viernes, 6 de diciembre de 2013

Revolución Naranja y Golpe de Estado en Moldavia

Abril 2009

Hasta ahora Moldavia era junto con Kaliningrado (que forma parte de Rusia) y Serbia (que espera aún a las puertas de la UE y firmó recientemente un acuerdo gasístico con Moscú) uno de los tres enclaves con los que Rusia podía contar para presionar a los occidentales en Europa. Es también el más frágil: se trata de un pequeño país pobre, rural, cuya identidad cultural no está muy marcada (hay muchos rusohablantes, incluso fuera de Transnistria, y el rumano allí no es muy “académico”).

El presidente comunista Voronin (en el poder desde 2001) , tras haber jugado durante un tiempo la baza de la adhesión a la Unión Europea, se había acercado a Moscú, renunciado a la perspectiva de unirse a Rumania, como deseaban los nacionalistas de este país. Pero ese sueño de unificación (que en 1991 provocó la secesión de Transnistria, hoy en proceso de reconciliación con Voronin), un sueño que mezcla el deseo de incorporarse a la Unión Europea con viejos tufillos rusófobos (cuyos peores efectos se manifestaron en los años cuarenta del siglo pasado) permanece todavía vivo, tanto en Chisinau como en Bucarest y así, desde 2002, muchos moldavos han adquirido la doble nacionalidad moldavo-rumana, con el beneplácito del gobierno (sobre todo para facilitar las perspectivas de migración hacia la Unión Europea).

El domingo pas ado se produjo la victoria del Partido Comunista (en el poder) en unas elecciones legitimadas por la OSCE. Tras el anuncio de los resultados, manifestantes que protestaban contra la victoria del Partido Comunista en las legislativas del domingo penetraron por la fuerza en los despachos de la Presidencia y en el recinto del Parlamento. De repente, la idea de que podía tratarse de una “revolución de colores” manipulada desde el exterior, como en Ucrania o en Georgia, tomó forma en la mente de los observadores. Un diputado ruso, Vladímir Pekhtin, propuso llamarla la “revolución de las lilas”. Reuters informaba ayer de la llegada masiva, en autobuses repletos, de gente de Rumania para apoyar a los manifestantes en Chisinau, una forma de organizar manifestaciones “espontáneas” similares a las de Belgrado, Kiev o Tiflis.


El Presidente moldavo Vladímir Voronin acusó a Rumania de estar implicada en los violentos disturbios. Expulsó al embajador de Rumania y, acto seguido, aprobó la implantación de un régimen de visados con este país (Rumania introdujo un régimen de visados para los moldavos tras su adhesión a la Unión Europea en 2007). Además, declaró que los “responsables de los disturbios” de Chisinau habían abandonado el país y que se había arrestado a 118 instigadores de los altercados al tiempo que se evitaba reprimir de forma violenta a los estudiantes de colegios e institutos movilizados por los opositores. Los medios de comunicación atlantistas franceses, empezando por Le Monde, han dado la palabra a los partidarios de los insurgentes. La BBC, que transmite las declaraciones del responsable de su servicio Russie Mark Grigoryan, sin embargo considera que el PC moldavo cuenta con el apoyo popular y que los agitadores tienen pocas posibilidades de salir victoriosos.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83647

El corrupto parlamento moldavo

Noviembre 2011

Últimamente he estado volcado en el blog de política vasca y, por ello, se me están acumulando los temas a tratar en este otro. Entre los países que a menudo han salido en Cartas del Este, Moldavia ha ocupado muchas líneas por el conflicto de alto voltaje abierto entre la derecha (en su mayoría nacionalista rumana) y la izquierda (a favor de la viabilidad de Moldavia como estado independiente). Conflicto agravado por el sistema de elección presidencial que demanda una mayoría de tres quintos en el Parlamento (mínimo 61 votos a favor de los 100 parlamentarios). Este último ha sido el escenario principal de los muchos momentos de tensión y de enfrentamiento que se han vivido desde el 2009 entre los dos principales segmentos políticos en contienda. En esta lucha se han utilizado todo tipo de estratagemas, especialmente maquiavélicas por parte de derecha que ha intentando desde dar un golpe de estado suave, hasta saltarse el orden constitucional, pasando por el incesante impulso y promoción de escisiones y deserciones entre las filas de los comunistas y sus aliados.

