jueves, 30 de enero de 2014

Bases del Materialismo histórico

Sobre el materialismo histórico


Franz Mehring

Karl Marx ha realizado la síntesis del materialismo histórico en forma tan breve como convincente en el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, publicado en 1859. Allí dice:

«El resultado general al cual llegué, y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: En la producción social de su vida los hombres contraen relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a un determinado estadio del desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social, lo que determina su conciencia. En una cierta etapa de su desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que tan sólo es una expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se habían movido hasta entonces. Estas relaciones dejan de ser formas que favorecen el desarrollo de las fuerzas productivas y se transforman en trabas de las mismas. Entonces comienza una época de revolución social. Al cambiar la base económica se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura. Al considerar estas revoluciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales en las condiciones de producción económicas, que se pueden comprobar -con la exactitud de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas- o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven. Así como no nos formamos un juicio acerca de lo que es un individuo por lo que él piensa de sí, tampoco podemos juzgar una de estas épocas de revolución a partir de su conciencia, sino que debemos explicarnos más bien esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Una formación social no desaparece nunca antes de que se hayan desarrollado todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen relaciones de producción nuevas y superiores antes de que se hayan incubado, en el seno de la propia sociedad antigua, las condiciones materiales de su existencia. Por eso la humanidad siempre se plantea exclusivamente tareas que puede realizar, pues si se observa con más cuidado se encontrará siempre que la tarea sólo surge cuando ya existen, o por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos se puede caracterizar a los modos de producción asiático, antiguo, feudal y moderno burgués como etapas progresivas en la formación económica de la sociedad. Las relaciones de producción burguesas son la última forma antagónica del proceso de producción social, antagónica no en el sentido de un antagonismo individual, sino en el de un antagonismo que surge de las condiciones sociales de vida de los individuos; pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la sociedad burguesa crean al mismo tiempo las condiciones materiales para solucionar este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana». 

Con estas pocas palabras se explica la ley que mueve la historia humana con una profundidad transparente y una claridad acabada que no encuentran su igual en toda la literatura. Y hay que ser realmente docente de filosofía en la buena ciudad mercantil de Leipzig para encontrar aquí, como lo hace el señor Paul Barth, “palabras e imágenes poco precisas”, formulaciones muy vagas, remendadas con imágenes, sobre la estática y la dinámica sociales. Pero ya once años antes, en El Manifiesto Comunista de 1848, Marx y Engels habían descrito así en qué medida los hombres son los portadores de este desarrollo histórico: «La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases. 

Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra, opresores y oprimidos se enfrentaron siempre como opuestos, mantuvieron una lucha ininterrumpida, a veces velada, a veces abierta, que terminó siempre con una transformación revolucionaria de toda la sociedad o con la desaparición conjunta de las clases en pugna. 

En las épocas históricas anteriores encontramos por casi todas partes una división total de la sociedad en diversos estamentos, un escalonamiento múltiple de condiciones sociales. En la antigua Roma tenemos patricios, caballeros, plebeyos, esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos maestros, oficiales, siervos, y además, dentro de casi todas estas clases, nuevas divisiones especiales. 

La moderna sociedad burguesa, surgida de las ruinas de la sociedad feudal, no ha eliminado las contradicciones de clase. Sólo ha creado nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas formas de lucha en sustitución de las viejas. 

Nuestra época, la época de la burguesía, se destaca sin embargo, porque ha simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad se divide, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos clases que se enfrentan directamente: burguesía y proletariado».

Luego viene la famosa descripción de cómo la burguesía por un lado, el proletariado por otro, deben desarrollarse de acuerdo con sus condiciones de existencia históricas, una descripción que en el ínterin ha superado brillantemente la prueba de casi medio siglo pleno de las más inauditas transformaciones; y a continuación la demostración de por qué y cómo el proletariado triunfará sobre la burguesía. Al eliminar las antiguas condiciones de producción, el proletariado elimina las contradicciones de clase, las clases en general y con ello su propia dominación como clase. “En lugar de la antigua sociedad burguesa con sus clases y contradicciones de clase, aparece una asociación en la cual el desarrollo libre de cada uno es la condición para el desarrollo libre de todos”. Y de las palabras que Engels pronunciara ante la tumba de su amigo, citemos aún las siguientes:

«Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, del mismo modo descubrió Marx la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho tan sencillo, pero encubierto hasta ahora bajo una proliferación de ideologías, de que los hombres deben ante todo comer, beber, tener un techo y vestirse antes de practicar la política, la ciencia, el arte, la religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios materiales inmediatos para la subsistencia, y con ello, el grado de desarrollo económico alcanzado en cada caso por un pueblo, o en un determinado período, constituye la base a partir de la cual se desarrollan las instituciones del estado, las concepciones jurídicas, el arte, e incluso las representaciones religiosas de los hombres, y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo.»

Ciertamente, un hecho sencillo en el sentido de Ludwig Feuerbach, quien afirmaba:

«Constituye un carácter específico de un filósofo el hecho de no ser un profesor de filosofía. Las verdades más simples, son precisamente aquellas que el hombre descubre siempre en último lugar.» Feuerbach fue el nexo entre Hegel y Marx, pero la miseria de las condiciones alemanas lo dejó a mitad de camino; consideraba aún que el “descubrimiento de verdades” es un proceso puramente ideológico. No fue así, empero, como Marx y Engels “descubrieron” el materialismo histórico, y afirmar de manera irresponsable que éste es un producto de sus mentes resultaría tan injusto como formular tal afirmación de manera injuriosa. Pues en todo caso se trataría de explicar bien intencionadamente a la concepción materialista de la historia como un mero producto de la mente. La verdadera gloria de Marx y Engels consiste, en cambio, en haber proporcionado, junto con el materialismo histórico mismo, la prueba más contundente de su exactitud.


Donaukinder - Rammstein:




miércoles, 29 de enero de 2014

La revolución en Filipinas y la vuelta del PCF (CPP) a la guerra popular (NPA)

La Revolución del Pueblo Filipino

Por José María Sisón
Fundador, Presidente del Partido Comunista de las Filipinas
Fragmentos de su discurso en el foro auspiciado por la Asociación de Estudiantes Iraníes el 21 de Febrero de 1995, en Utrecht, Los Países Bajos

Es una ley de hierro que la opresión y la explotación engendra la resistencia. La historia de la Filipinas y sus circunstancias actuales proveen amplia confirmación de esa verdad. Un período de la historia de las Filipinas es significante y radicalmente diferente de otro resultado a los desarrollos violentos. La condición social del pueblo en cada período es determinada conforme el tipo de economía y poder político influyente y es el resultado del balance y la lucha de las fuerzas de la revolución armada y de la reacción armada.



1. El colonialismo español conquistó las Filipinas con guerra en el siglo XVI... Desde el siglo XVI han habido estallamientos esporádicos y espontáneos de resistencia popular violenta a diversas escalas geográficas y de duración. Aunque estas fueron ahogadas por los colonizadores se fue acumulando una conciencia nacional anti-colonial, anti-racista, y anti-feudal.

2. El avance cualitativo ocurrió en 1896 cuando bajo el estandarte de Katipunan estalló la revolución filipina. Sus demandas eran la independencia nacional de españa y la emancipación de los campesinos del orden feudal de los terratenientes más poderosos, la arquidiócesis.

El avance cualitativo no sólo fue de la larga cumulativa de alsamientos espontaneos a la revolución armada con conciencia nacional y en el territorio entero, sino también del reformismo de José Rizal y los propagandistas a la línea de la revolución armada de Andrés Bonifacio y Katipunan.

De cualquier manera, la revolución de las Filipinas de 1896 fue del viejo tipo democrático, de ideología liberal burguesa y dirigida por la naciente burguesía. El legado que nos dejó esta revolución fue un sentido revolucionario de nacionalidad y de democracia...

3. Después de nuestro triunfo contra el colonialismo español, EE.UU. púdo intervenir exitosamente y conquistar a las Filipinas debido a su fuerza militar superior y las inadecuadas ideologías, estrategia, y tácticas del gobierno revolucionario de las Filipinas y su ejército.

En el curso de la guerra Filipino-Americana, la cual comenzó en 1899, los agresores yanquis aniquilaron a un décimo del pueblo Filipino, mediante combate, masacres, relocaciones forzosas, bloqueos de alimentos y otros tipos de barbaridades. Al mismo tiempo, EE.UU. usó la consigna de asimilación benevolente y negociación de paz para dividir a los revolucionarios.

La ideología liberal de la dirección de la revolución pudo ser apropiada por una potencia imperialista moderna. La cual también usó los lemas del liberalismo y otorgó concesiones a los líderes los cuales tendían a comprometerse con el enemigo y traicionar la revolución. Desde luego, una potencia imperialista moderna como EE.UU. estaba en una posición mejor que la del antiguo colonialismo español para conceder la demandas reformistas previamente hechas ante el parlamento español antes de la revolución armada.

4. A causa de su exitosa guerra de agresión, EE.UU. púdo someter a las Filipinas bajo su propio mando colonial y comenzar a convertir a las Filipinas a una sociedad semifeudal, dominada por la burguesía compradora y una clase de terratenientes, servidores de la nueva potencia colonial...
Hubieron varios alzamientos violentos en el curso de todas las décadas. En 1930, el Partido Comunista de las Filipinas fue establecido para luchar legalmente pero fue suprimido pronto por las autoridades coloniales yanquis...

5. A principios de 1942, las Filipinas fue ocupada por las fuerzas invasoras de fascismo Japonés. El 29 de marzo de 1942, el partido unido del Partido Comunista de las Filipinas y el Partido Socialista formaron el Ejército Popular AntiJaponés (Hukbalahap or Hukbo ng Bayan Laban sa Hapon).
En conjunto con la lucha armada contra Japón, el movimiento revolucionario pudo establecer poder político rojo y efectuar reformas agrarias en Luzón Central... El pueblo obtuvo poder político en los barrios y efectuó reformas agrarias y otros tipos de reformas sociales. A fines de la ocupación japonesa, las fuerzas revolucionarias...pudieron conquistar el poder en los municipios de varias provincias en Luzon Central.

6. En el curso de la recaptura de las Filipinas después de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas militares yanquis, en conjunto con fuerzas guerrilleras pro-EE.UU., las tropas de los Alguaciles pro-Japón y las guardias civiles organizadas por los terratenientes, suprimieron las fuerzas revolucionarias mediante masacres y otros tipos de barbaridades rehabilitando el poder de los terratenientes en Luzón Central.

EE.UU. le dieron independencia nominal a las Filipinas y de esa manera convertiéndola en una semi-colonia o neocolonia. La dictadura de clases conjunta de la burugesía compradora y la clase terrateniente fue repuesta en el país entero. Los políticos de las dos clases explotadoras se hicieron responsables de la administración nacional de las Filipinas.

Pero EE.UU. se aseguró de retener derechos de propiedad, bases militares, y control sobre las FFAA Filipinas haciéndola dependiente de EE.UU. de planificación estratégica, adoctrinación, adiestramiento, abastecimientos, etc.

7. ...A causa de los inexorables y sangrientos ataques contra las fuerzas revolucionarias y el pueblo, y la expulsión de los legisladores miembros de la Alianza Democrática, en 1950 Hukbalahop se convirtió en el Ejército Popular de Liberación (Hukbo Mapagpalaya ng Bayan (HMB)). La dirección de José Lava del viejo partido unido declaró lucha armada implacable con el régimen de EE.UU.-Quirino.

No obstante, la línea estratégica de la lucha armada era oportunismo de izquierda... No se consideró la necesidad de esmerarse en el trabajo entre las masas y de acumular fuerza armada en un largo período. Se esperaba que la crisis del sistema en el poder causaría el crecimiento rápido del apoyo espontaneo en progreso geométrico.

Unos meses despues de la primera campaña exitosa de ofensivas del HMB en Agosto de 1950, el partido unido del Partido Comunista y el Partido Socialista y el HMB ya estaba siendo aplastado por las FFAA de las Filipinas dirigidas y abastecidas por EE.UU... La derrota de la revolcuión armada hizo de la década de 1950 una de reacción extrema, alentada por el McCartismo y la guerra fría.



8. Pasaron casi 2 décadas antes de que la lucha armada revolucionaria pudiera continuar. Algunos meses despues de su reestablecimiento sobre el fundamento teórico del Marxismo-Leninismo-Pensamiento Mao TseTung, el Partido Comunista de las Filipinas formó el Nuevo Ejército Popular el 29 de marzo de 1969.

El PCF correctamente analizó a la sociedad filipina como semi-colonial, semi-feudal y respectivamente, la revolución de las Filipinas como democrática de nuevo tipo, bajo la dirección de la clase obrera. El proletariado se reconoció como aliado básico del campesinado, y aliado de la pequeña burguesía y de la burguesía nacional. Todas estas clases patrióticas fueron puestas en contra de las clases reaccionarias de los compradores y terratenientes. La revolución de las Filipinas fue establecida como un proceso de dos etapas, democrática nacional, y socialista.

Para el PCF la lucha armada es la forma principal de la lucha revolucionaria porque efectua la tarea principal de la revolución, la cual es conquistar el poder político. La teoría y línea estratégica de la guerra popular prolongada fue establecida. El Nuevo Ejercito Popular rodeará las ciudades desde el campo, y acumulará fuerza hasta que pueda tomarlas.

La guerra popular prolongada es posible debido a la crisis crónica del sistema semicolonial y semifeudal, debido a la dirección popular proletaria guiada por el marxismo-Leninismo-Pensamiento Mao TseTung, a la mayoría campesina del pueblo y su demanda democrática por la reforma agraria y el favorable terreno tropical. Los órganos revolucionarios de poder pueden ser creados en el campo mientras el estado reaccionario todavía se encuentre atrincherado en las ciudades.

9. Aún antes de que la pandilla en el poder de Marcos declaró la ley marcial en 1972, las fuerzas armadas del estado contrarevolucionarios de compradores y terratenientes ya estaban metidos en las más brutales campañas de supresión.

Pero el Partido y el NEP tiene su base de masas que crece y se profundiza cada momento. Cuando las fuerzas del enemigo se concentraban en una sóla area les era difícil ocupar las áreas que lindaban y abandonaban áreas aun más grandes más adelante. El NEP, por lo tanto, ha expandido y consolidado su base de masas en el campo del país entero para tener el espació más amplio para sus obras.

La ley marcial, de 1972 a 1986 comprobó ser inútil contra el movimiento armado revolucionario. Solamente ocasionó que un número más alto de personas se alzará. El cambio al régimen seudodemocrático de Aquino tambien comprobó ser inútil contra la revolución. El General Ramos es la figura sobresaliente de todas los fracasos de los reaccionarios contra la revolución armada.

10. ...El NEP puede efectuar la lucha armada vigorosamente, solamente mientra sea apoyado por los órganos de poder político, las organizaciones de masas y los brazos locales del partido y es fortalecido por las unidades de milicias regionales y las unidades de defensa propia.



