miércoles, 18 de diciembre de 2013

Los Soviets en la Revolución Rusa

Soviet/consejo/asamblea...

Sería imposible comprender la revolución rusa sin tener en cuenta el fundamental papel de los soviets, una de las más grandes aportaciones que hizo a la historia revolucionaria. Con los Soviets nacían las nuevas instituciones de democracia obrera, a través de las cuales las masas podían aspirar a ver realizados sus anhelos revolucionarios, y serían también el embrión del estado socialista soviético, las bases sobre las que se apoyarían los bolcheviques en la insurrección de Octubre y la posterior guerra civil.


Y sin embargo, por fundamental que fuera su papel, los soviets no serían una creación de lo más avanzado del proletariado, de la vanguardia constituida en el Partido Obrero Socialdemócrata bolchevique Ruso (el POSD(b)R, también conocidos como bolcheviques), ni de algunos de los líderes más brillantes de la historia comunista como era el caso de Lenin, sino que fueron fruto de la creatividad espontánea de las amplias masas obreras revolucionarias de un país atrasado y eminentemente campesino como era la Rusia zarista.

Nacimiento de los Soviets

La Rusia atrasada, bajo la influencia de una serie de factores históricos completamente originales, dio al mundo el primer ejemplo, no sólo de un salto brusco de la actividad espontánea en época de revolución de las masas oprimidas (cosa que ocurrió en todas las grandes revoluciones), sino también de la significación de un proletariado que desempeñaba un papel infinitamente superior a su importancia numérica en la población; mostró por vez primera la combinación de la huelga económica y la huelga política, con la transformación de ésta en insurrección armada, el nacimiento de una nueva forma de lucha de masas y organización de las masas de las clases oprimidas por el capitalismo, los Soviets.

Lenin. “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”.

Los Soviets aparecen en la historia por primera vez en 1905, en el marco de una insurrección espontánea de soldados, obreros y campesinos, a partir de una huelga política en San Petersburgo (después denominada Petrogrado, durante la era socialista Leningrado, y tras el triunfo definitivo de la reacción capitalista de nuevo San Petersburgo) que deviene en insurrección de las masas y sublevación de numerosos regimientos de soldados. En ese vacío de poder consecuencia del rápido colapso del estado zarista, las masas se organizan en los soviets de diputados obreros y soldados, donde eligen a sus representantes, siempre revocables, para que administren todas las esferas del poder estatal y económico.

Sin embargo, el contexto en que nacen de forma espontánea sólo puede ser calificado de particular; mientras el Estado ruso permanece bajo la forma de una monarquía absoluta y autocrática, sustentada por la vieja aristocracia, y obligada a emprender la “modernización” e industrialización del país por sus aspiraciones como potencia imperialista y la competencia de las potencias vecinas, en la sociedad rusa esta industrialización a marchas forzadas provoca el surgimiento de importantes contradicciones sociales, con una burguesía urbana que no ve satisfechas sus demandas democrático-burguesas en el zarismo, y una clase obrera joven, apenas sindicada y con escaso peso de la aristocracia obrera, pero imbuida de una ideología marxista madura y notablemente desarrollada en los países capitalistas de Europa Occidental.

En este contexto, las tensiones a las que se ven sometidas las clases sociales rusas como consecuencia de las guerras imperialistas, terminan de agudizar la tensión existente entre una sociedad protocapitalista y un Estado autocrático y semifeudal. Así es como la humillante derrota recibida en la guerra ruso-japonesa de 1905, prende la mecha insurreccional, que en pocas semanas se extiende por las principales ciudades de Rusia. Los campesinos se rebelan contra los terratenientes, las masas obreras transforman las reivindicaciones laborales en una huelga revolucionaria política, y los soldados, en su mayoría campesinos, se amotinan contra sus oficiales y se unen a los obreros en las calles al son de la Marsellesa. Así debe sonar toda revolución burguesa; salvo que en este caso, la burguesía rusa no tiene la fuerza ni la voluntad política para tomar las riendas de una insurrección que le coge a desmano mientras hacía malabarismos para salvar la monarquía zarista bajo una nueva fachada “constitucional”.

