viernes, 5 de julio de 2013

El marxismo y la religión

Es muy posible que la invitación que nos ha hecho la Fundació d’Investigacions Marxistes del País Valencià para charlar sobre “Ateísmo” venga propiciada por la repercusión mediática que durante los últimos meses parecen haber tenido algunas campañas de propaganda por parte de colectivos ateos. El movimiento ateo contemporáneo no es, sin embargo, un bloque monolítico. Puede decirse que existen dos ramas bien diferenciadas. En un lado se encontrarían aquellos más influidos por el ateísmo anglosajón, cuya finalidad en política se detiene en el laicismo y que se apoya, especialmente, en la defensa de la teoría evolucionista frente al avance del creacionismo. Por otro, quienes no ocultan su anticlericalismo, entendido como una posición defensiva, y que denuncian la intrínseca nocividad del pensamiento mágico o religioso. La FIdA se sitúa en la postura más radical a este respecto, y no ha dudado en declarar abiertamente, frente a iglesias y conventículos, su agresividad crítica. No queremos “una equiparación de derechos con los creyentes”, a la que aspira por ejemplo la Unión de Ateos y Librepensadores, ni pensamos estar “discriminados” por nuestra irreligiosidad. A lo que apuntamos como una necesidad es al fin de la civilización teísta, al considerarla un obstáculo para los deseos de emancipación intelectual, psicológica, económica y social de los individuos y de las sociedades humanas.

Esta actitud negativa frente a la religión no es otra que la actitud de los fundadores del marxismo. Desde hace unas décadas, se ha pretendido difuminar el pensamiento marxista para atraerse a unos sospechosos compañeros de viaje. En realidad, Marx mantuvo una absoluta oposición entre el socialismo y cualquier tipo de religión. La postura, entonces, más consecuente con una visión emancipadora respecto a las condiciones materiales del ser humano ha de subrayar esta incompatibilidad, y, por lo tanto, renegar de aquella cosmovisión “políticamente correcta” que considera a la religión como un asunto estrictamente privado, sin que de ello se derive juicio de valor alguno.

Por el contrario, si la “libertad de conciencia” reivindicada por los defensores del laicismo, es decir, de la separación entre las iglesias y el Estado, se limita a tolerar cualquier género de conciencia, religiosa o no, nuestra aspiración, en la FIdA, consiste más bien en liberar a la conciencia de cualquier contenido religioso. Podemos hablar, por ello, de una guerra declarada al fantasma del idealismo y de la religión, ya no sólo en tanto que fenómeno ideológico, sino también, y especialmente, como conjunto de organizaciones y colectivos enfocados al mantenimiento y a la transmisión de códigos éticos y doctrinales caracterizados por el sometimiento a la autoridad y a la tradición.

Para muchos pensadores marxistas, el ateísmo está unido a la revolución, mientras que la religión supone pasividad ante la explotación, aceptación resignada de la misma y conciliación de clases. Aquí reside el verdadero peligro social del ateísmo. Y por ello puede afirmarse que una concepción atea y materialista de la vida constituye un factor fundamental en el proyecto de transformación política, económica, ideológica y cultural de nuestras sociedades.

Marx estaba seguro de que la crítica de la religión era el presupuesto de toda crítica. El fundamento de la crítica antirreligiosa marxiana es el siguiente: “el hombre hace la religión, la religión no hace al hombre”. La religión es así la conciencia falseada del mundo, la realización fantástica del ser humano. Es decir, que su superación es el paso de la ilusión a la realidad. O, como escribió Feuerbach, “el colmo de la ilusión es el colmo de lo sagrado”.

Sin embargo, Marx dedicó muy pocas páginas al fenómeno del ateísmo. Para él, “Dios” es un falso problema, que dejará de plantearse en algún momento. Ese día el ateísmo será igualmente superado, al haber desaparecido la superestructura religiosa que le sirve de contrapunto. En el origen de tal superestructura, Marx sitúa, como Feuerbach, la idea de “alienación”. En el lenguaje marxiano, la miseria religiosa no es más que la expresión de la miseria real, y, al mismo tiempo, la protesta contra esa miseria. Para Marx, la religión deriva, no de la naturaleza humana, sino de las condiciones sociales y económicas que hacen posible que los explotados proyecten su salvación en un imaginario más allá. Por lo tanto, el objetivo no se reducirá a un “asesinato teológico” de “Dios”, sino a hacer desaparecer las condiciones históricas que han producido a “Dios”.

Con Lenin, la lucha contra la religión entró en una fase más práctica. Para él, la religión nace de la personificación de las fuerzas que dominan a la humanidad. Las creencias religiosas son aceptadas únicamente en razón de la miseria y la ignorancia. De ahí que la tarea que se impone consista en eliminar a la religión, que es socialmente nociva y totalmente anticientífica. Lenin fue muy claro sobre ello: “Combatir a la religión es el ABC del marxismo integral”. El marxismo es materialista, y, como tal, inexorablemente hostil a la religión, a todas las religiones. La difusión del ateísmo fue fundamental para Lenin, pero, al igual que para Marx, se trataba de realizar el ateísmo mediante la acción. En suma, mediante la lucha contra el miedo, el hambre y la explotación. Transformando el orden social, la religión caería por sí misma.

Es evidente que la religión no es una simple fantasmagoría inocua de la conciencia, sino una compleja “mitología” de la actividad social. Las prácticas religiosas son traducciones del conflicto social. Esta explicación sociológica constituye ya una crítica a la alienación que ello comporta. La conciencia social busca fuera de sí misma su propia verdad, atribuye a un sujeto trascendente sus propias facultades y luego invoca a este sujeto del que ella misma es su autora.

Pienso, no obstante, que la crítica marxista mantiene una peligrosa relación con la teleología hegeliana, y de ahí, posiblemente, provengan esas afinidades que mencioné al principio con los movimientos de la “izquierda” religiosa. No voy a valorar el principio humanista que las anima; se trata, en todo caso, de que podamos descubrir el substrato idealista que se oculta en dichos movimientos, y su incompatibilidad con actitudes y propuestas auténticamente transformadoras.

Fuente: http://sd2cx1.webring.org/l/rd?ring=atheists;id=12;url=http%3A%2F%2Fateosis%2Eblogspot%2Ecom%2F2009%2F02%2Fateismo-y-critica-marxista%2Ehtml

Documental - Los cuatro jinetes del ateísmo:


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