El NEP hubiese sido una fuerza mucho más fuerte en 1980 y hasta el presente, si no fuese por los errores del oportunismo de izquierda del militarismo y el insurrecionismo, los cuales nos llevaron a la boca de las FFAA del gobierno reaccionario, y socavaron sus bases de masas revolucionarias.
El Partido Comunista de las Filipinas ha efectuado desde 1992 un movimiento dentro de sus cuadros para reafirmar los principios Marxistas-Leninistas básicos, rectificar los errores y fortalecer las fuerzas revolucionarias. Este movimiento está levantando cada vez más alto la voluntad luchadora y abilidades del PCF y el pueblo. El PCF reconoce la necesidad de la violencia revolucionaria para derrocar el sistema opresor y explotador y instalar un nuevo sistema social donde el pueblo disfrute la independencia nacional, la democracia, justicia social, el progreso material y cultural, y la paz.

Fuente: http://www.forocomunista.org/viewtopic.php?f=39&t=62


Filipinas: pobreza y líneas centrales de la Revolución nacional


El Partido Comunista de Filipinas explica las líneas centrales de la Revolución nacional liberadora de su país oprimido

La línea general de la nueva revolución democrática con una perspectiva socialista guía la dirección de la revolución filipina y guía al Partido y a las masas para salir del maremágnum económico, social, político, cultural, ambiental y moral que surge de la opresión y la explotación y su agravamiento como resultado de la crisis. La clase trabajadora es la clase líder en la revolución al ser la fuerza productiva y política más avanzada. Depende principalmente de su alianza básica con los campesinos, gana un aliado fuerte con los pequeños burgueses urbanos, incluso también en la mediana burguesía, y toma ventaja de las contradicciones entre los reaccionarios para aislar y destruir un enemigo tras otro...

En tiempos de grave crisis, los hechos abundan para que el pueblo tome la línea de la nueva revolución democrática, en acuerdo con los intereses nacionales y de clase. Hay varios tipos de organizaciones de masas que deben ser desarrolladas para solidificar la masa de activistas patriotas y progresistas. A mayor tiempo de antigüedad de las organizaciones de masas, más fácil llegar y movilizar al pueblo en grandes cantidades.

Las organizaciones legales de masas patriotas y progresistas pueden surgir y crecer reivindicando y ejerciendo sus derechos democráticos contra la explotación y la opresión del pueblo, y contra los actos descarados o discretos de represión de los regímenes que hipócritamente claman ser democráticos y diferentes de la caída dictadura fascista de Marcos. La clase trabajadora tiene sindicatos, siendo el Kilusang Mayo Uno el centro laboral más fuerte. Los campesinos y trabajadores de granja tienen el Pambansang Magbubukid ng Pilipinas; los pescadores el Pamalakaya; y los empleados de gobierno el COURAGE, por citar sólo las formaciones más grandes de las masas trabajadoras.

Hay varios tipos de organizaciones de colectivos sectoriales, como las de los estudiantes, maestros, trabajadores de la salud, abogados, científicos y tecnólogos, escritores y artistas, religiosos progresistas, hombres de negocios patriotas, y del estilo. Hay también colectivos basadas en temas y problemas como la independencia nacional, democracia, derechos humanos, reformas territoriales e industrialización nacional, pueblos indígenas, derechos de los jóvenes, derechos de las mujeres, derechos de los niños, cultura patriótica y progresista, medio ambiente, paz justa y duradera, solidaridad internacional contra el saqueo imperialista y la guerra, y demás.

Usando la política del frente unido, las organizaciones patriotas y progresistas han desarrollado alianzas sectoriales (dentro de las clases y categorías ocupacionales) y alianzas multisectoriales como la BAYAN (New Patriotic Alliance), que es la mayor en su tipo. Estas alianzas han servido para aumentar, ampliar y expandir la fuerza e influencia del movimiento democrático nacional en campañas y varios tipos de activismo en temas permanentes así como en temas candentes de la actualidad.

Los colectivos legales y las alianzas son claros en afirmar su independencia del Partido Comunista de Filipinas (PCF) y las organizaciones de masas revolucionarias ilegales. Lo hacen obviamente para contrarrestar la cacería de brujas anti-comunista que ha llegado a ser más despiadada que nunca bajo la llamada Ley anti-terrorismo. Están relacionadas cercanamente con grupos de partidos progresistas que participan en luchas electorales con el sistema gobernante.

Por supuesto, el PCF ha desarrollado diversos tipos de organizaciones de masas ilegales. La más importante de éstas en términos de fomentar la prolongada guerra del pueblo es el Nuevo Ejército del Pueblo (NEP). Es liderada por el Partido y la clase trabajadora, y la mayoría de los comandantes y luchadores rojos vienen de los campesinos. En estos momentos, el NEP está inmerso en el plan estratégico de 5 años para llevar la guerra del pueblo de la defensa estratégica a la permanencia estratégica.



Hay un acuerdo exhaustivo de organizaciones de masas clandestinas de trabajadores, campesinos, jóvenes, mujeres, trabajadores culturales, abogados, científicos y tecnólogos. Y hay alianzas clandestinas de los pueblos de Cordillera, Moros y Lumads, y los religiosos progresistas, especialmente los Cristianos por la Liberación Nacional. Todas las anteriores fuerzas revolucionarias están dedicadas a la guerra del pueblo. Junto con el PCF y el NEP, pertenecen al Frente Nacional Democrático de Filipinas.

El FNDF es un frente unido revolucionario, con su propio programa de revolución democrática y constitución del pueblo, en armonía con el del PCF. El FNDF consiste en las formaciones de las masas trabajadoras y la pequeña burguesía citadina. Pero está siempre abierta para incluir a la mediana burguesía e incluso a los aliados temporales y no confiables de entre las filas de los reaccionarios que se oponen a lo peor de éstos.

El FNDF ha llegado lejos y ha realizado negociaciones de paz con una serie de regímenes reaccionarios para asegurar su estatus beligerante ante la ley internacional y demandar que las raíces del conflicto armado sean discutidas para sentar las bases de una paz justa y duradera.
Para evitar confusión entre los revolucionarios y el pueblo, el PCF y el FNDF siempre han dejado claro que el camino para una paz justa y duradera no es diferente del camino de la nueva revolución democrática...

Las amplias masas del pueblo filipino y el movimiento revolucionario liderado por el PCF están confiados en completar la etapa de la nueva revolución democrática y de proceder a la etapa de la revolución socialista. Su confianza se basa en su adhesión a la teoría y práctica del Marxismo-Leninismo, su conciencia de la crisis crónica y pérdida de curso del sistema gobernante doméstico y del sistema capitalista mundial, de su aprendizaje de las experiencias del movimiento revolucionario en las Filipinas y el extranjero, y de emprender todo el trabajo y luchas necesarios para pasar de un estado de la revolución al siguiente".

Fuente: http://www.forocomunista.com/t2417p80-partido-comunista-de-filipinas-nuevo-ejercito-del-pueblo


Situación política  del CPP en la actualidad

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)

Estos últimos meses se están caracterizando en Filipinas, entre otras cosas, por los movimientos que el gobierno filipino ha emprendido para retomar las negociaciones con algunos de los grupos armados que operan en el archipiélago. En ese sentido, representantes de la administración de Benigno Aquino se han reunido con miembros del Frente Moro Islámico de Liberación (MILF) en la capital de Malasia, mientras que hacía lo propio con la delegación de la guerrilla del Partido Comunista de Filipinas (CPP) a las afueras de Oslo.

Esta toma de contacto viene a romper la postura mantenida por la anterior presidenta filipina, Gloria Macapagal-Arroyo, quien mientras era recibida con todos los honores y parabienes en Occidente, llevaba a delante una campaña contra la insurgencia, donde la violación de derechos humanos alcanzaba las cifras más altas de los últimos años.

Tras más de 42 años de insurgencia, la guerrilla comunista del CPP, la guerrilla filipina ha hecho frente a la dictadura de Marcos, y a los cuatro gobiernos elegidos en las urnas tras el fin de la misma. En estas décadas el CPP ha atravesado por diferentes fases, tal y como reconocen recientes análisis internacionales.

Desde su fundación en 1968, y durante toda la dictadura de Marcos, la guerrilla creció rápidamente y se fue asentando, con el apoyo de importantes sectores de la población, en buena parte del archipiélago filipino. Los primeros años de la llamada “transición democrática”, sirvieron al ejército para impulsar toda una campaña de terror que se extendió a los militantes de las organizaciones políticas y de base que simpatizaban con las demandas del CPP y de su brazo armado, el Nuevo Ejército del Pueblo (NPA).

Posteriormente, la capacidad movilizadora y operativa del CPP-NPA se ha recuperado, y ha venido desarrollando organizaciones que obtienen buenos resultados electorales, mientras afrontaba diferentes intentos de encauzar conversaciones de paz con el gobierno, y hacía frente a la brutal campaña que el gobierno de Arroyo impulsaba.

Los contactos y negociaciones entre los gobiernos de Manila y la guerrilla comunista se han sucedido en las últimas décadas. Desde los primeros intentos hace más de 25 años, bajo la presidencia de Cory Aquino, se han sucedido los acercamientos y los fracasos.

En 1992, se firmó la declaración de La Haya, que estableció una agenda para la negociación de cuatro ejes centrales (reformas socio-económicas, derechos humanos, reformas políticas y constitucionales, ceses de las hostilidades). Tres años más tarde, a través del Acuerdo Conjunto de Garantías de Inmunidad y Seguridad (JASIG), se aseguraba que los representantes y grupo negociador del Frente Democrático Nacional de Filipinas (NDFP), una coalición de sindicatos, partidos políticos y otros movimientos, entre los que se encuentra el CPP, no fueran perseguidos por su laber negociadora.

Otra aportación de todos estos intentos negociadores es el Comité Conjunto para la Monitorización (JMC), que se encargaría de investigar las violaciones de los acuerdos, y que fue puesto en marcha en 20045, con la asistencia de un facilitador independiente e internacional, Noruega.

Ese mismo año, la delegación del NDFP abandonará las conversaciones tras la decisión del gobierno de Arroyo de renovar la inclusión del CPP-NPA y de alguno de sus dirigentes en la lista “de personas y organizaciones terroristas”, así como por el escándalo que siguió a la reelección de la citada presidenta.

Los posteriores intentos de Gloria Macapagal-Arroyo de combinar la política represiva con falsos intentos de negociación (denunciados por los representantes de NDPF como peticiones de rendición y de reescribir lo acordado en 1992), dificultaron aún más el complejo equilibrio negociador. Todo ello además, acompañado de una política de exterminio de militantes sociales y una política “anti-terrorista” que otorgaba carta blanca a las fuerzas policiales y militares del país.

Los dos últimos años nuevos impulsos han hecho aparición en el complejo puzzle negociador filipino. En 2009, y gracias al trabajo de cocina de Noruega, el gobierno reconoció que un alto el fuego no “era una condición previa para iniciar las negociaciones”, al tiempo que reinstauró el JASIG y se planteó la liberación de algunos presos políticos.

El año pasado, con la toma de posesión del nuevo presidente Aquino, el gobierno se mostró dispuesto a un alto el fuego y a retomar las negociaciones. Desde el CPP se rechazó la oferta, pero dejaron la puerta abierta a retomar las negociaciones. De esa manera, el pasado mes de diciembre, tuvieron lugar en Hong Kong contactos y conversaciones que permitieron una tregua en Navidades (la más larga en los últimos diez años).

La continuación de este proceso tuvo lugar el pasado mes de enero en Oslo, en donde se acordó el inicio de conversaciones formales sin condiciones previas., y que han tenido lugar entre el 15 y 21 de este mismo mes.

El camino iniciado estas semanas no será breve, pero es importante que a pesar de las dificultades que irán asomando, algunas ya lo han hecho en forma de detenciones de importantes figuras del CPP, ambas partes parecen dispuestas a profundizar esa vía. También es importante el papel de los mediadores (Noruega) que han continuado apoyando el proceso a pesar de las rupturas puntuales que se han sucedido.

Otra insurgencia armada que opera con fuerza en el sur del archipiélago, el Frente Moro Islámico de Liberación (MILF) también ah iniciado conversaciones en Kuala Lumpur, capital de malasia, con el gobierno filipino. De momento parece ser que ambas partes han acordado renovar el mandato del grupo internacional de monitorización en le sur del archipiélago por otros doce meses. También ha tenido lugar un intercambio de propuestas entre las dos delegaciones y han decidido volverse a reunir los próximos 29 y 30 de marzo.

Al igual que en el caso de la guerrilla comunista, este proceso también puede estar afectado por movimientos contradictorios que pueden poner en un difícil trance el desarrollo de las negociaciones. El pasado año se filtró la posibilidad de que dentro del MILF hubiera tenido lugar un escisión, y estos días parece que la noticia se confirma con el anuncio de la creación del grupo Luchadores Islámicos de la Libertad Bangsamoro (BIFF) que anuncia su intención de continuar la lucha contra los militares filipinos y lograr en Mindanao la instauración de un estado independiente e islámico.

Los obstáculos planean este nuevo escenario. Desde las reticencias e intentos de sabotaje por importantes sectores de los llamados poderes fácticos (militares, empresarios, parte de la clase política), temerosos de perder su privilegiada situación en el actual status quo hasta las tácticas de algunos representantes de la administración que buscan la división de las organizaciones guerrilleras para debilitar su posición ante las hipotéticas fases centrales de la negociación.



Lo que no cabe duda es que para lograra una paz justa y duradera, en Filipinas, como en otros lugares, se deberán afrontar las raíces del conflicto. La política discriminatoria hacia los pueblos indígenas, la venta de los recursos del país a las grandes multinacionales, los abusos de las fuerzas de seguridad y sus aliadas milicias paramilitares, la injusta distribución de la tierra, en manos de terratenientes en grandes zonas del país, o la necesaria reforma agraria, son algunos de los temas que deberán abordar en cualquier intento serio de llevar a delante el proceso de paz que algunos comienzan a vislumbrar en Filipinas.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123056


Master of Puppets - Metallica


lunes, 20 de enero de 2014

La grandes potencias juegan con un Kirguistán que añora el socialismo

Kirguistán es el principal punto de apoyo logístico de toda la cuarta guerra afgana. La base de Manas abastece a los coloniales norteamericanos. EEUU y Rusia se disputan la soberanía de la zona con diversos golpes de estado impulsados por mercenarios y mafias xenófobas que rompen la paz conseguida tras el periodo soviético.

Nueva revuelta en Kirguistán
Auge y caída de otra experiencia de "revolución de colores"

Txente Rekondo
Gara

Los efectos locales de la crisis mundial, los errores políticos del actual presidente, que no ha dudado en desairar a Moscú y en flirtear con EEUU, explican la nueva revuelta en Kirguistán, cuyo desenlace futuro veremos en las próximas semanas.

Los recientes acontecimientos han devuelto a la actualidad a la para muchos desconocida república de Kirguistán. Si en marzo del 2005 la llamada «Revolución de los Tulipanes» acabó con la Presidencia de Askar Akayev, su sustituto, Kurmanbek Bakiyev, ha corrido la misma suerte tras las protestas populares de estos días.

Ya entonces, algunos coincidimos en señalar que aquello se trató en realidad de un mero cambio de peones, impulsado por los intereses y maniobras de Washington en la región. Ese apoyo, a través de un sinfín de organizaciones e instituciones, unido al descontento popular, materializó el cambio citado.

