domingo, 19 de enero de 2014

Historia de Mongolia. Del Imperio Mongol al siglo XXI

El placer y la alegría del hombre radica en aplastar al rebelde y conquistar al enemigo, en arrancarlo de raíz, y tomar de él todo lo que tiene. (Gengis Khan)


República Popular de Mongolia

Mucho se habla sobre los países socialistas de Europa, África, Cuba y el corto régimen de Nicaragua, pero casi nunca de Mongolia, un aliado estratégico de la Unión Soviética que bien podría haber sido usado como escudo o como puerta hacia China.

Mongolia se transformo en una República Popular en 1922, tras separarse de China por las presiones ejercidas por el Partido Popular Mongol, se corte socialista y apoyado por el recién establecido gobierno socialista en su vecino del norte, Rusia. No fue sino hasta 1925 cuando se estableció un régimen definitivo, el cual estaba liderado por Navaandorjiin Jadambaa quien gobernó durante el día 28 de noviembre de 1924, siendo sucedido el 29 de noviembre por Peljidiin Genden, un campesino que se unió a la causa revolucionaria mientras Mongolia aun estaba bajo la ocupación china. Durante su  mandato se elimino la propiedad privada y se inicio una persecución contra los religiosos; cientos de monasterios fueron cerrados y miles de objetos históricos y de gran valor espiritual fueron robados por el gobierno, acusando a los monjes budistas de "Contrarrevolucionarios". En 1936 se tomo una vacaciones de un año entero de duración (Si, asi como leyeron, un año ) a la URSS, durante una visita al Mar Negro fue apresado y posteriormente interrogado, al negarse a dar información sobre la situación en Mongolia (Que tras la muerte de Navaandorjiin Jadambaa había suspendido las relaciones con la URSS), fue acusado de espionaje para el Imperio del Japón y ejecutado el 26 de noviembre de 1937 en Moscu.

Tras la ejecución de Genden, Khorloogiin Choibalsan asumió el liderazgo de la República Popular de Mongolia. Choibalsan era un asiduo seguidor de las ideas de Stalin. Las purgas traspasaron las fronteras soviéticas y llegaron a Mongolia, donde se inicio ya no la persecución, sino el exterminio masivo de los budistas; decenas de miles de monjes y creyentes fueron apresados o ejecutados en los campos de trabajo construidos en el Desierto de Gobi, ademas de la ejecución de personas que ocuparon cargos importantes durante los primeros gobiernos, entre ellos Anandyn Amar (Primer ministro entre 1928 y 1930), Darijavyn Losol (General de caballería durante el gobierno de Genden) y el Mariscal Demid (Ministro de Guerra de Genden).

Durante la IIGM, debido a la amenaza latente de que los japoneses invadieran Mongolia desde sus territorios ocupados en la China continental, hicieron a la URSS cambiar la economía de Mongolia, invirtiendo alrededor del 45% de mano de obra disponible en la industria armamentista. Estas inversiones dieron sus frutos durante las batallas de Jaljin Gol, donde los soldados soviéticos y mongoles derrotaron al Ejercito Imperial Japones cuando este invadió el territorio mongol. Tras esto, los soviéticos, mongoles y japoneses firmaron un tratado de paz y se estableció una comisión para la delimitacion de las fronteras entre Mongolia y Manchuria, un territorio ocupado por los japoneses. Después de 1941, cuando la amenaza japonesa se redujo (Mas no desapareció), la economía y mano de obra de Mongolia fue desviada a ayudar en todo lo posible a la URSS. No fue sino hasta 1945 cuando volvió a haber una acción militar en Mongolia, esta vez se trataba de la invasión soviética a Manchuria. Dicha invasión movilizo a mas de 600.000 soldados soviéticos y a 16.000 mongoles, los cuales invadieron Manchuria el 9 de agosto. La batalla duro solo 11 días, siendo tomada Manchuria por las fuerzas soviético-mongolas el 20 de agosto. La participación mongola fue limitada, pero habiendo demostrado que el poder del ejercito mongol era superior al ejercito chino en ese momento, China se vio obligada a reconocer la independencia de Mongolia.

Tras el fin de la guerra en Europa, en la Conferencia de Yalta, se discutía aun como acabar con la amenaza japonesa. El presidente norteamericano proponía un ataque conjunto entre las fuerzas estadounidenses y soviéticas al Japón, esta decisión fue aceptada por el tercer líder presente, Winston Churchill de el Reino Unido. Pero dicho ataque nunca ocurrió debido a la rendición de Japón.

Tras el fin de la guerra, Mongolia mantuvo buenas relaciones con Moscu, lo que le valió apoyo en materias de desarrollo y en el campo militar. A pesar de esto, durante el periodo de la Guerra Fria, Mongolia era uno de los países mas aislados del mundo, manteniendo relaciones con pocos países fuera de la URSS; Corea del Norte y algunos países del Bloque Oriental (Excluyendo a Albania y Yugoslavia). A pesar de gozar de la independencia de facto, Mongolia aun pertenecía a China de jure, por lo que tras la muerte de Stalin y las criticas lanzadas por Jruschov hacia el, Mao Zedong trato de tildar la Independencia de Mongolia como uno de los errores de Stalin, cosa que Jruschov negó rotundamente.

Choibalsan murió en 1952 en Moscu, donde recibía tratamiento para el cáncer de pulmones que sufría. Fue sucedido por el secretario general del Partido Revolucionario Mongol, Yumjaagiin Tsedenbal, un militar de extrema izquierda que presentaba nuevas e interesantes propuestas para el futuro de Mongolia. Entre estas propuestas se encontraba la anexión de Mongolia a la Unión Soviética, pero esto fue rechazado por otros miembros del partido al considerarlo una violación a la soberanía nacional. Durante la década de los 50 la relación entre la República Popular de Mongolia y la República Popular de China mejoro notablemente, conduciendo así al desarrollo industrial y económico de Mongolia. Los chinos construyeron empresas en Ulan Bator e invirtieron grandes cantidades de dinero en el desarrollo de la infraestructura del país, entre estas se encontraban la construcción de bloques de apartamentos en la capital, para alojar a los obreros que venían de las zonas rurales del país. Todo esto duro hasta 1962, cuando China retiro su apoyo a Mongolia en un intento por presionar al gobierno mongol a romper relaciones con Moscu en el momento de el deterioro de las relaciones chino-soviéticas.

Después del inicio de la disputa chino-soviética, el gobierno mongol liderado por Yumjaagiin Tsedenbal vacilo al principio, pero varios días después tomo una fuerte postura pro-soviética, convirtiéndose así en el primer país socialista en apoyar a la URSS en su disputa con China. En 1963 se inicio una fuerte militarización de la frontera entre China y Mongolia, ya en 1965 el Politburo del Partido Revolucionario Mongol solicito al gobierno soviético estacionar tropas permanentemente en Mongolia. En 1966, cuando Leonid Brezhnev visito Mongolia, ambos países firmaron tratados de asistencia mutua en materias de agricultura, transporte, infraestructura y defensa. Uno de los tratados en materia de defensa dictaba que la URSS estacionaria fuerzas en Mongolia ante la latente amenaza de China, que aunque no era la mitad de lo que es ahora, ya era militarmente superior a Mongolia. Pero no fue sino hasta febrero de 1967 cuando, a raíz del empeoramiento de las relaciones chino-soviéticas, Moscu cumplió finalmente su parte del trato firmado el año anterior, enviando al 39ª Ejercito Soviético a Mongolia.

Con este apoyo por parte de los soviéticos, Mongolia empezó a establecer relaciones con otros países socialistas de Europa, entre ellos Yugoslavia. Tsedenbal creía en un modelo de unidad socialista, por lo que mantuvo durante un par de años relaciones con Albania, pero cuando Albania se alineo con China y perdió apoyo de la URSS, Mongolia también corto relaciones con el pequeño país europeo. Ademas, Mongolia también empezó a asistir a conferencias internacionales y se incorporo a la ONU en 1961 y a la CAME en 1962. Pero todo esto no fue tan fácil para el país, ya que Mongolia era visto por la comunidad internacional como un apéndice de la URSS y no como un país independiente. Anteriormente, en 1955, Mongolia trato de unirse a la ONU, pero fue vetada de la organización por la República Popular de China debido a su reclamo con Mongolia. Finalmente consiguió unirse a la organización en 1961, luego de que la URSS amenazara a China con vetar a los estados africanos recién independizados si China volvía a utilizar su derecho al veto con Mongolia. Durante las décadas de los 70, 80 y 90, Mongolia fue la manzana de la discordia entre China y la URSS debido a la presencia de armas nucleares soviéticas en el territorio mongol.

