martes, 17 de diciembre de 2013

Principios del Centralismo democrático

¿Cómo organizar una asamblea popular?: http://www.asambleadelpueblocr.org/documentos/index.html

El Centralismo democrático 

Los principios del centralismo democrático fueron elaborados teóricamente y aplicados en la practica por Carlos Marx y Federico Engels y desarrollados por V.L. Lenin. Sin embargo, el centralismo democrático no es un invención sacada de las cabezas de los clásicos, sino producto de las profundas observaciones que realizaron éstos en el seno del movimiento obrero, de cómo el proletariado tomaba las decisiones y luego las ejecutaba. Por tanto, a diferencia de lo que creen algunos, el centralismo democrático es producto de la practica de del mundo social de los trabajadores y no un elemento “artificioso” impuesto por una “minoría politizada”. Los obreros del siglo XIX al enfrentar un conflicto económico, discutían, debatían ampliamente la decisión que había que tomar, es decir, estaba presente la democracia como elemento rector, finalmente si resolvían la huelga u otra decisión debía ser aceptada como acuerdo de todo el movimiento, incluso por aquellos que habían tenido una posición distinta, es decir, centralidad en la acción. Aquellos que rompían el acuerdo eran considerados traidores “rompehuellas”.


El centralismo democrático es un principio básico de la organización Leninista, principio que no es una táctica organizativa, sino una concepción de cómo se entiende los revolucionarios la relación entre el partido y las masas y entre la dirección y sus bases y las masas. Por lo mismo, debe combatirse la concepción estrecha y desnaturalizada del centralismo democrático que se limita a los aspectos formales de la relación entre las bases y la dirección, no recogiendo y generalizando las experiencias de las masas.

La esencia de estos principios se expresa en la combinación de la unidad de la dirección centralizada, única, con el desarrollo de la iniciativa particular de cada una de las organizaciones y organismos del partido revolucionario, en la diversidad de las vías, forma y métodos que utiliza para alcanzar los objetivos que se proponen en cada etapa de su desarrollo.

Solo el centralismo democrático crea las condiciones necesarias para determinar correctamente la interrelación entre la solución autónoma de las cuestiones locales y la dirección superior del partido, es decir, la relación existente entre la creación individual de cada miembro, y los grupos con los intereses generales de todo el partido; entre la iniciativa y la libre manifestación de los distintos eslabones, de tal forma que todos esos eslabones actúen armónicamente unidos y organizados, y garanticen la unidad ideológica, la cohesión general y la unidad de acción de todos sus miembros.

Pero por otra parte , el partido no es una organización administrativa, de orden y mando. Sus miembros actúan por convicción ideológica, y por ello, libremente cada uno expone sus criterios y opiniones sobre cómo resolver, tanto los problemas generales, como los elementos que coincidan la no existencia de contradicción alguna, por ser ésta una organización centralizada y a la vez democrática.

Esta combinación de dirección central única y discusión democrática en los distintos niveles del partido es lo que se llama “centralismo democrático”.

Unidad dialéctica entre centralismo y la democracia 

El principio del centralismo democrático no ha significado nunca la combinación mecánica de la democracia y el centralismo en la actividad del partido; tal enfoque del asunto es completamente erróneo. Precisamente, los detractores de la teoría marxista – leninista  sobre el partido revolucionario han intentado contraponer a Marx y a Lenin al señalar que el primero fundamento la creación de tal partido sobre las bases democráticas y que Lenin en contraposición a él, creo un partido centralizado de forma extrema, en el que no tiene cabida la democracia. Al presentar a Marx como propulsor de un partido democrático y a Lenin como un partido centralizado, se intenta en realidad demostrar la imposibilidad de unir ambos aspectos, o sea, el centralismo y la democracia.

Por ello es necesario destacar que la democracia y el centralismo son dos partes orgánicamente unidas, que se condicionan una a otra, que conforman una unidad dialéctica única: el centralismo democrático

Mientras la democracia crea posibilidad para la participación activa, libre y voluntaria de los revolucionarios en la viada del partido, el centralismo garantiza la unidad de acción y organización de los componentes de éste. Diversidad, heterogeneidad, amplia y profunda democracia en la discusión ye el debate, pero luego la unidad y centralidad de la acción.

