domingo, 21 de julio de 2013

La farsa de la Revolución Rumana de 1989

Por Jose Luis Forneo


Sam Marcy, del Workers World Party norteamericano, escribió este artículo inmediatamente después del golpe de estado sufrido por los rumanos en diciembre de 1989, y que acabó con el asesinato extrajudicial del matrimonio Ceausescu, y la llegada al poder de un grupo de oportunistas del entonces ilegalizado Partido Comunista Rumano. 

En aquellos momentos ya estaban bastante claros, como demuestra Marcy, los objetivos de los que llevaron a cabo el proceso de transición radical hacia el capitalismo impuesto por los gobiernos de Washington y Moscu con el fin de convertir a Rumania en una gran colonia dependiente de los intereses de las grandes multinacionales occidentales. 

En su artículo, se hace un poco de historia sobre los protagonistas del golpe de estado (principalmente el ejercito, cuyos generales venian, en gran parte, y ya que jamas se hizo una limpieza entre sus dirigentes, de las filas del ejercito fascista rumano de la Segunda Guerra Mundial), y de como en ningún momento los trabajadores participaron en su ejecución. 

También resalta la importancia, muchas veces olvidada, de Hungria en la desestabilizacion de Rumania y la preparacion desde meses antes del golpe de estado, ya que este pais se habia convertido en una gran cuña del fascismo capitalista en Europa del Este mucho antes de la llega al poder sovietico del grupo de oportunistas mercenarios liderados por Gorbachov, y fue desde allí donde se organizaron las movilizaciones de Timisoara y todas las mentiras que desde allí sirvieron para justificar la supuesta revuelta popular. 

El articulo es de un gran interes, no solo por su cercanía a los hechos, al haber sido escrito practicamente en el momento de los propios acontecimientos, sino tambien por su denuncia del proceso de la transformacion mediatica del que fue un golpe de estado llevado a cabo por la elite heredera del fascismo rumano, en especial militar, en una "Revolución" (en la cual, curiosamente, ninguna organizacion de trabajadores, ni movimiento de masas, participó, mientras los que si que lo hicieron activamente fueron los miembros de la burguesia, que habia sido obligada a ser igual al resto de los rumanos durante cuarenta años, y que agazapados durante los años de Socialismo esperaron como garrapatas a que llegara el momento de volver a chupar la sangre a sus compatriotas): 

"EL GOLPE DE ESTADO REACCIONARIO DE RUMANÍA" 

por Sam Marcy ( 4 de Enero, 1990)

Título original: Reactionary Coup in Romania [Traducción: Juan Carlos Álvarez].

Fuente: Workers World

-26 de diciembre. No hay ninguna duda al respecto. De nada valen las declaraciones hipócritas de los gobiernos imperialistas lamentando el asesinato de Nicolae Ceausescu y de su esposa Elena Fue un asesinato sin disimulo. Formó parte de un golpe de estado llevado a cabo por las fuerzas más reaccionarias de la cúpula del ejército, en colaboración con los restos de la vieja clase burguesa dirigente de Rumania.

Fue un acto criminal sin paliativos, totalmente al estilo y con las mismas características del período de los años 1920 y 1930, cuando el asesinato de líderes políticos era moneda corriente, y el régimen de terror de los grupos reaccionarios de la clase dirigente estaba al orden del día.

Reacción clerical y antisemitismo 

Lo que vieron millones de personas en la televisión estadounidense --por ejemplo, la quema de edificios públicos, la destrucción de bibliotecas, etc-- fue característico del período en que la burguesía, temerosa de los campesinos descontentos y rebeldes, remitió su odio contra los boyardos (propietarios de origen judío), fomentando el antisemitismo.

