viernes, 2 de agosto de 2013

Aborígenes australianos, invadidos y aniquilados

La invasión británica al pueblo aborigen 

“Este vasto país no era para ellos más que un territorio comunal –no sometían a la tierra a ningún tipo de labor-; su propiedad, su derecho no validan más que los del emú o del canguro. No semetían a la tierra a ninguna labor y esto – y sólo esto- es lo que da derecho a su propiedad [...] El pueblo británico [...] ha tomado posesión [...] y tenía pleno derecho a hacerlo, por la autoridad divina, según la cual se ordenó al hombre avanzar sin dudar, poblar y cultivar la tierra”
(Sydney Morning Herald, 1838)


La asociación Generación Robada intenta conseguir un reconocimiento hacia los 50.000 niños que fueron arrebatados a sus padres desde los años 20 hasta... ¡los años 80! Es un paso más en la larga lucha por la justicia de los pueblos aborígenes que tienen la desdicha de vivir en el que (tras el final del apartheid en Sudáfrica) es hoy el país más reaccionario de la Commowealth.

Vamos a intentar resumir brevemente esta lucha.

James Cook durante su expedición en Australia realizó una estimación totalmente equivocada sobre la población de Australia. Seguramente el famoso explorador, lo hizo de forma bienintencionada y dificilmente podría llegar a saber la trascendencia que tendrían sus breves palabras:

"El número de habitantes de este país parece ser extremadamente pequeño en relación a su extensión. No hemos visto nunca un grupo que reúna a treinta personas a la vez [...] No obstante, es totalmente cierto que sólo hemos visto la parte oriental de la costa y que entre ésta y la orilla occidental se extiende una inmensa extensión de tierra completamente inexplorada, pero hay buenas razones para creer que ésta o bien está totalmente deshabitada, o bien está poblada aún más pobremente que las partes que hemos visitado [...] Es cierto que no hemos visto, en todo el país, un solo pie de tierra cultivado, por lo que podemos llegar a la conclusión sin más de que allí donde el mar no contribuye a la subsistencia de los habitantes, el país no está habitado".

Para la mentalidad europea de finales del siglo XVIII, la posibilidad de que un número grande de personas pudiera subsistir de la caza y la recolección era algo impensable. Los primeros colonos de lo que llamaron Nueva Gales del Sur descubrirían a medias el error de Cook: “La población era más densa de lo que se había creído en general en Europa”. Pero “esta observación no debía aplicarse a las partes interiores del continente, pues existían todas las razones para afirmar que, de acuerdo con sus investigaciones y la manera de vivir de los indígenas, estaban deshabitadas”.

Si la inmensa mayoría de Australia permanecía inhabitada, era justo que los ingleses ocuparan y pusieran en producción toda esa tierra ¿no? Bajo este argumento se ha justificado la apropiación de tierras poseidas por los aborígenes hasta 1992. Apesar de que, evidentemente, Australia no estaba despoblada.

Los primeros colonos australianos quisieron aprovechar las enormes planicies por medio de la ganadería extensiva. Los aborígenes, en un primer momento, no conocían la noción de animal doméstico ni, mucho menos, la de propiedad privada sobre un animal. Así que se dedicaban a cazar al ganado.


Y así nació una leyenda que sirvió desde entonces para acusar a los aborígenes de cualquier desaparición de un animal. Se junta a esta incomprensión la dudosa moral de los colonos (no olvidemos que en un primer momento los colonos australianos fueron principalmente presidiarios). Por todas partes se tomaron medidas destinadas a mantener a los aborígenes alejados del ganado, como se hacía con los lobos. En Queensland se envenenaba a indígenas con cebos y periódicamente se practicaban macabros partidos de fútbol con una cabeza humana como balón. En Australia Occidental se les arrastraba con un caballo hasta su muerte. Además de los asesinatos eran habituales también todo tipo de agresiones sexuales, que los jueces justificaban con un argumento tan absurdo como la escasez de mujeres blancas. En realidad, pocos crímenes cometidos contra un aborígen fue jamás perseguido por la justicia.

No fue nunca expresado de esta forma, pero desde el momento en el que los aborígenes no habían descubierto la agricultura, tenían un estatus de animales. De animales dañinos incluso. Los aborígenes, por su parte, intentaron recurrir a la violencia para defenderse. Se estima que unos 20.000 aborígenes murieron combatiendo, frente a 2.000 – 2.500 europeos.