Sin embargo, el paso de los años no ha supuesto ninguna transformación de peso para la mayoría de aquel país. La pobreza, el desempleo, la corrupción, la acumulación de poder en pocas manos, siguen ahí. De todas formas, ni los más cercanos analistas podían prever que el desarrollo de los acontecimientos desembocara en la actual situación, como tampoco lo sospechaban otros actores importantes, como las fuerzas de la oposición, el propio presidente Bakiyev, o incluso la embajada de EEUU en Bishkek.

Una serie de hechos han podido precipitar este nuevo escenario. Evidentemente la crisis económica mundial también ha tenido su repercusión. En el pasado eran muchos los ciudadanos que buscaron una salida económica mejor en países como Rusia o Kazajistán. Todo ello representaba un importante factor contra la inestabilidad, ya que por un lado eran fuente de divisas para el país, y por otro, mantenía fuera del país a ese potencial disidente. La vuelta de muchos de esos emigrantes forzada por la crisis la crisis ha supuesto un importante revés para el propio Bakiyev.

Por otro lado, la convocatoria presidencial de una reunión nacional, Kuralai, el pasado mes de marzo, se ha vuelto contra Bakiyev, quien intentaba acallar las críticas y mostrar una imagen de unidad y, por un mal cálculo político, ha tenido que afrontar una lluvia de reproches y descontentos. Además, desde hace semanas la prensa rusa lideraba una campaña crítica con el depuesto presidente que también ha contribuido a aumentar el rechazo popular.

Finalmente, la decisión de Moscú de acabar con la venta privilegiada de petróleo a Kirguistán ha llevado a los dirigentes kirguises a aprobar un incremento de los precios de la electricidad y de los productos de alimentación básicos, lo que ha generado un aumento de las protestas populares.

El pulso que mantienen EEUU y Rusia en la zona también se ha dejado entrever

Así, Rusia llevaba tiempo presionando al presidente Bakiyev para que cerrase definitivamente la base militar de Manas, cercana a la capital, y utilizada por EEUU como soporte de las tropas de la región, Afganistán principalmente. En ese sentido, Moscú prometió una importante ayuda económica al país, así como mantener los precios «de amigo» en materia energética. No obstante, Bakiyev y sus aliados locales se han aprovechado de todo ello, generando el enfado ruso. Algunos colaboradores del presidente han utilizado el bajo coste del petróleo para revenderlo a los propios norteamericanos en la base militar, llenando sus propios bolsillos, al tiempo que han gastado parte de la ayuda anticipada sin cumplir lo acordado.

Los dirigentes rusos justifican el aumento del precio del petróleo por la creación el próximo verano de una nueva Unión aduanera (Rusia, Kazajistán y Bielorrusia), de la que no es parte Kirguistán, y por tanto no podría seguir disfrutando de ese privilegio (habrá que ver qué hace Rusia ante Tayikistán, que tampoco se va adherir a esa nueva entidad).

Por su parte EEUU lleva tiempo moviendo sus fichas en torno al presidente y su círculo de colaboradores, logrando finalmente mantener su presencia militar en la base de Manas, al tiempo que podrían haber asesorado militarmente a las fuerzas locales. Este apoyo explica la tardía reacción de la embajada estadounidense estos días, así como su tibio comunicado ante el cariz que tomaban los acontecimientos.

Las similitudes y diferencias con la «Revolución de los Tulipanes» también son evidentes. Tanto ahora como en 2005, las diferencias regionales, la corrupción, el despotismo, el control del poder económico y político en manos de una élite cercana al propio presidente, el fracaso y la incapacidad de las fuerzas policiales (ahí están las imágenes de policías apaleados o cambiando de bando) muestran esos parecidos.

Sin embargo, en esta ocasión conviene resaltar importantes diferencias. Destaca el nivel de violencia generado estos días, que no tiene relación con las pacíficas protestas de hace unos años. Estos días han sido las regiones del norte las que se han levantado contra el Gobierno central, mientras que en 2005 fueron las zonas del sur, plaza fuerte de Bakiyev. Pero tal vez la diferencia más importante esté en la organización y caracterización de las protestas.

Estos días, la mayor parte de los manifestantes mostraban el sentir de la mayoría de la población, al tiempo que se presentaban de una manera poco coordinada o sin ataduras a los partidos de la oposición, superados también por los acontecimientos. Si en 2005 fue una parte de la élite local, descontenta con el entonces presidente la que maniobró y coordinó las protestas, en esta ocasión ha sido la propia población civil, molesta con la situación, la que ha abierto la posibilidad de cambio.

De momento, la dividida oposición ha iniciado las maniobras para controlar la situación, pero habrá que ver hasta cuándo es capaz de mantener esa unidad y, a la vista de la experiencia del pasado, no es descartable que pronto surjan diferencias internas.



También habrá que seguir los movimientos de Bakiyev, que se ha hecho fuerte en el sur, pero que no cuenta con el apoyo de Moscú, y que buscará o bien un enfrentamiento directo con los nuevos dirigentes del país (que podría encaminar a Kirguistán hacia un peligroso escenario), o bien abrir las vías a una negociación, y tal vez un nuevo reparto del poder (que no será del agrado de la población). Si se da esta última situación, también habrá que seguir con atención el papel que desempeñe Moscú, capacitado política y económicamente para contribuir a una u otra salida, pero sin olvidarnos de las maniobras que desde Washington se pondrán, sin duda, en marcha.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20100410/193052/es/-Auge-caida-otra-experiencia-revolucion-colores

Kirguistán también echa de menos la URSS

Los acontecimientos actuales en Kirguistán arrojan luz sobre la naturaleza de los acontecimientos del pasado mes de abril: en lugar de ser una verdadera y necesaria Revolución que restableciese el poder popular, los valores soviéticos y reconstruyese la sociedad en ruinas, ha sido la simple toma del poder por una mafia rival de la mafia que ha sido depuesta. Estas mafias azuzan de manera criminal la frustración de la población debida a la pobreza, el despotismo y la desigualdad el odio entre comunidades nacionales que en la época soviética fueron hermanas en la construcción socialista. Y mientras tanto venden los servicios de la base aérea de Manas a los gringos en su guerra colonial en la vecina Afganistán.

Las matanzas de uzbekos (y parece que también de rusos y otras nacionalidades) cometidas por gamberros kirguises en el sur del país son otra manifestación del profundo retroceso social, civilizacional, moral y espiritual que ha supuesto la brusca destrucción del socialismo y de la URSS. El pueblo kirguíz tenía mucha razón cuando rechazó de manera abrumadora salir de su Patria soviética y crear un artificial y totalmente inviable estado "independiente" que les ha hecho caer en poder de potencias extranjeras y de mafias criminales. Y esto no es retórica. Por la ciudad de Osh, donde han estallado los pogroms racistas, circulan todas las líneas de transporte del opio afgano a los corrompidos mercados europeos y norteamericanos. En junio de 1990 en Osh se inició la contrarrevolución. La organización fascista kirguiz "Osh Aymaghi" arrebató la tierra a un koljóz de población uzbeka desencadenando una auténtica guerra civil que costó la vida a 171 personas y que pudo ser reprimida y resuelta por el Ejército soviético y el Partido que, aunque enfermos en aquella época, todavía eran garantes de la Paz y del Socialismo. Hoy las narcomafias han descompuesto la sociedad y estimulan las peores pasiones. En marzo de 1991 el 92,4 % de los electores de la República socialista acudieron a las urnas en el referéndum que tuvo lugar en toda la Unión y el 96,4 % dijeron un rotundo "SI" a la continuidad de la URSS con la República dentro. La URSS le dio todo a Kirguistán:

- La propia existencia de la República creada en 1936.

- El desarrollo industrial que creció 700 veces en los primeros 60 años soviéticos.

- La amistad entre los pueblos que en el pasado eran enemigos. El presidente del Koljoz "Proletario" en Uzbekistán le dijo en los años 50 al filósofo Roger Garaudy que en el pasado los uzbekos, tajikos y kirguizios se mataban por el agua y que. gracias a la construcción del canal de Fergana, se había hecho a esos pueblos amigos (1). Lo dijo el camarada Tijonov, jefe del gobierno soviético:"El fundamento material de la amistad fraternal entre los pueblos de la URSS es un complejo macroeconómico único"(2). La voluntad soberana masiva del pueblo de todas las nacionalidades del Kirguistán soviético fue violada con la destrucción de la URSS a la que contribuyeron traidores kirguizos como el falso "comunista" Askar Akaev (en realidad un burócrata académico sin principios) quién destruyó la economía socialista y la actual presidenta Rosa Otunbayeva que alguna vez enseñó marxismo-leninismo y que se vendió al imperialismo. Roto ese complejo renacen los clanes, las opresivas costumbres feudales, las mafias criminales y el odio entre pueblo hermanos.

A los trabajadores de la República de todas las nacionalidades y a su vanguardia comunista, a los pueblos
hermanos de otras repúblicas soviéticas y a la vecina China Popular (donde vive una minoría kirguíz) les incumbe una enorme responsabilidad en la reconstrucción revolucionaria de esa sociedad. No tienen otro camino para la paz, el progreso, la democracia y la soberanía que el Socialismo.


La vecina Tayikistán es inteligente y se alía al Irán antiimperialista para no quedar a merced de la OTAN y los gringos en su devastadora guerra de Afganistán que todo lo corrompe en Asia Central.

Historia de los kirguises

http://www.centralasia-travel.com/sp/countries/kirgistan/history

El área de la actual Kirguistán contiene evidencia de ocupación humana desde el momento del Paleolítico Inferior en, aproximadamente hace 300.000 años. Los arqueólogos sugieren que los dos tipos de economías desarrolladas en el territorio, la agricultura y el pastoreo nómada. En el siglo séptimo antes de Cristo se había convertido en el nomadismo predominante, y la zona estaba controlada por diversas alianzas tribales. En el norte de la Saki (séptimo-tercero siglos antes de Cristo) fueron sucedidos por los Usuni (2do siglo BC-quinto siglo dC), en el sur del estado Parkan (segundo-primera siglos antes de Cristo) fue sustituido por el reino Kushani (primera a cuarta ANUNCIO del siglo). La identidad étnica de los pueblos es el tema de mucho debate, pero no eran turcos. Desde el siglo sexto en adelante, varias tribus turcas comenzaron a empujar hacia el oeste, con el tiempo la solución la mayor parte de Asia Central, incluyendo Kirguistán. Gran parte del actual Kirguistán se unió en el siglo séptimo, como parte de los turcos Kaganate West, y reemplazado en el siglo octavo por el Turgash, quien a su vez fueron conquistados por los Karluk, que se originó en la región de Altai al norte.

Cuando el actual Kirguistán por primera vez a este territorio es el objeto de mucho debate. Las referencias a las tribus de que la vida en el nombre de Altai se producen en el siglo X , pero otra gente con el mismo nombre que vivió a lo largo del río Enisei se menciona por primera vez en los registros desde el siglo segundo. Los kirguises Enisei formado Kaganate kirguís en torno al año 650, que sobrevivió hasta la derrota por Gengis Khan en 1209. La tradición de Kirguistán prefiere ver su origen en ese estado, pero los etnógrafos y arqueólogos ver el reclamo con bastante escepticismo.

La evidencia sugiere que en lugar de la República Kirguisa, que hoy son una amalgama de pueblos diversos, como las tribus existentes se incorporaron a nuevas oleadas de conquistadores. El territorio era parte del estado Karakhanid de alrededor de 950-1150, durante el cual la población urbana ha participado activamente en el comercio y la manufactura a lo largo de la Ruta de la Seda. La conversión al Islam también se inició en este período.



Mongoles Gengis Khan conquistó la zona en el siglo XIII , la destrucción de la mayor parte de la cultura Karakhanid y la introducción de un gran número de nuevos pueblos en la zona, de turcos, mongoles, tibetanos y de valores. La mezcla resultante de las tribus era casi seguro que la base para la gente de hoy en día de Kirguistán, que conservan gran parte de la memoria de los orígenes en las genealogías orales conservadas de los 40 clanes y tribus. La actual bandera de Kirguistán incluye la representación de un sol con un rayo por cada tribu. La República Kirguisa, seguir la práctica de dividir los mongoles a su gente en la izquierda (ong) y derecha (sol) "alas", dijo para reflejar bien el despliegue de tropas en formación militar, o lugar de origen de la tribu de habitación. También hay un tercer grupo, el ichkilik, que parece que se incluyen partes de la identidad kirguís.

Desde el siglo XV hasta el siglo XVII las tribus de Kirguistán fueron parte de la demarcación más grande de la historia de Asia Central, lo que distingue sedents agrícolas de los pastores nómadas. La aparición de los mismos nombres tribales entre los kazajos, kirguises, uzbekos y sugiere cómo el pueblo de este territorio formó una serie de alianzas tribales, en lugar de un verdadero estado.

En el siglo XVIII la República Kirguisa, comenzaron a llegar bajo la presión de las tribus mongolas hacia el este. Esto llevó a algunas de las tribus del norte para enviar delegaciones a los rusos, que habían empujado a Siberia en el siglo XVII, y que estaban empezando a tener lo que hoy es el norte de Kazajstán bajo su control. Los rusos no hicieron distinción entre los kazajos y kirguises, llamando a los kirguises. El sur de Kirguistán, sin embargo, fueron conquistados por los Kokand Khanate, establecida en el siglo XVIII, que los separa de la República Kirguisa, el norte. Esta división entre el sur y el norte continúa hasta la actualidad en la vida de Kirguistán.

La expansión de Rusia en lo que llamó la estepa incluidos Kirguistán. La mayor parte del norte de Kirguistán fue incorporada al imperio en 1863, el sur siguió en 1876, cuando Rusia destruyó el Khanate Kokand. Administrativamente, la actual Kirguistán se dividió entre cuatro guberniias. A partir de la década de 1890 Rusia se establecieron los agricultores europeos de Rusia y otros en los fértiles valles del norte, obligando a los nómadas de Kirguistán alto en las montañas.

En 1916, Rusia políticas de requisa de ganado y uso de la tierra había dejado de Kirguistán mal empobrecidos. Cuando Rusia trató de emitir un proyecto llamada a filas para Centroamérica varones asiáticos, entre ellos el de Kirguistán, nuevos combates estallaron en todo el territorio. Los levantamientos fueron reprimidos, con gran pérdida de vidas, la población en la parte norte caído hasta en un 40%. Desde su independencia en 1991, el Estado ha conmemorado el levantamiento de 1916 como un genocidio.

Hostilidad hacia los zares significaba que había cierto apoyo a los bolcheviques, al menos hasta que quedó claro que Lenin no iba a favorecer el desarrollo de los estados nacionales. La resistencia a los rusos continuaron esporádicamente hasta mediados de 1920, en lo que los historiadores rusos han marcado la rebelión Basmachi.

Como el poder bolchevique se ha consolidado, Kirguistán se hizo por primera vez una provincia autónoma (unidad política) de la Federación Rusa en 1924, fue actualizado en 1926 para una república autónoma, pero aún dentro de Rusia. (En aquel tiempo Rusia era una de las repúblicas soviéticas). Kirguistán no ha adquirido la plena república soviética hasta 1936.

