jueves, 19 de septiembre de 2013

Ejército Zapatista de Liberación Nacional, historia e ideología

"Bueno, lo que pasó es que el día de hoy se atacaron cuatro cabeceras municipales, todas en el estado de Chiapas. Es un movimiento de insurrección, de nuestra organización que se llama Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuya dirección es mayoritariamente indígena, tzotzil, tzeltal, tojolabal, chol, zoque y mame... nosotros pensamos que estuvimos aislados todos estos años porque mientras en el resto del mundo se iban dando rebeliones contra dictaduras, o supuestas dictaduras, y esto era visto con lógica, en éste país empezaban a avanzar una serie de medidas, pues dictatoriales... la población indígena chiapaneca padece 15 mil muertos al año, eso es tanto como lo de la guerra de El Salvador cada año, nada más que los muertos de un sólo lado y con la gran vergüenza de que la mayoría por diarreas, enfermedades digestivas... Que las soluciones de los principales problemas de nuestro país atraviesan necesariamente por los problemas de libertad y democracia, esa es la principal demanda, en base a eso dicen los compañeros se podría negociar las otras demandas de vivienda, tierra, salud, educación, justicia, muchos problemas que sobre todo en el medio indígena son muy graves, pero sobre la demanda de libertad y democracia, se está haciendo el llamado a toda la república mexicana y a todos los sectores sociales que se alcen junto con nosotros, no necesariamente con las armas, sino con lo que puede cada uno, según su medio en el que se desempeña... no hay una en el EZLN una ideología perfectamente definida así en el sentido clásico del marxismo-leninismo, del social-comunismo, del castrismo, hay más bien un punto común de enlace para los grandes problemas nacionales que para un sector u otro coinciden en la falta de libertad y falta democracia... cuando el Comité Clandestino Revolucionario, que es el que da las órdenes, cuando ellos consideren que se cumplió el objetivo de ésta toma, ordenarán la retirada, pero no es su propósito mantenerse en la ciudad... las causas que originan este movimiento son justas, son reales, en todo caso podrán cuestionar el camino que se eligió, pero nunca las causas".

Subcomandante Marcos

                                                         
                          


                                        

Origen y bases


Este 17 de noviembre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de México cumple 27 años de lucha y resistencia desde que nació en 1983 no como una guerrilla, sino como un ejercito popular relacionado estrechamente con las comunidades indígenas en defensa de los ataques tanto de policías como militares.

Su primeras consignas anunciaban que “hemos empezado la lucha que necesitamos hacer para alcanzar demandas que nunca ha satisfecho el Estado mexicano: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”.

Estas proclamas se concretaron en los acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena que rubricaron el gobierno de México y el EZLN el 16 de febrero de 1996.

El objetivo del acuerdo fue el compromiso por parte del gobierno de modificar la constitución de manera que se incluyera el respeto a los derechos de los pueblos indígenas, el reconocimiento a su autonomía y la atención de las demandas en materia de justicia e igualdad.

Sin embargo no es hasta 1994 cuando el mundo entero conoció la naturaleza, fuerza y temple del pueblo mexicano chiapaneco.

Fue el 1º de enero de 1994 en ocasión de que comandos armados y grupos sociales tomaron las cabeceras de varios municipios de Chiapas en protesta por la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC o Nafta, según sus siglas en inglés) rubricada por Estados Unidos, Canadá y México, cuando a través de esa acción se conoce ampliamente la existencia del EZLN.

En el libro de Gloria Muñoz Ramírez, titulado: “20 y 10: el fuego y la palabra”, una serie de testimonios recogidos por la autora indican que el movimiento nació entre 1983 y 1994.

Muñoz afirmó en su libro que “entre 1983 y 1994 el EZLN dedicaría sus principales esfuerzos a una paciente organización interna. El encuentro entre la tradición marxista-leninista con una realidad que no puede explicar, de la que no puede dar cuenta y con la que tiene que trabajar”.

Esta organización indígena-militar tiene como mando el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General (CCRI-CG) del EZLN, que surge de una composición mayoritariamente indígena.

Los comandantes son los que mandan en común, en un tipo de mandato que obedece al pueblo.

El EZLN nace en el mismo parto donde vieron la luz movimientos como Los Sin Tierra de Brasil, El Piquetero de Argentina, El Cocalero de Bolivia, El Okupa de Europa, los cuales comparten la misma raíz en teoría y praxis.

Son los años en que la corriente ultraconservadora en Estados Unidos comienza a impactar al mundo desde la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989) y la jefatura de la CIA en manos de George H.Bush (padre) quien luego fue presidente (1989-1993) y activo anticomunista que desplegó una fuerte labor contra el campo socialista y la Unión Soviética.

En esa década de los 80 ocurren los extraños accidentes o atentados mortíferos de líderes populares como Omar Torrijos (Panamá), Jaimes Roldós (Ecuador), Olof Palme (Suecia), Indira Ghandi (India), Ernesto Jovel (El Salvador), Maurice Bishop (Granada), todos considerados adversarios de EEUU por la corriente ultraderechista en el poder estadounidense.

Es a mediados de esa década, según el politólogo y excandidato presidencial de México, Andrés Manuel López Obrador, en que la tecnocracia llegó al más alto poder y se negoció el TLC o Nafta con EEUU y Canadá que tantos problemas económicos, sociales y políticos ha ocasionado al país por la desestructuración y la articulación de los mexicanos a los negocios legales y turbios estadounidenses.

A diferencia de otros movimientos tipificados como “estadocentristas” el ELZN no pretende ni aspira a la toma del poder estatal.

Sus objetivos giran en torno a la defensa de los derechos humanos, colectivos e individuales; la construcción de un modelo nuevo de nación donde impere la democracia, libertad y justicia y la creación de redes de resistencia y rebeldías que luchen en nombre de la humanidad contra el neoliberalismo.

De acuerdo con el portal de zapateando wordpress el movimiento zapatista padeció y padece la represión del Estado mexicano ante las iniciativas de defensa de su territorio, a su expansión geográfica fuera de Chiapas.

Entre los logros que la organización ha cosechado según reportó el sitio web, resaltó la construcción de la autonomía forjada a través de años de lucha y resistencia.

Así se ha constituido en un referente nacional e internacional de organización el autogobierno que consolidaron las comunidades zapatistas de Chiapas, sentando así las bases de gobierno donde el pueblo es quien manda.