Después de las elecciones de abril de 2009, en las que la victoria de la alianza de la izquierda liderada por los comunistas fue clara y contundente (60 de 100 diputados), la derecha impulsó un golpe de estado suave con la intención de socavar la legitimidad democrática del sistema político. Extraño, ya que los comunistas, hasta entonces aliados de Occidente y del Presidente Bush y enemistados intermitentemente con Putin, no obtuvieron la mayoría de 61 diputados que exige la elección presidencial. Es por ello que, la candidata comunista a la Presidencia, la hasta entonces Primera Ministra del gobierno de izquierdas Zinaida Greceanîi, no pudo ser elegida en ninguna de las dos votaciones celebradas, en cuyo caso las leyes moldavas prevén una nueva convocatoria electoral. Los comunistas, que si de algo han pecado en todo este proceso es de una ingenuidad supina, automáticamente convocaron elecciones para julio de 2009. Pocos días antes, Marian Lupu (Ministro de economía y Presidente del Parlamento como miembro de la alianza de izquierdas), el que había sido el delfín de Voronin (por aquel entonces Presidente de Moldavia), abandonó las filas de la alianza de izquierdas ante la imposibilidad de lograr ser candidato a Primer Ministro o Presidente. De tal suerte que pasó a liderar las filas de un partido extraparlamentario, el Partido Democrático.



En julio las nuevas elecciones son otra victoria de los comunistas, aunque en esta ocasión sin mayoría absoluta (48 de 100 diputados). Sin embargo, la formación de Lupu obtuvo 13 diputados, los mismos que podían asegurar un gobierno de centro-izquierda estable y la elección de un/a candidato/a presidencial. No fue así, el Partido Democrático, en teoría de centro-izquierda (básicamente la misma ideología de los comunistas moldavos) y que había hecho una campaña de izquierdas para competir por el voto comunista, una vez pasadas las elecciones pactó con todos los partidos de derechas para conformar un gobierno que, desde entonces, ha impulsado medidas neoliberales y nacionalistas rumanas, a la vez que se ha dedicado a trampear las leyes y corromper más, si cabe, el poder judicial (por cierto, hay que entender que en los últimos 20 años la izquierda ha gobernado ocho y que, por lo tanto, la responsabilidad del diseño político-institucional, así como los nombramientos en las instancias judiciales son producto de decisiones adoptadas por la derecha del país). No obstante, si esto facilitó un cambio de mayorías y de gobierno, no fue suficiente para que la derecha alcanzase la mágica cifra de 61 diputados que aseguran la elección de un/a candidato/a presidencial. Pero bueno, si los números no te dan, toca poner en marcha los planes B, C, D o los que sean precisos. En consecuencia, la derecha siguió promocionando la deserción entre las filas comunistas, como la de cuatro diputados a finales del 2009, a la vez que intentaba cambiar las reglas de juego de forma más o menos de democrática o abiertamente antiliberal

A pesar de los cuatro tránsfugas, estos no eran suficientes para lograr la mayoría, aún necesitaban comprar otros cinco diputados comunistas para alcanzar los 61 escaños, por ello, el candidato de la derecha gubernamental no fue elegido. Sin embargo, fue en ese momento cuando empezaron las reinterpretaciones y trampeos de la ley para evitar la disolución del parlamento y la convocatoria electoral. Un indicador claro de lo que explico es que, al contrario que con los comunistas, en este caso no hubo nuevas elecciones hasta el 28 de noviembre de 2010, con previo intento de un referéndum (fallido) para que se cambiase la forma de elección del Presidente y con la intención de aplicar el resultado de forma retroactiva (de chiste jurídico, se le ocurre hacer algo así a Chávez, Correa o…digamos Zelaya… y ya sabéis lo que les cae encima, ¿no?).