(Cómo no, se obvia todo el periodo socialista y el progreso que trajo a un país completamente feudal...)

La república fue considerado como uno de los menos desarrollados de la Unión Soviética, política y económicamente. Por lo tanto, fue una gran sorpresa cuando, el 28 de octubre de 1990, Kirguistán se convirtió en la primera república soviética para seleccionar a su propio jefe. La legislatura de Kirguizistán se negó a ratificar la oferta líder del Partido Comunista Absamat Masaliyev para convertirse en presidente de la república, y eligió en cambio, Askar Akayev, presidente de la Academia de la república de la ciencia. Akayev y sus partidarios comenzaron a afirmar el nacionalismo de Kirguistán y arrebatar el control político y económico de la república por el Partido Comunista Soviético. Estos esfuerzos fueron interrumpidos brevemente por un golpe de Estado en Moscú por el Partido Comunista de la línea dura en agosto de 1991. Akayev valientemente condenó el golpe y, después de que fracasó, el 30 de agosto de 1991, rompió relaciones con el Partido Comunista y Kirguistán declaró su independencia. El 12 de octubre de 1991, la presidencia de Akayev fue confirmada por elección popular directa.

Una constitución fue aprobada el 5 de mayo de 1993. Una crisis económica y política llevó a la renuncia del primer gobierno en diciembre de 1993, pero la presidencia de Akayev fue confirmada por un referéndum popular de apoyo a cabo el 30 de enero de 1994. Más del 95% de los votantes registrados participaron en el referéndum, el 97% de los votantes apoyó el presidente Akayev.



En septiembre de 1995, los partidarios de Akayev presentó una petición firmada por 1,2 millones (el 52% de la población en edad de votar) instando a la legislatura para aprobar un referéndum prolongación del mandato de Akayev para el año 2001. Después de arduo debate, el legislador rechazó la celebración de un referéndum, y en lugar de Akayev, anunció que las elecciones presidenciales se celebrarán el 24 de diciembre de 1995. Trece candidatos se registraron, pero diez fueron descalificados, dejando a Akayev, Masaliyev, y ex presidente del Medetken Sherimkulov. Akayev ganó la reelección para un mandato de cinco años, recibiendo el 72% de alrededor de 1,9 millones de votos en una carrera considerada en general "libres y justas" por los observadores internacionales, aunque se plantearon preguntas sobre las inhabilitaciones. En julio de 1998, Akayev hizo señas a un fallo de la Corte Constitucional que le permitía postularse para un tercer mandato en el año 2000. Fue reelegido presidente el 29 de octubre de 2000, con un 74% de los votos en unas elecciones plagadas de irregularidades graves. Actividad de la oposición antes de la elección se había restringido.

Gravemente la estabilidad de agitación de Kirguistán, varios cientos de extremistas islámicos y otros guerrilleros entró en Kirguistán de Tayikistán en julio-agosto de 1999. Los guerrilleros tomaron rehenes, entre ellos cuatro geólogos japoneses, y varios pueblos de Kirguistán, que afirmaron que si el cese de hostilidades si Kirguistán proporcionado un refugio seguro para los refugiados y que liberar a los secuestrados si Uzbekistán lanzado extremistas encarcelados. La guerrilla se rumorea que buscan crear un estado islámico en el sur de Kirguistán como un trampolín para una yihad en Uzbekistán. Un miembro del Consejo de Seguridad de Kirguistán en octubre de 1999 afirmó que los guerrilleros estaban tratando de apoderarse de la ruta de tráfico de drogas en el sur de Kirguistán. Kirguistán llamó reservistas y admitió que su ejército no estaba preparado para el combate. Kirguistán recibió apoyo aéreo de Uzbekistán y Kazajstán, Uzbekistán, pero protestó bombardeo de un pueblo de Kirguistán. El ministro de Defensa de Kirguistán en el 18 de octubre 1999 anunció el éxito en forzar a casi todos los guerrilleros de nuevo en Tayikistán.

Estados Unidos estableció una base aérea importante cerca de Bishkek en diciembre de 2001 para usos militares durante su campaña en Afganistán para derrocar al régimen talibán y las fuerzas de al-Qaeda en ese país. Kirguistán y los Estados Unidos han establecido lazos de acercamiento político y de seguridad desde el 11 de septiembre de 2001. En EE.UU. provocó, el FMI llegaron a un acuerdo con Kirguistán en un préstamo de US $ 93 millones en diciembre de 2001. Desde el 11 de septiembre, todos los grupos radicales islámicos en los países de Asia central se han relacionado con el terrorismo internacional. Tanto el Hizb-ut-Tahrir ("Partido de la Libertad") y el Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU), dos organizaciones radicales islámicas que buscan establecer un estado islámico en Asia Central, tienen una fuerte presencia en el país. La IMU, expulsado de su propio país, colaboró ​​con los talibanes y Al Qaeda y dirigió incursiones armadas en Kirguizistán. A raíz de las operaciones anti-terrorista liderada por los Estados Unidos después del 11 de septiembre, todas las unidades principales de la IMU fueron destruidos.

En enero de 2002, miembro de la Asamblea Legislativa y líder de la oposición Beknazarov fue detenido por cargos partidarios, dijo que tenían una motivación política y vinculada a su crítica de la transferencia prevista del gobierno de las tierras en disputa a China y Kazajstán. En febrero, Sherali Azarkulov, un destacado activista de derechos humanos, murió en una huelga de hambre para protestar por la detención de Beknazarov. En marzo, cinco personas murieron en el sur de rayón Aksy en enfrentamientos con la policía durante una protesta para exigir la liberación Beknazarov, y en mayo, el gobierno renunció después de una comisión estatal determinó que los altos funcionarios son los culpables de las muertes de los manifestantes. Beknazarov fue puesto en libertad posteriormente, después de haber sido condenado a un año de prisión por abuso de autoridad. Una reunión en junio pidió la renuncia de Akayev, aumentando los temores de inestabilidad política y la guerra civil. Grandes protestas y las detenciones continuaron durante todo el año. En enero de 2003, Akayev anunció un referéndum se celebraría en su presidencia, y sobre las enmiendas a la Constitución para "mejorar la democracia." El 2 de febrero, el 76,6% de los ciudadanos de Kirguistán apoyó las enmiendas en el referéndum, y el 78,7% de los votantes determinado Akayev continúe en su cargo hasta que su mandato expiró en diciembre de 2005.

En octubre de 2002, Kirguistán y China realizaron sus primeros ejercicios militares conjuntos.

Fuente: http://www.ikuska.com/asia/datos/historia/kirguistan.htm



Escuela de Calor - Radio Futura:


domingo, 19 de enero de 2014

Historia de Mongolia. Del Imperio Mongol al siglo XXI

El placer y la alegría del hombre radica en aplastar al rebelde y conquistar al enemigo, en arrancarlo de raíz, y tomar de él todo lo que tiene. (Gengis Khan)


República Popular de Mongolia

Mucho se habla sobre los países socialistas de Europa, África, Cuba y el corto régimen de Nicaragua, pero casi nunca de Mongolia, un aliado estratégico de la Unión Soviética que bien podría haber sido usado como escudo o como puerta hacia China.

Mongolia se transformo en una República Popular en 1922, tras separarse de China por las presiones ejercidas por el Partido Popular Mongol, se corte socialista y apoyado por el recién establecido gobierno socialista en su vecino del norte, Rusia. No fue sino hasta 1925 cuando se estableció un régimen definitivo, el cual estaba liderado por Navaandorjiin Jadambaa quien gobernó durante el día 28 de noviembre de 1924, siendo sucedido el 29 de noviembre por Peljidiin Genden, un campesino que se unió a la causa revolucionaria mientras Mongolia aun estaba bajo la ocupación china. Durante su  mandato se elimino la propiedad privada y se inicio una persecución contra los religiosos; cientos de monasterios fueron cerrados y miles de objetos históricos y de gran valor espiritual fueron robados por el gobierno, acusando a los monjes budistas de "Contrarrevolucionarios". En 1936 se tomo una vacaciones de un año entero de duración (Si, asi como leyeron, un año ) a la URSS, durante una visita al Mar Negro fue apresado y posteriormente interrogado, al negarse a dar información sobre la situación en Mongolia (Que tras la muerte de Navaandorjiin Jadambaa había suspendido las relaciones con la URSS), fue acusado de espionaje para el Imperio del Japón y ejecutado el 26 de noviembre de 1937 en Moscu.

Tras la ejecución de Genden, Khorloogiin Choibalsan asumió el liderazgo de la República Popular de Mongolia. Choibalsan era un asiduo seguidor de las ideas de Stalin. Las purgas traspasaron las fronteras soviéticas y llegaron a Mongolia, donde se inicio ya no la persecución, sino el exterminio masivo de los budistas; decenas de miles de monjes y creyentes fueron apresados o ejecutados en los campos de trabajo construidos en el Desierto de Gobi, ademas de la ejecución de personas que ocuparon cargos importantes durante los primeros gobiernos, entre ellos Anandyn Amar (Primer ministro entre 1928 y 1930), Darijavyn Losol (General de caballería durante el gobierno de Genden) y el Mariscal Demid (Ministro de Guerra de Genden).

Durante la IIGM, debido a la amenaza latente de que los japoneses invadieran Mongolia desde sus territorios ocupados en la China continental, hicieron a la URSS cambiar la economía de Mongolia, invirtiendo alrededor del 45% de mano de obra disponible en la industria armamentista. Estas inversiones dieron sus frutos durante las batallas de Jaljin Gol, donde los soldados soviéticos y mongoles derrotaron al Ejercito Imperial Japones cuando este invadió el territorio mongol. Tras esto, los soviéticos, mongoles y japoneses firmaron un tratado de paz y se estableció una comisión para la delimitacion de las fronteras entre Mongolia y Manchuria, un territorio ocupado por los japoneses. Después de 1941, cuando la amenaza japonesa se redujo (Mas no desapareció), la economía y mano de obra de Mongolia fue desviada a ayudar en todo lo posible a la URSS. No fue sino hasta 1945 cuando volvió a haber una acción militar en Mongolia, esta vez se trataba de la invasión soviética a Manchuria. Dicha invasión movilizo a mas de 600.000 soldados soviéticos y a 16.000 mongoles, los cuales invadieron Manchuria el 9 de agosto. La batalla duro solo 11 días, siendo tomada Manchuria por las fuerzas soviético-mongolas el 20 de agosto. La participación mongola fue limitada, pero habiendo demostrado que el poder del ejercito mongol era superior al ejercito chino en ese momento, China se vio obligada a reconocer la independencia de Mongolia.

Tras el fin de la guerra en Europa, en la Conferencia de Yalta, se discutía aun como acabar con la amenaza japonesa. El presidente norteamericano proponía un ataque conjunto entre las fuerzas estadounidenses y soviéticas al Japón, esta decisión fue aceptada por el tercer líder presente, Winston Churchill de el Reino Unido. Pero dicho ataque nunca ocurrió debido a la rendición de Japón.

Tras el fin de la guerra, Mongolia mantuvo buenas relaciones con Moscu, lo que le valió apoyo en materias de desarrollo y en el campo militar. A pesar de esto, durante el periodo de la Guerra Fria, Mongolia era uno de los países mas aislados del mundo, manteniendo relaciones con pocos países fuera de la URSS; Corea del Norte y algunos países del Bloque Oriental (Excluyendo a Albania y Yugoslavia). A pesar de gozar de la independencia de facto, Mongolia aun pertenecía a China de jure, por lo que tras la muerte de Stalin y las criticas lanzadas por Jruschov hacia el, Mao Zedong trato de tildar la Independencia de Mongolia como uno de los errores de Stalin, cosa que Jruschov negó rotundamente.

Choibalsan murió en 1952 en Moscu, donde recibía tratamiento para el cáncer de pulmones que sufría. Fue sucedido por el secretario general del Partido Revolucionario Mongol, Yumjaagiin Tsedenbal, un militar de extrema izquierda que presentaba nuevas e interesantes propuestas para el futuro de Mongolia. Entre estas propuestas se encontraba la anexión de Mongolia a la Unión Soviética, pero esto fue rechazado por otros miembros del partido al considerarlo una violación a la soberanía nacional. Durante la década de los 50 la relación entre la República Popular de Mongolia y la República Popular de China mejoro notablemente, conduciendo así al desarrollo industrial y económico de Mongolia. Los chinos construyeron empresas en Ulan Bator e invirtieron grandes cantidades de dinero en el desarrollo de la infraestructura del país, entre estas se encontraban la construcción de bloques de apartamentos en la capital, para alojar a los obreros que venían de las zonas rurales del país. Todo esto duro hasta 1962, cuando China retiro su apoyo a Mongolia en un intento por presionar al gobierno mongol a romper relaciones con Moscu en el momento de el deterioro de las relaciones chino-soviéticas.

Después del inicio de la disputa chino-soviética, el gobierno mongol liderado por Yumjaagiin Tsedenbal vacilo al principio, pero varios días después tomo una fuerte postura pro-soviética, convirtiéndose así en el primer país socialista en apoyar a la URSS en su disputa con China. En 1963 se inicio una fuerte militarización de la frontera entre China y Mongolia, ya en 1965 el Politburo del Partido Revolucionario Mongol solicito al gobierno soviético estacionar tropas permanentemente en Mongolia. En 1966, cuando Leonid Brezhnev visito Mongolia, ambos países firmaron tratados de asistencia mutua en materias de agricultura, transporte, infraestructura y defensa. Uno de los tratados en materia de defensa dictaba que la URSS estacionaria fuerzas en Mongolia ante la latente amenaza de China, que aunque no era la mitad de lo que es ahora, ya era militarmente superior a Mongolia. Pero no fue sino hasta febrero de 1967 cuando, a raíz del empeoramiento de las relaciones chino-soviéticas, Moscu cumplió finalmente su parte del trato firmado el año anterior, enviando al 39ª Ejercito Soviético a Mongolia.

Con este apoyo por parte de los soviéticos, Mongolia empezó a establecer relaciones con otros países socialistas de Europa, entre ellos Yugoslavia. Tsedenbal creía en un modelo de unidad socialista, por lo que mantuvo durante un par de años relaciones con Albania, pero cuando Albania se alineo con China y perdió apoyo de la URSS, Mongolia también corto relaciones con el pequeño país europeo. Ademas, Mongolia también empezó a asistir a conferencias internacionales y se incorporo a la ONU en 1961 y a la CAME en 1962. Pero todo esto no fue tan fácil para el país, ya que Mongolia era visto por la comunidad internacional como un apéndice de la URSS y no como un país independiente. Anteriormente, en 1955, Mongolia trato de unirse a la ONU, pero fue vetada de la organización por la República Popular de China debido a su reclamo con Mongolia. Finalmente consiguió unirse a la organización en 1961, luego de que la URSS amenazara a China con vetar a los estados africanos recién independizados si China volvía a utilizar su derecho al veto con Mongolia. Durante las décadas de los 70, 80 y 90, Mongolia fue la manzana de la discordia entre China y la URSS debido a la presencia de armas nucleares soviéticas en el territorio mongol.