El Subcomandante Marcos es el líder, principal ideólogo, portavoz y mando militar del grupo, ha declarado en numerosas oportunidades que “es necesario hacer un mundo nuevo. Un mundo donde quepan muchos mundos, donde quepan todos los mundos”.

Hermann Bellinghausen, en su artículo titulado “México: Gracias a los Zapatistas”, publicado por el diario La Jornada, aseguró que “gracias a los zapatistas, en la izquierda desmoronada tras el colapso del muro de Berlín renació algo más que una esperanza (…) Los indígenas se volvieron extrovertidos, dejaron de pedir, determinados a exigir y resistir. El epicentro de su onda expansiva fue la recuperación de las tierras acaparadas por finqueros y ganaderos que despreciaban a los pueblos, y a sus peones, acasillados o no”.

También agradeció a los zapatistas por “el concepto latinoamericano de guerrilla –y su larga causa de dolor– dio paso a algo nuevo, y a la vez tan viejo como la civilización: un ejército campesino. Éste, comprometido con la vida, sus pueblos y la liberación nacional desde una insospechada lucidez. Mientras, la sociedad civil se percataba de su propia existencia”.


La lucha emancipadora de los pueblos por la defensa de sus derechos, por el trabajo digno, por la justicia y la paz, es un batalla que día a día libran todos los pueblos de nuestra América quienes rebeldes y plenos de esperanza no cesan en su empeño por la liberación del dominio y la explotación.


                                



La rebelión Zapatista diez años después


MIENTRAS QUE los patrones mexicanos brindaban por el nuevo año el 1 de enero de 1994, más de 2,000 guerrilleros tomaron cuatro pueblos en el estado sureño de Chiapas. Declarando su intención de marchar hasta Ciudad México para derrocar al "mal gobierno", los miembros del hasta entonces desconocido Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) desinflaron la petulancia de la clase gobernante mexicana.

El EZLN decidió hacer su declaración del Día de Año Nuevo hace 10 años porque ese día coincidía con la fecha en que el Tratado de Libre Comercio (TLC, o NAFTA, por sus siglas en inglés) entraba en efecto.

Para los gobernantes de México la membresía en el TLC representaba la esperanza de construir una relación especial--y lucrativa-- con las corporaciones estadounidenses. Pero para los campesinos indígenas y para los agricultores que apoyaban a los Zapatistas, el TLC significaba un "certificado de defunción" porque socavaría su propia producción agrícola, según dijo un guerrillero en una entrevista de radio.

En vez de celebrar la entrada de la economía mexicana al "primer mundo", el gobierno del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, desató un ataque militar feroz sobre la población civil de Chiapas. Pero a los pocos días, Salinas se vio forzado a cancelar el ataque, dado que cientos de miles de mexicanos abarrotaron el Zócalo, la plaza donde está la sede del gobierno central, para mostrar su solidaridad con los Zapatistas. El levantamiento Zapatista revivió una izquierda mexicana que había estado inactiva por años y puso sobre relieve la cuestión de los derechos de los 20 millones de indígenas de México.

Para la izquierda mundial, el levantamiento representó el primer gran golpe contra el triunfalismo del mercado libre que había reinado después del colapso de la antigua URSS en 1991. Durante la próxima década, los Zapatistas y su portavoz principal, el frecuentemente citado Subcomandante Marcos, ayudaron a popularizar la incipiente crítica de izquierda de la agenda librecambista de la globalización corporativa, conocida como el "neoliberalismo".

LANCE SELFA y STUART EASTERING examinan el levantamiento Zapatista y su impacto actual.

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"SOMOS UN producto de 500 años de lucha: primero contra la esclavitud, entonces durante la Guerra de Independencia contra España...Entonces para evitar ser absorbidos por el imperialismo norteamericano, entonces para promulgar nuestra constitución y expulsar al imperio francés de nuestra tierra...Después la dictadura de Porfirio Díaz nos negó la justa aplicación de las leyes de la Reforma, y el pueblo se rebeló y surgieron líderes como Villa y Zapata, hombres pobres así como nosotros".


CON ESTAS palabras de su manifiesto, los Zapatistas le anunciaron su existencia al mundo. Reclamando su "derecho inalienable" bajo la constitución mexicana "para alterar o modificar su forma del gobierno", ellos exigieron que el gobierno los reconociera como un beligerante en estado de guerra. Declararon su intención de marchar hasta Ciudad México para establecer "áreas liberadas" donde la población obtendría el "derecho a elegir libre y democráticamente sus propias autoridades administrativas".


Para la mayoría de los observadores, la aparición del EZLN fue una sorpresa. El EZLN surgió de brigadas de autodefensa establecidas para defender a los campesinos del terrorismo sufrido a manos de los barones del café de Chiapas y de los rancheros ganaderos que usaban pistoleros para atacar a los campesinos. Marcos dijo en una entrevista que al transcurrir el tiempo, "los compañeros vieron que no era suficiente el hacer la autodefensa de una sola comunidad: sino el establecer alianzas con otras y para empezar a llevar a contingentes militares y paramilitares a una escala mayor".

Si se pudiera decir qué acontecimiento individual empujó a estos grupos paramilitares a embarcarse rumbo a la insurrección armada esto sería la decisión del gobierno de Salinas en 1992 de revocar el Artículo 27 de la constitución federal. El artículo 27, un producto de la Revolución Mexicana, garantizaba los derechos de los campesinos para peticionar la utilización de tierra privada en desuso o de la tierra del estado.

A partir de la Revolución mexicana (acaecida casi un siglo atrás), la calidad de la tierra distribuida bajo el Artículo 27 había ido empeorando, con sólo cerca de una quinta parte de esta considerada como cultivable. Pero al acabar con el Artículo 27, se esfumó la esperanza de los campesinos de algún día conseguir una parcela de tierra que pudieran considerar como suya.

La revocación del Artículo 27 polarizó a las comunidades indígenas y a las organizaciones campesinas entre los que querían continuar con métodos "pacíficos" de lucha y los que escogieron la "lucha armada". La tendencia que apoyaba la "lucha armada" ganó el debate que surgió sobre cómo responderle al gobierno.

