Las bellaquerías de Rusia en Ucrania y demás, han sido de naturaleza defensiva, tanto por geografía como por la lógica que se desprende de la supervivencia de su régimen.

Lo de Siria ha ido algo más allá de ese machismo de estricta supervivencia. Es un paso más. Tiene que ver con el intento de Moscú, admirablemente ejecutado, de recuperar un papel en el mundo. Siria era un aliado, había un proyecto qatarí alternativo al ruso para llevar gas a Europa que exigía un cambio de régimen en Damasco, y había hartazgo por los desastrosos anteriores cambios de régimen y guerras en la región desencadenadas por occidente en Iraq y Libia a base de mentiras y abuso de decisiones de la ONU. La intervención en Siria ha salido bien gracias a cierto paralizante estupor de la administración Obama ante los efectos de sus anteriores intervencionismos militares. Rusia tuvo suerte, pero, dada la diferencia de fuerzas, el riesgo de una confrontación directa con Occidente convirtió esa intervención en un ejercicio temerario. Moscú jugó sus cartas con maestría y de momento ha ganado allá.

Otro aspecto actual de Rusia con el trumpetazo tiene que ver con el hecho de que veinte años de agravios occidentales propiciaron un acercamiento entre Rusia y China, ambas sometidas a presiones estratégicas parecidas. Pero el sueño del Kremlin era una administración americana con la que entenderse de igual a igual, y el de los dirigentes chinos algo parecido, llegar a un entendimiento global. El acercamiento ruso-chino ha tenido, ciertamente, mucho de reactivo, pero ha echado raíces.

Ahora la mano tendida de Trump (una mano que apunta contra China e Irán) despierta recelos entre los socios no occidentales de Rusia: China, Irán, India y otros.

Esos países siempre sospecharon que la vocación de Moscú era occidentalista y que el euroasiatismo no era más que una forma de presión a Occidente. En 2010/2011 Moscú apoyó de facto las sanciones contra Irán al negarse a suministrar baterias S-300 e Irán se quejó por ser tratada como mera moneda de cambio en aquel juego ruso-americano. En 2014, tras lo de Ucrania y Siria, eso ha cambiado, pero la mano tendida del trumpetazo despierta ese fantasma. (Fedor Lukianov, Опасность «большой сделки»). En ese contexto me parece que cualquier intento de acuerdo con Estados Unidos enturbiará las relaciones de Moscú con el conjunto de sus socios no occidentales:

Una sintonía con Trump aumentará la rusofobia de la amplia oposición a Trump, tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea. Inquietará a China (que podría temer ser víctima de la jugada de Kissinger/Nixon contra la URSS a la que ella misma se prestó en 1972). El etnonacionalismo de Trump puede inspirar el de naciones importantes del entorno ruso contra Rusia: Bielorrusia, Ucrania, Georgia, Kazajstán. Y finalmente, el antiislamismo de Trump es muy peligroso para la estabilidad interna de Rusia, cuya población es en un 15% musulmana. Por todo eso Moscú se lo debe pensar dos veces antes de embarcarse en acuerdos con un presidente que se lleva mal con todos, que deteriorará todas sus relaciones, y que además no está nada claro que concluya su mandato.

Para concluir, hablemos ahora de China:



China se pone un cinturón de seguridad con múltiples anclajes

Tanto en Estados Unidos como en Rusia, estamos ante países, que con toda su diferente potencia, tienen en común el hecho, siempre doloroso, de ir a menos. Estados Unidos se despide del hegemonismo (tras 70 años de ejercicio, está manifiestamente mal preparado para ello), y Rusia intenta recuperar algo de su papel de segundo pilar del mundo de la guerra fría (de ahí su obsesión de que Estados Unidos la tenga en cuenta). Lo de China es diferente. China va a más. Pero su tránsito es un regreso. China ya fue, por muchos siglos y hasta 1800, centro del mundo. (Zhong Guo, país del centro). Primera potencia, podríamos decir.

Entre el primer ascenso adolescente hacia la potencia, y el regreso senil a una grandeza milenaria, hay una diferencia muy importante. Hay una diferencia cultural, desde luego, pero dentro de ella también una diferencia biográfica, de experiencia y madurez que incluye el recuerdo de haber sido víctima reciente del colonialismo-hegemonismo.

En un contexto de crisis de civilización (civilización industrial, que es “made in West”), una preponderancia sinocéntrica (un poco de taoísmo y confucianismo) en el mundo multipolar, puede no estar mal.

Dicho esto, constatamos lo qué está haciendo China en esta fase tan turbulenta: ponerse el cinturón de seguridad. Pero un cinturón de seguridad chino. Sutil y diverso.

Como todos los secretarios generales del PC, Xi Jinping era un “primus inter pares” cuando llegó al poder en 2012. A finales de 2016 los dirigentes chinos decidieron aumentar su poder, su capacidad arbitral y ejecutiva, con el objetivo de mejorar la gobernabilidad y frenar la degeneración burocrática en época de sobresaltos. Xi fue declarado “núcleo de la dirección” del PC (领导核心), es decir un ascenso que le sitúa más en el estatuto de Deng Xiaoping que en el de sus sucesores. Este no es un reflejo particularmente sutil, es puro músculo autoritario-administrativo.

En Marrakesh China fue entronada en noviembre como garante del acuerdo climático, por absentismo de Estados Unidos. En Davos Xi Jinping lanzó el mensaje a favor de la interdependencia del capitalismo, que solía ser el de Estados Unidos. En política exterior el principal mensaje de Pekín es una integración blanda. Esa política tiene varios vectores. Uno de cooperación y seguridad que no tiene nada que ver con bloques (La Organización de Cooperación de Shanghai -al principio, en 1996 con los ex soviéticos. Este año se espera a India y Paquistán. Sumen poblaciones y territorio), y otro comercial llamado “Nuevas rutas de la seda”, con ferrocarriles de alta velocidad hacia el sur de Asia (Singapur, Malasia, Tailandia), hacia Persia y hacia Europa, a través de Rusia.

Si los chinos logran captar a Alemania en esta red -lo que presupone una seguridad europea integrada que incluya a Rusia- me parece que se despejarían muchos problemas.

Al mismo tiempo en Asia Oriental, China fomenta una gran zona de libre comercio, potencia el Banco Asiático de Inversión y deja bien claro que no permitirá cinturones de hierro a su alrededor. Cuatro palabras sobre ese cinturón de hierro militar americano con la colaboración de Japón, Corea del Sur, su tensión en el Mar de China Meridional, y su escudo antimisiles análogo al que hay en Europa.

Tal cinturón es el principal vector de la política de Estados Unidos en la región. Pivot to Asia, el giro hacia Asia, se llama, y consiste en situar allá el 80% de la capacidad aeronaval de su armada. Eso es todo. Comparen cinturones de seguridad.

Cuando se habla del expansionismo militar chino en las disputadas islas de ese mar, hay que empezar diciendo que Pekín no está haciendo nada que no hayan hecho antes los otros. De las doce islas Spartly (también hay islotes y arrecifes coralíferos) Filipinas y Vietnam controlan cinco islas cada uno. Taiwan y Malasia, una cada uno. Todos han construido allá aeropuertos y mantienen presencia militar. China llegó tarde y cuando se parapeta allí en arrecifes coralíferos, con el vigor y potencia que es la suya, se arma escándalo.

Lo mismo vale para el creciente poder naval chino allí: China solo tiene un portaaviones, el Liaoning (hay un segundo en construcción) capaz de llevar 20 cazas con poco armamento y combustible (la nave no tiene catapultas de despegue, así que no pueden ir muy cargados al despegar, lo que limita su radio de acción). Para hacerse una idea un portaaviones americano puede llevar entre 40 y 50 aparatos. Y Estados Unidos tiene en la zona 10 portaaviones (pronto serán 11). Una vez más, aquí lo definitivo es que no estamos hablando del Caribe o del Mediterráneo, sino del Mar de China meridional.

Dicho esto, el declarado proteccionismo de Trump hacia China es una amenaza para la mayor relación económica bilateral del mundo que es la chino-americana. Su ruptura tendría consecuencias devastadoras para China. Pero también para Estados Unidos:

China podría responder con sanciones a empresas americanas en China (solo Boeing tiene 150.000 empleos dependientes de esa relación con China). Disminuiría el entusiasmo chino por comprar deuda pública americana (Tienen 800.000 millones en bonos del tesoro). Dejarían de afluir a Estados Unidos esos productos baratos de importación china (fabricados en un 50% por empresas americanas establecidas en China) que consumen los sectores medios/bajos que tanto han votado a Trump.

Resumiendo: todo este desorden, estas turbulencias son malas para todos, pero para algunos son peores que para otros. Aunque China esté repleta de fragilidades como la apabullante factura medioambiental de su desarrollismo, o las contradicciones y tensiones sociales de su sistema autoritario en un contexto de gran desigualdad, entre otras, hay un aspecto del actual desorden que le favorece: La existencia de 2 occidentes (Estados Unidos por un lado, la Unión Europea por el otro) y además ambos divididos en su interior. Desde el punto de vista de las correlaciones de fuerzas globales eso es algo que no le viene mal a China. ¿Es esa fractura interna coyuntural? ¿Será significativa a largo plazo?

Sea como sea, después de todo quizá sea el ascenso de China uno de los pocos factores de estabilidad que quedan para el mundo desordenado. Dicho con la máxima cautela, puede que ahí resida una de las pocas esperanzas para una acción políticamente unificadora del mundo de mañana (mundo que hoy ya está unificado por sus retos existenciales), realizada desde la prudencia y la moderación en los ánimos de dominio.


Las condiciones de un proceso aparentemente irreversible de autodestrucción (*)



Adiós, Unión Europea: Síntomas de la inminente implosión de la UE

TIEMPOS DE CAMBIO Y DESORDEN

El mundo se encuentra en una fase de cambio y gran desorden. El modelo del capitalismo neoliberal y la receta del hegemonismo en relaciones internacionales no funcionan desde hace tiempo, pero su inercia sigue siendo fuerte y nos lleva contra las rocas.