El antisemitismo ha desaparecido como política oficial. Pero vemos su reaparición de otras formas. ¿Acaso puede interpretarse de otro modo la afirmación de que el "Anticristo" (Ceausescu) fue sacrificado como es debido el Día de Navidad? Las fuerzas de la reacción más virulenta reclaman ahora el control del gobierno de Bucarest. Ello ha supuesto un recrudecimiento del clericalismo feroz y reaccionario que dominó la escena política durante todo el período comprendido entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

Si contemplamos de nuevo las imágenes televisadas del supuesto “levantamiento popular”, veremos que no hay nada en ellas que sugiera que fuera de algún modo un levantamiento proletario . Fue totalmente diferente de la lucha tradicional de los trabajadores rumanos. No había ninguna presencia de la clase obrera, ni tampoco lema sindical alguno. Fue una rebelión de todos los estratos burgueses sociales decadentes y reaccionarios, que resurgieron gracias principalmente a una serie de factores internacionales de enorme importancia.

Budapest y la cuestión nacional 

Se demostrará con absoluta certeza que las operaciones del golpe fueron planeadas no en Bucarest, ni en ninguna otra ciudad rumana, sino en Budapest, que fue asilo durante años de los supuestos disidentes rumanos. Es aquí donde se incubó la conspiración, y podría haber permanecido inactiva o haberse desintegrado de no ser por la intervención de influencias nuevas y poderosas que permitieron que los reaccionarios de Budapest se convirtieran en un instrumento en manos de las fuerzas de la contrarrevolución burguesa y e la penetración imperialista.

Hace décadas salió a la luz pública la existencia de una disputa entre Hungría y Rumania a causa de la situación de la minoría húngara en Rumania. Durante años hubo negociaciones, pero no hacía tanto tiempo que Nicolae Ceausescu y el líder húngaro Janos Kadar habían afirmado, en entrevistas separadas, que "los comunistas no permitiremos quela cuestión nacional nos divida".

La cuestión de las minorías étnicas siempre ha sido una prueba de fuego para los comunistas. La solidaridad fraternal fue siempre una de las enseñanzas básicas del leninismo, y representó realmente la extensión y el desarrollo de la doctrina marxista de la lucha de clases aplicada a la cuestión de la opresión nacional.

Los esfuerzos del régimen de Ceausescu --y en cierta medida el de Gheorghe Gheorghiu-dej antes que él-- para distanciarse del gobierno soviético , tienen raíces históricas profundas en los Balcanes, con sus feroces nacionalismos de pequeñas naciones. Éstas han sido capaces de prolongar su existencia maniobrando entre las grandes potencias, pasando de un campo a otro para conservar un mínimo de autonomía, casi siempre convirtiéndose en peones de una u otra de las grandes potencias, ya fuese Alemania, Austria, Rusia, Turquía o Francia, y últimamente el imperialismo estadounidense.

La historia del siglo XIX estuvo marcada por las luchas de las naciones más pequeñas en pro de su liberación, para volver a ser sometidas o canjeadas entre las grandes potencias.

No es la existencia de muchas naciones lo que representa un factor regresivo en el desarrollo histórico, sino la existencia de estados que incorporan el poder político de las clases dirigentes. Ésta es la verdadera fuente del fervor y el fanatismo nacionales, aparte del antagonismo mutuo entre estados y naciones sin estado, que se convierte en la mayor fuente de antagonismo entre los trabajadores de diferentes nacionalidades.

Cuando el Manifiesto Comunista apareció en 1848, supuso un soplo de aire fresco. Entonces los trabajadores ya estaban cansados del viejo nacionalismo, y recibieron con los brazos abiertos el mensaje de solidaridad universal de la clase obrera: “trabajadores del mundo, uníos” contra el enemigo común --la burguesía.


Crecimiento de la burguesía húngara 

Había muchas vías abiertas para la resolución del problema nacional entre Hungría y Rumania sobre la base de la solidaridad fraterna socialista, y ciertamente a principios de los años ochenta parecía que estaba en vías de solución. ¿Qué fue lo que cambió? ¿Qué fue lo que dio lugar a una lucha enconada entre dos países socialistas aparentemente fraternos, unidos en una organización común (CMEA o COMECON, como se llamaba en occidente) y con un objetivo socialista común?

