lunes, 26 de agosto de 2013

Egipto, análisis del golpe de estado

Ayer se consumó un nuevo golpe de estado en Egipto, con la salida del ejército a la calle, prosiguiendo así la época de inestabilidad política iniciada en 2011 con el derrocamiento de Hosni Mubarak. En esta ocasión es un nuevo golpe de estado del ejército, en apoyo a la oposición, para derrocar al presidente electo Mohamed Mursi. Un golpe de Estado muy a pesar de la UE y EE.UU. que no lo quieren calificar así para poder mantener una imagen limpia para ellos en sus intereses depositados en Egipto. Pueden emplear todos los eufemismos que quieran.

En febrero de 2011, Hosni Mubarak fue derrocado por amplios sectores populares como consecuencia de la situación económica que vivía Egipto, además de la oposición a que el hijo de Mubarak fuera en sucesor. En los históricos sucesos de la Plaza de Tahrir participaron numerosos sectores de la población representados por sus partidos políticos; en esta ocasión, los Hermanos Musulmanes adquirieron gran fuerza en esta lucha y gran referencialidad, lo que les llevó a, posteriormente, ganar las elecciones.

¿Era el candidato favorito del imperialismo de EE.UU. y de la UE?

En ese momento se podría decir que los Hermanos Musulmanes y Mohamed Mursi eran los más adecuados para dirigir y gestionar el país. Los que en ese momento podían controlar en general a las masas egipcias. Eran los que contaban con el mayor apoyo. Era su mejor alternativa a pesar de ser un partido algo inestable para los intereses de EE.UU. y la UE. Determinaron que sí podían cumplir con los objetivos que tenían (y tienen) para Egipto. Es decir, sostener a Egipto bajo el régimen de dependencia con respecto a EE.UU. y la UE y mantener el libre mercado o economía de mercado (el régimen capitalista). Así, el gobierno de EE.UU. celebró como un "hito" la victoria electoral de los Hermanos Musulmanes -por un estrecho margen contra el óptimo de EE.UU. y favorito del ejército, Ahmed Shafiq. Obama telefoneó a Mursi, para mostrar su apoyo "a un socio de confianza y que EE.UU. seguirá ofreciendo la ayuda que le sea solicitada para garantizar la transición a la democracia".

Cabe necesario recordar que un Egipto estable y controlado, con un gobierno afín, supone estabilizar la zona para el desarrollo de los intereses de Israel, EE.UU. y la UE en la oriente próximo y oriente medio. Al igual que en su día lo fue Mubarak. Y para ello, los Hermanos Musulmanes cumplía bien su papel, así se ha visto con referencia a Palestina y a Siria, al ser calificados por EE.UU. como islamistas "moderados" y "dóciles". Es conocida la confrontación histórica de los Hermanos Musulmanes con Al Qaeda, dado que los primeros rechazan las prácticas sanguinarias de los segundos.

Pero, ¿qué tipo de ayuda ha aportado EE.UU. a Egipto?

Este apoyo económico es continuado desde la época de el-Sabat pasando por Mubarak hasta a día de hoy, tras la victoria de Mursi, y previsiblemente se mantendrá tras su caída en desgracia. Actualmente se cifra la ayuda y garantías financieras de EE.UU. en 1.400 millones de dólares a lo que hay que sumar 1.300 millones de dólares que proporciona adicionalmente al Ejército egipcio. La UE también proporciona ayudas con una potencialidad que puede llegar a los 5.000 millones de dólares total de desembolso. A parte, el FMI (tentáculo de la UE) tiene concedido un préstamo por 4.800 millones de dólares (otros medios indican que es de 3.200 millones). Y el Banco Mundial (tentáculo de EE.UU.) planteó la donación de 6.000 millones de dólares. Son múltiples las ayudas económicas que recibe por diferentes lugares y en diferentes momentos.

La utilidad de algunos de los actores políticos de conflicto extendido desde 2011 es demostrada por el mantenimiento e incremento de las ayudas proporcionadas en diferentes formas. Igualmente, la contraprestación está sobre la mesa. Es el mantenimiento de Egipto como un país dependiente a los intereses económicos y geoestratégicos de los mencionados y sus grandes multinacionales.

Los lazos de EE.UU. con el ejército egipcio.

Como se ha demostrado en este conflicto e históricamente, hay mucha vinculación entre el ejército y el pueblo. Históricamente el ejército ha defendido el mayor carácter secular del Estado y su imagen ante las masas recuerda al Movimiento de los Oficiales Libres que en 1952 derrocó a la monarquía corrupta y prooccidental de Faruq I e instauró la República Árabe de Egipto, al frente de la cual se situó el prestigioso militar egipcio Gamal Abdel Nasser. Nasser inició una política de gobierno nacionalista y antiimperialista, fue el impulso del llamado “panarabismo”, corriente política que defendía la unidad de todos los pueblos árabes frente a las potencias colonialistas e imperialistas de occidente, en política exterior fue un decisivo opositor al Estado de Israel y un defensor del pueblo Palestino. En asuntos internos su gobierno se caracterizó por llevar a cabo diversas reformas sociales (reforma agraria, nacionalizaciones, mayor secularidad…). El Ejercito Egipcio, permanece pues ligado en la memoria colectiva del pueblo a estas reformas, así como a episodios bélicos más o menos heroicos como la defensa del canal de Suez ante el ataque de los imperialistas franceses y británicos en 1956 y la Guerra del Yom Kippur contra el Estado de Israel.

No obstante el Ejercito Egipcio ha cambiado totalmente su carácter desde el giro que el Presidente Anwar el-Sadat dio hacia occidente y en especial hacia los EEUU. Tanto el gobierno de el-Sadat como su sucesor en el gobierno Hosni Mubarak purgaron el Ejército de oficiales nasseristas y nacionalistas, y ligaron su formación, armamento y adiestramiento militar a la maquinaria militar de los EEUU. Es un actor fundamental político en Egipto que es determinante pues desde hace 60 años ha dominado en mayor o menor medida la vida política de Egipto. El Ejercito Egipcio no solo tiene una importante función política sino que también son influyentes en los negocios, la participación en carreteras y construcción de viviendas, bienes de consumo, gestión de recursos, y vastas extensiones de las propiedades inmobiliarias. Según el periodista Joshua Hammer, "hasta en un 40% de la economía egipcia" está controlado por el ejército egipcio. Los EE.UU ven en el Ejercito Egipcio un instrumento fundamental para mantener “bajo control” la situación en Egipto, por un lado cuenta con cierto prestigio entre las masas que legitimaron y celebraron su intervención para el derrocamiento de los presidentes Mubarak y Mursi y es un actor político con experiencia al que no le temblaría la mano para estabilizar la situación con métodos “contundentes” si se diera el caso. Los EEUU se han cuidado de situar al frente de las “asonadas” militares a un hombre de su estrecha confianza.


Así, el prestigioso oficial militar y ex-Ministro de Defensa, Mohamed Hussein Tantawi, es un viejo amigo del republicano estadounidense Robert Gates (fue director de la CIA con Bush padre y Secretario de Defensa con Obama). Tantawi asumió la jefatura del Consejo Superior Militar en sustitución del poder dejado por Mubarak en 2011. Es un caso palpable de vinculación directa de ciertos actores políticos y militares con EE.UU., junto con el de las ayudas económicas. Hoy vemos como el principal artífice y nuevo hombre fuerte en El Cairo es el general Abdul Fattah al Sisi, un militar formado en los EE.UU. y que participó en planes de cooperación militar junto con las Fuerzas Armadas de EE.UU.

El ejército ha cumplido su papel siempre que se le ha requerido, pero no solo socialmente sino que también lo ha realizado en lo que respecta de los intereses geoestratégicos de Israel y EE.UU. Así ha sido en las últimas casi 4 décadas tras la finalización de las hostilidades israelíes egipcias como consecuencia de la Guerra del Yom Kippur. Actualmente el ejército egipcio ha sido el brazo ejecutor del bloqueo de la franja de Gaza para impedir el contrabando de armas destinado a los milicianos de Hamas en su resistencia contra la invasión israelí.

De ahí el interés de EE.UU. de que todo proceso de establecimiento de un gobierno afín se realice por mediación del ejército. Gracias al apoyo, entrenamiento y financiación de los Estados Unidos las Fuerzas Armadas de Egipto son las más grandes y eficaces de los países árabes, tienen alrededor de 500.000 soldados en activo y cerca de otros 500.000 en reserva. Sólo en 2009 los EEUU dieron a la República Árabe de Egipto 1.300 millones de dólares en materia de asistencia militar. Todo ello supone que las fuerzas armadas de Egipto no solo sean utilizadas por las potencias occidentales como un factor de control interno, sino como fuerza que garantice el dominio y estabilidad de los EEUU en Oriente Medio, uniéndose a otros estados gendarmes de la zona como Israel o a la alianza militar de las monarquías feudales del Golfo el Consejo de Defensa del Golfo.

El fracaso económico del gobierno Mursi y el auge de las protestas sociales y políticas.

Una de las razones por las cuales los EEUU y las potencias europeas han dejado de confiar en Mursi y en lo Hermanos Musulmanes ha sido por su incapacidad de solventar y canalizar la crisis social existente en Egipto. A los imperialistas y a las grandes multinacionales no les interesa seguir sosteniendo un gobierno incapaz de mantener una estabilidad mínima en la zona y fruto de una habilidad maquiavélica juega a dos cartas con la posibilidad de sustituir a un monigote por otro, siempre y cuando éste siga sus dictados. Uno de los mayores fracasos de los hermanos musulmanes ha sido el no saber enderezar la crisis económica y social brutal que está viviendo Egipto durante los últimos años.

Desde los tiempos de Sadat, Egipto abandonó la política económica y socializante de la era de Nasser y fue iniciando una política de liberalización siguiendo los dictados de los organismos económicos imperialistas como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, recibiendo “ayudas” y “generosos” préstamos de otros países a cambio de seguir a pies juntillas sus “sugerencias” en materia económica: privatizaciones, favorecimiento de la instalación y dominio de las multinacionales extrajeras en dichos países, liberalizaciones arancelarias a productos de fuera subvencionados… Todo estas medidas trajeron, por un lado el florecimiento de una capa oligárquica de la sociedad ligada al poder político corrupta que realizaba todo tipo de negocios con los monopolios extranjeros, y por otro el aumento de las desigualdades, la ruina de pequeños campesinos y comerciantes y el empeoramiento de las condiciones de vida de amplias capas de la población. La economía se basó principalmente en sectores que no creaban una fuente de empleos fija como el Turismo o el sector financiero, mientras las empresas que se instalaban en Egipto sometían a sus trabajadores a condiciones de trabajo draconianas. La situación de las masas empeoró notoriamente con el estallido en 2008 de la crisis capitalista mundial y, finalmente, la crisis económica terminó convirtiéndose en crisis política y social que se tradujo en el colapso del régimen de Mubarak.

En un principio los Hermanos Musulmanes se presentaron ante las masas como una fuerza política con unos planteamientos socio-económicos basados en el asistencialismo religioso y una economía tradicional de mercado-bazar, basado en el pequeño comercio y en la pequeña producción. Con este discurso el islamismo político se atrajo el voto y la simpatía de una parte sustancial de las clases populares. Pero los resultados obtenidos, con el gobierno de los Hermanos Musulmanes, no han sido nada nuevo bajo el sol. El gobierno de Mursi siguió continuando la política liberal existente bajo la era de Mubarak y la situación económica no mejoró.

