viernes, 27 de diciembre de 2013

Letonia tras la URSS: fascismo y servidumbre económica

20 años post-soviéticos en Letonia




El referéndum por la co-oficialidad del ruso

El resultado definitivo del referéndum ha sido a favor 24,88%; en contra 74,8; nulos 0,32. La participación ha alcanzado el 70,37 del censo electoral.



Prácticamente a nadie escapa la existencia de un grave problema de integración en Letonia. Al igual que en la mayoría de las pequeñas naciones europeas, su diversidad étnica y lingüística de carácter endógeno, se vio fuertemente alterada por diferentes acontecimientos políticos y socioeconómicos ocurridos durante el siglo XX. El último gran vuelco fueron los años de la Unión Soviética en los que la lengua rusa pasó a ser la lengua franca del país, en detrimento del letón que quedaba como un idioma de segundo orden, al estar su conocimiento y uso prácticamente acotado a las personas con origen étnico letón. Esta es una de las raíces del problema que se lleva arrastrando desde 1991. Las políticas públicas puestas en marcha por parte del Estado letón, al menos parcialmente, han fallado y como mejor indicador del fracaso tenemos el referéndum que se celebró ayer para decidir la posible cooficialidad del idioma ruso.

Este referéndum era una provocación, entre otros motivos, porque desde el punto de vista del contenido constituye la voluntad de impedir la normalización lingüística del letón o lo que es lo mismo, obstaculizar la extensión del conocimiento de la lengua letona a toda la población del país. Letonia es un pequeño país Báltico colindante con un gigante como Rusia. La lengua y cultura rusa, solo por su tamaño, tienen una fuerza que es imposible de comparar con la capacidad que tiene un pequeño estado a la hora de impulsar cualquiera de sus lenguas autóctonas en un contexto en el que el ruso está presente dentro de sus límites geográficos. En este sentido, el idioma letón se convierte en una herramienta fundamental para que toda la ciudadanía del país pueda identificarse con el Estado letón. Esto no quiere decir que se tenga que perseguir el conocimiento (sería estúpido) y uso del ruso, sino que la existencia de un porcentaje importante de población que no puede desenvolverse en lengua letona implica que esta parte de la población se identifique más con la Federación Rusa que con el Estado letón. En este sentido, está probado empíricamente durante los años de la URSS que la cooficialidad del ruso crea y alimenta un escenario en el que, al problema político de la identificación con el estado vecino, se le suma el peligro de supervivencia del pez pequeño (letón) amenazado por el pez grande (ruso).

Así las cosas, era de esperar que el resultado fuera el que ha sido, victoria aplastante del no a la cooficialidad. Nótese que el 24,88% de los votos favorables a la cooficialidad es poco más que el porcentaje de ciudadanos letones de diferentes nacionalidades eslavas (no están incluidos el 15% de la población total del país que son apátridas y no tienen derecho a voto). En consecuencia, estaba claro que ni tan siquiera desde la perspectiva de los defensores del idioma ruso tenía mucho sentido el referéndum, a no ser que buscarán lo que en parte han conseguido, dividir más a la sociedad y crear tensión.

Si analizamos la participación, podemos observar que ha sido extraordinariamente alta, superando en más de un 11% la participación de las elecciones legislativas del 2011: el porcentaje de sufragios emitidos ha sido 70,73% del censo electoral. Por regiones los datos son los siguientes: Riga 77,11%; Vidzeme 72,95%; Latgalia 60,03%; Kurzeme 70,98%; Zemgale 68,3%; y entre los residentes en el extranjero: 61,99%.

No es casualidad que la participación en Riga haya sido la más alta, precisamente es allí donde la tensión étnica es mayor, ya que es la primera región en números absolutos de habitantes eslavos y la segunda en términos relativos. En este sentido, sabido es que el roce tiene sus cosas buenas y malas, abre ventanas de oportunidades, pero también sirve de campo de batallas. Respecto al resto de regiones, llama la atención que las que tienen menos porcentaje de eslavos son las que más se han movilizado. En cambio, la única que tiene mayoría ruso parlante, Latgalia, es la que menos participación ha registrado. Parece claro que para una parte importante de la población eslava el referéndum no tenía ninguna utilidad, en cambio, la provocación, tal y como era de esperar, ha movilizado a la etnia letona.

En cuanto a los resultados definitivos, en la tabla se puede observar que en la única región que gana el sí es en Latgalia, si bien el grueso de votos a favor de la cooficialidad proviene de la región de Riga. Esto ya es indicativo de cómo ha funcionado el voto. En Letonia oficialmente los partidos étnicos están prohibidos, así que en teoría todos representan a la población en general y no tienen objetivos étnicos, lo cual, desde el punto de vista de la cotidianidad en el ejercicio de la política, es falso. El número total de personas que han apoyado la cooficialidad del ruso ha sido 273.347, es decir, algo más de 6.000 sufragios que los que obtuvieron en las elecciones de 2011 las formaciones políticas de centro-izquierda (Centro de la Concordia) e izquierda (Por los Derechos Humanos en una Letonia Unida). Ambas en la práctica son las que mayoritariamente concentran el voto de los eslavos y las que defienden los intereses de estos. Este cálculo ya lo tenía hecho Liderman (un judío eslavo, publicista y disidente político letón que, entre otras cosas, ha militado en el Partido Nacional Bolchevique), el impulsor del referéndum, por ello había dicho que el objetivo era recabar 300.000 votos favorables a la cooficialidad, es decir, dar un saltito más adelante de lo que consiguieron los partidos mencionados. No obstante, ese saltito no ha ocurrido, ya que prácticamente tenemos una fotocopia de los resultados de septiembre de 2011.

Concluyendo, tras unos cuantos meses de debate étnico, ahora solo espero que el río vuelva a su cauce y el foco se fije en los problemas reales a los que tiene que hacer frente Letonia como país para asegurar su viabilidad social, económica, política y cultural, porque hoy, aunque siga siendo el tema étnico un problema importante, el futuro de la lengua y la cultura letona están más amenazados por las dinámicas socioeconómicas que por cualquier teoría conspirativa que incluya a Rusia. Eso no quiere decir que haya que escurrir el bulto del problema de la integración que existe en Letonia. Al respecto, el nivel de incompetencia e intolerancia política está distribuido de igual manera entre todo tipo de sensibilidades sociopolíticas y, prueba de ello, ha sido la idea de bombero de los sectores eslavos que han impulsado el referéndum de ayer.

Ahora bien, aún hoy la responsabilidad política principal sigue recayendo sobre la mayoría, sobre los que ejercen el poder en exclusividad desde hace veinte años: los partidos nacionalistas letones. Estos siguen anclados en una forma de pensar y actuar muy propia de los países de Europa Oriental, por mucho que se les llene la boca con esa falacia de que son países nórdicos, lo son más o menos desde el punto de vista geográfico, pero desde el punto de vista político, económico y social no lo son (por ello sus amigos de la CIA los definen como país de Europa del Este). Un ejemplo de ello es la escasa tolerancia política, lingüística o cultural que impera. Y ahí sí que los eslavos tienen campo para criticar. Letonia adolece de una concepción liberal básica. Algo que hasta los descendientes formados de los que escaparon de la Unión Soviética no pueden acabar de entender. Normal, un letón nacido en un país occidental y que tenga un alto nivel de educación es habitual que sienta contradicciones entre los valores básicos del liberalismo en los que fue educado y la praxis letona que los repudia. Entre estos, Nils Muižnieks, el ex político de la derecha nacionalista letona y actual Comisionado de los Derechos Humanos del Consejo Europeo, así se ha expresado en más de una ocasión, desde antes de su nombramiento para el nuevo cargo.

La cuestión es cómo se puede defender desde una perspectiva liberal-democrática que aún hoy, un 15% de la población de Letonia de diferentes generaciones (algunos incluso de cuarta), sean apátridas, estén desprovistos de derechos políticos como el voto y ello, a pesar de haber nacido en Letonia y pagar sus impuestos al Estado letón desde su (re)constitución, por cierto, aspecto este último que más del 20% de los originarios de Letonia que viven y trabajan en el extranjero no lo hacen (aunque si tienen ciudadanía pueden votar). Pues bien, con esas estamos todavía. Sin embargo, no creo que la solución sea un nuevo referéndum al respecto para extender la ciudadanía letona a los apátridas. Desde hace unos meses se están recogiendo firmas para lograr convocarlo. No deberían de votarse derechos humanos como el contemplado en el artículo 15 de la Declaración de los Derechos Humanos, pero en Letonia todo es posible. No en vano, es un país colonizado por el neoliberalismo económico, mientras en cuestiones políticas es antiliberal. Además, lo político siempre tiene impacto en lo económico y así, resulta que los temas lingüísticos están estrictamente regulados en todos los ámbitos, como el económico, yendo en contra de la “libertad económica”, de la “libre concurrencia” y de la “libertad de empresa”. Pero claro, si es por un tema nacionalista la intervención del Estado les parece genial a los nacionalistas de derechas… aunque vaya contra el espíritu del capitalismo, mientras la intervención no trate de repartir la riqueza.

Ni fascismo ni ruso-dependencia

En el referéndum celebrado este pasado sábado en Letonia, el 74,8% (821.722 personas) se mostró contrario a otorgar al idioma ruso el estatus de segunda lengua oficial. A favor se pronunció el 24,88% (273.347 personas). Por consiguiente, la población rusoparlante de Letonia seguirá estando discriminada.
No hay nada de sorprendente en este resultado final: para que el ruso fuese reconocida como segunda lengua oficial, era necesario recibir 780 mil votos. Si toda la población rusa y rusoparlante tuviese derecho al voto, eso sería posible. Pero más de 300 mil habitantes del país, continúan siendo considerados como “no ciudadanos”, por lo que no pueden tomar parte en consultas electorales ni en referéndum alguno.
Sin embargo, el impulsor de la consulta, Vladimir Linderman (Ábel), quien fuera uno de los líderes del Partido Nacional Bolchevique antes de su prohibición, explicó la necesidad del referéndum con estas palabras: “Lo importante es demostrar que los rusos en Letonia, no son intrusos”. En tiempo record se recogieron más de 180 mil firmas, cuando para que se convoque una consulta popular basta con 150 mil (10% de los ciudadanos con derecho al voto).


No había ningún fundamento jurídico para negar el derecho a convocar el plebiscito. Y se convocó. Claro que los escándalos no se hicieron esperar. Tanto los nacionalistas más extremistas, con representación en el “Seim” y en el gobierno, como los considerados centristas, calificaron la consulta de golpe a los intereses nacionales y a la independencia de Letonia. Por si fuera poco, algunos de los activistas sociales, que pusieron su firma en respaldo de la iniciativa popular, comenzaron a recibir amenazas.

El primer ministro, Valdis Dombrovskis, llamó a “votar contra esta ocurrencia”. Mientras que la anterior Jefe del Estado, Vaira Vike-Freiberga, se mostró de la opinión, que si el ruso se convierte en segunda lengua oficial, “el letón perderá sus últimas posiciones en el espacio público”. A “Ábel” lo tildó de “elemento extremista, peligroso para la sociedad”. El 2 de febrero, el Seim de Letonia aprobó una declaración, en la que se dice que “el letón, como única lengua oficial, está indisolublemente ligado a la identidad de Letonia”.
Por su parte, algunos de aquellos, a quienes se considera parte de los intelectuales creativos, no escatimaron en calificativos. “Si pensamos en el referéndum como en una especie de “Stress Testing” para el estado letón, entonces podemos afirmar que se trata de un regalo divino. Por un par de millones de lat, que costará a las arcas públicas la consulta popular, obtenemos un listado de todos los ciudadanos que no son fieles al país. Así de claro. El referéndum es un test para los traidores a este país. Llamemos a las cosas por su nombre”, dijo en un programa en directo de la televisión letona el director artístico del Nuevo Teatro de Riga, Alvis Hermanis.

Uno de estos “traidores” en correspondencia con esa postura, es el alcalde de Riga, el líder de “Saskanas” (el partido que obtuvo la mayoría relativa en las últimas elecciones al parlamento), Nil Ushakov.
Cabe señalar que los nacionalistas letones consiguieron movilizar a la población azuzando el odio al idioma ruso. La participación media en el país superó el 70%. En Riga tuvo una participación récord, así como en los barrios poblados principalmente por letones. Mientras, en lugares como por ejemplo Latgale, donde hay mayoría de rusoparlantes (además con nacionalidad letona, a diferencia de la capital), la participación fue de las más bajas con un 60%. Por lo visto, muchos rusos consideraron un sinsentido tomar parte en un referéndum que se sabía perdido. O puede que se asustaran de las acusaciones de “extremismo” e “intenciones antigubernamentales”.

Los resultados del referéndum tuvieron un carácter marcadamente étnico. Así por ejemplo en Daugavpils, donde la absoluta mayoría son rusos, el 85% se pronunció a favor de conceder la cooficialidad al ruso. En general en Latgale, a favor hubo un 56%: mientras que en la región occidental de Kurzeme, contra el ruso como lengua oficial, se pronunció el 91% de la población.

En cuanto a Riga, aquí a favor del ruso como lengua oficial, votaron solo el 36%. Es decir, que la mayoría absoluta de los letones de la capital se muestran intolerantes hacia sus vecinos y conciudadanos de otra nacionalidad. Y eso que en Riga hay más de un 42% de rusos. Se mostraron activos en la votación contra el idioma ruso, los letones que residen en el extranjero. Por ejemplo, en el centro de votación situado en el Museo de la naturaleza de Riga, votaron dos chicas, llegadas para la ocasión desde Suecia. No quieren vivir en Letonia, pero tienen miedo por su sistema estatal y no desean que aquellos, para quienes el ruso es su lengua materna, puedan usarlo libremente en las instituciones públicas o educativas. Además se mostraban indignadas que una consulta así pudiera llevarse a cabo.

En general, después del referéndum la situación no ha mejorado en absoluto. Los letones, el pueblo letón, y no un grupo de políticos, dejaron a los rusos claras muestras de su ultranacionalismo y de su nula disposición a considerar los derechos y necesidades de los no letones; de la imposibilidad, en las actuales condiciones, de construir un Estado común.

También se encargó de calentar los ánimos, tras conocerse el resultado de la votación, el presidente de Letonia, Andris Berzinš, considerado moderado, pero que no dudó en hacer unas declaraciones al unísono con la agrupación profascista “Patria y Libertad” (Movimiento por la independencia nacional de Letonia). “El referéndum no marca ninguna línea inicial ni final. Ha supuesto una dura prueba y una lección para todos nosotros. La votación para la introducción en Letonia de una segunda lengua oficial, ha supuesto una amenaza para una de las bases sagradas de la Constitución: la lengua oficial. Por eso ha llegado el momento para una discusión seria sobre los fundamentos de la Constitución y la modificación del modelo de gobierno. El objetivo de esas modificaciones es hacer una Letonia más fuerte y en la medida de lo posible evitar posibles futuras amenazas para los fundamentos de nuestro sistema de Estado”, declaró Berzinš.

Los rusos valoraron esas declaraciones del único modo posible: cabe esperar que sigan apretando las tuercas y olvidarse de cualquier posible diálogo con el gobierno, puesto que la aspiración a tener igualdad de derechos de los “no autóctonos”, es vista tanto por los dirigentes de Letonia, como por los letones de a pie, como una “una amenaza a los fundamentos del Estado”.

Mientras tanto, la Unión Europea, que tan preocupada se suele expresar por el respeto a los derechos de las minorías nacionales, se muestra en relación a lo que sucede en Letonia, de un modo más que tranquilo. A Letonia, miembro de la UE, llevan muchos años permitiéndole violar las normas de esta organización, en la que en modo alguno puede inscribirse el concepto mismo de “no ciudadano”, ni la supresión de la enseñanza en ruso, ni la rehabilitación de los fascistas letones y veteranos de las SS. Es demostrativo el hecho de que tanto los observadores europeos como internacionales, incluyendo los de la OCDE, ignoraran el referéndum sobre el estatus de la lengua rusa en Letonia.

Pese a todo, el vicepresidente del Comité de la Duma para asuntos internacionales, Konstantín Kosachov, calificó el referéndum como exitoso. En su opinión, “es necesario exigir una resolución complementaria del problema, es decir, si no la adopción del ruso como lengua estatal, sí su utilización a nivel de ciudades y formaciones municipales, donde vive población rusa de forma compacta”. Cierto que hasta la fecha todas las exigencias similares salidas de Rusia, no han pasado de tener un carácter declarativo, por lo que Letonia las ha obviado. La única iniciativa por parte rusa fue la prohibición temporal de importar boquerones de Letonia. Además oficialmente se motivó por motivos sanitarios y no políticos, así que no produjo ningún resultado. De qué modo pretende Rusia conseguir la resolución del problema del idioma ruso en Letonia, es algo que Kosachov no especificó.



“La alta participación en el referéndum de ciudadanos letones, que consideran el ruso como lengua materna, demuestra de un modo evidente su desacuerdo con el curso elegido de construcción de una sociedad monoétnica. Además los resultados del referéndum, en modo alguno reflejan los ánimos en el país. Ello guarda relación con el hecho de que 319 mil personas (denominados “no ciudadanos”) se vean privadas de la posibilidad de expresar su opinión”, se dice en la declaración de Alexánder Lukashévich, publicada en la web del Ministerio de Exteriores de Rusia, el pasado domingo.