Mucho antes de que el TLC fuera aprobado por el Congreso de EE.UU., el liderato del EZLN había escogido una fecha para el levantamiento. El EZLN se desarrollo a partir de los esfuerzos de la organización maoísta Política Popular (PP). Su teórico principal, el profesor de la Universidad Nacional Autónoma, Adolfo Berlinguer, argumentó que los estudiantes radicales y los intelectuales debían vivir entres las masas y organizarlas.

El Subcomandante Marcos ha dicho que él fue uno de los primeros 12 activistas del PP que se trasladaron a Chiapas en 1983 para organizar una guerra de guerrillas. Los radicales operaban bajo la protección de la iglesia, a menudo acompañando a sacerdotes en misiones religiosas áreas rurales. Ellos exigían "trabajo, tierra, albergue, comida, salud, educación, independencia, libertad, justicia y paz" y prometieron formar un "gobierno libre y democrático". Mientras apelaban al nacionalismo mexicano, también hablaban a favor de la población oprimida de indígenas de México.

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EL LEVANTAMIENTO de Chiapas fue el primer desafío guerrillero de envergadura contra el régimen desde los años setenta. El gobierno procuró suprimir militarmente al EZLN dos veces--la primera en enero de 1994 y la otra en febrero de 1995. Ambas veces, el gobierno fue forzado a retirarse frente a protestas masivas en Ciudad México, en el resto del país y alrededor del mundo.

En mayo de 1994 los Zapatistas forzaron al gobierno a que se reuniera con sus líderes y a que les ofreciera una serie de reformas. Estas incluían demandas generales que iban desde mejoras a los servicios de salud y al saneamiento hasta aumentos en los precios de productos agrícolas. El gobierno también accedió a demandas específicas dirigidas a satisfacer las necesidades de la población indígena de la región, tal como apoyo a emisoras de radio con programación en los idiomas indígenas.

El EZLN, insistió en que la oferta del gobierno era insuficiente, y la rechazó en junio de 1994. Desde entonces, aproximadamente 25,000 tropas rodean a los Zapatistas en las colinas de la selva del Lacandón, mientras que el ejército conduce una guerra de "baja intensidad" contra la población de Chiapas. Después de un par de años de negociaciones intermitentes, el EZLN pensó que había llegado a un acuerdo con los representantes del gobierno del Presidente Ernesto Zedillo en 1996. Este acuerdo, conocido como los Acuerdos de San Andrés, establece autonomía local para los pueblos indígenas de México, así como nuevos derechos educativos, sociales y culturales. Este requiere cambios a las leyes federales, estatales y locales, y a la constitución mexicana. El acuerdo compromete al gobierno mexicano a eliminar "la pobreza, la marginalización y la participación política insuficiente de millones de indígenas mexicanos".

Sin embargo, después de firmar los Acuerdos, el gobierno de Zedillo dio marcha atrás y se negó a implementar el acuerdo. Mientras tanto, el ejército intensificó su "guerra sucia" contra la población civil de Chiapas en una tentativa de socavar el apoyo a los rebeldes. El incidente más brutal ocurrió en diciembre de 1997, en la aldea de Acteal, donde 45 civiles, inclusive 36 mujeres y niños, fueron asesinados por paramilitares apoyados por el gobierno. La masacre de Acteal tuvo como resultado la renuncia del gobierno del Ministro del Interior y del gobernador de Chiapas, que luego se supo que había tenido conocimiento previo de la masacre.

El EZLN respondió al impasse y al aumento en la violencia tratando de movilizar un apoyo más amplio del público mexicano. En 1999, organizó un consulta nacional sobre la cuestión de los derechos indígenas y la implementación de los Acuerdos de San Andrés. Más de 3 millones de mexicanos tomaron parte en la consulta, y el 95 por ciento de ellos endosó las demandas del EZLN.

Cuándo corrió como el candidato del "cambio" en 2000, el actual Presidente mexicano Vicente Fox, de la entonces oposición derechista del Partido de Acción Nacional (PAN), prometió que resolvería el impasse con los Zapatistas en "15 minutos". Poco después de tomar el poder en diciembre de 2000, Fox se comprometió a someter los Acuerdos de San Andrés al Congreso en cuál el PAN no tenía una mayoría. Para recaudar apoyo para la aprobación de los Acuerdos, los Zapatistas y sus partidarios llevaron a cabo una caravana de 16 días, que llevó a Marcos y a otros comandantes del EZLN desde Chiapas hasta Ciudad México entre febrero y marzo de 2001. En cada parada de la ruta, las multitudes entusiasmadas que apoyaban al EZLN y a los Acuerdos recibieron la caravana. Tanto como un cuarto de un millón de personas se congregaron en el Zócalo de Ciudad México en solidaridad con las demandas de los Zapatistas.

Mas el Congreso destajó los Acuerdos y los Zapatistas regresaron a Chiapas con las manos vacías. Excepto por unas pocas ocasiones, desde entonces, los Zapatistas y el Subcomandante Marcos se han mantenido al margen de los acontecimientos políticos. Treinta y ocho comunidades pro EZLN subsisten en Chiapas con en el apoyo de organizaciones no gubernamentales europeas y de EE.UU.

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UNA DÉCADA después del levantamiento, muchas de las advertencias de los Zapatistas se han convertido en realidad. Los sueldos reales de los trabajadores mexicanos han caído 20 por ciento desde 1994, luego de que la economía casi colapsó a mediados de los noventa y con una crisis internacional que comenzó a extenderse poco después.

Cientos de miles de agricultores mexicanos han sido empujados de sus tierras y el país ahora importa maíz para sus tortillas. Estas condiciones terribles hicieron que se tiraran miles de agricultores a las calles a principios de 2003, y que las uniones más grandes amenazaran con una huelga general contra el plan de Fox de aumentar los impuestos a productos de primera necesidad. Las protestas culminaron en las demostraciones que ayudaron a hundir la reunión cumbre de la Organización Mundial del Comercio el pasado septiembre en Cancún.

El levantamiento Zapatista ayudó también a forzar la apertura del sistema político mexicano. Como resultado, el partido de gobierno, el PRI, perdió su primera elección presidencial en siete décadas en 2000. A pesar de que no fue la única fuente del movimiento global contra el fundamentalismo librecambista que se extendió a través de la década de los 90, el EZLN fue ciertamente parte de esa lucha.