El desempleo pasó de un 9,7% en 2009 a un 13% en 2013, por su parte la desaceleración económica de la economía egipcia llegó a un 2,2% en el último año, desmintiendo las proclamas triunfalistas de Mursi que preveían un crecimiento económico de hasta 6 puntos en 2013. Así mismo las inversiones extranjeras cayeron un 13% con respecto al año pasado. El gobierno de Mursi, al contrario de las expectativas marcadas por muchos, no contribuyó a la realización de reformas sociales prometidas ni a romper con la dependencia económica del capitalismo egipcio. Por el contrario implementó políticas antipopulares y de “austeridad” para intentar reducir del disparatado déficit público en Egipto. La desigualdad en los salarios siguió creciendo y las condiciones de vida de los sectores populares lejos de mejorar, empeoraron. El número de población egipcia que vivía con menos de dos dólares al día pasó de un 20% en 2005 a un 40% en 2012. El desempleo se ceba principalmente en la población juvenil, uno de cada tres jóvenes se encuentra en situación de desempleo.

La desilusión de las expectativas que un sector de las capas populares egipcias puso en el gobierno islamista, el empeoramiento de las condiciones de vida, la subida de los precios de los productos esenciales empujaron un nuevo renacer de las protestas sociales en Egipto. Una parte importante, aunque aún no determinante, de las movilizaciones se produjo en los centros de trabajo debido a un incesante movimiento huelguístico y sindical que tuvo su relanzamiento desde el derrocamiento de Mubarak. En 2012, año en que Mursi asumió la presidencia, se produjeron en Egipto alrededor de 3400 protestas de carácter socioeconómico. Por su parte los Hermanos Musulmanes a pesar de abanderar el ideal de la democratización no han dudado en reprimir con mayor dureza incluso que Mubarak y los militares los movimientos obreros y sindicales. En junio de 2012 cinco dirigentes sindicales fueron condenados en Alejandría a 3 años de cárcel cada uno por dirigir una huelga de 600 trabajadores portuarios. Los Hermanos Musulmanes continuaron su labor redactando leyes cada vez más represivas en materias sindicales y en conflictos económicos. Para más muestra un botón, el Colegio de Abogados de Egipto ha denunciado que la ley anti-huelga redactada por el Consejo de la Shuria está basada en la ley de 1923 implantada por los colonialistas ingleses para reprimir la revuelta de 1919.

Un sector implicado en las movilizaciones y huelgas económicas ha sido el de los trabajadores del sector público, que pretenden echar abajo los planes privatizadores desarrollados por el gobierno de Mursi e impuestos por el FMI. Los médicos egipcios se declararon en huelga del 1 de Octubre al 21 de Diciembre de 2012, reclamando mejoras salariales y una mayor inversión en infraestructuras médicas. Al principio del curso académico estallaron numerosas protestas y huelgas por parte de los maestros egipcios, a pesar de que la huelga fue boicoteada por el principal sindicato de educación que está en manos de los Hermanos Musulmanes, el seguimiento de esta fue sin duda masivo.

Pronto las huelgas parciales y sectoriales fueron pasando a tener un carácter económico más general, de ahí se destaca que gran parte de la lucha de los trabajadores egipcios fue encaminada a echar abajo el “Plan de Ajuste” impuesto por el FMI a Mursi como condición para seguir recibiendo préstamos. Este “Plan de Ajuste” contemplaba entre otras cosas un aumento sustancial de los precios de los bienes de consumo, nuevos impuestos indirectos y subida de los existentes, despido de trabajadores públicos y privatización de servicios públicos. Este programa lejos de saca a Egipto de su callejón sin salida lo hundió aún más, la inflación subió un 10% y el desempleo ascendió a tasas desconocidas.

Cuando Mursi respondió a las protestas sociales con un giro autoritario a su política, la lucha de los trabajadores tomó un cariz político tornándose las demandas económicas en demandas democráticas y en contra de la constitución. No obstante los obreros no han sido un factor importante en las protestas que han llevado a la caída de Mursi, los obreros desconfían de la “intelectualidad liberal-secular” que encabeza la oposición a Mursi dentro del Frente de Salvación Nacional y desconfían de las declaraciones de sus dirigentes el-Baradei y Musa en contra de las huelgas. Los trabajadores todavía no se han ligado ni han creado una fuerza política independiente que defienda consecuentemente sus intereses, no obstante algunos sectores obreros han comenzado a vincularse a partidos de izquierda, es el caso de la Coalición Democrática Revolucionaria.

La reforma Constitucional fue otro de los elementos que generó una considerable agitación social de oposición y los enfrentamientos entre partidarios de la oposición y partidarios de los Hermanos Musulmanes a principios de año. Esta reforma generó gran controversia al implantar la Sharia, la ley islámica, como fuente principal de la legislación. Una fuente que es objeto de interpretación y que unido a que establece que quien la interpreta es la institución Al Azhar, donde los hermanos musulmanes y salafistas están alcanzando la mayoría, puede conllevar un endurecimiento de la ley, implicando la obtención de un mayor control social. Esta interpretación también podrá afectar a la estabilidad de la zona que exige EE.UU. Uno de los miembros del Consejo de Al Azhar, Qaradawi, afirmó que "Le decimos a Israel: sus días están contados" y que "Dios podría dejar sin castigo al opresor por un tiempo, pero cuando llegue el momento del juicio, no habrá huída". Estas afirmaciones han podido generar temor en EE.UU. e Israel, siendo un nuevo factor influyente en la retirada del apoyo a los Hermanos Musulmanes.

En definitiva la crisis y la caída que llevaron a la caída de Mursi fue por una parte el desengaño de una parte de los sectores populares (pequeños campesinos y comerciantes), que depositaron ciertas expectativas en su gobierno que fueron traicionadas, la rebelión de las clases medias urbanas que vieron con terror la deriva autoritaria e islamizadora del nuevo gobierno y el descontento generalizado de las clases populares llevaron al aislamiento social de los Hermanos Musulmanes y a la retirada de la confianza de occidente a su gobierno.

El Gobierno islámico-liberal de Morsi.

Las medidas económicas y políticas que han generado los diferentes problemas anteriormente descritos, como base del levantamiento popular, tienen su natural origen en quien las impulsa. Quien las impulsa es el Gobierno de Mursi y su composición es coherente con las medidas liberales llevadas a cabo. Además, de ser coherentes con las exigencias del FMI para desbloquear el préstamo. Los propios Hermanos Musulmanes acogieron el liberalismo como política económica desde los años 90 hasta la actualidad, muy acorde con sus valedores norteamericanos y europeos. Lo combinan con el islamismo. Mursi tiene vinculaciones con EE.UU., pero también tiene importantes vinculaciones con las potencias imperialistas regionales de Qatar y Arabia Saudí -esta última más recelosa hacia los Hermanos Musulmanes y más tendentes al apoyo a los salafistas-, con intereses en maniatar a Egipto para seguir dominado la zona.

Era un gobierno -con 35 ministros- de composición principalmente proveniente de los Hermanos Musulmanes (islámicos moderados y liberales) y con cierto peso de tecnócratas que provienen de las capas altas de la sociedad. Igualmente incorporaba a miembros salafistas. Además, también había cierta continuidad liberal del Gobierno de Mubarak con algunos miembros rescatados.

Así, 6 miembros del gobierno de Mursi ya estuvieron bajo el gobierno liberal de Mubarak, entre ellos figuras importantes como el Ministro de Asuntos Exteriores y el Ministro de Finanzas.

Otros 4 miembros del gobierno pertenecían a los Hermanos Musulmanes, entre ellos el Ministro de Vivienda y el Ministro de Enseñanza, además del propio Mursi como Presidente de la República Árabe de Egipto.

Los militares, con los vínculos ya vistos con EE.UU., también tenían cierto peso con el Mariscal de Campo Tantawi al cargo del Ministerio de Defensa y con el General Ahmed Gamal al frente del Ministerio del Interior. Un peso importante en ministerios que les permitía el control interno de la sociedad egipcia y el control de la zona de Oriente Medio para los intereses estadounidenses, europeos e israelíes. Así fue hasta que fueron sustituidos.

Pero las capas altas de la sociedad no iban a quedarse sin el lugar desde el cual dirigir directamente los designios de la sociedad para sus intereses como clase, además de los propios Hermanos Musulmanes y otro partidos liberales. Así, los ministerios de asuntos sociales y de electricidad eran dirigidos por dos empresarios, uno de ellos Mahmoud Balbaa -jefe de la Egypcian Electric Holding Company.

La remodelación del Gobierno no hizo más que ahondar en el poder de los Hermanos Musulmanes, para controlar y estabilizar el gobierno y, de esta manera, afrontar la crisis económica y social. Con la incorporación de otros 3 miembros, en sustitución de los continuistas e independientes, hasta sumar un total de 10 en el gobierno- El mayor peso de los Hermanos Musulmanes suscitó críticas y denuncias desde los partidos de la oposición y desde los salafistas.

Y, sin que nadie lo denunciara, proporcionó mayor peso a los empresarios que participaban como independientes en el gobierno con la incorporación de otros tres nuevos empresarios -a pesar de la sustitución de uno de los iniciales- para dirigir diferentes carteras ministeriales -Aviación Civil, Comunicaciones y Tecnología de la información y Asuntos legales y Parlamentarios.

El corte liberal -que ha generado mayores desigualdades sociales y miseria por todo el mundo- del gobierno es su característica fundamental en su poco tiempo de vida. Con solo observar su composición se comprueba que la marca del mismo es la continuidad de la defensa de la economía de mercado, ya instaurada desde los tiempos de Anwar el-Sadat.

La composición de la oposición a Mursi.

Frente a todas las problemáticas económicas, sociales y políticas, se erige una oposición sumamente heterogénea. Abarca diferentes capas de la sociedad, en cuanto a los intereses que defiende y en cuanto al apoyo social que reciben. Lo que les une es su oposición a Mursi, al Partido Libertad y Justicia (los Hermanos Musulmanes) y a los Salafistas del Partido Al Nour, que colaboran con ellos a pesar de las críticas vertidas. Pero en las reivindicaciones de la oposición hay diferencias sustanciales en función de sus intereses de clase.

De esta forma lo que se conoce como oposición se articula en el Frente de Salvación Nacional, dentro del cual se encuentra la minoritaria Coalición Democrática Revolucionaria (formada por partidos de izquierdas, socialistas, comunistas y progresistas).

En concreto dentro del frente se encuentran:

El principal liberal que dirige a la oposición es Mohamed el-Baradei; es el elegido como representante y máximo dirigente del frente, demostrando así la fuerza que tienen los liberales en el seno del frente. Es el hombre fundamental de EE.UU., es conocida su intervención al frente de la Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) defendiendo los intereses del gendarme internacional estadounidense (el intento de la desnuclearización de todos aquellos países no aliados de EE.UU. y de la UE).
Actualmente se encuentra en el Partido de la Constitución, el cual está estudiando unirse con el Partido Socialdemócrata egipcio, también de corte liberal. En 2011 era un perfecto desconocido en Egipto, no tenía arraigo social alguno. Ahora parece querer tener protagonismo, espoleado por EE.UU., para ganar apoyos en su carrera política. Con su discurso repetitivo por la "unidad nacional" y la "reconciliación nacional"18 quiere ocultar los problemas sociales y económicos; así quiere ocultar las diferencias entre las clases sociales egipcias y favorecer a las capas altas.

