sábado, 21 de septiembre de 2013

Historia de las Islas Canarias

Un breve esbozo de la compleja y desconocida historia de Canarias. Hemos intentado condensar en y resumir toda una historia de siglos en el menor contenido posible para que cualquier lector se pueda formar una idea de lo que ha supuesto nuestra historia como nación. A diferencia de la historiografía colonial no enfocamos nuestra historia desde la ocupación colonial, sino desde que el ser humano llego a estas islas volcánicas del atlántico africano.



ETAPA PRECOLONIAL

El Archipiélago Canario data la presencia humana desde el siglo VIII a.c. sin embargo la mayoría de las dataciones se ubican en torno a comienzos de la era. Las primeras poblaciones humanas que se instalan en el país pertenecen a la etnia bereber (amazigh) sin que conozcamos, por ahora, la procedencia exacta, los medios ni los motivos por los que llegaron a las Islas. Lo que sí está claro, a la luz de las investigaciones, es que fue un poblamiento organizado ya que estos bereberes llegaron a las Islas Canarias desde el Continente con un importante cargamento de semillas y animales para su sustento que no existían en el territorio insular. Este hecho hace pensar que la participación de navegantes fenicios y romanos tuvo algo que ver. Los primeros canarios desarrollaron unas sociedades tribales y proestatales dependiendo de la región o ínsula, de religión animista amazighe, alcanzando un desarrollo que poco tiene de “neolítico” y “prehistórico” como aún la historiografía colonial se empeña en calificar. Por ejemplo, el conocimiento de la escritura Líbico-bereber es un hecho constatado en la totalidad del Archipiélago, y en algunas islas el grado de complejidad social era avanzado siendo habitual los intercambios comerciales con navegantes de diversas procedencias que ya visitaban el país siglos antes de la conquista europea. Las sociedades indígenas vivían de la agricultura, la ganadería, la pesca, recolección y probablemente del comercio ocasional con europeos. Normalmente conformaban jefaturas donde el poder político se combinaba con el religioso en una sociedad normalmente jerarquizada. Llegaron a conformar grandes poblados, fundamentalmente en Gran Canaria donde se desarrollaron espacios protourbanos.

Conquista militar de Canarias

Conquista de Lanzarote (Titerogakat) 1402-1404

Conquista de Fuerteventura (Erbane) (1404-1405)

Conquista de El Hierro (Azeru) (1405)

Conquista de La Gomera (Fecha dudosa 1488 fue la dominación definitiva tras la Rebelión de Los Gomeros)

Conquista de Gran Canaria (1478-1483)

Conquista de La Palma (Benahuare) (1492-1493)

Conquista de Tenerife (Achinech) (1494-1496)



Desde el siglo XIV ya misioneros europeos se instalaron en el país, y en el siglo XV se produjo el largo proceso de conquista europea de Canarias, donde potencias de la época como Castilla y Portugal se disputaron la ocupación, mientras la heroica y tenaz resistencia indígena propició que la conquista durara casi un siglo. Este hecho es algo insólito si tenemos en cuenta lo que representaba Castilla en aquellos tiempos: una de las mayores potencias del mundo. A pesar de las pretendidas excusas de la historiografía española para superar la evidente contradicción de 94 años en conquistar militarmente a un pueblo “primitivo” y “prehistórico”, el cercano ejemplo de la fugaz conquista americana pone en evidencia el pretendido “primitivismo” de unas sociedades “aborígenes”. Y es que la aplastante victoria indígena de Acentejo en mayo de 1494 no sólo no cuenta con paralelo en el Continente americano, sino que constituye la primera gran derrota del colonialismo europeo en África.

Finalmente la conquista europea, financiada tanto por señores como por los Reyes Católicos, culmina oficialmente a comienzos de verano de 1496 con la rendición de Los Realejos (Tenerife), aunque las Islas siguieron contando con núcleos de resistencia conocidos generalmente como ‘alzados’. A pesar del colaboracionismo de algunos sectores de la nobleza indígena la resistencia popular fue un hecho. La épica resistencia indígena cuenta con nombres de destacados líderes que lucharon contra la ocupación colonial de manera heroica y que nunca deben ser olvidados. Atanausú, Hupalupu, Hautacuperche, Benchomo, Ichasagua, Doramas, o Bentejuí, son quizás los más destacados.