En la declaración del Ministerio de Exteriores de la Federación de Rusia, se expresa la esperanza de que “la voz de la población rusoparlante de Letonia sea escuchada, tanto por los círculos gobernantes de este Estado, como por las organizaciones internacionales”. Más adelante, Lukashévich asegura que Letonia ignora sus obligaciones internacionales, lo que quedó patente, al impedir la presencia de observadores rusos en el referéndum. No ha habido ninguna reacción de Riga ni ante las esperanzas, ni ante las acusaciones.

La servidumbre económica, la jugada del neoliberalismo 

"Han pasado dos décadas desde la introducción del orden neoliberal, y los resultados no pueden ser más desastrosos, pudiéndose considerar un crimen contra la humanidad. No ha habido crecimiento económico. Los activos soviéticos están gravados con deuda. No es así cómo la Europa occidental se desarrolló tras la Segunda Guerra Mundial, o incluso anteriormente (o China más recientemente). Estos países siguieron el esquema clásico de protección de la industria doméstica, gasto en infraestructura pública, fiscalidad progresiva, y prohibiciones legales contra el tráfico de influencias y el saqueo; todo lo que constituye anatema para la ideología neoliberal del mercado libre."


Mientras la mayoría de los medios de comunicación hacen hincapié en la gravedad de las dificultades que atraviesa Grecia (y también España, Irlanda y Portugal) en el contexto europeo, apenas se han hecho eco de la crisis mucho más severa, devastadora y potencialmente letal que azota las economías postsoviéticas vinculadas al plan de integración en la eurozona.
No cabe duda de que este silencio se debe a que lo sufrido en estos países constituye una prueba sumaria del horror destructivo del neoliberalismo, así como de la política europea consistente en tratar a estos países de forma bien distinta a la prometida, no ayudándoles a desarrollarse en términos europeos occidentales, sino meramente como áreas prestas a ser colonizadas como mercados financieros y de exportación, despojándolas de sus plusvalías económicas, de su mano de obra calificada –y prácticamente de toda su fuerza laboral en edad de trabajar–, de sus bienes raíces y edificios, y de cualquier otra cosa heredada de la era soviética.

Letonia ha experimentado una de las peores crisis económicas de las acaecidas en todo el mundo. Y no se trata sólo de una cuestión económica, sino también demográfica. La disminución brusca de su Producto Interior Bruto (PIB) en un 25'5% en los dos últimos años (casi un 20% solamente en el último) ya constituye la peor caída bianual de la que se tiene registro. Las previsiones más halagüeñas del Fondo Monetario Internacional (FMI) anticipan una caída adicional del 4%, lo cual haría que el hundimiento de la economía letona superara en cifras a las de la Gran Depresión de Estados Unidos. Pero las malas noticias no acaban aquí. El FMI prevé que en el 2009 haya habido un déficit total en la cuenta de capital y financiera de 4.200 millones de euros, a los que se añadirán 1.500 millones más (el 9% del PIB) en 2010.

Además, el sector público letón acumula deuda rápidamente. Letonia ha pasado de tener una deuda que en 2007 representaba el 7'9% del PIB a una proyección para este año cercana al 74%; la previsión indica que, en el mejor escenario posible, se estabilizaría en el 89% en 2014. Esto situaría al país muy lejos de los requisitos impuestos por [el Tratado de] Maastricht sobre los límites de deuda pública para poder formar parte del euro. Por eso, lograr la entrada en la eurozona ha sido el principal pretexto utilizado por el Banco Central de Letonia para justificar las dolorosas medidas de austeridad que permitan estabilizar el valor de la moneda. Para mantener el valor de la moneda se han dedicado ingentes cantidades de reservas monetarias que de otro modo se habrían podido invertir en la economía del país.

Aún así, en los países occidentales no parece que nadie se esté preguntando qué puede haber provocado este grave quebranto a Letonia, que es extensible al resto de economías bálticas y otras áreas postsoviéticas, pero más extremo en el caso letón. Ahora que se cumplen casi veinte años de su liberación en 1991 de la vieja URSS, difícilmente puede achacarse la causa de sus problemas únicamente al sistema soviético. Ni siquiera puede culparse solamente a la corrupción, que sin duda constituye una herencia del periodo de disolución de la URSS, aunque ésta se haya engordado, intensificado e incluso promovido en la modalidad cleptocrática de rapiña que ha proporcionado pingües beneficios a banqueros e inversores occidentales. Fueron los neoliberales occidentales quienes financiaron estas economías gracias a las "reformas favorables a los negocios" que recibieron el aplauso entusiasta del Banco Mundial, Washington y Bruselas.

Es evidente que cabría desear una menor corrupción (pero, ¿en quién más confiarían los occidentales?); sin embargo, reducirla drásticamente quizá no haría más que colocar al país en la misma senda recorrida por Estonia hacia el sistema de sujeción de peonaje por (euro)deudas. Esta área báltica vecina también ha sufrido un aumento descomunal del desempleo, una fuerte reducción del crecimiento, un serio deterioro de los estándares de salud y emigración, en lacerante contraste con lo ocurrido en Escandinavia y Finlandia.

Joseph Stiglitz, James Tobin y otros prominentes economistas occidentales han empezado a contar que hay aspectos radicalmente negativos en el orden financiero importado por los hombres de negocios occidentales tras el colapso soviético. Ciertamente, el camino emprendido por Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial no fue el de la economía neoliberal. Sin embargo, el nuevo experimento báltico tiene el antecedente del ensayo general impuesto a punta de fusil por los Chicago Boys en Chile. En Letonia los asesores procedían de Georgetown, pero la ideología era la misma: desmantelar el sector público e influir internamente en los procesos de decisión política.


Para la aplicación postsoviética de este cruel experimento, la idea era que los bancos occidentales, los inversores financieros y, señaladamente, los economistas del "mercado libre" (así llamados puesto que se desprendieron de la propiedad pública, la liberaron de cargas fiscales y dieron un nuevo significado al término free lunch [beneficios sin contrapartidas]) tuvieran carta blanca en la mayor parte del bloque soviético para rediseñar economías enteras. Por cómo acabó la cosa, parece que todos los diseños fueron el mismo. Los nombres de los individuos eran distintos, pero la mayoría estaban vinculados a, y financiados por, Washington, el Banco Mundial y la Unión Europa. Y, puesto que los patrocinadores eran las instituciones financieras occidentales, no deberíamos sorprendernos demasiado de que acabaran imponiendo un diseño que redundara en su interés financiero.

Se trató de un plan que ningún gobierno democrático occidental habría podido aprobar jamás. Se repartieron las empresas públicas a individuos cuya misión era venderlas rápidamente a inversores occidentales y a oligarcas locales que transferirían su dinero de forma segura a paraísos fiscales occidentales. Para tapar estos procedimientos se crearon sistemas impositivos locales que permitieron a los grandes clientes tradicionales de los bancos occidentales –los monopolios sobre los bienes raíces y sobre las infraestructuras naturales– quedar prácticamente libres de pagar impuestos. Esto permitió que sus rentas y su fijación monopolística de precios quedaran "libres" y pudieran revertir a bancos occidentales en forma de pagos de intereses, en vez de estar sujetos a impuestos interiores que se destinaran a la reconstrucción de estas economías.

En la Unión Soviética apenas había bancos comerciales. En vez de ayudar a estos países a crear sus propios bancos, Europa occidental promovió que sus bancos ofrecieran crédito y cargaran estas economías con intereses (siempre en euros y otras monedas fuertes para garantía de los bancos). Esto constituyó una violación del primer axioma de las finanzas: nunca emitas deuda nominada en una moneda fuerte cuando tus ingresos vayan a serlo en una más débil.

Pero, como en el caso de Islandia, Europa prometió a estos países que les ayudaría a integrase en el euro mediante políticas adecuadas. Las "reformas" consistieron en mostrarles cómo trasladar los impuestos sobre los negocios y los bienes raíces (los principales clientes de los bancos) al trabajo, no sólo como impuesto fijo sobre los ingresos, sino como un impuesto fijo de "servicios sociales"; de acuerdo con éste, la Seguridad Social y los servicios sanitarios no se proveen a partir de fondos procedentes del presupuesto general articulado básicamente a partir de un sistema fiscal global progresivo, sino que los trabajadores pagan una cuota de usuario para dichos servicios.

A diferencia de los países occidentales, no existían impuestos sobre la propiedad relevantes. Esto obligó a los gobiernos a gravar a los trabajadores y a las empresas. A diferencia de los países occidentales, no había impuestos progresivos o sobre la riqueza. De media, Letonia tenía el equivalente a un impuesto fijo sobre el trabajo del 59%. (¡Los líderes del Congreso de Estados Unidos y sus lobistas solamente pueden concebir en sueños un impuesto sobre el trabajo tan punitivo que liberaría de controles a sus principales contribuyentes en las campañas electorales!). Con un impuesto como éste, las economías europeas no tenían nada que temer de las economías que emergieron libres de impuestos, pues al traspasar los gravámenes sobre las propiedades a cargas sobre el trabajo disminuyeron los costes de la vivienda y de la deuda. Estas economías fueron envenenadas desde el principio. Esto es lo que hizo de ellas tan de "mercado libre" y tan "abiertas a los negocios" desde el punto de vista de la ortodoxia económica occidental actual.

Al perder la capacidad para gravar los bienes raíces y otras propiedades –e incluso para imponer una fiscalidad progresiva sobre los tramos de renta más altos– los gobiernos se vieron abocados a fijar tasas impositivas al trabajo y a la producción industrial. Esta filosofía de desplazamiento de la carga fiscal aumentó de forma súbita el precio del trabajo y del capital, haciendo que la industria y la agricultura de las economías neoliberalizadas fueran tan caras como para no poder competir con la "vieja Europa". De este modo, las economías postsoviéticas se convirtieron en zonas de exportación para las industrias y los servicios bancarios de la vieja Europa.

La Europa occidental se ha desarrollado mediante la protección de su industria y de su trabajo, gravando las rentas de la tierra y otros beneficios que no tienen contrapartida en un necesario coste de producción. Las economías postsoviéticas "liberaron" este beneficio para que acabara en forma de pago a los bancos de la Europa occidental. Estas economías –que no soportaban deudas en 1991– empezaron a endeudarse en monedas fuertes, no en las suyas. Los créditos de los bancos occidentales no se utilizaron para mejorar su inversión de capital, la inversión pública y los niveles de vida. El grueso de los créditos se concedió fundamentalmente con la garantía de activos existentes heredados del periodo soviético. Si bien hubo un fuerte crecimiento de nuevas construcciones de bienes inmuebles, la mayora parte de éstas tienen hoy un valor inferior al inicial. Y los bancos occidentales están demandando que Letonia y los demás países bálticos paguen aún más exprimiendo el beneficio económico mediante subsiguientes "reformas" neoliberales que amenazan con gravar aún más al trabajo mientras sus economías se contraen y la pobreza aumenta.

El patrón consistente en una cleptocracia instalada en las altas esferas y una fuerza laboral endeudada –con índices de sindicación muy bajos o nulos, y escasa protección en el lugar de trabajo– ha sido aplaudido como un modelo propiciador de la actividad económica que debería ser emulado en todo el mundo. Las economías postsoviéticas estaban claramente "subdesarrolladas", lejos de poder producir bienes con un alto valor añadido, y generalmente incapaces de competir en igualdad condiciones con sus vecinos occidentales.

El resultado ha sido un experimento económico a todas luces enloquecido, una distopía cuyas víctimas ahora son señaladas como culpables. La ideología neoliberal de la erosión sistemática y a gran escala –aparentemente a punto de ser aplicada en Europa y Norteamérica mediante una retórica igualmente optimista– resultó económicamente tan devastadora que es equiparable a lo que habría ocurrido si estos países hubiesen sido invadidos militarmente. De modo que ha llegado el momento de empezar a preocuparse seriamente sobre si lo ocurrido en los países bálticos puede constituir un ensayo general de lo que estamos a punto de ver en los Estados Unidos.

Hoy, en los países bálticos la palabra "reforma" tiene una connotación negativa, como la tiene en Rusia. Significa un regreso a la dependencia feudal. Pero, mientras que los señores feudales de Suecia y Alemania regían sobre sus siervos por el poder que les otorgaba de la propiedad de la tierra, hoy controlan los países bálticos mediante los créditos hipotecarios concedidos en moneda extranjera, que están avalados con los bienes raíces de toda la región.

El peonaje por deudas ha sustituido a la servidumbre completa. La cuantía de las hipotecas excede el valor de mercado de los bienes, el cual se ha desplomado entre el 50 y el 70% en el último año (dependiendo del tipo de vivienda), y también sobrepasa la capacidad de los propietarios de las viviendas para hacer frente a los pagos. El volumen de la deuda nominada en moneda extranjera también sobrepasa en mucho lo que estos países pueden ingresar mediante la exportación de los productos de su trabajo, industria y agricultura a Europa (que apenas desea realizar importaciones) o a otras regiones del mundo en las que los gobiernos democráticos están comprometidos con la protección de su fuerza laboral, a no venderla y someterla a programas de austeridad sin precedentes (todo en el nombre de los "mercados libres").

Han pasado dos décadas desde la introducción del orden neoliberal, y los resultados no pueden ser más desastrosos, pudiéndose considerar un crimen contra la humanidad. No ha habido crecimiento económico. Los activos soviéticos están gravados con deuda. No es así cómo la Europa occidental se desarrolló tras la Segunda Guerra Mundial, o incluso anteriormente (o China más recientemente). Estos países siguieron el esquema clásico de protección de la industria doméstica, gasto en infraestructura pública, fiscalidad progresiva, y prohibiciones legales contra el tráfico de influencias y el saqueo; todo lo que constituye anatema para la ideología neoliberal del mercado libre.

Lo que se ha evidenciado de forma descarnada son los supuestos subyacentes del orden económico mundial. En el centro de la crisis actual de la teoría económica y de la política económica cobran interés las olvidadas premisas y conceptos directrices de la economía política clásica. George Soros, Stiglitz y otros hablan de una economía global de casino (en la que ciertamente se ha enriquecido Soros jugando), habiéndose desgajado la economía financiera del proceso de creación de riqueza. El sector financiero cada vez es más preeminente, con una creciente capacidad de detraer recursos de la economía real de bienes y servicios.

Ésta era la preocupación de los economistas clásicos cuando se concentraron en el problema de los rentistas, propietarios de bienes con privilegios especiales cuyos beneficios (que no tenían la contrapartida de asumir coste productivo alguno) constituían de facto un impuesto sobre la economía (en este caso, cargándola con deudas). Los economistas clásicos se dieron cuenta de la necesidad de subordinar las finanzas a las necesidades de la economía real. Ésta fue la filosofía que guió la regulación bancaria en Estados Unidos en la década de 1930, y fue la que siguieron Europa occidental y Japón desde la década de 1950 a la de 1970 para promover la inversión manufacturera. En vez de establecer fuertes controles sobre la capacidad del sector financiero para realizar actividades especulativas, los Estados Unidos eliminaron estas regulaciones en la década de 1980. Mientras en 1982 los beneficios después de impuestos de la banca estadounidense significaron menos del 5% del total, en el año 2007 ascendieron a un insólito 41%. En efecto, esta actividad de suma cero constituyó un "impuesto" indirecto sobre la economía.

Junto con la reestructuración financiera, el otro aspecto importante del juego de herramientas clásico era la política fiscal. El objetivo era retribuir el trabajo y crear riqueza, y recoger los beneficios resultantes (free lunch) de las economías sociales "externas" como base impositiva natural. Esta política fiscal tenía la virtud de reducir las cargas sobre el ingreso (salarios y beneficios). Se entendía que la tierra era un bien natural sin coste laboral de producción (y por eso sin valor de coste). Pero en vez de convertirla en la base impositiva natural, los gobiernos han permitido que los bancos la carguen con deudas, transformando el aumento del valor de la renta de la tierra en intereses a pagar. En terminología clásica, el resultado es un impuesto financiero sobre la sociedad (un beneficio que se suponía que la sociedad recogía como un impuesto básico para reinvertirlo en infraestructura económica y social con el fin de enriquecer al conjunto de esa sociedad). La alternativa ha sido fijar impuestos sobre la tierra y el capital industrial. Y a aquello a lo que han renunciado los recaudadores de impuestos, ahora los bancos lo cobran en forma de precios más altos de la propiedad del suelo –un precio por el que los compradores pagan un tipo de interés hipotecario.



La economía clásica podría haber predicho los problemas de Letonia. Sin freno alguno sobre las finanzas, sin regulación de los precios monopolísticos, sin protección industrial, con la privatización del dominio público para crear "economías con sistemas de peaje" y con una política fiscal que empobrece a los trabajadores y al capital industrial mientras recompensa a los especuladores, la economía de Letonia apenas ha visto algún tipo de crecimiento económico. Lo que sí se ha logrado –y que ha recibido el aplauso entusiasta desde los países occidentales– ha sido una actitud favorable para anotar deudas enormes para subsidiar su desastre económico. Letonia tiene muy poca industria, una agricultura muy poco modernizada, pero sí puede exhibir más de 9.000 millones de lati en deuda privada; una deuda que hoy corre el riesgo de pasar a figurar en los balances del presupuesto público, igual como ocurrió con el rescate de los bancos de Estados Unidos.