El otro gran partido liberal, dentro del frente, es el Nuevo Partido Wafd, aunque de tendencia nacionalista. Propugna la inversión productiva privada nacional y un mayor equilibrio en la economía entre los sectores público y privado; políticamente busca el desarrollo amplio de la democracia al estilo conocido en occidente ("independencia" del poder judicial, sistema "multipartidista", "protección" de las libertades políticas, …), al igual que el-Baradei. A efectos prácticos permite el manejo del país a los grandes empresarios y banqueros. Su presidente es el magnate farmacéutico El-Sayyid el-Badawi, lo que da idea de la base social del partido. Alcanzó el 9,2% en las elecciones presidenciales.

Los campesinos se han unido al movimiento de oposición mediante el Sindicato General de Agricultores como respuesta al recorte de derechos democráticos y sociales -que les afecta como capa social- contenidos en la Constitución de diciembre de 2012.

Los nasseritas del Partido Unido Nasserista son otro de los partidos importantes dentro del frente, el tercero que mayor número de votos alcanzó. Tienen implantación entre los trabajadores, especialmente entre los del sector público como reminiscencia de la época de Nasser. El presidente de la central sindical FESI, Abu Eita, es miembro del partido.

La Coalición Democrática Revolucionaria dentro del Frente de Salvación Nacional:

El Partido de la Alianza Socialista Popular es el que tiene mayor significación y vinculación social entre los trabajadores de todos los pertenecientes a la coalición. Cuenta con el apoyo de los obreros de Jalid 'Ali, Wa'il Gamal, Abu al-' Izz al-Hariri y 'Abd al-Ghaffar Shukr, así como la vicepresidenta de la central sindical FESI, Fátima Ramadan.

También está presente, entre otros, el Partido Comunista de Egipto, el cual cuenta con escasa implantación -aunque va en sentido creciente- entre las masas porque estaba ilegalizado hasta 2011. A pesar de ello se ha situado al frente de luchas obreras como las de la industria textil de Mahalla al Kubra. Éste reclama una mayor profundización democrática anti-imperialista que permita la participación de las masas populares y la consecución de las demandas económicas. De hecho, hace un llamamiento a la permanencia en la Plaza de Tahrir hasta que las demandas sean satisfechas.

Contradicciones dentro de la oposición:

Los trabajadores y campesinos empiezan a incorporarse a este movimiento de oposición y a la actividad política, es como consecuencia de las condiciones de vida a las que les ha sumido la política liberal, atrasada y errática, de Mursi. Esto, inevitablemente tiene reflejo en el incremento de la fuerza de la Coalición y de los nasseristas frente a los liberales, que se asientan, principalmente, en las capas medias y altas de la sociedad y en parte en la intelectualidad y en los jóvenes profesionales urbanos, aunque puedan atraerse apoyos de sectores de trabajadores.

La mayoría de los partidos de izquierda, de la Coalición, y los nasseristas abogan por la re-nacionalización de las empresas privatizadas durante el gobierno de Mubarak y por la imposición de un impuesto sobre la riqueza de los más ricos, sobre los bienes inmuebles y las transacciones bursátiles. Entre otra medidas que favorecen los intereses inmediatos de los trabajadores y la reconstrucción de parte de los servicios públicos. Aliviaría en parte la deuda pública y las condiciones de vida de los trabajadores.

En cambio los sectores vinculados al imperialismo defienden una política económica más dirigida a la economía de mercado. Más de lo mismo. Plantean una mayor cesión de derechos democráticos, al estilo occidental (hasta el punto que consideren en cada momento). El-Baradei no cuenta con conocimientos en materia de economía, de hecho no se encuentran propuestas concretas en este ámbito, lo que da idea de quiénes dirigirán la política económica en el caso de ser elegido como Presidente -ahí estará los mecenas ya descritos. Estas políticas liberales chocan por completo con las propuestas de los partidos de izquierdas, aunque realicen ciertas concesiones.

Los acontecimientos del año presidencial hasta el final derrocamiento de Mursi.

Todo el desarrollo del año de gobierno de Mursi ha estado marcado por la acumulación cuantitativa de tensiones sociales. Conflictos en base a las diferentes luchas obreras y de las diferentes capas sociales por la consecución de mejoras en sus condiciones de vida, como ya hemos podido ver en anteriores apartados del artículo.

A ello, se han sumando una serie de sucesos políticos que han aportado una suma cuantitativa al conjunto de las tensiones sociales, que estaban presentes, y que finalmente han conllevado a un salto cualitativo en la situación. Todas las tensiones han supuesto la incorporación de cada vez más gente -numéricamente- y capas sociales al movimiento que, finalmente y dada su fuerza, han derrocado al gobierno de Mursi.

Así, al día siguiente de su victoria electoral se produjo la disolución de la cámara baja -con capacidad legislativa. Ésta es decretada por el ejército, debido a la denuncia de supuestas irregularidades en la elecciones presidenciales ganadas por Mursi. El ejército sostiene en sus manos el poder legislativo. Esto conlleva las primeras tensiones políticas entre ambos. Mursi trata de restablecerla un mes después. Finalmente, el 12 de agosto de 2012, Mursi aprobó una nueva declaración constitucional por la que pasa a sus manos el poder legislativo, dado que el parlamento está disuelto, y convoca la constitución de una Asamblea Constituyente -capacidad que solo detenta Mursi- para promulgar una nueva Constitución. La centralización del poder en Mursi supone las primeras críticas de la oposición -recordemos que en gran parte también ligada a los intereses de las potencias imperialistas internacional- en esta dirección.

La absolución de 24 altos cargos del gobierno de Mubarak, en octubre de 2012, por la represión ejercida en febrero 2011, supone un nuevo jalón que genera enfrentamientos en la Plaza de Tahrir y el incremento de las tensiones sociales.

Finalmente, Mursi convocó la Asamblea constituyente en noviembre de 2012, con una mayoría de miembros de los Hermanos Musulmanes y Salafistas, lo que desata las denuncias y las críticas de inconstitucionalidad por "no representar al conjunto de la sociedad" -especialmente a los independientes. La Asamblea Constituyente claramente beneficia el asentamiento del poder de los Hermanos Musulmanes; lo necesitan para establecer un gobierno estable que afronte la crisis desde las perspectiva e intereses de las potencias internacionales, pero dando un considerable peso al islamismo. Así, es redactada la Constitución que será aprobada en referéndum en diciembre de 2012. Sobre la convocatoria del referéndum también recaen denuncias de inconstitucionalidad desde la oposición. Y, a la par, también coincide la remodelación de gobierno de Mursi que, a principios de enero de 2013, presenta los nuevos 10 ministros que sustituyen a los anteriores e incrementan el peso de los Hermanos Musulmanes. Se produce la vuelta a la plaza de Tahrir, en esta ocasión son las capas sociales que apoyan a la oposición las que toman la plaza y confrontan con la policía y con las capas populares que apoyan a los Hermanos musulmanes. Se producen varios muertos en los enfrentamientos.

Entre tanto, se sucede la respuesta a las manifestaciones de Port Said. La brutal represión de la policía se saldó con una cuarentena de muertos -entre los manifestantes que protestaban contra las penas de muerte decretadas contra los aficionados que provocaron los graves incidentes, un año atrás, en un partido de futbol-. Mursi decreta el estado de emergencia y el toque de queda en la zona. Un acontecimiento que echa más leña a una caldera social ya de por sí caliente.

Como salida de la situación de tensión social y confrontación, la oposición, junto con los salafistas, ofrecen a Mursi una propuesta de formación de gobierno de unidad nacional.

En marzo de 2013 el Tribunal Superior Administrativo suspende el proceso de elecciones legislativas, aprobado por el gobierno de Mursi tras la aprobación de la Constitución, por ser inconstitucional la ley electoral. Sigue estando en el aire la resolución judicial sobre la formación de la Asamblea Constitucional, la Constitución elaborada en la misma y sobre el referéndum . Finalmente, a principios de junio, el Tribunal Constitucional egipcio declaró inválidas la ley electoral por la que se eligió la Cámara alta del Parlamento, que en ese momento ejerce todo el poder legislativo, y la composición de la Asamblea Constituyente. A su vez, esto supone que se falla en contra de la Constitución y su referéndum.

La crisis social está en su clímax y se produce el salto cualitativo en las tensiones sociales. A finales de Junio, la oposición vuelve a la Plaza de Tahrir. Acampa allí hasta que se produzca la dimisión de Mursi y la convocatoria de nuevas elecciones. Obama abandona el apoyo a Mursi y le pide que convoque elecciones presidenciales. El ejército protege a la parte de las masas populares opositoras acampadas en Tahrir para evitar que sean atacados por la parte de las masas populares que apoyan a los Hermanos Musulmanes. El día 1 de julio el ejército establece un ultimátum de 48 horas a Mursi para que cumpla las demandas populares. Se produce la crisis en el gobierno de Mursi con 5 dimisiones. Éste propone la constitución de un gobierno de unidad nacional pero no dimite. Por orden del General Al-Sisi el ejército sale a la calle, depone a Mursi al frente del país, toma oficialmente el poder mediante golpe de estado y detiene a Mursi. Se abre un proceso de gobierno interino con militares, al frente del cual se sitúa Adli Mansur -hasta ese momento Presidente del Tribunal Constitucional- , y la elaboración de una hoja de ruta que desemboque en unas nuevas elecciones presidenciales. Tanto EE.UU. como la UE avalan la actuación del ejército y esperan que el desarrollo de este proceso se dirija hacia un gobierno de la oposición, con el cual puedan estabilizar Egipto para la consecución de sus intereses.

Conclusiones: gobierno Islámico-liberal vs gobierno Laico-liberal no es la meta de los trabajadores.

Los intereses de EE.UU. y la UE son cubiertos tanto por el laicismo como por el islamismo, siempre y cuando defiendan la economía de mercado y permita el desarrollo de los intereses económicos y geopolíticos de EE.UU. y la UE. Recurrirán a un formato o al otro en función de la situación interna del país y de su relación política con quienes encarnan uno u otro. Mientras que en el Egipto 2012 promovían el islamismo-liberal, ahora es más funcional, dadas las circunstancias, el laicismo-liberal. Y viceversa en otros países. Ni pensar en el laicismo nacionalista de fuerte intervención del Estado y de nacionalización de la economía. Igualmente, tiene influencia la intervención de Qatar, que tienen depositados sus intereses económicos y políticos en el gobierno islámico-liberal en Egipto; así actualmente establecen una contradicción en la zona con sus aliados internacionales.