Las elecciones de 2010 vuelven a confirmar otra nueva victoria de los comunistas, en esta ocasión con 42 de los 100 escaños del Parlamento. La alianza de la derecha gubernamental sigue sin mayoría absoluta y, por lo tanto, en cuanto se celebren las dos votaciones, en caso de que no se haya elegido nuevo/a Presidente/a, habría que disolver el Parlamento y llamar elecciones. Evidentemente, si no se hizo en la anterior ocasión, tampoco se haría ahora con la nueva interpretación constitucional, hecha ad hoc para facilitar que el gobierno pueda seguir aplicando su terapia neoliberal y nacionalista rumana durante un año después de las elecciones, plazo fijado para que sea elegido el Presidente. Y en esas, llegamos a noviembre de 2011, fecha en la que expira el plazo. Cuando todo el mundo pensaba que en ausencia de mayorías suficientes habría que disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones, de repente se anuncia una nueva deserción entre las filas comunistas, en esta ocasión han sido tres los tránsfugas, justo el número necesario para que la coalición derechista obtenga la mayoría en la elección del Presidente. Sin embargo, estos diputados, al igual que en su día Lupu consiguió su parte del pastel (Presidente del Parlamento y, por lo tanto, Presidente en funciones y candidato de la alianza de derechas para el cargo), también quieren su tajada.

Lo primero que han hecho es conformar un grupo ‘socialista’ en el Parlamento y coordinar sus acciones con el Partido Socialista, hasta ahora aliado de los comunistas y que ha declarado rota la colaboración. Entre los tránsfugas está la ex Primera Ministra del último gobierno comunista, Zinaida Greceanii, la misma que fue la última candidata presidencial del partido comunista. Y claro, los tránsfugas quieren que sea ella la Presidenta y si no que se llegue a un acuerdo para la elección de un/a candidato/a independiente. Saben que a su favor tienen el tiempo, la coalición gubernamental ya está prácticamente fuera de tiempo. La elección anunciada para el 18 de noviembre se suspendió porque, finalmente, la coalición de gobierno rehusó presentar a su candidato Lupu, ya que los tránsfugas se niegan a votarlo. En este sentido, los comunistas dicen que esto equivale a la primera elección fallida y por ello, ya se están movilizando en las calles para solicitar que se cumpla la ley y convoquen las elecciones. Desde luego así debería de ser, pero, sabiendo cómo se las gasta el poder judicial, está claro que si el gobierno quiere no contará como intento fallido. Y, por si acaso, por mucho que se quejen las ONGs, la coalición de derechas ha puesto de Presidente del Tribunal Supremo a un líder de la Alianza derechista, ya sabéis una medida muy 'liberal' (sic), del más puro estilo de Intereconomía. En paralelo a la toma de medidas ‘liberal-orgánicas’, el Parlamento ha aprobado los presupuestos del Gobierno en la línea neoliberal que acostumbra desde hace dos años. Esta ley perjudicará a los más desfavorecidos de la sociedad moldava, es decir, a una aplastante mayoría, tal y como ha puesto de relieve el Partido Socialdemócrata con sus movilizaciones y protestas en las calles.

Resumiendo, las negociaciones entre tránsfugas y partidos de derecha prosiguen, a estas alturas de la jugada, todo el mundo sabe que el Gobierno está dispuesto a hacer lo que sea para mantenerse en el poder sin convocar elecciones. Parecía imposible hace un par de semanas, ahora lo parece menos. Personalmente creo que, finalmente, Lupu desistirá de ser candidato presidencial. Así las negociaciones entre la derecha nacionalista rumana, neoliberales con careta socialdemócrata y tránsfugas al servicio del dinero, avanzarán hasta alcanzar un acuerdo por el que elegirán un/a Presidente/a, porque si a algo le tienen miedo es a la voluntad popular.

http://www.postsovietico.blogspot.hu/2011/11/el-gobierno-moldavo-prosiguen-sus.html

El pucherazo de la derecha neoliberal y nacionalista rumana

Marzo 2012

A la derecha neoliberal y nacionalista rumana le ha costado nada más y nada menos que tres años acabar de ejecutar completamente su golpe de estado, primero violento y después de terciopelo (un resumen aquí). Desde el asalto al Parlamento hasta la elección del nuevo Presidente, la derecha nacionalista rumana trató de desprestigiar los procesos electorales, compró o/y se aprovechó de los tránsfugas un día sí y otro también y se ha saltado las leyes y la constitución a la torera siempre que ha podido, gracias en parte a la inocencia de los comunistas moldavos que, en un principio, creyeron que la oposición sería leal y respetaría las leyes y procedimientos establecidos.



Esta inocencia de los comunistas ha sido el cimiento sobre el que se ha construido el golpe de estado del que hoy se ha escrito el último capítulo. Por fin, la derecha nacionalista rumana con una nueva adquisición de votos tránsfugas ha conseguido que su candidato, en esta ocasión Nicolae Timofti, sea investido con 62 votos a favor, claro que para ello, una vez más ha tenido que incumplir los plazos estipulados para la elección del Presidente.