En caso de que este crédito se hubiera empleado con fines productivos para levantar la economía letona, podría haber sido algo aceptable. Pero fue básicamente improductivo, contribuyó a exacerbar la inflación de precios del suelo y el consumo suntuario, reduciendo a Letonia a un Estado cercano a la servidumbre por deudas. En lo que Sarah Palin llamaría una hopey-change thing [peyorativamente, propuesta irrealista cargada de buenas intenciones, a partir del eslogan hope and change de la campaña de Barack Obama de 2008. N del t.], el Banco de Letonia sugiere que el momento más grave de la crisis ya ha pasado. Finalmente, las exportaciones han empezado a aumentar, pero la economía aún pasa por una situación desesperada. Si persiste la tendencia actual no habrá nuevos letones para heredar recuperación económica alguna. El desempleo se mantiene por encima del 22%. Decenas de miles de ciudadanos han abandonado el país, y otras decenas de miles han decidido no tener hijos. Es una respuesta natural al hundimiento del país bajo una deuda pública y privada de miles de millones de lati. Letonia no está en la trayectoria adecuada para alcanzar los niveles de riqueza occidentales, y no tiene escapatoria a continuar por la senda de su actual política fiscal neoliberal regresiva, contraria a los trabajadores, a la industria y a la agricultura, que le ha sido impuesta de forma tan coercitiva desde Bruselas como condición para el rescate del Banco Central de Letonia, con el fin de que éste pueda pagar a los bancos suecos que han realizados este tipo de créditos improductivos y parasitarios.

Albert Einstein dijo que "[es] una locura realizar la misma cosa una y otra vez esperando resultados distintos". Letonia ha aplicado una y otra vez durante casi 20 años el mismo Consenso de Washington "pro occidental", con resultados cada vez peores, que a fin de cuentas han sido catastróficos para el sector público, los trabajadores, la industria y la agricultura. La tarea fundamental actual consiste en liberar a la economía letona de su camino neoliberal hacia la neo-servidumbre. Se podría pensar que la senda elegida podría ser la trazada por los economistas clásicos del siglo XIX, que condujo a la prosperidad que podemos ver en los países occidentales y también actualmente en el Este asiático. Pero esto requeriría un cambio en la filosofía económica; lo cual conllevaría un cambio profundo en la articulación del sector público y de la gobernación.

La cuestión es cómo responderán Europa y los demás países occidentales. ¿Admitirán su error? ¿O no sentirán ni un ápice de vergüenza? Los signos actuales no son alentadores. Los occidentales piensan que el trabajo no se ha empobrecido lo suficiente, la industria no está suficientemente devastada y el paciente económico aún no ha sido suficientemente desangrado.

Si éste es el mensaje que Washington y Bruselas están lanzando a los países bálticos, ¡imaginen qué están a punto de hacerles a las gentes de sus propios países!

El socialismo funcionaba en Letonia

El portal informativo y de análisis “Newsbalt” entrevistó al presidente del Partido Socialista de Letonia, Alfred Rubiks. Cuando en la época soviética comandaba el CC. del partido Comunista de la RSSL, fue uno de los pocos que se negó a abandonar el barco que se hundía y mantuvo su fidelidad a los ideales soviéticos. Algo que posteriormente le supuso seis años de cárcel, convirtiéndose en la práctica, en el primer preso político de la nueva Letonia. La popularidad que le granjeó su entereza le sirvió para ser elegido en el 2009 parlamentario europeo por Letonia en Bruselas.

¿Cree usted que la caída de la Unión Soviética, estaba de antemano predeterminada por los condicionantes propios de su estructura social?

En ningún caso. El colapso de la URSS está unido a la acción premeditada de muchas figuras, incluyendo a aquellos que promocionaron a Gorbachov para que ocupase la jefatura de Estado. Es decir, fue introducido allí, de modo premeditado, para hacer labores de zapa. Sí, la Unión Soviética en aquel momento necesitaba cambios. Esto era algo que las fuerzas sanas, dentro del PCUS, comprendían perfectamente y apoyaron las reformas del XXVII Congreso del Partido. La vida no se detiene, significa movimiento, y cualquier aparato estatal necesita corregirse, perfeccionarse: por eso las reformas es algo que se da en todos los países, tengan el régimen que tengan. Pero su puesta en marcha no significaba la necesidad de destruir la URSS y renegar del ideal socialista. El punto de no retorno se alcanzó una vez que Gorbachov recibió el cargo de presidente e inició la reforma constitucional y de la base legislativa del país. El resultado fue el desmoronamiento de la URSS: pero yo estoy convencido de que se podía haber evitado. Gorbachov se convirtió en un aniquilador: una vez hizo el trabajo sucio, salió huyendo del cargo, sin intentar siquiera detener el proceso de disgregación del país que le había sido confiado.



¿Por qué Letonia no conservó la base industrial heredada de la URSS?

Después de salir de la cárcel, me tocó ser testigo de escenas lamentables. Gente con lágrimas en los ojos, que indicando edificios en ruina y solares, me explicaban: “¡Y pensar la fábrica tan potente que había aquí hasta hace poco! Aquí trabajábamos nosotros y los miembros de nuestras familias”. No cabe duda de que la responsabilidad por la pérdida de la base industrial que nos había quedado en herencia de la URSS, reside en los gobiernos de los noventa, quienes adoptaron un gran número de decisiones nefastas. Tampoco podemos despreciar el papel jugado por los “bienhechores” extranjeros, que llegaron a nuestras tierras en calidad de consejeros. Por cierto, eso es algo que ya se inició en los últimos años de gobierno soviético.
Estoy seguro de que occidente no estaba interesado en el desarrollo de Letonia. Enviaron a sus emisarios para que seleccionasen aquello con lo que enriquecerse y al mismo tiempo ahogar a la competencia. Ambas tareas fueron cumplidas con éxito. En general, los occidentales ven a las antiguas repúblicas soviéticas, como meras colonias, privadas de  derechos, donde se puede hacer aquello que ellos tienen prohibido en sus países. Un ejemplo que ha pasado desapercibido, pero que es bien elocuente: el modo en que los amos europeos occidentales equipan las grandes granjas porcinas en sus países y en Letonia. Yo he tenido oportunidad de ver como en Bélgica equipamientos similares se construyen cumpliendo toda la normativa ecológica, evitando así que se produzca un olor desagradable, por muy cerca que estés. Lógicamente sale más caro. En Letonia, un empresario danés, atraído por lo barato de los terrenos, ha levantado a las afueras de Aizpute, una granja porcina con un gigantesco depósito de purines a cielo abierto, lo que provoca que el aroma se propague varios kilómetros a la redonda. ¿A que hay diferencia?

Tuve la oportunidad de leer una investigación de científicos alemanes, llevada a cabo en colaboración con la Academia letona de ciencias: sus autores demostraban que la destrucción de un sector agroindustrial, como el letón, que funcionaba bien, era  algo perfectamente evitable.

Sin ir más lejos, el koljos de Tervete, sigue funcionando a día de hoy, convertido en una empresa diversificada de éxito. ¿Qué impedía hacer lo mismo con el resto de koljoses?

Una serie de antiguos colegas suyos del Partido Comunista, han hecho una exitosa carrera política en la Letonia actual. ¿Por qué se negó usted a abandonar ese barco que se hundía, aunque luego lo tuviese que pagar con seis años de cárcel?

El cómo actuar en cada situación es algo que evidentemente depende de la elección individual de cada uno. Yo no podía renegar de los ideales a los que había jurado fidelidad. Los que cambiaron de chaqueta, fueron gentes sin convicciones, que siempre estarán con el que sea más fuerte en cada momento. Yo me siento más próximo a los que están dispuestos a aceptar las hogueras de la inquisición con las palabras: “Y sin embargo gira”. Estoy con aquellos, que se negaron a delatar a sus camaradas partisanos, siendo torturados en los calabozos de la Gestapo.

¿Cómo valora usted las perspectivas de la idea socialista en el mundo contemporáneo?


Estoy convencido de que la vía socialista de desarrollo es el futuro, no el pasado. Porque si vemos como vive el mundo en la actualidad, resulta evidente que así no puede continuar por mucho tiempo: Infinidad de conflictos bélicos locales, contaminación generalizada de la naturaleza, la discordia por motivos de raza o religión, el empobrecimiento de amplias masas populares. Los capitalistas no están interesados en resolver todos estos problemas, solo les interesa el beneficio a corto plazo. Los pueblos merecen una vida mejor de la que tienen ahora.

Fuentes: http://www.sinpermiso.info/textos/index.phpid=3116 , http://www.postsovietico.blogspot.com.es/2012/02/748-contra-la-oficialidad-del-ruso-en.htmlhttp://www.sovross.ru/modules.php name=News&file=article&sid=590170 , http://lamanchaobrera.es/el-colapso-de-la-urss-es-algo-que-se-podia-haber-evitado/




Korsakov - Boikot:


domingo, 22 de diciembre de 2013

El socialismo en Albania y el retroceso capitalista

Enver Hoxha y la revolución albanesa

Introducción

Enver Hoxha, líder comunista albanés, es uno de los personajes más desconocidos y a la vez más controvertidos de Europa del Este durante la Guerra Fría. Existe poca bibliografía acerca de este personaje, tanto en libros como en internet, y las pocas fuentes que hay son hostiles. Por ello considero interesante escribir esta serie dedicada al líder albanés, aunque sea visto desde mi perspectiva. Personalmente, considero que Enver Hoxha fue uno de los mayores líderes del Bloque del Este y un valioso pensador marxista-leninista. Eso no quiere decir que defienda todas sus acciones o pensamientos, y hablaré de ello cuando llegue el momento.

Entre las fuentes que emplearé para esta serie, han sido de utilidad los apuntes del profesor José Manuel Cuenca Toribio, que realiza una buena descripción de cada uno de los países del Bloque del Este, pese a algunos matices anti-comunistas. Además, la hemeroteca virtual de El País ofrece información valiosa sobre Albania a partir de los años 70. No obstante, la fuente principal son las “Obras Completas” de Enver Hoxha.

Hoxha nace el 16 de octubre de 1908 en Gjirokastra (Albania), en el seno de una familia de comerciantes musulmanes. Entre 1917 y 1923 realiza sus estudios secundarios. En 1924 llega al poder el rey Zog I, transformando la republica albanesa en una monarquía. Éste realizará un acercamiento a la Italia Fascista, de tal manera que en noviembre de 1926, Italia tendrá potestad de intervenir en los asuntos internos de Albania.

Mientras tanto, Hoxha viaja a Francia y se matricula en la Facultad de Ciencias Naturales de Montpellier. Es en esta etapa donde se instruirá con obras literarias, históricas, filosóficas y de teoría marxista-leninista, asistiendo además a las conferencias celebradas por el Partido Comunista Francés. Comenzó a participar en el periódico L´Humanité, donde denunció al régimen del rey Zog I, tras lo cual, éste suspendió su beca. Hoxha tuvo que buscar empleo en Francia para acabar sus estudios, planteándose además estudiar Derecho. Viajó hasta Bélgica, donde consiguió trabajo en el consulado albanés, matriculándose en Derecho. Pierde su trabajo a consecuencia de su militancia política.

 En 1936 regresa a Albania, donde comienza a trabajar como profesor. Ingresó en las Brigadas Internacionales para combatir al Fascismo en España. Sin embargo, la acción pronto se produciría en Albania.

Segunda Guerra Mundial

 El 7 de abril de 1939, las tropas fascistas italianas invaden Albania, siendo destronado Zog I. En ocasiones, los reyes en Europa del Este eran tratados como marionetas. Un ejemplo de ello sería Miguel I de Rumanía, marioneta en manos de Hitler.
                                                                               
 Los italianos explotaban los recursos de Albania: petróleo, minerales, maíz, ganado, madera… Esto tendría consecuencias negativas para Albania, ya que era un país bastante pobre y con un sistema casi feudal. Las protestas pacíficas no tardarán en surgir mediante manifestaciones y huelgas. De forma paralela, va a surgir la resistencia armada liderada por Hoxha.

 Su labor fue determinante para la creación del Frente de Liberación Nacional, siendo su primer comisario político. En el mismo se agrupaban todos los demócratas, al margen de sus ideologías políticas o religiosas. La sola labor de este frente, al igual que en el caso de Yugoslavia, provocó la derrota de los fascistas en Albania, sin necesidad de la intervención del Ejército Rojo. Sin embargo, también hay que señalar que los partisanos albaneses recibieron material de ayuda por parte de los Aliados y colaboraron mano a mano con sus homólogos yugoslavos:

“Apreciamos en su justo valor la ayuda concedida por los Aliados con el envío de material bélico, etc; que juzgamos indispensable para nuestra lucha”. (“Obras Completas”, 1943)

“En toda su lucha de liberación nacional, nuestro pueblo ha estado apoyado por la heroica lucha de los pueblos de Yugoslavia. Nuestros pueblos vecinos y hermanos, desde los primeros días de la ocupación de su país, se han empeñado en una resuelta lucha de liberación. Nuestro ejército y el ejército yugoslavo están derramando juntamente su sangre (…)”. (“Obras Completas”, 1944)

El propio Winston Churchill llegó a alabar la obra de los partisanos albaneses:

“Miles de albaneses se baten en sus montañas por la libertad y la independencia de su país y, según las informaciones que nos suministra la misión militar británica en Albania, están realizando brillantes acciones”. (4 de noviembre de 1943)

En esta lucha contra el Fascismo, Hoxha va perfilando sus ideas acerca de la emancipación de la mujer, el valor de la alfabetización o la necesidad de nuevas instalaciones sanitarias:

“La mujer debe emanciparse. Entre nosotros colaboran a través de las armas y como enfermeras” (“Obras completas”, 1943)

“Se están organizando cursos para analfabetos y creando centros de cultura para elevar el nivel cultural del pueblo. En el terreno de la cultura y de la propaganda se organizan en todas partes reuniones y mítines, se fortalece nuestra prensa, se crean grupos musicales y teatrales para educar y elevar el espíritu de nuestro pueblo”. (“Obras Completas”, 1944)

“Se está haciendo todo lo posible por crear consultorios y hospitales, se organizan cursos para enfermeros a fin de proteger la salud del pueblo y del Ejército”. (“Obras Completas”, 1944)

Finalmente, en noviembre de 1944 tiene lugar la liberación de Albania. Los partisanos del Frente de Liberación Nacional llegaron a dominar la mayor parte de Albania, excepto algunas pequeñas zonas controladas por las tropas partidarias del rey Zog I.

Esta guerra costó 28.000 muertos, 12.600 heridos, 10.000 encarcelados e internados políticos y alrededor de 60.000 casas incendiadas o destruidas.

Construyendo el socialismo

Una vez derrotados los fascistas y teniendo en cuenta los graves daños provocados a consecuencia de la guerra, era vital una pronta reconstrucción de Albania. A finales de 1944 se crea un gobierno provisional del que Hoxha sería su primer ministro. Lleva a cabo medidas contra los criminales de guerra, además de la nacionalización de las minas, bancos y empresas extranjeras.

En 1945 comienza una de sus acciones más valiosas: La Reforma Agraria. El sistema agrario albanés era básicamente feudal, siendo abolido por esta reforma. Se expropió extensas tierras a grandes terratenientes (gran parte de ellos eran eclesiásticos) y se creó un Banco Agrícola con la finalidad de ayudar a los campesinos pobres con créditos e instrumentos de trabajo.

El 2 de diciembre de 1945 se celebran elecciones. El Frente Democrático, creado por Hoxha, alcanza un porcentaje aplastante del 93% de los votos. No es de extrañar su popularidad teniendo en cuenta la heroicidad de Hoxha en la guerra o las medidas populares que llevó a cabo durante el gobierno provisional. Finalmente, el 11 de enero de 1946, Albania se convertiría en una República Popular Socialista.

En estos primeros años tendrá buena amistad y cooperación con la Unión Soviética y su líder Iósif Stalin, además de la vecina Yugoslavia, dirigida por el mariscal Josip Broz Tito. Bajo el gobierno de Stalin, la URSS concedió créditos a Albania para comprar alimento, envió especialistas soviéticos para desarrollar la industrialización y concedió becas a estudiantes y militares albaneses para cursar estudios.

Con Tito originalmente tenía buenas relaciones, e incluso fueron buenos aliados durante la guerra, pero pronto cambiaría la situación. Tito propuso a Hoxha unirse como república federada a Yugoslavia, algo que el líder albanés rechazó. Cuando en 1948 el líder yugoslavo rompe con el Kominforn a consecuencia de sus desavenencias con Stalin, Hoxha le acusará de revisionismo y agente del imperialismo, llevando a cabo una purga en su gobierno contra simpatizantes de la vía titoísta. Su obsesión hacia Tito le llevará incluso a acusarle de estar detrás de la contrarrevolución húngara de 1956 o a atribuirle una falsa represión a los albano-kosovares.