No cabe duda que la clase obrera y el campesinado tienen puestos sus ojos y su esfuerzo en alcanzar mejores condiciones de vida; por ello empiezan a actuar, con mayor intensidad, en la lucha política de la oposición. A la luz de los datos y de los hechos, no cabe duda de que tácticamente el gobierno laico-liberal les supone un avance para poder llevar a cabo sus luchas: que no les sean prohibidas las huelgas, que puedan militar en partidos políticos legales con mayor amplitud de movimientos frente a una férrea persecución política,….De esta forma tendrán mayor capacidad de organizar un movimiento obrero y revolucionario independiente. Para esta última condición es necesario que presten atención a sus aliados, que no se dejen embaucar por ellos porque les tratarán de llevar hacia el liberalismo, hacia los intereses del imperialismo estadounidense y europeo, hacia los intereses de los grandes empresarios y banqueros nacionales e internacionales. Ahí está la consigna de la reconciliación nacional y de la unidad nacional por encima de las diferencias de clase. Una unidad nacional que en estos momentos difíciles les reclama paralizar el movimiento huelguístico, como lo hizo el propio al-Badawi (Partido Wafd) y Amr Musa.

Tarde o temprano será necesaria la explosión del frente único de la oposición para la resolución de las contradicciones internas entre los diferentes grupos políticos, entre las capas sociales que la integran. Evidentemente será una vez alcanzado el objetivo, una vez instaurado un estado laico, con amplios derechos democráticos para los trabajadores, que permitirá esa mayor capacidad de movimientos a la clase obrera y a los campesinos. En este proceso de 2013 parece que las fuerzas obreras y populares alcanzarán mayores logros económicos y políticos -finalmente dependerá de su fuerza-, pero, como se ha comprobado, no dejarán de ser estrechos, falsos o parciales en la práctica -en muchos casos- y temporales, bajo esta (y cualquier) forma de gobierno del régimen capitalista.



Fuentes:

sábado, 24 de agosto de 2013

Final de Breaking Bad

Yo soy Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad!
(Ozymandias, Percy Bysshe Shelley, 1818)



Dentro de ocho capítulos comprobaremos si Breaking Bad cristaliza como una de las tres mejores series de la historia de la televisión. Clausurar con brillantez esta salvaje huida hacia adelante no se antoja fácil, pero Gilligan y cía han dado sobradas muestras de que saben cómo manejar la nitroglicerina narrativa que tienen entre manos.

Sin embargo, ahora que se acerca el final de la metamorfosis de Walter White, tan relevante como el cierre narrativo es la «clausura moral» del relato. Ambas están entrelazadas, como es lógico. Porque desde aquel encontronazo con Jesse y aquella primera «cocinada» de cristal —medio en pelotas, ahumando el desierto de Nuevo México—, Breaking Bad se ha caracterizado por levantar una serie gravemente moral. De esas que estampa al espectador contra el muro de su conciencia una y otra vez. Pocas teleficciones nos han obligado a asomarnos al abismo de la naturaleza humana con tanta intensidad… y hacernos disfrutar con las vistas.

El hombre, el mal y unos antihéroes a los que adoras. Empatía, lo llaman. Quizá el primer Dexter, el inefable Tony Soprano o la impresionante cabalgada de The Shield podrían emparentar con el grado de gris ético que dibuja Breaking Bad. Pero existe una diferencia crucial: al inicio de la historia Walter White es un tipo normal. No un serial-killer domesticado, ni un mafioso con corazoncito patoso, ni un poli tan cabrón como efectivo para contener el crimen en la jungla de asfalto. No. Es un profesorucho que vive con miedo y anda abonado a la derrota:

Doctor, mi esposa está embarazada de siete meses, con un bebé que ni siquiera planeamos. Mi hijo de 15 años tiene parálisis cerebral. Yo soy un profesor de Química extremadamente superdotado. Cuando puedo trabajar hago 43.700 dólares al año y, sin embargo, he visto como mis colegas y amigos me han superado en todo lo imaginable. ¡Y en 18 meses estaré muerto! ¿Y me pregunta por qué huir? (Bit by a Dead Bee, 2.3.).

Esa confesión de Walter ante el psiquiatra —formaba parte del pretexto para acreditar su ausencia tras ser secuestrado por Tuco Salamanca— marca bien la primera clave empática del relato: el espectador se pone del lado de Walter White porque es una víctima. Revisar el capítulo piloto —una experiencia muy enriquecedora con la perspectiva que otorga ahora toda la serie— sirve para recordar por qué el personaje interpretado por Bryan Cranston genera tanta identificación.

Cinco temporadas y un capazo de cadáveres después, ¿seguimos los espectadores queriendo que Walter White triunfe? Es más: a estas alturas de la guerra, ¿qué entenderíamos por «triunfar»? El propósito de este artículo es intentar explicar cómo los relatos televisivos nos hacen adorar a personajes que detestaríamos en la vida real. Puesto de otro modo: cómo la ambigüedad moral ejerce de motor narrativo y qué respuestas (emocionales y morales) demanda del espectador.

Atención: a partir de aquí, ESPOILERS de las cinco temporadas de Breaking Bad.

La posmodernidad es antiheroica, el cable también

En primer lugar, hay un asunto ideológico: la posmodernidad cultiva el antiheroísmo. Hay un humus intelectual —certezas blandas, relativismo rampante— que provoca que las nociones de Bien y Mal estén proscritas, de modo que al heroísmo le ha pateado el culo el cinismo. Se ha convertido en mainstream un ambiente intelectual pesimista, derrotista y autoflagelante que también ha salpicado a las ficciones audiovisuales de calidad. Con un añadido empresarial: la televisión por cable siempre ha querido diferenciarse de las networks tradicionales.

Esto, como ya se ha explicado hasta la saciedad, ha generado un círculo virtuoso donde la competencia ha espoleado la vitalidad artística y la fecundidad estética. Si la HBO dinamitó la «escala tradicional de valores» con Los Soprano y Deadwood, Showtime siguió su grupa explorando ese modelo del antihéroe simpático con un Dexter Morgan, una Nancy Botwin o un Hank Moody. Si FX demostró que un policía corrupto y criminal o un bombero alcohólico y depresivo podían ganarse el aplauso de la audiencia, AMC surfeó la misma ola con Drapers, Whites y demás vecinos de enfrente. Es decir, se han entremezclado elementos ideológicos y empresariales para generar una determinada constante temática en la narrativa serial.

Esto es inédito. Hace 20 años había (no tantas como ahora, cierto) series excelentes; sin embargo, el antiheroísmo constituía la excepción, no la regla, en los shows más influyentes. Esto no quiere decir que solo la ambigüedad provoque drama de calidad. Simplemente, la brillantez provenía de otros costados. Recordemos un emblema: Expediente X. Sus protagonistas, cortados por el patrón heroico clásico, amasaban multitud de conflictos internos y externos, pero nunca dejaban de ser personajes positivos; el villano estaba identificado y la corrupción anidaba en las instituciones, no en las almas de Mulder y Scully. En la televisión en abierto ocurre igual: The West Wing, Lost o The Good Wife exhiben personajes repletos de aristas, penetrantes, sí, pero carentes del retruécano moral presente de forma estructural en el cable. Porque ahí, desde Oz y Los Soprano, el antiheroísmo ha sido uno de los rasgos dramáticos más esponjosos y la contradicción interna de los protagonistas una semilla de la que nacen los conflictos del relato. Breaking Bad es, simplemente, la última estación del viaje.

Identificación con el personaje: alineamiento y complicidad

Carl Plantinga, siguiendo a Murray Smith, establece una distinción (Midwest Studies in Philosophy, 2010) que ayuda a entender el juicio moral y las actitudes del espectador hacia personajes como Walter White. Este teórico del cine resalta dos niveles: el alineamiento (alignment) y la complicidad/lealtad (allegiance). Lo primero es «una característica de la película»; lo segundo es una respuesta de la audiencia, provocada por la obra audiovisual.

En primer lugar, explica, nos alineamos con un personaje mediante una «relación espacio temporal» (esto es: el relato nos muestra qué hace el personaje en su entorno) y un «acceso subjetivo» (la narrativa también nos revela qué siente, desea, quiere el personaje). Por expresarlo llanamente: pasamos tiempo con Walter, conociéndole, tratándole, asistiendo a sus dudas y confidencias, convirtiéndolo en «amigo». Breaking Bad está fuertemente focalizada por Mr. White, por lo que seguimos al protagonista en el dolor y la enfermedad, el amor y la amistad, la esfera doméstica y el ámbito criminal.

Sin embargo, la allegiance implica subir un peldaño: el personaje se gana la aprobación del espectador. Es decir, esta complicidad se enraíza en la evaluación que el espectador hace de los rasgos morales de un personaje; como explicaremos en seguida, no conviene caer en el simplismo binario de acciones buenas o malas, puesto que el asunto resulta, por suerte, más engorroso.

Víctimas y empatía

Un personaje dramáticamente rico hará cosas buenas, discutibles, malas, ocres o aguachirladas; la clave de la alianza espectador-protagonistaradica en que en todo momento juzgamos al personaje con cierta benevolencia. Creamos un sistema de valores propio para acercarnos a una historia de ficción. Establecemos, en definitiva, un «pacto moral» diferente. ¿Por qué? Porque la simpatía hacia un personaje no pasa necesariamente por que exhiba un comportamiento éticamente cabal. No.

«Simpatizamos con personajes que están en peligro o deben ser protegidos —escribe Plantinga—, con personajes que sufren o están afligidos o con personajes que sentimos que son tratados de manera injusta». Recordemos que Walter White inicia el relato como un perdedor XXL, un tipo del que hasta sus alumnos se mofan en el lavadero de coches. Un don Nadie. Un mierda. Al que, para más inri, le diagnostican un cáncer atroz. Jesse no le va a la zaga: a pesar de su estampa de pícaro, pronto descubrimos su adicción, la imposible relación con sus padres, su tristeza vital y, por si no fuera bastante, su imán para atraer todas las palizas.

Además, una de las habilidades de los creadores de Breaking Bad es la de hurtarnos, en la primera temporada especialmente, las consecuencias potencialmente brutales de los actos delictivos de Walter y Jesse. Los efectos perniciosos de la metanfetamina apenas asoman la patita; la repercusión del viaje de Walter en su círculo íntimo es nula. Estos actos sin consecuencias facilitan la afinidad inicial del espectador hacia los «nuevos emprendedores», obligándonos a establecer una enrevesada relación con esos protagonistas, un vínculo que germina desde una ética borrosa, con anteojos y sin paracaídas. Porque, claro, la gracia de la serie es convertir a «Mr. Chips en Scarface», según la feliz premisa voceada por el propio Vince Gilligan.


Bajar la guardia

El poder emocional de la imagen en movimiento es gigantesco. La identificación/juicio moral sobre el que estamos reflexionando aquí no se produce solo en el ámbito de la trama, sino que también opera en la forma audiovisual: música contrapuntística, diálogos reveladores, voz en off intimista, ralentizaciones épicas, primeros planos, iluminación simbólica, angulaciones exultantes, interpretaciones magnéticas, etc. El relato audiovisual puede desplegar multitud de recursos formales que nos cogen con la guardia baja y, así, logran nuestra adhesión a tal o cual personaje. Y, como bien ha explicado Noël Carroll (Movies, the Moral Emotions, and Sympathy, 2010), el juicio moral que trazamos en las ficciones audiovisuales está muy condicionado por respuestas emocionales… fácilmente manipulables, por tanto. ¡Si hasta un caníbal como el sofisticado Dr. Lecter es capaz de hacernos tilín!