Este año hemos tenido tres cambios principales que marcarán tendencia;

1-La derrota occidental en Siria (que refleja las tensiones del paso del desorden hegemónico monopolar a las del mundo multipolar).2-El cambio de orientación en Estados Unidos, con la sugerencia de cambiar el “América World” por el “América First” de Trump, lo que abre la puerta a peleas internas en la primera potencia mundial y a toda una serie de otros “first´s” en el mundo; “China first”, “EU first”, etc.y 3-La desaparición de todo proyecto común en Europa, fracaso que induce a buscar enemigos (Rusia) y a incrementar la militarización de la “Europa de la defensa”. (1)

Todo esto es mucho para un solo año y explica con creces el vértigo que hay en el ambiente.


SIN PRECEDENTES E IRRESOLUBLE

La crisis de la Unión Europea está inserta en ese desorden más general y ha derivado en lo que da la impresión que es un dilema irresoluble:

“Si la UE quiere atajar lo que la destruye (es decir los referéndums crispados y el progreso de la extrema derecha antiliberal), debería negarse a sí misma. Si por el contrario prefiere no hacer nada y quedarse como está, entonces parece condenada a continuar alimentando lo que la destruye”. La cita es de Fréderic Lordon, el autor que mejor ha retratado la situación en el debate francés. (2)

La Unión Europea ha perdido el grueso de sus ilusiones y mitos fundadores. La crisis financiera de 2007/2008 ha demostrado que no es un club democrático de iguales, sino una construcción oligárquica y antidemocrática. Su diseño de los últimos treinta años bajo ese sello, los defectos de nacimiento del euro y la nacionalización de las pérdidas bancarias a costa de las clases medias y bajas, se han derrumbado sobre la promesa de prosperidad y justicia que estaba en la base del discurso europeísta y su narrativa narcisista.(3)

El desencanto es patente, especialmente en la Europa del Sur, antigua receptora de fondos de cohesión, pero también, y seguramente aún más, en el Este, cuya integración en la UE ha sido un fracaso en términos económicos y políticos.

En el Sur, la Europa de los fondos de cohesión, la modernidad y las “infraestructuras” ha dado paso a la Europa del recorte en su más dura modalidad.

En la Europa del Este después de 27 años de vida europea (más de la mitad del tiempo pasado bajo el yugo soviético) la evidente ganancia en oxígeno que la sociedad obtuvo al salir de las dictaduras sociales ha quedado deslucida por el regreso del ex bloque al estatuto de periferia subordinada y dependiente que tenía en el periodo de entreguerras: reserva de mano de obra barata y completa dependencia financiera e industrial. No hay atisbo de convergencia económica y social niveladora hacia Europa Occidental, y, a diferencia del Sur, tampoco de fondos de cohesión. (4)

En el Norte hay un hartazgo y una clara animosidad hacia los manirrotos del Sur: “Venderos vuestras islas”, dice el Bild alemán, mientras se compra a precio de saldo los aeropuertos griegos más jugosos obligados a privatizarse.

Todo esto guarda, desde luego, una relación directa con la incompatibilidad general de la lógica de mercado con la nivelación social y territorial -el sistema capitalista es intrínsecamente desigual-  pero en el caso del particular sistema UE se parte de una contradicción esencial: la democracia y la soberanía popular residen en los estados nacionales, pero en la UE casi todo lo que cuenta queda fuera de ese marco:

-Los bancos centrales son “independientes”, la moneda común impide ajustes y devaluaciones, los ministerios de economía son meros ejecutores de directivas decididas en la UE, la OMC, el FMI…

-El derecho europeo tiene mayor rango que el nacional, pese a carecer de un fundamento democrático: es legal, pero no legítimo.

-Y la política exterior y de defensa viene encuadrada por una estrategia (americana) organizada a través de la OTAN que es no solo exterior a la nación, sino a la propia UE.

¿Qué le queda a la soberanía popular, al sujeto que vota en unas elecciones nacionales? Muy poco. Y encima, esa desposesión ha sido santuarizada, blindada en normas y tratados para hacerla irreversible.

“No puede haber opción democrática contra los tratados europeos”, ha dicho Jean-Claude Juncker. (5)

El maltrato de Grecia, castigada su sociedad con un programa de austeridad aún más estricto por haber rechazado el anterior en referéndum, ha ofrecido el último ejemplo de desprecio  de la voluntad popular. El Brexit ha demostrado la estricta jerarquía y desigualdad en el trato, porque la voluntad popular expresada por el referéndum británico (mucho más ajustada que la griega), sí ha sido reconocida, aunque con mal humor.

¿Qué clase de club es ese del que no se puede salir, ni plantear reforma de sus estatutos, sin provocar convulsiones y amenazas? Manifiestamente no solo un club defectuoso en su diseño, sino también autoritario. Esta historia del desprecio de los referéndums ya tiene 24 años y 9 consultas a su cuenta. (6)

 BALCANIZACIÓN

Es la hora de la balcanización. Por doquier se asiste a una desintegradora fragmentación. El Brexit (UK first) ha sido un adelanto del contagioso “America First” de Donald Trump, pero el proceso ya tenía su propia dinámica interna no solo en las naciones de la UE -e incluso dentro de sus estados en algunos casos- sino en sus conglomerados y clubs informales.

Los países del Sur celebran tímidas cumbres en las que sus timoratos dirigentes, de momento, ponen en común su impotencia. En el Este, se incrementa la concertación de clubs como el de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia). En el Norte, con centro en Berlín -sin duda el club más relevante y discreto- se hacen números alrededor de la idea de una Kerneuropa, la Europa matriz luterana y virtuosa, separada del lastre. Los números no salen y la conclusión sigue siendo la misma que la señalada en 2012 por los documentos internos del Ministerio de Finanzas alemán: de momento no conviene. De todos los “first” europeos, el “Kerneuropa first” de Alemania y sus compañeros de fe en la “regla de oro” y el principio, “por la exportación hacia Dios-crecimiento”, es seguramente el más relevante…

Si la tesis del dilema irresoluble es correcta, el vector de esta balcanización es inequívoco: la desmembración es solo cuestión de tiempo.



SEGURIDAD: INTEGRAR O EXCLUIR

En materia de seguridad y relaciones internacionales, la situación es obvia: cuando hay que inventar algo nuevo y consensuado entre los actores de la multipolaridad para afrontar los retos del siglo (actuar contra el calentamiento global, paliar la desigualdad y afrontar el desarme de la cada vez más generalizada capacidad de destrucción masiva), en Occidente constatamos la persistencia de toda una generación política (y la red de expertos a su servicio) formada en el viejo hegemonismo y sin experiencia ni recuerdo ya de la misma esencia de la acción diplomática y el multilateralismo.

Tras setenta años de holgado dominio, Estados Unidos está muy mal preparado para ese cambio de actitud exigido por la realidad del mundo multipolar. Enfrentándose a Rusia en Occidente y a China en Oriente, ha suscitado el acercamiento entre esos dos países, que no desean un regreso a la lógica de bloques pero que al mismo tiempo ya se declaran dispuestos a oponerse militarmente al cerco en sus fronteras más inmediatas (Ucrania/Mar de China meridional). Se constata la fuerza inercial de toda esa gente (en la política, los think tanks y los medios de comunicación) aferrada a la política del castigo militar, de las sanciones, del desprecio al derecho internacional y a la invocación fraudulenta -por selectiva y tramposa- de los derechos humanos como argumento de injerencia y guerras. (7)

Varios estados han sido ya disueltos y sustituidos por agujeros negros, mayormente en operaciones occidentales de cambio de régimen en Oriente Medio, con el resultado de centenares de miles de muertos. (8)

En Europa esa misma tendencia contribuyó a exacerbar los dramas de la desmembración yugoslava y la proliferación de conflictos y tensiones militares en el continente: Croacia, Bosnia, Serbia, Kosovo, Macedonia, Transnistria, Abjasia, Osetia y Donbas.

En el contexto de grave crisis interna en la UE, cuando hay una urgente necesidad de encontrar “explicaciones” a todo ello,  es extremadamente peligrosa la búsqueda de enemigos practicada desde Bruselas, con Rusia en el punto de mira. (9)

Es necesario hacer memoria y recordar la alternativa integrar/excluir de la historia europea.

Tras las guerras napoleónicas los vencedores implicaron a la vencida Francia en la toma de decisiones, lo que abrió una larga etapa de paz y estabilidad continental. El ejemplo contrario es lo que se hizo con la Alemania posguillermina tras la primera guerra mundial y también con la Rusia bolchevique tras la Revolución de 1917. En ambos casos, las políticas de exclusión -y de tremendo intervencionismo militar en la guerra civil rusa- tuvieron consecuencias nefastas para lo que luego fue el nazismo y el estalinismo.

Lo que hemos visto hacia Rusia en Europa desde el fin de la guerra fría es una nueva advertencia sobre los peligros de excluir a una gran potencia de la toma de decisiones y tratarla a base de imposiciones y sanciones.

La integración del ex bloque del Este se hizo de una forma fraudulenta. Desde la agenda oculta del expansionismo de la OTAN, traicionando los acuerdos tácitos alcanzados con Moscú a cambio de su retirada imperial, se ofreció a esos países el ingreso en un bloque militar antiruso como antesala del ingreso en la UE. (10)

Durante treinta años, ese proceso de meterle el dedo en el ojo al oso ruso ha creado tensiones artificiales que se han ido acumulando. Cuando esas tensiones han estallado militarmente, la reacción instintiva del oso, se ha denunciado como muestra de la agresividad de Rusia, de la maldad de su dirigente (un nacionalista de derechas, popular en su país por haberlo estabilizado, sin que haya repartido renta petrolera ni revisado la criminal privatización de los noventa) o de su mítica voluntad de “reconstruir la URSS”. La denunciada “agresividad” rusa, en realidad un reflejo defensivo largamente anunciado e ignorado, ha sido una profecía inducida y autocumplida. (11)

Para remediar eso es imprescindible que Europa ejerza la independencia estratégica y se organice un sistema de seguridad continental, libre de la lógica de bloques y en el que la seguridad de unos no se construya a costa de la seguridad de otros. Es decir: precisamente aplicar la intención que se firmó en noviembre de 1990 con la Carta de París para una nueva Europa de la OSCE.

Para llegar a algo así es imperativo disolver la OTAN como bloque militar. Pero, ¿qué político del establishment europeo actual asumiría hoy esa causa en las inestables condiciones actuales, cuando el propio mando de la OTAN se dedica a sembrar esa inestabilidad promocionando la tensión con Rusia para justificar su existencia?