“La contrarrevolución fue preparada por los agentes de la banda de Tito en colaboración con el traidor Imre Nagy y los fascistas húngaros, quienes, en conjunto, actuaban abiertamente bajo la dirección de los norteamericanos.” (Discurso contra las tesis revisionistas de Kruschev, pronunciado el 16 de noviembre de 1960).

“(…) que pongan fin a sus crímenes de genocidio contra la población albanesa de Kosovo y Metohia, al terror blanco contra los albaneses de Kosovo, a la expulsión de los albaneses de sus territorios y a su envío en masa a Turquía; pedimos que, conforme a la Constitución de la República Federativa Popular de Yugoslavia, se reconozcan a las minorías albaneses sus derechos. Esa actitud, ¿es chovinista o marxista?” (Ídem)

No obstante, Hoxha reconoció el valor de Yugoslavia cuando ésta condenó la intervención del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia en 1968. En 1978, cuando Albania abría su comercio con países occidentales, Hoxha anunció que, pese a las diferencias ideológicas, el comercio con Yugoslavia se incrementaría.

Siguiendo con la labor de Hoxha en Albania, debemos prestar atención al papel de la Educación, la política social y a la posición de la mujer. Antes de la guerra, el 80% de los albaneses era analfabeto. A partir de ahora, la enseñanza sería gratuita y obligatoria:

“Hay que erradicar el analfabetismo, hacer la escuela primaria obligatoria para todos, tratar de dar a la nueva generación una cultura general sólida, orientar a la mayor parte de la juventud, la más sana, hacia los estudios agrícolas e industriales, formar maestros con una buena preparación y aumentar su número”. (“Obras Completas”, T. II, p. 58)

En 1938 había 643 escuelas primarias en Albania, donde estudiaban sólo un cuarto de los niños albaneses. Durante el gobierno provisional (1945), el total de escuelas era de 928, siendo escolarizados 78.000 alumnos. En 1948 había 1.893 escuelas con aproximadamente 140.000 alumnos. Además, tuvo lugar la formación de grupos teatrales y actividades en las bibliotecas, tanto en áreas urbanas como rurales. La biblioteca de Tirana poseía 65.000 libros antes de la guerra. En 1948 tendría 130.858 volúmenes.

Como política social, la constitución recogió los derechos de los huérfanos y se creó puestos de trabajo especiales para los inválidos. Las personas que contaran con menos recursos, serían los primeros candidatos a la hora de ocupar labores públicas. Se abrió casas de descanso para los trabajadores, se impuso la jornada de 8 horas y se instauró días de descanso.

En relación a la mujer, Hoxha ya habló de la necesidad de su emancipación durante el desarrollo de la guerra, donde las albanesas desempeñaron acciones como guerrilleras y enfermeras. Es durante su gobierno cuando las mujeres obtendrán la igualdad con respecto a los hombres. A pesar de su origen musulmán, Hoxha criticará duramente el uso del velo islámico:

“¿Qué es lo que empuja a algunas mujeres jóvenes y maduras de Shkodra y de Kavaja a salir cubiertas con el velo? ¿Será acaso el deseo de oscurecer su rostro y de ver el mundo negro? No, esto no es lo que verdaderamente desean, puesto que, si nos fijamos, estas mujeres van al trabajo, a los campos deportivos, al cine, al teatro y se quitan el velo solo después de haber comprobado que a su alrededor no hay nadie que las conozca. Hay quien sostiene que esto se debe a la fuerza de la costumbre y a las supervivencias religiosas. Es verdad.

Pero, además, no debe olvidarse que es el miedo de la mujer hacia el marido, el padre o el hermano. (…)Ninguna mujer llevaría velo si su padre, su marido o su hijo le dijeran: “Quítate ese velo que es una cosa horrible para ti, para tu vida y para tu salud, porque no eres menos honesta que las mujeres que van sin él. No es este trapo el guardián del honor de las mujeres, tíraselo a la cara a los otomanos que lo inventaron.” (“Obras Completas”, T. II, p. 473)

¿URSS o China? 

Si buscáis información sobre Enver Hoxha a través de Google o consultáis alguna obra bibliográfica, seguramente lo califiquen como “dictador estalinista” y a la Albania comunista como “régimen estalinista” o “último reducto del estalinismo en Europa”. Es más raro que apliquen el término “estalinista” con otros líderes comunistas como Honecker, Dimitrov o Mao. Y ciertamente, Hoxha admiraba a Stalin. En sus obras es frecuente encontrar citas suyas, al igual que de Marx, Engels o Lenin. Pero el auténtico motivo por el que se le aplica éste término es su oposición al revisionismo soviético iniciado en la Era Kruschev.




El 5 de marzo de 1953 muere Iósif Stalin. Éste siempre había sido generoso con Albania, lo que permitió un considerable desarrollo económico de esta nación. No obstante, bajo el gobierno de Nikita Kruschev, esta ayuda fue suspendida a consecuencia de la oposición de Hoxha a las tesis revisionistas extraídas del XX Congreso del PCUS (1956). En el mismo, se denunció supuestos crímenes y excesos llevados a cabo durante la Era Stalin. En el citado congreso no se invitó a ninguno de los otros partidos comunistas que formaban parte del Kominforn, algo que denunció Hoxha. También estaba en contra de la idea de “coexistencia pacífica” con el bloque capitalista: “El capitalismo y el comunismo son sistemas que se excluyen el uno del otro” (Enver Hoxha en “Eurocomunismo es anticomunismo”)

Hoxha no estaba en contra de revisar los posibles errores cometidos por Stalin, sólo condenaba la forma en que esto se llevó a cabo:

“Tomemos la cuestión de la crítica a Stalin y su obra. Nuestro Partido, como partido marxista-leninista, es plenamente consciente de que el culto a la personalidad es una manifestación extraña y nociva para los partidos y para el movimiento comunista. (…) Estamos enteramente de acuerdo, con que el culto a la personalidad de Stalin como manifestación perjudicial en la vida del partido, debía ser criticado a través de ese prisma. En nuestra opinión, el XX Congreso y, en particular, el informe secreto del camarada Kruschev, no plantearon la cuestión del camarada Stalin de una manera correcta y objetiva, con espíritu marxista-leninista. El resto de países no fueron consultados.” (Discurso contra las tesis revisionistas de Kruschev, 16 de noviembre de 1960)

Así mismo, rechaza ciertas formas de culto a la personalidad que se han desarrollado en torno a su figura:

“Tomemos por ejemplo el culto a la personalidad. Yo pienso que mi nombre se ha exaltado demasiado; en todas partes se han puesto consignas que se refieren a mí y bustos que me representan. Esto no está bien. Pero los errores cometidos no son graves, puesto que en el Comité Central de nuestro Partido siempre ha existido una dirección colectiva.” (“Obras Completas”, T. II, p. 503)

Otro aspecto clave para entender la oposición de Hoxha al revisionismo soviético, es la nueva amistad de Kruschev con la Yugoslavia de Tito. Hasta entonces, el titoísmo era visto como una vía peligrosa en el bloque del Este, ahora la línea ideológica del PCUS lo volvía respetable. Hoxha teme que las armas que vende la URSS a Yugoslavia sean empleadas para atacar a Albania:

“Somos de la opinión de que no debe darse ningún arma a Yugoslavia, porque sería una gran tragedia que el pueblo albanés fuera asesinado por los tanques y los aviones construidos en la Unión Soviética. ¿De quién busca Yugoslavia defenderse con estas armas? Ellos saben que nuestro campo socialista no les atacaría. Es a los países capitalistas a quienes deben temer los yugoslavos. Y si es así, que se separen completamente de ellos y nuestro campo les asegurara incluso esas armas.” (“Obras Completas”, T. II, p. 667)

Todos estos enfrentamientos ideológicos condujeron a que Kruschev cancelara los acuerdos de cooperación con Albania. Según cita Hoxha (es la única fuente que he leído al respecto), Kruschev en otro tiempo le dijo de forma despectiva: “No se preocupen por cereales, lo que ustedes consumen en un año, en nuestro país se lo comen las ratas.”

Así describe Hoxha la actuación de Kruschev:

“Violando los acuerdos firmados anteriormente, suspendió todos los créditos que la URSS le había concedido a nuestro país, retiró todos los especialistas soviéticos de Albania, interrumpió casi por completo las relaciones comerciales sobre la base del intercambio, suprimió las becas de todos los estudiantes civiles y militares albaneses que cursaban estudios en la URSS, anuló todos los planes de colaboración cultural, técnica y científica entre los dos países, estableció un feroz bloqueo de silencio y aislamiento político en torno a la República Popular de Albania y al pueblo albanés y violó los acuerdos en el terreno de las relaciones militares, en una palabra tendió un “cordón sanitario” en torno a la República Popular de Albania” (“Obras Completas”, T. III, p. 381)

Finalmente, Hoxha abandona el COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica) y el Pacto de Varsovia en 1960. En su lugar, va a aliarse con el otro gran gigante socialista del momento: la República Popular China.

Desde 1949, con el triunfo de la revolución china liderada por Mao Tsé Tung, Albania había mantenido relaciones diplomáticas con este país y ambas naciones habían cooperado económicamente. Sin embargo, cuando Albania rompe con la URSS, esta ayuda se va a incrementar: hasta 1976, había alrededor de 2.000 asesores chinos en Albania y una ayuda anual de 100 millones de dólares.

Por entonces, China había tenido sus propias desavenencias con la URSS. Al igual que Hoxha, Mao había criticado duramente las tesis revisionistas de Kruschev, por lo que los soviéticos que habían ido a China para asesorar en su industrialización regresaron a Rusia. Más tarde, en 1969, la URSS y China entrarían en enfrentamiento directo a consecuencia de la reivindicación soberana de la segunda sobre el territorio de Chen-Pao.

Hoxha defendería el derecho de China a poseer la bomba atómica:

“Preguntamos, ¿Por qué la China comunista no debe poseer la bomba atómica?
Estimamos que debe tenerla, y cuando China cuente con la bomba y con cohetes, entonces veremos en qué términos se expresa el imperialismo norteamericano, veremos si continua negándole a China sus derechos en la palestra internacional, veremos si los imperialistas norteamericanos se atreven a blandir las armas como lo han hecho hasta hoy(…) Jamás seremos los primeros en emplear las armas nucleares, estamos en contra de la guerra, estamos dispuestos a destruirlas, pero necesitamos la bomba para defendernos. El miedo guarda los viñedos, dice nuestro pueblo. Es necesario que los imperialistas nos teman, incluso es necesario que nos teman mucho.” (“Obras Completas”, T. II, p. 849)

La relación de Albania con China llegaría a su fin en 1978, dos años después de la muerte de Mao Tsé Tung. Sin embargo, Hoxha comenzó su desilusión con el maoísmo tras observar los resultados de la Revolución Cultural China (1966-1976).

Acusa a Mao de crear un culto a su personalidad a través de esta revolución:

“Sabemos que antes de la celebración del pleno había sido creada y había entrado en acción la “Guardia roja”; es decir que la Revolución Cultural había estallado y el culto a Mao subió con ella al cielo de modo repugnante y artificial, tal como sabéis. Todo fue identificado con Mao; el partido y el Comité Central casi no son mencionados y aparece claramente que “el partido subsiste, lucha gracias a Mao, el pueblo vive, lucha, respira sólo gracias a Mao, gracias a los pensamientos de Mao”. Y lo peor es que el propio Mao no pone ningún freno a este culto.” (“Obras Completas”, T. IV, p. 117)



Que la Guardia Roja pretenda acabar con todo lo viejo le parece un planteamiento equivocado:

“Se crea la impresión de que todo lo viejo, sin distinción, en la cultura china y en la mundial, debe ser rechazado y debe ser creada una nueva cultura, la cultura que ellos llaman proletaria.” (“Obras Completas”, T. IV, p. 119)

Finalmente, critica la actuación general de la Guardia Roja y acusa a sus líderes de emplear a la población más joven (jóvenes de 14 a 25 años) en detrimento de las personas maduras por ser más fácilmente manipulables:

“(…) se dice que destruyen las tumbas de los extranjeros imperialistas y, lo que es más peligroso, que atacan las sedes de los comités del partido, queman bibliotecas, pinturas, destruyen antiguos monumentos, etc. Resulta difícil para nosotros llamar a esta revolución, tal como la desarrolla la guardia roja, Revolución cultural proletaria.” (“Obras Completas”, T. IV, p. 121)

“Pone en acción en primer lugar a la capa del pueblo más exaltada, más ruidosa, más delicada y más mudable en tanto que capa, y no madurada ni curtida por las dificultades de la vida” (“Obras Completas”, T. IV, p. 123)

Albania y el mundo

Sobre Albania se suele decir que fue un país aislado del resto del mundo. En parte es cierto. Tras su ruptura con la URSS, el resto de los países que formaban parte del Kominforn rompió sus relaciones con Albania, quedando prácticamente aislada en Europa. Fue uno de los motivos por los cuales tuvo que recurrir a China, al igual que lo hizo años más tarde el líder rumano Nicolae Ceaucescu. Por otro lado, gran parte de los países capitalistas, como es natural, no estaban muy predispuestos a tener relaciones comerciales con un país comunista. Como es de esperar, esto estancó su economía.

Albania tenía relaciones diplomáticas normales con 35 países, mientras que las relaciones comerciales y culturales eran un número mayor. Entre los países capitalistas, cabe destacar Francia, Italia, Bélgica, Suiza, países nórdicos y escandinavos. Según Hoxha: "Nosotros les respetamos y ellos nos respetan, independientemente de que nuestros regímenes e ideologías sean diferentes” (“Obras Completas”, T. IV, p. 932)

Existían asociaciones de amistad con Albania en Francia e Italia, las cuales trabajaban para que éste país fuera conocido y se estableciera la amistad con ella. Los grandes clásicos y la literatura progresista francesa eran publicaciones habituales en Albania. También el turismo francés en este país fue importante. Por parte de Italia, Albania proyectaba sus películas, publicaban su prensa progresista y transmitían su música en la radio o se interpretaba en conciertos.

También se establecieron relaciones con diversos países africanos y asiáticos, entre ellos Sudán, Túnez, Marruecos, Egipto, Siria, Líbano, Arabia Saudí, Jordania o India. Gran parte de los pueblos árabes respetaban al pueblo albanés por las siguientes razones:

· La mayor parte de la población albanesa era de confesión musulmana.

· Albania es un país que se liberó de sus antiguos invasores (El Imperio Otomano en 1912), así como de la Italia de Mussolini. Los países africanos estaban en fase de descolonización, así que Albania suponía un modelo a imitar.

· Albania era defensora de la causa palestina, así como el derecho de Egipto a nacionalizar el Canal de Suez (1956).

Hoxha era más reticente a mantener relaciones diplomáticas o comerciales con EEUU, Alemania o el Reino Unido, aunque a partir de 1982, se planteó establecer intercambios comerciales con los dos últimos:

“Simpatizamos con los laboriosos pueblos norteamericano, inglés y alemán, pero no con quienes atropellan los derechos, las libertades y la soberanía de los pueblos” (“Obras Completas”, T. IV, p. 932)

En relación a EEUU, Hoxha dice lo siguiente:

“Con los Estados Unidos no tenemos relaciones ya que el Gobierno norteamericano ha mantenido siempre una actitud hostil hacia la República Popular de Albania. (…) Para el reconocimiento del Gobierno albanés y de nuestro régimen popular, el Gobierno norteamericano puso condiciones inaceptables que afectaban a los derechos soberanos de nuestro pueblo. (…) Esto no honra a los Estados Unidos y es incompatible con las tradiciones democráticas de sus presidentes Washington, Abraham Lincoln y otros.” (“Obras Completas”, T. II, p. 530-531)

Hoxha realizó críticas y comentarios a distintos procesos históricos del momento:

· Primavera de Praga


Para Hoxha, las reformas que planteaba el líder comunista checoslovaco Alexander Dubcek, conducían sin remedio al capitalismo. Comúnmente, en la bibliografía se denomina a estas reformas como “socialismo de rostro humano”. Dubcek apostaba por el pluripartidismo frente al sistema del partido único y una prensa totalmente libre, donde las opiniones más reaccionarias podían ser expresadas con libertad.