Podemos señalar innumerables abandonos de los principios básicos del marxismo-leninismo revolucionario durante años y décadas, pero ninguno fue más decisivo que la serie de reformas pro-capitalistas y burguesas emprendidas en la URSS bajo la administración de Gorbachev. Estas reformas dieron ímpetu a las fuerzas de la restauración burguesa, que parecía inconcebible hacía sólo una década.

Sin embargo, las reformas burguesas se iniciaron en Hungría en fecha tan temprana como 1956. Durante años, unas veces más rápido y otras más lentamente, rehicieron la fisonomía de clase de Hungría hasta tal punto que sólo se requirió un pequeño empujón para que el régimen húngaro se convirtiera en un estado burgués, si no en todos sus aspectos, sí en algunos de sus elementos más esenciales, sobre todo en lo que respecta al abandono de la planificación centralizada y al inicio del desmantelamiento de la industria estatal.

Hungría rozó el límite cuando canceló su acuerdo con la República Democrática Alemana para controlar las fronteras. Fue esta violación flagrante de un tratado de amistad socialista, que los demás países socialistas pasaron por alto, lo que hizo posible que los elementos rumanos contrarrevolucionarios utilizaran Hungría como base de operaciones para lo que llegó a convertirse en una guerra abierta.

Esto cambió a su vez el carácter de la lucha entre Rumania y Hungría. El régimen húngaro, bajo los auspicios del nuevo liderazgo burgués, convirtió la cuestión nacional, la cuestión de la minoría étnica residente en Rumania, en una lucha internacional. En efecto, Hungría se convirtió en asilo no sólo para elementos reaccionarios incidentales, sino para toda la contrarrevolución política.

Presión soviética en el CMEA

Sin embargo, el régimen húngaro burgués no se habría atrevido a sobrepasar él solo ciertos límites. Debe tenerse en cuenta que las reformas soviéticas no se pensaronsimplemente como una política nacional, relativa a la planificación económica socialista y centralizada de la URSS. Tales reformas se diseñaron para ser importadas en su totalidad a las relaciones económicas entre todos los países socialistas, al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CMEA). No debe olvidarse este aspecto de la lucha.

Así pues, en el 42 Congreso del CMEA, celebrado en Bucarest el 3 de noviembre de 1986, el Primer Ministro soviético Nikolai Ryzhkov aclaró en su discurso que las reformas soviéticas estaban directamente relacionadas con reformas similares en los países del CMEA. Según Ryzhkov, la puesta en práctica del llamado Programa Conjunto para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología sólo podía entrar en vigor si se progresaba en las reformas económicas. Fue en este congreso de 1986 donde tanto Rumania como Checoslovaquia dejaron claro que se oponían al tipo de reformas que entonces estaba introduciendo la Unión Soviética.

La importancia de esta discusión no debe pasarse por alto. Al exigir que las reformas soviéticas fueran contingentes de una forma u otra con las reformas en Europa Oriental, la Unión Soviética no hacía simplemente una recomendación abstracta o un pronóstico económico; estaba utilizando de hecho una forma de presión económica sobre sus aliados socialistas fraternos, para debilitar la planificación socialista en favor del mercado burgués.

La perspectiva de la URSS de una coexistencia nueva y más viable con el occidente imperialista significaba, por tanto, que Europa Oriental se convertiría en un área de libre mercado para la penetración imperialista. Fue por esta razón que tanto Checoslovaquia como Rumania se opusieron.

Hungría, que ya se hallaba desde hacía tiempo en el camino de la restauración del mercado burgués y del desmantelamiento de la economía centralizada, aprovechó la oportunidad que se le presentó tras el Congreso para aumentar sus ataques públicos contra Rumania. El gobierno rumano llevó el asunto de la situación de la minoría húngara virtualmente hasta una amenaza de guerra.

La cuestión nacional se convirtió en un instrumento del ataque burgués contra un país socialista. El aspecto nacional de la minoría húngara se obliteró totalmente. Todo esto no podía sino animar a los elementos contrarrevolucionarios de Rumania.