“... la humanidad no conoció hasta 1905 lo inmensa, lo grandiosa que puede ser y será la tensión de fuerzas del proletariado cuando se trata de luchar por objetivos verdaderamente grandes, de luchar de un modo verdaderamente revolucionario. (...). Delante iban los mejores elementos de la clase obrera, arrastrando tras de sí a los vacilantes, despertando a los dormidos y animando a los débiles. (...). Gracias a esta lucha, un nuevo espíritu agitó al pueblo ruso en su conjunto. Y sólo entonces fue cuando la Rusia feudal, sumida en un sueño letárgico, la Rusia patriarcal, piadosa y sumisa, se despidió del viejo Adán; sólo entonces tuvo el pueblo ruso una educación verdaderamente democrática, verdaderamente revolucionaria.

Lenin, “Informe sobre la revolución de 1905”

No era la primera vez en la historia que las masas populares armadas interpretaban un papel protagonista en el curso de una revolución burguesa; en 1789 sería la “chusma parisina”, los sans culottes, quienes armados asaltarán la Bastilla y tomarán el Palacio de las Tullerías. Sin embargo, las masas parisinas carecen de la conciencia de clase que sí estaba ya presente en el proletariado ruso; la clase obrera no ha alcanzado su madurez, y fluctúa entre las reminiscencias reaccionarias de artesanos y campesinos feudales, y la radicalidad democrática de la incipiente pequeña burguesía urbana. Por ello, aunque hasta 1795 no dejan de presionar a las distintas asambleas parlamentarias burguesas que surgen al calor de la revolución para ver satisfechas sus reivindicaciones, en ese momento histórico era imposible que dichas masas desclasadas pudiesen crear de forma espontánea sus propias instituciones, su propio poder en competencia con el recién nacido estado de la burguesía.

En 1905, las condiciones subjetivas del proletariado ruso, sí posibilitan el nacimiento de los Soviets, del poder proletario, durante el vacío causado por una revolución democrática pendiente. Así lo certifica Lenin, cuando apenas conoce la noticia desde el exilio escribe: “El Soviet de diputados obreros ha nacido de una huelga general, con motivo de la huelga y para propiciar los fines de la huelga. ¿Quién ha sostenido y ha terminado victoriosamente dicha huelga? Todo el proletariado, dentro del cual se cuentan, por fortuna en minoría, los que no son socialdemócratas. ¿Qué fines perseguía la huelga? Económicos y políticos, al mismo tiempo…”

Lenin. “Nuestras tareas y el soviet de diputados obreros.”

Ante los Soviets, la postura de algunos bolcheviques fue dubitativa en un principio, entre aquellos que rechazaban los soviets y pensaban que toda organización obrera revolucionaria debía estar dentro de los márgenes del Partido, y aquellos que abogaban por la participación en ellos de los revolucionarios. Sin embargo Lenin aprecia desde el principio, en 1905, la importancia histórica de esta nueva institución, pese a que las masas “soviéticas” abracen como referente a los oportunistas mencheviques. Por ello, Lenin llama a sus camaradas a “aprovechar la lucha conjunta con los camaradas proletarios, sin establecer diferencias por sus ideas, para predicar sin descanso y con firmeza el marxismo, la única concepción del mundo verdaderamente consecuente y verdaderamente proletaria.

“Cada paso de la lucha proletaria indisolublemente unido a nuestra actividad planificada y organizada de socialdemócratas, acercará cada vez más las masas de la clase obrera rusa a la socialdemocracia”.

Lenin. “Nuestras tareas y el soviet de diputados obreros”.

 Fracasada la insurrección de 1905 gracias a la dubitativa postura de los oportunistas “socialdemócratas”, a la conciliación con los zaristas de los liberal-conservadores, y la inmadurez política de la clase obrera, los revolucionarios se enfrentarían a una oleada represiva que arrastraría a muchos al exilio, la cárcel o la horca. Sin embargo, la esperanzadora experiencia de su participación en los soviets quedaría como un recuerdo imborrable para las masas obreras rusas, y en el tiempo transcurrido entre 1905 y la insurrección de Febrero de 1917 este recuerdo no dejaría de alimentarse e idealizarse, manteniendo la llama revolucionaria en un proletariado al que le había bastado con apenas saborear las mieles de su dictadura de clase y del socialismo para anhelarlo con toda su fuerza.



¿Qué son los Soviets?