“El nuevo grupo que ha tomado el poder en Checoslovaquia, es un grupo enemigo del socialismo, un grupo anti-marxista, enemigo jurado del sistema político de la dictadura del proletariado. Cuando afirma que procederá a transformar todo el actual sistema político de Checoslovaquia, eso significa que liquidará incluso las formas supuestamente socialistas o proletarias que conservaba el grupo prosoviético de Novotny. No se trata, pues, de corregir el “régimen socialista” del grupo revisionista de Novotny, sus errores y vacilaciones, sino de transformar radicalmente el régimen político checoslovaco.”(“Obras Completas”, T. IV, p. 480-481)

Sin embargo, a pesar de sus críticas al gobierno checoslovaco, Hoxha fue de los pocos líderes comunistas (junto con Mao, Tito y Ceaucescu) que condenaron la intervención del Pacto de Varsovia en aquel país en 1968. Anteriormente apoyó la intervención en Hungría (1956) por considerarlo legítimo ante un movimiento contrarrevolucionario emprendido por la clase alta del país. Hoxha criticaría al Pacto de Varsovia y a la teoría de la “soberanía limitada” del líder soviético Brezhnev con las siguientes palabras:

“¿Qué derechos políticos, morales, ideológicos y jurídicos tienen los revisionistas soviéticos sobre los revisionistas checoslovacos? ¿Qué derecho tienen a pedirles cuentas y, lo que es peor, a atacar con las armas a la República Checoslovaca y subyugar a su pueblo? ¡Ningún derecho!” (“Obras Completas”, T. IV, p. 518) 

“Para intervenir en un país, es preciso que el gobierno legítimo del mismo solicite oficialmente tal ayuda. Pero resulta que no fueron invitados ni por el gobierno checoslovaco, ni por el presidente de la república, ni por el comité Central, ni por el parlamento. Por lo menos Hitler cuando atacó Checoslovaquia obtuvo por la fuerza la firma del presidente Hasa” (“Obras Completas”, T. IV, p. 519)

“Los sucesores de Krushev llevaron al poder en Checoslovaquia a un nuevo grupo encabezado por un tal Husak, un revisionista con tendencias autoritarias fascista-nacionalistas, un grupo más apropiado que el capitaneado por el revisionista Dubchek.” (“Obras Completas”, T. IV, p. 599) 
“La teoría de la “soberanía limitada” es la teoría del chovinismo y el expansionismo de gran potencia, y mediante ella los nuevos imperialistas soviéticos buscan acabar con la soberanía de los demás pueblos y arrogarse el “derecho soberano” a intervenir donde quieran y cuando quieran.” (“Obras Completas”, T. IV, p. 735)




· Revisionismo polaco

Wladyslaw Gomulka, líder revisionista polaco

Tras la muerte de Stalin, tienen lugar algunos movimientos revisionistas en Europa del Este. Uno fue en Hungría, que acabó con la intervención del Pacto de Varsovia (1956) y en Polonia bajo el gobierno de Wladyslaw Gomulka. Gomulka había formado parte del gobierno provisional polaco tras la Segunda Guerra Mundial y en 1951 ingresó en prisión por su oposición a la colectivización de la tierra que había solicitado la URSS. Ciertamente, Polonia había sido el país de Europa del Este que más conflictos ha tenido con la clase obrera debido a la mala administración de sus gobernantes:

“Gomulka ha atacado el cooperativismo agrícola, pretendiendo que no es rentable. No nos inmiscuimos en sus asuntos, pero debemos afirmar que no estamos de acuerdo con tales puntos de vista. Los errores que hayan podido cometerse en Polonia en el terreno de la colectivización no pueden ser atribuidos a la propia colectivización. (…) Asimismo, en los discursos de Gomulka existe la tendencia a no guardar la debida consideración a los dirigentes de los demás partidos. Se ha atrevido a decir que los primeros secretarios de los demás partidos han sido satélites de Stalin. Sólo las radios reaccionarias hablan con ese lenguaje." (“Obras Completas”, T. II, p. 640-641)

· Corea del Norte y Vietnam

Albania manifestó abiertamente su apoyo a la causa de Corea del Norte y Vietnam frente a las agresiones imperialistas norteamericanas. Sus relaciones con el líder norcoreano Kim Il Sung siempre fueron buenas, aunque en una ocasión llegó a criticar su postura favorable hacia la URSS durante la Era Brezhnev:
“Pensamos que Kim Il Sung y sus compañeros se equivocan en algunas de sus posiciones sobre el revisionismo moderno soviético y, en caso de que no cambien de camino, para desgracia del Partido del Trabajo de Corea y del pueblo coreano, se transformarán en revisionistas modernos como los demás.”(“Obras Completas”, T. IV, p. 79-80)

Sobre su apoyo a Vietnam ante los ataques de EEUU:

“En su heroica lucha, el hermano pueblo vietnamita merece todo el apoyo. Los imperialistas norteamericanos utilizan contra los combatientes sudvietnamitas gases tóxicos y arrojan sistemáticamente bombas mortíferas sobre Vietnam del Norte. Es un deber sagrado de todos los pueblos revolucionarios del mundo defender la justa causa del pueblo vietnamita y ayudarle por todos los medios a conquistar la victoria. (“Obras Completas”, T. III, p. 837)

Sobre el conflicto israelí-palestino

Hoxha, al igual que el resto de los líderes comunistas, apoyaban abiertamente la causa palestina frente al sionismo. Incluso en 1970 llegó a recibir en Albania a una delegación de Al Fatah, organización palestina resistente a la ocupación israelí y liderada entonces por Yasser Arafat:

“La visita de nuestros amigos palestinos alegrará sin duda al pueblo albanés, ya que siente un profundo cariño por todos los pueblos árabes y en especial por el combatiente pueblo palestino. Digo en especial por el pueblo palestino, porque su situación es peor que la de los demás pueblos árabes, sus dificultades y sufrimientos no han acabado y continúan siendo mucho más grandes que los de todos ellos.” (“Obras Completas”, T. IV, p. 611)

Hoxha, por otro lado, avisa que la resistencia palestina no debe desviarse en un odio hacia el pueblo hebreo y pide a la delegación de Al Fatah que repudie a los que mantengan posiciones antisemitas:

“En un discurso de uno de sus dirigentes, que he leído últimamente, he observado que el programa de su organización “Al-Fatah” no va contra el pueblo israelí ni contra la religión judaica, ya que ustedes no son racistas, sino hombres progresistas.(…) En diversos materiales he leído que ha habido palestinos que declaraban que exterminarían a los judíos como pueblo. Un punto de vista semejante no es justo en absoluto; el suyo, por el contrario, lo es, por eso encuentra y debe encontrar en todas partes el respaldo de las fuerzas progresistas (“Obras Completas”, T. IV, p. 616)

· Revolución cubana

Albania apoyaría la revolución cubana por ser un movimiento contra el Imperialismo Norteamericano y la dictadura de Fulgencio Batista. No obstante, Hoxha no considera que este acontecimiento se haya realizado según un planteamiento marxista-leninista:

“Hemos defendido la revolución cubana porque estaba dirigida contra el imperialismo norteamericano. La revolución cubana no se inició sobre la base del marxismo-leninismo ni se desarrolló según las leyes de la revolución proletaria, por las cuales se rige un partido marxista-leninista. Tampoco después de la liberación del país, Castro se encauzó por el camino marxista-leninista, sino que por el contrario, continuó inspirándose en las ideas liberales. Es un hecho, y nadie puede negarlo, que los integrantes de esta revolución empuñaron las armas y ganaron las montañas, pero también es un hecho incontestable que no lucharon como marxistas-leninistas.” (“Obras Completas”, T. IV., p. 519-537)

Ciertamente, la revolución cubana no se desarrolló originalmente con la intención de acabar con el capitalismo e instaurar el comunismo. El propio Fidel Castro hizo declaraciones donde negaba ser comunista. El socialismo llegó cuando Cuba se alinea con la URSS. Sin embargo, Hoxha trata de forma injusta a esta revolución. Si bien no se hizo desde parámetros marxistas, gran parte de los guerrilleros eran de ideología comunista, entre ellos Ernesto Che Guevara. Es hacia esta singular figura sobre la que se van a centrar sus críticas:

“¿Quién era Che Guevara? Cuando hablamos de Guevara, pensamos también en algún otro que se hace pasar por marxista y, en mi opinión, comparado con éste, Guevara era hombre sobrio de palabras. Era un rebelde, un revolucionario, pero no un marxista-leninista, como se pretende presentarlo. Puede ser que me equivoque, como latinoamericanos ustedes conocen mejor a Che Guevara, pero estimo que él fue un combatiente de izquierda. Su izquierdismo es un izquierdismo burgués y pequeñoburgués, entrelazado con algunas ideas progresistas pero al mismo tiempo también anarquistas, lo que a fin de cuentas conduce al aventurerismo.” (“Obras Completas”, T. IV, p. 519-530)

Hoxha condenó el golpe de Estado contra Salvador Allende liderado por el general Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973. Además, usó este caso para denunciar la ingenuidad del revisionismo acerca de la coexistencia pacífica entre el sistema capitalista y el comunista:

“El gobierno de Allende golpeó duramente tanto a la oligarquía nacional como a los monopolios norteamericanos que tenían en sus manos todas las llaves y hacían la ley en el país. El inspirador de esta línea progresista y antiimperialista fue el presidente Salvador Allende, una de las figuras más nobles que América Latina ha dado al mundo, eminente patriota y combatiente demócrata. (“Obras Completas”, T. IV, p. 890).

“Pero su tragedia radica en que confiaba en el recurso a la razón para convencer a las fuerzas reaccionarias de que renunciaran a su actividad y cedieran por las buenas sus antiguas posiciones y privilegios.” (Ídem)

 Eurocomunismo es anticomunismo 

En anteriores capítulos, he hablado de la oposición de Hoxha al revisionismo soviético y chino. Pero además, condenó un subgénero del mismo conocido con el nombre de “eurocomunismo” en una obra escrita en 1979 titulada “Eurocomunismo es anticomunismo”.



Para entenderla, previamente debemos explicar en qué consiste el eurocomunismo. Oficialmente, el eurocomunismo nace en 1977 a través de Santiago Carrillo (Secretario General del Partido Comunista Español), Georges Marchais (del Partido Comunista Francés) y Enrico Berlinguer (del Partido Comunista Italiano). Más tarde surgirían otras corrientes eurocomunistas, pero siempre en situación minoritaria.
Los puntos clave del eurocomunismo son los siguientes:

· Renuncia al marxismo-leninismo, es decir, al carácter revolucionario que debía adoptar un partido comunista. Los eurocomunistas afirman que es imposible realizar una revolución proletaria en los países capitalistas, apostando en su lugar por el reformismo. En palabras de Santiago Carrillo, “considerar el leninismo como el marxismo de nuestro tiempo es algo inaceptable” (IX Congreso del PCE, 1978)

· Rechazo al modelo marxista aplicado en la URSS, es decir, a la dictadura del proletariado.

· Aceptación del sistema parlamentario burgués, con un sistema pluripartidista.

· En el caso del Partido Comunista Francés y en el Italiano (no en el caso español), apoyo a la OTAN.

· Apoyo a la Unión Europea y sus respectivos organismos.

En esencia, se podría decir que el eurocomunismo no es más que una forma de socialdemocracia. Hoxha se plantea el por qué de la degeneración de estos tres partidos. Afirma que el error estuvo en no haber ligado su combate antifascista con su lucha por el socialismo, al contrario que los comunistas del Este de Europa:

“En cambio, los partidos comunistas de Europa Occidental no se mostraron capaces de aprovechar las situaciones favorables que habían creado la Segunda Guerra Mundial y la victoria sobre el fascismo. Esto demostraba que no habían comprendido ni aplicado debidamente las orientaciones del VII Congreso de la Internacional Comunista. Este Congreso sustentaba que, al oponerse y combatir al fascismo, se irían creando en condiciones determinadas también las posibilidades de formar gobiernos de frente único, totalmente diferentes de los gobiernos socialdemócratas.” (“Eurocomunismo es anticomunismo”, p. 26)

Ciertamente, el Partido Comunista Francés había llevado a cabo la resistencia contra el nazismo en el Interior de Francia, mientras que la “Francia Libre” de Charles De Gaulle la dirigía desde el exterior. Sin embargo, fue De Gaulle quien se llevó el mérito de todo:

“El Partido Comunista Francés llevó adelante la lucha antifascista que él mismo dirigía, pero no la convirtió en lucha revolucionaria de todo el pueblo. Y no sólo esto, sino que consideró más viable y más «revolucionario» rogarle a De Gaulle que aceptara en su comité «Francia Libre» a un representante suyo. En otras palabras venía a decir: «Por favor, señor De Gaulle, acépteme también a mí en su comité»; «Señor De Gaulle, el Partido Comunista Francés y las fuerzas guerrilleras se ponen bajo su mando y el del comité «Francia Libre»; «Señor De Gaulle, los comunistas no tenemos intención de hacer ninguna revolución, ni de tomar el Poder, sólo queremos que en la Francia del mañana se dé el viejo juego de los partidos, el juego «democrático», que también nosotros pasemos a formar parte, de acuerdo al número de votos, del futuro gobierno» . (Ídem, p. 28)

Los comunistas italianos, que tanta importancia tuvieron en su lucha contra el Fascismo (así lo recuerda la célebre “Novecento” de Bertolucci), llegaron a dominar la totalidad del Norte de Italia, pero cometieron el mismo error que los franceses:

“Mientras que en el Norte, la lucha del partido evolucionaba en general en una vía correcta, que no sólo podía conducir a la liberación del país sino también a la instauración del Poder popular, en el Sur y a nivel nacional, el partido no planteaba en absoluto la cuestión de la toma del Poder. Sólo postulaba la formación de un gobierno fuerte y con autoridad y no luchaba por el derrocamiento de la monarquía y de Badoglio.(...) El partido estaba por una solución parlamentaria en el marco de la legalidad del orden burgués. Su máxima pretensión era participar en el gobierno con dos o tres ministros.”(Ídem, p. 29-30)

“De esta forma, el Partido Comunista Italiano se fue introduciendo en las combinaciones políticas burguesas y comenzó a hacer sucesivas concesiones sin principio. En vísperas de la liberación del país, poseía una gran fuerza política y militar, que no supo o no quiso aprovechar, quedando, por propia voluntad, desarmado ante la burguesía. Renunció a la vía revolucionaria y se introdujo en el camino parlamentario, que lo fue transformando gradualmente de un partido de la revolución en partido burgués de la clase obrera por reformas sociales.” (Ídem, p. 30)

El partido eurocomunista que más detesta Hoxha es el PCE. Ciertamente, tuvo conflictos con Dolores Ibárruri, alias La Pasionaria, porque éste no adoptó la política revisionista de Kruschev. Quisiera aclarar que La Pasionaria fue una importante militante antifascista y una intelectual que merece la pena ser leída, pese a los errores que pudiera haber tenido con Hoxha. Él mismo conoció en primera persona la Guerra Civil Española al combatir con las Brigadas Internacionales contra Franco. Sin embargo, el personaje sobre el que más centra sus críticas es Santiago Carrillo:

“Al haber desaparecido en la lucha armada y bajo los golpes del terror fascista los elementos más sanos, más preparados ideológicamente, más resueltos y valientes, en el Partido Comunista de España cobró supremacía y ejerció su influencia negativa y destructora el elemento cobarde pequeño-burgués e intelectual como Carrillo y compañía. Estos fueron transformando gradualmente al Partido Comunista de España en un partido oportunista y revisionista.” (Ídem, p. 32)

Acusa al PCE de humillarse aún más que los otros dos partidos eurocomunistas:

“Pero el Partido Comunista de España no tenía todavía un status legal, razón por la cual desplegaría grandes esfuerzos, ya en vida de Franco, para lograr su legalización. Ni el franquismo ni Franco permitieron tal cosa. Tras la muerte de Franco, con el acceso al Poder del rey Juan Carlos, Carrillo consiguió algunos resultados de cara a la legalización del partido. Pero, para obtener ésta, tuvo que hacer declaraciones y concesiones de principio de tal magnitud que ni siquiera el Partido Comunista Francés y el Partido Comunista Italiano se habían permitido hacer ante la burguesía capitalista de sus propios países. Para entrar en España y legalizar su partido, Carrillo aceptó reconocer al régimen del rey Juan Carlos, incluso llegó a elogiarlo, a calificarlo de régimen «democrático», admitió la monarquía y su bandera. Después de esta sumisión, los monárquicos le dieron carta blanca.”

“En las diversas elecciones que se han celebrado en España, el partido de Carrillo no ha conseguido más que un 9 por ciento de votos, y apenas unos pocos escaños en el parlamento. Esto para Carrillo ha sido una «gran victoria democrática que cambiará la imagen de España» (...) Han arrojado por la borda la bandera roja de la revolución y han pisoteado sin la menor vergüenza la sangre derramada por decenas y cientos de miles de héroes en la Guerra de España.” (Ídem, p. 42)

No es de extrañar, además, que la animadversión hacia el PCE tuviera que ver con la amistad de éste con países como la Yugoslavia de Tito, la China de Mao o la Rumanía de Ceaucescu.