Pero a pesar de todo esto, el EZLN hoy está aislado en las montañas de Chiapas, incapaz de lograr que el gobierno implemente los Acuerdos de San Andrés. Es evidente que los Zapatistas han perdido el ímpetu político que los sostuvo en los primeros años después de su levantamiento. Un combatiente del EZLN entrevistado durante los primeros días de la rebelión, de acuerdo a informes dijo que él luchaba por "el socialismo como Cuba, sólo que mejor".

Pero los Zapatistas no son socialistas. Al contrario, ellos mismos se sitúan explícitamente en la tradición nacionalista revolucionaria mexicana de Zapata y Villa. Su "Primera Declaración Selva Lacandona", publicada en la víspera de su levantamiento, citó la autoridad de la constitución mexicana para legitimizar su insurrección. "Somos patriotas", declararon, "y nuestros soldados rebeldes aman y respetan nuestra bandera tricolor".

Cuándo los Zapatistas comenzaron su levantamiento, prometieron marchar hasta Ciudad México y convocaron a los mexicanos a sublevarse para "deponer al dictador" Salinas. Pero a unas pocas semanas del levantamiento, el líder del EZLN, el Subcomandante Marcos, dijo que los Zapatistas no tenían el deseo de "tomar el poder" ni de intervenir con las elecciones planeadas para agosto de 1994.

Mientras todavía hay gran simpatía hacia los Zapatistas a lo largo del país, ellos todavía siguen aislados de la mayoría de los mexicanos, quienes son trabajadores que viven en las áreas urbanas del país y en sus inmediaciones. El EZLN ha hecho varias tentativas de establecer una red de apoyo alrededor del país. Auspició la formación del Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN) para forjar una conexión con la "sociedad civil" en 1995. Desafortunadamente, una falta de enfoque claro y la deferencia excesiva hacia Marcos evitaron que el Frente creciera fuera de los confines de la izquierda existente.

El movimiento Zapatista ha hecho muchos cuestionamientos que desafían las prioridades del mercado libre. Pero ni el EZLN ni el propio Marcos creen que sea necesario deshacerse del capitalismo para lograr metas del EZLN. Aunque muchos en la izquierda de los países avanzados ensalzan a los Zapatistas como el ejemplo de una nueva clase de izquierda que "cambia al mundo sin tomar el poder", de hecho, el rechazo de los Zapatistas de "tomar el poder" indicó que ellos no estaban comprometidos a cambiar el mundo.

Marcos dijo a un entrevistador en 2001 que él se consideraba "un rebelde, no un revolucionario", y que el EZLN no "piensa que todos los industrialistas son ladrones, dado que algunos han construido su riqueza por métodos honestos y honorables...Nosotros no planeamos el regreso del comunismo primitivo, ni la implementación despiadada de la igualdad".

Pero hoy en México el sistema de libre empresa es responsable de que millones de personas estén sumidas en la pobreza y la explotación. Sólo la clase obrera de ambos lados de la frontera entre México y EE.UU. tiene el poder para poner al sistema de rodillas. El derrotar las fuerzas de la globalización corporativa que aplastan a los trabajadores, campesinos e indígenas mexicanos requerirá no sólo una rebelión, sino una revolución que reemplace esta sociedad cimentada sobre el lucro y la avaricia por una sociedad controlada por los trabajadores para satisfacer las necesidades humanas.


                                        


Los zapatistas siguen existiendo

A mi llegada a Chiapas, a finales del año 2012, la pregunta que muchos me habían pedido responder era saber si los zapatistas todavía existían. Muchos rumores circulaban al respecto. Casi ya no se hablaba de ellos, lo cual significa, para aquellos que casi no los conocían, prácticamente su desaparición. En efecto, el subcomandante Marcos había acostumbrado a los medios a una intensa producción de textos, de declaraciones, de cuentos, de escritos más o menos simbólicos. El silencio de este gran comunicador solo podía significar un repliegue, o peor aún, confesar una derrota.

                                 


Sin embargo, el 21 de diciembre de 2012, el día del cambio de la era maya (y no el fin del mundo, como la prensa mundial sensacionalista lo había proclamado) 40.000 personas, tapadas con el pasamontañas zapatista, desfilan en silencio, en 5 ciudades del Estado de Chiapas. De ellos, 20.000 lo hacen en la capital histórica del Estado, San Cristóbal de las Casas. Sorprendiendo a todo el mundo, llegan de las montañas del centro y del norte del estado y también de la Selva Lacandona, al este de San Cristóbal, una región tan grande como Bélgica. Hay que imaginarse lo que significa preparar semejante operación, reunir los vehículos, movilizar a la gente, tener el acuerdo de todos, ponerse en carretera en una región de incierta seguridad, recorrer decenas de km y desfilar en orden, pacíficamente, en cinco ciudades, y todo ello sin que nadie se lo espere.

Lo que más impresiona fue cómo se realizó esta manifestación: sin abrir la boca, sin pancartas, sin eslóganes, sin discursos de clausura, únicamente andando. Era la respuesta a la pregunta planteada al principio de este texto. El mensaje era claro: os creíais que estábamos en declive, pero existimos y estamos tan fuertes como hace 19 años, cuando tomamos varias ciudades con las armas. Incluso somos más fuertes, porque ahora las tomamos sin armas. Nuestro silencio era elocuente, porque cubría a la vez el refuerzo de nuestra organización local y las múltiples experiencias comunitarias en curso, frente al desastre actual de la sociedad mexicana, hundiéndose en la guerra del narcotráfico, en los meandros de la escena política, la utilización sistemática de la tortura, la trampa en las elecciones, el principio de una recesión económica. No damos lecciones a nadie, pero, en esta nueva era de los pueblos mayas, queremos afirmar que existimos; que a pesar de todas las evanescencias anunciadas, estamos de hecho muy vivos, sobre un territorio donde el narcotráfico y el alcoholismo son inexistentes. El alcoholismo típico de las sociedades indígenas marginalizadas desde el siglo 19, prácticamente ha desaparecido en las comunidades zapatistas, que hemos sido capaces, a lo largo de los 10 últimos años, de multiplicar las escuelas de base. Colectivamente somos activos, proclamando valores humanos de solidaridad, de convivialidad, de responsabilidades compartidas. El corto comunicado publicado después de la marcha decía así: “Han oído bien. Es el ruido de vuestro mundo que se descalabra. Es el de nosotros el que resurge…”

El mensaje fue fuerte y tuvo un impacto considerable sobre la opinión mexicana. Tuvo repercusiones en todo el continente e incluso más allá de las fronteras de América Latina. ¿Cómo comunidades indígenas, viviendo en la pobreza, aisladas de todo apoyo oficial (las comunidades, municipalidades y los cinco Consejos del Buen Gobierno a nivel regional localizadas en los caracoles1, no reciben ninguna ayuda financiera del Estado, ni para su administración ni para la salud, ni para la educación), combatidos por los poderes públicos, atacados por grupos paramilitares, cercados por los puestos del ejército gubernamental, podían en esas condiciones afirmarse públicamente? De verdad, muy pocos se lo esperaban, pero las sorpresas no se acaban ahí.