A comienzos de la década de los 80 Tsedenbal se volvió mas autoritario y errático. Tras una seria de purgas en el Partido Revolucionario Mongol,Tsedenbal  fue expulsado de este en el año 1984, bajo el pretexto de vejez e incapacidad mental. La decisión de expulsar a Tsedenbal del partido fue apoyada por la URSS, por lo que Tsedenbal se mudo a Moscu, donde moriría en 1991. Jambyn Batmonkh fue nombrado secretario general del partido y asumió el liderazgo de Mongolia dos días después de la expulsión de Tsedenbal. Batmonkh se alineo rápidamente con la URSS, por lo que adopto las reformas impuestas por Gorbachov.


Con las políticas de la perestroika y la glasnost impuestas por Gorbachov se iniciaron una serie de protestas en todo el bloque socialista europeo, el cual llevo a la caída de los regímenes comunistas de Albania, Rumanía, Bulgaria, Hungría, Polonia, Checoslovaquia y la reunificacion alemana. En 1990 se iniciaron las protestas en Mongolia, lo que llevo al Partido Revolucionario a suavizar sus medidas de control político y ciudadano. En marzo de 1990 el Politburo del Partido Revolucionario renuncio, y en mayo la constitución fue enmendada, suprimiendo la referencia de que el Partido Revolucionario era la fuerza que guiaba al país, y se añadieron la legalización de los partidos de oposición, la creación de un cuerpo legislativo y de el puesto de Presidente de la República. Las primeras elecciones libres y multipartidistas de Mongolia se celebraron el 29 de julio de 1990. Los resultados demostraron una victoria del Partido Revolucionario que triunfo con un 85% de los votos. No fue sino hasta 1996 cuando el Partido Revolucionario fue removido del poder.

Pero volvamos al momento de la caída, entre 1987 y 1992, Gorbachov retiro todo apoyo político, económico y militar de Mongolia. Luego de esto las políticas externas de Mongolia cambiaron; "El mantenimiento de buenas relaciones con la Federación Rusa y la República Popular de China sera una prioridad en las relaciones internacionales de Mongolia. No adoptaremos la linea de uno u otro país, pero mantendremos relaciones equilibradas con ambos para promover un buen ambiente de vecindad y cooperación" fueron las palabras de Punsalmaagiin Ochirbat, presidente de Mongolia por el Partido Revolucionario entre 1990 y 1997.

Desde la caída del régimen comunista en Mongolia, solamente una persona de un partido de derecha ha llegado a la presidencia;Tsakhiagiin Elbegdorj gano las elecciones en 2009, convirtiéndose en el primer presidentes derechista de Mongolia desde la creación de este cargo en 1990. Actualmente la palabra de Punsalmaagiin Ochirbat sobre la manutención de relaciones con China y Rusia sigue vigente, ya que el país ha firmado numerosos tratados de cooperación con ambos países desde la caída del régimen comunista en 1990.



Historia del Imperio Mongol, Gengis Khan

http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_mongol

Este pueblo nómada de las estepas eurasiáticas fundó en el siglo XIII, bajo el liderazgo de Gengis Khan, el mayor imperio de la historia.

Eran una tribus de jinetes nómadas de las estepas del Asia Central,  su lugar de origen coincide aproximadamente en la actualidad con la república de Mongolia y las franjas meridionales de Siberia.

En el siglo XIII, bajo el liderazgo de Gengis Khan protagonizaron un movimiento de expansión de tal magnitud, que el imperio mongol llagó a extenderse desde China por el Este, a Rusia y el imperio islámico por el Oeste.

Los mongoles antes de Gengis Khan

Los pueblos mongoles pertenecen al amplio grupo de pueblos mongoloides, del que también forman parte chinos, japoneses, coreanos, thais, etc. Su medio geográfico configuró una forma de vida nómada, basada en el pastoreo de cabras, ovejas y caballos, muy similar a la de otros pueblos esteparios, como los turcos y los tunguses (manchúes), con los que también comparten una filiación lingüística (lenguas uralo-altaicas). Parece que su hábitat original se situaba en las llanuras al sureste del lago Baikal, aunque algunos grupos se extendieron al norte del mismo, en la taiga siberiana, donde vivían de la caza. Su forma de vida motivó la extremada sencillez de las sociedades mongolas. Agrupados en tribus, vivían en tiendas que transportaban consigo en sus desplazamientos en busca de nuevos pastos, no practicaban la agricultura ni tenían ciudades o asentamientos permanentes. El chamanismo y la veneración de los fenómenos naturales constituían sus principales prácticas religiosas.

Estas circunstancias motivaron el que los mongoles raramente fundaran Estados, aunque se dieron algunas excepciones. Como otros pueblos nómadas, los mongoles eran excelentes arqueros y jinetes. Convertidos en una fuerza guerrera, su extremada movilidad y velocidad hacía de ellos una seria amenaza para cualquier ejército. Gracias a ello consiguieron fundar efímeros Estados en diversas épocas, como el reino de Yen (siglo IV), el imperio juan-juan (siglos V y VI) o el de los kihtan (siglos X y XI) al norte de China, o el de los kara-kitai (siglos XI y XII) en Asia Central. A causa de la inestabilidad interna y de la presión de otros nómadas, frecuentemente azuzados por el imperio chino, estos Estados solían desaparecer rápidamente, y las tribus mongolas volvían a su existencia errante.



Gengis Khan

 En 1196 Temuyin, un jefe de clan mongol, fue elegido khan o kan (soberano) por una asamblea de las tribus. En pocos años sometió a su autoridad a todas las tribus turcas y mongolas que vivían en torno al Baikal, y en 1206 fue proclamado khagan (soberano supremo) por todas las comunidades, y adoptó el nombre de Gengis Khan (soberano universal). Organizó su nuevo Estado sobre dos pilares.

El ejército fue dividido en tres tipos de fuerzas: una caballería pesada para romper las formaciones enemigas, una caballería ligera (la especialidad mongola), que con sus continuos y rápidos ataques y retiradas hostigaba y debilitaba al enemigo hasta vencerlo, y cuerpos auxiliares de ingenieros e infantería, normalmente reclutados entre los pueblos sometidos, y empleados en los asedios de ciudades.

Los hombres eran repartidos en nuevas unidades, rompiendo las tradicionales agrupaciones tribales, lo que daba cohesión al conjunto, reforzado por la presencia de los 10.000 bahadur, la guardia personal del Khan. La movilidad y sobriedad de este ejército y la organización de un eficaz sistema de correos (yam) permitían desplazar rápidamente grandes contingentes de tropas a lo largo de enormes distancias y concentrarlas por sorpresa contra el enemigo, con efectos devastadores.

El ejército mongol era extraordinariamente autosuficiente. Los soldados viajaban con su familia, de modo que el ejército consistía en una enorme multitud de viajeros sin motivo ni necesidad de volver a casa. Sus tácticas militares se basaban en las técnicas de los nómadas para cazar animales en grupo.

Las fuerzas mongolas se desplegaban en una sola línea, rodeaban toda una región y luego se aproximaban por todos los lados, de modo que nadie podía escapar a su cerco.

Gracias a la cuidadosa planificación de sus consejos militares (llamados kurultaí) y a los excelentes reconocimientos del terreno que realizaban en sus veloces caballos, la victoria no tardaba en llegar. Sus primeras víctimas fueron los Jin, los enemigos de los Song del Sur.

Gengis les declaró la guerra en el año 1211 e inició sus avances con dos ejércitos de cincuenta mil arqueros, pero luego se dio cuenta de que, en realidad, no contaba con los recursos necesarios para tomar sus ciudades. Recurriendo a varios ingenieros chinos y algunos guerreros musulmanes para que le enseñaran a construir las máquinas de guerra y las catapultas gigantes (trabucos) utilizadas por los bizantinos, Gengis empezó a construirlas por su cuenta mediante los recursos que encontraba sobre el terreno, como los árboles.

Cuando Gengis se enfrentaba a una ciudad, daba a elegir a los dirigentes del enemigo entre dos opciones: rendirse o morir. Era un hombre de palabra. Si un mandatario era tan orgulloso como para presentar batalla, Gengis no mostraba ningún tipo de clemencia. Si se rendía, su pueblo era perdonado, pero a cambio se le exigía lealtad absoluta.

Cuando en el año 1209, un gobernante de Turfán -ciudad oasis situada en la actual región autónoma de China- se sometió a la autoridad de los mongoles, Gengis Kan no sólo perdonó la vida a su pueblo, los uiguros, sino que además éstos se pusieron a trabajar para los mongoles y se convirtieron en el motor de su burocracia imperial enseñando a leer y escribir al pueblo nómada, que hasta entonces había sido analfabeto.

En el año 1213 los mongoles ya habían llegado hasta la Gran Muralla y, en menos de dos años, se habían introducido en el corazón de la China septentrional. En el año 1215 asediaron y saquearon la capital de los Jin: Yanjing (Pekín en la actualidad).

Una vez sometido el pueblo Jin, la ira de Gengis Kan se dirigió contra el emperador musulmán -que al parecer le había insultado sin razón- de Jwarazm, imperio que se extendía desde el extremo occidental de China hasta el mar Caspio.