Entre los aspectos generales que critica del eurocomunismo, señala lo siguiente:

· Los eurocomunistas realizan sus acciones dentro de la legalidad burguesa:

“Ahora bien, ¿a dónde pretenden llevar a la clase obrera italiana los revisionistas de Berlinguer? «Luchemos, afirman, en el marco de la Constitución republicana». Y la burguesía les dice: «Dentro de los barrotes de mi Constitución, luchen cuanto quieran, esto poco me importa». (…)Este partido se ha transformado en una institución del Poder burgués para apagar el espíritu revolucionario de la clase obrera, eclipsarle la perspectiva socialista, impedir que se haga consciente de la situación lamentable en que se encuentra y se alce en una resuelta lucha para derrocara la burguesía.” (Ídem, p. 53)

· El eurocomunismo concibe un socialismo en el que se entrelazan elementos socialistas y capitalistas:

“En su «socialismo» habrá cabida para la «propiedad socialista» y para la propiedad capitalista, existirán pues clases explotadoras y explotadas, a la par del partido de la clase obrera existirán también partidos burgueses, la ideología proletaria convivirá con las otras ideologías, el Estado en dicho «socialismo» será un Estado donde todas las clases y todos los partidos tendrán poder.” (Ídem, p. 56)

· El eurocomunismo apoya la OTAN. Erróneamente acusa a Carrillo de apoyarla, aunque en los otros dos casos acertó:

“Ahora los revisionistas italianos no sólo insisten en que Italia siga en la OTAN, sino que se han hecho más atlantistas que los democristianos y los otros partidos burgueses pronorteamericanos. «La permanencia de Italia en la Alianza Atlántica, dicen los revisionistas italianos, se debe a la necesidad de conservar el equilibrio de potencia del cual depende la salvaguardia de la paz en Europa y en el mundo.» (Ídem, p. 72)

“Tampoco los revisionistas franceses se diferencian de sus hermanos italianos en lo que respecta a su fidelidad a la OTAN, pero para ir al unísono con los giscardianos o los gaullistas defienden también la posición preferencial que debe tener Francia en estas organizaciones. A su vez, el partido de Carrillo no ceja en sus intentos de convertirse en el abanderado del ingreso de España en la OTAN. Así, el frustrado sueño de Franco podría realizarse al fin.” (Ídem, p. 73)

· El eurocomunismo, al contrario de lo que pensaba Lenin, no concibe al Estado como la estructura de poder de la burguesía:

“Carrillo intenta «demostrar» que el actual Estado de los países capitalistas no representa el Poder de la burguesía, su aparato represivo para proteger su propiedad y su dominación, sino un Poder por encima de las clases, de todas las clases. No consiguiendo hacer pasar lo negro por algo completamente blanco, admite que en todo caso existe una cierta preponderancia de la burguesía en este Poder, que la considera una reminiscencia de las condiciones históricas en que ha surgido este Poder, pero que en los actuales momentos puede remediarse.” (Ídem, p. 96)

Finalmente, Hoxha llama la atención al respecto de la publicidad que los medios de comunicación burgueses realizan para los partidos eurocomunistas, que no es precisamente casual:

“La publicidad que la gran prensa burguesa, los trusts de publicaciones, la radio y la televisión han desplegado en torno a los escritos, los libros, los discursos y los congresos de los revisionistas, es realmente sorprendente. Tipos como Berlinguer, Marchais, incluso Carrillo, han sido transformados por la gran máquina propagandística en personajes que aventajan no sólo a las «estrellas» de cine, sino también a los papas y a los jefes de Estado de los más grandes países. (…)


Toda esta publicidad, todo este ruido testimonia el gran júbilo de la burguesía, que ha encontrado celosos servidores dispuestos a combatir, desde la izquierda, como ellos dicen, al comunismo, en unos momentos en que sus armas del anticomunismo declarado estaban oxidadas y eran inservibles.” (Ídem, p. 45)

Albania, Estado Ateo

Uno de los aspectos más polémicos de la Albania de Hoxha, es la prohibición de los cultos religiosos. Sobre esta cuestión hay pocas fuentes bibliográficas fiables (el propio Hoxha sólo le dedica un par de fragmentos dentro de sus Obras Completas), ya que la mayor parte están condicionadas por la hostilidad al comunismo o la figura de Hoxha. Trataré de esclarecer el tema lo mejor que pueda, haciéndome responsable de los errores o falta de información del mismo.




En 1967, en Albania se ilegalizan todos los cultos religiosos. Así, en la constitución albanesa de 1976, este país se presenta como el “primer país ateo del mundo”. Pero, ¿cómo se llegó a este punto?

Albania era un país donde se practicaban diversas religiones. La mayor parte de la población (un 70%) practicaba el Islam. Esto era debido a que este territorio había formado parte del Imperio Otomano hasta 1912, año en que alcanza su independencia. El propio Hoxha nació en el seno de una familia musulmana. Dentro de este grupo, cabe destacar a los bektashi, una orden mística sufí bastante liberal en relación al Islam ortodoxo.

Por otra parte, también tenía mucha importancia el cristianismo, especialmente de la rama ortodoxa (20%). Al igual que el Islam, esta religión llegó por influencia del Imperio Bizantino. Así mismo, también había practicantes del catolicismo, aunque los católicos formaban un número más reducido (10%) en comparación con los ortodoxos y los musulmanes.

Tras la instauración de la República Popular Socialista de Albania, la política del Partido de los Trabajadores de Albania fue la tolerancia religiosa. No obstante, durante el gobierno provisional (1945), al desarrollarse la Reforma Agraria se expropiará grandes superficies de tierra a grandes terratenientes, gran parte de ellos eclesiásticos católicos. Durante la guerra contra los fascistas italianos, Hoxha no había ocultado su animadversión hacia los líderes católicos, a los que acusaban de congratularse con los invasores.

En 1946, Hoxha escribe acerca de la posición negativa de los eclesiásticos con la Reforma Agraria:

“Invocando la Iglesia y a Dios, ocultaban su actividad criminal. Incitaban a los campesinos a que no recibieran la tierra, porque “no era suya”, que “la tierra era de Dios”, que “Dios los maldeciría” y otras patrañas por el estilo. Pero esto no es todo, porque bajo esas consignas fraguaron actos criminales contra el régimen y contra el pueblo e incluso comprometieron a algunas personas simples e ignorantes.” (“Obras Completas”, T. I, p. 667)

No obstante, Hoxha en ese momento apostaba por la libertad religiosa:

“El Frente sigue una política hacia la religión que está en consonancia con las leyes y las disposiciones de nuestra Constitución. Nosotros no prohibimos ni impedimos que la gente crea en Dios y que vayan a la iglesia o a la mezquita. El cura o el almuédano tienen derecho de ejercer sus funciones religiosas y únicamente religiosas. Pero está en oposición a la ley que las iglesias o las mezquitas sean utilizadas como lugares para hacer política, para embaucar a los creyentes.
Los curas o los almuédanos, que son ciudadanos igual que cualquier otro ciudadano de Albania, gozan de libertad para tener sus puntos de vista políticos, pero son responsables de sus actos políticos al igual que todos los ciudadanos de la República”. (“Obras Completas”, T. I, p. 667)

Esta postura no es muy distinta a la que adoptó la Unión Soviética, Cuba o Corea del Norte (a pesar que los dos primeros se autodenominaban “ateos” originalmente para pasar luego al término “laico”). El artículo 124 de la Constitución de la URSS de 1936 dice lo siguiente:

“A fin de garantizar a los ciudadanos la libertad de conciencia, la Iglesia en la URSS está separada del Estado, y la escuela, de la Iglesia. Se reconoce a todos los ciudadanos la libertad de culto y la libertad de propaganda antirreligiosa.”

Algunas fuentes indican que la decisión de Hoxha en prohibir todo culto religioso radica en la influencia de la Revolución Cultural China (1966-1976), que en aquellos momentos prohibió la religión en todo el territorio chino, si bien al llegar los años 70 se suavizó la situación. No obstante, Hoxha no señala nada de esto en sus Obras Completas. Incluso las referencias que hace de la revolución cultural (tal como vimos en el capítulo III de esta serie) son bastante negativas.

Personalmente, pienso que el origen de esta acción radica en un artículo de Lenin titulado “Actitud del Partido Obrero hacia la religión”, publicado en 1909. En este artículo, Lenin afirma que la promoción del ateísmo entre el proletariado no sirve si no es subordinada a la causa socialista.

“Ningún folleto educativo será capaz de desarraigar la religión entre las masas aplastadas por los trabajos forzados del régimen capitalista y que dependen de las fuerzas ciegas y destructivas del capitalismo, mientras dichas masas no aprendan a luchar unidas y organizadas, de modo sistemático y consciente, contra esa raíz de la religión, contra el dominio del capital en todas sus formas.

¿Debe deducirse de esto que el folleto educativo antirreligioso es nocivo o superfluo? No. De esto se deduce otra cosa muy distinta. Se deduce que la propaganda atea de la social-democracia debe estar subordinada a su tarea fundamental: el desarrollo de la lucha de clases de las masas explotadas contra los explotadores.” (“Actitud del Partido Obrero hacia la religión”, p. 5)

Lenin, si bien afirma que la religión es un asunto privado, no considera que sea lo mismo la lucha contra lo que Marx calificó “opio del pueblo”:

“Analicemos ahora las condiciones que han engendrado en occidente la Interpretación oportunista de la tesis “Declarar la religión un asunto privado”. En ello han influido, naturalmente, las causas comunes que engendran el oportunismo en general como sacrificio de los intereses fundamentales del movimiento obrero en aras de las ventajas momentáneas. El Partido del proletariado exige del Estado que declare la religión un asunto privado; pero no considera, ni mucho menos, “asunto privado” la lucha contra el opio del pueblo, la lucha contra las supersticiones religiosas, etc.” (Ídem, P. 9)

Por tanto, Hoxha consideraba la causa del ateísmo como secundaria ante el reto de la construcción del socialismo en Albania, de forma que sólo lo aplicó cuando consideró el momento adecuado. Él mismo lo describe:

“Una persona (…) puede fácilmente encontrarse ante un dilema y decir: ¿por qué nuestro Partido, que es ateo, no mantuvo desde un comienzo hacia la religión, las iglesias y mezquitas, la actitud que mantiene hoy? Esa persona no llega a comprender que el Partido se ha atenido en todo momento y consecuentemente a su concepción atea del mundo, antiidealista y materialista. Pero sólo en la etapa actual de desarrollo, cuando se crearon las condiciones materiales imprescindibles para ello, las amplias masas de nuestro pueblo se transformaron en combatientes conscientes contra la concepción religiosa del mundo y rechazaron las iglesias, las mezquitas y sus dogmas.” (“Obras Completas”, T. IV, p. 668)

Hoxha, sin embargo, es consciente que el ateísmo no se puede implantar de forma radical en unos meses, por lo que su tarea requerirá tiempo:

“¿Fue poco, fue algo conservador la liquidación del poder de la religión con sus organismos y sus cuadros? Se trataba de un edificio secular, espiritual y material. El Partido y el pueblo destruyeron este edificio en el espacio de pocas décadas, aunque la lucha será aún larga hasta erradicar este cáncer de la conciencia de los individuos. No se ha descubierto aún un remedio radical para el cáncer, pero sí para erradicar la religión, y en este sentido, si se lucha de manera consecuente y con convicción, ya no se necesitarán siglos, sino sólo algunas décadas, unas cuantas generaciones. La lucha contra la ideología religiosa está estrechamente relacionada con la lucha contra el imperialismo y el revisionismo, con la lucha por el socialismo y el comunismo.” (“Obras Completas”, T. IV, p. 837)

¿Qué implicaba el ateísmo de Estado albanés?

No era ilegal tener creencias religiosas, (podías creer tanto en Alá como en Cristo), sino las prácticas religiosas que llevaban a cabo un sacerdote cristiano o musulmán. Por este motivo, todas las iglesias y mezquitas de Albania fueron clausuradas. El número de edificios religiosos clausurados en Albania fue de 2496 (2169 mezquitas y 327 iglesias). Todos ellos fueron transformados en museos, teatros, centros deportivos, etc.

Los sacerdotes tuvieron que abandonar sus puestos e integrarse en la vida civil. Algunos de ellos fueron encarcelados. Según recoge una fuente hostil como es El Libro Negro del Comunismo, editado por Stéphane Courtois, hubo dos arzobispos y un jurista musulmán que fueron condenados a muerte. Debido a la escasez de fuentes, no he podido comprobar si es cierto, y en caso afirmativo, si las causas de su muerte son las que ellos citan.

Es interesante el capítulo IV de El socialismo en Albania: un reportero brasileño en el país de Enver Hoxha de Jaime Sautchuck. En el mismo habla de un compañero iraní y musulmán, para el cual resultaba imposible concebir una sociedad sin religión. Ambos acordaron anotar todo gesto religioso que vieran durante el viaje. El iraní vio un crucifijo en el interior de una casa. El autor del libro vio a una anciana hacer el gesto de la cruz, además del testimonio de un alto funcionario del gobierno que afirmó que su madre era creyente.

Por otro lado, los cultos paganos no fueron prohibidos, ya que eran considerados como algo propio del país y no algo traído a través de conquistadores.

Una de las peculiaridades de la promoción atea está en el Museo del Ateísmo de Skodra, en el norte del país. En la URSS existía uno semejante. Según un artículo de El País, en el mismo podíamos encontrar lo siguiente: pruebas de la corrupción de la Iglesia Católica, estampas de la Inquisición, alusiones a Galileo, la figura del Santo Próspero (que en otros tiempos “sangraba”), imágenes de eclesiásticos junto a los invasores italianos o alemanes, etc.

Finalmente, en 1987, dos años después de la muerte de Hoxha, su sucesor Ramiz Alia permitió la celebración de cultos, aunque dentro del ámbito privado. En 1989, éste recibiría con todos los honores a una monja albanesa (aunque residente en la India) llamada Agnes Gonxha Bojaxhiu, más conocida como Teresa de Calcuta. Ésta fue a llevarle un ramo de flores al mausoleo de Enver Hoxha.

Enver Hoxha: Últimos años 

En los años 70 y 80, Albania ya era un país modernizado y con un alto nivel de calidad de vida. Sin embargo, a causa de sus escasas relaciones internacionales, Albania era uno de los países más pobres de Europa. Esta situación empeoraría tras la muerte de Hoxha bajo el gobierno de Ramiz Alia. Cabe señalar que fue el único país europeo que se negó a participar en la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa.



Fue en esta época cuando Hoxha ordena construir un gran número de búnkeres ante una supuesta amenaza de invasión. Recuérdese que la vecina Grecia era miembro de la OTAN, además de la reciente intervención del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia (1968). Lejos de tratarse de una actitud paranoica (como suele afirmarse en distintas fuentes), Hoxha sabía que una supuesta invasión era algo más que posible.

Por ello, construyó alrededor de 750.000 bunkeres en Tirana (capital de Albania), las zonas fronterizas y las zonas costeras. Unos 10.000 obreros se encargaban de construirlos. Según el ex coronel albanés Baki Agolli, “ni una bomba atómica podría destruirlos”. Además, estaban integrados con el paisaje, siendo imposible reconocerlos desde el aire o el mar. Hoy en día es posible ver todos estos búnkeres integrados en la sociedad:

En 1980, Hoxha dimite dejando la presidencia a Ramiz Alia, aunque seguiría siendo el Secretario General del Partido del Trabajo de Albania hasta el año de su muerte (1985). Se retiró de la política a consecuencia de un paro cardíaco que había sufrido en 1973. Posteriormente, en 1980 se le diagnosticó diabetes. Por esta época perdió la capacidad de andar, mostrándose a menudo en silla de ruedas.

En estos años continuó con una gran labor intelectual, escribiendo ensayos sobre teoría marxista y memorias. Se preocupó en esta etapa por la influencia de la cultura en la sociedad:

“Para que el escritor pueda hacer una obra verdadera, describir la realidad y crear personajes de carne y hueso surgidos de la vida, debe ser un observador inteligente y apasionado. Debe examinar la vida y el proceso de desarrollo en todos sus aspectos, de una manera realista, observar su dinamismo y su naturaleza progresiva. Manteniéndose siempre en contacto con las masas, encontraran temas elevados de inspiración, las formas de expresión más vigorosas y queridas por el pueblo. En sus obras deben resaltar las descripciones vivas de gentes sencillas pero grandiosas, gentes que representan el heroísmo, las altas virtudes y los gustos refinados y puros de nuestro pueblo. Solo así estas obras serán leídas con placer por el pueblo, porque reflejaran la autentica realidad de su vida.” (“Obras Completas”, T. II, p. 188)

“La literatura y el arte reflejan las relaciones sociales. Ésta ha sido una verdad de todos los tiempos, desde Homero y la sociedad griega de aquel tiempo hasta el capitalismo, desde los hombres de la época de la Ilustración hasta Gorki, Mayakovsky y la gran revolución de Octubre” (“Obras Completas”, T. III, p. 892)

“Leyendo autores extranjeros de diversos países ha habido de los que me han gustado, como son, por ejemplo, la poesía clásica y las obras de destacados prosistas franceses, etc.; pero hay escritos que no me han gustado en absoluto, como muchas novelas nuevas que han caído en mis manos, y que, aunque me esfuerzo por terminarlas, a decir verdad, he acabado por arrojarlas a un rincón, porque carecen de valor. ¿Qué diría después de las “poesías” modernas que he leído, que son tan ínfimas que cuesta imaginarlo? Al leer tales “poesías” me pregunto: ¿Qué clase de gente es esta que escribe estas cosas?” (“Obras Completas”, T. IV, p. 945)

Con respecto a su sucesión, tuvo problemas con Mehmet Shehu. Éste había sido uno de los más antiguos miembros del Partido de los Trabajadores de Albania. Había combatido junto a Hoxha contra los fascistas italianos y fue líder de la Sigurimi (policía secreta de la Albania comunista). Shehu se opuso a que Hoxha prefiriera a Ramiz Alia antes que a él para desempeñar altos cargos en Albania. Debido a su desobediencia, Shehu fue depuesto de sus cargos, suicidándose el 17 de diciembre de 1981. Según fuentes occidentales (El País, 1982), Hoxha había acusado a Shehu de traición al descubrirse que era un agente de EEUU, KGB y la UDB yugoslava. Pero no existe ninguna referencia a ello en los escritos de Hoxha y como puede observarse, difícilmente podría militar en los servicios secretos estadounidenses y soviéticos a la vez.