Las elecciones de noviembre 2010 volvieron a confirmar otra nueva victoria de los comunistas, en esta ocasión con 42 de los 100 escaños del Parlamento. En consecuencia, la alianza de la derecha gubernamental prosiguió gobernando sin la mayoría cualificada (61 diputados) que se demanda para la elección del Presidente, lo que significa que tras dos intentos fallidos de investidura o transcurrido un año desde la convocatoria electoral sin que se haya elegido un Presidente, el Parlamento tiene que disolverse y convocar nuevas elecciones. Sin embargo, como en otras ocasiones, la coalición gubernamental derechista evitó ilegalmente la convocatoria electoral. Es más, justo cuando llegó noviembre de 2011, fecha en la que expiraba el plazo de un año para la elección del Presidente, de repente se anunció una nueva deserción entre las filas comunistas (entre las que se encontraba la que fue candidata a la Presidencia por los comunistas) en número suficiente para que la coalición derechista obtuviese la mayoría en la elección del Presidente. De tal manera que, finalmente, la predicción que hice el 25 de noviembre de 2011 se ha cumplido, así acababa aquel post:

'Resumiendo, las negociaciones entre tránsfugas y partidos de derecha prosiguen, a estas alturas de la jugada, todo el mundo sabe que el Gobierno está dispuesto a hacer lo que sea para mantenerse en el poder sin convocar elecciones. Parecía imposible hace un par de semanas, ahora lo parece menos. Personalmente creo que, finalmente, Lupu desistirá de ser candidato presidencial. Así las negociaciones entre la derecha nacionalista rumana, neoliberales con careta socialdemócrata y tránsfugas al servicio del dinero, avanzarán hasta alcanzar un acuerdo por el que elegirán un/a Presidente/a, porque si a algo le tienen miedo es a la voluntad popular'.

PD: A todo esto los comunistas y sus aliados los últimos meses se han estado movilizando constantemente para pedir que se cumplan las leyes y se convoquen elecciones. Todas las manifestaciones y mítines han sido masivos, juntando a decenas de miles de manifestantes, pero, evidentemente, nuestros medios de comunicación lo han silenciado o tratado brevemente (simplemente compararlo con las manifestaciones en Rusia). Aquí tenéis la galería de fotos de la movilización del viernes, 16 de marzo de 2011, día de la elección del Presidente en el Parlamento. En esta línea, huelga decir que si fuesen Venezuela, Ecuador o Bolivia alguno de los países que hubieran acumulado tal número de irregularidades, incumplimientos de leyes y capacidad reiterada de crear tránsfugas y atraerlos hacia los intereses del gobierno, entonces, desde por la mañana hasta la madrugada 'nuestros' medios de comunicación nos estarían machacando sobre lo malos y antidemocráticos que son esos países, pero, como los que gobiernan en Moldavia son sus amiguitos, pues no pasa nada, genial el tema de las irregularidades, compras de diputados e incumplimientos constitucionales.

http://postsovietico.blogspot.hu/2012/03/moldavia-ya-tiene-presidente.html

Cómo EEUU preparó la "Revolución Naranja/Twitter"

Abril 2013

Hace exactamente cuatro años, miles de jóvenes moldavos manifestaban en las calles su oposición a la victoria de los comunistas en las elecciones. Estas manifestaciones fueron presentadas como un nuevo episodio de las “revoluciones de colores” que desde hacía diez años barrían a una serie de regímenes considerados “no democráticos“ en Europa del Este. Revoluciones cuyo terreno había sido preparado en todos los casos por los EE.UU. detrás de las bambalinas y que nada tenían de espontáneas. Una situación que también se dio en Moldavia, país ubicado en el límite entre Europa y Rusia.



En el momento de estos acontecimientos, en abril de 2009, Moldavia se hallaba gobernada desde hacía una decena de años por el Partido Comunista, que parecía predispuesto a ganar una vez más las elecciones. Este partido, que había adoptado la economía de mercado llevaba a cabo una política considerada por Washington demasiado independiente. Bajo su dirección Moldavia se negaba a unirse a la OTAN, mantenía profundos vínculos con Rusia y según la definición de Soros se limitaba a “una europeización solo de fachada” De modo que los EE.UU. preferían poner a la cabeza del país la Alianza para la Integración europea (AIE) una coalición de partidos de derecha que le era absolutamente fiel.