Luego Gengis Kan se dirigió hacia el norte, hasta llegar a Rusia, donde su ejército se dividió en dos y conquistó Georgia y Crimea. En su camino de vuelta hacia Mongolia derrotaron a un ejército ruso dirigido por seis príncipes, incluido el gobernante de Kiev. Como era costumbre en la tradición mongola, los príncipes fueron ejecutados sin derramar ni una gota de sangre: murieron aplastados bajo el peso de la mesa de banquete en la que los generales mongoles celebraron su festín victorioso.

Por otro lado, la yasa era la ley imperial que daba cohesión y organizaba el conjunto de las Instituciones del Imperio. La soberanía era electiva dentro de la familia de Gengis Khan, cuyos miembros acaparaban los máximos poderes civiles y militares. La cancillería imperial y el tribunal supremo eran dirigidos por mongoles. El Imperio se dividía en distritos militares, y los jefes del ejército, miembros del gran consejo imperial, se encargaban también de la administración, auxiliados por una numerosa y eficiente burocracia, escogida entre los pueblos sometidos.

Con estos elementos, los mongoles emprendieron una espectacular serie de conquistas. En 1209 sometieron el reino tungús de Xixia, después conquistaron el norte de China hasta Pekín (1215). Gengis Khan obtuvo el vasallaje pacífico de los kara-kitai (1218) y atravesó sus tierras en 1221 para conquistar el sultanato turco musulmán de Jwarizm (noreste de Irán). Combinando la tolerancia con las poblaciones sometidas pacíficamente y la mayor crueldad con los enemigos vencidos, convirtió el terror en un arma tan eficaz como su ejército. Sus lugartenientes Subotay y Djebe realizaron una incursión al sur de Rusia, venciendo a os cumanos y los rusos en Kalka, en 1223.

En 1225 Gengis regresó a China, donde volvió a luchar contra los Jin para someterlos de nuevo. Al cabo de poco tiempo, Gengis Kan murió: nadie sabe cómo. Algunos dicen que cayó de un caballo. Otra leyenda cuenta que fue asesinado por una bella princesa tangut: cuando estaban a punto de hacer el amor, lo castró con un cuchillo que llevaba escondido en la ropa interior para vengarse de él por haber exterminado a su pueblo.

Cuando murió Gengis, el Imperio mongol abarcaba desde la costa oriental de China hasta el mar Caspio. Pero sus hijos lo ampliarían aún más creando nuevos imperios en Rusia, Siberia y Asia central.


Sus primeros sucesores

A la muerte de Gengis Khan (1227) el imperio, que se extendía desde Manchuria hasta el mar Caspio, estaba repartido entre su hijos, bajo la soberanía del Gran Khan. En 1229 la asamblea de los nobles mongoles eligió para este puesto a Ogodei. este continuó las conquistas mientras organizaba el imperio, estableciendo ¡a capital en Karakorum (1235).

El imperio Km del norte de China fue totalmente conquistado (1234), así como gran parte de Persia (1239). Batu, sobrino de Ogodei, acompañado por Subotay y Mangu, marchó sobre Occidente, destruyendo a los búlgaros del Volga (1236), aplastando a los rusos y tomando Kiev (1240). Atacó entonces Polonia, Hungría y Alemania, llegando hasta el Adriático (1241). Pero cuando iba a atacar Viena, la noticia de la muerte de Ogodei le hizo volver rápidamente a Karakorum para defender sus derechos al trono. Tras un periodo de minorías y regencias (1241-51), durante el reinado de Mangu Khan (1251-59) el imperio alcanzó su máxima extensión. Su hermano Hulagu, gobernador de Persia, acabó con la secta de los asesinos (1256) y conquistó todo Irak, ejecutando al último califa de Bagdad (1258), pero fue vencido por los mamelucos de Egipto en Am Yalut (1260).



Kublai Khan y la disgregación del Imperio

Kublai, otro hermano de Mongu, encargado de la conquista del Imperio chino de los Song, fue elegido Gran Khan (1260-1294). En seguida trasladó su capital a Pekín, llamada Kanbalik. Desde allí completó la conquista de toda China (1279) y envió expediciones contra Japón, Indochina e Indonesia. Bajo su reinado y el de sus sucesores, el Imperio chino-mongol alcanzó una gran prosperidad, gracias al orden interno y a que la tolerancia y la pax mongolica impuestas sobre gran parte de Asia favorecían enormemente el intercambio de ideas y mercancías. Fue en esta época cuando el famoso viajero veneciano Marco Polo llegó a la corte del Gran Khan, donde recibió cargos y honores. También llegaron otros comerciantes y misioneros, como el franciscano Ruysbroek.

Pero también en esta época comenzó la disolución del inmenso Imperio. La smización del Khan y de la dinastía Yuan por él fundada hizo que otros miembros de la familia se rebelaran contra su autoridad. Su nieto Kaidu fundó un kanato independiente en Asia central, que sólo fue sometido por Timur (1295-1307), sucesor de Kubiai, que no pudo impedir sin embargo la pérdida de control sobre los khanatos o khanatos occidentales. La misma dinastía Yuan fue derrocada en China por los Ming (1368) y sus descendientes se retiraron de nuevo a Mongolia.

Los khanatos de Asia central y occidental

A partir de 1260 el imperio se había convertido en una federación de khanatos, bajo la soberanía cada vez mas teórica del Gran Khan, frecuentemente enfrentados entre sí.

En Asia central, el kanato de Yagatay, tras una fase de expansión, comenzó su declive a la muerte de Kaidu (1301), mientras se turquizaba e islamizaba progresivamente. Tras sufrir el embate de Tamerlán (finales del siglo XIV) y la presión de los rusos, se dividió en varios khanatos que fueron progresivamente absorbidos por el Imperio ruso (siglos XVI-XX).

Al oeste, el khanato de Quipcap o de la Horda de Oro, en Siberia occidental, impuso su autoridad a los principados rusos y llegó a amenazar Bizancio. Islamizado superficialmente, se alió con los mamelucos, ayudando a su victoria en Am Yalut. Debilitado por la rebeldía de los príncipes de Moscú (1380) y la derrotalrente a lamerlán (1395), perdió definitivamente el control sobre Moscovia en 1480, y se escindió en los khanatos de Kazán, Astrakán y Crimea. El último de ellos logró resistir el expansionismo ruso hasta fines del siglo XVIII

Las conquistas de Hulagu en Persia llevaron a la fundación del Imperio de los llkharies o Iljanes. Éstos, tras algunos intentos de alianza con la cristiandad europea contra los mamelucos y los príncipes musulmanes de Siria, acabaron convirtiéndose también al islam a finales del siglo XIII. Esto no impidió la disgregación de su imperio a la muerte de Abu Said (1335).


Los timuríes: En 1360, el turco islamizado Tamerlán (Timur Lenk, «el cojo») se proclamó descendiente de Gengis Khan y unificó a las tribus turcas y mongolas de Asia central. En una serie de campañas devastadoras sometió a su autoridad toda Persia, el khanato de Quipcap (1396), el norte de la India (1399) y el sultanato otomano de Asia Menor (1402). Pero a su muerte (1405), su gran Imperio, con capital en Samarcanda, se desintegró rápidamente.

Un descendiente suyo, Babar, fundó en 1506 el Imperio mogol de la India, que gobernaría durante dos siglos la mayor parte del subcontinente, hasta su sometimiento por los ingleses entre los siglos XVIII y XIX


Fuente: http://www.portalplanetasedna.com.ar/mongoles.htm


Cuaderno Mongol de Rafael Poch: http://blogs.lavanguardia.com/cuaderno-mongol/

Camaradas

Rafael Poch | 09/10/2003

El vedado de Ij Tengerliin Am (literalmente el “Valle del gran cielo”) fue construido en los cincuenta por Choybalsan, el Stalin de Mongolia, como lugar de descanso para la nomenclatura local. Ahí tiene su dacha de verano el primer ministro y los miembros del parlamento (Gran Jural). Desde el lugar se divisa a lo lejos el ajetreo y las chimeneas de la capital mongola, una ciudad curiosa y amable, de un millón de habitantes, de los que la mitad viven en “ger” (yurtas), la tienda de campaña de piel tradicional de los nómadas mongoles.

La señora Gantomor me muestra la residencia para huéspedes de estado del recinto, cuyo parque es visitado por las noches por la fauna que habita las montañas del lugar; lobos, ciervos y zorros.

“Desde 1954, aquí han dormido Voroshilov (el lugarteniente de Stalin), Jrushov, Brezhnev, Kosigin y últimamente el Dalai Lama, Hu Jintao y otros”, explica, mientras pasa de una habitación a otra.

A apenas dos kilómetros del lugar se encuentra el monumento al soldado soviético en el que hay una placa que dice; “la memoria del soldado soviético caído es eterna, como el sol en el cielo, y santa, como el fuego y la tierra”.



