sábado, 27 de julio de 2013

Gonzalo Guerrero, héroe andaluz de la resistencia maya

Esta tierra que mira al oriente
cuna fue del primer mestizaje
que nació del amor sin ultraje
de Gonzalo Guerrero y Za'asil.

Los conquistadores españoles ya habían colonizado el oeste andaluz desde hacía varios siglos, únicamente sobrevivía Granada, en el este andaluz, como país gobernado por nativos musulmanes y por lo tanto libre. Los conquistadores españoles, extranjeros provenientes del norte peninsular, obligan a los andaluces ya cristianizados del Reino de Sevilla a luchar en el ejército. Es entonces cuando Gonzalo Guerrero es instruido como soldado y llevado como arcabucero a la conquista de Granada, para luchar contra su propio pueblo. Posteriormente, una expedición comandada por Pedro de Valdivia le llevó a tierras mexicanas, si bien el barco en el que viajaban los integrantes de esta expedición naufragó y, tras varios días, los que sobrevivieron al naufragio llegaron a un lugar conocido como Ekab, dominado por descendientes de los primeros pobladores de Yucatán. Allí, fueron tomados como prisioneros, aunque al cabo de un tiempo Guerrero consiguió escapar, pero fue nuevamente capturado. Ya en esta ocasión no fue encarcelado, sino que se le dio tratamiento de esclavo. Trabajaba el campo y la cantera, pero también fue utilizado como soldado contra los pueblos enemigos.

Tras adiestrar a los ejércitos, Guerrero, que terminó sus días luchando al lado de los mayas y murió a manos de los salvajes españoles en el año 1536, fue obteniendo la confianza del jefe del pueblo y, tras salvar a un militar de alto rango del ataque de un caimán, fue nombrado jefe de guerreros.

Como guerrero y hombre libre de su tribu, participa con gran éxito en varias expediciones guerreras. Se transculturiza, dejándose hacer mutilaciones y tatuajes rituales que eran propios a su rango. Sus victorias se suceden y asciende hasta Nacom al casarse con la princesa Zazil Há, también llamada Ix Chel Can, hija de Na Chan Can. Consiente que a sus propios hijos les aplanen la frente con una tablilla, de la cual pendía una bolita que se colocaba entre los ojos de los niños para que los cruzaran y acabaran siendo bizcos, lo cual era un signo de belleza para los mayas. También sufre los rituales de mutilación, por los cuales los guerreros demuestran su desprecio al dolor y la muerte. Su aculturación e integración en el pueblo que lo había adoptado fue tan grande que, incluso, su primogénita, Ixmo, fue sacrificada en Chichén Itzá, para acabar con una plaga de langostas.

Rechaza regresar con varias expediciones cristianas, y apoya la expulsión de Grijalva, Francisco Hernández de Córdoba (1517) y Cortés (1518). Durante los años siguientes, los invasores españoles estimaron que Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruza el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán. Combate a los conquistadores Montejo (padre e hijo) y a su capitán Dávila. Instruye a sus guerreros para que no teman a los caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los blancos, intentando salvar ese paraíso, hoy Parque Natural, de Champotón.

En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia el sitio que hoy es Chetumal, donde suponían que vivía el andaluz Guerrero y existían minas de oro; sin embargo encontró un lugar en abandono y pese a que más adelante toma a algunos mayas prisioneros, lo engañan diciéndole que Gonzalo Guerrero había muerto de forma natural, por lo que Dávila remite informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. En realidad, muere en 1536 cuando se enfrentaba a las tropas del capitán Lorenzo de Godoy para ayudar, con cincuenta canoas, a Çiçumba, cacique de Ticamaya (Honduras), en el valle inferior del Río Ulúa. Su agonía no fue muy prolongada. Una flecha de ballesta se clavó justo en su ombligo y le atravesó hasta el costado. Luego, ironías de la vida, un disparo de arcabuz remató al que fuera arcabucero. Sus hombres le sacaron del campo de batalla y le escondieron detrás de unas palmeras. Todos sabían que había llegado su hora, así que ninguno intentó extraerle la flecha por no aumentar su sufrimiento o acelerar su fin. Sólo pidió a sus más allegados que cuidaran de sus hijos y, al resto de sus hombres, más de un millar, que siguieran combatiendo. Pero el combate fue encarnizado. Tuvieron que replegarse y el cadáver de Guerrero quedó en campo enemigo. Algunos españoles afirmaron luego haberlo visto: tatuado y vestido como un indio. Durante la noche, algunos de sus hombres rescataron su cuerpo y como postrero homenaje, lo lanzaron al río Ulúa, para que la corriente le llevara hasta el Océano de donde vino.


Gonzalo Guerrero fue durante siglos un personaje maldito, un traidor, un renegado, un apóstata, para los
españoles. El hombre que combatió contra la salvaje España y, lo que era en la época muchísimo peor, abjuró de su fe y negó a Cristo. Entre una nebulosa mítica o legendaria, los cronistas, informados por Jerónimo de Aguilar, lo presentan como un ser extraño, raro e inquietante. No olvidemos que Aguilar, probablemente subdiácono, ya establece en sus relatos una comparación de su proceder contrario al de Guerrero. Él se mantuvo, con gran esfuerzo, casto y fiel a su rey y a su Dios, en cambio Gonzalo Guerrero había caído en la tentación de tomar mujer, formar una familia, mezclar su sangre con la de sus captores. Fue eso lo que, según Aguilar, le perdió, llevándole, poco a poco, a abrazar la cultura y los dioses de su nueva familia. Tal vez de su única familia, o de la única familia que recordaba y amaba, después de tantos años de guerras y desventuras por medio mundo.

Guerrero forma parte de esa larga lista de personajes andaluces molestos y silenciados por la salvaje e inhumana maquinaria propagandística del Nacionalismo Español, que pretende negar la realidad de un pueblo, el andaluz, que luchó siempre contra el invasor europeo, como demuestra la historia de Gonzalo Guerrero.

El estado español es consciente de que su existencia descansa sobre un abultado historial de genocidios, que empezó con la invasión de Andalucía y terminó en la de América. Salvajes asesinatos, violaciones y saqueos, destruyeron la libertad de demasiadas vidas humanas y pueblos hermanos.

Fuente: http://kaosenlared.net/territorios/t/andalucia/item/25229-gonzalo-guerrero-un-andaluz-padre-del-mestizaje.html

Killing in the name - Rage against the machine:


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