Coordinación de EEUU y la URSS

Sin embargo, lo anterior no podía haber bastado por sí solo para precipitar el golpe de estado filo-fascista de los reaccionarios burgueses rumanos. También fue decisivo el apoyo implícito del régimen de Gorbachev y su fuerte hostilidad hacia el gobierno socialista rumano.

A todo lo anterior debe añadirse la influencia de la burguesía imperialista, que no permanecía con los brazos cruzados fuera del escenario político rumano. ¿Por qué el pasado domingo, 24 de diciembre de 1989, el Ministro de Asuntos Exteriores James Baker, en una rueda de prensa de la NBC, dio la aprobación estadounidense a una intervención soviética en apoyo de la "revolución" en Rumania? ¡No sólo no puso el grito en el cielo por la intervención soviética, sino que además la animó! ¿Qué podría ser más claro?

Y el jueves, 21 de diciembre, en un editorial titulado "Rumania: Puntos en Común Notables", el New York Times comentó extasiado que el ministro de Asuntos Exteriores soviético Shevardnadze había atacado al gobierno Ceausescu. ¿Dónde? ¡En una reunión de la OTAN en Bruselas! El periódico imperialista vio este hecho como "un encuentro de las mentalidades orientales y occidentales" que aumentaba las posibilidades de "lograr una respuesta común de los países del Este" contra el gobierno de Ceausescu.

¿Cómo pudo ocurrir todo esto? De la forma en que la prensa burguesa presenta el asunto, parece que el ejército se sublevó "con el apoyo popular" contra las fuerzas de seguridad –la “Securitate”--, como si sólo éstas fueran defensoras del gobierno.

 Debemos aclarar una cosa acerca del carácter de la revolución rumana: ésta fue muy diferente de las revoluciones rusa, china, cubana o vietnamita. Todas estas revoluciones fueron enteramente realizadas por las masas, por los trabajadores y campesinos. Allí dondelas fuerzas armadas revolucionarias procedían de las masas de la clase trabajadora, dichas fuerzas aplastaron al viejo aparato represivo estatal, en palabras de Marx. Pero éste no fue el caso de Rumania y otros países socialistas de Europa del Este, con la excepción de Yugoslavia.

La intervención del Ejército Rojo soviético fue el factor más significativo y fundamental en el derrocamiento del viejo régimen. Más de 286.000 soldados soviéticos murieron luchando contra el régimen nazi colaboracionista, junto a los partisanos rumanos.

Antecedentes del Ejército Rumano 

La burguesía rumana estuvo al lado de los nazis en la guerra, y las tropas rumanas lucharon junto a los alemanes en Stalingrado. Pero hacia el final de la guerra, cuando el derrumbe de Alemania era inminente, hubo un golpe de estado en Rumania; un gobierno de coalición bajo el general Constantin Sanatescu firmó un armisticio con los aliados, en virtud del cual acordó suministrar 12 divisiones de infantería para la lucha contra Alemania. Esto permitió al Ejército rumano desempeñar un papel político tras el final de la guerra.

 Después de la guerra, no hubo una "des-nazificación" cuidadosa del ejército, como la que existió en Alemania Oriental, por ejemplo. Al contrario, muchas de estas mismas unidades se integraron en la fuerza militar reorganizada.

Aunque han pasado ya casi 45 años, existe todavía una diferencia abismal entre el Ejército rumano y las fuerzas populares provenientes de las masas de trabajadores y campesinos, como las de Rusia, China y otras partes. Las viejas costumbres, hábitos e ideología permanecieron sumergidos en el Ejército Rumano, pero sobrevivieron hasta el final.