En Breaking Bad hay un caso paradigmático al respecto. Sentimos mucha más identificación con Walter White que con su esposa Skyler. Por un lado, hay una jerarquía evidente que lo facilita: el primero es el protagonista absoluto, mientras que la segunda es un personaje sabroso, sí, pero secundario. Sin embargo, al escarbar algo más encontramos un reflejo interesante de la inevitable manipulación de la empatía. La segunda —a pesar de estar embarazada y soportar mentiras del tamaño de la catedral de Burgos— ha sido odiada por buena parte del público. ¿Su pecado? Básicamente, pedirle a su marido que le dijera la verdad durante las dos primeras temporadas. Aquí es donde entran en combustión tanto el alineamiento como la complicidad. El giro por fin ha llegado en la quinta temporada, cuando el alma de Walter ya se ha ennegrecido tanto que ha pisado directamente el terreno del maltrato doméstico, en una memorable escena de terror psicológico que acaba con Skyler, desesperada, intentando ahogarse en su propia piscina (Fifty-One, 5.4.). Por fin la percibimos como víctima; incluso nos sorprendemos de habernos puesto tímidamente a apoyar a su equipo.



En el descenso a los infiernos que supone toda la peripecia de Walter White, solo durante esta última temporada se ha empezado a oler a azufre. El diablo ha dejado asomar su rabo en el citado amedrentamiento doméstico, pero también, con mayor hipocresía aún, tras la muerte de aquel niño que pasaba por allí (Dead Freight, 5.5.). Nunca unos silbidos atronaron tanto. Jesse Pinkman descubrió ahí, por fin, que es la careta de hombre la que esconde al monstruo.

Mas, si miramos atrás, descubrimos que Walter White lleva tiempo cabalgando el crimen. Desde el primer relincho. No olvidemos que en el piloto fosfatiza a Emilio y, poco después, ahoga a Krazy-8 con un candado, en una escena de dureza maccarthyana. Más adelante llegará la guadaña para el lunático Tuco (Grilled, 2.2.), la chutada Jane (Phoenix, 2.12.), los dos matones atropellados en Half Measures (3.12.), el pobre Gale (Full Measures, 3.13.) o, ay, la voladura controlada del impoluto Gus Fring y sus dobermans (Face Off, 4.13.). ¡Ahí es nada!

Aun así, con tanta sangre de por medio, siempre hemos apoyado al equipo de Walter. ¿Por qué? Porque el tipo interpretado por Bryan Cranston se nos ha presentado, desde aquel cold open donde grababa una despedida en calzoncillos, como una víctima, logrando que nos solidarizáramos vigorosamente con él. Su transformación es sutil, atestada de salidas de emergencia y, sobre todo, contiene altibajos, dudas, caídas y vueltas a la casilla de salida. Casi duele —y produce melancolía cinco temporadas después— contemplar su agobio, en el baño, mientras se aporta razones a favor y en contra de «liquidar» a Krazy-8 (… And the Bag’s in the River, 1.3.). Escribe en la columna a favor de dejarle con vida: «Es lo que manda la moral», «puede que escuche a razones», «estrés post-traumático», «no serás capaz de vivir contigo mismo», «principios judeocristianos», «tú NO eres un asesino», «lo sagrado de la vida», «¡El asesinato está mal!». En la de la derecha hay una sola razón, muerta de frío: «Matará a toda tu familia si le dejas marchar»… y los añicos de un plato roto. Hábilmente, los guionistas siembran constantemente el relato de minas morales, donde solo cabe elegir entre guatemala y guatepeor. Logran así que Mr. White transmita una y otra vez la sensación de que sus decisiones violentas han sido un último e inevitable recurso, absolviéndolo en cierta manera de todas y cada una de ellas. Emmm, ¿de todas?

La coartada familiar

Siempre hay una excusa: la familia. Ocurre en un buen puñado de estas irresistibles propuestas borderline: Game of Thrones, Sons of Anarchy, The Sopranos, The Shield… Aunque la búsqueda del dinero por el bien familiar constituye un objetivo genuino en los primeros capítulos de la epopeya de Walter White, pronto se convertirá en una mera coartada exculpatoria. En una mentira más.

La precipitación hacia el mundo de la droga y las reprobables acciones que conlleva se justifican por una situación sobrevenida —la cercanía de la muerte a causa del cáncer— y un fin que se presenta como superior —la necesidad de abastecer a su familia—. Ambas pierden sentido conforme avanza el relato y Walter White se emancipa de sus justificaciones: el cáncer remite y Heisenberg amontona tantos billetes en su «negocio» como para «aparecer listado en el índice Nasdaq» (Cornered, 4.6.).

Durante parte de la serie, Walter White exhibe una conciencia que admite la maldad de sus acciones y, en consecuencia, llega a manifiestar un fuerte sentimiento de culpa. Por eso es tan rabiosa su respuesta ante una buena noticia objetiva: la remisión de su enfermedad (4 Days Out, 2.9.). Walter responde dañándose a sí mismo (se golpea furiosamente los nudillos en el baño), puesto que en ese momento intuye que no podrá soportar el peso de todo el dolor que ha estado causando; ya no puede esgrimir el atenuante de que lo hacía por un bien mayor «disculpado» por la inminencia de su muerte. Es un sentimiento que hace explícito en esa delicia minimalista que regala The Fly (3.10.):

Skyler y Holly estaban en otra habitación. Podía oírlas por el monitor cuida-bebés. Ella estaba cantando una nana. ¡Si hubiera vivido justo hasta ese momento y ni un segundo más…! Habría sido perfecto (…) Solo digo que he vivido demasiado.

En el ámbito económico, Walter, ya de suyo maestro del autoengaño, encontrará puntualmente el apoyo de Skyler (Kafkaesque, 3.9.). Ella también escuda su incursión en el mundo criminal bajo la misma coartada que su marido: defender la integridad física de su familia. Sin embargo, la sensación de culpabilidad de una y otro resultan radicalmente opuestas. Skyler se sume en la depresión y el terror al calibrar las consecuencias de sus actos mientras que Walter sigue ascendiendo en la cadena alimenticia. Gud Fring ya le había advertido, en plan patriarcal, que uno haría cualquier cosa por los hijos (Más, 3.5.):

Walter White: He tomado una serie de muy malas decisiones, y no puedo tomar otra más.

Gus Fring: ¿Por qué tomaste esas decisiones?

Walter White: Por el bien de mi familia.

Gus Fring: Entonces no fueron malas decisiones. ¿Qué debe hacer un hombre, Walter? Un hombre abastece a su familia.

Walter White: Esto me costó mi familia.

Gus Fring: Cuando tienes niños, siempre tienes una familia. Siempre serán tu prioridad, tu responsabilidad. Y un hombre… un hombre provee. Y lo hace incluso cuando no es apreciado o respetado o, incluso, querido. Simplemente lo sobrelleva y lo hace… Porque es un hombre.

El relato expandido y la cara B

El hecho de que para Walter White la familia sea una excusa con la que justificar su nuevo yo criminal no impide que para nosotros, espectadores, la visualización del entorno familiar ejerza de bálsamo moral y actúe como un potente mecanismo de complicidad. Una breve escena del final de la tercera temporada ejemplifica esta idea a la perfección. Vemos a Walter White en su salón, dando la leche a la pequeña Holly. Un primer plano nos muestra cómo la niña le arrebata las gafas, en un instante de una ternura paternal subyugante (Full Measures, 3.13.). Con mucha astucia, los guionistas rehumanizan así a un personaje que viene de ajusticiar a dos matones y minutos después ordenará el asesinato de su compañero de laboratorio. Todo un salto adelante en la mutación de Walter White que, sin embargo, se nos presenta tamizada por un puñado de atenuantes: los niños, la familia, la cotidianidad. La defensa propia, as usual, opera como eximente en esas muertes, por supuesto, pero también el biberón de Holly y la devoción de un padre de familia entran en la ecuación moral que constantemente despeja Breaking Bad.

Esta estrategia de «dulcificar» el mal al presentar la esfera íntima y doméstica del personaje no es privativa de la ficción televisiva, ni mucho menos. Recordemos, por ejemplo, cómo El hundimiento —la película alemana que revive los últimos días de Adolf Hitler—, ofrece una de las más arriesgadas volteretas en este sentido. Sin embargo, hay algo en el relato serial —no en el autoconclusivo, sino en el que despliega una potente trama de fondo— que privilegia la ambigüedad vital de sus protagonistas.

Al disponer de 60 horas en lugar de dos para desarrollar los conflictos, la propia forma del relato permite adentrarse en los tiempos muertos, en la cara B de los protagonistas, en su faceta familiar, en su otro yo, en sus dudas. Tenemos más tiempo para ver como Tony Soprano, tras aplastar el cráneo de Ralph Cifaretto, puede dar un beso de buenas noches a sus hijos y olvidarse de la ansiedad de su profesión mientras come macarrones y se emociona con una película de Gary Cooper. O cómo Jamie Lannister, aquel malnacido que clavaba sus primeras garras en Juego de tronos merodeando conceptos tan repulsivos como «incesto» e «infanticidio con risitas», se humanizaba a base de palique, humillaciones, miembros amputados y una larga, dolorosa, confidencia con su captora. O cómo el matrimonio Jennings, los espías de la KGB que protagonizan la excepcional The Americans, pueden preparar los cornflakes de sus hijos tras una noche cazando agentes de la CIA en el Washington reaganiano. Así, el relato serial permite que los conflictos internos y externos se multipliquen, afilando salientes y excavando en la complejidad de estos antihéroes. Como con Walter White.

Equilibrios y antagonismos

Incluso cuando su alma se va oscureciendo, secundamos a Walter. En la cuarta temporada, por ejemplo, ya cuesta seguir comprando la parana del Walter White víctima. Este famoso monólogo del 4.6.: «No estoy en peligro, Skyler. ¡¡Yo soy el peligro!! Un tipo abre la puerta y le disparan. ¿Piensas que soy yo? ¡NO! ¡Yo soy el que llama a la puerta!». Tamaña arrogancia va de la mano de un mentiroso compulsivo capaz de seguir mirando a Hank a la cara, de un manipulador que no duda en poner en peligro la vida del pequeño Brock y de un desalmado que manda a su vecina en labor de zapa para saber si los matones andan cerca.

Y, aun así, el tour de force de los guionistas durante la cuarta temporada es lograr que todavía sintamos afecto por un tipejo así y deseemos su victoria. ¿Cómo? A babor siempre nada el flotador de los niños, ya citado. Verle despedirse amorosamente de su pequeña hija y haber asistido a su patética confesión a Walter Jr. nos obliga a recalibrar su fiereza: quedan trazas del maestro de química, del paterfamilias, del ultrajado por el cáncer. Pero a estribor también hay un jaque-mate emboscado: esa fascinación que cualquier espectador siente por la inteligencia superior, por el personaje avispado, por el timo a largo plazo. El ingenio te gana para la causa sí o sí. Derrocar a Gus Fring en un artero y letal juego de ajedrez, defendiendo sin peones ni torres un tablero amañado, oh amigo, eso derrite cualquier resistencia moral. Genera empatía porque todos anhelamos secretamente ser un poquito Walter White y partir la madre, que dirían en México, a los gángsters de cuello blanco.