Los dos políticos que en Alemania y en Francia hablan de ello y claman contra el vector de la guerra -Oskar Lafontaine y Jean-Luc Mélenchon- tienen una intención de voto de entre el 10% y el 15%… Así que veo una gran necesidad y una escasa posibilidad.

Pero imaginemos que la UE llega a ser un polo autónomo y soberano en el mundo con la gran potencia e influencia mundial que se deduce de sus parámetros fundamentales de  población, PNB y potencia cultural y militar. La pregunta que se impone es, ¿todo eso para hacer qué? ¿Para contribuir a qué mundo? Continuar haciendo soberanamente lo que se ha venido haciendo hasta ahora en calidad de “ayudante del sheriff” significa contribuir de una forma más efectiva y autónoma al desastre, a la perspectiva de los imperios combatientes. Tener por ejemplo un ejército europeo integrado para poder hacer la guerra en Siria, en Libia, en Ucrania, etc.

Mi conclusión es que si Europa resultara incapaz de elaborar un proyecto de acción exterior en sintonía con los retos del siglo, hay que decirlo con claridad: es mejor que no exista como gran potencia, que sea un conglomerado lo más débil posible para reducir su capacidad de hacer daño.

EL EJE FRANCO-ALEMÁN NO EXISTE

Durante muchos años una Alemania que veía en Europa la única posibilidad de recuperar su soberanía y una Francia que temía dejarla sola, formaron el gran eje básico de interés común de la Unión Europea. En aquella época fundacional, en ambos países la derecha defendía políticas económicas y sociales que hoy serían consideradas de “izquierda radical”.

En Francia la inspiración social del gaullismo era el programa del Consejo Nacional de la Resistencia de marzo de 1944. En Alemania la Economía social de mercado era la doctrina de la coalición de cristianos y ex nazis de la CDU con la que se conjuraba a la alternativa de la otra Alemania, la RDA, con su mezcla de socialismo y dictadura que ponía la asistencia y nivelación social en el centro de su proyecto.

Esa base histórica del eje ya no corresponde al mundo de hoy.

Desde que Alemania recuperó su plena soberanía con la reunificación nacional de 1990 y la anexión de la RDA por la RFA, su visión de la UE cambió. Europa ya no era la solución al handicap heredado del desastre nazi, sino el primer espacio sobre el que proyectar su soberanía dominadora.

Desapareció la generación política de los que vivieron la guerra; los Brandt, Kohl y Schmidt.

Se inició la rehabilitación del nacionalismo alemán en unos términos completamente nuevos e impensables en la fase anterior (12)

Y el marco general de este cambio en la relación franco-germana no es una “economía social de mercado” / Consejo nacional de la resistencia con el telón de fondo del miedo al “comunismo”, sino la doctrina neoliberal, es decir: la demolición programada y sostenida de las conquistas sociales vigentes desde la posguerra.

En ese contexto de subidón nacionalista y costeando con dos billones de euros la anexión de la RDA, Alemania impuso al resto del club europeo su estrategia nacional exportadora, desprovista de todo deseo de subvencionar a socios. Vía dumping salarial, todo lo alemán se hizo más competitivo frente a (y a costa de) sus socios. El dinero que generó su excedente comercial se invirtió. En los noventa invertir era, en gran parte, financiar burbujas inmobiliarias que encontraban el terreno mejor abonado en países con gran corrupción y pésimo gobierno como España.

Cuando eso explotó poniendo en peligro a los fondos de pensiones alemanes y a los bancos, los políticos germanos hicieron ver que ellos no tenían nada que ver con el asunto, que todo era culpa de una serie de manirrotos “Pigs” meridionales faltos de reformas. Es decir: ofrecieron una explicación nacional en línea con la ortodoxia neoliberal a un problema sistémico internacional.

La canciller que gobernó todo eso con torpeza, Angela Merkel, ha dañado seriamente los tres pilares que rehabilitaron a la política alemana después de la Segunda Guerra Mundial: el Estado social, la integración de la Unión Europea y la política de distensión hacia Rusia conocida como Ostpolitik. Que a pesar de ello Merkel pase por ser la gran líder continental resume muy bien la situación en la UE, pero sobre todo demuestra que nos encontramos ante otra Alemania. (13)

¿Qué pasa con Francia? En 1983 Mitterrand renunció a la política del programa común de la izquierda con el que había ganado las elecciones de 1981, un programa nacional de transformación, para abrazar la línea europeísta neoliberal arriba descrita. A diferencia de Alemania, Francia no tenía ninguna estrategia económica nacional propia. La moneda común fue saludada por Mitterrand como mecanismo para evitar sorpresas alemanas pero se volvió contra Francia. Todo el terreno ganado por la exportación alemana  en el último periodo corresponde, aproximadamente, a lo perdido por los socios europeos, con Francia en primer lugar.

Los políticos franceses se han convertido en subalternos de la línea alemana. El periodista Romaric Gordin describe la situación como, “una especie de Vichy postmoderno”. “En Europa, Francia solo sirve como el socio colaboracionista de Alemania”, dice. Bajo esa colaboración la vida social francesa y la convivencia interna se han degradado.

Curiosamente, en Francia no se conoce muy bien Alemania. Es un país asociado a malas experiencias históricas que nunca ha interesado demasiado. Pese a que el sistema educativo promociona intensamente la enseñanza del alemán, significativamente se estudia mucho más el español (a razón de 4 millones de alumnos contra medio millón). Sobre ese desconocimiento y desinterés, se ha impuesto, con la ayuda de los medios de comunicación, cierta leyenda acomplejada de que en Alemania todo va bien, incluso mucho mejor que en Francia. En ese contexto se ha ido abriendo paso, sordamente, a nivel popular, no en las élites, la idea de que en el actual matrimonio, Alemania es el macho y Francia la mujer maltratada. Cobra fuerza la idea de que ya no estamos ante un matrimonio en crisis, sino ante un caso de violencia de género. ¿Tiene eso solución?



MÁS EUROPA O DECONSTRUCCIÓN ORDENADA

Mi impresión es que Fréderic Lordon tiene razón cuando habla de una situación cerrada en la que eliminar lo que está destruyendo al sistema de la Unión Europea pasaría por negar el propio sistema.

La reflexión puede aplicarse a Alemania: no será capaz de hacer marcha atrás sin que su clase política, sus medios de comunicación, todo su establishment se nieguen a sí mismos diciendo: “lo que hemos hecho hasta ahora es un error garrafal”.

¿Es imaginable que Francia sea capaz de convencer a Alemania de que renuncie a la europeización de su estrategia económica nacional por ejemplo desmontando el euro y regresando al Sistema Monetario Europeo, SME (como propone Oskar Lafontaine), la regla de oro de los déficits presupuestarios o el estatuto del BCE? Me parece que no, así que estamos ante algo parecido a un proceso irreversible de autodestrucción.

En Francia da la sensación de que cada vez más gente piensa, a izquierda y a derecha, que la única forma de cambiar Europa es empezar por cambiar Francia. Es lógico teniendo en cuenta la ausencia de un “demos” europeo, sujeto de la soberanía, y la fuerza de la tradición social francesa. Sin esperar una coordinación automática entre países, ese regreso a los estados nacionales, es decir al marco de la soberanía popular, es lo que a largo plazo podría redundar en una redefinición del proyecto europeo. El problema es que, hoy por hoy, ese regreso al estado nacional lo está capitalizando la extrema derecha. Incluido en Francia.

Me parece que uno de los escenarios que tiene más futuro en la Europa de hoy (“presente” si se atiende a lo que los tories están haciendo en el Reino Unido) es el de la “lepenización de Goldman-Sachs”: una síntesis y entendimiento entre la extrema derecha y el establishment neoliberal.

Pero, aunque la extrema derecha esté capitalizando ese regreso al estado nacional, eso no quiere decir que una solución decente a la crisis europea (es decir social, ecologista e internacionalista y en línea con los retos del siglo) no pase por ese vector de regreso. Los pasos atrás, lo que Lordon define como un proceso ordenado de deconstrucción de la Unión Europea, serán una solución más efectiva para salir del atolladero que el más Europa y más federalismo autoritario cuyo último recurso es el vector de guerra que supone la “Europa de la defensa”.

Por doquier se responde a la idea de ese regreso a los estados nacionales con el anatema: “aislamiento”, “repliegue”, “nacionalismo excluyente”, “fascismo”, pero las naciones de Europa vivieron en paz y crearon cosas como Airbus y el programa Erasmus durante muchos años sin moneda única y sin el corsé de los actuales tratados. Algunos de los países europeos más prósperos (Islandia, Noruega o Suiza) ni siquiera son miembros de la UE. Muchos más no participan en el euro, sin que ello los convierta en algo remotamente parecido a marginados de la globalización. Así que, si se quiere poner en el centro del proyecto europeo otras cosas diferentes a la libre circulación de mercancías/ capitales y a los beneficios oligárquicos que lo ha dominado y arruinado todo en los últimas décadas, cierta desintegración me parece ineludible.

Para remediar la situación el primer paso es desacralizar la Unión Europea, bajarla del altar y colocarla al alcance de una crítica realista.

MUERTOS VIVIENTES, LA SOCIEDAD DE NACIONES

¿Qué puede ocurrir en defecto de esta deconstrucción ordenada que permita reformular el proyecto Europa a largo plazo? Continuará lo que tenemos ahora: el derrumbe paulatino de la actual UE.

En ese escenario la UE se convertiría en una especie de muerto viviente cada vez más irrelevante a todos los efectos. Podría ser un poco como la Sociedad de Naciones, antecesora de la ONU. ¿Recuerdan? Aquello también nació de un buen propósito, en 1919, para imponer la paz entre europeos y acabó siendo un instrumento de los intereses de los imperios coloniales occidentales.

La Sociedad de Naciones fue completamente inoperante en la génesis de la Segunda Guerra Mundial, el rearme alemán y la invasión japonesa de China, y cuando la disolvieron en abril de 1946 sobre el panorama de una Europa y un Japón en ruinas, nadie la echó a faltar porque hacía tiempo que había muerto.



Stuff is Messed up - The Offspring:


          

viernes, 10 de marzo de 2017

La Alt Right, la extrema derecha del futuro. Qué es, cómo influye en Trump y por qué está triunfando




Marcos Reguera

En el primer mes de su presidencia, Donald J. Trump ha confirmado las expectativas más inquietantes sobre las políticas de regresión social y ataque a las minorías.