Sin centralismo el partido revolucionario puede convertirse en un club de discusión, incapaz de realizar acciones conjuntas activas y sin democracia se arriesga a convertirse en una organización burocrática, cuya disciplina se convierte en un acatamiento ciego, que, por consiguiente, no puede ser firme.

Lo que se centraliza es la fuerza creativa de todo el partido, el talento de las masas que contribuyen con sus experiencias a la(s) vanguardia(s); además centraliza, las responsabilidades concretas. El centralismo es distinto y opuesto al personalismo, al centralismo burocrático, al poder individual.

La democracia en tanto es un derecho y un deber para todos los miembros y organizaciones del partido, que hace que los militantes desplieguen su capacidad, creatividad y aporte máximo. La democracia no sólo es el derecho a criticar los problemas, por el contrario, es asumirlos responsablemente para contribuir a solucionarlos y fortalecer al partido.

No se puede concebir una acción política y a la vez victoriosa si no se logra una acción unificada y para ello no existe otro método que el centralismo democrático, salvo que se decida actuar por consenso, método aparente más “democrático” porque busca el acuerdo de todos, pero que en la practica a veces es mucho más antidemocrático, porque otorga derecho a veto a una minoría, al extremo que una sola persona puede
impedir que lleguen a implementarse acuerdos con apoyo inmensamente mayoritario.

No hay eficacia política sin conducción unificada que defina las acciones a realizar en los distintos momentos de la lucha. Esta conducción única se hace posible, porque ella refleja una línea general de acción que ha sido discutida por todos los miembros y acordada por la mayoría. Aquellos cuyas posiciones han quedado en minoría deben someterse a la acción de la línea que triunfa, desarrollando junto a los demás miembros
las tareas que se desprenden de ella. Una organización política que pretenda seriamente luchar por transformar la sociedad no puede darse el lujo de tener en su seno elementos indisciplinados que rompan la unidad de acción, sin la cual no hay acción eficaz posible.

Principios del centralismo democrático 

El centralismo democrático como veíamos anteriormente es un principio de organización leninista, sin embargo, el propio centralismo democrático está compuesto por o que podríamos llamar sub – principios, algunos de estos son:

1) Subordinación de la minoría a la mayoría : 
Detrás de cada resolución de los órganos u organización de dirección partidista, o cada organización de base, está la voluntad de la mayoría. La minoría tiene el deber de subordinarse a la mayoría y d participar con todas sus fuerzas en el cumplimiento en le cumplimiento de la resolución adoptada, independientemente de que hubiese sido otra su opinión al ser analizado el asunto sobre el que se tomo el acuerdo.

El reconocimiento de la mayoría es una manifestación de democracia y al mismo tiempo de centralismo en el partido. Esto es así porque ese reconocimiento obliga a considerar, también integrantes de la voluntad de la mayoría a aquellos que quedaron en minoría.

2) Critica y autocrítica: 
La critica y autocrítica son armas muy buenas para el desarrollar un trabajo eficiente, para liberar de errores a nuestras actividades, para poner al descubierto las fallas y lograr su eliminación, para fortalecer la disciplina y obligarnos a ser más exigentes con nosotros mismos.

Una verdadera actitud crítica dentro del partido exige de los dirigentes y militantes una lucha fuerte contra la tendencia a ver sólo los aspectos positivos de las cosas, a ver solamente los éxitos. La critica no es una simple enumeración de errores y ¿por qué es tan importante conocer las causas? Porque sólo si logramos conocerlas la podremos señalar las medidas que deben adoptarse para no repetir lo errores. Si esto no se hace así, la critica se transforma en un acto destructivo que desintegra al movimiento en lugar de levantarlo.

En tanto la autocrítica es la forma en que se demuestra si tenemos conocimiento de nuestros errores y si hemos entendido y asimilado una critica que se nos ha hecho. A través de una autocrítica indicamos nuestras falla, pero, además identificamos su origen, para su posterior superación.

Es muy saludable que todos los dirigentes del partido revolucionario se sientan permanentemente bajo el control de la critica de los militantes. Eso ayuda mucho a desarrollar un trabajo eficiente.

3) Principios de dirección colectiva 
El partido concebido por Lenin no es un grupo que se forma en torno a un caudillo para proporcionarle el apoyo de las masas que éste necesita para la realización de sus ambiciones políticas. Por eso, lo que importa no son los dirigentes como personas, sino la dirección política capaz de hacer frente a las duras tareas que el partido debe cumplir en la lucha por la liberación del pueblo.