Un año antes de las elecciones el embajador de los EE.UU. organizó una reunión para “debatir el tema de la ayuda de los EE.UU. en relación con las elecciones parlamentarias del 2009”. Asistían tres miembros eminentes de la USAID, los dirigentes de la fundación Eurasia del IREX, del Instituto Democrático internacional (NDI) y del Instituto republicano internacional (IRI). Luego de reconocer que “las elecciones nacionales de 2009 serían severamente disputadas” y que “el partido en el poder estaría tentado de disponer de todos los medios para perpetuarse”, se pusieron de acuerdo en una serie de medidas para “preparar” dichas elecciones. Esas medidas estaban dirigidas a favorecer a los partidos de la oposición (ayudar a la creación de una coalición, visualizar las preferencias de los electores indecisos, crear secciones locales, etc) o a formar observadores que “supervisaran” el escrutinio. El embajador se comprometió a hacerse cargo de la coordinación de toda la asistencia y prometió ofrecer becas a las ONG cuyas actividades se orientaran en el mismo sentido.

Las organizaciones estadounidenses se pusieron a trabajar durante los meses siguientes. El IREX con la ayuda de la USAID lanzó la campaña “Hai la vot!” (Vamos a votar) destinada a motivar a los indecisos y a los abstencionistas. Una camioneta llena de jóvenes activistas recorrió las carreteras de Moldavia para convencer a la gente de que fuera a votar y sobre todo de que votara reflexivamente. Presentada como no partidista, esta campaña priorizaba a los jóvenes, base electoral de la Alianza para la Integración Europea. Los partidos de la oposición tuvieron igualmente derecho a organizarse. De modo que en un encuentro privado ocurrido aunos meses después de las elecciones, el presidente del Partido Liberal dio las gracias personalmente al embajador de los EE.UU. por la asistencia que había prestado a su equipo, en particular el Instituto Democrático Internacional y el Instituto Republicano Internacional.

Sin embargo, como era probable una nueva victoria de los comunistas, fue en la “supervisión” del proceso electoral donde los EE.UU. hicieron la mayor inversión. Su objetivo no era tanto verificar la validez de la elección como encontrar los errores a cualquier precio. De tal modo pensaban favorecer el desencadenamiento de una “revolución de colores” como había sucedido, con su apoyo, en Ucrania, Georgia y Kirzikistán.. En julio de 2008 un antiguo miembro del Instituto Republicano Internacional denunció a la prensa la preparación de esa revolución con el apoyo de la USAID, el IRI y el NDI, que ocasionó preocupación en la embajada de Estados Unidos. Sin embargo las organizaciones estadounidenses pudieron seguir normalmente su trabajo.

Un verdadero ejército de observadores la “Coalición Cívica 2009” se puso en marcha con el apoyo de la NED, la USAID y la Fundación Eurasia. Esta coalición totalmente financiada por Washington reunía un total de 70 ONG. Preveía controlar las elecciones con la participación de 2.000 observadores y tener informada a la opinión pública de las irregularidades que se comprobaran. Los EE.UU. distribuyeron también en toda Moldavia decenas de observadores internacionales escogidos por la USAID, muchos de los cuales fueron reenviados a las fronteras por haber estado implicados en las revoluciones ucraniana y kirguiza.

El 5 de abril, día de las elecciones, comenzaron a actuar los 2.000 observadores de la Coalición. Se publicaron cuatro comunicados de prensa dando cuenta de las más pequeñas irregularidades comprobadas. Aunque no culpaban solamente al Partido Comunista, los comunicados daban a entender una situación globalmente negativa. El 7 de abril, cuando los primeros resultados daban vencedor al Partido Comunista, se publicó un nuevo comunicado informando de que las elecciones no habían sido “equitativas” ni “libres en su conjunto”. No se volvieron a referir a ninguna crítica vinculada a los partidos de la oposición sino solamente a las que acusaban a los comunistas. Dicho comunicado fue ampliamente difundido por el conjunto de los medios que apoyaban la Alianza y ampliamente en las redes sociales.