Finalmente, Hoxha muere el 11 de abril de 1985 por motivos de salud. Su hermana pensó que una buena forma de homenajearle era la construcción de un mausoleo en su honor en Tirana. Este monumento de forma piramidal está destruido en la actualidad.

Fin del comunismo

Enver Hoxha renuncia al poder en 1980 y le sucede Ramiz Alia, considerado el número 2 del gobierno comunista albanés, siendo elegido por vía parlamentaria. Cuando Hoxha muere en 1985, Alia es nombrado Presidente del Partido del Trabajo de Albania y Jefe de Estado de Albania. En el funeral de Hoxha dijo:

“Albania será siempre fuerte, siempre roja, como tú la deseaste, camarada Enver”.




Irónicamente, Ramiz Alia conduciría a Albania hacia el final del comunismo, ya fuera por incompetencia política, el contexto histórico (desmoronamiento del bloque del Este) o ambas. Albania a mediados de los 80 era oficialmente el país más pobre de Europa, con una renta per cápita de unos 1.000 dólares aproximadamente.

Las reservas de petróleo y minerales, que suponían un 40% de los ingresos de divisas, disminuyeron., y las fábricas empleaban una técnica obsoleta. A consecuencia de esto, Ramiz Alia realizó una apertura económica que se plasmó en la Constitución de 1990. Esta reforma constitucional facilitó el comercio no sólo con países occidentales, sino también con la URSS y Yugoslavia. Además pudo ser admitida en la Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa y en el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Mientras tanto, al igual que en el resto de las democracias populares, surgieron grupos de oposición que lideraron protestas que exigían cambios en las estructuras políticas y socioeconómicas. Por otro lado, debido a la grave situación económica, miles de albaneses emigraron a la vecina Italia. Según fuentes del Gobierno italiano, en 1990 había ya 3.688 albaneses viviendo en Italia, y el número iba en aumento. Por ello, el gobierno italiano acordó recibir sólo a los considerados “exiliados políticos”, despreciando a los exiliados económicos en caso de que no tuvieran contrato de trabajo.

El gobierno albanés protegió militarmente el puerto de Durres para evitar la inmigración masiva hacia Italia. También había inmigrantes albaneses en Grecia y Yugoslavia. El Departamento de Estado de EEUU pidió al gobierno albanés que no reprimiera por la fuerza a los que desearan emigrar del país.

Todo esto condujo a que Ramiz Alia realizara en 1991 una reforma más radical que permitió la legalización de diversos partidos políticos y la celebración de comicios para marzo. El Partido del Trabajo de Albania se refundó en el Partido Socialista de Albania, que gana las elecciones de 1991, siguiendo Ramiz Alia en el poder. Sin embargo, dimite en 1992 debido a las diversas protestas, que culminan en una huelga general. En este mismo año, se convocan nuevas elecciones, donde el Partido Socialista de Albania pierde, subiendo al poder el Partido Democrático, liderado por Sali Berisha. Habría alborotadores que derribarían estatuas de Enver Hoxha. Ramiz Alia sería detenido y juzgado por genocidio y crímenes contra la Humanidad. Permanecería en prisión hasta 1997, muriendo en el 2011 por una enfermedad pulmonar. 

Berisha sería el encargado de instaurar definitivamente el capitalismo en Albania. Su liderazgo se vio debilitado en 1997 a consecuencia de la crisis de los fondos piramidales, que provocaron un levantamiento violento en el país, teniendo que intervenir fuerzas armadas de la ONU. 

La destructiva instauración del capitalismo

El proceso de degeneración del socialismo y restauración del capitalismo en Albania tuvo como elemento fundamental el proceso de degeneración del propio Partido del Trabajo. En el presente texto, un discurso de 1997 en Italia, Nexhmije Hoxha realiza una descripción de algunos momentos importantes de la crisis del PTA y de Albania. Había sido recién liberada de la prisión de cinco años, a la que fue arrojada por la reacción fascista, y se encontró con el pueblo albanés en insurrección. La autora reconoce que hasta entonces nadie, ni ella misma, ha realizado el análisis profundo de lo que ocurrió y seguía ocurriendo en Albania. Este texto sólo puede ser considerado como una descripción incompleta y breve de lo que aún queda por analizar. 


De cómo el Partido del Trabajo de Albania se alejó de sus posiciones marxista-leninistas
Nexhmije Hoxha
Discurso pronunciado en la ciudad italiana de Teramo
(1997) 

Se sabe que uno de los principios fundamentales del comunismo es el papel dirigente del Partido Comunista en la organización, dirección y realización exitosa de la revolución proletaria y de la construcción del socialismo. 

La experiencia y la realidad de Albania atestiguan la consistencia de la tesis leninista, no sólo desde el punto de vista teórico sino también del práctico. Desde la fundación del Partido del Trabajo de Albania en 1941, el pueblo albanés luchó contra los ocupantes nazifascistas, bajo la dirección de ese partido y del camarada Enver Hoxha, desarrolló paso a paso la revolución popular, estableció el poder de democracia popular según los principios de la dictadura del proletariado, y construyó el socialismo.  

No voy a detenerme aquí en el período de 45 años de la construcción del socialismo en Albania, ya que los resultados obtenidos bajo la dirección del Partido del Trabajo y del camarada Enver Hoxha son más o menos conocidos, y el tiempo del que dispongo no me lo permite. En realidad, tengo en mente exponer los aspectos negativos de la dolorosa experiencia de Albania, de lo que sucede cuando el partido de la clase obrera abandona la lucha por la defensa de los principios leninistas, se deja atraer por las consignas y las alternativas de los revisionistas modernos, renunciando así no sólo a su papel hegemónico sino llegando hasta el punto de negarse a sí mismo. 

¿Cómo sucedió todo esto? ¿Por qué el Partido del Trabajo de Albania se alejó de las posiciones marxista-leninistas? 

En 1985, el pueblo albanés y el Partido del Trabajo perdieron a su guía, Enver Hoxha. Fue precisamente en 1985 cuando en la Unión Soviética Mijaíl Gorbachov se puso al frente del Estado soviético y con sus ideas sobre la Perestroika y la Glasnost, fue, de hecho, más allá que el revisionista antileninista y antistalinista Nikita S. Jruschov. 

Enver Hoxha no vivió para luchar contra Gorbachov, pero hasta sus últimos días luchó con la ejemplar determinación de un gran revolucionario marxista-leninista, denunciando abiertamente los peligros que el revisionismo moderno causaba al movimiento obrero, y en especial los peligros provenientes del revisionismo alimentado e inspirado por la dirección del primer primer país de la revolución proletaria, de la edificación socialista y comunista. Con respecto a su país, Enver Hoxha no se limitó únicamente a esta lucha en el plano ideológico, sino que siempre denunció el peligro que amenazaba la independencia de Albania socialista en los planos económico, político y militar, derivado de las intenciones de la nueva superpotencia imperialista soviética. 

A la llegada de Gorbachov al frente de la Unión Soviética, con sus reformas tan aplaudidas como exageradas por los círculos imperialistas, por las cancillerías occidentales y por la prensa burguesa mundial, aparecieron las primeras grietas en el país creado por Lenin y Stalin, en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en el país que había salvado al mundo de la Alemania nazi, que fue la esperanza de los pueblos del mundo y del movimiento obrero internacional, que siempre había apoyado sus luchas por la libertad, la independencia, por sus derechos nacionales y sociales. Gorbachov y sus colegas no sólo atacaron las bases del Estado creado por la Revolución de Octubre, sino que sirviéndose de sus teorías antileninistas, destruyeron los lazos fraternales y las situaciones internas en los países de democracia popular. Le dijeron al imperialismo norteamericano y al gran capital occidental: “hagan lo que quieran”. 

Gorbachov afirmó su traición antileninista con el discurso que pronunció hace diez años, con motivo del 70º aniversario de la Revolución de Octubre. Para nosotros está claro todo lo que ocurrió y sigue ocurriendo en la antigua Unión Soviética después de esa estrepitosa caída y del apartamiento de la línea leninista, caída que el propio Gorbachov no pudo resistir, dando paso a los Yeltsin para que éstos consumen la traición hasta el fin, reduciendo a la Unión Soviética a un país sin el peso político y militar que tenía, abandonándola en un completo caos económico, moral y social. 

Pero es el momento de hablar de mi país, donde ha ocurrido un desastre sin precedentes. Que yo sepa, nadie hasta la fecha ha realizado un análisis profundo y general de lo que ocurrió y sigue ocurriendo en Albania. No es fácil hacer este análisis debido a que los factores internos y externos son numerosos, y los vínculos entre ellos son obvios, pero también es indiscutible que hubo entre bastidores escenarios y planes imaginables pero que hasta el momento se desconocen. 

Yo misma no me dediqué a ese trabajo, porque después de 1991 estuve presa durante más de cinco años, y cuando apenas había sido liberada ocurrieron los indeseables sucesos de 1997, período en el cual estuve prácticamente aislada, siendo imposible moverme y encontrar a quién yo quisiera. Pero de lo que pude entender y seguir de los acontecimientos en Albania, trataré de presentar de manera incompleta, sólo algunos momentos cruciales que influyeron en la crisis de Albania. 

No voy a detenerme en la descripción de los antecedentes históricos y de las circunstancias que influyeron en la crisis de Albania, ni en la catastrófica situación resultante. 

En sus análisis el camarada Enver Hoxha subrayó que el establecimiento de los revisionistas en el poder llevaría a la degeneración del socialismo y a la restauración del capitalismo, que esos partidos estaban en el fango de la socialdemocracia, que el revisionismo moderno se convertiría en un nido de gatos. El curso de los acontecimientos que estamos viviendo le da completamente la razón con respecto a estas predicciones. 

Por desgracia, su Partido no se adhirió estrictamente a las enseñanzas leninistas sobre el indiscutible papel dirigente del Partido como vanguardia de la clase obrera. No valoró la importancia de sus advertencias sobre los peligros del revisionismo moderno resucitado que amenazaba al socialismo en los países donde se estaba construyendo y a todos los partidos comunistas y obreros del mundo.




La dirección de nuestro Partido se separó de nosotros en el momento en que las fuerzas políticas de la gran burguesía capitalista de los países industrializados estaban en el apogeo de su actividad para asestar un golpe demoledor a las fuerzas comunistas, sobre todo en los países en donde éstas estaban en el poder. 

Es de esta manera que la presión euro-atlántica también se hizo sentir sobre nosotros. Funcionarios de alto rango llegaban a Albania e insistían en que “Albania cambie de vía”. La respuesta de nuestra dirección era: “Albania debe ser aceptada tal como es” (se trataba de la Comunidad Europea, del Convenio de Helsinki, OSCE, etc.). Sin embargo, “el cuartel general” anticomunista, bajo la dirección de los Estados Unidos, que organizaba la última batalla para derrocar el sistema “socialista-comunista” en la Unión Soviética y en los países de Europa del Este, no podía soportar la obstinación de los albaneses. Organizó, entonces, una quinta columna. Las amenazas políticas y económicas llegaban así, tanto del Este, de los “ex-amigos”, como del Oeste, y se sucedían una tras otra. 

Era la época en que caía el Muro de Berlín. En Rumania ocurrían los procesos y los fusilamientos espantosos. La Red Italiana de Televisión (RAI) continuaba engañando a los jóvenes albaneses con la publicidad de una vida paradisiaca. 

Los comunistas honestos se esforzaron por mantener, durante el año 1990 y con toda la firmeza posible, las principales posiciones encarnadas en la Constitución de la República Popular de Albania del año 1976, que Enver Hoxha nos dejó como legado. 

La verdad es que durante este período la situación económica del país no era satisfactoria debido a razones objetivas y subjetivas, que no voy a mencionar aquí. Los elementos que organizaron manifestaciones turbulentas en nombre de la democratización del país, atrajeron el descontento de muchos colectivos de la clase obrera, a los que ya no se aseguraba la materia prima para la producción, y de los jóvenes que no encontraban trabajo como antes. 

Nos encontrábamos bajo una extraordinaria presión, tanto interna como externa. Se insistía especialmente en la revisión de la Constitución, se exigía la supresión del papel dirigente del Partido del Trabajo y la permisión del pluralismo político; la supresión de la ideología marxista-leninista como guía de nuestro Partido y de nuestro Estado; la introducción en el país de sociedades anónimas y créditos externos; el establecimiento de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos; la apertura de las instituciones religiosas; y la liberación de los presos políticos. 

Entre todas estas exigencias, había algunas que podíamos aceptar, pero eran de importancia secundaria. Se exigía que renunciáramos a la vía marxista-leninista, al socialismo, que retrocediésemos al pasado, que restaurásemos el capitalismo, con todos sus fundamentos y estructuras. En medio de esta encrucijada, la dirección del Partido se encontraba en discordia. La mayoría era fiel a la línea de Enver Hoxha. Lo mismo ocurrió en las organizaciones del Partido. Sin embargo, el Primer Secretario del Comité Central y otros dirigentes no compartían el mismo punto de vista. Él tomó dos decisiones fatídicas para el Partido: primero, en un discurso personal, sin pedir la aprobación del Buró Político, sin someterse a la votación del Pleno del Comité Central, dio la orientación de abrir las reuniones de las organizaciones del Partido a cualquier persona que quisiera participar, dándole el derecho a intervenir en los debates pero sin la obligación de los miembros del Partido. Por lo general, en las reuniones de las organizaciones de base de las empresas, escuelas, cooperativas, etc., e incluso en las sesiones plenarias del Comité Central, en que se discutían importantes problemas económicos y científicos, siempre se invitaba a expertos de reconocido prestigio que no eran miembros del Partido, pero nunca a cualquiera que lo quisiera, como si las organizaciones del Partido fuesen clubes con entrada libre. Los comunistas reaccionaron mal frente a esta decisión. De hecho, la vida del Partido fue destruida y, durante los acontecimientos posteriores, éste llegó a ser liquidado para ser sustituido por un nuevo partido, que en el X Congreso de junio de 1991 tomó el nombre de Partido Socialista. La mayor parte de los comunistas, así como la mayoría de los delegados, creyó que este partido sería el continuador del Partido del Trabajo e incluso propusieron diferentes nombres, como Partido Renovado, etc. En ese mismo Congreso se dio el segundo golpe demoledor al Partido del Trabajo. Me refiero a cómo se preparó el Congreso, cómo se desarrolló, a sus entre bastidores, y sobre todo a la elección del nuevo Comité Central y a los poderes que se le dio.

El Congreso y su informe no fueron preparados por el Comité Central, que era considerado conservador, sino por una comisión especial, en el que participaron los miembros liberales –llamémoslos así– del Comité Central y otras personas nombradas por el Primer Secretario. No habiendo sido aprobada por el Comité Central, sobre todo por sus críticas a Enver Hoxha, la comisión exigió la disolución del Comité Central a sólo cuatro días del inicio del Congreso. No estuvimos de acuerdo porque esto estaba en conflicto con el Estatuto del Partido. La comisión organizó el trabajo de tal manera que en el Congreso se desacreditara a los miembros más antiguos del Buró Político, así como a los comunistas más firmes, haciendo uso de acusaciones bajas sin carácter político y que sirvieron de base a las acusaciones que Sali Berisha les imputó más tarde cuando su gobierno los encarceló. El partido que fue creado en ese Congreso celebró otro congreso en el que fundó un Partido Socialista de tipo occidental, que envió su primer documento a Betino Craxi, de la Internacional Socialista Europea. Es comprensible que, en esas condiciones, el electorado que aún continuaba votando por el Partido del Trabajo quedase desorientado y una buena parte de él diese su voto –en las elecciones del 22 de marzo 1992– al Partido Democrático, diciendo: “veamos lo que este partido va a hacer”. Y el pueblo vio lo que hizo este partido y pagó, al precio de vidas humanas y angustias interminables, la decisión que tomó en esa elección. Durante todos esos años también conoció al Partido Socialista, que, estando en posiciones socialdemócratas, hizo una transición hacia el centro-derecha, como él mismo reconoce, en coalición con otros partidos en el gobierno. 

La mayoría del pueblo, tomando conciencia de su responsabilidad, se levantó en revueltas para recuperar los derechos perdidos. 

¿Qué le dio Sali Berisha a Albania en los cinco años que estuvo en el poder? 