A comienzos de la década de los 80 Tsedenbal se volvió mas autoritario y errático. Tras una seria de purgas en el Partido Revolucionario Mongol,Tsedenbal  fue expulsado de este en el año 1984, bajo el pretexto de vejez e incapacidad mental. La decisión de expulsar a Tsedenbal del partido fue apoyada por la URSS, por lo que Tsedenbal se mudo a Moscu, donde moriría en 1991. Jambyn Batmonkh fue nombrado secretario general del partido y asumió el liderazgo de Mongolia dos días después de la expulsión de Tsedenbal. Batmonkh se alineo rápidamente con la URSS, por lo que adopto las reformas impuestas por Gorbachov.


Con las políticas de la perestroika y la glasnost impuestas por Gorbachov se iniciaron una serie de protestas en todo el bloque socialista europeo, el cual llevo a la caída de los regímenes comunistas de Albania, Rumanía, Bulgaria, Hungría, Polonia, Checoslovaquia y la reunificacion alemana. En 1990 se iniciaron las protestas en Mongolia, lo que llevo al Partido Revolucionario a suavizar sus medidas de control político y ciudadano. En marzo de 1990 el Politburo del Partido Revolucionario renuncio, y en mayo la constitución fue enmendada, suprimiendo la referencia de que el Partido Revolucionario era la fuerza que guiaba al país, y se añadieron la legalización de los partidos de oposición, la creación de un cuerpo legislativo y de el puesto de Presidente de la República. Las primeras elecciones libres y multipartidistas de Mongolia se celebraron el 29 de julio de 1990. Los resultados demostraron una victoria del Partido Revolucionario que triunfo con un 85% de los votos. No fue sino hasta 1996 cuando el Partido Revolucionario fue removido del poder.

Pero volvamos al momento de la caída, entre 1987 y 1992, Gorbachov retiro todo apoyo político, económico y militar de Mongolia. Luego de esto las políticas externas de Mongolia cambiaron; "El mantenimiento de buenas relaciones con la Federación Rusa y la República Popular de China sera una prioridad en las relaciones internacionales de Mongolia. No adoptaremos la linea de uno u otro país, pero mantendremos relaciones equilibradas con ambos para promover un buen ambiente de vecindad y cooperación" fueron las palabras de Punsalmaagiin Ochirbat, presidente de Mongolia por el Partido Revolucionario entre 1990 y 1997.

Desde la caída del régimen comunista en Mongolia, solamente una persona de un partido de derecha ha llegado a la presidencia;Tsakhiagiin Elbegdorj gano las elecciones en 2009, convirtiéndose en el primer presidentes derechista de Mongolia desde la creación de este cargo en 1990. Actualmente la palabra de Punsalmaagiin Ochirbat sobre la manutención de relaciones con China y Rusia sigue vigente, ya que el país ha firmado numerosos tratados de cooperación con ambos países desde la caída del régimen comunista en 1990.



Historia del Imperio Mongol, Gengis Khan

http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_mongol

Este pueblo nómada de las estepas eurasiáticas fundó en el siglo XIII, bajo el liderazgo de Gengis Khan, el mayor imperio de la historia.

Eran una tribus de jinetes nómadas de las estepas del Asia Central,  su lugar de origen coincide aproximadamente en la actualidad con la república de Mongolia y las franjas meridionales de Siberia.

En el siglo XIII, bajo el liderazgo de Gengis Khan protagonizaron un movimiento de expansión de tal magnitud, que el imperio mongol llagó a extenderse desde China por el Este, a Rusia y el imperio islámico por el Oeste.

Los mongoles antes de Gengis Khan

Los pueblos mongoles pertenecen al amplio grupo de pueblos mongoloides, del que también forman parte chinos, japoneses, coreanos, thais, etc. Su medio geográfico configuró una forma de vida nómada, basada en el pastoreo de cabras, ovejas y caballos, muy similar a la de otros pueblos esteparios, como los turcos y los tunguses (manchúes), con los que también comparten una filiación lingüística (lenguas uralo-altaicas). Parece que su hábitat original se situaba en las llanuras al sureste del lago Baikal, aunque algunos grupos se extendieron al norte del mismo, en la taiga siberiana, donde vivían de la caza. Su forma de vida motivó la extremada sencillez de las sociedades mongolas. Agrupados en tribus, vivían en tiendas que transportaban consigo en sus desplazamientos en busca de nuevos pastos, no practicaban la agricultura ni tenían ciudades o asentamientos permanentes. El chamanismo y la veneración de los fenómenos naturales constituían sus principales prácticas religiosas.

Estas circunstancias motivaron el que los mongoles raramente fundaran Estados, aunque se dieron algunas excepciones. Como otros pueblos nómadas, los mongoles eran excelentes arqueros y jinetes. Convertidos en una fuerza guerrera, su extremada movilidad y velocidad hacía de ellos una seria amenaza para cualquier ejército. Gracias a ello consiguieron fundar efímeros Estados en diversas épocas, como el reino de Yen (siglo IV), el imperio juan-juan (siglos V y VI) o el de los kihtan (siglos X y XI) al norte de China, o el de los kara-kitai (siglos XI y XII) en Asia Central. A causa de la inestabilidad interna y de la presión de otros nómadas, frecuentemente azuzados por el imperio chino, estos Estados solían desaparecer rápidamente, y las tribus mongolas volvían a su existencia errante.



Gengis Khan

 En 1196 Temuyin, un jefe de clan mongol, fue elegido khan o kan (soberano) por una asamblea de las tribus. En pocos años sometió a su autoridad a todas las tribus turcas y mongolas que vivían en torno al Baikal, y en 1206 fue proclamado khagan (soberano supremo) por todas las comunidades, y adoptó el nombre de Gengis Khan (soberano universal). Organizó su nuevo Estado sobre dos pilares.

El ejército fue dividido en tres tipos de fuerzas: una caballería pesada para romper las formaciones enemigas, una caballería ligera (la especialidad mongola), que con sus continuos y rápidos ataques y retiradas hostigaba y debilitaba al enemigo hasta vencerlo, y cuerpos auxiliares de ingenieros e infantería, normalmente reclutados entre los pueblos sometidos, y empleados en los asedios de ciudades.

Los hombres eran repartidos en nuevas unidades, rompiendo las tradicionales agrupaciones tribales, lo que daba cohesión al conjunto, reforzado por la presencia de los 10.000 bahadur, la guardia personal del Khan. La movilidad y sobriedad de este ejército y la organización de un eficaz sistema de correos (yam) permitían desplazar rápidamente grandes contingentes de tropas a lo largo de enormes distancias y concentrarlas por sorpresa contra el enemigo, con efectos devastadores.

El ejército mongol era extraordinariamente autosuficiente. Los soldados viajaban con su familia, de modo que el ejército consistía en una enorme multitud de viajeros sin motivo ni necesidad de volver a casa. Sus tácticas militares se basaban en las técnicas de los nómadas para cazar animales en grupo.

Las fuerzas mongolas se desplegaban en una sola línea, rodeaban toda una región y luego se aproximaban por todos los lados, de modo que nadie podía escapar a su cerco.

Gracias a la cuidadosa planificación de sus consejos militares (llamados kurultaí) y a los excelentes reconocimientos del terreno que realizaban en sus veloces caballos, la victoria no tardaba en llegar. Sus primeras víctimas fueron los Jin, los enemigos de los Song del Sur.

Gengis les declaró la guerra en el año 1211 e inició sus avances con dos ejércitos de cincuenta mil arqueros, pero luego se dio cuenta de que, en realidad, no contaba con los recursos necesarios para tomar sus ciudades. Recurriendo a varios ingenieros chinos y algunos guerreros musulmanes para que le enseñaran a construir las máquinas de guerra y las catapultas gigantes (trabucos) utilizadas por los bizantinos, Gengis empezó a construirlas por su cuenta mediante los recursos que encontraba sobre el terreno, como los árboles.

Cuando Gengis se enfrentaba a una ciudad, daba a elegir a los dirigentes del enemigo entre dos opciones: rendirse o morir. Era un hombre de palabra. Si un mandatario era tan orgulloso como para presentar batalla, Gengis no mostraba ningún tipo de clemencia. Si se rendía, su pueblo era perdonado, pero a cambio se le exigía lealtad absoluta.

Cuando en el año 1209, un gobernante de Turfán -ciudad oasis situada en la actual región autónoma de China- se sometió a la autoridad de los mongoles, Gengis Kan no sólo perdonó la vida a su pueblo, los uiguros, sino que además éstos se pusieron a trabajar para los mongoles y se convirtieron en el motor de su burocracia imperial enseñando a leer y escribir al pueblo nómada, que hasta entonces había sido analfabeto.

En el año 1213 los mongoles ya habían llegado hasta la Gran Muralla y, en menos de dos años, se habían introducido en el corazón de la China septentrional. En el año 1215 asediaron y saquearon la capital de los Jin: Yanjing (Pekín en la actualidad).

Una vez sometido el pueblo Jin, la ira de Gengis Kan se dirigió contra el emperador musulmán -que al parecer le había insultado sin razón- de Jwarazm, imperio que se extendía desde el extremo occidental de China hasta el mar Caspio.

Luego Gengis Kan se dirigió hacia el norte, hasta llegar a Rusia, donde su ejército se dividió en dos y conquistó Georgia y Crimea. En su camino de vuelta hacia Mongolia derrotaron a un ejército ruso dirigido por seis príncipes, incluido el gobernante de Kiev. Como era costumbre en la tradición mongola, los príncipes fueron ejecutados sin derramar ni una gota de sangre: murieron aplastados bajo el peso de la mesa de banquete en la que los generales mongoles celebraron su festín victorioso.

Por otro lado, la yasa era la ley imperial que daba cohesión y organizaba el conjunto de las Instituciones del Imperio. La soberanía era electiva dentro de la familia de Gengis Khan, cuyos miembros acaparaban los máximos poderes civiles y militares. La cancillería imperial y el tribunal supremo eran dirigidos por mongoles. El Imperio se dividía en distritos militares, y los jefes del ejército, miembros del gran consejo imperial, se encargaban también de la administración, auxiliados por una numerosa y eficiente burocracia, escogida entre los pueblos sometidos.

Con estos elementos, los mongoles emprendieron una espectacular serie de conquistas. En 1209 sometieron el reino tungús de Xixia, después conquistaron el norte de China hasta Pekín (1215). Gengis Khan obtuvo el vasallaje pacífico de los kara-kitai (1218) y atravesó sus tierras en 1221 para conquistar el sultanato turco musulmán de Jwarizm (noreste de Irán). Combinando la tolerancia con las poblaciones sometidas pacíficamente y la mayor crueldad con los enemigos vencidos, convirtió el terror en un arma tan eficaz como su ejército. Sus lugartenientes Subotay y Djebe realizaron una incursión al sur de Rusia, venciendo a os cumanos y los rusos en Kalka, en 1223.

En 1225 Gengis regresó a China, donde volvió a luchar contra los Jin para someterlos de nuevo. Al cabo de poco tiempo, Gengis Kan murió: nadie sabe cómo. Algunos dicen que cayó de un caballo. Otra leyenda cuenta que fue asesinado por una bella princesa tangut: cuando estaban a punto de hacer el amor, lo castró con un cuchillo que llevaba escondido en la ropa interior para vengarse de él por haber exterminado a su pueblo.

Cuando murió Gengis, el Imperio mongol abarcaba desde la costa oriental de China hasta el mar Caspio. Pero sus hijos lo ampliarían aún más creando nuevos imperios en Rusia, Siberia y Asia central.


Sus primeros sucesores

A la muerte de Gengis Khan (1227) el imperio, que se extendía desde Manchuria hasta el mar Caspio, estaba repartido entre su hijos, bajo la soberanía del Gran Khan. En 1229 la asamblea de los nobles mongoles eligió para este puesto a Ogodei. este continuó las conquistas mientras organizaba el imperio, estableciendo ¡a capital en Karakorum (1235).

El imperio Km del norte de China fue totalmente conquistado (1234), así como gran parte de Persia (1239). Batu, sobrino de Ogodei, acompañado por Subotay y Mangu, marchó sobre Occidente, destruyendo a los búlgaros del Volga (1236), aplastando a los rusos y tomando Kiev (1240). Atacó entonces Polonia, Hungría y Alemania, llegando hasta el Adriático (1241). Pero cuando iba a atacar Viena, la noticia de la muerte de Ogodei le hizo volver rápidamente a Karakorum para defender sus derechos al trono. Tras un periodo de minorías y regencias (1241-51), durante el reinado de Mangu Khan (1251-59) el imperio alcanzó su máxima extensión. Su hermano Hulagu, gobernador de Persia, acabó con la secta de los asesinos (1256) y conquistó todo Irak, ejecutando al último califa de Bagdad (1258), pero fue vencido por los mamelucos de Egipto en Am Yalut (1260).



Kublai Khan y la disgregación del Imperio

Kublai, otro hermano de Mongu, encargado de la conquista del Imperio chino de los Song, fue elegido Gran Khan (1260-1294). En seguida trasladó su capital a Pekín, llamada Kanbalik. Desde allí completó la conquista de toda China (1279) y envió expediciones contra Japón, Indochina e Indonesia. Bajo su reinado y el de sus sucesores, el Imperio chino-mongol alcanzó una gran prosperidad, gracias al orden interno y a que la tolerancia y la pax mongolica impuestas sobre gran parte de Asia favorecían enormemente el intercambio de ideas y mercancías. Fue en esta época cuando el famoso viajero veneciano Marco Polo llegó a la corte del Gran Khan, donde recibió cargos y honores. También llegaron otros comerciantes y misioneros, como el franciscano Ruysbroek.

Pero también en esta época comenzó la disolución del inmenso Imperio. La smización del Khan y de la dinastía Yuan por él fundada hizo que otros miembros de la familia se rebelaran contra su autoridad. Su nieto Kaidu fundó un kanato independiente en Asia central, que sólo fue sometido por Timur (1295-1307), sucesor de Kubiai, que no pudo impedir sin embargo la pérdida de control sobre los khanatos o khanatos occidentales. La misma dinastía Yuan fue derrocada en China por los Ming (1368) y sus descendientes se retiraron de nuevo a Mongolia.

Los khanatos de Asia central y occidental

A partir de 1260 el imperio se había convertido en una federación de khanatos, bajo la soberanía cada vez mas teórica del Gran Khan, frecuentemente enfrentados entre sí.

En Asia central, el kanato de Yagatay, tras una fase de expansión, comenzó su declive a la muerte de Kaidu (1301), mientras se turquizaba e islamizaba progresivamente. Tras sufrir el embate de Tamerlán (finales del siglo XIV) y la presión de los rusos, se dividió en varios khanatos que fueron progresivamente absorbidos por el Imperio ruso (siglos XVI-XX).