El sentido de la participación democrática

Hasta ahora hemos evocado sobre todo el contexto general del desarrollo del movimiento zapatista, pero ¿cómo es la práctica interna? Tenemos que recordar en primera instancia que Chiapas es una de las regiones más pobres de México, donde la estructura de la propiedad había excluido y marginado a las poblaciones indígenas, llevándolas hacia las montañas y la selva. No han tenido participación alguna en los ingresos del petróleo o de las grandes plantaciones (destinados estas últimas a los agrocombustibles). De las riquezas naturales se aprovechan los intereses privados mexicanos o internacionales. El turismo es una actividad económica de la zona. Los “proyectos de desarrollo” y las construcciones de infraestructuras se realizan como estrategias de contra insurgencia. La tasa de mortalidad infantil y, como ya lo hemos visto, también la de analfabetismo, son muy elevadas. Faltan instituciones de salud y educación. En algunas de ellas se atiende a los indígenas pero los mestizos no se mezclan con ellos. Los idiomas de los pueblos originarios son menospreciados, sus creencias tradicionales folclorizadas. Si bien son reconocidos como seres humanos en la formalidad jurídica, ¿cuál es la realidad?

Una sociedad para construirse sobre una base diferente al capitalismo

Está clarísimo para los zapatistas que la organización capitalista de la economía constituye una perversión social. Ha destruido los fundamentos mismos de la vida comunitaria, privilegiando la propiedad individual sobre las necesidades comunes y transformando el país y sus diferentes regiones en “haciendas” del capital transnacional. La larga historia de los pueblos indígenas es recordada por el Movimiento. Viene a la memoria colectiva la reducción a la esclavitud de los pueblos originarios del Continente a partir de finales del siglo XV, para la producción de los metales preciosos que iban a servir de base para la acumulación primitiva del capital europeo; la obligación de trabajar como mano de obra agrícola en las plantaciones, hasta provocar su cuasi extinción; y el abandono forzado de sus tierras para refugiarse en las montañas y selvas. Las independencias del siglo XIX, declaradas por las élites criollas, no reivindico en absoluto la historia y la identidad de las poblaciones autóctonas. La posterior expansión del capitalismo agrario los transformó en mano de obra agrícola barata.

                                 


En México, a pesar de los esfuerzos revolucionarios de principios del siglo XX, que habían reconstituido las tierras colectivas de los pueblos indígenas (los ejidos), y reconocido una parte de su organización social tradicional, los pueblos originarios no pudieron hacer sentir su presencia como integrantes constitutivos de la sociedad mexicana. Esto es muy importante para entender el sentido de la revuelta zapatista. El neoliberalismo, predominante a partir de finales de los años 70, acabó de barrer las conquistas del pasado revolucionario. Poco a poco el conjunto del país entró en la lógica del mercado desregulado, de la deuda externa. Engordó gracias al peso de los intereses, de la renta petrolera acaparada por una minoría, de las relaciones desiguales con las economías del Norte, y finalmente con la supresión de los últimos vestigios de la reforma agraria. El PRI, el partido salido de la revolución, se puso poco a poco al servicio del proyecto capitalista y profundamente corrupto, organizaría su reproducción política de elección tras elección.

Las ceremonias organizadas para el 500 aniversario del Encuentro de Civilizaciones —según el gobierno español—, de la Conquista —según la mayoría de los pueblos latinoamericanos—, aceleró la toma de conciencia de los pueblos indígenas en el conjunto del Continente. Fue para ellos la oportunidad de salir de la clandestinidad, de afirmar sus culturas como modos de vida, de hacer conocer sus estructuras de organización colectiva y sus líderes tradicionales, de afirmar el valor de sus religiones y su cosmovisión. Poco a poco se vislumbraba una identidad, la cual, aunque reprimida, nunca había desaparecido del todo. En varios sitios, como en el Ecuador, en Bolivia e incluso en Guatemala, esta identidad se reveló a partir de los años 80 como una fuerza política.

Y sin embargo, tanto en México como en otros lugares, el despertar de los pueblos indígenas, para nada se manifestó como separatismo. En Chiapas, los diferentes pueblos mayas se consideraban claramente mexicanos. Lo que sí reclamaban, era su sitio en la sociedad nacional. En los municipios zapatistas y en los caracoles, todos los actos públicos se desarrollan bajo la bandera nacional mexicana. El “peligro separatista” de los movimientos indígenas fue durante bastante tiempo uno de los eslóganes de la burguesía urbana mexicana, porque, sin lugar a dudas, esta temía perder su hegemonía a nivel del sistema político. Analizaba el movimiento en términos culturales y políticos y no se daba cuenta de que el indigenismo de Chiapas se estaba constituyendo progresivamente en una fuerza socioeconómica, que evidentemente criticaba el sistema político como garantía institucional del orden económico, pero de ninguna manera ponía en duda la identidad nacional. Es más que probable que existan deseos nostálgicos de vuelta a un pasado idealizado entre los pueblos originarios, pero es el último reproche que se le pueda hacer a los zapatistas, que consiguieron hacer la síntesis entre una identidad indígena afirmada y la crítica al capitalismo, como sistema de exclusión en el seno de la sociedad mexicana.

Todo el problema residía entonces en poner en práctica los principios afirmados. Según su orientación de base, los zapatistas actuaron al nivel que podían dominar, es decir, localmente, en sus territorios. Reorganizar la producción de la base material de la existencia humana (la economía), al margen de la lógica de acumulación fue una de sus primeras metas. Para ello había que abolir la propiedad privada de la tierra, como relación de producción en la agricultura. Se llevó entonces a cabo la reconquista de las tierras colectivas de las comunidades indígenas, conjuntamente con la organización democrática. Se organizaron cooperativas para la producción y la comercialización de los productos. El excedente fue utilizado para financiar los equipamientos comunes. También se crearon varias cooperativas de transporte, lo que posibilitó la movilización de tantas personas en las manifestaciones del 21 de diciembre de 2012.