En diciembre de 1990, un grupo de estudiantes universitarios reconocidos por su liberalismo, se lanzó a la empresa de organizar protestas y manifestaciones. Al principio, bajo el pretexto de reivindicaciones económicas. Más tarde, presentaron demandas políticas relacionadas con la democratización del país, la libertad de opinión y de organización. Con los estudiantes se encontraba –enviado por Ramiz Alia, según oímos decir– un cardiólogo y profesor, comunista con una antigüedad de 25 años, secretario del partido en la Facultad de Medicina, Sali Berisha, con el pretexto de tranquilizar la situación. Sali Berisha, originario de las aldeas más remotas del norte de Albania, había ido a Tirana a seguir sus estudios universitarios, financiado por el Estado. Estudió con celo y fue enviado en varias ocasiones a Francia para especializarse. Era un buen médico, pero también ambicioso, autoritario, duro con los amigos. Se decía que se mostraba como un militante muy entregado y valiente porque quería ser elegido miembro del Comité Central del PTA, una meta que nunca pudo lograr, tal vez porque se había casado con una albanesa cuya madre era de Montenegro, vinculada a la OZNA (servicio secreto yugoslavo). Esta fue también la razón por la que jamás fue llamado a consulta médica por Enver Hoxha como frecuentemente se dijo. 

Siempre ambicioso, arribista, olfateando los vientos que soplaban en los antiguos países socialistas de Europa del Este, en la primera ocasión que se le presentó en Albania, se pasó al lado de los estudiantes en revuelta. Dando codazos a los estudiantes y a otros iniciadores del Partido Democrático, se puso al frente de ese partido. 

Sali Berisha no se avergonzaba por haber dado un giro de 180 grados para convertirse de comunista en rabioso anticomunista. Su crueldad aumentó con el tiempo, convirtiéndolo en el primer perseguidor implacable, paranoico, de comunistas. 

Bajo acusaciones absurdas mandó a arrestar, uno tras otro, a los miembros del Buró Político, así como a altos funcionarios del Partido y del Estado, incluyéndome a mí, compañera de Enver Hoxha. Miles de simpatizantes, funcionarios y trabajadores honestos perdieron sus puestos de trabajo, fueron removidos de sus oficinas, de las instituciones, de las escuelas, las reuniones militares. 

Se puso al frente de la oposición, pero no de una oposición política democrática. Las personas serias que comprendieron sus propósitos y sus acciones se alejaron de él. El movimiento de diciembre (1990), que mucha gente llama la Revolución Democrática, bajo la dirección de Sali Berisha, se convirtió en un movimiento fascista antirrevolucionario, en el que él mismo se puso a la cabeza de escuadrones típicamente mussolinianos y hitleristas. Su lema fue: “muerte al comunismo”, la destrucción “a nivel de cero” de todo lo que fue construido por el régimen comunista, porque Estados Unidos había dado el “cheque en blanco” para reconstruir edificios más bellos y más modernos. 

El Partido Democrático se convirtió en un conglomerado de reaccionarios, de colaboracionistas, de ex presos políticos, de propietarios y de ricos desposeídos, de gente ambiciosa, de intelectuales mediocres y serviles, y de otros aún deseosos de hacer una carrera, entre los que se encontraban también comunistas. 

Fue con la ayuda de este contingente, rebosante de odio reprimido –durante 50 años– de los vencidos y los expropiados, de los políticos sospechosos y corruptos, que Sali Berisha emprendió una feroz campaña de represalias, hasta el punto del vandalismo y de acciones macabras. 

Él comenzó con la demolición de los monumentos y bustos de Stalin y Lenin para más adelante derribar los de Enver Hoxha, lo que provocó la ira del pueblo que se levantó en manifestaciones masivas de protesta en todo el sur de Albania y en algunas ciudades del norte. Grupos de vándalos, de ex-presos comunes, incitados y pagados, derribaron todos los símbolos de la Lucha Antifascista de Liberación Nacional, destruyeron los museos, violaron los cementerios de los guerrilleros. Llegaron al extremo de cometer el acto macabro, en el silencio de la noche, sin avisar a las familias, de desenterrar los restos de los comandantes más importantes que habían liberado al país, entre ellos el comandante general Enver Hoxha, sacándolos del lugar respetado, designado para los mártires de la nación, donde descansaban junto a sus compañeros de guerrilla. Berisha revocó todos los honores concedidos por los órganos legítimos del Estado, mientras que al mismo tiempo condecoraba a los colaboracionistas y criminales que habían luchado por la destitución del Poder popular y que habían asesinado a maestros, pioneros, mujeres jóvenes que lucharon por la apertura de las escuelas y por la emancipación de las mujeres de las aldeas más remotas de las regiones montañosas, donde todavía habían costumbres atrasadas y serias. 

Sali Berisha abolió mediante decreto los feriados nacionales, el 29 de noviembre, la fiesta de la liberación del país que fue conquistada con el precio de sangre y sacrificios, y el 11 de enero, día de la proclamación de la República. 

Los hechos antes mencionados no son ni la centésima parte de todos los males que Berisha trajo a nuestro pueblo y a nuestro país. La industria volvió al punto de partida, la agricultura retrocedió al nivel del período del rey Zog, todos los fenómenos negativos del pasado resucitaron: las querellas por un pedazo de tierra o por un arroyo, las antiguas venganzas, las enfermedades endémicas que habían desaparecido por completo, resurgieron los pantanos, aparecieron los nuevos fenómenos de la sociedad capitalista totalmente olvidados, como la emigración, o completamente desconocidos en Albania, como las drogas, el SIDA, y absolutamente inaceptables, como la prostitución y el crimen organizado. 

Durante los cinco años de poder de Sali Berisha no se construyó siquiera una sola fábrica, a no ser de la Coca-Cola, pomposamente inaugurada, que Berisha llamó “la golondrina” de la nueva industria. Sólo se construyó 5 km de carretera, mientras que todas las carreteras de Albania eran destruidas, más que en los tiempos de guerra. Lanzaron el lema: “Nosotros gobernamos, el mundo nos ayuda”. 

¿Cuál es la responsabilidad de las potencias occidentales por la situación creada en Albania? 

Tras el derrocamiento del sistema socialista, todas las ventanas y puertas de Albania se abrieron a los extranjeros. Los que desembarcaban no eran simples turistas, sino políticos, economistas y empresarios. ¿Estos hombres no veían el estado al que se estaba reduciendo a Albania y que los valores materiales y culturales del pueblo albanés, conquistados y mantenidos a lo largo de los siglos a costa de sangre y sacrificios, estaban desapareciendo?



En Albania, circula el rumor, y no carece de fundamento, de que todo lo que sucede en nuestro país es parte de los escenarios ya preparados en ambos lados del Atlántico.  

En la época que Sali Berisha visitaba todas las capitales de Europa y Estados Unidos y hacía propaganda de los resultados obtenidos por Albania, diciendo que los ingresos de los albaneses eran mayores que los de todos los ex-países comunistas de Europa del Este, ¿es posible que todos estos países, así como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Europeo, no supieran que en Albania no existía la producción, que el desempleo era casi total, que los jóvenes asaltaban las costas de Italia y las barreras fronterizas griegas, y que, finalmente, la población sobrevivía gracias al establecimiento de las “pirámides” rentistas? 

¡No! Estados Unidos y Europa conocían bien la situación en Albania y sabían que ella se precipitaba hacia la catástrofe. Pero las potencias occidentales pensaron que Sali Berisha era el hombre que necesitaban, lo apoyaron, alimentaron su ego, e hicieron de todo para que éste ganara. En sus mítines electorales siempre era acompañado personalmente por el embajador de EE.UU., acto ilegítimo y sin precedentes. Contó con el apoyo explícito del presidente del Consejo de Europa, Madame Eleni Fischer. Alemania y Gran Bretaña enviaron expertos para dar instrucciones para la organización de una campaña electoral. Con la ayuda de todos tipo de investigaciones manipuladas y de métodos sofisticados, trataron de convencer a la opinión pública de que la victoria en las elecciones del 26 de mayo (1997) sería del Partido Democrático, porque detrás de bastidores, aprovechando las regulaciones y las leyes impuesta por la mayoría del PD en el Parlamento, se tomaron todas las medidas para lograr ese “triunfo”. Pero los impostores no se contentaron con un porcentaje razonable y aceptable. Excesivamente celosos y usando la violencia en las elecciones, los “democráticos” robaron los votos del pueblo y declararon que habían obtenido del 80% al 90% de los votos. Esta victoria embriagó a Sali Berisha, y cuando, el 28 de mayo, la oposición, los socialistas y sus aliados socialdemócratas y liberales, se lanzaron a la plaza Skanderbeg, los líderes y los votantes de ese partido fueron despiadadamente golpeados y ensangrentados. 

En ese momento, Sali Berisha pensó que en adelante nadie podría sacarlo del trono de presidente. Sin tener en cuenta los informes de los observadores de la OSCE, él fijó las próximas elecciones para el año 2000 y la mayoría de su partido en el Parlamento le dio su segundo mandato como Presidente de la República, hasta que en el país se declaró el estado de guerra. Sólo los que habíamos vivido los años de la guerra durante la ocupación nazifascista sabíamos lo que significaba el estado de sitio, al cual habíamos sido sometidos dos veces en 24 horas, cuando se inspeccionaron los hogares, mientras que el “alto el fuego” se observaba por la noche y sólo en Tirana. La juventud y las generaciones que vivieron durante los 50 años de Poder popular no sabían lo que quería decir alto el fuego ni estado de sitio. 

La estrategia de Enver Hoxha en cuanto al desarrollo del país y de la unidad nacional 

Desde el punto de vista histórico y geográfico, Albania se divide en dos partes, el norte, llamado Guéguéri, y el sur, llamado Toskeri. En el pasado remoto hubo diferencias claras en el campo de la cultura (los dialectos, costumbres y modo de vida), así como en los campos religioso y socio-económico. Los enemigos del país quisieron usar esta división en beneficio de sus intereses expansionistas y chovinistas. Serbia tenía la vista puesta en el norte y Grecia en el sur. Pero el pueblo albanés nunca aceptó la idea de una lucha entre albaneses, de una guerra civil fratricida, en el que el norte combatiese al sur y viceversa. Los principales representantes del Renacimiento albanés hicieron un gran trabajo en cuanto a la defensa de la integridad territorial y a la unidad nacional en Albania. 

La religión no era un factor determinante en la división de la población y del país. Los católicos constituyen del 10% al 11% de la población y se concentran en su mayor pate en el norte, cuya ciudad principal es Shkodra. Los ortodoxos representan alrededor del 20% de la población y se concentran más en Korça, Berat, Tirana, etc. La otra parte de la población es musulmana y se encuentra esparcida por todo el país, pero su presencia es más evidente en el centro y el noreste de Albania. 

En el norte, los católicos siempre estuvieron de acuerdo con los musulmanes para enfrentar, lado a lado, las amenazas y las agresiones de los ortodoxos serbios y montenegrinos. En el sur, los musulmanes rendían honor a los mártires ortodoxos que fueron cruelmente torturados, envenenados y masacrados por el Patriarcado Ortodoxo de Constantinopla, porque lucharon por salvaguardar la lengua albanesa bajo la consigna: “Albania es la religión de los albaneses”, y otras consignas como “Albania es un único país de sur a norte”. 

Excepto Shkodra, donde los católicos y el clero en general estaban vinculados al Vaticano y se distinguían por su cultura, la otra parte de los católicos vivía en los pueblos montañosos donde sus viviendas se encontraban apartadas unas de otras a causa de la venganza y las disputas por razones económicas, sociales y morales, y debido a los eventuales enemigos y agresores extranjeros. Estas regiones eran muy pobres y atrasadas. Los ocupantes nazifascistas aprovechaban de esa situación y reclutaban mercenarios, que enviaban a hacer la guerra contra el pueblo que luchaba en las ciudades y en las montañas por conquistar la libertad perdida y, sobre todo, los enviaban al sur pregonando que los combatientes en esa región eran comunistas eslavos y griegos. 

Uno de los puntos más importante de la estrategia de Enver Hoxha después de la liberación del país fue consolidar la unidad entre los pueblos del norte –los guégues– y del sur –los tosks. Se elaboró y puso en práctica un programa integral con el objetivo de reducir las diferencias económicas, culturales y sociales entre estas regiones. Se trabajó para que la población de esas regiones no estuviera aislada y que esas regiones estratégicas y muy codiciadas por los serbios y montenegrinos no desertificasen. 

Con ese objetivo se exploró el subsuelo de esas regiones, muy rico en minerales raros y preciosos, se exploró los bosques, pastizales y se desarrolló la ganadería. En cada familia había alguien que trabajaba en las minas o en las serrerías, y los salarios correspondientes a esos puestos de trabajo eran más altos que los pagados a los trabajadores de otras profesiones. Para completar la educación de la población de esas regiones, se dio prioridad al ingreso de sus jóvenes en las escuelas de formación profesional y en la universidad. Sali Berisha es un ejemplo de un beneficiario de esta política. 



Sali Berisha hizo exactamente todo lo contrario. Destruyó y puso fuera de servicio todas las empresas de producción y estimuló la migración interna en nombre de los derechos democráticos y la libertad de tránsito. El mundo y los extranjeros no saben que esta migración de la población dentro del país fue más dolorosa que la de los refugiados que invadieron Italia y Grecia. Esos migrantes internos no son menos numerosos que los que se fueron al extranjero, son cerca de medio millón y siguen siendo los más miserables, porque, habitando los suburbios de Tirana y Durrës, carecen de vivienda y de trabajo, y es en ese medio en que las bandas de delincuentes de Berisha encuentran refugio. Al llevar a Tirana a estos montañeses pobres y enviar a muchos de ellos al sur, a los centros más bonitos y más productivos, el espíritu maligno de Berisha tenía como objetivo conseguir votos y pretendía, si se presentaba la ocasión, armarlos, como efectivamente lo hizo, para aplastar el levantamiento popular de Vlora y de otros centros del sur, que él consideraba como comunistas y enemigos personales. 

Criminal y traidor de su propio país, Berisha hizo todo lo posible para poner en práctica los planes históricamente conocidos de provocar una guerra civil entre el norte y el sur, para dividir Albania y entregar el norte a los serbios y el sur a los griegos. Pero Italia no podía permanecer como espectadora, ella siempre quiso su parte. Ya no estábamos en la época de la Segunda Guerra Mundial, ya no estábamos en 1920 ni en 1939, ya no era más la época de la explosión de los conflictos. A pesar de eso, se enviaron a Albania tanques de asalto y buques de guerra, soldados bien alimentados, bien equipados y bien armados, para detener el ímpetu de los “rebeldes” albaneses, para enfriarles la cabeza. En nombre de la paz y la ayuda humanitaria, las fuerzas multinacionales frenaron la revolución popular. Los patriotas albaneses, los antifascistas, los comunistas y todos nosotros saludamos la decisión del Partido de la Refundación Comunista de votar contra el envío de tropas a Albania, y por eso les reconocemos y les agradecemos de corazón, así como a todos los amigos que nos apoyaron en esos días difíciles. 

Para nosotros fue un gran alivio saber que, aunque el pueblo estuviese armado y Berisha y sus colegas organizasen bandas criminales para sembrar el caos y aterrorizar a la gente, no hubo ningún incidente con las fuerzas multinacionales. Fue una gran satisfacción constatar que el pueblo, en esa situación explosiva, demostró su sabiduría, participó en masa en las elecciones y dio su voto a los socialistas, permitiendo que éstos y sus aliados obtuviesen dos tercios de los escaños en el parlamento. En la capital, que era considerada el bastión del Partido Democrático, los votantes no dieron ningún voto a los representantes del Partido Democrático. 

Estos resultados demostraron hasta qué punto el pueblo detestaba a Sali Berisha que destruía y cubría de vergüenza a Albania, que causó la muerte de muchos jóvenes, que nos privó del Estado, del ejército y de todo. Berisha fue la maldición de Albania, fue el Nerón de Albania. 


Pero las preocupaciones del pueblo todavía no han terminado. Dio su voto a los socialistas y tiene un gobierno de coalición, pero está perdiendo la paciencia y no entiende por qué se deja libre, y por cuánto tiempo, a Berisha, que cometió tantos crímenes. Éste hace de todo para impedir el trabajo normal del gobierno, organiza huelgas de hambre, protestas y manifestaciones todos los días, aparece en la televisión en conferencias de prensa, etc. La gente se pregunta: ¿Quién está detrás de este hombre? Además de sus más cercanos colaboradores, comprometidos en actos criminales y corruptos hasta la médula, ¿quién –al otro lado de la frontera– quiere prolongar la vida política de Sali Berisha? Esta es la razón por la cual en los últimos tiempos aumentaron las demandas de distintos grupos sociales para la legalización del Partido Comunista de Albania, que a pesar de que es ilegal tiene un gran apoyo del electorado. 

Todo esto hace que la situación en Albania aún no sea tranquila ni segura. Después de haber llevado a Albania al borde del precipicio y a los albaneses a la extrema pobreza, las potencias occidentales, los Estados Unidos, el Consejo de Europa, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, pueden dictar lo que Albania debe hacer. 

Perdimos la independencia política y económica, pero el pueblo albanés siempre luchó a lo largo de la historia, para sobrevivir, por la independencia, por la libertad. El levantamiento popular de Vlora y de todos los centros del sur, así como la solidaridad manifestada por el norte, demuestran una vez más el espíritu de lucha del pueblo, lo que nos da coraje y nos permite esperar por mejores días para Albania y los albaneses.

Fuentes: http://prensa.po.org.ar/archivo/edm/edm17/revoluci.htm , http://arqueohistoriacritica.blogspot.hu/search?q=albania


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