Al oeste, el khanato de Quipcap o de la Horda de Oro, en Siberia occidental, impuso su autoridad a los principados rusos y llegó a amenazar Bizancio. Islamizado superficialmente, se alió con los mamelucos, ayudando a su victoria en Am Yalut. Debilitado por la rebeldía de los príncipes de Moscú (1380) y la derrotalrente a lamerlán (1395), perdió definitivamente el control sobre Moscovia en 1480, y se escindió en los khanatos de Kazán, Astrakán y Crimea. El último de ellos logró resistir el expansionismo ruso hasta fines del siglo XVIII

Las conquistas de Hulagu en Persia llevaron a la fundación del Imperio de los llkharies o Iljanes. Éstos, tras algunos intentos de alianza con la cristiandad europea contra los mamelucos y los príncipes musulmanes de Siria, acabaron convirtiéndose también al islam a finales del siglo XIII. Esto no impidió la disgregación de su imperio a la muerte de Abu Said (1335).


Los timuríes: En 1360, el turco islamizado Tamerlán (Timur Lenk, «el cojo») se proclamó descendiente de Gengis Khan y unificó a las tribus turcas y mongolas de Asia central. En una serie de campañas devastadoras sometió a su autoridad toda Persia, el khanato de Quipcap (1396), el norte de la India (1399) y el sultanato otomano de Asia Menor (1402). Pero a su muerte (1405), su gran Imperio, con capital en Samarcanda, se desintegró rápidamente.

Un descendiente suyo, Babar, fundó en 1506 el Imperio mogol de la India, que gobernaría durante dos siglos la mayor parte del subcontinente, hasta su sometimiento por los ingleses entre los siglos XVIII y XIX


Fuente: http://www.portalplanetasedna.com.ar/mongoles.htm


Cuaderno Mongol de Rafael Poch: http://blogs.lavanguardia.com/cuaderno-mongol/

Camaradas

Rafael Poch | 09/10/2003

El vedado de Ij Tengerliin Am (literalmente el “Valle del gran cielo”) fue construido en los cincuenta por Choybalsan, el Stalin de Mongolia, como lugar de descanso para la nomenclatura local. Ahí tiene su dacha de verano el primer ministro y los miembros del parlamento (Gran Jural). Desde el lugar se divisa a lo lejos el ajetreo y las chimeneas de la capital mongola, una ciudad curiosa y amable, de un millón de habitantes, de los que la mitad viven en “ger” (yurtas), la tienda de campaña de piel tradicional de los nómadas mongoles.

La señora Gantomor me muestra la residencia para huéspedes de estado del recinto, cuyo parque es visitado por las noches por la fauna que habita las montañas del lugar; lobos, ciervos y zorros.

“Desde 1954, aquí han dormido Voroshilov (el lugarteniente de Stalin), Jrushov, Brezhnev, Kosigin y últimamente el Dalai Lama, Hu Jintao y otros”, explica, mientras pasa de una habitación a otra.

A apenas dos kilómetros del lugar se encuentra el monumento al soldado soviético en el que hay una placa que dice; “la memoria del soldado soviético caído es eterna, como el sol en el cielo, y santa, como el fuego y la tierra”.



Las raíces de la URSS con Mongolia eran milenarias. El contacto y mestizaje de Rusia con los pueblos de la estepa de Eurasia fue mucho más fluido y menos excluyente que el de estos pueblos con China. Con la llegada de la democracia a Mongolia en los noventa -una democracia genuina, sin parangón con el asalto al supermercado ruso, ni con los sucedáneos patriarcales de las repúblicas ex soviéticas de Asia Central o la estricta modernización china-, en Ulan Bator cayó el monumento a Stalin, pero el de Lenin sigue ahí, por no hablar de los dos padres de la patria de la Mongolia moderna, Choybalsan y Sujbaatar, enterrados juntos en un mausoleo inspirado en el moscovita en la principal plaza de la ciudad, que lleva el nombre del segundo de ellos.

Lo soviético suscitó aquí no solo dramas y represión, sino también pasiones profundas que quedaron grabadas en nombres de pila mongoles como; “Seser” (de “SSSR”, siglas de URSS, en ruso), “Oktyabr” (Octubre) o “Melscho” (estrambótica unión de las iniciales de; Marx, Engels, Lenin, Stalin y Choybalsan). En algunos casos, el hermano mayor tuvo que solucionar algún curioso conflicto lingüístico, como el del astronauta mongol Ganhuyak. Las dos últimas sílabas de su nombre suenan tremendas en ruso (algo así como “jodido”), por lo que tras su entreno en la Ciudad de las Estrellas de Moscú, se decidió cambiarle el nombre por el de Ganzorig…

Unos 30.000 mongoles fueron fusilados por el estalinismo, entre ellos 17.600 lamas budistas. En Ulan Bator, cuyo nombre en mongol (“Ulaanbaatar”) significa “Guerrero Rojo”, hay, en la calle Karl Marx, un museo dedicado a las víctimas de la represión. Lo regenta la hija del ex primer ministro Peljidiyin Genden, uno de los 33 funcionarios mongoles que fueron juzgados y fusilados en Moscú.

Pese al abandono de Moscú, que ahora se está corrigiendo, la lengua rusa continua siendo, con diferencia, la principal lengua extranjera de Mongolia. Casi todo el mundo la entiende y muchos la hablan. “Es nuestro nexo con Europa”, explica un periodista.

“En los últimos años el ruso retrocedió mucho, ahora está regresando”, dice Tsend Enkhbat, director de la televisión mongola y graduado en literatura por un instituto de Moscú. “Un día u otro Rusia se levantará, se despertará y se preguntará, “¿dónde está Mongolia?”, responde Enkhbat a la pregunta de por qué decidió llevar a su hija a un colegio en ruso.

Aunque la prioridad de la política exterior es desarrollar, “unas relaciones equitativas con los dos grandes vecinos”, Rusia y China, se desconfía mucho más de los chinos. En primer lugar por razones históricas; la China manchú (Qing) conquistó Mongolia en 1732 y la mantuvo bajo su dominio hasta su caída, en 1911. Cuando los mongoles proclamaron la independencia en el siglo XX, fueron invadidos de nuevo por China y la nación consiguió afirmarse con la ayuda de la Rusia soviética. Stalin nunca barajó la idea de anexionar Mongolia a la URSS, mientras que tanto Mao como los nacionalistas chinos fueron mucho más ambiguos porque reclamaban la herencia del imperio Qing.

En los años setenta y ochenta, la presencia de tropas y misiles soviéticos en Mongolia y su condición de país en primera línea, unido al maltrato de la población de Mongolia interior, región autónoma de China, mantuvo muy viva la tensión. Todo eso determina la prevención con la que muchos mongoles contemplan hoy la pujanza económica china.

China es actualmente el primer inversor y el primer socio comercial de Mongolia, seguida de Rusia y con Japón y la UE aun más atrás; “pero esto será equilibrado con el tiempo”, dice el Doctor Tsajilgaan, consejero del Ministerio de Exteriores.

Con la pésima calidad de su política exterior, la Rusia postcomunista no supo sacar partido de uno de los países mejor predispuestos hacia ella. Cuando en marzo de 2002, el primer ministro ruso Mijail Kasianov vino a negociar la deuda soviética, los mongoles se quedaron asombrados: Moscú les pedía 11.600 millones de rublos en concepto de pago de la deuda soviética, y exigía una cotización de un rublo igual a un dólar.

“Ahora las cosas han mejorado, hemos encontrado un consenso con los rusos y vamos a resolver nuestra deuda sin gran desgaste y sin que Mongolia tenga que pagar”, explica Tsajilgaan.

Desde el fin de la guerra fría, Mongolia interesa mucho en Washington. Geopolíticamente, el país es el pedazo de jamón en el bocadillo que forman dos grandes países que mantienen políticas autónomas en el mundo. Eso determina que Mongolia reciba hoy 330 millones de dólares anuales de ayuda americana, cerca de la tercera parte de su PIB y cantidad comparable a las subvenciones soviéticas anteriores a 1990. Pese a ello, Mongolia no parece tener vocación de vasallo y su actitud en la actual crisis coreana así lo sugiere.

Washington, que quiere un “cambio de régimen” en Corea del Norte, ha barajado confusamente planes para provocar una “crisis humanitaria de refugiados” en Corea, similar a la de Kósovo. En 1999, 500 norcoreanos llegaron a Mongolia cruzando 2.000 kilómetros de territorio chino y si Mongolia y China se prestaran, el escenario adquiriría fácilmente aspecto de alud, con Mongolia en el papel de Macedonia. Pero Mongolia mantiene buenas relaciones con Corea del Norte, tiene embajada en Pyongyang, rechaza la política de presiones y apoya el escenario de una integración regional, gradual y pacífica de Corea del Norte, que tanto irrita a los ultraderechistas de Washington.

“Nuestro pueblo nunca aceptaría el establecimiento de esos campos de refugiados en nuestro territorio”, ha dicho el embajador mongol en Estados Unidos y ex vicedirector de los servicios secretos, Ravdan Bold.

“Tal escenario no refleja nuestra política, ni interesa a los demás países de la región como China”, señala una alta fuente diplomática mongola en condición de anonimato. “Las presiones para cambio de régimen, son especialmente peligrosas para países como el nuestro por lo que tienen de precedente, y no podemos apoyarlas”, explica.




…Y el mongol se baja del caballo

Rafael Poch | 09/10/2003

En Mongolia hay 11 millones de ovejas, 9 millones de cabras, 2 millones de vacas, 300.000 camellos y… 2,2 millones de caballos. Sobre todo, caballos. Tantos caballos como habitantes, en un país que tiene la menor densidad de población de Asia. La imagen de esos caballos en grandes manadas completamente libres, bebiendo las cristalinas aguas de un río en la inmensidad infinita de la pradera, sin cercas ni vallas, produce una sensación de libertad irrepetible que es el mejor resumen de este país.

Durante veinte años, desde 1940 hasta 1960, las cinco especies pastoriles estuvieron representadas en el escudo nacional de Mongolia. Los dos escudos que siguieron, el último del comunismo y el de la democracia, dejaron solo al caballo, que también está presente en la mayoría de los billetes de banco. No es casualidad.

El pequeño y fuerte caballo mongol, no herrado y capaz de encontrar pasto en invierno bajo la nieve, acompañó a los mongoles a lo largo de su historia. Con él conquistaron China y Persia, llegaron al Danubio y a Java, e intentaron invadir Japón.

El caballo está en el centro del modo de vida nómada-pastoril de la nación. Basado en un ecosistema, el de la pradera, de gran biodiversidad y productividad que ha pasado la prueba de los siglos, ese modo de vida no se diferencia mucho del de la época de Chingiz Jan.

A mediados del XIX existía en la pradera de Norteamérica un ecosistema semejante que mantenía a unos sesenta millones de búfalos, pero fue arrasado por la agricultura industrial más derrochadora de energía del mundo. En la Mongolia de China (la provincia de Mongolia Interior), están repitiendo la experiencia: la privatización de la tierra, las cercas y el avance de la agricultura, han acabado ya con el 40% de la pradera. Aquí ese medio se mantiene, pero todo indica que le aguardan serias pruebas.

El 8% del territorio nacional de Mongolia ya ha sido declarado parque nacional, las autoridades y el Gran Jural han mostrado una gran sensibilidad y la población conserva no pocos rasgos de una cultura tradicional muy dependiente de una relación racional y no agresiva con el entorno.

Marco Polo ya describió esa relación a finales del Siglo XIII, al observar que, ¿los mongoles prohíben por ley cazar gacelas, ciervos, liebres, alces, y otros animales durante el periodo de nacimiento y lactancia, por eso su tierra está llena de animales y de maravillosas oportunidades para su multiplicación. Los infractores son castigados severamente.¿

Sin embargo, la población aumenta a razón de un 1,8% anual -uno de los índices más dinámicos de Asia-, lo que incrementa la presión sobre la naturaleza, y los expertos estiman que sería necesario que el 30% del territorio nacional estuviera sometido a legislación y protección medioambiental especial.

Entre el verano de 1999 y el invierno del 2002, una sucesión de sequía, grandes nevadas y heladas que creaban una dura corteza que impedía a los animales acceder al pasto escarbando, mató a 7 millones de cabezas de ganado. La catástrofe se sumaba al colapso de la caída del comunismo, con caídas anuales del PNB del 13% en 1992 y 1993, que obligaron a muchos mongoles a buscarse la vida sobreexplotando la naturaleza en condiciones de mayor relajación administrativa.

Para el académico Tsesrenjav Janchiv, las dos amenazas para el ecosistema local son el avance de la ganadería, a costa de las especies salvajes, y la economía de mercado.
¿Antes había una ley muy dura que se respetaba por miedo, ahora, con esta economía de mercado, todos buscan el beneficio inmediato y la naturaleza paga la factura. El turismo está en la misma clave. Y no ha hecho más que empezar¿, dice.

La apertura democrática de los noventa atrajo a autores de documentales, alemanes, americanos, franceses y japoneses. Detrás de ellos llegaron turistas mochileros y ¿de aventura¿, es decir la vanguardia del turismo con mayúscula, de enorme potencial de degradación.

Indicios de esa degradación ya pueden observarse en el Parque Nacional de Terelj, el más próximo a Ulan Bator, con un manifiesto exceso de instalaciones turísticas. Al mismo tiempo, el turismo es un ingreso precioso para Mongolia, del que el país, sencillamente, no puede prescindir.

Los turistas fueron 23.000 en 1999, más de 30.000 en el 2001 y más de 150.000 en el 2002. El SARS -mejor dicho, su fantasma, pues en Mongolia no hubo- contuvo el turismo este año, pero la previsión para el año que viene es de un gran incremento. Gestionar bien ese agresivo flujo, potencialmente tan destructor, es uno de los actuales retos de Mongolia.

Otro problema es la creciente inmigración hacia las ciudades. En 1979, el 54% de la población mongola era nómada. Hoy los nómadas son el 45% y la previsión para los próximos años es que el mongol se baje del caballo en una escala sin precedentes.

Más de la mitad de la población mongola vive en las tres principales ciudades y una tercera parte en Ulan Bator. La capital dobló su población en los últimos diez años y volverá a hacerlo en los próximos diez o quince, según la previsión oficial. La abolición, el pasado 17 de septiembre por el Tribunal Supremo de la nación, del costoso pago del permiso de residencia para los inmigrantes que se dirigían a la capital (unos 50 euros por adulto y 25 por niño), aun va a acelerar más la afluencia, explica el vicealcalde de la ciudad, Choizhinzhavyn Sumaajuu.

La mitad de los vecinos de Ulan Bator vive en yurtas y a pesar de los atascos de los 65.000 coches que circulan por sus calles y de la contaminación que el carbón ocasiona en invierno, la ciudad tiene un pulso agradable, quizá porque el municipio se gasta el 81% de sus presupuestos en educación y sanidad.

En el centro de la ciudad ya no hay espacio para nuevos emigrantes. En las afueras, en el barrio de Songinojairjan, las escuelas trabajan en tres y cuatro turnos diarios, porque no dan abasto con la afluencia de emigrantes.

En el distrito de Bainsur del extrarradio de Ulan Bator, en la última parcela de yurtas lindando con la pradera, entre torres de alta tensión, la Señora Tsevegsuren, explica por qué decidió venirse a la capital con su marido y sus dos hijos, el más pequeño de cinco meses, desde la remota provincia de Uvs, en el extremo noroccidental del país.