"Los Soviets -- decía Lenin ya en septiembre de 1917 -- son un nuevo aparato de Estado que, en primer lugar, proporciona la fuerza armada de los obreros y de los campesinos, fuerza que no está, como lo estaba la del viejo ejército permanente, apartada del pueblo, sino ligada a él del modo más estrecho; en el sentido militar, esta fuerza es incomparablemente más poderosa que las anteriores; en el sentido revolucionario, no puede ser remplazada por ninguna otra. En segundo lugar, este aparato proporciona una ligazón tan estrecha e indisoluble con las masas, con la mayoría del pueblo, una ligazón tan fácil de controlar y renovar, que en el aparato del Estado anterior no hay nada que se le parezca. En tercer lugar, este aparato, por ser elegibles y revocables a voluntad del pueblo, sin formalidades burocráticas, los hombres que lo integran, es mucho más democrático que los aparatos anteriores. En cuarto lugar, este aparato proporciona una sólida ligazón con las profesiones más diversas, facilitando de este modo, sin burocracia, las más distintas y más profundas reformas. En quinto lugar, proporciona una forma de organización de la vanguardia, es decir, de la parte más consciente, más enérgica y más avanzada de las clases oprimidas, de los obreros y de los campesinos, constituyendo, de este modo, un aparato por medio del cual la vanguardia de las clases oprimidas puede elevar, educar, instruir y guiar a toda la gigantesca masa de estas clases, que hasta hoy permanecía completamente al margen de la vida política, al margen de la historia. En sexto lugar, proporciona la posibilidad de conjugar las ventajas del parlamentarismo con las ventajas de la democracia inmediata y directa, es decir, reúne en la persona de los representantes elegidos por el pueblo la función legislativa y la ejecutiva. Comparado con el parlamentarismo burgués, es un avance de trascendencia histórica mundial en el desarrollo de la democracia. . . 
Sin la iniciativa creadora popular de las clases revolucionarias no hubiera organizado los Soviets, la revolución proletaria en Rusia se vería condenada al fracaso, pues, con el viejo aparato, el proletariado no habría podido, indudablemente, mantenerse en el Poder. En cuanto al nuevo aparato, es imposible crearlo de golpe" (Lenin v. t. XXI, págs. 258-259).

Citado por J. V. Stalin. “La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos”.

Con estas precisas palabras resumía Lenin “qué eran los soviets”, el germen de la dictadura del proletariado, la organización para la conquista y gestión democrática del poder ejecutivo y legislativo de las masas armadas bajo la vanguardia proletaria, y concienciadas a través de su práctica revolucionaria directa. Y cabe destacar que en este texto hable de “crear el nuevo aparato” del Estado Socialista, mientras que en otros textos sitúe su nacimiento espontáneo (según la experiencia revolucionaria rusa, pero que sin embargo no se repitió en ningún otro país).

 El embrión de la República Socialista Soviética, coexistiendo tanto en 1905 (con la monarquía zarista) como en 1917 (con el Gobierno Provisional) con un poder paralelo.

Coexistencia “pacífica” del poder burgués y el poder proletario

Explicar a las masas que los Soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por ello, mientras este Gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas.

Lenin. “Las tareas del proletariado en la presente revolución”

En el vacío de poder que sigue a la caída del régimen zarista en 1917, surge una dualidad de poderes; el poder obrero y campesino de los Soviets, y el poder burgués del Comité de la Duma de Estado, el embrión del parlamento y la democracia burguesa. Ambos poderes compiten en un primer momento por controlar a la fuerza armada, a los soldados sublevados. Los bolcheviques apuestan desde el principio por los soviets, mientras que los oportunistas mencheviques y social-revolucionarios, aún con mayoría en los propios soviets y amplio apoyo en las masas, pretenden crear una caricatura de soviets que solo sirva como sostén del parlamento burgués y refuerzo de sus reivindicaciones en el mismo. Por ello, desde los propios soviets en los que tenían la mayoría, llamaban al pueblo a apoyar al gobierno provisional compuesto por miembros de los partidos de la burguesía y la pequeña burguesía, lo que en la práctica significaba una traición a la voluntad revolucionaria de las masas obreras, y una negación de la independencia política del proletariado. Su pretensión era conciliar los intereses de la pequeña burguesía, el campesinado y la clase obrera con los de la gran burguesía con la excusa de que la sociedad rusa “no estaba lo bastante desarrollada para la revolución socialista” y asumiendo que solo la burguesía podía liderar la presente revolución burguesa, poniendo toda la confianza de las masas en el Gobierno Provisional y no en los Soviets de diputados obreros. Sin embargo, Lenin y los bolcheviques defendían que solo el proletariado revolucionario podía liderar y desarrollar la revolución burguesa sin las vacilaciones de la burguesía rusa, y desde la dictadura del proletariado dar paso seguido al socialismo.