ETAPA COLONIAL

La conquista de Canarias por parte del reino de Castilla supuso un trauma y sin duda la mayor transformación de la historia de Canarias, ya que constituyó la destrucción de unas estructuras sociales tradicionales, milenarias y autocentradas. Así como el bagaje cultural amazigh que las envolvían. La esclavitud de canarios vendidos en Valencia y Sevilla para financiar la conquista fue una realidad, junto a las matanzas y el desplazamiento forzado en el interior del país. La imposición por la fuerza del cristianismo y la lengua castellana harían el resto. Pero por otro lado, la constitución de una nueva sociedad colonial en las Islas forjaría el nacimiento de una ‘comunidad sobrevenida’, es decir, de un nuevo pueblo constituido por una ancestral raíz amazigh aportada por los indígenas canarios, y la cultura criolla hispana importada por los nuevos colonos portugueses y andaluces, a los que también se sumaron minorías africanas (moriscas, negras) y europeas (franceses, italianos, holandeses…). La nueva sociedad colonial procede a la explotación del territorio mediante los monocultivos como la caña de azúcar, entre otros. El estatus de las islas se dividía en dos; las Islas de Realengo que fueron conquistadas por tropas reales y que dependían del monarca español, y las Islas de Señorío conquistadas por señores feudales europeos bajo el patrocinio de la Corona de Castilla.

La vida en las de señorío era mucho más dura por los pesados impuestos y dependencia absoluta del señor feudal, por no hablar de la escasez de recursos hídricos de algunas de ellas. Los repartimientos tras la conquista consolidaron un profundo sistema caciquil que ponía en manos de los descendientes de los conquistadores y sus colaboradores la propiedad de la tierra y el agua, consolidado además por el régimen de señorío que se perpetuaron en la mayoría de las Islas (Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera, El Hierro) hasta el siglo XIX. Durante el siglo XVII Y XVIII se consolidó el apogeo del régimen feudal y señorial, con su elite minoritaria conformada por la nobleza, la burguesía mercantil, y una abrumadora mayoría conformada por el campesinado, mayoritariamente miserable. La Canarias colonial preautonómica se caracterizará por sus cíclicas hambrunas, epidemias y sus forzadas emigraciones a Suramérica (fundamentalmente la región del Caribe), Uruguay, Sahara Occidental etc. Los ataques piráticos europeos y norteafricanos fueron habituales, y también los profundos contactos comerciales con el Caribe, Europa y el Continente. Mientras los canarios padecían lo más duro del Antiguo Régimen en su propia patria, en América brillaban con luz propia luchando por la independencia de las naciones latinoamericanas, destacando especialmente en Venezuela y Cuba.

Tránsito isleño al capitalismo (Puertos Francos)

A lo largo del siglo XVIII se produce una lenta recesión económica, entrando en crisis el Antiguo Régimen, con graves hambrunas, miserias y emigraciones descritas por ilustrados como Viera y Clavijo. Aunque hasta la segunda mitad del siglo XIX no entrará el capitalismo en el país de manera decidida, lo cual favoreció a los sectores oligárquicos y caciquiles para prolongar su dominación absoluta sobre la sociedad. El desarrollo económico se hará en función de una producción agrícola enfocada al comercio exterior sin desarrollo industrial alguno, aunque desarrollará burguesías medianeras en Gran Canaria y Tenerife que darán origen al ‘Pleito Insular’. Las revueltas populares contra las injusticias señoriales y antifiscales, como la apropiación de tierras comunales y del agua, fueron habituales.