                                    

Como reacción a la sospecha de fraudes difundida por los medios, miles de jóvenes moldavos salieron a las calles a reclamar nuevas elecciones. Los manifestantes se reunieron frente al Parlamento que fue saqueado por una pequeña minoría. Entre los saqueadores había nacionalistas pro rumanos y miembros bien conocidos de organizaciones de extrema derecha como Noua Dreapta. Estos últimos trataban visiblemente de provocar a las fuerzas del orden para incentivar la cólera de los manifestantes. Estas revueltas no prosperaron y al final solo quedó el nombre de una “revolución”. Luego del escrutinio nuevamente el partido Comunista fue declarado ganador Por su parte una misión de observación conducida por la OSCE, la Unión europea y el Consejo de Europa llegó a la conclusión de que las elecciones se habían llevado a cabo de modo satisfactorio y sin mayores incidentes quitando a la oposición sus principales motivos de protesta.

Solo luego de las elecciones anticipadas de 2010 –sin relación con los acontecimientos de 2009– el campo pro occidental logró encabezar el país, al final de una campaña otra vez con un gran apoyo de los EE.UU. Al año siguiente, cuando estuvo de visita el vicepresidente Joe Biden de los EE.UU. no podía ocultar su alegría: “¡Es realmente un privilegio estar aquí en este momento determinante de vuestra historia!, exclamó, ¡La libertad se siente en el aire!”. Después añadíó que Moldavia se hallaba en el buen camino pero que había aún mucho por hacer, agregó “Estaremos a vuestro lado hasta que el trabajo haya concluido”. Una buena prenda de libertad sin duda.


Hace exactamente cuatro años, miles de jóvenes moldavos manifestaban en las calles su oposición a la victoria de los comunistas en las elecciones. Estas manifestaciones fueron presentadas como un nuevo episodio de las “revoluciones de colores” que desde hacía diez años barrían a una serie de regímenes considerados “no democráticos“ en Europa del Este. Revoluciones cuyo terreno había sido preparado en todos los casos por los EE.UU. detrás de las bambalinas y que nada tenían de espontáneas. Una situación que también se dio en Moldavia, país ubicado en el límite entre Europa y Rusia.

En el momento de estos acontecimientos, en abril de 2009, Moldavia se hallaba gobernada desde hacía una decena de años por el Partido Comunista, que parecía predispuesto a ganar una vez más las elecciones. Este partido, que había adoptado la economía de mercado llevaba a cabo una política considerada por Washington demasiado independiente. Bajo su dirección Moldavia se negaba a unirse a la OTAN, mantenía profundos vínculos con Rusia y según la definición de Soros se limitaba a “una europeización solo de fachada” De modo que los EE.UU. preferían poner a la cabeza del país la Alianza para la Integración europea (AIE) una coalición de partidos de derecha que le era absolutamente fiel.

Un año antes de las elecciones el embajador de los EE.UU. organizó una reunión para “debatir el tema de la ayuda de los EE.UU. en relación con las elecciones parlamentarias del 2009”. Asistían tres miembros eminentes de la USAID, los dirigentes de la fundación Eurasia del IREX, del Instituto Democrático internacional (NDI) y del Instituto republicano internacional (IRI). Luego de reconocer que “las elecciones nacionales de 2009 serían severamente disputadas” y que “el partido en el poder estaría tentado de disponer de todos los medios para perpetuarse”, se pusieron de acuerdo en una serie de medidas para “preparar” dichas elecciones. Esas medidas estaban dirigidas a favorecer a los partidos de la oposición (ayudar a la creación de una coalición, visualizar las preferencias de los electores indecisos, crear secciones locales, etc) o a formar observadores que “supervisaran” el escrutinio. El embajador se comprometió a hacerse cargo de la coordinación de toda la asistencia y prometió ofrecer becas a las ONG cuyas actividades se orientaran en el mismo sentido.

Las organizaciones estadounidenses se pusieron a trabajar durante los meses siguientes. El IREX con la ayuda de la USAID lanzó la campaña “Hai la vot!” (Vamos a votar) destinada a motivar a los indecisos y a los abstencionistas. Una camioneta llena de jóvenes activistas recorrió las carreteras de Moldavia para convencer a la gente de que fuera a votar y sobre todo de que votara reflexivamente. Presentada como no partidista, esta campaña priorizaba a los jóvenes, base electoral de la Alianza para la Integración Europea. Los partidos de la oposición tuvieron igualmente derecho a organizarse. De modo que en un encuentro privado ocurrido aunos meses después de las elecciones, el presidente del Partido Liberal dio las gracias personalmente al embajador de los EE.UU. por la asistencia que había prestado a su equipo, en particular el Instituto Democrático Internacional y el Instituto Republicano Internacional.

