domingo, 6 de octubre de 2013

Platón, la democracia y los males del ser humano

"Se deben castigar implacablemente los males depredadores del ser humano"

DEMOCRACIA ... forma de gobierno consecuente de la rebelión popular contra la Oligarquía:  es el gobierno del pueblo  (recordemos que el término  `democracia´ proviene de  `demos´ = pueblo,  y `cracia´= gobierno). Es el gobierno de Todos: todos los ciudadanos se consideran  `capaces´ y `excelentes´  para gobernar la Ciudad;  es, pues, el régimen más libre e igualitario ... Ahora bien, como en la mayoría de la gente prevalece el alma concupiscible (apetitiva) sobre las demás,   la libertad individual pronto degenera en libertinaje: cada uno intentará obtener más beneficios para sí,  sin pensar en lo común, en la Ciudad,  y el gobierno degenerará en caos y demagogía: los cargos o funciones de gobierno se proveen por elección popular, pero, normalmente recaen en las manos menos dignas y preparadas (demagogos).  Por ello, la  Democracia es también, según Platón, una forma mala (=injusta) de gobierno y prepara la peor de todas:  la Tiranía. Efectivamente, llegará un momento en que el pueblo, cansado del caos reinante, confiará el gobierno a un solo individuo para que imponga orden, ley: un tirano ...


La de Platón ha sido la condena más enérgica de la democracia. Es cierto que aquella democracia no tenía nada que ver con las actuales democracias modernas, pues había grandes grupos de personas –las mujeres, los extranjeros y los esclavos— que no tenían ningún derecho reconocido, esto es, que no eran ciudadanos.

Pero hay algo de aquella crítica que también vale para hacer un sano ejercicio crítico sobre los peligros a los que nos puede asomar una democracia que camina por los senderos de la ignorancia y la indiferencia. El chiste lo refleja muy bien: uno le pregunta a otro: “Oye, ¿Qué es peor?¿la ignorancia o la indiferencia? Y el otro responde: ni lo sé ni me importa”.

Platón negó rotundamente que todos los ciudadanos estuviesen por igual capacitados para participar en política, esto es, para poder ser elegidos gobernantes. Del mismo modo que cuando vamos a hacernos una casa consultamos con el ingeniero, cuando tenemos que averiguar cómo dirigir una sociedad tenemos que escuchar al sabio. Y Platón ponía un ejemplo muy claro: imaginad un barco a la deriva (como el de la serie de TV); imaginad que el capitán muere y que el barco se dirige directamente hacia unos acantilados. Pues bien, Platón considera que si entre los tripulantes hubiese alguien que tuviese conocimientos de los astros y del arte de la navegación, entonces todos tendrían que seguir las órdenes de esta persona. Supongamos ahora que nuestro país en crisis es un barco a la deriva: ¿qué ocurriría si confiásemos el gobierno a los expertos de la economía, la educación y la política? ¿Nos iría mejor?

Otra de las cosas que Platón apreció de la democracia fue el problema de la multitud. La pregunta que se hace es la siguiente: las decisiones de la mayoría, ¿son justas? Platón hizo una larga lista de las atrocidades que se cometieron por decisiones adoptadas por mayoría en la asamblea ateniense. Entre ellas, la condena a muerte de su maestro Sócrates. Y el problema que encontró fue que la ignorancia de la mayoría era aprovechada por unos pocos oradores, que usaban sus capacidades comunicativas para convencer a los demás, y así conseguir sus fines particulares (conseguir poder, riquezas, fama, etc.). Luego, lo que los grandes oradores perseguían no era lo bueno para la sociedad (lograr una sociedad justa, sin delincuencia, sin desigualdad, ya sea ésta social, cultural, religiosa o económica, etc.).

Imaginemos que todos los estudiantes españoles mayores de edad pueden participar en un referendum que va a permitir decidir si se elimina la asignatura de Filosofía del Sistema Educativo. ¿Cuál creéis que será el resultado? Está cantado: Sí.

¿Por qué? Porque siempre habrá alguien que sea capaz de convencer a la mayoría –que por lo demás rechaza todo lo que supone esfuerzo y dedicación— de que la Filosofía no sirve para nada, que es algo que no tiene ninguna aplicación práctica y que, en definitiva, no es algo que sirva para ganar dinero o para generar riqueza en la sociedad. Pero pongámonos en plan sospechoso: ¿por qué no le interesa a nuestros políticos la Filosofía? ¿Por qué no desean que las personas tengan espíritu crítico (que es lo que la Filosofía primeramente promueve)?