Pero, de entre todas las medidas regresivas, hubo una cuyas implicaciones a corto plazo podrá no ser tan dramática, aunque en el largo plazo tendrá consecuencias impredecibles. Me refiero a la decisión presidencial adoptada en la noche del 28 de enero por la cual Steve Bannon, el consejero presidencial para asuntos estratégicos, se convertía en miembro nato del Consejo de Seguridad Nacional (órgano que en los Estados Unidos funciona como consejo de ministros para la gestión de crisis y de la política exterior y de seguridad nacional).

Este ascenso vino acompañado por la destitución de Dan Coast, director de la comunidad de inteligencia nacional, el órgano que agrupa a todas las agencias de inteligencia americanas (entre ellas la CIA, la DIA, el FBI o el NSA), así como de Joseph Dunford, el jefe del Estado Mayor Conjunto (el órgano de dirección del ejército y máxima instancia del Pentágono). En otras palabras, tanto el ejército como los servicios de inteligencia han perdido a sus miembros natos en el órgano más importante de toma de decisiones concerniente a la política imperial de Estados Unidos. Es el mayor golpe para el ejército en toda su historia, y el segundo mayor para la CIA desde que George W. Bush reformase su carácter independiente. Y si hay algo que tanto los servicios secretos como el ejército americano han aprendido con su implicación en la política exterior estadounidense es a eliminar gobiernos que no eran de su agrado. No habremos de perder de vista los movimientos de ambas instituciones.

La entrada de Bannon en el Consejo de Seguridad Nacional le permite conocer los secretos de Estado más importantes de la política norteamericana así como la posibilidad de influir en las situaciones críticas de la presidencia en tiempo real, participación que antes tenía vedada, pues ninguna persona que no pertenezca al Consejo de Seguridad Nacional o que sea invitada expresamente por el presidente puede siquiera entrar en la sala de operaciones del ala este de la Casa Blanca.

Si a esto le unimos el hecho de que la mayoría de las órdenes ejecutivas ultraderechistas nombradas anteriormente son obra personal del propio Bannon, nos vemos obligados a aceptar que se están cumpliendo las predicciones más pesimistas sobre la enorme influencia del consejero de la Alt Right en la política del presidente Trump. De este modo, el ideario de los supremacistas blancos ha desembarcado en la Casa Blanca con una fuerza e influencia que no tenían desde que el presidente Woodrow Wilson despidió a los trabajadores federales afroamericanos al asumir la presidencia en 1912.

Todas estas cuestiones, sumadas al auge de la extrema derecha en Europa, que podría alcanzar el poder en países clave como Francia, o con el triunfo del discurso xenófobo entre amplias capas de los sectores más desfavorecidos de la población por el impacto de la crisis económica y los problemas de la globalización, nos urge a considerar la aparición de una nueva ideología de extrema derecha que podría llegar a jugar un papel preponderante en un futuro no muy lejano, y que supone una amenaza para la democracia y el respeto a una sociedad pluralista.



¿Es la Alt Right fascista? Orígenes y características generales del movimiento

La Alt Right es un movimiento juvenil que aspira a reformular la extrema derecha desde moldes creados por la izquierda, tanto desde una perspectiva xenófoba como machista, y está compuesta por dos facciones: la facción Radix, centrada en el racialismo y la facción Breitbart, enemiga declarada del feminismo, el islam y del pensamiento políticamente correcto.

¿Son Donald Trump y la Alt Right fascistas/neo fascistas? ¿O representan un nuevo fenómeno de extrema derecha para el cual no tenemos aún términos y referentes? Estas preguntas han sido recurrentes entre los analistas de actualidad y la población en general. Son preguntas legítimas y pertinentes, pero que no debieran obsesionarnos. Lo que subyace a estas preguntas es el miedo fundado a que la barbarie que vivimos en los años treinta y cuarenta del siglo XX pueda repetirse. A este respecto, la frase atribuida a Mark Twain sobre la historia quizá pueda ofrecer algo de perspectiva: “La historia no se repite, pero rima”.

Habrá cuestiones que nos parezcan recurrentes en ambos casos, y esas recurrencias nos tienen que poner en alerta sobre los peligros implícitos que pueden sobrevenir. Pero al igual que los fascismos en su momento excedían una comparación con los reaccionarios europeos del siglo XIX (por las novedades que planteaban, terribles novedades históricas), la Alt Right y Trump deben juzgarse en base a la especificidad histórica en que han aparecido, con todas sus consecuencias. Esto quiere decir que nunca podrán ser lo mismo que el fascismo, lo que no impide considerarlos como una amenaza para toda sociedad que aspire a un régimen de libertad plural.

Por otra parte es necesario aclarar que aunque Trump y la Alt Right hayan desarrollado una relación de simbiosis política, eso no significa que Trump sea un político de la Alt Right. El extremo individualismo egótico del presidente dificulta encasillarle claramente en una ideología formada, aunque de entre todas las tradiciones políticas norteamericanas, a la que más se aproxima tanto por sus declaraciones como generacionalmente es al paleoconservadurismo. Por el momento bastará con comprender que Trump y la Alt Right no son lo mismo, aunque han conseguido un alto grado de complementariedad. Trump ha permitido salir a la Alt Right de la marginalidad, mientras que la Alt Right ha proporcionado a Trump una base social y el movimiento político del que carecía el multimillonario.

TRUMP Y LA ALT RIGHT NO SON LO MISMO, AUNQUE HAN CONSEGUIDO UN ALTO GRADO DE COMPLEMENTARIEDAD

Pero aún subsiste la pregunta sobre qué es la Alt Right. La prensa estadounidense ha creado un relato sobre un movimiento político racista blanco protagonizado por una serie de figuras mediáticas, que pretende iniciar una guerra cultural con las minorías raciales, el feminismo y las mujeres, así como con la izquierda en general. Sin duda esto es  lo que caracteriza a la Alt Right. Sin embargo como denunciaba Andrew Anglin, miembro de la Alt Right  y uno de los máximos referentes neonazis americanos desde su página The Daily Stormer, esta idea es en buena parte una invención de la prensa (más bien una racionalización). Para crear un relato necesitó convertir un movimiento social en una historia de nombres propios y caras reconocibles, gente a la que se le pueda imputar un plan y unas ideas susceptibles de alimentar un relato.

Y en efecto, una revisión de los orígenes y evolución de la Alt Right  confirma la tesis de Anglin, quien se niega a aceptar que la Alt Right no volverá a ser solo el movimiento de base de sus orígenes.
A inicios de la era Obama, mientras los estadounidenses del baby boom de la América profunda se organizaban para crear el Tea Party contra la política del nuevo presidente, los millennials se encontraron con un panorama laboral nada envidiable. A pesar del enfoque algo más heterodoxo de Obama en la gestión de la crisis, una gran proporción de jóvenes vio truncada su entrada al mercado de trabajo, o padeció una mezcla de pluriempleo y trabajo precario que no se correspondía con sus expectativas vitales y el precio que habían tenido que pagar, endeudándose algunos de ellos por decenas de miles de dólares en el sistema universitario estadounidense. Aquellos que ni siquiera tenían formación universitaria se encontraron que el sector industrial había desaparecido y que los trabajos del sector servicios menos cualificados los ocupaban en condiciones de explotación latinos y afroamericanos.

Una generación de jóvenes precarios, muchos de ellos ninis, comenzaron a encontrarse y a converger a través de internet, compartiendo sus frustraciones, experiencias y anhelos, sus odios y reivindicaciones. Para ellos, al contrario que para sus padres y hermanos mayores, el problema no era tanto Obama, sino una sociedad que no ofrecía salidas, y en la que una élite cultural y educativa denunciaba desde los medios de comunicación, las escuelas, institutos y universidades,  la situación de vulnerabilidad de mujeres, minorías raciales y sexuales; pero que no tenía ni una palabra para las problemáticas de los varones jóvenes blancos.  

Estos millennials, en parte ninis, en parte precarios, invirtieron mucho tiempo y recibieron estímulos en las redes sociales e internet, y a través de foros como las páginas 4chan, 8chan, /Pol/ o Reddit, entre otras, formaron una subcultura de intercambio de ideas, debates y humor virtual. Ninguna de esta páginas era de extrema derecha (ni políticas en ningún sentido), sino simples foros de internet y páginas donde compartir gifs y memes. De esta manera, y con un cierto “apoliticismo” de origen, estos jóvenes comenzaron a compartir sus experiencias y rabia con altas dosis de humor donde predominaba el machismo, el racismo y la homofobia. El medio principal de protesta era el meme, imágenes encuadradas que suelen estar acompañadas de un breve texto en donde se ironiza sobre cualquier asunto haciendo guiños por lo general a la cultura popular.

Los memes ofrecían un formato muy visual, ágil, desenfadado y ameno de expresar ideas políticamente incorrectas. Algunos comenzaron a hacer circular estas expresiones machistas y racistas en tono jocoso (por trolleo, buscando la provocación para divertirse), otros como síntoma de rebeldía ante lo que detectaban como el discurso institucional políticamente correcto. Y muchos como una forma menos agresiva de promocionar sus ideales políticos excluyentes. Una parte de este último grupo acabaría deviniendo en las actuales figuras mediáticas y líderes de la Alt Right. En lo que todos ellos parecen coincidir es que en estos inicios la mayoría de sus compañeros de la red no eran conscientes de estar participando en el nacimiento de una nueva extrema derecha, sino que todo formaba parte de un ejercicio de provocación y rebeldía, una actividad ociosa que además cumplía la función de servir de terapia colectiva virtual.