En el primero de los tres comunicados de principios de enero de 2013, el subcomandante Marcos, en
nombre del Comité clandestino revolucionario indígena y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, insistió sobre el hecho de que su forma de contestar a las necesidades de las comunidades había dado resultados positivos a lo largo de los últimos 19 años. Escribió que la producción agrícola (estrictamente orgánica, es decir, sin utilizar productos químicos o transgénicos) en los grupos zapatistas había sido superior en comparación con otras comunidades. Según los testigos locales, es el caso del café, destinado en particular a la exportación. Esta situación ha permitido, a pesar de la ausencia de subsidios públicos y de los ataques violentos y recurrentes (entre 1996 y 1999 hubo numerosas agresiones y desplazamientos forzados de poblaciones; en junio de 2012, hubo varias víctimas en las montañas del centro del Estado), financiar los servicios comunes.


Volviendo al comunicado de Marcos, este nos recuerda que en ciertos lugares los no zapatistas recurren a los servicios de salud del movimiento, considerándolos más eficientes. Claro que hay que añadir también que la solidaridad internacional ha jugado un papel muy importante, financiando por casi dos décadas. Pero este tipo de ayuda, lógicamente, tiende a disminuir. Lo que está compensándose con los esfuerzos locales.


Las iniciativas de producción, al igual que la organización social y política colectiva, exigían formas adecuadas en la filosofía del movimiento, es decir la participación de todos o la democracia directa. Cierto es que las prácticas sociales tradicionales de los pueblos indígenas podían ser una fuente de inspiración. Pero tampoco estaban exentas de “caciquismo” o de “machismo”. Había entonces que volver a redefinir el ejercicio del poder y representó una de las tareas fundamentales del movimiento. Los escritos del subcomandante dan buen testimonio de ello.

Para evitar que el poder se transforme en objetivo, perdiendo entonces su función de medio al servicio de un fin, la consulta a las comunidades se hizo una práctica constante. Se ejerció para designar a las personas encargadas de la gestión de los diferentes niveles de poder, a los titulares de responsabilidades municipales y de los Consejos, siendo elegidos por el conjunto de las comunidades; así como para los casos de decisiones importantes. Se estableció la rendición regular de las cuentas de la gestión por parte de todos los responsables. Para evitar la institucionalización del poder, se puso en marcha un sistema rotativo. En los caracoles, por ejemplo, el cambio se hace cada 15 días, y el servicio es voluntario, sin retribución alguna. Las necesidades básicas (alimentación, vivienda) de las personas designadas por las comunidades o las municipalidades se cubren pero de manera austera. No representa un privilegio en sí. Se respeta estrictamente la igualdad de los sexos.

Todo esto puede parecer salido de la utopía, o como bien escribe Bernard Duterme, inspirado de un “sabor libertario” (B. Duterme, 2011), y así es. Sin embargo la experiencia se prolonga desde hace casi veinte años. Sin duda, se ha tratado de “aprender caminando”, como ellos mismos dicen, y no debemos idealizar una organización social de gestión colectiva, como si se tratara de una realidad angélica o de un “pueblo nacido antes del pecado original” (como lo decía, de Nicaragua, con tanta simpatía el filósofo de origen alemán, Franz Hinckelamert). La fidelidad a la democracia participativa y directa tiene un precio: nada se consigue rápidamente. También esto se debe al concepto indígena tradicional del tiempo, que es cíclico y no lineal. Los símbolos del caracol y de la espiral se corresponden perfectamente. Pero por lo menos, lo que se construye es sólido.

Realizar la igualdad de los sexos en el ejercicio de las tareas colectivas también es un principio que a veces parece contradecir la eficacia, pues después de tantos siglos de sumisión, el comportamiento femenino ha quedado afectado. Como he participado en varias reuniones a nivel de municipios o de los caracoles, no me ha resultado difícil constatarlo. Aunque el número de hombres y de mujeres es matemáticamente igual, los hombres toman la palabra dejando poco tiempo a las mujeres para las intervenciones, que por cierto no parece que ellas estén siempre con muchas ganas de hacer. El peso de la cultura no se cambia con decretos. Bien es cierto que el Popol Vuh, la gran historia mítica maya, describía la creación como el fruto de la acción conjunta de una doble divinidad, hombre y mujer, y que las categorías de oposición del pensamiento dicha “occidental”4, se expresan en términos de complementariedad. Pero en todas las sociedades el mito sale más de la teoría o de la utopía que de la realidad.

Algunos han concluido que los zapatistas menospreciaban el poder. Su actitud para con la política nacional venía a reforzar semejante creencia. De ahí la idea de que eran fieles discípulos de John Holloway, que en un libro que se hizo famoso, sostenía la idea de que se podía cambiar las sociedades sin tomar el poder (J. Holloway, 2001)5. Nada más lejos de la realidad está la posición zapatista, como bien lo manifiestan autores como Carlos Antonio Aguirre Rojas (2010, 181-184), Jérôme Baschet (2009, 31) y Bernard Duterme (2009). En efecto, en el concepto de los zapatistas no se encuentra ningún desprecio de la política como ejercicio del poder, pero sí el deseo de hacer “otra política” ¿De qué sirve gobernar, desposeyendo a las poblaciones de su capacidad de actuar para concentrar el poder entre las manos de intereses que no les conciernen? Se debe reconstruir desde abajo, tomándose el tiempo necesario para ello.

La Sexta Declaración de la Selva Lacandona lo decía claramente: “¿A caso nosotros decimos que la política no sirve para nada? No, lo que queremos decir, es que esta política no sirve. Y además es inútil, porque no toma en cuenta a la población, no la escucha, no le hace caso y contacta con ella solamente cuando hay elecciones…[Por este motivo]… vamos a intentar construir, o reconstruir, otra forma de hacer política” (cita de Carlos Antonio Aguirre Rojas, 2010, 177).