Muchos australianos vieron sacudirse sus conciencias ante unos atropellos tan evidentes y los defensores de los aborígenes consiguieron que el estado prohibiera expresamente las peores prácticas. Sin embargo, poco podía hacer el estado ante una oposición mayoritaria de la población blanca, como quedó ejemplizado en la matanza de Myall Creek.

En 1838, en Myall Creek (Nueva Gales del Sur) veintiocho aborígenes de todas las edades y de ambos sexos, fueron atados juntos y degollados por un grupo de presidiarios. No era algo extraño, pero esta vez el estado decidió intervenir y once presos fueron inculpados por asesinato. Un movimiento masivo de solidaridad se extendió por todo el país. Irónicamente, el hecho de que se tratara de una práctica habitual fue utilizado en su defensa.

Siete de los once acusados fueron ahorcados, pero los otros cuatro fueron liberados sin ningún motivo lógico para ello. Apartir de este episodio, la impunidad quedó garantizada. De hecho, apartir de la segunda mitad del sXIX, será la propia policia la responsable de las más importantes matanzas. Charles Rowley hablaría de ciertas policías de Queensland con fama de “cumplir su deber con una ferocidad contra natura”.

El mismo Rowley escribiría en 1972 que “hay personas que todavía recuerdan que, cuando eran jóvenes, podían matar a un aborigen con plena impunidad, e incluso legalmente; y hay todavía miembros de tribus aborígenes que se acuerdan de ello”

Sin embargo, la situación de los aborígenes fue evolucionando lentemante. En un primer momento, los australianos bienpensantes llegaron a la obvia conclusión de que no se podía ir por ahí aniquilando seres humanos… así que decidieron integrarlos en reservas donde se verían obligados a aprender, por fin, a labrar la tierra para poder subsistir… Estas reservas se fueron creando en lugares pobres y, por lo tanto, baratos, hasta que la presión de los ganaderos hacía subir su precio, con lo cual las reservas eran vendidas y los aborígenes alejados a tierras de peor calidad. En 1902 más de la mitad de las reservas originales habían vuelto a manos blancas.

Los aborígenes no aprendieron a cultivar la tierra. Probablemente porque jamás se preocupó nadie en enseñarles como. Las reservas se convirtieron en enormes campos de concentración donde miles de aborígenes morían anualmente de hambre, de sed y de enfermedades. Los únicos que consiguieron integrarse de alguna manera en la economía de los blancos fueron los que consiguieron aprender a montar bien y se convirtieron en mozos de cuadra. Como los aborígenes no tenían derechos (apartir de 1836, quedó sentado jurídicamente que, por una parte, no eran súbditos británicos, y que , por otra parte no tenían poder para firmar contratos o prestar testimonios ya que no creían en una divinidad única sobre la que jurar), no era extraño que estos aborígenes trabajadores fueran secuestrados para vivir en una situación cercana a la esclavitud.

Hacia 1880 la mayoría de los aborígenes vivían en lugares muy aislados o en guetos urbanos. La ley de los blancos permitía apalearles, violarles o asesinarles con absoluta impunidad. Existe una rica literatura oral aborígen que habla de estos temas.

Con el cambio de siglo comenzó a producirse un cambio radical en la mentalidad australiana. Frente a la política de exterminio, empezó a optarse por una política racista, pero más humana, de asimilación. Principalmente las mujeres aborígenes y mestizas fueron las más afectadas por esta política, siendo obligadas a trabajar como criadas para así recibir los “beneficios” del contacto con los blancos.

Como el sistema no parecía dar los resultados esperados, a partir de los años 20 se inició la práctica de secuestrar niños para que fueran educados por familias blancas. Estos niños eran arrancados por la fuerza de sus padres que intentaban esconderles o resistirse violentamente. En algunas ocasiones, estos niños fueron víctimas de malos tratos en sus nuevas familias, incluso se investiga la posibilidad de que muchos de ellos fueran innoculados con enfermedades como la lepra para realizar experimentos médicos. En todos los casos, se cortaba de raíz su contacto con su familia biológica.