Hay una diferencia fundamental cuando el viejo aparato estatal es aplastado por completo, y una nueva milicia nacional emerge de las cenizas de la antigua. Incluso el ejército de Napoleón, por ejemplo, procedía casi totalmente del campesinado, como muchos de sus generales. En Rumania, la lucha de clases fue intensa pero los elementos contrarrevolucionarios nunca fueron destruidos. La cúpula del ejército procedía de las más rancias clases dirigentes y de la pequeña nobleza, que se integraron en el aparato defensivo del nuevo estado. Si el socialismo iba a ser construido, no sólo debía contar con su consentimiento, sino con su completa lealtad. Así pues, lo que durante 40 años no pareció muy diferente de las grandes revoluciones de China, Cuba y la Unión Soviética, en última instancia resultó ser decisivamente diferente.

La prensa burguesa vierte todo su veneno contra las fuerzas de seguridad del gobierno -- la “Securitate”. Éstas eran las únicas fuerzas que provenían directamente del pueblo, de la clase trabajadora. Como en la Revolución Francesa, con sus Comités de Seguridad Pública formados por gente de las masas populares, eran los ojos y los oídos de la revolución.

¿Fuerzas armadas secretas? Eso está muy bien para glorificar al FBI y a la CIA, porque estas organizaciones se hallan al servicio de la clase dirigente burguesa. Pero ¿qué ocurre con la policía de seguridad al servicio de un gobierno que intenta establecer el socialismo? Se convierten en los elementos más censurables. Hasta la prensa burguesa de todos los países imperialistas no pudo menos de advertir que estas fuerzas de seguridad tuvieron que luchar en una batalla completamente desigual.

Las maniobras de Ceausescu 

Desde luego, este golpe de carácter fascista sólo pudo ocurrir donde ya existía una acumulación de errores por parte del gobierno. No fue el menor su esfuerzo por maniobrar entre el campo del imperialismo y el campo socialista. Un ejemplo excepcional de esto último fue su denuedo en aliarse con occidente, poniéndose del lado de Israel en la guerra árabe-israelí de 1967.

Anteriormente, se negó a unirse a los demás países socialistas en la intervención de 1968 para detener la contrarrevolución en Checoslovaquia, lo que podía haber hecho por solidaridad aunque manifestara públicamente su desacuerdo. Todos estos esfuerzos fueron calculados para liberarse de la dependencia de la URSS y de los demás países socialistas de Europa del Este, obtener algunas ventajas económicas y comerciales, y entrar con audacia en el mundo del negocio y el comercio capitalista.

Pero Rumania no obtuvo ninguna ventaja significativa como consecuencia de su intento de acomodación al
imperialismo. Igual que en el caso de la guerra árabe-israelí, lo más que Rumania consiguió con sus maniobras diplomáticas pro-occidentales fue una exención de las prácticas comerciales discriminatorias del gobierno estadounidense dirigidas contra los países socialistas. Le fue concedido el status de "nación más favorecida" (MFN) y fue admitida en el Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio (el GATT).

Pero Rumania pronto aprendió que había una serie de condiciones políticas asociadas a las anteriores concesiones. Finalmente, a principios de este año, el gobierno rumano anunció que no buscaría una renovación del estatus de MFN, precisamente debido a las exigencias políticas que habían inhibido el libre desarrollo de la construcción socialista.

Programa para urbanizar los pueblos 

Probablemente el error más significativo de carácter doméstico fue el intento de emprender una enorme urbanización de la vida rural en ciertas áreas de Rumania, con el objetivo de modernizar la estructura social de los pueblos y de conducirlos hacia la senda del comunismo más rápidamente que con la mera colectivización. En áreas rurales gravemente subdesarrolladas, a menudo la colectivización simplemente cambia las condiciones legales pero no las económicas.

El 3 de marzo de 1988, el gobierno rumano anunció una serie proyectos que debían ser completados hacia el año 2000, y que incluían aproximadamente la mitad de los 13.000 pueblos de Rumania. La intención era trasladar a los campesinos a grandes complejos agro- industriales con apartamentos y modernos centros administrativos de carácter comunal, como los de las grandes ciudades.