En 1808 Napoleón invade España produciendo un vacío de poder en el conjunto de sus colonias, incluida Canarias. En América el vacío de poder será utilizado por las clases dirigentes para iniciar el proceso de emancipación. La influencia canaria entre los líderes de la emancipación es muy importante. No debemos olvidar que en la sociedad colonial los canarios eran considerados inferiores a los españoles y a los criollos, solamente estaban por encima de los pardos (mezclas de blancos, negros e indígenas) y los esclavos, existiendo todas las razones para luchar contra la injusticia del momento. En Canarias se conformó la Junta Suprema de Canarias donde la oligarquía isleña se reunió para debatir y decidir qué hacer. La Junta fue reconocida en toda Canarias menos en Gran Canaria, donde su élite decidió no apoyarla debido a la fuerte posición de la burguesía tinerfeña en esos momentos. Algunos autores señalan este hecho como el comienzo del ‘pleito insular’. Tras barajar numerosas alternativas, entre las cuales se planteó la unión con la América hispana, la de integrarse a los Estados Unidos o la alcanzar un estatus especial si se agregaba al imperio del Brasil, finalmente Canarias acordó el de crear una república independiente bajo protectorado británico.  Para tal fin fue fletado un barco para Gran Bretaña para negociarlo con el gobierno británico, aunque se frustró porque el navío fue hundido. Estas circunstancias provocaron, inquietud en Canarias, lo que condujo finalmente a la disolución de la Junta Suprema y a su posterior integración en la Junta Central del Reino de España.  En 1817 se intentó propiciar en Canarias un movimiento subversivo, paralelo al de América, llevado a cabo por el majorero Agustín Peraza Béthencourt desde Santo Tomás (Antillas menores). Se puede enmarcar en las intenciones manifiestas de los movimientos emancipadores de Suramérica, por influencia isleña, en apoyar la liberación de Canarias que se llegó a manifestar públicamente. La paliativa implantación del liberalismo centralizador en España impone medidas de homogeneización fiscal aplicando aranceles proteccionistas que perjudicarán gravemente a un país como Canarias que vivía en buena parte del comercio con Europa, América y África. Este hecho impone una grave crisis en Canarias que en 1840 se traduce en fuertes hambrunas y epidemias se prolongan hasta 1850. Los intereses de España aplastaron al pueblo canario. La solución a esta grave situación vino de mano de una vieja demanda de la oligarquía canaria que sabía que tenía que explotar la ubicación geográfica del país, por tanto se decretó el establecimiento de los Puertos Francos en 1852. Los puertos canarios quedaron libres de buena parte de los aranceles e impuestos, lo que desarrolla un capitalismo agrario exportador especializado en los cultivos de exportación a potencias europeas. La crisis y el fantasma del hambre vuelven en 1870-1880 a grandes sectores de la población que una vez más se ven obligados a emigrar a América.

Ingleses en Canarias a finales del siglo XIX

La ligera recuperación vino en 1883 con los cultivos demandados por el proletariado urbano británico (plátano, papa y tomate), la inversión de capital británico y la construcción de los grandes puertos canarios. El capital extranjero –fundamentalmente británico- controlaría la actividad comercial y la adquisición de tierras, en poco tiempo Canarias se convirtió en una ‘colonia sin bandera’ del Imperio Inglés. Pero aparte de esto, Canarias continuaba bajo la bota del feudalismo en amplias zonas del país y en un inmovilismo político bien controlado por el cacicato.  Mientras en América, coincidiendo con las nueva ola de luchas por la liberación de las últimas colonias españolas como Cuba y Puerto Rico, miles de canarios daban su vida en los campos de batalla por la libertad de Cuba o reclutados a la fuerza por el ejército colonial español. Entre los jóvenes emigrantes isleños de este periodo surge la semilla del nacionalismo canario, del cual su mayor representante es, sin duda alguna, Secundino Delgado Rodríguez.  Tras la pérdida de Cuba en 1898, el Estado Español decide enviar al ejército español junto a la Guardia Civil a Canarias por temor a una ocupación norteamericana o simplemente otro levantamiento anticolonial, nombrando Gobernador General al anterior gobernador de Cuba, el sanguinario Valeriano Weyler.

Siglo XX

Los primeros años se producen ciertos movimientos de simpatías nacionalistas entre sectores intelectuales por influencia del romanticismo y las emancipaciones americanas. Se manifiestan con la Escuela Indigenista de poesía, con sus homenajes, la campaña autonomista del diario republicano tinerfeño ‘El Progreso’ apoyada por buena parte de intelectuales y políticos canarios. Por si fuera poco, la creación de la primera bandera canaria en el Ateneo de Aguere (1907), rápidamente prohibida y perseguida por las autoridades españolas. Secundino Delgado tras su lucha en Cuba y la divulgación de sus ideales en Venezuela con su periódico ‘El Guanche’, regresó a su patria para defender las ideas autonomistas, conociendo el riesgo en aquel momento de plantear la independencia. Poco tiempo después fue detenido por su publicación de la revista Vacagüaré y la fijación que tenía con él Valeriano Weyler desde los tiempos de Cuba. El largo martirio de Secundino Delgado en la cárcel modelo de Madrid, donde sólo recibe ayuda de Nicolás Estévanez, ha forjado el reconocimiento de este soldado canario internacionalista como Padre de la Nación Canaria, que fallece en 1912. A partir de la 1º Guerra Mundial, se crean partidos llamados regionalistas de carácter liberal y urbanos, de contenido nacionalista que intentan reclamar soluciones eminentemente socioeconómicas que permitieran cambios estructurales en la tradicional y crítica situación por la que atravesaba el Archipiélago bajo el más feroz caciquismo. La autonomía es concebida por como un medio para regenerar la vida política viciada por el caciquismo, pero también como una alternativa a la división de la provincia de Canarias y como un medio de atajar y combatir al divisionismo. En 1917 se crea la "Liga Regional Tinerfeña" y en 1918 la "Agrupación Regionalista de Gran Canaria", con escasa repercusión electoral en un sistema totalmente controlado por el caciquismo. En 1924 se crea en La Habana (Cuba) el Partido Nacionalista Canario de claro carácter independentista adoptando como enseña la primera bandera canaria del Ateneo, mientras en nuestros país bajo la dictadura española de Primo de Rivera se impone en 1927 la división provincial tan demandada por los sectores caciquiles y burgueses produciendo la institucionalización y consolidación del pleito insular tan conveniente y fomentado por los gobiernos del Estado Español.