Las raíces de la URSS con Mongolia eran milenarias. El contacto y mestizaje de Rusia con los pueblos de la estepa de Eurasia fue mucho más fluido y menos excluyente que el de estos pueblos con China. Con la llegada de la democracia a Mongolia en los noventa -una democracia genuina, sin parangón con el asalto al supermercado ruso, ni con los sucedáneos patriarcales de las repúblicas ex soviéticas de Asia Central o la estricta modernización china-, en Ulan Bator cayó el monumento a Stalin, pero el de Lenin sigue ahí, por no hablar de los dos padres de la patria de la Mongolia moderna, Choybalsan y Sujbaatar, enterrados juntos en un mausoleo inspirado en el moscovita en la principal plaza de la ciudad, que lleva el nombre del segundo de ellos.

Lo soviético suscitó aquí no solo dramas y represión, sino también pasiones profundas que quedaron grabadas en nombres de pila mongoles como; “Seser” (de “SSSR”, siglas de URSS, en ruso), “Oktyabr” (Octubre) o “Melscho” (estrambótica unión de las iniciales de; Marx, Engels, Lenin, Stalin y Choybalsan). En algunos casos, el hermano mayor tuvo que solucionar algún curioso conflicto lingüístico, como el del astronauta mongol Ganhuyak. Las dos últimas sílabas de su nombre suenan tremendas en ruso (algo así como “jodido”), por lo que tras su entreno en la Ciudad de las Estrellas de Moscú, se decidió cambiarle el nombre por el de Ganzorig…

Unos 30.000 mongoles fueron fusilados por el estalinismo, entre ellos 17.600 lamas budistas. En Ulan Bator, cuyo nombre en mongol (“Ulaanbaatar”) significa “Guerrero Rojo”, hay, en la calle Karl Marx, un museo dedicado a las víctimas de la represión. Lo regenta la hija del ex primer ministro Peljidiyin Genden, uno de los 33 funcionarios mongoles que fueron juzgados y fusilados en Moscú.

Pese al abandono de Moscú, que ahora se está corrigiendo, la lengua rusa continua siendo, con diferencia, la principal lengua extranjera de Mongolia. Casi todo el mundo la entiende y muchos la hablan. “Es nuestro nexo con Europa”, explica un periodista.

“En los últimos años el ruso retrocedió mucho, ahora está regresando”, dice Tsend Enkhbat, director de la televisión mongola y graduado en literatura por un instituto de Moscú. “Un día u otro Rusia se levantará, se despertará y se preguntará, “¿dónde está Mongolia?”, responde Enkhbat a la pregunta de por qué decidió llevar a su hija a un colegio en ruso.

Aunque la prioridad de la política exterior es desarrollar, “unas relaciones equitativas con los dos grandes vecinos”, Rusia y China, se desconfía mucho más de los chinos. En primer lugar por razones históricas; la China manchú (Qing) conquistó Mongolia en 1732 y la mantuvo bajo su dominio hasta su caída, en 1911. Cuando los mongoles proclamaron la independencia en el siglo XX, fueron invadidos de nuevo por China y la nación consiguió afirmarse con la ayuda de la Rusia soviética. Stalin nunca barajó la idea de anexionar Mongolia a la URSS, mientras que tanto Mao como los nacionalistas chinos fueron mucho más ambiguos porque reclamaban la herencia del imperio Qing.

En los años setenta y ochenta, la presencia de tropas y misiles soviéticos en Mongolia y su condición de país en primera línea, unido al maltrato de la población de Mongolia interior, región autónoma de China, mantuvo muy viva la tensión. Todo eso determina la prevención con la que muchos mongoles contemplan hoy la pujanza económica china.

China es actualmente el primer inversor y el primer socio comercial de Mongolia, seguida de Rusia y con Japón y la UE aun más atrás; “pero esto será equilibrado con el tiempo”, dice el Doctor Tsajilgaan, consejero del Ministerio de Exteriores.

Con la pésima calidad de su política exterior, la Rusia postcomunista no supo sacar partido de uno de los países mejor predispuestos hacia ella. Cuando en marzo de 2002, el primer ministro ruso Mijail Kasianov vino a negociar la deuda soviética, los mongoles se quedaron asombrados: Moscú les pedía 11.600 millones de rublos en concepto de pago de la deuda soviética, y exigía una cotización de un rublo igual a un dólar.

“Ahora las cosas han mejorado, hemos encontrado un consenso con los rusos y vamos a resolver nuestra deuda sin gran desgaste y sin que Mongolia tenga que pagar”, explica Tsajilgaan.

Desde el fin de la guerra fría, Mongolia interesa mucho en Washington. Geopolíticamente, el país es el pedazo de jamón en el bocadillo que forman dos grandes países que mantienen políticas autónomas en el mundo. Eso determina que Mongolia reciba hoy 330 millones de dólares anuales de ayuda americana, cerca de la tercera parte de su PIB y cantidad comparable a las subvenciones soviéticas anteriores a 1990. Pese a ello, Mongolia no parece tener vocación de vasallo y su actitud en la actual crisis coreana así lo sugiere.

Washington, que quiere un “cambio de régimen” en Corea del Norte, ha barajado confusamente planes para provocar una “crisis humanitaria de refugiados” en Corea, similar a la de Kósovo. En 1999, 500 norcoreanos llegaron a Mongolia cruzando 2.000 kilómetros de territorio chino y si Mongolia y China se prestaran, el escenario adquiriría fácilmente aspecto de alud, con Mongolia en el papel de Macedonia. Pero Mongolia mantiene buenas relaciones con Corea del Norte, tiene embajada en Pyongyang, rechaza la política de presiones y apoya el escenario de una integración regional, gradual y pacífica de Corea del Norte, que tanto irrita a los ultraderechistas de Washington.

“Nuestro pueblo nunca aceptaría el establecimiento de esos campos de refugiados en nuestro territorio”, ha dicho el embajador mongol en Estados Unidos y ex vicedirector de los servicios secretos, Ravdan Bold.

“Tal escenario no refleja nuestra política, ni interesa a los demás países de la región como China”, señala una alta fuente diplomática mongola en condición de anonimato. “Las presiones para cambio de régimen, son especialmente peligrosas para países como el nuestro por lo que tienen de precedente, y no podemos apoyarlas”, explica.




…Y el mongol se baja del caballo

Rafael Poch | 09/10/2003

En Mongolia hay 11 millones de ovejas, 9 millones de cabras, 2 millones de vacas, 300.000 camellos y… 2,2 millones de caballos. Sobre todo, caballos. Tantos caballos como habitantes, en un país que tiene la menor densidad de población de Asia. La imagen de esos caballos en grandes manadas completamente libres, bebiendo las cristalinas aguas de un río en la inmensidad infinita de la pradera, sin cercas ni vallas, produce una sensación de libertad irrepetible que es el mejor resumen de este país.

Durante veinte años, desde 1940 hasta 1960, las cinco especies pastoriles estuvieron representadas en el escudo nacional de Mongolia. Los dos escudos que siguieron, el último del comunismo y el de la democracia, dejaron solo al caballo, que también está presente en la mayoría de los billetes de banco. No es casualidad.

El pequeño y fuerte caballo mongol, no herrado y capaz de encontrar pasto en invierno bajo la nieve, acompañó a los mongoles a lo largo de su historia. Con él conquistaron China y Persia, llegaron al Danubio y a Java, e intentaron invadir Japón.

El caballo está en el centro del modo de vida nómada-pastoril de la nación. Basado en un ecosistema, el de la pradera, de gran biodiversidad y productividad que ha pasado la prueba de los siglos, ese modo de vida no se diferencia mucho del de la época de Chingiz Jan.

A mediados del XIX existía en la pradera de Norteamérica un ecosistema semejante que mantenía a unos sesenta millones de búfalos, pero fue arrasado por la agricultura industrial más derrochadora de energía del mundo. En la Mongolia de China (la provincia de Mongolia Interior), están repitiendo la experiencia: la privatización de la tierra, las cercas y el avance de la agricultura, han acabado ya con el 40% de la pradera. Aquí ese medio se mantiene, pero todo indica que le aguardan serias pruebas.

El 8% del territorio nacional de Mongolia ya ha sido declarado parque nacional, las autoridades y el Gran Jural han mostrado una gran sensibilidad y la población conserva no pocos rasgos de una cultura tradicional muy dependiente de una relación racional y no agresiva con el entorno.

Marco Polo ya describió esa relación a finales del Siglo XIII, al observar que, ¿los mongoles prohíben por ley cazar gacelas, ciervos, liebres, alces, y otros animales durante el periodo de nacimiento y lactancia, por eso su tierra está llena de animales y de maravillosas oportunidades para su multiplicación. Los infractores son castigados severamente.¿

Sin embargo, la población aumenta a razón de un 1,8% anual -uno de los índices más dinámicos de Asia-, lo que incrementa la presión sobre la naturaleza, y los expertos estiman que sería necesario que el 30% del territorio nacional estuviera sometido a legislación y protección medioambiental especial.

