lunes, 7 de octubre de 2013

El hombre y el arma

El siglo XX fue testigo del surgimiento de un número importante de dirigentes militares comunistas del calibre de Trotski, Tito, Mao Zedong o Vo Nguyen Giap. Pero de todos ellos, Giap fue el que tuvo una experiencia militar más intensa en la lucha por la independencia de Vietnam contra los invasores japoneses, las tropas coloniales francesas, el ejercito de los EE UU, y la operación de castigo china ordenada por Deng Xiaoping en 1979.

Su muerte, el 4 de octubre, a la longeva edad de 102 años, ha sido recogida en toda la prensa internacional. Su biografía puede leerse en Wikipedia. Hijo de un mandarín de grado inferior, Giap estudió economía en la Universidad de Hanoi, donde se afilió al Partido Comunista Indochino. En 1939 se exilió a China para participar en la dirección del PCV, en la que Ho Chi Minh le haría responsable de los asuntos militares. En el exilio conoció la detención y la muerte de su mujer, su hijo pequeño y su hermana por las autoridades francesas.

Tras la formación del Viet Minh en 1941, Giap fue el principal estratega de la guerra contra Francia primero y después contra EE UU, incluyendo las operaciones Hong-Phong en 1950, la resistencia a la Operación Lorena en 1952, la batalla de Dien Bien Phu en 1954, el sitio de Khe Sanh y la Ofensiva del Tet, así como la ofensiva final contra Saigón en 1975.

Desde 1978, cuando dirigió la invasión vietnamita de Camboya, Giap comenzó a distanciarse de la dirección del PCV. En 1981 fue expulsado del Buró Político. Se convirtió en un crítico de la corrupción y de la política de liberalización del mercado y en un disidente frente a la política minera y sus consecuencias ecológicas.

Autor de numerosos artículos y libros, reproducimos un extracto de su libro El hombre y el arma, que refleja los debates de los años 60 sobre los limites estratégicos que imponía la hegemonía nuclear y armamentística del ejercito de EE UU en la lucha de liberación nacional anti-colonial.

Según el marxismo-leninismo, el motor del desarrollo de la sociedad humana dividida en clases, es la lucha de clases, y son las masas populares las que siempre hacen la historia. Por lo tanto, al analizar la relación entre el hombre y el arma, nuestro partido afirma que es el hombre el factor decisivo, y critica enérgicamente la teoría burguesa según la cual el arma es lo decisivo.

Tratando de salvarse del peligro de su aniquilamiento, el imperialismo lleva a cabo, con todos sus esfuerzos, la propaganda sobre la “omnipotencia de las armas” y en realidad utiliza el arma para dominar al hombre, amenazando y reprimiendo el movimiento revolucionario de los pueblos trabajadores. Para revisar los puntos de vista fundamentales del marxismo-leninismo sobre la lucha de clases, los revisionistas contemporáneos se apoyan sobre el arma nuclear. Consideran que, ante el gran poderío del arma nuclear, los pueblos trabajadores oprimidos y explotados no tienen otro camino que el de sustituir la lucha de clases por la conciliación de clases. Toman la llamada “contradicción entre la humanidad y el arma nuclear” para sustituir la contradicción de clases y no distinguen el amigo del enemigo, las guerras justas de las injustas, los instigadores de guerra de los defensores de la paz.

Los marxistas consideran que el arma nuclear tiene gran potencia, pero que no es mas que un instrumento de la lucha de clases y que no la sustituye. El arma nuclear influye enormemente en la estrategia y táctica militares, pero no cambia la estrategia revolucionaria del proletariado ni le hace confundir acerca de cuáles son sus enemigos y cuáles sus amigos. Las armas nucleares influyen en el desarrollo de las hostilidades y la victoria pero no es el elemento determinante de la victoria y tampoco hacen cambiar la perspectiva de desarrollo de la sociedad. En la guerra el factor decisivo es y será siempre el hombre; las masas populares son y seguirán siendo las forjadoras de la historia. El proletariado y el pueblo trabajador, oprimidos y explotados, han derribado, en la lucha de clases, el yugo dominante de la clase explotadora, han conquistado triunfos consecutivos y continúan venciendo apoyados principalmente en su nivel de conciencia y espíritu organizativo. De haber escuchado las tesis que consideran al arma como factor decisivo y al poseedor de muchas y buenas armas como seguro vencedor sobre el que tiene pocas y malas, el proletariado y los pueblos trabajadores oprimidos se habrían cruzado de brazos y encaminado por un callejón sin salida y no habrían podido construir, partiendo con las manos vacías, la obra que actualmente han realizado. (...) La guerra es la continuación de la lucha política mediante las armas. Toda guerra tiene carácter de clase. La lucha armada de los pueblos oprimidos y explotados es la lucha contra la clase opresora y explotadora por la conquista de la independencia nacional, la democracia y el derecho a vivir del hombre. Así, en la formación de las fuerzas armadas, a fin de lograr la victoria en la guerra, ¿cómo concebir y resolver el problema del hombre y el arma? Partiendo de la afirmación de que los promotores principales de nuestra revolución son las masas obreras y campesinas bajo la dirección del Partido de la clase obrera, nuestro partido preconizó, desde el día de su fundación y en su programa político: “fundar un ejercito obrerocampesino”. Los hombres de las fuerzas armadas de nuestro partido y pueblo no son más que el obrero, el campesino y el pueblo trabajador. Son los que tienen como objetivo de lucha la independencia nacional, la tierra para los que la trabajan y el avance hacia el socialismo. Con tan justa causa por objetivo, con el invencible ideal del marxismo- leninismo, los combatientes y cuadros revolucionarios de las fuerzas armadas del pueblo vietnamita son persistentes y férreos núcleos unidos que ninguna violencia podrá quebrantar; por cruel que sea el enemigo, no lo temen; por más armas modernas que este tenga a su alcance no podrá derrotarlos. La historia de la lucha y el crecimiento durante veinte años de nuestro ejército y su tradición de “resueltos a combatir y a vencer” demuestran elocuentemente que nuestro ejército ha conseguido una poderosa fuerza de lucha porque es un ejército obrero-campesino, formado por elementos destacados del proletariado y campesinado, creados por el pueblo, organizado y dirigidos por el Partido de la clase obrera.