¿Teníamos unas cien reses, en la sequía de 1999 perdimos casi todo, lo que sobrevivió murió el año siguiente, así que vendiendo las contadas reses que nos quedaron pagamos los 250.000 togrogs (unos 200 euros) que costó la mudanza de nuestra yurta en camión¿. Otros familiares y unos amigos de la misma provincia también han instalado furtivamente su yurta en la misma parcela. ¿En la provincia se quedaron muchos que ni siquiera tenían el dinero para la mudanza¿, explica esta nueva sedentaria. Fotos de caballos adornan las paredes de piel de su yurta urbana.

En la pradera de la provincia de Övörhangay, la provincia mongola con más caballos (250.000), la Señora Narmandaj, expone la situación inversa, entre sorbo y sorbo de ¿kumis¿, la leche de yegua inusitadamente rica en vitaminas.

La familia tiene 200 caballos y 300 cabezas de ganado. En las sequías y fríos de los últimos años perdieron casi cien vacas, pero lograron salir adelante. Narmandaj ha visto mundo y como la gran mayoría de los nómadas mongoles recibió enseñanza media. En su juventud estudió en una escuela textil en Checoslovaquia y estuvo en Moscú, explica en ruso.

La Plaza Roja le gustó mucho, pero no tiene ningún interés en emigrar a la ciudad. Sus hijos van a la escuela de Ondorshireet, el centro provincial de 5.000 habitantes más próximo, a unos 70 kilómetros del lugar. A la pregunta de dónde acude la familia en caso de enfermedad, responde sonriendo; ¿aquí no nos ponemos enfermos¿. Luego aclara que en caso necesario en Ondorshireet hay un dispensario con un médico que puede desplazarse.

¿Sólo los más pobres quieren irse a la ciudad, porque si tienes medios, aquí se vive bien¿, explica la mujer, para la que dar estudios superiores a sus hijos es una prioridad clara. Fuera de la yurta, los hijos, que aprendieron a montar a los cuatro años, hacen cabriolas extraordinarias sobre sus corceles. Vista desde lejos, su yurta y la manada de caballos que la rodea, es como una perla blanca en el horizonte.




Una situación politica saneada

Rafael Poch | 09/10/2003

Políticamente, Mongolia limita al oeste con las repúblicas ex soviéticas de Asia Central en las que manda una sucesión de ex secretarios del partido único reciclados como presidentes vitalicios. En Ashjabad, gira con el sol la estatua de oro erigida a sí mismo por el presidente turkmeno, Niyazov. En Uzbekistán gobierna el puño de hierro de Karimov, con decenas de miles de presos políticos. En Kirguizstán hay un régimen algo más risueño pero que persigue al adversario político. En Kazajstán manda la autocracia familiar de Nazarbayev, y en Tadjikistán impera una amalgama de regionalismos sobre el caos latente de los señores de la guerra. Al norte, Mongolia limita con el “estado de mercado” ruso, donde la rotación del poder aun es una asignatura pendiente. Y al sur está una China que ve en la democratización política más un riesgo que una oportunidad.

Que en esas coordenadas políticas una nación de pastores nómadas de 2,4 millones de habitantes que vive en un territorio tres veces mayor que el de la Península Ibérica, haya logrado afirmar, sin aparente dificultad, una democracia genuina, debería ser noticia. No lo ha sido, como no lo fue hace medio siglo Jaljyn Gol.

A principios del siglo XXI, los mongoles destacan como gente abierta, predispuesta y con aptitud hacia la modernización, capaz de aprender rápidamente de los errores y corregirlos, que han mantenido o creado instituciones sólidas y estables, y cuyo fuerte nacionalismo y posibilidad de jugar con los intereses de diversas potencias facilita su vivo afán de independencia y soberanía.

El reportero acostumbrado a los meandros de la burocracia euroasiática resulta sorprendido aquí por la general franqueza y transparencia. El vicealcalde de Ulan Bator confiesa sin tapujos su irritación con una sentencia del Tribunal Supremo de obligado cumplimiento. El periodista de oposición se queja de que sólo hay dos diarios opuestos al gobierno. La directora de la única prisión de mujeres del país acepta una improvisada entrevista y me recibe con el informe de Amnistía Internacional en la mano. Permite visitar la cárcel, pero no fotografiar para proteger el derecho de las reclusas, explica. Una presa entrevistada dice que su condena a diez años por corrupción fue excesiva. Todo rezuma una franqueza y trasparencia inusitadas.

En diciembre de 1989, al calor de la caída del muro en Berlín y de la “perestroika” en Moscú, los mongoles salieron a la calle pidiendo reforma electoral, constitución, una cámara representativa permanente y que se fuera el partido único. Este aceptó la presión y convocó elecciones. Surgieron decenas de partidos en medio de la profunda crisis que siguió al hundimiento de la URSS y el fin de sus subvenciones.

En 1996 la oposición arrebató el poder a los ex comunistas en las urnas, algo sin precedentes en Rusia y que en la CEI solía concluir en guerra civil en los raros casos (Georgia, Tadjikistán) en los que sucedió, por no hablar de China. El gobierno de la oposición duró hasta el 2000 y fue una época de apertura, ingenuidad de mercado y manifiestas turbulencias. Se desmanteló el estado social, en Ulan Bator aparecieron miles de niños de la calle pidiendo limosna, y en las viviendas se generalizaron las puertas de hierro. En cuatro años hubo tres cambios de gobierno y cuatro primeros ministros. Se robó mucho, pero en Mongolia no ha habido ni un solo caso de asesinato por encargo en el ámbito de los negocios y solo un personaje político, Sanjaasürengiyn Zorig, sufrió muerte violenta en la transición.

Fueron años de turbulencias pero también de aprendizaje. Todos maduraron. Cuando los ex comunistas regresaron al poder en las elecciones del 2000, “tampoco ellos eran los mismos”, señala un observador extranjero.

La pregunta es por qué Mongolia logró con relativa facilidad esa democracia genuina, que en los países de su entorno aun está tan lejos y resulta tan difícil de alcanzar.

Una razón es que Mongolia es una nación unida y pequeña, de sólo 2,4 millones de habitantes. Eso tiene más implicaciones de las que se pueda suponer en el ámbito de la corrupción, explica el director de la televisión nacional. “En un país pequeño debes ser muy cuidadoso con lo que haces, porque todo el mundo te conoce, todo se sabe y todo se ve”, dice.

Otra razón es que los comunistas locales “se abrieron a las exigencias de cambio, elaboraron en 1992 una constitución verdaderamente consensuada que regula plena libertad de prensa y de movimientos, y practican desde entonces el diálogo político”, explica un alto funcionario de la actual administración, aunque su explicación parece mas una consecuencia que una causa.

En cualquier caso, como resultado de esta transición la Mongolia de hoy puede definirse como un país con “sistema mixto”, traducción local de una socialdemocracia o eurocomunismo; por un lado plena apertura de mercado, por otro no existe la propiedad privada de la tierra (difícilmente compatible con una nación de pastores nómadas), la educación -incluída la superior- es gratuita para quienes no se lo pueden costear y hay fuertes subvenciones en materia de sanidad. El programa del actual partido del gobierno, ex comunista, rechaza el “caduco” dogmatismo pero promete construir un “socialismo humano”.

La semilla de Mijail Gorbachov y de su malograda “perestroika” germinó en el lugar más insospechado; en la pradera mongola.




Una nación de pastores nómadas en trance de modernización

Rafael Poch | 09/10/2003

Superficie: 1,5 millones de kilómetros cuadrados (como Francia, Italia, Alemania e Inglaterra, juntas)

Población: 2,4 millones, la más baja densidad de población de Asia. El 60%, menores de 35 años.
Capital: Ulan Bator (Ulaanbaatar), 1 millón de habitantes (oficialmente 800.000).

Cabezas de ganado: 25 millones (11 millones de ovejas, 9 millones de cabras, 2 millones de vacuno, 2,2 millones de caballos, 0,3 millones de camellos).

Urbanización: 50%.

Biodiversidad: Una de las joyas del planeta, complicada por la expansión de la ganadería y del turismo.

Fronteras: 4673 Km con China, 3441 Km con Rusia.
PNB per cápita: 500 dólares (recién alcanzado el nivel de 1990, con crecimiento dinámico desde hace dos años).

Exportaciones: Minerales, pieles, ganado.

Importaciones: Productos acabados, maquinaria, combustible, alimentos.

Principales socios comerciales: China, Rusia, Japón / Unión Europea y EE.UU.
Forma de gobierno: República parlamentaria.

Partido gobernante: Partido Popular Revolucionario de Mongolia (ex comunista)

Drogadicción: inexistente

Alcoholismo: El 51% de la población entre 19 y 35 años abusa del alcohol.



La gran batalla

Rafael Poch | 09/10/2003

Un enorme obelisco de 60 metros de altura rompe el horizonte de la estepa en los confines del oriente mongol. En las infinitas soledades de la provincia de Dornod, junto a la frontera china, donde la población de gacelas salvajes supera a la de hombres en una proporción de diez a uno, el obelisco conmemora la batalla de Jaljyn Gol, la más importante de la historia militar de Mongolia del siglo XX.

“La Segunda guerra mundial comenzó aquí”, dice el Coronel retirado Zhavzangiin Yadmaa. No es así en los libros de la historia eurocentrista, para los que ni la invasión japonesa de China, a partir de 1931, ni el ataque italiano contra Abisinia figuran en la cuenta. Tampoco Jaljyn Gol.

Oficialmente la Segunda Guerra Mundial comenzó la madrugada del 1 de septiembre de 1939 con los disparos del acorazado alemán “Schleswig Holstein” sobre la Westerplatte, en Gdansk, pero para entonces decenas de miles de soldados soviéticos, mongoles y japoneses ya habían caído en tierra mongola.

El intento frustrado japonés de invadir Mongolia y poner pie en Siberia desde el Manchukuo, su estado títere en la China continental, no solo fue anterior en tres meses al inicio de la guerra en Polonia, sino que está claramente conectado a las grandes jugadas, militares y estratégicas, de la Segunda Guerra Mundial.

“Stalin consideraba a Mongolia como una zona vital para su sistema defensivo y comunicaciones contra Japón en Siberia y Extremo Oriente. El y otros dirigentes soviéticos estaban determinados a dar una lección a los militares japoneses si estos atacaban de forma provocativa a Mongolia. En su opinión, sólo tal respuesta podía garantizar la seguridad de Siberia y del Extremo Oriente soviético y permitir a la URSS concentrar sus esfuerzos de guerra en el frente europeo”, dice el historiador mongol Tsedendambyn Batbayar.

Ese ataque comenzó el 11 de mayo de 1939 con la invasión de Mongolia por el ejército japonés del Kwantung, que no fue condenada ni fue noticia para las potencias occidentales. Le siguió una contraofensiva soviético-mongola iniciada el 20 de agosto y concluida en septiembre, con una completa derrota japonesa. Con el pacto de no agresión soviético-nipón que siguió a la derrota, la prioridad japonesa de concentrarse en la conquista militar de las ex colonias británicas, francesas y holandesas en el sur y sureste asiático, cobró fuerza.

Jaljyn Gol fue, además, una batalla “moderna”, típica de la segunda guerra mundial, en la que por primera vez ambos bandos emplearon tanques, aviones, artillería e infantería de forma integrada.

De parte soviética intervinieron 500 aviones y 500 tanques T-34, los carros que luego llegarían a Berlín y que fueron estrenados aquí. Los japoneses perdieron 660 aviones y más de 60.000 hombres entre muertos, heridos o prisioneros. Los soviéticos y mongoles perdieron 207 aviones y 18.500 hombres. La cifra total de muertos entre los dos bandos es de 30.000. Sus generales fueron personalidades de primer orden; de parte soviética el Mariscal Zhukov, entonces un general de talento; de parte mongola, Choybalsan, el Stalin local. Así que; ni su gran escala, ni la novedad militar, ni la personalidad de los protagonistas, ni cualquier otra de sus circunstancias, salvo la geografía y la discriminación, explican el “olvido” europeo de esta batalla.

La mitología de la Segunda Guerra Mundial conoce la carga de la caballería ligera polaca contra los tanques de Hitler, pese a que pertenece al dominio de la ficción, pero en Jaljyn Gol, la caballería mongola hizo realidad esa escena que en Polonia simplemente no existió.

Decenas de miles de mongoles a caballo lucharon aquí y tuvieron un papel crucial para atacar los flancos del ejército japonés, desorganizar sus fuerzas y rodearlo, me explica el también coronel retirado Gendengiin Dorzh, de 88 años de edad.

“Atacábamos al galope con el sable en alto, el fusil con bayoneta calada a la espalda y la máscara antigás puesta, pues al principio temíamos que los japoneses utilizaran gases”, recuerda Dorzh, comandante de la quinta división de caballería mongola que contaba con 6.000 jinetes. Nada hay más caro para un mongol que su caballo y Dorzh dice que, “cada jinete mongol tenía dos corazones, uno era el suyo y el otro el del caballo”. “En la batalla se intentaba proteger al caballo, pero, naturalmente, en los ataques los animales no tenían ninguna protección”.

“La caballería nunca se utilizó en ataques frontales”, recuerda el anciano, que con 24 años y recién salido de la academia fue puesto al frente de una de las cinco divisiones que participaron en la batalla. Según su testimonio, en el ejército japonés combatían también restos del ejército ruso blanco que había luchado en la guerra civil rusa en Siberia y Extremo Oriente contra los bolcheviques durante la guerra civil rusa, así como una caballería compuesta por mongoles de la etnia Barga.

“Nuestro enemigo era poderoso, estaba bien armado y venía curtido por la conquista de Corea y China, pero nosotros, los mongoles, defendíamos nuestra tierra y los soviéticos su frontera”, recuerda Dorzh en cuya división murieron 400 hombres. Los japoneses, explica, llevaban una mosquitera que les cubría toda la cara, pero los soviéticos carecían de esa protección; “bromeaban diciendo que los samuráis no eran problema, que lo verdaderamente duro eran los mosquitos”. El recuerdo más vivo de este veterano es la imagen de los miles de prisioneros japoneses tras la derrota; “era duro verlos en aquel estado”, dice.

En 1927 el primer ministro japonés Giichi Tanaka, uno de los arquitectos de la agresión japonesa contra China, había anunciado que el Extremo Oriente ruso y Mongolia debían ser conquistados por Japón. En 1935, tras el pacto anti-Komintern, las relaciones soviético-japonesas se deterioraron bruscamente y en julio de 1937 Stalin desplegó un ejército de 30.000 hombres en Mongolia, donde se dio inicio a una purga en la que se detuvo o fusiló a varias decenas de miles de militares, funcionarios del gobierno y del partido mongol.

Con la guerrera llena de condecoraciones, la mitad derecha órdenes de guerra soviéticas, la izquierda mongolas, los veteranos mongoles consideran algo natural la subordinación que sus tropas tenían respecto al mando soviético.

“En aquellos tiempos Mongolia era muy joven y necesitábamos expertos, por eso nuestros oficiales tenían a su lado a consejeros soviéticos, pero esa subordinación era necesaria para nuestra cooperación”, dice el Coronel Yadmaa.

