miércoles, 22 de mayo de 2013

El valor de las opiniones

En vez de ser consideradas propuestas imprecisas, limitadas por la insuficiencia de conocimientos o el apresuramiento, las opiniones se convierten en expresión irrebatible de la personalidad del sujeto: "esta es mi opinión", "eso será tu opinión", como si lo relevante en ellas fuese a quién pertenecen en lugar de en qué se fundan. La antigua y poco elegante frase que suelen decir los tipos duros de algunas películas yanquis -"Las opiniones son como los culos: cada cual tiene la suya"- cobra vigencia, porque ni de las opiniones ni de los traseros cabe por lo visto discusión alguna ni nadie puede desprenderse ni de unas ni de otro aunque lo quisiera. A ello se une la obligación beatífica de "respetar" las opiniones ajenas, que si de verdad se pusiera en práctica paralizaría cualquier desarrollo intelectual o social de la humanidad. Por no hablar del "derecho a tener su opinión propia", que no es el de pensar por sí mismo y someter a confrontación razonada lo pensado sino el de mantener la propia creencia sin que nadie interfiera con molestas objeciones. Este subjetivismo cala muy pronto en niños y adolescentes, que se acostumbran a suponer que todas las opiniones -es decir, la del maestro que sabe de lo que está hablando y la suya, que parte de la ignorancia- valen igual y que es señal de personalidad autónoma no dar el brazo a torcer y ejemplo de tiranía tratar de convencer al otro de su error con argumentos e información adecuada.

 La tendencia a convertir las opiniones en parte simbólica de nuestro organismo y a considerar cuanto las desmiente como una agresión física ("¡ha herido mis convicciones!") no solo es una dificultad para la educación humanística sino también para la convivencia democrática. Vivir en una sociedad plurar impone asumir que lo absolutamente respetable son las personas, no sus opiniones, y que el derecho a la propia opinión consiste en que esta sea escuchada y discutida, no en que se la vea pasar sin tocarla como si de una vaca sagrada se tratase.


Fernando Savater
(El valor de educar, Ariel)


No hay comentarios:

Publicar un comentario