EL MOVIMIENTO TENÍA SUS LÍDERES DE OPINIÓN Y REFERENTES, PERO FUE BASTANTE HORIZONTAL Y PARTICIPATIVO EN SU FORMACIÓN Y DESARROLLO

Con el tiempo la parte más lúdica y canalla fue reconducida (nunca ha desaparecido) a debates más explícitamente políticos y sociales. De esta manera fue surgiendo el discurso y la ideología Alt Right a través de los chats y los foros de internet. El movimiento tenía sus líderes de opinión y referentes, pero fue bastante horizontal y participativo en su formación y desarrollo. Cronológicamente coincidió con el fenómeno de Occupy Wall Street en los Estados Unidos, el 15-M en España, y las primaveras árabes; y al igual que en estas experiencias la gente se reunía (virtualmente) para criticar al establishment y pensar una nueva política. Pero, al contrario que en las plazas, la comunidad no buscaba verse las caras, sino que todo se desarrolló entre avatares, motes y nombres falsos. Los líderes actuales tienden a explicar esta búsqueda del anonimato como la consecuencia de la represión que viven a causa de sus ideas. Sea cierto o no, esta dinámica no se puede desvincular de un fenómeno muy común en el mundo de la información y la política digital: la proliferación de la visceralidad política en las redes. Perfiles de gente que aprovechan el anonimato que internet ofrece para defender posiciones agresivas, irrespetuosas o radicales, amparados por la seguridad de su avatar.

Esta lógica de la impunidad ante la reprobación social ha sido un elemento muy importante en el proceso de radicalización del movimiento. Relacionarse a través del avatar proporciona el reconocimiento de los seguidores que puedan surgir y evita el ataque directo hacia la persona real. De esta manera resultó mucho más sencillo para los jóvenes de esas páginas exhibir un discurso políticamente incorrecto y comenzar una escalada de radicalización.

Milo Yiannopoulos (Milo a partir de ahora) es un youtuber provocador y una de las máximas referencias de la Alt Right por la facción Breitbart. Milo propuso en un influyente artículo titulado Guía de la Alt Right para conservadores del establishment una hipótesis muy interesante aunque posiblemente exagerada (como todo en él), según la cual el surgimiento de la Alt Right en la actualidad respondería a los mismos motivos que la rebelión de los jóvenes de mayo del 68: un movimiento contestatario ante una sociedad moralista en donde el horizonte de expectativas de la juventud es insatisfactorio, lo que alienta un levantamiento contra las normas establecidas.

¿Tiene sentido esta hipótesis de Milo? En parte creo que abre una perspectiva interesante para reconsiderar la manera en que hemos construido la cultura social progresista hasta el momento.

RELACIONARSE A TRAVÉS DEL AVATAR PROPORCIONA EL RECONOCIMIENTO DE LOS SEGUIDORES QUE PUEDAN SURGIR Y EVITA EL ATAQUE DIRECTO HACIA LA PERSONA REAL

En las últimas décadas hemos visto surgir y afianzarse movimientos en contra de la discriminación, el racismo, y a favor de los derechos de las mujeres y de la conquista de su legítimo lugar en la sociedad. Estos movimientos han sido y son fundamentales en la construcción de una sociedad mejor. Pero junto a las conquistas necesarias, se ha ido desplegando en algunos casos unas formas y modelos moralistas e intransigentes, transformando parte de un movimiento muy necesario en su radicalidad en una cruzada moral. La consecuencia de esto, en una sociedad que sigue siendo profundamente machista, homófoba y racista (a pesar de las conquistas), ha sido doble: un levantamiento aprovechado por movimientos reaccionarios y la pérdida creciente de la simpatía del gran público, aquellas personas que aprueban el feminismo y el antirracismo por convención y no por convicción (que siguen siendo mayoritarios).

A pesar de que el feminismo, el antirracismo o la tolerancia hacia la diferencia no son aún valores genuinamente hegemónicos en nuestra sociedad, en los medios de comunicación sí predomina una versión convencional y superficial de los mismos que, unida a una actitud cada vez más intransigente y menos dialogante de algunos de los militantes más activos de dichos movimientos, ha generado una oleada de rechazo creciente hacia estas ideas, formándose así un caldo de cultivo propicio para una nueva extrema derecha. Y es en este contexto en el que ha surgido una nueva mentalidad entre muchos jóvenes de una lucha rebelde contra lo que ellos identifican como el pensamiento de lo políticamente correcto. La convención cultural que, a su juicio, enmascara el principal problema social, que es la desaparición de la sociedad blanca y “europea”/americana, su sociedad, la única que creen capaz de ofrecerles un futuro.

Por lo tanto Milo no se equivoca del todo cuando señala que el movimiento de la Alt Right es una respuesta similar a la de los jóvenes de mayo del 68. Unos se rebelaron contra la conservadora sociedad moralista de posguerra, mientras que los otros se rebelaron contra la moralización de la lucha por la justicia social. Ambos se rebelan contra el pensamiento convencional de su momento histórico en nombre de la libertad: en el 68 produciendo una izquierda alternativa, una versión del comunismo antiautoritario; en 2016 una derecha alternativa que, en sus propios términos, dice luchar contra el totalitarismo y la censura de lo políticamente correcto.

NO FUE TRUMP QUIEN RESCATÓ A LA ALT RIGHT DEL ANONIMATO PARA LANZARLOS AL ESTRELLATO, SINO HILLARY CLINTON

El momento clave en la transformación de este movimiento llegó en las elecciones presidenciales de 2016, cuando el candidato republicano y futuro presidente Donald Trump vino a personificar con su discurso irreverente, plagado de racismo, machismo y crítica al establishment todo lo que durante años se había ido gestando en los rincones oscuros de internet. Pero, por una ironía de la historia, no fue Trump quien rescató a la Alt Right del anonimato para lanzarlos al estrellato, sino Hillary Clinton.  En un discurso de campaña en la ciudad de Reno (Nevada) el 25 de Agosto de 2016, Clinton sugirió la vinculación de su oponente con los radicales de la Alt Right a través de su entonces nuevo director de campaña Steve Bannon.

El principal ideólogo y referente de la Alt Right y líder de la facción Radix, Richard B. Spencer, cuenta que, en aquel momento, se encontraba en Tokio cuando su correo personal se inundó de peticiones de entrevistas por parte de la prensa para que explicara qué era la Alt Right. En aquel momento el movimiento había dejado de ser un simple conjunto de ciberactivistas y jóvenes irreverentes para convertirse en una opción política de primer orden.

Algunos en la Alt Right, como Bannon desde Breitbart News, Anglin desde Daily Stormer, o Spencer desde Radix, llevaban tiempo ejerciendo un liderazgo simbólico en el movimiento como figuras de referencia y pasaron a convertirse en líderes del movimiento, tanto a su pesar (Anglin), como por su insistencia (Spencer y Milo) o sin su conocimiento pero por sus conexiones con la nueva presidencia de Trump (Bannon). Y con ello llegó el momento mediático: entrevistas y aparición en programas, con giras universitarias y reuniones de celebración por el ascenso de Trump. Los miembros de la Alt Right van surgiendo del anonimato, pero en el movimiento se sigue manteniendo aún la subcultura virtual que permite coordinar una red de seguidores, aún con bastante horizontalidad y poco a poco ir convirtiendo un movimiento de protesta en un movimiento de masas, tarea en la que se encuentran en este momento sus líderes, en especial Richard Spencer.

Desde el momento en que la Alt Right se ha convertido en un fenómeno de audiencias muestra una serie de elementos comunes que unifican a sus miembros.

ALT RIGHT PRESENTA UN ALTO GRADO DE SOFISTICACIÓN INTELECTUAL Y CAPACIDAD DISCURSIVA, ESTO LES VUELVE MUCHO MÁS PELIGROSOS

Si el lector tiene en mente al típico neonazi anda desencaminado. Uno de los mayores éxitos y características de la Alt Right es que han conseguido generar una imagen alejada del mundo skinhead y de su violencia que tanto rechazo causa en la sociedad. En su lugar nos encontramos con intelectuales trajeados y excéntricos celebrities, que ofrecen un discurso bien estructurado de ideas provocadoras y agudos comentarios, todo ello expuesto con grandes dotes comunicativas. En contraste con el lobotómico mundo de la extrema derecha tradicional, la Alt Right presenta un alto grado de sofisticación intelectual y capacidad discursiva, como si en una clase de instituto los estudiantes frikis y empollones desplazasen a los matones como los reyes del patio. Como el lector imaginará, esto les vuelve mucho más peligrosos, pues su capacidad de persuasión y combate discursivo es mucho mayor.

Esto a su vez permite a la Alt Right poder prescindir de la violencia (al menos por el momento), lo que ha provocado una paradójica respuesta por parte de algunos grupos de la izquierda norteamericana, que por el contrario tiene problemas al gestionar su propia violencia. El 20 de enero del 2017 un sujeto embozado asestó un puñetazo a Richard Spencer mientras contestaba a la CNN en una entrevista en la calle. El puñetazo se hizo viral, apareció en periódicos de medio mundo y provocó que incluso figuras de reconocido prestigio, como el filósofo Slavoj Zizek, entrasen a intentar legitimar el ataque a Spencer. Una semana después, Milo tuvo que cancelar un acto en la Universidad de California Berkeley y ser evacuado por la policía cuando una protesta pacífica contra su presencia en el campus devino en un intento de asalto al edificio por parte de encapuchados armados con palos y lanzacohetes caseros. Y mientras la izquierda debate sobre si se puede o no agredir físicamente a la extrema derecha, la Alt Right ha conseguido instrumentalizar estos sucesos para presentar como verosímil la idea de unos pacíficos conservadores atacados por unos violentos izquierdistas y sus cómplices de los medios de comunicación, que mediante su tiranía del pensamiento políticamente correcto oprimen la libertad de expresión de unos, mientras justifican la violencia de los otros.

De esta manera la Alt Right ha conseguido invertir los papeles, haciendo parecer a la izquierda violenta y totalitaria y a ellos como paladines de la libertad. Con ello van consiguiendo poner de su parte a los medios conservadores convencionales y empiezan a levantar simpatías entre conservadores más moderados, o aquellos radicales de derechas más mayores a los que por un hándicap generacional aún no llegaban. El propio Trump ha intervenido amenazando por Twitter a la Universidad de California Berkeley con que, si se repiten estos actos violentos, revisará su financiación pública.
Con esto vemos otra característica de la Alt Right, su uso constante de la provocación pública, que tensa la convivencia mediante su discurso y, cuando aparece la violencia, se refugia en el victimismo, como si el hecho de extender un discurso del odio no tuviera consecuencias.