La base de la organización del poder es entonces el autogobierno. Esto funciona a nivel de las comunas, de las municipalidades e incluso de los grupos del Buen Gobierno dentro de los caracoles. Pero ¿qué pasará a nivel de los Estados o más aún de la Federación nacional mexicana? ¿La dimensión geográfica y demográfica no representa un factor que cambia la calidad misma del ejercicio del poder? Evidentemente, los zapatistas no lo han podido experimentar y su actitud práctica para con ello ha sido el rechazo de las formas vigentes, lo cual aparentemente los acercaba a las tesis anarquistas. Pero cuando uno se detiene más de cerca, sin excluir cierta simpatía para con estas últimas posiciones, se percibe en ellos una dosis de realismo, que en verdad no excluye la posibilidad de una formación política a nivel nacional, al servicio del pueblo, no corrupta y eficiente. Sin embargo, está claro que en las actuales circunstancias, el movimiento desea más concentrarse en la construcción de otro poder, ahí donde hoy es posible, es decir, a nivel local.

Como las municipalidades zapatistas se extienden conjuntamente con otras, sobre la mitad del territorio del Estado de Chiapas, se plantea la cuestión de las relaciones entre entidades tan diferentes. Las primeras se autogestionan, pero sin el mínimo aporte del Estado regional o federal, y tienen entonces que crear su propia base imponible. Las segundas reciben las contribuciones y los subsidios oficiales, pero están estrechamente controladas, su permanencia en el regazo del Estado es esencial para el proyecto político del contrapeso al zapatismo y a su eventual atractivo por mejores servicios. Ambas jurisdicciones coexisten en las municipalidades, y en el caso de la pequeña ciudad de San Andrés, por ejemplo, las cosas discurren bastante bien. Se llegó a un acuerdo para el reparto de algunas tareas: los zapatistas, por ejemplo, se ocupan de la recogida de basuras y de la limpieza pública.


Sin embargo, no se puede concebir establecer semejante modus vivendi entre sistemas diferentes en campos como son la salud o la educación, porque la filosofía de base es muy diferente. La prevención manda en la organización de la primera, mientras que el contenido de la educación, en diferentes niveles, está adaptado a las necesidades fundamentales de las comunidades, a su historia, a su situación en el país y en el mundo. Esto es válido para las escuelas primarias, que en el transcurso de los últimos años se han multiplicado, pero también para el nivel de secundaria. Los alumnos son mantenidos económicamente por las comunidades. La Universidad de la Tierra (CIDECI-UNITIERRA), aunque autónoma, sigue la misma regla. Está situada en el barrio Colonia Nueva Maravilla (feliz coincidencia) al límite de la capital del Estado, San Cristóbal de las Casas. Fue construida completamente con el trabajo voluntario zapatista en la falda de la montaña. El auditorio principal puede recibir a más de 1.000 personas, con instalaciones sencillas. Imparte saberes diversos tanto técnicos como humanistas. Su director, el Dr. Raymundo, diplomado de la Universidad Gregoriana de Roma, vela con discreción pero con autoridad por este conjunto. Su despacho, situado en el centro del campus, emite música clásico todo el día, lo cual inspira sus trabajos y sus reflexiones.


El ejercicio de la justicia tradicional también está a cargo de las municipalidades y sobre todo de los Consejos del Buen Gobierno en los caracoles. Se trata de una de las reivindicaciones del conjunto de los pueblos indígenas en el Continente. Estiman que ciertas causas son mejor defendidas en ese ámbito, porque no se les toma en consideración por el Derecho moderno, en particular en lo que respecta a los bienes territoriales. También piensan que las penas de “reparación” (trabajar para la familia de la víctima o para la comunidad) tienen una eficacia social más alta que las penas de reprobación, tales como la cárcel o las multas.

¿Qué se puede retener de la experiencia y del “renacimiento” del zapatismo?

En primer lugar, está claro que la identidad indígena del movimiento es un elemento esencial para su continuidad. Ciertamente el zapatismo no es únicamente indígena ni todos los zapatistas son indígenas, pero la expresión de la lucha para recobrar la dignidad y la identidad de los pueblos autóctonos es un elemento fundamental, que puede servir de referencia a otros países donde la plurinacionalidad es un hecho importante.

La segunda constatación es el carácter antisistémico del movimiento, consciente de la necesidad de formular otro paradigma de la vida humana sobre la tierra madre. Semejante proceso exige una visión de conjunto englobando las relaciones con la naturaleza, la producción material de las bases de la vida, la organización colectiva y la cultura como lectura de lo real y la construcción de la ética social. Esto se puede traducir de diferentes maneras, el “buen vivir” o el Bien Común de la Humanidad.

La tercera es la concepción del ejercicio del poder siendo fiel a la democracia en su base. Se trata de otra filosofía del servicio público que funciona a nivel local y puede servir de ejemplo, incluso si esto resulta frágil y difícil de poner en práctica. La gran pregunta para el porvenir es evidentemente la aplicación de estos principios con dimensiones regionales y nacionales.

La cuarta reflexión trata de la “descolonización de los espíritus”, que se traduce esencialmente en el contenido de la educación, casando la referencia al pasado y la construcción del porvenir. Las transformaciones sociales y económicas no se producen sin cambios culturales.

Por fin, el liderazgo carismático, que es en general una característica de los movimientos revolucionarios, pero también de las revueltas campesinas e indígenas, se hace muy útil para la puesta en marcha y la construcción del movimiento, pero puede resultar problemático para su continuidad, de lo cual los zapatistas son muy conscientes.

Los zapatistas han dado y siguen dando una gran lección para repensar y construir el socialismo. Ellos lo están haciendo a su manera, con su experiencia, pero también con una visión que va más allá del horizonte inmediato. Ahora, cuando proponen interrogarse sobre lo que podría ser un mundo poscapitalista, es tiempo de darles un sitio en medio del movimiento altermundista y de la construcción social y política internacional, evidentemente, a condición, como diría Don Durito, el escarabajo de la selva, que su agenda y su geografía (es decir su filosofía y su voluntad) se lo permitan.