Esta dualidad de poderes era considerada por Lenin un momento “transitorio” en el que la revolución proletaria (que según Lenin ya estaba en marcha aún antes de la insurrección de Octubre) “ha rebasado ya los cauces de la revolución democrática burguesa corriente”.

De hecho, los pocos Soviets que desde el principio contaron con una mayoría de diputados obreros de tendencia bolchevique, en general en ciudades industriales de la zona central, iniciaron ya en Marzo una confrontación directa contra el poder burgués, con medidas como la incautación de imprentas, el desarme de la policía, la organización de milicias o asumiendo la administración de la justicia y de la producción fabril arrebatada a sus dueños capitalistas. Valga de ejemplo el Soviet de Viázniki, que actuaría como único poder “legislativo”, imponiendo las reivindicaciones obreras a los empresarios sin negociación de ningún tipo. Este control de la producción sería asumido por otros soviets bolcheviques, ante lo cual la burguesía, por boca de los mencheviques, dando por perdida la administración privada de los medios de producción, reclamaba la “gestión estatal” a sabiendas de que el estado democrático-burgués servía a sus intereses de clase, lo cual recuerda en la actualidad a ciertos países y sus apoyos entre algunos comunistas locales que bajo la “presión popular” aceptan la “gestión estatal de la economía” pero sin dictadura del proletariado.

El referente de estos primeros soviets revolucionarios confrontado con los soviets conciliadores y pasivos dirigidos por eseristas y mencheviques, mostraría en la práctica a las masas la imposibilidad de que los partidos burgueses tuvieran en cuenta sus reivindicaciones y cumplieran sus promesas, dejando al descubierto la vacía retórica revolucionaria de los oportunistas que a la hora de la verdad reprimían cualquier tendencia revolucionaria del proletariado.

Explicar a las masas que los Soviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por ello, mientras este Gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas.

Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, propugnando al mismo tiempo, la necesidad de que todo el poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros, a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores. 

Lenin. “Las tareas del proletariado en la presente revolución” (Tesis de Abril)

Los bolcheviques, como resultado de su correcta crítica al oportunismo y su táctica revolucionaria, amparada en la maniobrabilidad que posibilita el Partido de Nuevo Tipo armado ideológicamente para la revolución, irán ganando la mayoría en todos los soviets, convirtiéndose así en soviets revolucionarios ejecutando el programa del Partido leninista. El proceso es relativamente largo, y en él los bolcheviques concilian momentos de ofensiva como las manifestaciones de Abril contra la guerra imperialista o asumiendo el liderazgo de la ira espontánea de las masas en Junio y la oposición armada de los Guardias Rojos al intento de golpe de estado de la reacción encabezada por Kornílov como momentos de repliegue en Julio tras el fracaso insurreccional de Junio y la represión amparada por los soviets conciliadores liderados por los mencheviques y eseristas. La capacidad de alternar sus consignas de los bolcheviques sin perder el objetivo revolucionario les lleva a abandonar la consigna de “todo el poder para los soviets” cuando estos reprimían a los obreros en defensa del gobierno burgués en Julio, y retomarla posteriormente, cuando los Guardias Rojos organizados por los bolcheviques derrotan a las tropas contrarevolucionarias de Kornílov luchando al lado del Gobierno Provisional y de mencheviques y eseristas, pero no por ellos, demostrando así la debilidad y vacilaciones del gobierno provisional y de los oportunistas cuando derrotada la reacción éstos se niegan a tomar el poder para “sus” soviets, y en vez de ello pretenden que sigan sosteniendo el ficticio gobierno de Kerenski. La propia percepción y experiencia de las masas en estos meses revolucionarios desde Febrero a Septiembre desenmascara a los oportunistas y su papel conciliador con la burguesía al frente de los Soviets, a la vez que erige a los bolcheviques como su referente. Es así como los bolcheviques consiguen la mayoría en los soviets de soldados y obreros de las principales ciudades, ganando así al nuevo poder para la causa revolucionaria, y sólo entonces, solo una vez controlados los soviets, que se habían extendido por toda Rusia, pudieron los bolcheviques encarar con garantías de éxito la insurrección.