Entre el verano de 1999 y el invierno del 2002, una sucesión de sequía, grandes nevadas y heladas que creaban una dura corteza que impedía a los animales acceder al pasto escarbando, mató a 7 millones de cabezas de ganado. La catástrofe se sumaba al colapso de la caída del comunismo, con caídas anuales del PNB del 13% en 1992 y 1993, que obligaron a muchos mongoles a buscarse la vida sobreexplotando la naturaleza en condiciones de mayor relajación administrativa.

Para el académico Tsesrenjav Janchiv, las dos amenazas para el ecosistema local son el avance de la ganadería, a costa de las especies salvajes, y la economía de mercado.
¿Antes había una ley muy dura que se respetaba por miedo, ahora, con esta economía de mercado, todos buscan el beneficio inmediato y la naturaleza paga la factura. El turismo está en la misma clave. Y no ha hecho más que empezar¿, dice.

La apertura democrática de los noventa atrajo a autores de documentales, alemanes, americanos, franceses y japoneses. Detrás de ellos llegaron turistas mochileros y ¿de aventura¿, es decir la vanguardia del turismo con mayúscula, de enorme potencial de degradación.

Indicios de esa degradación ya pueden observarse en el Parque Nacional de Terelj, el más próximo a Ulan Bator, con un manifiesto exceso de instalaciones turísticas. Al mismo tiempo, el turismo es un ingreso precioso para Mongolia, del que el país, sencillamente, no puede prescindir.

Los turistas fueron 23.000 en 1999, más de 30.000 en el 2001 y más de 150.000 en el 2002. El SARS -mejor dicho, su fantasma, pues en Mongolia no hubo- contuvo el turismo este año, pero la previsión para el año que viene es de un gran incremento. Gestionar bien ese agresivo flujo, potencialmente tan destructor, es uno de los actuales retos de Mongolia.

Otro problema es la creciente inmigración hacia las ciudades. En 1979, el 54% de la población mongola era nómada. Hoy los nómadas son el 45% y la previsión para los próximos años es que el mongol se baje del caballo en una escala sin precedentes.

Más de la mitad de la población mongola vive en las tres principales ciudades y una tercera parte en Ulan Bator. La capital dobló su población en los últimos diez años y volverá a hacerlo en los próximos diez o quince, según la previsión oficial. La abolición, el pasado 17 de septiembre por el Tribunal Supremo de la nación, del costoso pago del permiso de residencia para los inmigrantes que se dirigían a la capital (unos 50 euros por adulto y 25 por niño), aun va a acelerar más la afluencia, explica el vicealcalde de la ciudad, Choizhinzhavyn Sumaajuu.

La mitad de los vecinos de Ulan Bator vive en yurtas y a pesar de los atascos de los 65.000 coches que circulan por sus calles y de la contaminación que el carbón ocasiona en invierno, la ciudad tiene un pulso agradable, quizá porque el municipio se gasta el 81% de sus presupuestos en educación y sanidad.

En el centro de la ciudad ya no hay espacio para nuevos emigrantes. En las afueras, en el barrio de Songinojairjan, las escuelas trabajan en tres y cuatro turnos diarios, porque no dan abasto con la afluencia de emigrantes.

En el distrito de Bainsur del extrarradio de Ulan Bator, en la última parcela de yurtas lindando con la pradera, entre torres de alta tensión, la Señora Tsevegsuren, explica por qué decidió venirse a la capital con su marido y sus dos hijos, el más pequeño de cinco meses, desde la remota provincia de Uvs, en el extremo noroccidental del país.

¿Teníamos unas cien reses, en la sequía de 1999 perdimos casi todo, lo que sobrevivió murió el año siguiente, así que vendiendo las contadas reses que nos quedaron pagamos los 250.000 togrogs (unos 200 euros) que costó la mudanza de nuestra yurta en camión¿. Otros familiares y unos amigos de la misma provincia también han instalado furtivamente su yurta en la misma parcela. ¿En la provincia se quedaron muchos que ni siquiera tenían el dinero para la mudanza¿, explica esta nueva sedentaria. Fotos de caballos adornan las paredes de piel de su yurta urbana.

En la pradera de la provincia de Övörhangay, la provincia mongola con más caballos (250.000), la Señora Narmandaj, expone la situación inversa, entre sorbo y sorbo de ¿kumis¿, la leche de yegua inusitadamente rica en vitaminas.

La familia tiene 200 caballos y 300 cabezas de ganado. En las sequías y fríos de los últimos años perdieron casi cien vacas, pero lograron salir adelante. Narmandaj ha visto mundo y como la gran mayoría de los nómadas mongoles recibió enseñanza media. En su juventud estudió en una escuela textil en Checoslovaquia y estuvo en Moscú, explica en ruso.

La Plaza Roja le gustó mucho, pero no tiene ningún interés en emigrar a la ciudad. Sus hijos van a la escuela de Ondorshireet, el centro provincial de 5.000 habitantes más próximo, a unos 70 kilómetros del lugar. A la pregunta de dónde acude la familia en caso de enfermedad, responde sonriendo; ¿aquí no nos ponemos enfermos¿. Luego aclara que en caso necesario en Ondorshireet hay un dispensario con un médico que puede desplazarse.

¿Sólo los más pobres quieren irse a la ciudad, porque si tienes medios, aquí se vive bien¿, explica la mujer, para la que dar estudios superiores a sus hijos es una prioridad clara. Fuera de la yurta, los hijos, que aprendieron a montar a los cuatro años, hacen cabriolas extraordinarias sobre sus corceles. Vista desde lejos, su yurta y la manada de caballos que la rodea, es como una perla blanca en el horizonte.




Una situación politica saneada

Rafael Poch | 09/10/2003

Políticamente, Mongolia limita al oeste con las repúblicas ex soviéticas de Asia Central en las que manda una sucesión de ex secretarios del partido único reciclados como presidentes vitalicios. En Ashjabad, gira con el sol la estatua de oro erigida a sí mismo por el presidente turkmeno, Niyazov. En Uzbekistán gobierna el puño de hierro de Karimov, con decenas de miles de presos políticos. En Kirguizstán hay un régimen algo más risueño pero que persigue al adversario político. En Kazajstán manda la autocracia familiar de Nazarbayev, y en Tadjikistán impera una amalgama de regionalismos sobre el caos latente de los señores de la guerra. Al norte, Mongolia limita con el “estado de mercado” ruso, donde la rotación del poder aun es una asignatura pendiente. Y al sur está una China que ve en la democratización política más un riesgo que una oportunidad.

Que en esas coordenadas políticas una nación de pastores nómadas de 2,4 millones de habitantes que vive en un territorio tres veces mayor que el de la Península Ibérica, haya logrado afirmar, sin aparente dificultad, una democracia genuina, debería ser noticia. No lo ha sido, como no lo fue hace medio siglo Jaljyn Gol.

A principios del siglo XXI, los mongoles destacan como gente abierta, predispuesta y con aptitud hacia la modernización, capaz de aprender rápidamente de los errores y corregirlos, que han mantenido o creado instituciones sólidas y estables, y cuyo fuerte nacionalismo y posibilidad de jugar con los intereses de diversas potencias facilita su vivo afán de independencia y soberanía.

El reportero acostumbrado a los meandros de la burocracia euroasiática resulta sorprendido aquí por la general franqueza y transparencia. El vicealcalde de Ulan Bator confiesa sin tapujos su irritación con una sentencia del Tribunal Supremo de obligado cumplimiento. El periodista de oposición se queja de que sólo hay dos diarios opuestos al gobierno. La directora de la única prisión de mujeres del país acepta una improvisada entrevista y me recibe con el informe de Amnistía Internacional en la mano. Permite visitar la cárcel, pero no fotografiar para proteger el derecho de las reclusas, explica. Una presa entrevistada dice que su condena a diez años por corrupción fue excesiva. Todo rezuma una franqueza y trasparencia inusitadas.

En diciembre de 1989, al calor de la caída del muro en Berlín y de la “perestroika” en Moscú, los mongoles salieron a la calle pidiendo reforma electoral, constitución, una cámara representativa permanente y que se fuera el partido único. Este aceptó la presión y convocó elecciones. Surgieron decenas de partidos en medio de la profunda crisis que siguió al hundimiento de la URSS y el fin de sus subvenciones.

En 1996 la oposición arrebató el poder a los ex comunistas en las urnas, algo sin precedentes en Rusia y que en la CEI solía concluir en guerra civil en los raros casos (Georgia, Tadjikistán) en los que sucedió, por no hablar de China. El gobierno de la oposición duró hasta el 2000 y fue una época de apertura, ingenuidad de mercado y manifiestas turbulencias. Se desmanteló el estado social, en Ulan Bator aparecieron miles de niños de la calle pidiendo limosna, y en las viviendas se generalizaron las puertas de hierro. En cuatro años hubo tres cambios de gobierno y cuatro primeros ministros. Se robó mucho, pero en Mongolia no ha habido ni un solo caso de asesinato por encargo en el ámbito de los negocios y solo un personaje político, Sanjaasürengiyn Zorig, sufrió muerte violenta en la transición.