Para cumplir estas múltiples tareas es fundamental que exista una dirección colectiva en la cual cada uno de sus miembros aporte su visión y preparación para resolver los problemas y tareas del momento. Sólo una dirección de este tipo es capaz de evitar que se caiga en posiciones individualistas. Esta dirección colectiva debe darse en los distintos niveles de organización del partido. Desde su dirección máxima hasta sus organismos de base.

4) Disciplina consciente partidista 
La disciplina de un partido u organización revolucionaria es totalmente diferente de la disciplina que impone la burguesía en sus instituciones, ejemplo: en le sistema escolar, en los centros productivos, en el ejercito regular, etc. La disciplina burguesa es impuesta por una autoridad que no admite criticas y cuyas ordenes deben cumplirse en forma ciega. La burguesía sólo quiere que sus instituciones funcionen : no tiene interés que sus subordinados entiendan el mecanismo de funcionamiento de ellas ni los fines a los cuales ellas están destinadas, ya que en el fondo, todas las instituciones burguesas sirven a sus propios intereses.

La disciplina de una organización revolucionaria, en cambio, esta basada en la comprensión y acuerdos por parte de sus miembros de los fines que el partido persigue. Es una disciplina consciente, admitida por todos, convencidos de que ella es necesaria para vencer en la lucha en la que están comprometidos sus intereses de clase de esta manera, cada militante llega a sentirse responsable de mantenerla por su propio compromiso revolucionario. Es por ello que esta disciplina está relacionada con la democracia dentro del partido y con el ejercicio del debate interno.

5) Revocación de mandatos 
Los organismos inferiores deben exigir a los organismos superiores que cada cierto tiempo rinda cuenta de su acción, para revisar cómo ha funcionado el trabajo y cómo han respondido a las tareas asignadas y si esta rendición de cuentas es desfavorable debe conducir a la revocación del dirigente que no ha tenido un correcto desempeño. Así no trata de un proceso de control desde arriba que realiza un organismo encargado de llevarlo a cabo, sino de un proceso que se da de la base misma y se realiza con participación de todos, individual y colectivamente. Los métodos que se utilicen deben de ser los más ágiles y simplificados. Uno de ellos, el control, tiene que ser sistemático y permanente; control de cumplimiento de las tareas y control de la evolución de los cuadros. Las evaluaciones deben ser permanentes.

Fuente: http://www.forocomunista.com/t16408-que-es-el-centralismo-democratico



De la teoría a la práctica

Antonio Martín (Colectivo Comunista 27 de Septiembre)

Quizá el centralismo democrático es el principio organizativo más importante para un partido comunista. Estando como estamos inmersos en un proceso unitario con otras organizaciones marxista-leninistas, en el seno del CEOC, y que ha de desembocar en la construcción del Partido Marxista-Leninista inexistente hoy en España, el cómo va a ser la organización del futuro partido, su funcionamiento, es algo que nos ha preocupado constantemente a los militantes del CC 27-S. Desde el instante mismo en que nos constituimos como Organización, en septiembre de 1994, dimos al centralismo democrático la máxima importancia; por eso se la damos también a los pasos que se puedan ir dando ya en la unificación organizativa y de funcionamiento de las organizaciones del CEOC antes de la celebración del Congreso de Constitución. El cómo se va forjando la unidad entre las organizaciones del CEOC; la forma de funcionamiento del CEOC como tal, de su Comisión Permanente y de su Comisión Estatal, son un reflejo de lo que serán el futuro partido y sus órganos de dirección.

En la II Conferencia del CEOC quedó claro que el funcionamiento y organización del partido que queremos construir deberán basarse en el centralismo democrático, leninista (y no en el centralismo burgués), que en la práctica se resume en:

1.- Carácter electivo de todos los organismos de dirección, de abajo arriba.

2.- Rendición periódica de cuentas por los organismos del partido ante sus organizaciones y ante los organismos superiores.

3.- Disciplina rigurosa y subordinación de la minoría a la mayoría.

4.-Obligatoriedad absoluta de las decisiones de los organismos superiores para los inferiores.

Estas cuatro reglas, que resumen el centralismo democrático, han de verse firmemente relacionadas entre sí; cada una es complemento de las otras y ha de ser obligación de todo militante, sea cual fuere su lugar u organismo de militancia, velar por su cumplimiento cabal. El problema es cómo pasar de la teoría a la práctica; cómo llevar a la práctica esas cuatro reglas.