Sin embargo, como era probable una nueva victoria de los comunistas, fue en la “supervisión” del proceso electoral donde los EE.UU. hicieron la mayor inversión. Su objetivo no era tanto verificar la validez de la elección como encontrar los errores a cualquier precio. De tal modo pensaban favorecer el desencadenamiento de una “revolución de colores” como había sucedido, con su apoyo, en Ucrania, Georgia y Kirzikistán.. En julio de 2008 un antiguo miembro del Instituto Republicano Internacional denunció a la prensa la preparación de esa revolución con el apoyo de la USAID, el IRI y el NDI, que ocasionó preocupación en la embajada de Estados Unidos. Sin embargo las organizaciones estadounidenses pudieron seguir normalmente su trabajo.

Un verdadero ejército de observadores la “Coalición Cívica 2009” se puso en marcha con el apoyo de la NED, la USAID y la Fundación Eurasia. Esta coalición totalmente financiada por Washington reunía un total de 70 ONG. Preveía controlar las elecciones con la participación de 2.000 observadores y tener informada a la opinión pública de las irregularidades que se comprobaran. Los EE.UU. distribuyeron también en toda Moldavia decenas de observadores internacionales escogidos por la USAID, muchos de los cuales fueron reenviados a las fronteras por haber estado implicados en las revoluciones ucraniana y kirguiza.

El 5 de abril, día de las elecciones, comenzaron a actuar los 2.000 observadores de la Coalición. Se publicaron cuatro comunicados de prensa dando cuenta de las más pequeñas irregularidades comprobadas. Aunque no culpaban solamente al Partido Comunista, los comunicados daban a entender una situación globalmente negativa. El 7 de abril, cuando los primeros resultados daban vencedor al Partido Comunista, se publicó un nuevo comunicado informando de que las elecciones no habían sido “equitativas” ni “libres en su conjunto”. No se volvieron a referir a ninguna crítica vinculada a los partidos de la oposición sino solamente a las que acusaban a los comunistas. Dicho comunicado fue ampliamente difundido por el conjunto de los medios que apoyaban la Alianza y ampliamente en las redes sociales.

Como reacción a la sospecha de fraudes difundida por los medios, miles de jóvenes moldavos salieron a las calles a reclamar nuevas elecciones. Los manifestantes se reunieron frente al Parlamento que fue saqueado por una pequeña minoría. Entre los saqueadores había nacionalistas pro rumanos y miembros bien conocidos de organizaciones de extrema derecha como Noua Dreapta. Estos últimos trataban visiblemente de provocar a las fuerzas del orden para incentivar la cólera de los manifestantes. Estas revueltas no prosperaron y al final solo quedó el nombre de una “revolución”. Luego del escrutinio nuevamente el partido Comunista fue declarado ganador Por su parte una misión de observación conducida por la OSCE, la Unión europea y el Consejo de Europa llegó a la conclusión de que las elecciones se habían llevado a cabo de modo satisfactorio y sin mayores incidentes quitando a la oposición sus principales motivos de protesta.

Solo luego de las elecciones anticipadas de 2010 –sin relación con los acontecimientos de 2009– el campo pro occidental logró encabezar el país, al final de una campaña otra vez con un gran apoyo de los EE.UU. Al año siguiente, cuando estuvo de visita el vicepresidente Joe Biden de los EE.UU. no podía ocultar su alegría: “¡Es realmente un privilegio estar aquí en este momento determinante de vuestra historia!, exclamó, ¡La libertad se siente en el aire!”. Después añadíó que Moldavia se hallaba en el buen camino pero que había aún mucho por hacer, agregó “Estaremos a vuestro lado hasta que el trabajo haya concluido”. Una buena prenda de libertad sin duda.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=166555

Moldavia echa de menos el socialismo

Otra nueva encuesta, esta vez realizada en la exrepública soviética actual Republica Moldova, viene a desmentir la supuesta verdad impuesta mediáticamente a golpe de televisión y prensa, y según la cual todo el mundo esta de acuerdo en que el Capitalismo es mucho mas eficaz que el Socialismo a la hora de lograr un nivel de vida digno para la mayoría.