Este último punto también resulta esencial para persistir en la identificación con un Heisenberg que sube el envite de perversidad en cada temporada. En los relatos, conectamos con personajes censurables mediante una estrategia de guión que se enmascara bajo la etiqueta de «equilibrio dramático». Blanco y en botella: el protagonista necesita un antagonista. Esto es: nos ponemos del lado de Nucky Thompson, Omar Little, Dexter Morgan, Patty Hewes o Nick Brody porque siempre hay alguien peor que ellos, mucho peor, de modo que establecemos una inconsciente comparación con otros personajes… y concluimos que nuestros protagonistas, a pesar de sus métodos violentos y sus crímenes, son «de los buenos». Gris moral. Walter White, incluso Heisenberg, siempre sería preferible a Gustavo Fring y demás ralea.

¿Hasta cuándo Walter White?

Como muchas de las series citadas evidencian, el partido que tomamos por estos antihéroes también tiene un límite. Breaking Bad es una serie que explora esa frontera de forma explícita desde su origen. Crimen y castigo. Por eso, no es casualidad que el gran cambio que exhibió la primera mitad de la quinta temporada fuera el de la ausencia de un villano reconocible enfrente. Ya no hay balanza. Heisenberg se ha aupado a la cima del negocio: «Me preguntabas Jesse si estaba en el negocio de la metanfetamina o del dinero. Ninguno de los dos. Estoy en el negocio de un imperio» (5.6.).

El protagonista es ya también su peor antagonista.

Skyler hace tiempo que lo sabe; Mike lo anticipó; Jesse lo sospecha; y Hank —un islote de integridad en el relato— no la va a cagar de nuevo. La ausencia de villano en la quinta entrega ha hecho emerger más, si cabe, la verdadera maldad de Walter: manipulador, abusón, insaciable, violento y más altanero que nunca. Su progresiva deshumanización está alentada por un orgullo desmedido que, conforme avanza el relato, pierde todas las resistencias morales que impone una emoción tan común como el sentimiento de culpa. Desprovisto de este, Walter White se convierte en un hombre sin piedad.

Y ahí aguarda es la gran pregunta que resta por responder en esta recta final: ¿hasta cuándo apoyaremos y justificaremos los actos de alguien sin compasión? Una respuesta que, durante los ocho capítulos que restan, se encaramará sobre una desconcertante paradoja: la de que para odiar a Walter White lo hayamos tenido que amar tanto.

No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas
de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.
(Ozymandias, Percy Bysshe Shelley, 1818)

Fuente: http://www.jotdown.es/2013/08/amar-a-walter-white-odiar-a-walter-white/

Visualización de la serie Breaking Bad (si no tienes cuenta en seriesly): http://www.seriesyonkis.com/serie/breaking-bad



Negro y Azul - Los cuates de Sinaloa:


Caos geopolítico en Oriente Medio

Los acontecimientos que últimamente ha vivido Oriente Próximo no deben analizarse como procesos sociales y económicos de cada país sino en función de la confrontación geopolítica entre las fuerzas que buscan aumentar su influencia en la zona.

Según opina el analista político Gumer Isáyev, citado por el portal Rodon.org, la primavera árabe no solo conllevó un cambio de regímenes en la región, sino que también debilitó considerablemente a los países que desempeñaban un papel importante en la geopolítica de Oriente Próximo, en particular, Egipto, Libia y Siria.

Isáyev cree que la "nueva era" en la historia de la región comenzó con el plan de George W. Bush de "democratización del Gran Oriente Medio" que, según el experto, no fue más que un intento de establecer la hegemonía estadounidense en esta zona. La Casa Blanca solo necesitaba deshacerse de los "restos" de la guerra fría como Irak, Libia, Siria e Irán. La guerra en Irak fue uno de los primeros ataques a la antigua estructura de Oriente Próximo y marcó el inicio de una nueva etapa en su historia.

'Auge y caída' de Irán

Por su parte, Irán fue capaz de utilizar este factor desestabilizador en sus fronteras para su propio beneficio. Varias autoridades estadounidenses exigían la continuación de la guerra en Irak a través de un ataque contra Irán. Pero las fuerzas de EE.UU. para un conflicto a gran escala no eran suficientes en aquel momento, considera Isáyev. Irán, no obstante, aprovechó la operación estadounidense en Irak para avanzar en el liderazgo regional.

Los iraníes ya habían contribuido en 1979 a la creación de la organización chií de Hezbolá, que se convirtió después de la guerra en el Líbano en 2006 en un símbolo de la resistencia contra Israel. Irán también comenzó a intervenir en el conflicto palestino prestando apoyo a Hamás en Gaza. En aquel entonces, la influencia iraní en la región alcanzó un nivel sin precedentes.

Pero la reconfiguración geopolítica de Oriente Próximo emergió en un lugar diferente: en las calles de Túnez, donde el joven vendedor de frutas Mohamed Bouazizi se suicidó en el acto que dio origen a la primavera árabe. La posibilidad del cambio de régimen en otros países árabes (especialmente en Siria) amenazaba con una transformación importante del equilibrio de poder en la región.

Si los acontecimientos en Túnez, Egipto y Libia no tuvieron un impacto directo en Irán, el conflicto sirio se ha convertido en un punto de inflexión para la república islámica. Isáyev subraya que el apoyo a Bashar al Assad comenzó a convertirla en el enemigo principal del "despertar árabe".

Asimismo, el comienzo de los disturbios en Siria provocó la disputa entre Hamás e Irán, ya que parte de los líderes del movimiento islamista palestino, que llevaban mucho tiempo en Damasco, expresaron su respaldo a la oposición siria. Por lo tanto, Irán dejó de ser el principal defensor de los palestinos.

La estratagema turca

Isáyev indica que tal vez el único país dispuesto a desafiar el liderazgo regional de Irán es Turquía. El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, logró mejorar la economía turca y duplicar el PIB del país. Ankara estableció cooperación económica con los países árabes, y su política de "cero problemas con los vecinos" dio excelentes resultados, por ejemplo, las relaciones hostiles con la vecina Siria fueron reemplazadas por una estrecha cooperación en diversos campos.

Turquía también sustituyó a Irán en la posición de principal defensor de los palestinos: en 2009 en Davos, Erdogan se permitió criticar públicamente a Israel.

Sin embargo, la primavera árabe resultó una prueba importante para Turquía. Ankara acogió con satisfacción la dimisión de Ben Ali y Mubarak, pero los acontecimientos en Libia, donde Turquía tiene grandes contratos, provocaron ciertas dudas a Erdogan. A pesar de todo, Turquía decidió aliarse con los rebeldes. Cuando el 'fuego revolucionario' estalló en la vecina Siria, Ankara también apoyó a la oposición.

El 'abandono' de su aliado Al Assad fue visto por las autoridades de Turquía como un 'sacrificio necesario', ya que gracias a esa decisión Turquía esperaba afianzarse aún más en un Oriente Próximo renovado. Sin embargo, Isáyev califica ese comportamiento de "grave error de cálculo" por parte de Ankara, dado que el presidente sirio actualmente no parece ceder sus posiciones, mientras que la guerra requiere que los turcos gasten grandes cantidades de dinero para mantener a los refugiados sirios y apoyar a los rebeldes.

El experto también señala que es evidente que la participación de Turquía en el conflicto sirio socavó la reputación del partido gobernante y que fue una de las causas de los disturbios en el parque Gezi.

Primacía temporal de Qatar 

Hace unos 15 años pocos expertos podrían haber imaginado que Qatar, pequeño Estado gasífero en el golfo Pérsico, fuera capaz de alcanzar el nivel de influencia sobre los procesos políticos en Oriente Próximo del que goza hoy en día. Pero la primavera árabe convirtió a este país en uno de los arquitectos de los proyectos políticos en la región. En los acontecimientos de Libia, Catar tuvo unos de los papeles principales. Además, la llegada al poder de los Hermanos Musulmanes en Túnez, Egipto y Marruecos también se debe a Qatar.

La entonces unión entre Hermanos Musulmanes y Qatar podía considerarse una de las alianzas más
exitosas de la región: la organización musulmana más grande de Oriente Próximo necesitaba un patrón rico, al tiempo que Catar buscaba una plataforma para su expansión regional.

Pero el éxito del país no duró mucho. Turquía, aliado de Qatar en la cuestión siria, se quedó atrapada en las manifestaciones antigubernamentales, mientras que su aliado clave, los Hermanos Musulmanes egipcios, no fueron capaces de mantenerse en el poder y lo perdieron tras el golpe militar del pasado julio.

Arabia Saudita, ¿fuera del juego?

Arabia Saudita tenía suficientes razones para estar descontenta con la política de Qatar. Pero lo que colmó la paciencia de las autoridades saudíes fueron las actividades qataríes durante la primavera árabe.

Los saudíes vieron una amenaza ideológica en el crecimiento de la influencia de los Hermanos Musulmanes ya que Arabia Saudita tenía miedo de perder su monopolio sobre el islam político, una de las razones por las que el país acogió con beneplácito el golpe militar en Egipto y el arresto del presidente egipcio Morsi.

Aunque las autoridades saudíes tratan de utilizar las consecuencias de la primavera árabe para consolidar su posición en la región, Isáyev opina que será muy difícil para el país avanzar en ello, ya que Arabia Saudita todavía no tiene un proyecto político como Irán o Turquía y no puede ofrecer un modelo alternativo de desarrollo. Arabia Saudita, a pesar de su riqueza y estrechos vínculos con EE.UU., tiene una estructura política muy arcaica y engorrosa que no permite que el Gobierno sea lo suficientemente flexible para la promoción efectiva de sus intereses.

El caos sin fin

Últimamente, expertos en la geopolítica de Oriente Próximo hablan de la pérdida de la posición dominante de EE.UU. en la región, por lo que ya han empezado a aparecer varias especulaciones sobre quién se convertirá en el siguiente líder regional después de la 'salida' inminente de los estadounidenses de Oriente Próximo.

Isáyev concluye que la estrategia actual solo contribuye al mantenimiento de los persistentes conflictos de baja intensidad en la región, donde ninguna de las partes puede superar a la otra. Todo este "caos controlado" puede durar décadas, con una sola condición importante: el mantenimiento de las posiciones de EE.UU. como el principal proveedor de armas y el mayor importador de petróleo y gas y, por lo tanto, como un cierto punto de referencia para los principales actores geopolíticos del mundo.

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/103720-geopolitica-internacional-oriente-proximo-eeuu

sábado, 10 de agosto de 2013

Otra cara del socialismo

A continuación una recopilación de fotografías de la cuenta de Twitter @ISocialistas. Aquí  se muestra una imagen cercana y desconocida de los diferentes países socialistas de la historia. No hay orden cronológico.

Escuela primaria en Leningrado (1957)

Familia de un trabajador de una planta química de Leningrado (1981)

Supermercado en Moscú (1977)

Campamento de pioneros en Lipetsk (Rusia) 1977

Afganistán (1986) Una dentista atiende a un paciente en un hospital construido por la URSS

En el monumento a los conquistadores del espacio (Moscú)

Playa en Serebryany bor (1976)

Cocinando en un campamento de colonos de la tierras vírgenes (URSS, 1955)

Lampara de vitamina D para compensar la falta de sol en una ciudad del norte de la URSS

Cartel soviético de 1956 contra la violencia de género.  
 

jueves, 8 de agosto de 2013

Las regiones celtas, breve historia

La capacidad guerrera de los pueblos que conformaron parte de esta etnia les permitió ocupar la parte central de Europa durante 800 años, entre 700 a. C. y el año 100 d. C., y luego extenderse desde Irlanda hasta las costas del Mar Negro. Todos estas tribus y clanes están abarcados en la denominación de celtas, nombre que, paradógicamente, jamás utilizaron para ellos mismos. La designación que los unifica como grupo humano proviene de otras culturas. Por ejemplo los antiguos griegos en un principio los denominaron Hiperbóreos, y desde el siglo V a. C. pasaron a ser Keltoi, posteriormente Keltai y también los llamaron Gálatas, que significa altos y nobles.