II República Española en Canarias


Se dice que Canarias pasó por la República, pero que la República no pasó por Canarias. Esto se explica por las escasas repercusiones, en tan sólo media década, que tuvo la República Española en la realidad de sus colonias (Sahara Occidental, Rif, Guinea Ecuatorial y Canarias). La situación del país canario era la de la típica colonia bananera, donde el subdesarrollo, la dependencia y el caciquismo era el pan de cada día. Con una consolidada e estructura caciquil de siglos que dominaba la vida de la inmensa mayoría del pueblo canario. Esta estructura caciquil se sustentaba en los pilares del atroz analfabetismo que padecían la mayoría de los canarios (65% en 1930) y las pervivencias feudales con el peso de la gran propiedad y las relaciones de dependencia. La penetración del capitalismo en la organización productiva de la economía décadas antes, modificó las relaciones sociales en algunas zonas. Las duras condiciones de vida y la pobreza extrema mantenía el mal endémico del Archipiélago: la emigración.



Con la llegada de la II República española se abría la posibilidad de una democracia formal que permitiría a las masas trabajadoras canarias organizarse en sindicatos y partidos políticos. Durante el breve quinquenio que pasa la República por las islas la formación de la clase obrera registró un impulso ascendente y las reivindicaciones obreras y campesinas se extendieron rápidamente por el país. Todo ello ante una oligarquía tradicional y una burguesía extremadamente conservadoras y dependiente. A partir de 1934 la crisis mundial se empezó a palpar en Canarias. El movimiento obrero canario estaba formado por una gran diversidad ideológica entre las que destacaba el tradicional anarcosindicalismo, los socialistas y los comunistas. También se abrió la posibilidad de la autonomía pero fracasó debido a las disputas burguesas por la capitalidad donde los diputados tinerfeños que acusaban de ilegal la separación provincial, una vez más el Pleito Insular frustró un proyecto canario. El desarrollo de la conciencia nacional y sobre todo de una articulación política nacionalista era difícil en el interior del país. Un país caracterizado por su extrema fragmentación en islas, comarcas…la difícil superación del los atroces índices del analfabetismo y la ausencia de precedentes inmediatos en Canarias de construcción de colectivos no sucursalistas. Sin embargo si existía en Canarias aspiraciones independentistas desde destacados líderes del movimiento obrero como el comunista gomero Guillermo Ascanio. Desde el anarquismo también se vislumbraban una incipiente conciencia nacional: desde la prensa de la CNT se afirmaba el 11 de marzo de 1933 "En una palabra: Canarias es para la Península lo que en otro tiempo fueron Cuba y Filipinas, lo que para Francia y Bélgica son la Guyana y el Congo, unas pobres colonias. ¡Nada más!". Pero probablemente el hecho más destacado sea la creación del Frente Único Revolucionario (FUR), formado en 1934 por el PCE y el PSOE también incluyó en su programa "la liberación de Canarias de la opresión del Imperialismo español y el derecho a la autodeterminación hasta su constitución en estado independiente si tal fuese su voluntad". Evidentemente si la democracia republicana española hubiera durado algo más en este país se hubieran gestado organizaciones nacionalistas e independentistas claramente obreras y de izquierdas. Como reconocía Ascanio en 1933 “Es indudable que en Canarias existen ya los gérmenes para un movimiento de esa naturaleza”.