Así, cuando apreciamos el papel del hombre en la lucha armada y en las fuerzas armadas, debemos señalar claramente su carácter de clase, es decir, ver cuál es la clase que lleva a cabo la guerra y la naturaleza de clase de esas fuerzas armadas. Allí reside la diferencia fundamental entre la ciencia militar proletaria y la ciencia militar burguesa. (...)

Logrado el punto de vista marxista sobre el papel del hombre vemos, inmediatamente, la perspectiva del ejército y del lado de quién se encuentra la victoria. Esto refleja el carácter invencible de la guerra justa dirigida por el proletariado -y de su ejército- representante del modo de producción más progresista de la historia. Refleja también la derrota inevitable de la guerra injusta llevada a cabo por una clase mori- bunda y la disgregación inevitable de todos los ejércitos de la clase explotadora. Nuestro Partido enfrentó firmemente el problema clave, vital, cual es la naturaleza proletaria en la formación del ejército. Así nuestro ejército fue probado en el fuego de la lucha y creció rápidamente como el “Apóstol Llong” (1). De hoy en adelante, en cuanto a nuestra observación de la situación del hombre dentro de las fuerzas armadas, debemos mantener firmemente este problema vital.

Cualquiera que sea el ejército, al analizar sus características, vemos que ellas resultan de la coordinación entre dos factores fundamentales, cuyas relaciones son inseparables: el hombre y el arma. Pero el carácter de la relación entre esos dos factores lo decide la naturaleza de clase del ejército y de la guerra que lleva a cabo. En el ejército de la clase explotadora, dedicado a realizar guerras injustas, de acuerdo con la contradicción antagónica existente entre los explotadores, dueños de las armas, y las masas militares pertenecientes a las clases explotadas, obligadas a ser carne de cañón y a luchar como mercenarios, la ley de la coordinación entre el hombre y el arma es opuesta, el arma es la que domina al hombre; también aquí, entre el hombre y el arma, existe una contradicción antagónica, reflejo del antagonismo de clase entre el hombre explotador y el explotado, entre los explotadores dueños de las armas y los que las empuñan como mercenarios. No obstante, cuando el soldado ignorante de sus intereses de clase empuña el arma para combatir y obtiene victorias, cada victoria obtenida es su propia derrota, ya que es un trabajador oprimido y explotado. Los intereses de los trabajadores solamente serán garantizados cuando rechace el uso de las armas para combatir como mercenario, realice la lucha contra la guerra y vuelva el cañón del fusil para disparar a la cabeza de los explotadores, poseedores de las armas.

Ese es el camino de lógico desarrollo de los ejércitos de la clase explotadora, especialmente los del imperialismo, sus títeres y lacayos; por- que, de acuerdo a las leyes de la historia, son las masas explotadas las que vencerán a las clases explotadoras; porque, el hombre es quien fabrica el material y lo domina y no se deja nunca dominar por el material. A pesar de que los explotadores realizan todas las maniobras posibles, desde la acción psicológica, el soborno, la demagogia, la corrupción, el libertinaje, hasta el apremio brutal –atan con cadenas las piernas del soldado a las ametralladoras para conseguir en sus tropas la cohesión entre el arma y el hombre- y pese a que logran algunos éxitos momentáneos, su ejercito no podrá escapar de la derrota. Así lo demostró la realidad del Cuerpo expedicionario francés y de las tropas títeres de Bao Dai en la pasada guerra en todo el país, como la actual del ejército yanqui en el sur. Por el contrario, en el ejército del proletariado, debido a que no existe la contradicción de clase antagónica, y a que los intereses de clase son unánimes –bases de la cohesión política y moral-, la ley de la coordinación entre el hombre y el arma es la del dominio del hombre sobre el arma. En el seno de esta relación entre el hombre y el arma no existe la contradicción antagónica entre el hombre y el arma sino una relación dialéctica de mutua influencia en la cual el hombre juega el papel dirigente. Por eso, solamente aquí se realiza la unidad entre el
hombre y el arma de manera completa e integra; el hombre puede desarrollar su moral y todas sus capacidades a fin de desarrollar hasta el máximo el poderío de las armas, de mantenerse firme frente a todas las circunstancias políticas complejas, así como vencer en las mas difíciles fases del combate. Eso hace del ejército proletario un ejército invencible, resuelto a combatir y a vencer.

La cohesión en el ejército proletario entre el hombre y el arma tiene bases de clase, se mueve y desarrolla a través de las actividades conscientes del hombre. Éste realiza su papel decisivo en el combate en un todo unido estrechamente con el arma porque, en la particularidad de la forma de acción armada, el arma es el instrumento fundamental del hombre para convertir la posibilidad de sus fuerzas morales en fuerzas materiales capaces de destruir al enemigo. Por eso, al apreciar al hombre dentro de las fuerzas armadas, después de señalar claramente su naturaleza de clase, debe vérsele en su relación orgánica con el arma y el desarrollo dialéctico de esta relación según el desarrollo de la revolución, de la lucha de clases en cada momento



Fuente: http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/vo.pdf


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