Fueron años de turbulencias pero también de aprendizaje. Todos maduraron. Cuando los ex comunistas regresaron al poder en las elecciones del 2000, “tampoco ellos eran los mismos”, señala un observador extranjero.

La pregunta es por qué Mongolia logró con relativa facilidad esa democracia genuina, que en los países de su entorno aun está tan lejos y resulta tan difícil de alcanzar.

Una razón es que Mongolia es una nación unida y pequeña, de sólo 2,4 millones de habitantes. Eso tiene más implicaciones de las que se pueda suponer en el ámbito de la corrupción, explica el director de la televisión nacional. “En un país pequeño debes ser muy cuidadoso con lo que haces, porque todo el mundo te conoce, todo se sabe y todo se ve”, dice.

Otra razón es que los comunistas locales “se abrieron a las exigencias de cambio, elaboraron en 1992 una constitución verdaderamente consensuada que regula plena libertad de prensa y de movimientos, y practican desde entonces el diálogo político”, explica un alto funcionario de la actual administración, aunque su explicación parece mas una consecuencia que una causa.

En cualquier caso, como resultado de esta transición la Mongolia de hoy puede definirse como un país con “sistema mixto”, traducción local de una socialdemocracia o eurocomunismo; por un lado plena apertura de mercado, por otro no existe la propiedad privada de la tierra (difícilmente compatible con una nación de pastores nómadas), la educación -incluída la superior- es gratuita para quienes no se lo pueden costear y hay fuertes subvenciones en materia de sanidad. El programa del actual partido del gobierno, ex comunista, rechaza el “caduco” dogmatismo pero promete construir un “socialismo humano”.

La semilla de Mijail Gorbachov y de su malograda “perestroika” germinó en el lugar más insospechado; en la pradera mongola.




Una nación de pastores nómadas en trance de modernización

Rafael Poch | 09/10/2003

Superficie: 1,5 millones de kilómetros cuadrados (como Francia, Italia, Alemania e Inglaterra, juntas)

Población: 2,4 millones, la más baja densidad de población de Asia. El 60%, menores de 35 años.
Capital: Ulan Bator (Ulaanbaatar), 1 millón de habitantes (oficialmente 800.000).

Cabezas de ganado: 25 millones (11 millones de ovejas, 9 millones de cabras, 2 millones de vacuno, 2,2 millones de caballos, 0,3 millones de camellos).

Urbanización: 50%.

Biodiversidad: Una de las joyas del planeta, complicada por la expansión de la ganadería y del turismo.

Fronteras: 4673 Km con China, 3441 Km con Rusia.
PNB per cápita: 500 dólares (recién alcanzado el nivel de 1990, con crecimiento dinámico desde hace dos años).

Exportaciones: Minerales, pieles, ganado.

Importaciones: Productos acabados, maquinaria, combustible, alimentos.

Principales socios comerciales: China, Rusia, Japón / Unión Europea y EE.UU.
Forma de gobierno: República parlamentaria.

Partido gobernante: Partido Popular Revolucionario de Mongolia (ex comunista)

Drogadicción: inexistente

Alcoholismo: El 51% de la población entre 19 y 35 años abusa del alcohol.



La gran batalla

Rafael Poch | 09/10/2003

Un enorme obelisco de 60 metros de altura rompe el horizonte de la estepa en los confines del oriente mongol. En las infinitas soledades de la provincia de Dornod, junto a la frontera china, donde la población de gacelas salvajes supera a la de hombres en una proporción de diez a uno, el obelisco conmemora la batalla de Jaljyn Gol, la más importante de la historia militar de Mongolia del siglo XX.

“La Segunda guerra mundial comenzó aquí”, dice el Coronel retirado Zhavzangiin Yadmaa. No es así en los libros de la historia eurocentrista, para los que ni la invasión japonesa de China, a partir de 1931, ni el ataque italiano contra Abisinia figuran en la cuenta. Tampoco Jaljyn Gol.

Oficialmente la Segunda Guerra Mundial comenzó la madrugada del 1 de septiembre de 1939 con los disparos del acorazado alemán “Schleswig Holstein” sobre la Westerplatte, en Gdansk, pero para entonces decenas de miles de soldados soviéticos, mongoles y japoneses ya habían caído en tierra mongola.

El intento frustrado japonés de invadir Mongolia y poner pie en Siberia desde el Manchukuo, su estado títere en la China continental, no solo fue anterior en tres meses al inicio de la guerra en Polonia, sino que está claramente conectado a las grandes jugadas, militares y estratégicas, de la Segunda Guerra Mundial.

“Stalin consideraba a Mongolia como una zona vital para su sistema defensivo y comunicaciones contra Japón en Siberia y Extremo Oriente. El y otros dirigentes soviéticos estaban determinados a dar una lección a los militares japoneses si estos atacaban de forma provocativa a Mongolia. En su opinión, sólo tal respuesta podía garantizar la seguridad de Siberia y del Extremo Oriente soviético y permitir a la URSS concentrar sus esfuerzos de guerra en el frente europeo”, dice el historiador mongol Tsedendambyn Batbayar.

Ese ataque comenzó el 11 de mayo de 1939 con la invasión de Mongolia por el ejército japonés del Kwantung, que no fue condenada ni fue noticia para las potencias occidentales. Le siguió una contraofensiva soviético-mongola iniciada el 20 de agosto y concluida en septiembre, con una completa derrota japonesa. Con el pacto de no agresión soviético-nipón que siguió a la derrota, la prioridad japonesa de concentrarse en la conquista militar de las ex colonias británicas, francesas y holandesas en el sur y sureste asiático, cobró fuerza.

Jaljyn Gol fue, además, una batalla “moderna”, típica de la segunda guerra mundial, en la que por primera vez ambos bandos emplearon tanques, aviones, artillería e infantería de forma integrada.

De parte soviética intervinieron 500 aviones y 500 tanques T-34, los carros que luego llegarían a Berlín y que fueron estrenados aquí. Los japoneses perdieron 660 aviones y más de 60.000 hombres entre muertos, heridos o prisioneros. Los soviéticos y mongoles perdieron 207 aviones y 18.500 hombres. La cifra total de muertos entre los dos bandos es de 30.000. Sus generales fueron personalidades de primer orden; de parte soviética el Mariscal Zhukov, entonces un general de talento; de parte mongola, Choybalsan, el Stalin local. Así que; ni su gran escala, ni la novedad militar, ni la personalidad de los protagonistas, ni cualquier otra de sus circunstancias, salvo la geografía y la discriminación, explican el “olvido” europeo de esta batalla.

La mitología de la Segunda Guerra Mundial conoce la carga de la caballería ligera polaca contra los tanques de Hitler, pese a que pertenece al dominio de la ficción, pero en Jaljyn Gol, la caballería mongola hizo realidad esa escena que en Polonia simplemente no existió.

Decenas de miles de mongoles a caballo lucharon aquí y tuvieron un papel crucial para atacar los flancos del ejército japonés, desorganizar sus fuerzas y rodearlo, me explica el también coronel retirado Gendengiin Dorzh, de 88 años de edad.

“Atacábamos al galope con el sable en alto, el fusil con bayoneta calada a la espalda y la máscara antigás puesta, pues al principio temíamos que los japoneses utilizaran gases”, recuerda Dorzh, comandante de la quinta división de caballería mongola que contaba con 6.000 jinetes. Nada hay más caro para un mongol que su caballo y Dorzh dice que, “cada jinete mongol tenía dos corazones, uno era el suyo y el otro el del caballo”. “En la batalla se intentaba proteger al caballo, pero, naturalmente, en los ataques los animales no tenían ninguna protección”.

“La caballería nunca se utilizó en ataques frontales”, recuerda el anciano, que con 24 años y recién salido de la academia fue puesto al frente de una de las cinco divisiones que participaron en la batalla. Según su testimonio, en el ejército japonés combatían también restos del ejército ruso blanco que había luchado en la guerra civil rusa en Siberia y Extremo Oriente contra los bolcheviques durante la guerra civil rusa, así como una caballería compuesta por mongoles de la etnia Barga.

“Nuestro enemigo era poderoso, estaba bien armado y venía curtido por la conquista de Corea y China, pero nosotros, los mongoles, defendíamos nuestra tierra y los soviéticos su frontera”, recuerda Dorzh en cuya división murieron 400 hombres. Los japoneses, explica, llevaban una mosquitera que les cubría toda la cara, pero los soviéticos carecían de esa protección; “bromeaban diciendo que los samuráis no eran problema, que lo verdaderamente duro eran los mosquitos”. El recuerdo más vivo de este veterano es la imagen de los miles de prisioneros japoneses tras la derrota; “era duro verlos en aquel estado”, dice.