Los Gálatas: Celtas que se fueron al oriente

En el este europeo las tribus celtas habían llegado al Danubio, cuando bajaron hasta Bulgaria se encontraron con Alejandro Magno, que realizaba una campaña militar en esa misma zona. El célebre macedonio recibió una embajada en el 335 a. C. e intercambió tratados de paz con ellos. El juramento de los celtas estipulaba que la alianza con Alejandro existiría hasta que "el cielo se desplomara". En Irlanda, 1000 años después, los celtas utilizaban esa misma fórmula para dar su palabra de honor: "nosotros guardaremos fidelidad a menos que el cielo caiga y nos aplaste o que la tierra se abra y nos trague o que el mar se eleve y nos sumerja". De estos juramentos –y otros similares- se desprende la creencia que sólo temían a que el cielo cayera sobre sus cabezas.

Después de la muerte de Alejandro, en el 323 a. C., su enorme imperio se fragmentó, por lo tanto también se debilitó, y dejó las riquezas de Grecia al alcance de los guerreros celtas que por ese motivo avanzaron hacia el sur.

En el año 279 a. C. los griegos llamaron Gálatas a los celtas que amenazaron el santuario de Apolo, en Delfos. El ataque fracasó por una combinación de resistencia griega y desastres naturales, según contó el historiador griego Pausanias, consistentes en un terremoto acompañado por rayos, truenos y una terrible tormenta seguida de una cruda noche de heladas y nevadas, además del desprendimiento de rocas de las montañas. El mismo jefe de los gálatas, Brennos, resultó gravemente herido en el asalto a Delfos y, desesperado, se suicidó –bebiendo una gran cantidad de vino puro, escribió Pausianias-. Estos celtas causaron una enorme impresión en los griegos, que describen su bravura con admiración: "tanto desprecian la muerte que combaten desnudos a excepción de un cinto".

El resto del ejercito se replegó y cruzó el estrecho de los Dardanelos hacia Asia Menor y allí establecieron el reino de Galacia. El nombre servirá para referirse tanto a los celtas orientales (especialmente a los que se establecieron en el Asia Menor, en el curso del Halys, actual Kizilirmak), como a los occidentales. Posteriormente Polibio emplea el nombre de celtas o gálatas para indicar a los celtas cisalpinos o los trasalpinos. El equivalente latino de Gálatas es tal vez Galos (galli), que aparece medio siglo más tarde. Se usa para la Galia Cisalpina (actual territorio del norte de Italia) y Trasalpina (actualmente Francia, Paises Bajos y la zona alemana al oeste del Rhin). Sin embargo se utiliza el nombre de Celtas (en latín Celti) especialmente para los trasalpinos.

La Italia céltica

En realidad los galos cisalpinos fueron las tribus celtas que atravesaron los Alpes –los que quedaron del otro lado se llamaron trasalpinos- para atacar Italia y saquear en el año 390 a. C. la ciudad que posteriormente fue la capital de un imperio que los conquisto: Roma. Anteriormente habían llevado el conocimiento del hierro y extendido su uso a la zona situada al norte de los Alpes.

Después del saqueo se establecieron en el norte de Italia, pero antes de abandonar Roma exigieron que la ciudad pagara un rescate en oro por su liberación. La última humillación a la que sometieron a los romanos fué disponer su propio sistema de pesos para determinar la cantidad del pago; cuando el enviado especial   romano se quejó de que los pesos celtas eran mayores que los suyos, el jefe galo arrojó su propia espada a la balanza y de manera arrogante exclamó "¡Ay de los vencidos!" –expresión, según relata Tito Livio, "intolerable para los oídos de un romano"-.

Pero sobrevino la venganza romana, aunque 150 años después, cuando los vencieron en la batalla Telamón y conquistaron el norte de Italia. Polibio, que relata el cruento hecho, comenta que le llamó la atención que pelearan desnudos –como a Pausianias en Grecia y a Julio César en la Galia-, cuestión que atribuyó a la desesperación de verse próximos a la derrota y así luchar con un furor inusitado. Lo cierto es que esa era la costumbre celta, luchar sólo con las armas por una cuestión de bravura, descripción que se repitió en numerosos lugares más, salvo en el norte de Europa, por obvias razones climáticas.

La Galia

Julio Cesar incorporó el resto de la Galia en una guerra que duró del año 58 al 51 a. C., y que fue
especialmente sanguinaria, como la toma del oppidum –nombre latino para los poblados galos- de Avaricum, que de los 40.000 habitantes que tenía sólo escaparon 800. La contienda quedó definida con la caida de Alesia (52 a. C.) y la rendición del principal jefe galo, el legendario Vercingétorix.

En el año 121 a.C., para resguardar las comunicaciones entre sus dominios de la Península Ibérica, los romanos tomaron la zona equivalente a la actual Provenza (Francia), que pasó a denominarse Galia Narbonense, en honor a Narbo Martius, quien fundó la primer colonia romana en las Galias.

Sin embargo, a pesar de la dominación, se considera que la sociedad gala vivió su apogeo económico y cultural durante los siglos I y II d.C. En el siglo V d.C. las invasiones del varias tribus germánicas (visigodos, burgundíos, francos, vándalos, etc.) desvastaron la Galia y se repartieron su territorio. La Bretaña Armoricana fue la única región en donde los celtas sobrevivieron medianamente libres.

Galicia, la pequeña Galia

En Galicia algunos autores hablan de una población aborigen protocéltica (de origen común a los celtas) que el famoso arqueólogo e historiador Florentino López Cuevillas los denomina "Oestrimnios" que fueron conquistados por los celtas Sefes o Serpes, pueblo que ocupó Galicia y Portugal y que poseían como tótem la serpiente. Serpes en griego quiere decir serpiente, con esto vemos lo que parece una característica céltica: el nombre con el que finalmente son recordados proviene de otros pueblos. Con los Serpes se introduce en esta región la cultura de la Urnas de Vlenden-Bennghardt (una variante de las Urnenfelder), más adelante con la tribu de los Paledones se incorporó la de los castros.

Pero el desarrollo celta en Galicia fue interrumpido por la marcha de las cáligas –el calzado militar romano-, que para ese entonces ya habían pisoteado las cabezas de numerosos pueblos. Las legiones romanas penetraron en el territorio noroeste de la península ibérica, en el año 137 a. C., acaudilladas por Décimo –o Decio- Junio Bruto, proconsul de España Ulterior. Allí se encontraron con una manera de pelear semejante a la que enfrentaron en las Galias y en el norte de Italia, con igual fervor guerrero de sus hombres auxiliados por sus mujeres, los idénticos gritos de guerra (o aturuxos), armados con similares espadas hallstáticas de antenas, desnudos con sólo un cinturón y luciendo al cuello los mismos torques, protegidos con uno de los genuinos escudos celtas: la caetra y con el peculiar casco de La Téne. También tropezaron con el mismo símbolo áureo de siempre, de culto solar: el triskel celta, y la svástica de cuatro o más brazos, símbolo común a todos los pueblos célticos e indoeuropeos. El procónsul Bruto los denominó "gens bellicosissima".

Los romanos denominan a ese territorio Gallaecia (o pequeña Galia), al que consiguen dominar, en dos etapas, tras más de cien años de encarnizada lucha en el 25 a. de C. por Augusto. Después de la invasión de Decio Junio Bruto el territorio quedó dividido en dos partes: una que después se llamó Galicia bracarense y otra, al norte, que fue extraña a esa sujeción. La segunda conquista de Galicia fue dirigida por Julio César, en el año 61 a. C., nombrado pretor de España Ulterior. César buscaba nuevas campañas que aumentaran su prestigio militar y para ello recurrió a las deportaciones y asesinatos en masa hasta lograr su propósito.

Posteriormente pasaron y se establecieron numerosos pueblos que terminaron por configurar al pueblo gallego: los suevos, los visigodos, los árabes, las invasiones normandas y sarracenas, la integración –y también dominación- de los reinos leoneses, castellanos y finalmente el español.

Pero la historia, curiosamente, deparó dos nuevos aportes demográficos de origen celta. El primero para el año 550 de nuestra era, cuando llegaron al norte de Galicia centenares de refugiados Bretones (o Britanos), de las islas Británicas, que huían de la invasión anglosajosa. Fundaron la ciudad de Britonia (o Bretonia, cerca de la actual Mondoñedo). Tuvieron un importante desarrollo, sus propios obispos entre los que se destacó el célebre Maeloc.

Un milenio después se produce la última migración céltica a Galicia que la emparenta aún más con Irlanda. En 1599 el Papa nombró arzobispo de Dublín al compostelano fray Mateo de Oviedo. A expensas del rey Felipe II el flamante arzobispo partió, de La Coruña, rumbo a Irlanda una expedición de 45 barcos, 3000 hombres, a la que siguió otra de 12 barcos y 800 hombres. Numerosos gallegos e irlandeses derramaron su sangre por la independencia de Irlanda, pero la rebelión fue derrotada por los ingleses. En 1607, cuando los jefes de las grandes casas o clanes, también llamadas "chieftains", O’Neill y O’Donnell tuvieron que rendir sus tierras al rey Jaime –o Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra-, se embarcaron rumbo al continente y muchas familias irlandesas son acogidas en Galicia, motivo por el cual causa sorpresa encontrar esos nombres, especialmente el último, en el norte de España.

No se puede dejar de remarcar la notable influencia que ejerció el santuario de Santiago de Compostela, no sólo en Galicia sino en todo occidente durante la Edad Media, y su relación con el panteísmo de la cultura celta. Este tema resulta de suma importancia e interés, más propicio para un desarrollo posterior en un artículo dedicado especialmente al tema.

Irlanda: país celta por excelencia.

Las leyendas irlandesas que se narran en el "Lebhor Gabhala Eireann", el "Libro de las Conquistas de Irlanda", cuentan las invasiones de los celtas a Irlanda por los denominados hijos de Milesio. Estas historias sobre el origen de los irlandeses han sido "interpretadas" de diferentes maneras, cuestión que ha provocado más de una disputa entre los historiadores, sobre todo por aquellos de origen inglés e irlandés, referida a la procedencia de los celtas de Irlanda. Los ingleses, con William Gandem a la cabeza, postulan que la invasión provino de Inglaterra -previamente llegados allí desde el norte Francia-. Los irlandeses, G. Keating y Edmund Curtis, dan diversos orígenes a la colonización céltica: directamente del norte o sur (de la parte atlantica) de Francia, de los Paises Bajos y del norte de España. Todas esta discusiones tienen un evidente trasfondo político en donde cada bando presenta sus pruebas que avalan sus teorías.