Sólo apartir de 1972, el Partido Laborista australiano empezó, poco a poco, a dar los primeros pasos hacia la justicia. En 1975, se votó un decreto sobre la discriminación racial. Este decreto abrió las puertas para que en 1992 un tribunal produjera la Decisión Mabo, que permitía a los aborígenes por primera vez reclamar sus tierras. Desgraciadamente, en 1993 el Partido Conservador ganó las elecciones y recortó en gran medida los pequeños éxitos de las décadas anteriores. En 2000, este gobierno recibió la condena del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas. El gobierno respondió que no volvería a escuchar a las Naciones Unidas.

Situación de los aborígenes australianos en la actualidad:

A la gran mayoría de las familias aborígenes les quitaron hijos, y en algunos casos eso se repitió varias generaciones. Muchos niños nunca volvieron a ver a sus padres y hoy muchos los buscan.

A las familias que opusieron resistencia las sancionaban y castigaban cruelmente a los niños robados por hablar el idioma de sus padres o intentar huir y regresar a su familia.

El gobierno se robaba principalmente a los niños de raza mixta, es decir, de piel clara. Los capacitaban para trabajar de sirvientas o trabajadores agrícolas, y les enseñaban a rechazar su identidad y cultura. Kathy Rioli dice que le daba vergüenza bailar en una ceremonia aborigen, pues a sus padres los separaron de su tierra y cultura. Ella creció en una casa de crianza que era un punto intermedio entre la cultura indígena y la sociedad blanca. A Francene George de Yirrkala le daba vergüenza el hecho de que creció en la isla Palm, una colonia penal de "aborígenes revoltosos" y no se lo contaba a nadie.

En 1964, se empezaron a derogar las leyes de separación estado por estado y el proceso duró hasta 1984.

Verguenza nacional

Muchos australianos blancos respondieron a las conclusiones de la Investigación Nacional de una forma insólita. En mayo, se realizó la manifestación más grande en la historia del país; 200.000 personas marcharon por el puente del puerto de Sydney pidiendo reconciliación. Cientos de miles han firmado "libretas de perdón" y miles han acudido a oír los relatos de aborígenes robados de sus familias. Miles y miles de personas han colocado pequeñas manos de madera en jardines y playas en señal de vergüenza y dolor.

En julio, la fotógrafa Polly Borland no fue a saludar al primer ministro cuando visitó su exhibición "Australianos", una colección de retratos de 50 prominentes expatriados. Borland escribió en el catálogo de la exhibición que el colonialismo australiano la hace sentir que tiene "las manos manchadas de sangre" y que se opone a la política oficial hacia los indígenas. En cuanto a la invitación del primer ministro, señaló: "No quería conocerlo. Hubiera sido muy hipócrita de mi parte. No quiero que nadie piense que apoyo a una persona de esa laya".

En una carta al primer ministro que se repartió en la exhibición, Borland explicó que no podía aceptar su invitación, condenó la política oficial "que creó las generaciones robadas, el genocidio..." y dijo: "No es simplemente un problema del pasado colonial sino una parte vergonzosa de la vida actual".

De igual modo, varios artistas y escritores australianos han alzado una voz de protesta. Tres obras de teatro que se estrenaron en Londres condenan las leyes de separación y, en un taller de lecturas, la escritora Germaine Greer dijo que jamás regresará a Australia a vivir hasta que respeten los derechos de los aborígenes a sus tierras y les pidan una disculpa oficial.

Actualmente, muchas personas celebran el Día Nacional de Pedir Perdón, pero el gobierno se niega a pedirles una disculpa a los aborígenes.

El primer ministro, John Howard, sostiene que sería "incorrecto" pedir disculpas por algo que hizo una generación anterior, y además sería inconveniente porque podría dar pie a reclamos de indemnización.

En agosto, una corte federal siguió la pauta establecida por Howard y rechazó las demandas de Lorna Cubillo y Peter Gunner, dos aborígenes robados de su familia. Fue una victoria para el gobierno, que no quiere indemnizar a los niños robados, y sentó un precedente muy negativo para los 750 casos de niños robados que se oirán próximamente en los tribunales.

A Peter Gunner se lo llevaron de su familia en 1956 a la edad de siete u ocho años. A Lorna Cubillo se la
llevaron en 1947, cuando tenía apenas siete años. Aunque su abuela le ponía ceniza en la cara para que pareciera de "raza pura", se la llevaron y la mandaron a una casa para niños de media casta.