ALT RIGHT HA CONSEGUIDO INVERTIR LOS PAPELES, HACIENDO PARECER A LA IZQUIERDA VIOLENTA Y TOTALITARIA Y A ELLOS COMO PALADINES DE LA LIBERTAD

Otro elemento muy presente en la Alt Right es el uso prolífico de la ironía y el humor. Vimos que este recurso al humor se encontraba en los mismísimos orígenes de la Alt Right como movimiento de base y que tenía en el uso del meme su principal arma. De un meme surgió precisamente el que ha acabado erigiéndose como símbolo de la Alt Right: la rana Pepe (Pepe the frog). Puede resultar un tanto ridículo que una fea y grimosa caricatura de una rana sea el símbolo de un movimiento de este calibre. Le resta seriedad y credibilidad. Pero eso no es algo que preocupe a los líderes de la Alt Right, pues son conscientes de que la puesta en escena de su discurso es suficiente para dotar de seriedad al movimiento, y con elementos como la rana Pepe o el uso generalizado de los memes restan dureza a su imagen.

En el fondo es un uso calculado de la frivolidad y de la frivolización de los elementos discursivos y las imágenes de la extrema derecha: la rana pepe bebiendo té con un bigote hitleriano, Hillary Clinton con expresiones faciales divertidas o Trump vestido como Napoleón o fusionado con la rana Pepe (y compartido a través de su propia cuenta de Twitter). Todo ello jalonado con frases racistas y machistas, donde los límites entre la broma y la propaganda se difuminan, generando un juego perverso e hipócrita por el cual todo es una broma hasta que se demuestre lo contrario. Pero a la vez, el mensaje llega y cala en la población, y si la recepción es negativa, entonces se alega que en realidad nada iba en serio.

A todo ello se le suma el uso de un argot, un lenguaje especial que sirve para generar una identidad grupal compartida, a la par que se intenta realizar un lavado discursivo de la retórica de extrema derecha tradicional. He aquí unos pocos ejemplos:

-- Human biodiversity (biodiversidad humana) = Desigualdad racial (en el sentido de que existen distintas razas, unas superiores, otras inferiores que no deben mezclarse)

-- Masculinist/Manosphere (Masculinismo) = Defensa de los derechos de los varones (desde el supuesto de que se encuentran oprimidos por el feminismo)

-- Libtard (progre-retrasado) = Progre+retrasado, izquierdista simplón.

-- Cuckservative (cornuservador) = Cuckold es el que observa cómo otro hombre realiza el coito con su esposa. Político profesional conservador que defiende el pensamiento políticamente correcto y ataca a la Alt Right.

-- Normie (convencional) = Persona normal conservadora que sigue los dictados de una sociedad izquierdista por adherirse a lo políticamente correcto. Potencial seguidor de la Alt Right una vez sea liberado del pensamiento políticamente correcto.

Estos son sólo algunos ejemplos del extenso argot que pueblan los chats y los discursos de la Alt Right. Como se puede inferir a partir de algunos de estos términos, ideológicamente la Alt Right comparte un fondo común, erigido sobre el machismo y el racismo, en el que esos dos principios aparecen disfrazados con un lenguaje que se aleja de los lugares comunes del racismo y el machismo convencional. Hay un espíritu de renovación de ambas ideas por medio de la colonización de los marcos discursivos y la retórica de la izquierda postmoderna al servicio de su radical opuesto.

EXISTEN DOS FACCIONES: LA ALT RIGHT PURA, QUE REPRESENTA A LOS RACISTAS MÁS CONVENCIDOS, Y LA FACCIÓN BREITBART, CON UN PERFIL MÁS MEDIÁTICO

Pero para hablar de las ideas de la Alt Right es necesario atender a una distinción que es fundamental y estratégica, y es que, existen, a grandes rasgos, dos facciones en el movimiento que se complementan a la par que se encuentran enfrentadas. La facción Radix, o Alt Right pura, que representa a los racistas más convencidos y cuyo centro de preocupación es la raza; y, por otra parte, la facción Breitbart con un perfil más mediático y mainstream, centrada en las luchas culturales, especialmente un discurso de género a modo de machismo militante.

La distinción entre Alt Right Radix y Alt Right Breitbart es una diferenciación mía elaborada a partir de la constatación de que existe, dentro del movimiento, una identidad diferente hacia la etiqueta Alt Right. Los más radicales, con Spencer a la cabeza se referencian a sí mismos como Alt Right a secas, mientras que los periodistas del periódico Breitbart no aceptan la etiqueta y les ha llegado impuesta por la prensa rival. Tras varios meses ya se ha popularizado llamarlos a todos Alt Right, pero los Radix no aceptan que los Breitbart sean parte del movimiento, pues los ven muy moderados, razón por la que Spencer los llama también Alt Light.



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Richard B. Spencer y la facción Radix o Alt Right pura

La revista Radix Journal es el principal centro de referencia intelectual de la Alt Right. Está dirigido por su fundador, el brillante y polémico Richard B. Spencer, quien se autodefinió durante un tiempo en su cuenta de Twitter como el Karl Marx de la Alt Right. Radix se encuentra a su vez vinculada al National Policy Institute (NPI), un think tank supremacista blanco, dirigido también por Spencer, desde el que se dedica a la renovación ideológica del racismo como principal objetivo.

Spencer es además el inventor del término Alt-Right. Si bien existe una polémica entre él y Paul Gottfried sobre la autoría del término, todo parece indicar que la idea fue de Spencer en su época como editor en Taki’s magazine, con el artículo The conservative write: una crítica a la burbuja intelectual de Nueva York, a los neoconservadores, y en donde se anuncia el porvenir de una nueva derecha, a la que denomina “derecha alternativa”. El concepto de Alt Right, tal y como explica Spencer en su artículo The Napoleon of the current year, publicado en Radix journal, resultó de una contracción pegadiza que él realizó para hacer más atractivo el término. Existe bastante consenso dentro de la Alt Right acerca de la autoría de Spencer sobre la etiqueta, y el artículo citado con anterioridad es posiblemente el manifiesto mejor logrado de la Alt Right, que además explica la conexión del movimiento con el propio Trump.

Pero ¿qué significa Radix? Tal y como explica la revista anteriormente aludida, radix es una palabra latina que significa raíz, y es la base etimológica de la palabra race (raza en inglés), así como de la palabra radical. Y aunque la revista reivindica el sentido original del término radical (ir a la raíz de un asunto), la página sugiere la fusión de los dos términos (raza y radical, o racismo radical). Este juego de palabras en latín entre el radicalismo y la raza define muy bien al propio Spencer. Nacido en Boston, en su niñez vivió en un suburbio acomodado en la ciudad de Dallas (Texas) y fue vecino de George W. Bush. Estudió un grado en literatura inglesa y música en la Universidad de Virginia y un máster en humanidades en la universidad de Chicago, en la que realizó una tesis de máster sobre la música de Richard Wagner en el pensamiento del filósofo Theodor Adorno.

EL MAYOR LOGRO HA SIDO COMPRENDER LA ESTRUCTURA DEL PENSAMIENTO FRANKFURTIANO PARA SUBVERTIRLO Y PONERLO AL SERVICIO DEL PENSAMIENTO REACCIONARIO

Este último punto es importante, pues refleja un elemento que va a estar presente en toda la Alt Right, y en especial entre los Radix. Spencer elaboró su pensamiento, al igual que su involuntario maestro Peter Gottfried, a partir de la lectura de las obras de los filósofos de la Escuela de Frankfurt. Un grupo de marxistas heterodoxos alemanes, que en la segunda mitad del siglo XX realizaron la gran crítica intelectual al nazismo y se erigieron como el máximo referente de los jóvenes del 68 y la nueva izquierda. Lo importante de este detalle es la estrategia que han utilizado los Radix. Han acudido a unos de los máximos críticos de sus referentes políticos (el fascismo), que son a su vez los padres intelectuales de sus enemigos directos (la nueva izquierda). Los filósofos frankfurtianos eran, con diferencia, una de las fuentes más complicadas desde donde generar una ideología neofascista, y sin embargo, el gran logro de gente como Gottfried o como Spencer ha sido comprender la estructura del pensamiento frankfurtiano para subvertirlo y ponerlo al servicio del pensamiento reaccionario.

Algo parecido a lo que una parte de la nueva izquierda hizo con el jurista y pensador filonazi Carl Schmitt, solo que en la Alt Right alcanza hitos programáticos profundos.

Si a partir de la Escuela de Frankfurt y la nueva izquierda se desarrolló un modelo de pensamiento que transitó desde la identidad de clases a las identidades en plural (de raza, género y sexualidad), Spencer y los Radix han hecho de la identidad su gran bandera, metamorfoseando el supremacismo blanco en una nueva idea a la que han llamado identitarianismo (la identidad de los varones blancos supuestamente oprimidos en una sociedad que venera el multiculturalismo y la feminización).

Este identitarianismo está fuertemente influido por un pensamiento nietzscheano en el que la voluntad de poder de los sujetos lleva a una colisión inevitable de las razas. Esto recordará al lector a la teoría del darwinismo social de Herbert Spencer, el padre del racismo ‘científico’ del siglo XIX.

La historia en ocasiones muestra un particular sentido del humor al hacer coincidir en apellido al padre del viejo racismo (pseudo) científico con el nuevo racismo, que se pretende científico. Y si el racismo decimonónico se obsesionó con cuestiones como la frenología y la categorización racial por el aspecto fisionómico, este nuevo racismo también ha encontrado sus propios fetiches justificadores.

Estos nuevos racistas evitan referirse a elementos fisionómicos a la hora de justificar sus ideas. El color de la piel, las formas faciales o la estatura no serían para ellos algo importante (aunque en un sentido profundo sea lo único que vean). Ellos alegan que existen diferencias de inteligencia y culturales que hacen que para las distintas razas sea imposible convivir, y que esto justifica la necesidad de separarlas y crear Etno Estados, naciones racialmente homogéneas en donde no se generen conflictos culturales.

Para justificar esta idea se apoyan en estudios neurológicos y psicológicos de una corriente de psicólogos que han popularizado los informes de coeficientes de inteligencias comparados entre distintos grupos raciales en los Estados Unidos. Libros como Race Differences in Intelligence, de Richard Lynn, o The Bell Curve, de Richard J. Herrnstein y Charles Murray, han sido ampliamente utilizados para justificar la existencia “comprobada” de diferencias de inteligencia entre distintas razas. Se han hecho centenares de críticas a estos estudios que no puedo resumir aquí. Todas ellas acaban coincidiendo en que estos estudios utilizan una categoría de inteligencia muy convencional (lógico-matemática) y que hacen un diagnóstico en clave racial para problemas que tienen un origen socioeconómico, de acceso a recursos y deficiencias del sistema escolar público norteamericano, en donde las minorías raciales son la parte más vulnerable.