En 1927 el primer ministro japonés Giichi Tanaka, uno de los arquitectos de la agresión japonesa contra China, había anunciado que el Extremo Oriente ruso y Mongolia debían ser conquistados por Japón. En 1935, tras el pacto anti-Komintern, las relaciones soviético-japonesas se deterioraron bruscamente y en julio de 1937 Stalin desplegó un ejército de 30.000 hombres en Mongolia, donde se dio inicio a una purga en la que se detuvo o fusiló a varias decenas de miles de militares, funcionarios del gobierno y del partido mongol.

Con la guerrera llena de condecoraciones, la mitad derecha órdenes de guerra soviéticas, la izquierda mongolas, los veteranos mongoles consideran algo natural la subordinación que sus tropas tenían respecto al mando soviético.

“En aquellos tiempos Mongolia era muy joven y necesitábamos expertos, por eso nuestros oficiales tenían a su lado a consejeros soviéticos, pero esa subordinación era necesaria para nuestra cooperación”, dice el Coronel Yadmaa.

Para Mongolia, explica el historiador Batbayar, “el interés nacional por defender su territorio y soberanía, coincidía ampliamente con el interés geoestratégico de la URSS por preservar sus fronteras en Siberia y el Extremo Oriente”.

Con todos los problemas que el estalinismo y los tiempos determinaban, esa comunidad de intereses con la URSS continuó muchos años e hizo posible la existencia de un estado mongol independiente y soberano. Desde los años veinte del pasado siglo, la Rusia soviética fue para Mongolia a la vez la madre que hizo posible el nacimiento del estado moderno y el patrón brutal que la maltrató innecesariamente. Esa circunstancia “nacional” explica que la relación con Rusia haya sobrevivido al comunismo.



Entre rusos y chinos

Rafael Poch | 09/10/2003

El 11 de mayo de 1956, un hombre de aspecto cansado descendía del tren en la estación de Moscú de Leningrado. Era Lev Gumiliov, hijo de Nikolai Gumiliov y Ana Ajmátova, dos de los más grandes poetas rusos del siglo XX. Venía de Karagandá, de los campos de la estepa de Kazajstán, de cumplir el que sería el último de sus tres periodos de reclusión.
Tenía 44 años y había pasado 13 privado de libertad, trabajando en las minas de Níquel de Norilsk y otras capitales del Gulag estaliniano. Entre una condena y otra, en 1945 aun había tenido tiempo de alistarse voluntario y participar en el asalto soviético a Berlín.
En su equipaje llevaba una caja de madera llena de hojas de papel. Un papel rústico, de desigual color y formato, que procedía de los sacos de abastecimiento del campo de Karagandá. Recortado, puesto a secar y aplanado, ese papel era entregado a aquel “gran hombre” por sus compañeros de reclusión, para que pudiera escribir.
Las hojas de la caja de madera eran el manuscrito de “Los Hunos” y “Los antiguos turcos”, dos de las obras que Gumiliov escribió en cautiverio dedicadas a los pueblos de la estepa.

GUMILIOV

Lev Gumiliov (1912-1992) fue el historiador de los pueblos “sin historia” de Eurasia, de los mongoles y de la Horda de Oro, el cronista de los nómadas sin apenas tradición literaria, o que no dejaron documentos sobre su paso por la historia. Pueblos sometidos a una dinámica “etnogénesis” (el concepto es de Gumiliov); el proceso de surgimiento, afirmación, eclosión, de un grupo humano y su posterior mestizaje, fusión o disolución en otro grupo, dotado de una mayor “vitalidad pasional” o “pasionarnost” (otro concepto de Gumiliov).

Kitan, karakitan, karlukos, basmalos, ongutos, jurchen, alanos, kipchak, polovtsi, tártaros, naimanes, jázaros, kirguizes… , todos pudieron ser ignorados por la historiografía de los pueblos sedentarios, pero ignorar a los mongoles era algo más complicado. En los siglos XIII y XIV habían conquistado el mayor dominio terrestre de la historia, batiendo simultáneamente a chinos, musulmanes y europeos, creando una nueva dinastía en China (Yuan), en Persia (el Iljanato), y estableciendo en la actual Rusia el imperio de la Horda de Oro. En el siglo XIII el Papa Inocencio IV les había enviado al franciscano Giovanni Del Carpine, que fue recibido en Jarjorín, en la actual Mongolia, por el Gran Jan Güyük y regresó a Roma con una carta en la que éste instaba al Papa a personarse sin dilación en la corte mongola para “rendirle honores y presentarle el sometimiento de Europa”.

De eso hace casi ocho siglos, pero el último vestigio del enorme imperio euroasiatico de Chingiz Jan (Gengis Jan), no es tan remoto; el janato de los tártaros de Crimea, no fue disuelto hasta 1783 por la emperatriz Catalina la Grande, que lo anexionó a Rusia.

Como no se les podía ignorar se les denigró. No fue difícil puesto que, salvo la “Historia secreta de los mongoles”, una obra mongola centrada en Chingiz Jan y que alcanza hasta 1241, sus principales historias las escribieron sus enemigos o subyugados; en China el “Yuan Shi”, la correspondiente crónica dinástica, y en Persia, la obra de Rashid od-Din, un primer ministro del Iljanato.

En Europa, la aparición de los mongoles dio lugar a verdaderos mitos historiográficos nacionales, como el de Rusia con el “yugo mongol”, y el de la “lucha eterna entre el bosque y la estepa”, creado por el gran historiador ruso Sergei Soloviov y aceptado sin crítica por sus sucesores; Vasili Kliuchevski, Pavel Miliukov y otros. Según esa historia, el retraso de Rusia fue resultado de su sometimiento al “yugo”, a la necesidad de concentrar fuerzas en una labor de contención de la barbarie mediante la cual Rusia preservó del desastre a los ingratos europeos occidentales.

Según Gumiliov, mil años de intercambio y mestizaje -cuya última expresión política no fue otra que la Unión Soviética, el gran superestado euroasiático del siglo XX- se pierden de vista en esos mitos.

De parte china, los pueblos de la estepa fueron siempre vistos como “periferia bárbara”. La actitud de los chinos era la siguiente, explica Gumiliov; “creían que su misión histórica era civilizatoria; aceptar en su superetnos a aquellos que estaban de acuerdo en convertirse en chinos. En caso de resistencia, la vecindad se tornaba en algo negativo. Los turcos y los mongoles tuvieron que elegir entre perder la vida o el alma”

(* En “Drevnaya Rus i Velikaya Step”, Moscú, 1989).



En Europa, el término “tártaro” sugería que los mongoles venían del “tartarus” o sea del infierno. Las etnias y pueblos de Eurasia eran vistas como “una bárbara masa gris hostil a toda cultura y a la civilización europea”, visión que frecuentemente se hacía extensiva a Rusia y los rusos.

“Nunca creí encontrar tales rasgos de inteligencia en una fisonomía tan mongola”, escribía en 1839 Frederich Hagern tras su viaje a Rusia. Los rusos son una “tribu semibárbara”, porque “no hace mucho más de cien años eran verdaderos tártaros”, explicaba en 1843 el marqués Astolfo de Custine, cuya crónica (“Letters from Russia”) todavía se considera hoy libro de cabecera para el diplomático y periodista occidental destinado en Moscú.

Para su liberación, Rusia debe “desprenderse de todo lo que en ella hay de mongolo-oriental”, afirmaba en 1918 el filósofo Nikolai Berdiayev (En “Sudba Rossii”). Y rastros de todos estos mitos y prejuicios eurocentristas pueden encontrarse hasta en el mismo Karl Marx, cuando reduce el “yugo tártaro” a “un régimen de sistemático terror”…

Lev Gumiliov rechazó esta senda, expuesta como mera “leyenda negra” (En “Chornaya Legenda”, Moscú, 1994), y propuso con su obra una nueva y original vía de enfoque para el estudio de los pueblos de la estepa, con una interpretación inteligente de las fuentes, acuñando nuevos conceptos y sirviéndose de ingeniosas excursiones al dominio de la geografía y la etnografía. Al hacerlo, ofendió al estado mayor de la ortodoxia académica soviética, que le hizo la vida imposible. Mientras sus lecciones llenaban los aforos universitarios y cautivaban, los burócratas apenas le dejaron publicar sus obras y todas las facciones, occidentalistas y eslavófilas de la estupidez académica soviética de los setenta, se unieron en el ataque a su trabajo. Pero al final Gumiliov ha prevalecido. En la actual Mongolia, y no solo allí, se le reconoce y aprecia en lo que vale. El tesón y el genio de su obra es lo que ha quedado para el futuro y con él empieza este cuaderno, porque sin Gumiliov no se entiende el pasado mongol, y sin pasado no hay presente. Y sin esta advertencia introductoria, tampoco se comprende por qué se desconoce hoy en Europa que la Segunda Guerra Mundial comenzó en 1939 en la estepa mongola.