Para Mongolia, explica el historiador Batbayar, “el interés nacional por defender su territorio y soberanía, coincidía ampliamente con el interés geoestratégico de la URSS por preservar sus fronteras en Siberia y el Extremo Oriente”.

Con todos los problemas que el estalinismo y los tiempos determinaban, esa comunidad de intereses con la URSS continuó muchos años e hizo posible la existencia de un estado mongol independiente y soberano. Desde los años veinte del pasado siglo, la Rusia soviética fue para Mongolia a la vez la madre que hizo posible el nacimiento del estado moderno y el patrón brutal que la maltrató innecesariamente. Esa circunstancia “nacional” explica que la relación con Rusia haya sobrevivido al comunismo.



Entre rusos y chinos

Rafael Poch | 09/10/2003

El 11 de mayo de 1956, un hombre de aspecto cansado descendía del tren en la estación de Moscú de Leningrado. Era Lev Gumiliov, hijo de Nikolai Gumiliov y Ana Ajmátova, dos de los más grandes poetas rusos del siglo XX. Venía de Karagandá, de los campos de la estepa de Kazajstán, de cumplir el que sería el último de sus tres periodos de reclusión.
Tenía 44 años y había pasado 13 privado de libertad, trabajando en las minas de Níquel de Norilsk y otras capitales del Gulag estaliniano. Entre una condena y otra, en 1945 aun había tenido tiempo de alistarse voluntario y participar en el asalto soviético a Berlín.
En su equipaje llevaba una caja de madera llena de hojas de papel. Un papel rústico, de desigual color y formato, que procedía de los sacos de abastecimiento del campo de Karagandá. Recortado, puesto a secar y aplanado, ese papel era entregado a aquel “gran hombre” por sus compañeros de reclusión, para que pudiera escribir.
Las hojas de la caja de madera eran el manuscrito de “Los Hunos” y “Los antiguos turcos”, dos de las obras que Gumiliov escribió en cautiverio dedicadas a los pueblos de la estepa.

GUMILIOV

Lev Gumiliov (1912-1992) fue el historiador de los pueblos “sin historia” de Eurasia, de los mongoles y de la Horda de Oro, el cronista de los nómadas sin apenas tradición literaria, o que no dejaron documentos sobre su paso por la historia. Pueblos sometidos a una dinámica “etnogénesis” (el concepto es de Gumiliov); el proceso de surgimiento, afirmación, eclosión, de un grupo humano y su posterior mestizaje, fusión o disolución en otro grupo, dotado de una mayor “vitalidad pasional” o “pasionarnost” (otro concepto de Gumiliov).

Kitan, karakitan, karlukos, basmalos, ongutos, jurchen, alanos, kipchak, polovtsi, tártaros, naimanes, jázaros, kirguizes… , todos pudieron ser ignorados por la historiografía de los pueblos sedentarios, pero ignorar a los mongoles era algo más complicado. En los siglos XIII y XIV habían conquistado el mayor dominio terrestre de la historia, batiendo simultáneamente a chinos, musulmanes y europeos, creando una nueva dinastía en China (Yuan), en Persia (el Iljanato), y estableciendo en la actual Rusia el imperio de la Horda de Oro. En el siglo XIII el Papa Inocencio IV les había enviado al franciscano Giovanni Del Carpine, que fue recibido en Jarjorín, en la actual Mongolia, por el Gran Jan Güyük y regresó a Roma con una carta en la que éste instaba al Papa a personarse sin dilación en la corte mongola para “rendirle honores y presentarle el sometimiento de Europa”.

De eso hace casi ocho siglos, pero el último vestigio del enorme imperio euroasiatico de Chingiz Jan (Gengis Jan), no es tan remoto; el janato de los tártaros de Crimea, no fue disuelto hasta 1783 por la emperatriz Catalina la Grande, que lo anexionó a Rusia.

Como no se les podía ignorar se les denigró. No fue difícil puesto que, salvo la “Historia secreta de los mongoles”, una obra mongola centrada en Chingiz Jan y que alcanza hasta 1241, sus principales historias las escribieron sus enemigos o subyugados; en China el “Yuan Shi”, la correspondiente crónica dinástica, y en Persia, la obra de Rashid od-Din, un primer ministro del Iljanato.

En Europa, la aparición de los mongoles dio lugar a verdaderos mitos historiográficos nacionales, como el de Rusia con el “yugo mongol”, y el de la “lucha eterna entre el bosque y la estepa”, creado por el gran historiador ruso Sergei Soloviov y aceptado sin crítica por sus sucesores; Vasili Kliuchevski, Pavel Miliukov y otros. Según esa historia, el retraso de Rusia fue resultado de su sometimiento al “yugo”, a la necesidad de concentrar fuerzas en una labor de contención de la barbarie mediante la cual Rusia preservó del desastre a los ingratos europeos occidentales.

Según Gumiliov, mil años de intercambio y mestizaje -cuya última expresión política no fue otra que la Unión Soviética, el gran superestado euroasiático del siglo XX- se pierden de vista en esos mitos.

De parte china, los pueblos de la estepa fueron siempre vistos como “periferia bárbara”. La actitud de los chinos era la siguiente, explica Gumiliov; “creían que su misión histórica era civilizatoria; aceptar en su superetnos a aquellos que estaban de acuerdo en convertirse en chinos. En caso de resistencia, la vecindad se tornaba en algo negativo. Los turcos y los mongoles tuvieron que elegir entre perder la vida o el alma”

(* En “Drevnaya Rus i Velikaya Step”, Moscú, 1989).



En Europa, el término “tártaro” sugería que los mongoles venían del “tartarus” o sea del infierno. Las etnias y pueblos de Eurasia eran vistas como “una bárbara masa gris hostil a toda cultura y a la civilización europea”, visión que frecuentemente se hacía extensiva a Rusia y los rusos.

“Nunca creí encontrar tales rasgos de inteligencia en una fisonomía tan mongola”, escribía en 1839 Frederich Hagern tras su viaje a Rusia. Los rusos son una “tribu semibárbara”, porque “no hace mucho más de cien años eran verdaderos tártaros”, explicaba en 1843 el marqués Astolfo de Custine, cuya crónica (“Letters from Russia”) todavía se considera hoy libro de cabecera para el diplomático y periodista occidental destinado en Moscú.

Para su liberación, Rusia debe “desprenderse de todo lo que en ella hay de mongolo-oriental”, afirmaba en 1918 el filósofo Nikolai Berdiayev (En “Sudba Rossii”). Y rastros de todos estos mitos y prejuicios eurocentristas pueden encontrarse hasta en el mismo Karl Marx, cuando reduce el “yugo tártaro” a “un régimen de sistemático terror”…

Lev Gumiliov rechazó esta senda, expuesta como mera “leyenda negra” (En “Chornaya Legenda”, Moscú, 1994), y propuso con su obra una nueva y original vía de enfoque para el estudio de los pueblos de la estepa, con una interpretación inteligente de las fuentes, acuñando nuevos conceptos y sirviéndose de ingeniosas excursiones al dominio de la geografía y la etnografía. Al hacerlo, ofendió al estado mayor de la ortodoxia académica soviética, que le hizo la vida imposible. Mientras sus lecciones llenaban los aforos universitarios y cautivaban, los burócratas apenas le dejaron publicar sus obras y todas las facciones, occidentalistas y eslavófilas de la estupidez académica soviética de los setenta, se unieron en el ataque a su trabajo. Pero al final Gumiliov ha prevalecido. En la actual Mongolia, y no solo allí, se le reconoce y aprecia en lo que vale. El tesón y el genio de su obra es lo que ha quedado para el futuro y con él empieza este cuaderno, porque sin Gumiliov no se entiende el pasado mongol, y sin pasado no hay presente. Y sin esta advertencia introductoria, tampoco se comprende por qué se desconoce hoy en Europa que la Segunda Guerra Mundial comenzó en 1939 en la estepa mongola.

LA GRAN BATALLA

Un enorme obelisco de 60 metros de altura rompe el horizonte de la estepa en los confines del oriente mongol. En las infinitas soledades de la provincia de Dornod, junto a la frontera china, donde la población de gacelas salvajes supera a la de hombres en una proporción de diez a uno, el obelisco conmemora la batalla de Jaljyn Gol, la más importante de la historia militar de Mongolia del siglo XX.

“La Segunda guerra mundial comenzó aquí”, dice el Coronel retirado Zhavzangiin Yadmaa. No es así en los libros de la historia eurocentrista, para los que ni la invasión japonesa de China, a partir de 1931, ni el ataque italiano contra Abisinia figuran en la cuenta. Tampoco Jaljyn Gol.

Oficialmente la Segunda Guerra Mundial comenzó la madrugada del 1 de septiembre de 1939 con los disparos del acorazado alemán “Schleswig Holstein” sobre la Westerplatte, en Gdansk, pero para entonces decenas de miles de soldados soviéticos, mongoles y japoneses ya habían caído en tierra mongola.

El intento frustrado japonés de invadir Mongolia y poner pie en Siberia desde el Manchukuo, su estado títere en la China continental, no solo fue anterior en tres meses al inicio de la guerra en Polonia, sino que está claramente conectado a las grandes jugadas, militares y estratégicas, de la Segunda Guerra Mundial.

“Stalin consideraba a Mongolia como una zona vital para su sistema defensivo y comunicaciones contra Japón en Siberia y Extremo Oriente. El y otros dirigentes soviéticos estaban determinados a dar una lección a los militares japoneses si estos atacaban de forma provocativa a Mongolia. En su opinión, sólo tal respuesta podía garantizar la seguridad de Siberia y del Extremo Oriente soviético y permitir a la URSS concentrar sus esfuerzos de guerra en el frente europeo”, dice el historiador mongol Tsedendambyn Batbayar.

Ese ataque comenzó el 11 de mayo de 1939 con la invasión de Mongolia por el ejército japonés del Kwantung, que no fue condenada ni fue noticia para las potencias occidentales. Le siguió una contraofensiva soviético-mongola iniciada el 20 de agosto y concluida en septiembre, con una completa derrota japonesa. Con el pacto de no agresión soviético-nipón que siguió a la derrota, la prioridad japonesa de concentrarse en la conquista militar de las ex colonias británicas, francesas y holandesas en el sur y sureste asiático, cobró fuerza.

Jaljyn Gol fue, además, una batalla “moderna”, típica de la segunda guerra mundial, en la que por primera vez ambos bandos emplearon tanques, aviones, artillería e infantería de forma integrada.

De parte soviética intervinieron 500 aviones y 500 tanques T-34, los carros que luego llegarían a Berlín y que fueron estrenados aquí. Los japoneses perdieron 660 aviones y más de 60.000 hombres entre muertos, heridos o prisioneros. Los soviéticos y mongoles perdieron 207 aviones y 18.500 hombres. La cifra total de muertos entre los dos bandos es de 30.000. Sus generales fueron personalidades de primer orden; de parte soviética el Mariscal Zhukov, entonces un general de talento; de parte mongola, Choybalsan, el Stalin local. Así que; ni su gran escala, ni la novedad militar, ni la personalidad de los protagonistas, ni cualquier otra de sus circunstancias, salvo la geografía y la discriminación, explican el “olvido” europeo de esta batalla.

La mitología de la Segunda Guerra Mundial conoce la carga de la caballería ligera polaca contra los tanques de Hitler, pese a que pertenece al dominio de la ficción, pero en Jaljyn Gol, la caballería mongola hizo realidad esa escena que en Polonia simplemente no existió.

Decenas de miles de mongoles a caballo lucharon aquí y tuvieron un papel crucial para atacar los flancos del ejército japonés, desorganizar sus fuerzas y rodearlo, me explica el también coronel retirado Gendengiin Dorzh, de 88 años de edad.

“Atacábamos al galope con el sable en alto, el fusil con bayoneta calada a la espalda y la máscara antigás puesta, pues al principio temíamos que los japoneses utilizaran gases”, recuerda Dorzh, comandante de la quinta división de caballería mongola que contaba con 6.000 jinetes. Nada hay más caro para un mongol que su caballo y Dorzh dice que, “cada jinete mongol tenía dos corazones, uno era el suyo y el otro el del caballo”. “En la batalla se intentaba proteger al caballo, pero, naturalmente, en los ataques los animales no tenían ninguna protección”.

“La caballería nunca se utilizó en ataques frontales”, recuerda el anciano, que con 24 años y recién salido de la academia fue puesto al frente de una de las cinco divisiones que participaron en la batalla. Según su testimonio, en el ejército japonés combatían también restos del ejército ruso blanco que había luchado en la guerra civil rusa en Siberia y Extremo Oriente contra los bolcheviques durante la guerra civil rusa, así como una caballería compuesta por mongoles de la etnia Barga.

“Nuestro enemigo era poderoso, estaba bien armado y venía curtido por la conquista de Corea y China, pero nosotros, los mongoles, defendíamos nuestra tierra y los soviéticos su frontera”, recuerda Dorzh en cuya división murieron 400 hombres. Los japoneses, explica, llevaban una mosquitera que les cubría toda la cara, pero los soviéticos carecían de esa protección; “bromeaban diciendo que los samuráis no eran problema, que lo verdaderamente duro eran los mosquitos”. El recuerdo más vivo de este veterano es la imagen de los miles de prisioneros japoneses tras la derrota; “era duro verlos en aquel estado”, dice.

En 1927 el primer ministro japonés Giichi Tanaka, uno de los arquitectos de la agresión japonesa contra China, había anunciado que el Extremo Oriente ruso y Mongolia debían ser conquistados por Japón. En 1935, tras el pacto anti-Komintern, las relaciones soviético-japonesas se deterioraron bruscamente y en julio de 1937 Stalin desplegó un ejército de 30.000 hombres en Mongolia, donde se dio inicio a una purga en la que se detuvo o fusiló a varias decenas de miles de militares, funcionarios del gobierno y del partido mongol.

Con la guerrera llena de condecoraciones, la mitad derecha órdenes de guerra soviéticas, la izquierda mongolas, los veteranos mongoles consideran algo natural la subordinación que sus tropas tenían respecto al mando soviético.

“En aquellos tiempos Mongolia era muy joven y necesitábamos expertos, por eso nuestros oficiales tenían a su lado a consejeros soviéticos, pero esa subordinación era necesaria para nuestra cooperación”, dice el Coronel Yadmaa.

Para Mongolia, explica el historiador Batbayar, “el interés nacional por defender su territorio y soberanía, coincidía ampliamente con el interés geoestratégico de la URSS por preservar sus fronteras en Siberia y el Extremo Oriente”.

Con todos los problemas que el estalinismo y los tiempos determinaban, esa comunidad de intereses con la URSS continuó muchos años e hizo posible la existencia de un estado mongol independiente y soberano. Desde los años veinte del pasado siglo, la Rusia soviética fue para Mongolia a la vez la madre que hizo posible el nacimiento del estado moderno y el patrón brutal que la maltrató innecesariamente. Esa circunstancia “nacional” explica que la relación con Rusia haya sobrevivido al comunismo.


Battle Hymn - Manowar