Junto a esta explicación ‘psicológica’ de diferencia de inteligencias (presente también en el racismo del siglo XIX), encontramos a su vez la idea de que las minorías raciales tienen una cultura distinta a la de los blancos, que en los Estados Unidos aparece como distintas subculturas que reivindican la diferenciación frente a la asimilación en la cultura mayoritaria (y blanca). Esto provoca, según Spencer y el resto de autores, que las minorías raciales no puedan/quieran formar parte de la América genuina, lo que provoca grandes distorsiones en la sociedad por los constantes conflictos entre mayorías y minorías, así como una actitud por parte de las minorías raciales que las debilitan tanto a ellas como al conjunto de la sociedad al instituir una cultura de la reparación. La idea de que la sociedad tiene que indemnizar a las minorías raciales por la opresión que han vivido, y bajo la que siguen encontrándose, y desagraviarlas mediante políticas de discriminación positiva como compensación. Según Spencer, estas políticas vuelven a los miembros de las minorías débiles, dependientes y complacientes. “Parásitos” del resto de la sociedad, que como viven gracias a las facilidades de las subvenciones, entran en un círculo vicioso de dependencia hacia estas de las que no pueden salir, degradándose como individuos y debilitando a la sociedad en su conjunto.

Y como esto es (a juicio de Spencer) un problema estructural de todas las sociedades racialmente mixtas y multiculturales, la única forma de acabar con ello es expulsando a todas las personas racialmente distintas a los blancos de origen europeo del país, generando un país racialmente homogéneo al que denomina Etno Estado.

Un elemento curioso de este delirio racista es que Spencer evita referirse a los blancos como “blancos” (para no sonar racista), y también evita usar el término “americanos”, de manera que no queda del todo claro que sólo se refiera a los estadounidenses blancos. Tanto él como otros miembros de la Alt Right hablan de “europeos” para referirse a la América blanca. Por lo que no es raro encontrar reivindicaciones bastante cómicas entre estos autores de “América para los europeos”, cuando lo que en verdad quieren decir es “América para los blancos”.

Además de Spencer, entre los Radix se encuentran personajes tan diversos como el viejo supremacista blanco Jared Taylor, el editor de la revista Radix, Andrew Joyce, o el gay “masculinista” (machista) Jake Donovan, máximo exponente del tribalismo en la Alt Right. Hay muchos más nombres en la lista, y esta a su vez está compuesta por una diversidad de personas demasiado distintas para poder ser etiquetadas bajo el perfil Radix o Breitbart, por lo que el lector debe entender esto como una primera aproximación más que como una categorización exhaustiva.



Steve Bannon, Milo Yiannopoulos y la facción ‘Breitbart’ o ‘Alt Light

Fue Spencer quien en una entrevista concedida a Mother Jones habló por primera vez de facciones. Se refería de esta manera tanto a sí mismo como a todo el universo de periodistas y celebrities que rodea al periódico digital Breitbart News. Les llamó, “facción Breitbart”, y fue entonces cuando consideré que si existía una facción Breitbart, debía así mismo existir una facción Radix, aunque ellos mismos se identifiquen como la Alt Right sin más adjetivos. En posteriores entrevistas y artículos se ha referido a los Breitbart también como la Alt Light, para expresar la cercanía de ideas de ambos grupos pero también para marcar la diferencia de enfoque e intensidad con respecto a sus propuestas. Por todo ello, tanto él como el resto de los Radix, muestran un abierto desprecio hacia los Breitbart, en especial hacia Milo Yiannopoulos.

Por otra parte, las principales figuras cercanas al periódico Breitbart han negado en alguna ocasión ser parte de la Alt Right, pero también es verdad que en todos ellos la Alt Right aparece como un elemento atractivo, como un deseo prohibido que es conveniente rechazar en público pero al que se adora en privado. Todos han reflexionado sobre la Alt Right y la han defendido de los ataques de la izquierda, y esto ha llevado al periodismo progresista estadounidense a vincularlos con este movimiento. Entre los Breitbart se encuentran el comediante Steven Crowder, el tertuliano Ben Shapiro o el escocés Gavin McInnes, el hipster de la Alt Right. Aunque las dos figuras que más han destacado de entre este ecléctico y polémico grupo han sido dos elementos tan dispares como Milo Yiannopoulos y Steve Bannon.

Lo característico de esta banda es su fuerte carácter mediático y su tendencia al espectáculo, y una sensibilidad especial a la irrelevancia de la verdad, y hacia la importancia de saber crear un mensaje poderoso, una historia que cautive al público y llame su atención. Entre ellos predomina el recurso a la irreverencia y al humor como medio de presentar sus tesis más controvertidas. La ironía es un arma al servicio de una guerra contra el pensamiento políticamente correcto, en donde toda acción o declaración están justificadas y amparadas bajo el manto de una ilimitada libertad de expresión.
Este recurso a la libertad les ha llevado a definirse como libertarios conservadores (conservative libertarian, lo que podría traducirse también como anarco-capitalistas conservadores). Los archienemigos de esta banda son el movimiento feminista, al que acusan de  sabotear la libertad de pensamiento en los EE.UU.,  así como el Islam, cuya visión supuestamente distinta de la sociedad les convertiría en una amenaza para la libertad en occidente.

Según su visión, el feminismo habría creado una inversión de papeles por el cual los varones se encontrarían en la actualidad subyugados y sin posibilidad de liberarse, ya que ante cualquier intento de revertir la situación son acusados de machistas. Por otra parte, los Breitbart han tomado el discurso neoconservador del politólogo Samuel P. Huntington de El choque de civilizaciones para adoptar una visión xenófoba de la sociedad, donde lo importante (al contrario de los Radix) no sería tanto la raza, sino la cultura y la religión. De esta manera, los Breitbart señalan como una amenaza para la libertad todo lo que no sea occidental y cristiano.

LOS BREITBART SEÑALAN COMO UNA AMENAZA PARA LA LIBERTAD TODO LO QUE NO SEA OCCIDENTAL Y CRISTIANO

Quizás Milo Yiannopoulos sea el ejemplo más exitoso de entre los Breitbart: cuenta con medio millón de seguidores en YouTube, dos millones en Facebook, y una cantidad superior en Twitter (hasta que su cuenta fue cancelada). Milo es un griego emigrado en su niñez a Inglaterra, medio judío por parte de madre y abiertamente gay. Ataviado con chaquetas de lentejuelas, collares de perlas, el pelo teñido de colores fluorescentes y bolsos de alta gama dignos de Rita Barberá. La “marica peligrosa” (“dangerous faggot”, tal y como se hace llamar) lo tiene todo para ser la víctima propicia de la Alt Right  y, sin embargo, se ha convertido en su gurú y estrella mediática. Es famoso por conceder entrevistas a medios y protagonizar charlas en universidades con un tono provocador, irónico y cínico. Ha sido el referente que mejor ha sabido captar y personificar el espíritu transgresor e internauta de los orígenes de la Alt Right para transformarlo en un producto televisivo.

Milo cuenta con grandes dotes comunicativas: rapidez en la réplica, un lenguaje incisivo y claridad en los mensajes. Si bien sus ideas no llegan al refinamiento de las de Spencer, es un comunicador provocativo y de gran eficacia. Un maestro de un uso cínico de la ironía como forma de tensar los límites del convencionalismo social y como medio de extender el discurso del odio cuya existencia él niega. Su machismo roza la patología, lo que le permite convertirse en un gay homófobo con sus ataques a las lesbianas. Se trata de un racista no confeso, pues piensa que con acostarse con gente de otras razas una persona deja de ser racista, lo que equivale a la excusa estúpida que muchos homófobos enarbolan cuando, acusados de homófobos, alegan tener amigos gays. Sin embargo, nadie debería minusvalorar la potencialidad política de Milo, por muy extravagante que sea el personaje o las muchas contradicciones que presente. Se trata de la quintaesencia de la extrema derecha posmoderna, una persona capaz de convertir ideas controvertidas en tendencia viral en las redes, una gran habilidad en el debate público y una capacidad visionaria para reformular el lenguaje político en códigos de consumo cultural de las nuevas generaciones.

SE TRATA DE LA QUINTAESENCIA DE LA EXTREMA DERECHA POSMODERNA, UNA PERSONA CAPAZ DE CONVERTIR IDEAS CONTROVERTIDAS EN TENDENCIA VIRAL EN LAS REDES

El mejor ejemplo de esto es un videoclip sobre la construcción del muro de México prometido por Donald Trump al más puro estilo MTV. En él Milo, junto a dos jóvenes atléticos, comienza a construir el muro de Trump, consiguiendo transmitir a los más jóvenes las ideas del nuevo presidente como algo a la moda. Se trata de un ejemplo genuino de la nueva propaganda política del siglo XXI de la que él es un experto.

Si bien Milo es la gran figura de la facción Breitbart, su discurso irreverente ha terminado por pasarle factura a pesar de su popularidad. El maestro de la ironía ha acabado por ser víctima de su última provocación. El hombre que había creado su seña de identidad en el discurso de que existe una censura pública por parte del pensamiento políticamente correcto de la izquierda, ha debido de quedar noqueado al comprobar que la Conservative Political Action Conference, un think tank conservador,  le retiraba la invitación para hablar de su autobiografía (un libro titulado Dangerous), cuya publicación ha sido también rescindida por la editorial Simon & Schuster. En el centro del escándalo están unas declaraciones en las que Milo frivoliza sobre el problema de la pederastia, negando que la atracción sexual hacia un niño de 13 años físicamente desarrollado sea pedofilia, y bromeando sobre el abuso que sufrió por parte de un cura católico de niño. Estas declaraciones se encontraban en un vídeo que él mismo había subido a internet pero que había pasado inadvertido, y que fue aireado por un grupo, también conservador, llamado The Reagan Batallion. La fuente del ataque es significativa, pues este grupo está conectado a sectores tradicionales del partido republicano que se opusieron a la candidatura de Trump durante las primarias y las presidenciales, y que se han cobrado su primera cabeza en la Alt Right.