Lo cierto es que se reconocen dos grandes migraciones celtas a Irlanda. La primera fue cercana al año 1000 a C –según otros autores fue por el 1300-. La segunda, en los siglos IV y V a. de C., y se duda del lugar exacto de su procedencia, las posibilidades son del norte de España, sur de Francia o de Inglaterra, norte de Francia y Paises Bajos. Con respecto a la versión que postula al norte de la península Ibérica, más propiamente de Galicia, se han descubierto en Irlanda numerosas hachas iguales a las que aparecieron en territorio gallego, entre otros hallazgos que llaman poderosamente la atención. También por el lado de las leyendas hay coincidencias ya que se considera que Milesio era descendiente de Breogán, un legendario rey celta gallego, supuestamente el creador de la famosa torre de Hércules (ubicada en la ciudad de La Coruña) en las regiones que los romanos identificaban genéricamente como el Finisterre.

Irlanda permaneció como el único territorio propiamente céltico, ya que no fue conquistada por los romanos ni por otro pueblo. Cuando en el 423 San Patricio cristianiza el pueblo celta, se produjo el primer cambio –o encuentro cultural- importante en la isla desde su colonización celta: la aparición de monasterios con reglas monásticas propias y una iglesia independiente de Roma. Ambos aspectos generaron una notable actividad religiosa e intelectual. Estos monasterios se convirtieron en verdaderos centros culturales y educativos, desde donde salieron numerosos monjes y misioneros que recorrieron toda Europa, entonces arrasada por la invasiones de tribus germánicas.  Muchos pueblos recibieron la influencia cultural céltica de los monjes irlandeses,  porque ellos fueron quienes transcribieron todas las leyendas, mitos y leyes celtas que estaban bajo la tradición oral.

Desde fines del siglo VIII se empiezan a padecer los saqueos de los noruegos. Brian Boru o Boroimhe (941-1014), rey de Irlanda (1002-14) contuvo estas invasiones, venció a los escandinavos en Limerik y liberó su país de una nueva invasión en Clontarf (1014) aunque murió en esa batalla, transformandose un héroe de características míticas.

Enrique II Plantagenet, rey de Inglaterra y señor de media Francia –uno de los reyes más poderosos de su época-, aprovechando las peleas internas invadió el último país celta libre en el año 1172 y obtuvo del papado la "concesión" del pueblo irlandés y la soberanía de su Iglesia.



Una represión continua en todos los campos, político, cultural, social, económico y religioso, ejercieron los ingleses, con mayor intensidad en el siglo pasado cuando un millón de irlandeses murieron a causa de la hambruna a que fueron sometidos, que sumado a una fuerte emigración provocó un notorio descenso demográfico. En 1916, en momentos que Inglaterra peleaba la Primera Guerra Mundial, una nueva sublevación se llevó a cabo, que si bien fue derrotada, obligó al gobierno británico a reconocer la autonomía en 1921. Este fue el inicio de un camino que concluyó en abril de 1949 con la declaración legal de la República de Irlanda y tomó el nombre de Eire.

Los Astures

Así se denominaba el pueblo celta que dio nombre a la región de Asturias, quienes junto a los cantabros, los galaicos y los vaceos se rebelaron contra los romanos en una guerra -que duró desde el 29 al 19 a. C.- en la que tuvo que intervenir el propio emperador Octavio Augusto. Del campamento Asturica Augustas (Astorga) salíeron sus legiones y sus mejores generales, Lucio Emiliano, Cayo Furnio, Carisio. En el 19 a. C. el célebre Agripa, finalmente, logró imponerse aunque el espíritu de libertad estuvo siempre latente.  Por ejemplo, cuando se sublevaron contra Nerón en el 54 de nuestra era. Por esa época se cristianizó el pueblo.

Luego de la invasión musulmana a la península ibérica en el 711, los Astures, acaudillados por Pelayo, fueron los que iniciaron los 800 años de "reconquista" en el 718, y derrotaron a los árabes en el norte de Aseura - Covadonga en el 722. Pelayo fue proclamado rey, pero su estirpe se extinge pronto –con la muerte de su hijo Fáfila- y ocupa el trono Alfonso I (739-757). Un descendiente, Alfonso III, trasladó la capital de Oviedo a León, dando origen al Reino de León, que posteriormente formó parte de Castilla y luego de España.

Gales y Cornualles, tierra de leyendas

A fines del primer milenio los celtas introdujeron, en Gales y en Cornualles, la técnica del hierro del tipo de La Téne. Con respecto a la procedencia céltica existe un conflicto de historiadores similar al de Irlanda, en donde influyen poderosamente los aspectos políticos. Algunos lo manifiestan el origen en Irlanda o de una migración de la Galia. Otros postulan la dependencia del territorio inglés.

Parte del territorio fue conquistado por los romanos y se retiraron en el 410. Esta región se encontraba habitada por dos ramas brython  (el pueblo celta que dio nombre a las Islas Británicas): los Welsh y los Cornish. El cristianismo fue difundido por los monjes celtas irlandeses y adoptado en el siglo VI. Los clanes de pastores y granjeros sostuvieron luchas fronterizas constantes contra los reinos de la heptarquía anglosajona. De esa época viene la leyenda del rey Arturo y la Mesa Redonda, cuya capital Camelot proviene de Camulos, dios celta de la guerra. Se la ha situado en Cornualles, en el Somerset o en el país de Gales.

El rey Hywel Dda (910-950) unificó el país, codificó sus leyes y costumbres –serie de leyes jurídicas, religiosas e historia registrado en Laws of the Hywel Dda-, y otorgó protección oficial a los bardos, quienes habían de ser los propagadores de la cultura galesa. En 1282 el último rey galés, Llewelyn ap Gruffydd, fue derrotado y muerto por Eduardo I, quien por el Estatuto de Rhuddlan estableció en Gales el dominio inglés (1284) y en 1301 nombró a su hijo Príncipe de Gales (título que todavía llevan los herederos al trono de Inglaterra). El espíritu de resistencia se mantuvo en el campo, origen de numerosas rebeliones. La última gran sublevación fue la de Owen Glandower, que después de vencer a los ingleses en 1404 se proclamó rey, aunque tres años más tarde fue derrotado. Un descendiente suyo reclamó la corona de Inglaterra, Enrique Tudor y derrotó a Ricardo III en la sangrienta batalla de Bosworth (22 de agosto de 1485) dando fin a la Guerra de las Dos Rosas. En su hijo Arturo se cifraron las esperanzas galesas –que ya por su nombre honraba a un mito galés-. Sin embargo la muerte del anhelado príncipe (1502) frustró las ilusiones. Su hermano Enrique VIII incorporó  Gales a Inglaterra, en 1536, cuando abolió la mayoría de sus leyes. La parte más importante de la nobleza se volcó hacia Londres. Gales se quedó con nobles de poca importancia y una gran masa de campesinos sin dirigentes. De esta manera los Tudor hicieron grande a Inglaterra y volvieron pequeña a su propia patria.

En 1914 la iglesia anglicana dejó de ser la oficial, y la iglesia calvinista metodista, muy nacionalista, se pudo desarrollar en libertad. En 1966 fue elegido Gwynfor Evans, el primer diputado nacionalista galés.

Bretaña, la parte gala de Francia

Antiguamente se denominaba Armórica y fue ocupada por los galos, es decir los celtas, y recién conquistada por los romanos en el siglo I de nuestra era. Es la tierra de los famosos personajes de historietas, Asterix y Obelix, los guerreros galos invencibles.

Al igual que Galicia recibió varias migraciones de origen celta a lo largo de su historia. La más importante fue en el siglo V. Los brythons y los cornish emigraron de Cornualles y Gales  como consecuencia de las invasiones de los anglos y de los sajones a Inglaterra. Se fusionaron con las antiguas tribus galas y conformaron los clanes Bretones, que terminaron por dar nombre a esta región.

En el siglo IX sus reinos autárquicos se unificaron en el liderazgo de Nomenoe (1087). Esto les permitió independizarse del dominio Carolingio y conformar, hacia mediados del siglo XI, el Gran Ducado de Bretaña, con capital en Rennes.

Constituyeron una monarquía en conflicto con los soberanos francos, pero se unió a la corona francesa por los enlaces matrimoniales de Ana de Bretagne con Carlos VIII (1491) y Luis XII (1499) de Francia. La incorporación definitiva llegó como resultado de otro casamiento: Claude, hija de Ana y Luis XII, con el heredero al trono de Francia, Francisco I (1532).

Actualmente en la parte occidental de Bretaña aún se habla una lengua céltica denominada Bretón.

Escocia, tierra de los héroes inmortales.

Cuando llegaron los romanos, comandados por Julio Agrícola (82 d. C.), estaba habitada por los Pictos o Pict al norte y por los Bretones al suroeste. En el año 563 San Columbano introdujo el cristianismo desde Irlanda. En el siglo VI los Escotos (Scott Gaël) del norte de Irlanda ocuparon el oeste y los Anglos el sureste. Estos cuatro pueblos, cuando se unieron, conformaron étnicamente el pueblo de Escocia.

En el año 852, Kenneth I, rey de Dalríada (un reino Scott), reunió a los Scott y a los Pict, creando el reino de Alba, origen del escocés. El nombre de Scotland (tierra de los Scott), hoy Escocia, se empezó a utilizar durante el reinado de David I (1124-1153). Este rey introdujo la organización feudal de tipo normando.

Eduardo I de Inglaterra la convirtió en un reino vasallo en 1275, hasta que una sublevación general en 1296 –encabezada por el célebre William Wallace- inició un largo conflicto que culminó con la victoria del rey Robert Bruce, en Bannockburn en 1314. Posteriormente el hijo de la reina María Estuardo, Jacobo VI –o Jaime I de Inglaterra- reunió las coronas inglesas y escocesas al morir sin descendencia Isabel I de Inglaterra en 1603. Durante el reinado de Ana Estuardo (1702-1714) fue proclamada la unión definitiva de ambos reinos –o según otros la sumisión escocesa- en el Acta de 1707. A partir de entonces se han sucedido varios movimientos independentistas escoces que claman por su libertad hasta el día de hoy, cuestión reforzada por poseer un idioma propio, el gaélico - escocés, que fundamentalmente se habla en las islas y regiones montañosas.

Isla de Man y su particularidad: el Manx.

Su población de origen céltico fue conquistada por los romanos por un período breve y también por los escandinavos. En 1266 pasó a poder de Alejandro III de Escocia y posteriormente fue dominio de varias familias inglesas, hasta que pasó a la corona en 1765 y se incorporó en 1829. Actualmente está administrada por un gobierno nombrado por la corona inglesa. Posee un parlamento propio y su sistema judicial autónomo. Parte de su población conserva el idioma celta denominado Manx.

¿Y actualmente?...

Debido a las múltiples migraciones y uniones con otros pueblos se hace evidente que no se puede afirmar la existencia de una raza celta. Por otro lado el concepto de raza ha sido últimamente abandonado por los antropólogos. Se considera más adecuado que la cultura, arte, tradiciones, música, leyendas, mitos, y la lengua son aspectos que, en su totalidad o la unión de alguno de ellos, definen a un pueblo o una etnia. En el caso particular de los celtas, constituyen la base cultural y étnica de varias naciones con identidad propia.

Fuente: http://www.almargen.com.ar/sitio/seccion/historia/celtas3/


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