El 3 y 4 de julio se podía, sin faltar a la verdad, plantear el problema así: lo justo era tomar el Poder, pues, de no hacerlo, los enemigos nos acusarán igualmente de insurrectos y nos tratarán como a tales. Pero de aquí no se podía hacer la conclusión de que hubiera sido conveniente tomar el Poder en aquel entonces, pues a la sazón no existían las condiciones objetivas necesarias para que la insurrección pudiera triunfar (…)

No contábamos todavía con la mayoría de los obreros y soldados de las capitales. Hoy tenemos ya la mayoría en ambos Soviets. Es fruto, sólo de la historia de julio y agosto, de la experiencia de las "represalias" contra los bolcheviques y de la experiencia de la kornilovada.

Lenin, “El marxismo y la insurrección”



 Así hablaba el propio Lenin de las “condiciones objetivas” para tomar el poder; tener la mayoría en los Soviets revolucionarios. Estos soviets bolcheviques serán auténticas bases para el triunfo de la insurrección armada de Octubre, y desde donde las masas son partícipes de la táctica de los comunistas y llevan a cabo su revolución. La tan manoseada “acumulación de fuerzas” no tuvo lugar en los sindicatos recientemente creados en la Rusia de 1917, ni en los comités fabriles (en manos bolcheviques desde mucho antes) ni en la Duma o Asamblea Constituyente; tiene lugar en los soviets obreros, en el Nuevo Poder proletario, donde las masas, llevadas por su experiencia revolucionaria, abrazan el comunismo y reconocen como suyo al Partido Bolchevique.

Si este proceso fue salvo casos puntuales (Febrero, Junio y Agosto) “pacífico”, o al menos de coexistencia de ambos poderes sin abierta confrontación, sería gracias únicamente a las especiales e irrepetibles circunstancias de Rusia, donde el estado zarista, y especialmente su ejército, ha quedado desbaratado como consecuencia de la insurrección de los soldados en Febrero, en gran parte motivada por la carnicería de la guerra con Alemania, y la demasiado tiempo postergada revolución democrática. Tras esta insurrección surgen unos soviets dominados por el oportunismo, que no representan un peligro inminente para la burguesía, sino más bien un apoyo y un medio para la pacificación y control del agitado proletariado ruso. A ello se une que cuando los soviets viran hacia la revolución de manos de los bolcheviques, la burguesía sigue sin tener el control del fusil (de los soldados) y aún carece de una capacidad armada tal como para aplastar y reprimir estos soviets (fuerza que estaban en proceso de reconstruir con las unidades de cadetes). Y aún así, pese a todas éstas particularidades, el triunfo insurreccional de Octubre habría sido imposible sin los Guardias Rojos, milicias obreras y masas que los bolcheviques no dejan de armar desde Febrero.

Pero los soviets para los bolcheviques son sobre todo la encarnación institucional del Estado Socialista, el medio por el que las masas podrían ejercer la dictadura del proletariado, y donde el programa de los bolcheviques podía ser refrendado y ejecutado por el proletariado. Por ello, sin la organización previa del Nuevo Poder de los soviets, sin la experiencia política que este proporcionaba a las masas, era imposible sostener el efímero triunfo de la insurrección de Octubre. Solo la consolidación del poder soviético posibilitaría la victoria de los bolcheviques en la guerra civil que estalla tras la insurrección de Octubre, y en la que oportunistas socialdemócratas, burgueses, aristócratas y potencias imperialistas intentan aplastar y apagar en sangre la llama revolucionaria que había prendido en Rusia.

Soviets y masas armadas

Sí, hay que detenerse, en cambio, en algo que seguramente no está del todo claro para todos los camaradas, a saber: que el paso del Poder a los Soviets significa hoy, en la práctica, la insurrección armada. Podría creerse que esto es algo evidente, y sin embargo, no todos se han parado ni se paran a meditarlo. Renunciar hoy a la insurrección armada equivaldría a renunciar a la consigna más importante del bolchevismo (todo el Poder a los Soviets) y a todo el internacionalismo revolucionario proletario en general.