A nadie se le escapa que centralismo y democracia son conceptos contradictorios y, aparentemente, incompatibles entre ellos, y los oportunistas de todo pelaje se esfuerzan por hacerlo ver así. A nadie se le escapa la dificultad de hacer compatibles ambos conceptos, que han de convivir en un difícil equilibrio. En la aplicación práctica del centralismo democrático no ha de primar ninguno de los dos aspectos; tan importante es el centralismo como lo es la democracia.

Amparándose en el centralismo democrático, se pueden dar desviaciones peligrosas. Abusando del sentido democrático, se puede caer en el hipercriticismo paralizante y convertir a la Organización “en un club de charlatanes”. Abusando del sentido centralista, se puede caer en el autoritarismo burocratizante y en la consiguiente degeneración burguesa y liquidación del partido m-l. De ahí la necesidad de que ambos conceptos vayan íntimamente unidos.

Vivimos en un régimen burgués. La ideología burguesa nos rodea, nos impregna y penetra en las filas del partido m-l. La vigilancia revolucionaria ha de ser permanente: de arriba abajo y de abajo arriba. Para que esa vigilancia sea posible y no quede solamente en mera palabrería para cubrir el expediente, hay que darla cauce práctico y este cauce ha de quedar garantizado de forma adecuada, en primer lugar, en los Estatutos del Partido.

Tenemos experiencias al respecto, como fue la liquidación del PCE (m-l); experiencias vividas por militantes veteranos del CC 27-S que ponen de manifiesto cómo el centralismo sin democracia favorece, e incluso engendra, el burocratismo. Ese centralismo sin la suficiente democracia, que contribuyó de forma determinante a la liquidación de un partido de trayectoria revolucionaria. En el caso de los países socialistas, ese mismo mal sustituyó dictadura del proletariado por la dictadura de los burócratas centralistas. El centralismo sin democracia hace imposible la necesaria vigilancia revolucionaria. Ese tipo de centralismo, burgués, antirrevolucionario, contrapuesto al centralismo democrático de Lenin, permite el control de arriba abajo pero no de abajo arriba.

Mas el centralismo democrático, no es algo rígido, pétreo; como todo principio ha de adaptarse a las circunstancias concretas. No puede aplicarse de la misma manera en una situación de abierta dictadura capitalista que en otra de democracia burguesa. No puede aplicarse en el año 2006, con la informática y la telefonía, lo mismo que en 1917 donde esas herramientas no existían, por poner algún ejemplo.

La noción de disciplina leninista, que exige la subordinación de la minoría a la mayoría y la obligatoriedad de las decisiones de los organismos superiores para los inferiores, toma su fuerza en que no es una disciplina ciega, sino asumida conscientemente, libremente, pues ella asegura la cohesión ideológica de los militantes y sus organismos. Esa disciplina férrea, rayana en lo militar que decía Stalin, y que es avalada por la experiencia de muchos años de lucha de los comunistas del mundo. Sin ella, la Organización se convierte en un cuerpo amorfo, incapacitado para dirigir la lucha de la clase obrera y el pueblo, y, como decía Lenin, se convierte “en un club de charlatanes”.

La subordinación de la minoría a la mayoría ha de guiar, en todo momento, la actividad del partido. Sólo cuando las decisiones de un órgano superior representan el sentir de la mayoría son decisiones legítimas, y sólo así es cuando cobra realmente sentido la obligatoriedad de esas decisiones para los inferiores; esa obligatoriedad sólo adquiere su verdadera dimensión en la medida que estas decisiones representan a la mayoría del partido.

En un partido comunista los organismos inferiores han de estar supeditados, en todo momento, a los superiores, y no al revés. Es decir, el Secretariado ha de estar supeditado al Comité Ejecutivo, éste al Comité Central y éste al Congreso.

¿Cómo puede hacerse posible, por ejemplo, la supeditación, en todo momento, del Secretariado al Comité Ejecutivo, de éste al Comité Central y de éste al conjunto de miembros del partido? No es un asunto sencillo de llevar a la práctica, pero es evidente que, para ello, es necesaria una adecuada intercomunicación que recorra todo el partido, de arriba abajo y de abajo arriba; que ponga en manos de todos los miembros del Comité Central (y no sólo del Secretariado y Comité Ejecutivo) la información suficiente que le permita tener todos los elementos de juicio necesarios para poder ejercer sus responsabilidades dirigentes.