Y lo que es peor aún. Si la sociedad reclama más seguridad, menos inmigración, menos integración étnica, entonces el político de turno toma nota. Y ahora llama “bueno” a aquello que desea la mayoría porque esto le va a permitir obtener más votos y así seguir en el poder. Y si la mayoría, por ejemplo odia a los judíos porque éstos se han apoderado de la economía del país (casi como algunos nos hacen creer que ocurre hoy día en España con los Chinos), entonces aparecerá algún político dispuesto a prometer medidas duras contra estas personas.

Luego lo que importa en nuestras democracias no es la verdad sino los deseos (a menudo crueles) de una mayoría que es gobernada bajo los efectos de una ignorancia extendida a todos los rincones de la sociedad. El mayor peligro de la democracia es que degenere en una dictadura atroz, como ocurre hoy con la dictadura del dinero y el libre mercado.

Fuente: http://laberintoinvisible.blogspot.com.es/2011/09/critica-de-platon-la-democracia.html

Crítica a la democracia antigua

El pseudo-Jenofonte inicia la serie de críticas a la democracia antigua mostrando su coherencia interna y su no modificabilidad profunda sin destruir de arriba abajo la democracia. Isócrates por su parte propone devolver la influencia política a los mejores, a quienes lo merecen y moderar por tanto la igualdad aritmética con una igualdad geométrica o selectiva que da a cada cual lo que se le debe. Se trata de restaurar el Areópago y sustituir el sorteo por la elección. Propone una democracia elitista. Algo bastante parecido a lo que muchos liberales postularán en el siglo XX.

Jenofonte sostiene que la democracia lleva a la división, la indisciplina y la incompetencia (Memorabilia, libro III).

Antístenes, discípulo de Sócrates y maestro de Diógenes, despreciaba la democracia y a los demagogos. La democracia es el gobierno de la ignorancia y de la incompetencia y no porque una decisión política sea democrática, tiene que ser racional. Democracia y verdad no tienen por qué coincidir necesariamente. Democracia y virtud no suelen coincidir habitualmente.

La democracia es el dominio de los sofistas. Afirma Platón acerca de los sofistas o demagogos, «Que cada uno de los particulares asalariados a los que esos llaman sofistas…no enseña otra cosa sino los mismos principios que el vulgo expresa en sus reuniones, y esto es a lo que llaman ciencia. Es lo mismo que si el guardián de una criatura grande y poderosa se aprendiera bien sus instintos y humores y supiera por dónde hay que acercársele y por dónde tocarlo y cuándo está más fiero o más manso, y por qué causas y en qué ocasiones suele emitir tal o cual voz y cuáles son, en cambio, las que le apaciguan o irritan cuando las oye a otro; y, una vez enterado de todo ello por la experiencia de una larga familiaridad, considerase esto como una ciencia, y, habiendo compuesto una especie de sistema, se dedicara a la enseñanza ignorando qué hay realmente en esas tendencias y apetitos de hermoso o de feo, de bueno o de malo, de justo o de injusto, y emplease todos estos términos con arreglo al criterio de la gran bestia, llamando bueno a aquello con que ella goza, y malo lo que a ella molesta.»{2}

Platón ejercita una fuerte crítica a la democracia. La crítica platónica a la democracia se funda en los siguientes argumentos:

— la masa popular (hoi polloi) es asimilable por naturaleza a un animal esclavo de sus pasiones y sus intereses pasajeros, sensible a la adulación, sin constancia en sus amores odios; confiarle el poder es aceptar la tiranía de un ser incapaz de la menor reflexión y rigor.

— cuando la masa designa a sus magistrados, lo hace en función de unas competencias que cree haber observado –cualidades oratorias en particular– e infiere de ello la capacidad política;

— en cuanto a las pretendidas discusiones en la Asamblea, no son más que disputas que oponen opiniones subjetivas, inconsistentes, cuyas contradicciones y lagunas traducen su insuficiencia.

En resumen, la democracia es ingobernable. El desorden democrático conduce a la tiranía y fomenta la inmoralidad de cada uno. La refutación platónica de la democracia insiste en la necesidad de asociar el saber con el poder. Las decisiones políticas deben ser inteligentes, acertadas. Sin embargo, el vulgo no tiene capacidad política, saber político adecuado. El argumento afirma que como el vulgo no tiene capacidad política, se equivocará inevitablemente al gobernar. Sin embargo, también el tirano o el rey o los oligarcas pueden equivocarse igualmente.

Fuente: http://nodulo.org/ec/2008/n082p13.htm

Apocalypshit - Molotov:


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