Lenin, “Consejos de un espectador”

Los Soviets nacen en 1905 y de nuevo en 1917 bajo la protección de las tropas y soldados insurrectos. El fusil y el poder obrero están ligados así desde su mismo nacimiento. De ello son conscientes los bolcheviques, que en Febrero de 1917 exhortaban a los obreros a elegir diputados y organizar soviets “que se organicen bajo la protección de las tropas” insurrectas a partir de los comités que han protagonizado la huelga revolucionaria, y serán los propios bolcheviques también partidarios de que los soviets de obreros y los de soldados se fusionen.

La importancia que tiene la cuestión de las armas para los bolcheviques queda reflejada en su periódico, el Pravda, que sin dejar lugar pedía a obreros y soldados que “no entreguéis las armas, pertrechad a nuevos cuadros de la milicia revolucionaria. La revolución no ha concluido, las reivindicaciones del pueblo en armas están planteadas, pero aún no se han cumplido. Sólo nosotros podremos realizarlas”. Y en Marzo, un Lenin en el exilio indicaba por carta a los bolcheviques la táctica a seguir; “expectativa armada, preparación armada de una base más amplia para una etapa superior”, es decir, para la conquista del “poder por los Soviets de diputados obreros”. Los bolcheviques no dejan en ningún momento desde Febrero de 1917 de crear destacamentos de obreros armados y milicias obreras, incautando el armamento en las fábricas de armas. A partir de estos se formaría la Guardia Roja, y de hecho fue incluso esta la misión inmediata “más importante” para el Soviet en 1917.

En realidad, los bolcheviques no tenían ni podían tener en marzo de 1917 un ejército político preparado. Lo fueron formando (y lo formaron, por fin, hacia octubre de 1917) sólo en el transcurso de la lucha y de los choques de clases de abril a octubre de 1917; lo formaron pasando por la manifestación de abril, y por las manifestaciones de junio y julio, y por las elecciones a las Dumas de distrito y urbanas, y por la lucha contra la korniloviada, y por la conquista de los Soviets. Un ejército político no es lo mismo que un ejército militar. Mientras que el mando militar comienza la guerra disponiendo ya de un ejército formado, el Partido debe crear su ejército en el curso de la lucha misma, en el curso de los choques entre las clases, a medida que las masas mismas se van convenciendo, por propia experiencia, de que las consignas del Partido son acertadas, de que su política es justa.

J. V. Stalin. “La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos.”

Como bien afirma Stalin, el ejército rojo no se crea de un golpe, no nace por un decreto de la noche a la mañana. Es un ejército político conformado por las masas que se crea en torno a la lucha revolucionaria, a la confrontación ideológica hasta 1917, y lucha armada en la posterior guerra civil con los oportunistas y conciliadores apoyados por los ejércitos imperialistas. Las armas, como resaltaban los bolcheviques desde Febrero hasta Octubre, eran necesarias, pero la experiencia revolucionaria de las masas armadas, era indispensable para constituir el “ejército rojo”.



Los Soviets rusos y su carácter universal

 La historia ha hecho esta jugarreta: los Soviets nacieron en Rusia en 1905, fueron falsificados en febrero-octubre de 1917 por los mencheviques, quienes fracasaron por no haber comprendido su papel y su importancia, y hoy ha surgido en el mundo entero la idea del Poder soviético, idea que se extiende con rapidez inusitada entre el proletariado de todos los países, mientras fracasan en todas partes, a su vez, los viejos héroes de la II Internacional, por no haber sabido comprender, del mismo modo que nuestros mencheviques, el papel y la importancia de los Soviets. La experiencia ha demostrado que en algunas cuestiones esenciales de la revolución proletaria todos los países pasarán inevitablemente por lo mismo que ha pasado Rusia. Lenin. “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”

 Lenin y los bolcheviques rusos comprendieron rápidamente el carácter internacional de los Soviets, el papel que necesariamente jugarían en el ciclo revolucionario que acababa de comenzar y que sacudiría los cimientos de la sociedad de clases y agitaría las conciencias de los obreros de medio mundo. Y Lenin y la recién creada III Internacional parecían tener motivos para la esperanza y el optimismo cuando el ejemplo soviético ruso, y la idea de la revolución, se extendían por media Europa levantando a los obreros, ayudándoles a romper las cadenas de la explotación para intentar seguir la estela de la primera revolución proletaria triunfante (tras la heroica derrota de la Comuna de París).