LA GRAN BATALLA

Un enorme obelisco de 60 metros de altura rompe el horizonte de la estepa en los confines del oriente mongol. En las infinitas soledades de la provincia de Dornod, junto a la frontera china, donde la población de gacelas salvajes supera a la de hombres en una proporción de diez a uno, el obelisco conmemora la batalla de Jaljyn Gol, la más importante de la historia militar de Mongolia del siglo XX.

“La Segunda guerra mundial comenzó aquí”, dice el Coronel retirado Zhavzangiin Yadmaa. No es así en los libros de la historia eurocentrista, para los que ni la invasión japonesa de China, a partir de 1931, ni el ataque italiano contra Abisinia figuran en la cuenta. Tampoco Jaljyn Gol.

Oficialmente la Segunda Guerra Mundial comenzó la madrugada del 1 de septiembre de 1939 con los disparos del acorazado alemán “Schleswig Holstein” sobre la Westerplatte, en Gdansk, pero para entonces decenas de miles de soldados soviéticos, mongoles y japoneses ya habían caído en tierra mongola.

El intento frustrado japonés de invadir Mongolia y poner pie en Siberia desde el Manchukuo, su estado títere en la China continental, no solo fue anterior en tres meses al inicio de la guerra en Polonia, sino que está claramente conectado a las grandes jugadas, militares y estratégicas, de la Segunda Guerra Mundial.

“Stalin consideraba a Mongolia como una zona vital para su sistema defensivo y comunicaciones contra Japón en Siberia y Extremo Oriente. El y otros dirigentes soviéticos estaban determinados a dar una lección a los militares japoneses si estos atacaban de forma provocativa a Mongolia. En su opinión, sólo tal respuesta podía garantizar la seguridad de Siberia y del Extremo Oriente soviético y permitir a la URSS concentrar sus esfuerzos de guerra en el frente europeo”, dice el historiador mongol Tsedendambyn Batbayar.

Ese ataque comenzó el 11 de mayo de 1939 con la invasión de Mongolia por el ejército japonés del Kwantung, que no fue condenada ni fue noticia para las potencias occidentales. Le siguió una contraofensiva soviético-mongola iniciada el 20 de agosto y concluida en septiembre, con una completa derrota japonesa. Con el pacto de no agresión soviético-nipón que siguió a la derrota, la prioridad japonesa de concentrarse en la conquista militar de las ex colonias británicas, francesas y holandesas en el sur y sureste asiático, cobró fuerza.

Jaljyn Gol fue, además, una batalla “moderna”, típica de la segunda guerra mundial, en la que por primera vez ambos bandos emplearon tanques, aviones, artillería e infantería de forma integrada.

De parte soviética intervinieron 500 aviones y 500 tanques T-34, los carros que luego llegarían a Berlín y que fueron estrenados aquí. Los japoneses perdieron 660 aviones y más de 60.000 hombres entre muertos, heridos o prisioneros. Los soviéticos y mongoles perdieron 207 aviones y 18.500 hombres. La cifra total de muertos entre los dos bandos es de 30.000. Sus generales fueron personalidades de primer orden; de parte soviética el Mariscal Zhukov, entonces un general de talento; de parte mongola, Choybalsan, el Stalin local. Así que; ni su gran escala, ni la novedad militar, ni la personalidad de los protagonistas, ni cualquier otra de sus circunstancias, salvo la geografía y la discriminación, explican el “olvido” europeo de esta batalla.

La mitología de la Segunda Guerra Mundial conoce la carga de la caballería ligera polaca contra los tanques de Hitler, pese a que pertenece al dominio de la ficción, pero en Jaljyn Gol, la caballería mongola hizo realidad esa escena que en Polonia simplemente no existió.

Decenas de miles de mongoles a caballo lucharon aquí y tuvieron un papel crucial para atacar los flancos del ejército japonés, desorganizar sus fuerzas y rodearlo, me explica el también coronel retirado Gendengiin Dorzh, de 88 años de edad.

“Atacábamos al galope con el sable en alto, el fusil con bayoneta calada a la espalda y la máscara antigás puesta, pues al principio temíamos que los japoneses utilizaran gases”, recuerda Dorzh, comandante de la quinta división de caballería mongola que contaba con 6.000 jinetes. Nada hay más caro para un mongol que su caballo y Dorzh dice que, “cada jinete mongol tenía dos corazones, uno era el suyo y el otro el del caballo”. “En la batalla se intentaba proteger al caballo, pero, naturalmente, en los ataques los animales no tenían ninguna protección”.

“La caballería nunca se utilizó en ataques frontales”, recuerda el anciano, que con 24 años y recién salido de la academia fue puesto al frente de una de las cinco divisiones que participaron en la batalla. Según su testimonio, en el ejército japonés combatían también restos del ejército ruso blanco que había luchado en la guerra civil rusa en Siberia y Extremo Oriente contra los bolcheviques durante la guerra civil rusa, así como una caballería compuesta por mongoles de la etnia Barga.

“Nuestro enemigo era poderoso, estaba bien armado y venía curtido por la conquista de Corea y China, pero nosotros, los mongoles, defendíamos nuestra tierra y los soviéticos su frontera”, recuerda Dorzh en cuya división murieron 400 hombres. Los japoneses, explica, llevaban una mosquitera que les cubría toda la cara, pero los soviéticos carecían de esa protección; “bromeaban diciendo que los samuráis no eran problema, que lo verdaderamente duro eran los mosquitos”. El recuerdo más vivo de este veterano es la imagen de los miles de prisioneros japoneses tras la derrota; “era duro verlos en aquel estado”, dice.

En 1927 el primer ministro japonés Giichi Tanaka, uno de los arquitectos de la agresión japonesa contra China, había anunciado que el Extremo Oriente ruso y Mongolia debían ser conquistados por Japón. En 1935, tras el pacto anti-Komintern, las relaciones soviético-japonesas se deterioraron bruscamente y en julio de 1937 Stalin desplegó un ejército de 30.000 hombres en Mongolia, donde se dio inicio a una purga en la que se detuvo o fusiló a varias decenas de miles de militares, funcionarios del gobierno y del partido mongol.

Con la guerrera llena de condecoraciones, la mitad derecha órdenes de guerra soviéticas, la izquierda mongolas, los veteranos mongoles consideran algo natural la subordinación que sus tropas tenían respecto al mando soviético.

“En aquellos tiempos Mongolia era muy joven y necesitábamos expertos, por eso nuestros oficiales tenían a su lado a consejeros soviéticos, pero esa subordinación era necesaria para nuestra cooperación”, dice el Coronel Yadmaa.

Para Mongolia, explica el historiador Batbayar, “el interés nacional por defender su territorio y soberanía, coincidía ampliamente con el interés geoestratégico de la URSS por preservar sus fronteras en Siberia y el Extremo Oriente”.

Con todos los problemas que el estalinismo y los tiempos determinaban, esa comunidad de intereses con la URSS continuó muchos años e hizo posible la existencia de un estado mongol independiente y soberano. Desde los años veinte del pasado siglo, la Rusia soviética fue para Mongolia a la vez la madre que hizo posible el nacimiento del estado moderno y el patrón brutal que la maltrató innecesariamente. Esa circunstancia “nacional” explica que la relación con Rusia haya sobrevivido al comunismo.


Battle Hymn - Manowar


             

3 comentarios:

  1. ¿Entonces que tuvo de positiva la experiencia de la República Popular de Mongolia? Por que la cacería de budistas no es justificable, así porque sí.

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  2. No puedes desacreditar un proyecto histórico por un hecho subjetivo, grave por supuesto, pero subjetivo. El desarrollo histórico está lleno de contradicciones, de acciones "buenas" y acciones "malas" por parte de paises, pueblos o mandatarios. Si nos ponemos así nada del progreso que tenemos hoy en día sería justificable ya que las naciones occidentales actuales se han construido y se siguen manteniendo a base de esclavitud de otros pueblos, por ponerte un ejemplo.

    Por otra parte es peligroso juzgar toda una experiencia por esa clase de hechos ya que nunca conoceremos con exactitud las condiciones que hicieron que se produjeran y el por qué de las mismas. Nada es como es si lo extrapolamos y lo analizamos desde nuestra perspectiva.

    Respondiendo a tu pregunta de una manera general la República Popular de Mongolia pasó de un estadio feudal a una economía socialista con una gran calidad de vida para sus habitantes en un corto periodo de tiempo, cosa admirable. Repito la historia sigue un proceso dependiendo de como los hombres nos relacionamos con la materia y otros seres humanos a través de las relaciones de producción dando fruto a unos modos de producción que entran en contradicción por la expansión de las fuerzas productivas y todo esto bañado en una subjetividad dialéctica. Lo positivo y lo negativo se van turnando en una linea que inevitablemente avanza. Nada es o blanco o negro.

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  3. te felicito muy acertada tu respuesta admirable de verdad lo que escribiste.

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