                                   


Declaración de la Selva Lacandona (enero de 1994)


Ejército Zapatista de Liberación Nacional


Este documento es la declaración de guerra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) contra el Gobierno mexicano que acompañó al levantamiento zapatista en Chiapas el 1 de enero de 1994. Por otra parte, la Declaración de la Selva Lacandona es la carta de presentación del EZLN, ya que es el primer documento con que se da a conocer en todo el mundo. La Declaración es una explicación de los hechos sociopolíticos y económicos que afectan a la historia de los mexicanos y las mexicanas; es también una justificación de por qué y contra qué se enfrentan y, para acabar, es igualmente un llamamiento a la sociedad mexicana y mundial y, en concreto, a los desposeídos y las desposeídas.

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Declaración de la Selva Lacandona
HOY DECIMOS ¡BASTA!

Al pueblo de México:

Hermanos mexicanos:

Somos producto de 500 años de luchas: primero contra la esclavitud, en la guerra de Independencia contra España encabezada por los insurgentes, después por evitar ser absorbidos por el expansionismo norteamericano, luego por promulgar nuestra Constitución y expulsar al Imperio Francés de nuestro suelo, después la dictadura porfirista nos negó la aplicación justa de leyes de Reforma y el pueblo se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Villa y Zapata, hombres pobres como nosotros a los que se nos ha negado la preparación más elemental para así poder utilizarnos como carne de cañón y saquear las riquezas de nuestra patria sin importarles que estemos muriendo de hambre y enfermedades curables, sin importarles que no tengamos nada, absolutamente nada, ni un techo digno, ni tierra, ni trabajo, ni salud, ni alimentación, ni educación, sin tener derecho a elegir libre y democráticamente a nuestras autoridades, sin independencia de los extranjeros, sin paz ni justicia para nosotros y nuestros hijos.

Pero nosotros HOY DECIMOS ¡BASTA!, somos los herederos de los verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad, los desposeídos somos millones y llamamos a todos nuestros hermanos a que se sumen a este llamado como el único camino para no morir de hambre ante la ambición insaciable de una dictadura de más de 70 años encabezada por una camarilla de traidores que representan a los grupos más conservadores y vendepatrias. Son los mismos que se opusieron a Hidalgo y a Morelos, los que traicionaron a Vicente Guerrero, son los mismos que vendieron más de la mitad de nuestro suelo al extranjero invasor, son los mismos que trajeron un príncipe europeo a gobernarnos, son los mismos que formaron la dictadura de los científicos porfiristas, son los mismos que se opusieron a la Expropiación Petrolera, son los mismos que masacraron a los trabajadores ferrocarrileros en 1958 y a los estudiantes en 1968, son los mismos que hoy nos quitan todo, absolutamente todo.

Para evitarlo y como nuestra última esperanza, después de haber intentado todo por poner en práctica la legalidad basada en nuestra Carta Magna, recurrimos a ella, nuestra Constitución, para aplicar el Artículo 39 Constitucional que a la letra dice:

"La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo el poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene, en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno."

Por tanto, en apego a nuestra Constitución, emitimos la presente al ejército federal mexicano, pilar básico de la dictadura que padecemos, monopolizada por el partido en el poder y encabezada por el ejecutivo federal que hoy detenta su jefe máximo e ilegítimo, Carlos Salinas de Gortari.

Conforme a esta Declaración de guerra pedimos a los otros Poderes de la Nación se aboguen a restaurar la legalidad y la estabilidad de la Nación deponiendo al dictador.

También pedimos a los organismos Internacionales y a la Cruz Roja Internacional que vigilen y regulen los combates que nuestras fuerzas libran protegiendo a la población civil, pues nosotros declaramos ahora y siempre que estamos sujetos a lo estipulado por las Leyes sobre la Guerra de la Convención de Ginebra, formando el EZLN como fuerza beligerante de nuestra lucha de liberación. Tenemos al pueblo mexicano de nuestra parte, tenemos Patria y la Bandera tricolor es amada y respetada por los combatientes INSURGENTES, utilizamos los colores rojo y negro en nuestro uniforme, símbolos del pueblo trabajador en sus luchas de huelga, nuestra bandera lleva las letras "EZLN", EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL, y con ella iremos a los combates siempre.

                               


Rechazamos de antemano cualquier intento de desvirtuar la justa causa de nuestra lucha acusándola de narcotráfico, narcoguerrilla, bandidaje u otro calificativo que puedan usar nuestros enemigos. Nuestra lucha se apega al derecho constitucional y es abanderada por la justicia y la igualdad.

Por lo tanto, y conforme a esta Declaración de guerra, damos a nuestras fuerzas militares del Ejército Zapatista de Liberación Nacional las siguientes órdenes:

Primero. Avanzar hacia la capital del país venciendo al ejército federal mexicano, protegiendo en su avance liberador a la población civil y permitiendo a los pueblos liberados elegir, libre y democráticamente, a sus propias autoridades administrativas.

Segundo. Respetar la vida de los prisioneros y entregar a los heridos a la Cruz Roja Internacional para su atención médica.

Tercero. Iniciar juicios sumarios contra los soldados del ejército federal mexicano y la policía política que hayan recibido cursos y que hayan sido asesorados, entrenados, o pagados por extranjeros, sea dentro de nuestra nación o fuera de ella, acusados de traición a la Patria, y contra todos aquellos que repriman y maltraten a la población civil y roben o atenten contra los bienes del pueblo.

Cuarto. Formar nuevas filas con todos aquellos mexicanos que manifiesten sumarse a nuestra justa lucha, incluidos aquellos que, siendo soldados enemigos, se entreguen sin combatir a nuestras fuerzas y juren responder a los órdenes de esta Comandancia General del EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.

Quinto. Pedir la rendición incondicional de los cuarteles enemigos antes de entablar los combates.

Sexto. Suspender el saqueo de nuestras riquezas naturales en los lugares controlados por el EZLN.

PUEBLO DE MÉXICO: Nosotros, hombres y mujeres íntegros y libres, estamos conscientes de que la guerra que declaramos es una medida última pero justa. Los dictadores están aplicando una guerra genocida no declarada contra nuestros pueblos desde hace muchos años, por lo que pedimos tu participación decidida apoyando este plan del pueblo mexicano que lucha por trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz. Declaramos que no dejaremos de pelear hasta lograr el cumplimiento de estas demandas básicas de nuestro pueblo formando un gobierno de nuestro país libre y democrático.

INTÉGRATE A LA FUERZAS INSURGENTES DEL EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL

Comandancia General del EZLN

Año de 1993


                          



Corrido a los indios de Chiapas - Puagh:




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