El primer ministro aprovechó la decisión de la corte para reiterar su posición; dijo que no existe ninguna evidencia de "una política general de separación y detención" de los niños aborígenes de media casta.

La opresión que sufren los aborígenes

Actualmente, hay aproximadamente 400.000 aborígenes, solo el 2.1% de los 19 millones de australianos, pero un porcentaje muy alto de esa población son pobres, desempleados y presos, y mueren muy jóvenes.

Los aborígenes tienen una tasa de desempleo de 34%, casi cinco veces el promedio nacional. Según cifras oficiales, el 55% recibe welfare y el 11% no tiene ingresos. Una familia aborigen tiene una probabilidad 20 veces mayor de estar sin casa. El promedio de vida de los aborígenes es de cinco a 20 años menos que el de los australianos blancos.

En una comunidad de la isla Tiwi, el suicidio es tan común que han colocado alambre de púas en los postes de alumbrado para que los jóvenes aborígenes no se lancen a los cables de alta tensión. En 12 meses, la policía respondió a 50 llamadas por tentativa de suicidio y en un año cortaron la electricidad en más de 40 ocasiones.

Por otra parte, los aborígenes tienen muchos problemas de salud y una gran falta de servicios de salud. En algunas comunidades el 30% de la población padece diabetes (cuatro veces más que los blancos). La mortalidad infantil es de tres a cinco veces mayor. La frecuencia de enfermedades infecciosas es 12 veces mayor y la cantidad de niños internados con pulmonía es 80 veces mayor.

Menos del 50% de los jóvenes aborígenes de 15 a 19 años estudia, comparado con el 90% de otros grupos. Solo el 33% de los aborígenes se gradúa de la prepa, comparado con un promedio nacional del 77%.

Otra generación robada

Un aborigen tiene una probabilidad 17 veces mayor de ser arrestado que un blanco, y la cantidad de presos indígenas ha aumentado en un 61% en los últimos siete años, casi dos veces la tasa de aumento de presos blancos. Un aborigen tiene una probabilidad 15 veces mayor de ir a la cárcel y 16 veces mayor de morir ahí.

Si bien han abolido las leyes de separación de los niños, ha surgido una nueva generación de niños robados. En las audiencias de la Investigación Nacional, los testigos aborígenes señalaron que las leyes de welfare y el sistema judicial de menores continúan la práctica oficial de separar a los niños aborígenes de su familia. Según un estudio citado en el informe de la Investigación, al 30% de los aborígenes que fueron separados de sus padres les quitaron sus niños y los encargaron a otras familias, a la policía o a centros de detención de menores.


Según cifras de 1997, los jóvenes aborígenes de 10 a 17 años tienen una probabilidad 21 veces mayor de estar en un centro de detención de menores que el resto de la población de esa edad. En Australia Occidental, la probabilidad es 48 veces mayor. En junio de 1997, el Instituto Australiano de Criminología informó que casi el 50% de los aborígenes de 18 a 24 años de edad ha sido detenido.


La mitad de los presos del sistema penal de menores son aborígenes.

En el Territorio del Norte, han sentenciado a chicos de 12 a 15 años a la cárcel porque su familia no pagó multas por infracciones como andar en bicicleta sin casco. En un caso en Australia Occidental, el magistrado dispuso que un chico de 15 años pasara 30 días "bajo observación" en un centro de detención por robarse un helado que costó A$1,90. Después de 18 días, la Corte de Menores ordenó que lo pusieran en libertad... a 600 kilómetros de su casa.

Desde la invasión del continente por colonos ingleses en 1770, los aborígenes han sufrido una opresión bárbara bajo la bota del colonialismo capitalista y el imperialismo, que los despojaron de su tierra y masacraron a miles. La política racista del gobierno creó generaciones de niños robados.


El genocidio ha continuado por más de 200 años hasta hoy, cuando los aborígenes viven una sistemática y sumamente cruel opresión nacional. Ni la fanfarria ni el bombo y platillos de las Olimpiadas 2000 puede tapar esa verdad.

Fuente: http://www.forocomunista.org/viewtopic.phpf=50&t=432 , http://comprenderelayer.wordpress.com/tag/colonizacion/


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