El órgano supremo de dirección es el Congreso, que lo forman todos los militantes del partido, bien asistiendo directamente en su reunión o bien a través de camaradas elegidos democráticamente por sus compañeros y que les representan, en el más exacto sentido de esta palabra. En él se elabora la línea política, se ratifica o rectifica; se elige el Comité Central; se trazan las líneas generales tácticas a seguir, etc., etc. Una vez clausurado el Congreso, cada militante se incorpora a su célula u organización. ¿Esto significa que el Congreso ya no existe? ¿Que el conjunto de militantes del partido ya no existe? ¿Que la mayoría en el partido ya no la forman todos esos militantes? ¿Que el Comité Central puede actuar a su antojo?

El Congreso elige al Comité Central, que está formado por un reducido número de militantes, que es la autoridad máxima entre congresos y que ha de representar, en todo momento, a la voluntad mayoritaria del partido. El Comité Central elige, entre sus miembros, al Comité Ejecutivo y éste, también entre sus miembros, al Secretariado. Una vez terminadas las respectivas reuniones de esos órganos de dirección, sus miembros se incorporan a sus tareas, a sus responsabilidades, igual que ocurría con los asistentes a la reunión del Congreso. ¿Esto significa que una vez terminadas sus reuniones ya no existen el Comité Central, el Ejecutivo o el Secretariado? Sería absurdo pensar así; sería anticientífico y, por lo tanto, antimarxista. Los órganos del partido no existen sólo durante el tiempo en que están reunidos y ningún miembro de los tres órganos de dirección entre congresos pierde su calidad de dirigente entre reunión y reunión.

Es evidente que los miembros del Comité Central (entre los que están los del Comité Ejecutivo y el Secretariado) han de respetar, al igual que los demás miembros del partido, los cauces organizativos; que ellos no pueden hacer y deshacer según les plazca, o mantener reuniones no autorizadas, pero es evidente, también, que tienen la obligación de estar al tanto de la opinión de los militantes del partido, para hacer real la supeditación de la minoría de los miembros del partido a la mayoría, por lo que han de disponer de los instrumentos necesarios que les permita, en todo momento, conocer esa opinión, para así dirigir lo más acertadamente posible el trabajo del Comité Ejecutivo y del Secretariado. El dejar que sólo los miembros del Comité Ejecutivo o del Secretariado dispongan de esos instrumentos, es invertir la autoridad de los órganos superiores del partido; supondría una actitud ultracentralista que va reñida con el centralismo democrático y, por el contrario, es propia del centralismo burgués. Es el Comité Central quien ha de dirigir y controlar el trabajo del Comité Ejecutivo y el Secretariado y no al revés. Impedir a los miembros del Comité Central esa posibilidad de control dejaría en mera retórica, en mera palabrería, cualquier referencia al centralismo democrático. Invertir, en la práctica, la autoridad de estos organismos superiores, sería una manifestación de ultracentralismo, caldo de cultivo para el autoritarismo y el burocratismo que conducirían a la degeneración burguesa del partido y, más pronto o más tarde, por consiguiente, a su liquidación como partido m-l. Experiencias hay ¿De qué manera, por poner un ejemplo sencillo, se pueden poner de acuerdo la mitad, o más, de los miembros del Comité Central para ordenar al Comité Ejecutivo que convoque una reunión extraordinaria con un orden del día determinado? Evidentemente, no lo pueden hacer por telepatía. Existen el teléfono o el correo electrónico, por ejemplo.

En fin, velar por la aplicación consecuente del centralismo democrático es cerrar el paso al centralismo burgués y al ultrademocratismo, y es fundamental para poder llevar a cabo la necesaria vigilancia revolucionaria en un partido m-l; vigilancia que ha de alcanzar, también, a los máximos dirigentes del partido y sobre todo a ellos, dado el enorme daño que, llegado el caso, pueden hacer desde sus puestos de responsabilidad. Experiencias de ello hay. Camaradas que sean del Secretariado o del Comité Ejecutivo, no han de tener patente de corso.

Fuente: http://www.nodo50.org/cc27s/centralismodemocratico.htm



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