Este proyecto era similar a una idea presentada en una ocasión por Khrushchev durante la era de Stalin. El objetivo era hacer avanzar la colectivización hacia la vía de la comunización. Pero la idea fue abandonada. Roy Medvedev, historiador soviético disidente, calificó esta idea como utópica. Sin embargo la idea era progresista, aunque fuese poco práctica. Pero si era poco práctica para la Unión Soviética, con sus enormes recursos y su aparato industrial-tecnológico, seguramente parecía un plan mucho más arriesgado para Rumania, en particular a la luz de su aislamiento casi total de los demás países socialistas.

Sin embargo, no podemos aceptar la interpretación de la burguesía y de los contrarrevolucionarios de todos los países, según los cuales el proyecto de Ceausescu era represivo, destructivo y prácticamente suponía la aniquilación de toda vida civilizada.

Todas estas descalificaciones eran simplemente la preparación ideológica hecha por la burguesía para un golpe de estado contra el gobierno. Se dijo –provocando un enorme escándalo-- que el proyecto de Ceasescu suponía un intento de genocidio contra la minoría húngara. Esto era, desde luego, un puro camelo. El proyecto afectaba como mucho a 56.000 familias. No ponía en peligro la existencia de la minoría húngara, y todo se hubiera podido solucionar amistosamente dentro del marco de un plan económico. Pero era precisamente el temor a que el plan pudiera tener éxito, después de todo, lo que asustó a los reformadores burgueses de Hungría y también irritó a la camarilla de Gorbachev, que se había embarcado firmemente en una dirección completamente opuesta.

Reembolso de la deuda

Otro error (que sólo puede evaluarse como tal en retrospectiva) fue la tentativa desesperada por parte del gobierno rumano de librarse de su endeudamiento con los bancos occidentales. No sólo decidió pagar los intereses multimillonarios de las deudas (en contraste con Polonia y Hungría, que no habían sido capaces de hacerlo), sino que también devolvió el capital principal.

Durante los años 1970, el gobierno rumano fue capaz de vender su petróleo y su gas en el mercado mundial a precios elevados. La OPEP tenía grandes aspiraciones, y el precio del crudo parecía seguir una imparable espiral ascendente. Pero esto terminó de forma brusca, y la disminución de los beneficios del petróleo se convirtió en un factor significativo para Rumania.

Por lo tanto, la decisión de devolver el interés y el capital principal, aunque fuera un acto valiente para asegurar la completa independencia política, sólo se podía lograr mediante severas medidas de austeridad del tipo propuesto por el Fondo Monetario Internacional en otros países. Parecía una solución funesta.

Aparentemente, la mayoría de los trabajadores continuaron siendo leales al régimen, pero la carga del programa de austeridad se hizo cada vez más evidente. El aplazamiento de algunos experimentos de Ceausescu se hizo inevitable. Si el régimen hubiera posibilitado el funcionamiento de una oposición de clase obrera responsable, dentro o fuera del Partido, el gobierno habría podido posponer algunos de sus proyectos y emprender algunas soluciones prácticas inmediatas.

El esfuerzo rumano para distanciarse del escenario político centroeuropeo y acercarse a occidente, conservando al mismo tiempo un sistema económico socialista completamente antagonista del imperialismo Occidental, fue indudablemente visionario y poco práctico, así como sumamente arriesgado. Mientras los imperialistas daban la bienvenida a las maniobras pro-occidentales de Ceausescu, como su postura sobre la intervención checa y la guerra árabe-israelí, no le concedían nada sustancial a cambio.

Sin embargo, estos errores subjetivos no pueden dar cuenta por sí solos del giro contrarrevolucionario. Fue también el bloqueo económico virtual y el sabotaje político de los imperialistas y de los gobiernos socialistas fraternos, como Hungría, lo que hizo posible el resurgimiento de los verdaderos elementos contrarrevolucionarios.

Al final, lo que la burguesía realmente desea es derribar el sistema social y volver a la opresión y explotación capitalista.

-Vergonzosa emisión de la ejecución de Ceausescu:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/television/documentos-muerte-ceaucescu/325908/


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