Bandera de Moldavia tras la caída de la URSS


Parece que desde casi todos los antiguos países que fueron o parte de la antigua URSS o miembros del bloque comunista, llegan opiniones que desmienten esta rotunda afirmación tan repetida por la clase dominante, los capitalistas, con el fin de espantar el fantasma del comunismo, que si bien todavía no recorre de nuevo Europa, podría llegar a resurgir en algún momento y poner en riesgo los privilegios y riquezas acumuladas en manos de las élites del sistema. Sobre todo, gracias a la situación catastrófica que han provocado en estos territorios las políticas neoliberales tras el ficticio triunfo final del capitalismo sobre el comunismo hace 20 años.

Según muestra el ultimo Barómetro de Opinión Publica del gobierno moldavo (hoy en manos de la coalicion anticomunista) casi la mitad de los ciudadanos moldavos, un 46%, votaria a favor de la reintegracion con una hipotetica Union Sovietica, puesto que consideran que la situacion social y economica era mejor entonces.

Otros datos interesantes, y que demuestran la manipulacion de la realidad que se lleva a cabo por los discipulos de Goebbles, son los siguientes:



-Si el domingo proximo se organizara un referendum, un 44 % de la poblacion votaria por la integracion de Rep. Moldova en una nueva URSS, 29,9% lo harian en contra, y un 16,3% estan indecisos o se abstendrian. De los que votarian a favor, un 25% lo harian principalmente porque cuando Moldavia era de la URSS era mas facil vivir, y otros por la estabilidad de los puestos de trabajo o, incluso, porque podian viajar libremente y de forma economica por los paises y pueblos de la Union.

-En torno al 40% de los moldavos desearian la reconstruccion de la URSS y la aplicacion de un sistema socialista, y un 32% lo rechazan.

-Aproximadamente un 48% considera que el derrumbe de la URSS fue una acontecimiento en general negativo, y mas del 51% que tuvo consecuencias muy negativas para el desarrollo de Republica Moldova (solo un 22% creen que fue algo positivo para el pais).

-En cuanto al nivel de vida, los hombres tienen un sentimiento de perdida con respecto a los derechos sociales y el bienestar general. Asi, el 68% afirman que se vivia mejor cuando el pais era republica de la Union Sovietica, y solo un 10% creen que se vive mejor ahora. Mas del 55% consideran que habia mas seguridad pero tambien asistencia medica, y un 57% creen que entonces un nivel de vida digno estaba asegurado.

-Sorprendentemente, y algo para tomar nota frente a la campaña demonizadora del Socialismo por parte del mundo "libre", mas del 36% de los entrevistados declaran que en el periodo socialista, con la URSS, eran mejor asegurados los derechos del hombre, mientras que un 24% creen que se respetan mas ahora.

-Solo en cuanto a la libertad de practica religiosa, la libertad de expresion y el acceso a la informacion se considera en general que en el presente es mejor que hace 20 años.

-En cuanto a la actualidad, mas de la mitad de la poblacion cree que su pais va en una direccion incorrecta, frente a un 29,1% que cree lo contrario. Las principales preocupaciones de los ciudadanos de Rep. Moldova son la pobreza (24.3%), el futuro de los mas pequeños (16.6%), el paro (14,9%) y los altos precios (14.5%).

-En vistas a las nuevas elecciones anticipadas que se celebraran a principios de 2010 tras la derrota de la alianza anticomunista en la eleccion de presidente de la Republica, de todos los que acudirian a las urnas, el 38,9% votarian al Partido de los Comunistas, un 23,2% al Partido Democrata, de Marian Lupu, y el resto a los partidos liberales prorrumanos (un 19% al Partido Liberal Democratico, un 12% al Partido Liberal), y el resto a partidos que no accederian al parlamento, al Partido Social Democrata un 2% y a Alianza Moldova un 1,8%.

Con esta situacion el gran beneficiado seria, aparte del Partido de los Comunistas, que volveria a ganar aunque con un menor porcentaje, el Partido Democrata de Lupu, que seria de nuevo la clave de la situacion. Los que mas pierden son los partidos liberales y prorrumanos, que se quedarian por detras tanto del PCRM como de Marian Lupu.

El sondeo fue organizado por el Instituto de Politicas Publicas de Republica Moldova, con el apoyo de la Fundacion Soros. El error posible estimado es de un 3%.




Fear of the Dark - Iron Maiden:


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