Guerra de España y fascismo español

La sublevación militar española del 17 de julio de 1936 impondría sanguinariamente una larga dictadura fascista en el imperio español. Pero es que este levantamiento partiría desde nuestro mismo país, donde la Metrópoli había exiliado al general del Ejército que se convertiría en el futuro dictador. Nuestro país una vez más era destino del destierro de los indeseables de Madrid. Por tanto se considera que en Canarias no hubo guerra sino represión, brutal represión. Los índices represivos son comparables a los países más castigados por el fascismo por su rebeldía como País Vasco, Cataluña y Andalucía. Brito calcula entre 5.800 y 6.700 asesinados para todo el país. Esta afirmación es real, aunque esto no quita la decidida y heroica resistencia de muchos canarios que incluso intentaron luchar en un contexto totalmente desfavorable, destacan casos como el de Arucas y Galdar, Vallehermoso en La Gomera y La Palma.


Canarios antifascistas resistieron en los montes de La
 Palma y fueron denominados 'alzados'
En un territorio insular reducido y fragmentado sin lugares a los que huir y donde el Ejército español se encontraba poderosamente pertrechado. Esto no justificó la brutal y desmedida represión que ensangrentó los campos canarios. Torturas, terror, campos de concentración, exilios y muertes reinaron durante años en Canarias.

Los primeros años del franquismo, con su autarquía y racionamiento, supuso para Canarias un desastre económico donde se reanudó un ciclo de hambrunas y de masiva emigración clandestina a América, fundamentalmente Venezuela. El franquismo también impuso la ruptura del modelo económico librecambista de Canarias por el autárquico e intervencionista donde se forzó la integración económica de Canarias en España, lo que destrozó la economía isleña. El objetivo de Madrid era liquidar el predominio inglés y francés, así como el fin del puertofranquismo que para el franquismo era ‘separatismo’ ya que se oponía a la total homogeneización y centralismo de España. El cambio no llegó hasta la Ley del Regimen Económico y Fiscal (REF) de 1972. Las condiciones de extrema dureza y opresión de las clases populares padeciendo enfermedades, desnutrición con salarios ínfimos y rígido control, fue combinada con el adoctrinado masivo en el nacionalcatolicismo español. La cultura canaria fue reducida a una manipulada folklorización en manos del Régimen y la Sección Femenina. La ejecución por el Régimen mediante garrote vil de  Juan García ‘El Corredera’ en 1959 supuso el comienzo de una nueva etapa del despertar político que culminaría en la creación en 1960 en el Movimiento Canarias Libre y posteriormente en 1964 del Movimiento Para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC). Se volvía a reconstruir la resistencia nacional canaria estimulada por sucesos internacionales de vital importancia como la Revolución Cubana y las Descolonizaciones del Continente. Mientras el país vivía la tercerización económica con la veloz implantación del turismo sin planificación, crecimiento económico con graves distorsiones sociales y gran emigración del campo a las grandes ciudades y centros turísticos.

Actividad armada del MPAIAC (1976-1980); Canarias pasa a la ofensiva.

Aunque el MPAIAC se fundó en 1964 no es hasta el 1 de noviembre de 1976 cuando abre la fase de activismo armado. Mientras, llevó a cabo una intensa labor diplomática internacional en la OUA (Organización para la Unidad Africana) y de propaganda radiofónica desde el exilio en Argel mediante el programa radiofónico La Voz de Canarias Libre. En el interior los militantes del MPAIAC militaban en la clandestinidad en el ámbito cultural, sindical y político. Unos meses antes del inicio de las acciones armadas la policía española asesina en Santa Cruz de Tenerife a Bartolomé García Lorenzo, supuesto militante del MPAIAC. En 1977 se suceden las detenciones y asesinatos de canarios como Santiago Marrero en la Isleta y el estudiante independentista Javier Fernández Quesada en la ULL. En 1978 se intensifican las redadas contra la militancia independentista y el Estado Español intenta asesinar a Antonio Cubillo en Argel mediante un atentado terrorista. Un pacto hispano-argelino, el contraataque diplomático español mediante sobornos acaba con el apoyo continental al MPAIAC. La instauración de la ‘democracia’ y otros factores hacen que el MPAIAC renuncie a la ‘propaganda armada’ y unos años después complete su disolución como organización.


Restauración de la monarquía española e imposición del Estatuto de Autonomía

En la década de los setenta la izquierda nacional se consolidad como la vanguardia más combativa contra el fascismo y el colonialismo español en Canarias. La labor cultural, sindical, social y política en el interior del país es considerable hasta el punto de constituir grandes partidos como el PCU (Pueblo Canario Unido) y posteriormente la coalición electoral UPC (Unión del Pueblo Canario) que obtuvo importantes resultados electorales, aunque esta última ya no guardaba un compromiso claro con la liberación de Canarias.