  Es muy probable que la revolución llegue muy pronto en muchos países de Europa Occidental, pero nosotros, como parte organizada de la clase obrera, como partido, tendemos y debemos tener a lograr la mayoría en los Soviets. Entonces estará garantizada nuestra victoria, y no habrá fuerza capaz de emprender nada contra la revolución comunista.

“Tesis e informes sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado”

 Y así parecía en un primer momento; los Soviets nacen espontáneamente en Alemania y Hungría aunque sin la participación en ellos de las amplias masas obreras o campesinas. Parte del proletariado en su afán revolucionario parece intentar reproducir así el ejemplo ruso. Sin embargo, estos soviets son más nominales que reales, la clase obrera de estos países no tiene la experiencia revolucionaria que por el contrario si había acumulado el joven proletariado ruso. La socialdemocracia está asentada tanto en Alemania como en Hungría, sus prácticas sindicalistas y parlamentarias han maleado la conciencia de los obreros, y el partido de los espartaquistas alemanes o el de los comunistas húngaros apenas acaba de ser “constituido” como simple escisión del ala izquierda de los partidos socialdemócratas, sin la lucha ideológica y política previa necesaria. Por ello, pese a que en un principio las recientemente derrotadas potencias centrales carecen de una fuerza armada leal para reprimir a estos soviets embrionarios y surgidos por imitación del modelo ruso, los socialdemócratas o socialtraidores rellenarán rápidamente este vacío poniéndose al servicio de la burguesía y reprimiendo sangrientamente cualquier germen revolucionario, sea como en Alemania desde el gobierno y aliados con los esbozos de fascistas que eran los Freikorps, o mediante el golpe de estado contra la recién nacida República Soviética Húngaro apoyados en los ejércitos imperialistas rumanos. Derrotado el espontaneismo revolucionario alemán y húngaro, la historia no volverá a ver nacer a soviets surgidos de forma espontánea.

… el curso general de la revolución proletaria es igual en todo el mundo. Primero, la formación espontánea de los Soviets, luego su extensión y desarrollo, más tarde, se plantea prácticamente la cuestión: Soviets o Asamblea Nacional, o Asamblea Constituyente, o parlamentarismo burgués; completo desconcierto entre los jefes, y por último, la revolución proletaria.

“Tesis e informes sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado”

Quedaban así reflejadas las limitaciones de la concepción de los soviets elaborada por los bolcheviques, que basándose en la particular experiencia rusa (la experiencia que ellos mismos habían vivido), donde los soviets nacen de forma espontánea en el contexto de una revolución burguesa en un estado autocrático y semi-feudal, y tras una insurrección generalizada de soldados que arrebata las armas a las clases dominantes y las pone en manos de la clase obrera. Solo en este contexto podía darse el nacimiento espontáneo de los soviets y su coexistencia pacífica con el poder burgués hasta la insurrección. Sin embargo, estas condiciones ni se daban ni se darían en ningún otro país de Europa. Por tanto, los bolcheviques no habían teorizado sobre como el sujeto revolucionario debía dar el primer paso (es decir, la formación de los Soviets) ya que en su experiencia revolucionaria este primer paso lo tomaban las masas de forma espontánea. Por tanto, si los Soviets no surgían espontáneamente, ¿significa que los bolcheviques se equivocaban respecto al papel que estaban llamados a jugar? ¿Eran por tanto los Soviets una particularidad rusa que no podía trasladarse a otros países, tiempos y contextos?

Pero en este momento histórico se trata precisamente de que el ejemplo ruso muestra a todos los países algo, y algo muy sustancial, de su futuro próximo e inevitable. Los obreros avanzados de todos los países hace ya tiempo que lo han comprendido y, más que comprenderlo, lo han percibido, lo han sentido con su instinto revolucionario de clase.

De aquí la "significación" internacional (en el sentido estrecho de la palabra) del Poder soviético y de los fundamentos de la teoría y de la táctica bolchevique.

Lenin. “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”

Los bolcheviques no se equivocaban juzgando el papel que los Soviets están llamados a jugar en la revolución proletaria mundial. El Poder soviético tiene un “significado” internacional y por tanto debía pasar a formar parte de los fundamentos de la teoría y de la táctica marxista-leninista. ¿Pero por qué son necesarios los Soviets para el triunfo de la revolución proletaria? Muchas de las razones ya se han desarrollado a lo largo de este artículo... El propio Lenin podría señalar algunas más igualmente fundamentales:



 A) La dictadura del proletariado y el estado socialista adquieren la forma de República Soviética.