Por otra parte, muchos en la Alt Right, desde la facción Radix y grupos neonazis llevaban tiempo pidiendo la cabeza de Milo. Spencer por considerar que con su estilo frivolizaba la causa de la Alt Right, Anglin por considerar que un gay medio judío no podía ser la principal cara mediática de la Alt Right. En todo caso este ajuste de cuentas dentro de la derecha se suma a la dimisión del antiguo consejero de seguridad nacional de Trump Michael Flynn, mostrando que las trayectorias de estos individuos son tan fulgurantes y breves como los destellos de una tormenta. El golpe más duro para Milo ha venido de todas formas desde su medio editorial, Breitbart News, del que ha tenido que dimitir como editor senior. Dudo que esto suponga el fin de su carrera, pues sigue amasando millones de seguidores en las redes con un discurso con mucha demanda y que mucha gente quiere oír. Probablemente le ocurra como a Jiménez Losantos cuando fue despedido de la COPE por sus demandas judiciales y excesos verbales; será un gran batacazo en su carrera, pero encontrará algún otro rincón oscuro desde el que extender su bilis. Este es en todo caso otra de las muestras de ese extraño sentido del humor que gasta la vida. Irónicamente, el rey de la ironía que denunciaba la censura social de la izquierda acabó cayendo por un ejercicio de censura y sectarismo orquestado por la derecha, hacia la que nunca tuvo una sola palabra crítica. Esto, querido Milo, es la pura definición de lo que es la ironía.

Dentro del grupo Breitbart, Steve Bannon es el referente más importante, porque sirve de nexo de unión entre estos y los Radix. Más abiertamente racista que la mayoría de los Breitbart, pero con la mentalidad comunicativa de su facción de origen. Se ha llegado a comparar a sí mismo con Lenin por el deseo compartido por ambos de acabar con el establishment y el Estado. Quienes deseen un buen resumen biográfico y político de Bannon deberían consultar este perfil de Álvaro Guzmán.

En el año 2012 se hizo con las riendas de Breitbart News, un periódico digital fundado por Andrew Breitbart dos años atrás, con el objetivo de promocionar el sionismo en los Estados Unidos y defender las posiciones más extremistas del Estado de Israel. Andrew Breitbart murió cinco años después de fundar su periódico y Bannon viró la línea editorial, desde el sionismo al supremacismo blanco y el discurso del choque de civilizaciones.

 STEVE BANNON ES EL REFERENTE MÁS IMPORTANTE, PORQUE SIRVE DE NEXO DE UNIÓN ENTRE LOS BREITBART Y LOS RADIX

Su empeño editorial le llevó a convertir el periódico en uno de los más importantes centros de referencia de la América conservadora. Esta experiencia editorial, unida a su etapa como productor de cine, le han otorgado una experiencia y visión en la comunicación política que pocos consejeros en Washington demuestran poseer. La estrategia de Bannon es doble y se demuestra en el aluvión de órdenes ejecutivas de las primeras semanas de Trump, de las que Bannon es autor tanto en el texto como en la estrategia comunicativa. La filosofía que subyace a esta iniciativa legislativa extrema es la de llevar intencionalmente el aguante de la sociedad al límite, con el fin de testar cuál es el grado de apoyo de sus incondicionales y de sus críticos, así como para comprobar el grado de movilización de los opositores, el nivel de aquiescencia y apoyo de los admiradores y la tolerancia de los grupos neutrales y de las instituciones. De esta manera se dibuja un umbral de reforma política sobre el que Bannon y Trump pueden trabajar como un margen de acción política.

La estrategia, osada y exitosa, no ha sido gratuita para el gobierno, pues les ha valido la cabeza de Michael Flynn, el consejero de seguridad nacional, aunque en contrapartida ha revelado que los servicios de inteligencia se encuentran enfrentados a la actual administración y poco cooperativos a la hora de compartir su información, lo que les sitúa al borde de cometer sedición. Esto ha llevado a Trump a la inaudita decisión de conformar un equipo en la Casa Blanca que estudie la relación del ejecutivo con los servicios de inteligencia y su posible reforma. Todo esto hace prever que existe un campo abonado para un futuro conflicto del ejecutivo con los servicios de inteligencia y el Pentágono, que hacen sobrevolar con más fuerza la posibilidad de un impeachment contra Trump, si no acciones más agresivas por parte de estas instituciones contra la administración.

Lo que parece claro es que Bannon está amasando un poder que no veíamos en un consejero presidencial desde la época Bush. Lo que está llevando a una división en el ejecutivo entre la facción más ideológica de la Alt Right capitaneada por él, y los republicanos institucionales de Reince Priebus. Tras la dimisión de Flynn, Breitbart News pidió la cabeza de Priebus por haber detenido parte de las órdenes ejecutivas, lo que puede convertirse en la antesala de una crisis de gobierno en donde los moderados sean purgados y la Alt Right termine por tomar el poder. Más allá de que este escenario se materialice, el enfrentamiento ha servido para demostrar que Bannon sigue conservando el control de Breitbart News, plataforma que utiliza como medio informal para condicionar de manera decidida la  dirección del gobierno, así como para generar relatos desde los que influir en la opinión pública y mantener el contacto entre el gobierno y sus bases más adeptas.

ALT RIGHT ESTÁ CONFORMANDO UN MOVIMIENTO DE EXTREMA DERECHA DE PROPORCIONES DESCONOCIDAS EN LOS ÚLTIMOS OCHENTA AÑOS

Con esto queda claro que aunque la Alt Right se encuentre formalmente dividida en su élite dirigente y de referencia, en la práctica todos estos grupos y personajes se complementan y están conformando un movimiento de extrema derecha de proporciones desconocidas en los últimos ochenta años. Un seguidor de la Alt Right medio tiende a informarse por Breitbart News y a través de los referentes más ligeros de la facción Breitbart. Los más ideologizados encuentran a su vez en los Radix un núcleo de pensamiento más duro y elaborado desde el que desplegar su racismo, y Bannon les unifica a todos como el hombre de Estado de la Alt Right.

Para todos ellos, Trump es un primer ariete en la toma de las instituciones, pero todos tienen claro que su porvenir se encuentra más allá de Trump y, tanto los intelectuales de Radix, como los showmans de Breitbart, y por supuesto Bannon desde la Casa Blanca trabajan para que Trump sea sólo la primera piedra de un proyecto que tiene por objetivo transformar la sociedad y no sólo tomar el poder.



La influencia de la Alt Right en Europa y la construcción de una extrema derecha global

El año 2017 puede convertirse en el comienzo de un nuevo proyecto global de la extrema derecha, o en el techo de cristal de sus aspiraciones. La Alt Right americana ha sido pionera en su asalto al poder gracias a su vinculación a Trump, pero en marzo de este año Wilders y el PVV tendrán su prueba de fuego en Holanda, la extrema derecha alemana de la AfD puede asentar posiciones, y lo más importante, en Francia, las elecciones presidenciales de abril y mayo  pueden llevar al poder a Marine Le Pen, quien tiene por primera vez la posibilidad real de conquistar la presidencia francesa para FN.  
Todos estos movimientos han generado ya contactos formales con la presidencia Trump e informales con la Alt Right. Las páginas Radix y Breitbart News son consultadas y leídas por la extrema derecha europea, que encuentra en ellas ideas novedosas para su discurso político. Los Radix, por otra parte, tienen una larga relación con los intelectuales europeos de la Nouvelle Droite, de Alain de Benoist, en cuyas ideas se basaron en buena parte para conformar su ideario. Muchos de los miembros de los Breitbart, como Milo o McInnes son de hecho europeos y han ayudado a tender puentes entre la Inglaterra pro-Brexit y la Alt Right.

Con estos elementos, podemos atisbar el posible nacimiento de una extrema derecha global. Cada grupo con sus particularismos, en su discurso de defensa de un Estado-nación fuerte, en contra de la globalización, del Islam, y la izquierda cultural; en definitiva, en su programa y empuje común por la construcción de Etno Estados vemos cómo se conforma con paso decidido una nueva extrema derecha que aunque antiglobalizadora, es producto y resultado de la globalización, y tiene un fuerte contenido de globalización. Porque trasciende las particularidades de los Estados para conformarse como un movimiento internacional. Son el viejo topo del que hablaba Marx, esa corriente revolucionaria que avanza inadvertida hasta que irrumpe en el panorama, sólo que este movimiento no es una revolución, sino el rostro de un monstruo que aún nos elude, un movimiento para el que el término fascista se nos queda pequeño y desactualizado.

A PESAR DE SU DISCURSO PROTECCIONISTA, LA ALT RIGHT NO HA OCUPADO EL ESPACIO DE UNA ALTERNATIVA ECONÓMICA Y DE GOBERNANZA ALTERNATIVA A LA DERECHA NEOLIBERAL

¿Conquistarán la Alt Right y sus homólogos europeos las corrientes políticas del año 2017; en el aniversario de la revolución rusa, de la publicación de El Capital, de Marx, y de la reforma protestante? ¿O por el contrario se desinflarán como tantas burbujas políticas que hemos visto desfilar en un tiempo de crisis en donde nada termina por asentarse? El tiempo contestará estas preguntas. El porvenir parece sonreír a la Alt Right, pero no por ello la izquierda ha perdido la última palabra. El carácter profundamente identitario del movimiento ofrece a la Alt Right la clave para crecer y extenderse pero les resta a la hora de conformarse como alternativa de gobierno al neoliberalismo.

A pesar de su discurso proteccionista, la Alt Right no ha ocupado el espacio de una alternativa económica y de gobernanza alternativa a la derecha neoliberal. Este espacio sigue vacío y puede ser aprovechado por la izquierda para imponerse en el medio plazo tanto al neoliberalismo en decadencia como a la Alt Right en ascenso. La izquierda debe demostrar valor en su reformulación y abandonar su identitarianismo para volcarse en la tarea de pensar una alternativa económica y en las lógicas de gobierno. En resumen, debe retomar la idea de enarbolar un programa de transición desde el capitalismo neoliberal a un horizonte de emancipación para el cual aún necesitamos un nombre. Esta es la oportunidad que se abre para la izquierda gracias a la renuncia de la Alt Right de conformarse como una alternativa real al sistema económico en colapso de la economía global. Todos estamos llamados a afrontar este desafío. De lo contrario, allanaremos el camino para la Alt Right.