Victoria de UPC en Las Palmas GC en las primeras elecciones.

La gestación del Estatuto partió del año 1978 con el llamado Acuerdo de Coordinación Democrática, donde se excluía en cualquier caso cualquier fuerza de carácter nacionalista ya que todas proponían el principio de derecho de Autodeterminación como ineludible. En marzo del mismo año se aprueba por el Estado español el régimen preautonómico de Canarias poniéndose en marcha la Junta de Canarias en las Cañadas del Teide, encargada de la elaboración del anteproyecto del Estatuto de Autonomía. La composición de la junta sería fundamentalmente por integrantes de la UCD que representaban a los más genuinos herederos del régimen franquista, con una representación minoritaria del PSOE y el PCE. Entre los políticos de la UCD no existía una concepción nacional o unitaria de Canarias, y en consecuencia toda la labor se centró en manipular la Junta de Canarias para el beneficio de una u otra fracción insular. Por otro lado el PCE, fiel a su tradicional nacionalismo español, enmendó el Estatuto con la intención confesa de bloquear la reivindicación independentista. Las fuerzas nacionalistas e independentistas se oponían a un Estatuto que no recogiese el derecho de Autodeterminación de Canarias que permitiera al pueblo canario decidir su futuro. A comienzos de los 80 el Estado Español impone a Canarias la Autonomía por la mediocre vía 143 por debajo de Galicia, País Vasco, Cataluña o Andalucía. La razón fue el pánico ante un Referéndum de Autonomía donde el nacionalismo canario abogaba por el rechazo, lo cual podría ser interpretado por los organismos internacionales como una pretensión independentista de los isleños. La visión franquista de Canarias se impuso en el Estatuto de Autonomía. Canarias no se reconoció como “nacionalidad” sino como “región”, y estableció una Ley Electoral –supuestamente temporal- antidemocrática e insularista que beneficiaba los núcleos de poder caciquil de las islas no capitalinas, donde la derecha insular tenía sus focos de hegemonía.

Etapa Autonómica

Bajo un régimen autonómico hecho a medida de los intereses del Estado Español se legitimó así la perpetuación de su ocupación colonial de Canarias. Por esos tiempos Canarias hacía gala de unos índices de desarrollo equiparables a cualquier país subdesarrollado del África continental. Sin embargo, el Estado Español impulsó la inversión de ingentes cantidades económicas en el Archipiélago para acercarlo económicamente a España.

"Por un futuro digno para los jóvenes cana-
rios" organizada por Azarug en Aguere (2000)
Sin embargo esta inversión fue artificial, en vez de desarrollar una economía equilibrada el Estado apostó por
dar vía libre a un desarrollismo turístico caótico y masivo en manos europeas. Esto fue combinado con una notable ampliación del funcionariado en el Archipiélago que impulsaría una domesticación de los sectores más combativos y formados de la clase obrera mediante la creación de una clase media ligada al funcionariado. Por último gestó los mecanismos suficientes para la proliferación de la corrupción, la consolidación del caciquismo y pactos con la burguesía insularista.

El nacionalismo canario se lamía sus heridas e intentaba reorganizarse bajo organizaciones políticas, pero en la década de los noventa el cacicato insularista de UCD constituye una Coalición regionalista que se apropia del discurso, formas y denominaciones nacionalistas como fue la nefasta Coalición Canaria que tanto daño ha hecho no sólo al independentismo isleño, sino a Canarias en su conjunto. En estas circunstancias nace el colectivo juvenil Azarug (1992) que rompe en cierta medida con el viejo y derrotado independentismo y construye una nueva manera de entender el bloque de la izquierda independentista que desembocaría en el I Congreso del Movimiento de Liberación Nacional Canario (MLNC) año 2000, donde organizaciones canarias de izquierda independentista marcan líneas políticas comunes. Aunque el Congreso del MLNC no cristalizó sus propuestas políticas marcó un antes y un después que dieron lugar a la gestación de un independentismo nuevo que aún padece el lastre de algunas viejos influencias del pasado que no siempre son adecuadas a las circunstancias actuales.

Fuente: http://nacioncanaria.blogspot.com.es/p/historia.html


Bailaré sobre tu tumba - Siniestro Total: 





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