La relación entre jefes, partido, clase y masas, y, al mismo tiempo, la de la dictadura del proletariado y su partido con respecto a los sindicatos, se presenta actualmente entre nosotros en la forma concreta siguiente: la dictadura la lleva a cabo el proletariado organizado en Soviets, dirigido por el Partido Comunista bolchevique (…) Se obtiene, en conjunto, un aparato proletario, formalmente no comunista, flexible y relativamente amplio, potentísimo, por medio del cual el Partido está estrechamente vinculado a la clase y a la masa y por medio del cual se lleva a cabo la dictadura de clase, bajo la dirección del Partido.

Lenin. “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”

 Y este Estado es compatible con la extensión de la democracia a una mayoría tan aplastante de la población, que la necesidad de una máquina especial para la represión comienza a desaparecer. Como es natural, los explotadores no pueden reprimir al pueblo sin una máquina complicadísima que les permita cumplir este cometido, pero el pueblo puede reprimir a los explotadores con una "máquina" muy sencilla, casi sin "máquina", sin aparato especial, por la simple organización de las masas armadas (como los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, digamos, adelantándonos un poco).

Lenin. “El Estado y la Revolución”.

 B) La elevación de la conciencia de las amplias masas proletarias solo puede lograrse mediante su participación revolucionaria a través de los Soviets.

Mientras se trate (como se trata aún ahora) de atraerse al comunismo a la vanguardia del proletariado, la propaganda debe ocupar el primer término; incluso los círculos, con todas las debilidades de la estrechez inherente a los mismos, son útiles y dan resultados fecundos en este caso. Pero cuando se trata de la acción práctica de las masas, de poner en orden de batalla -- si es permitido expresarse así -- al ejército de millones de hombres, de la disposición de todas las fuerzas de clase de una sociedad para la lucha final y decisiva, no conseguiréis nada con sólo las artes de propagandista, con la repetición escueta de las verdades del comunismo "puro".

Lenin. “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”.

La verdadera educación de las masas no puede ir nunca separada de la lucha política independiente, y sobre todo, de la lucha revolucionaria de las propias masas. Sólo la lucha educa a la clase explotada, sólo la lucha le descubre la magnitud de su fuerza, amplía sus horizontes, eleva su capacidad, aclara su inteligencia y forja su voluntad.

Lenin, “Informe sobre la revolución de 1905”

La importancia capital e insustituible de los Soviets para el triunfo de la revolución queda así más que demostrada. Sin embargo, el primer paso del que Lenin hablaba para todo ello, “la formación espontánea de los Soviets”, resulta basarse únicamente en la particularidad rusa y ser irrepetible en los países industrializados de Europa. Y sin Soviets, como los bolcheviques habían comprobado, era imposible conquistar y organizar a las amplias masas para el triunfo revolucionario y la construcción del Estado socialista. Por tanto, si los Soviets son necesarios para la revolución, y en los estados burgueses no surgen de forma espontánea, los Soviets deben ser creados por el propio Partido Comunista, deben formar parte de la estrategia de la vanguardia proletaria.

En este sentido, pretendemos que este artículo sirva para traer luz a éstas cuestiones desconocidas de la Revolución de Octubre, derribar los dogmas falsos sobre la misma difundidos por los sectores más atrasados del movimiento comunista con la intención de justificar su práctica oportunista presente, y para enfocar el debate en el seno de la vanguardia hacia las cuestiones fundamentales que toda estrategia revolucionaria debe tener en cuenta; la creación de los Soviets o Nuevo Poder por el Partido Comunista, y la participación de las masas revolucionarias en los mismos.

 El autor -(y esperamos que a estas alturas también los lectores)- ha comprendido admirablemente que no es el parlamento, sino sólo los Soviets obreros, los que pueden proporcionar al proletariado el instrumento necesario para conseguir sus objetivos, y, naturalmente, el que hasta ahora no haya comprendido esto, es el peor de los reaccionarios, aunque sea el hombre más ilustrado, el más experimentado político, el socialista más sincero, el marxista más erudito, el ciudadano y padre de familia más honrado.

Lenin. “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”


Polyuschka Polye - Banda Bassotti:


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