sábado, 29 de marzo de 2014

Historia de Corea del Norte: (1905-1953) Periodo que transcurre desde la ocupación japonesa hasta la Guerra de Corea


Le Gal, 29/03/2014 


Fin de la dinastía Joseon (1876-1910)

La segunda mitad del reinado de la dinastía Joseon en Corea (1392-1910) estuvo marcada por un fuerte aislacionismo político usado como protección ante las constantes invasiones que sufría el país por parte de Japón y la China Qing. Esta estrategia reforzó considerablemente la identidad cultural coreana y un peculiar nacionalismo firmemente opuesto a la apertura diplomática y comercial de la región por lo que comenzó a ser conocida por el nombre de “Reino Ermitaño”.


Diversos desastres naturales, insurrecciones campesinas e incontables casos de corrupción administrativa fueron varios de los factores por las cuales los Joseon tuvieron que optar por un tratado de semi-dependencia con la China Qing, hecho que marcaría el principio del declive de la dinastía.

La primera intrusión japonesa en los asuntos de Corea se hizo visible con el Tratado de Kanghwa firmado en 1876 y que suponía la apertura coreana al mercado japonés además de desplazar a China de la influencia que tenía en la zona. La situación geopolítica del momento era compleja tanto por los intereses expansionistas de China, Japón y las potencias occidentales como por los problemas internos surgidos a raíz de la fundación de la religión Tonghak hacia 1860 (combina elementos del confucianismo, cristianismo, chamanismo y budismo) que se materializaron en un movimiento político que tomó la ciudad de Chonju en 1893. Japón y China utilizaron el pretexto del levantamiento en las provincias meridionales para enviar a sus tropas y dar un motivo para comenzar la inminente e inevitable Guerra Sino-japonesa. La victoria de Japón en 1895 supuso la renuncia total de las pretensiones soberanas de China sobre Corea y por lo tanto una vía libre para que los nipones fueran imponiendo su hegemonía en la península durante los diez años siguientes.

 A este hecho vino acompañado el asesinato por espías japoneses de la Emperatriz Myeongseong (o Reina Min) que causó una gran conmoción en Corea y marcó el principio de la decadencia cultural. La soberana representaba el último resquicio de la identidad cultural coreana al ser considerada una heroína de la resistencia para un pueblo cada vez más sometido por el invasor japonés.

Finalmente, en 1905, tras la guerra ruso-japonesa y para justificar la presencia militar en el país, Japón y EE.UU. firmaron paralelamente al Tratado de Portsmouth el acuerdo de Taft-Katsura por el cual los japoneses ocuparían Corea de manera oficial a cambio del dominio estadounidense en Filipinas. A partir de 1905 Corea fue obligada a convertirse en un protectorado japonés para posteriormente, en 1910, con el Tratado de Anexión pasar a ser una colonia del Imperio Japonés.

Ocupación forzada japonesa (1905-1945)

Durante la ocupación la vida del pueblo coreano fue miserable ya que las políticas aplicadas por los japoneses para explotar los recursos de Corea no beneficiaron de modo alguno a una población tratada de manera cruel y soberbia. Aunque el tratado unilateral de anexión garantizaba el pago a partes iguales de los costes de inversión en las mejoras de la infraestructura agrícola coreana, la falta de fondos obligó a Corea a realizar el pago mediante la redistribución de sus tierras.  La consecuente reforma agraria que supuso la expropiación de las tierras a agricultores coreanos por parte de terratenientes japoneses desembocó en migraciones en masa, causadas por la angustia y la miseria que sufrían los campesinos hacia territorios fronterizos como Manchuria (luego Manchukuo) o el propio Japón donde aún existe una numerosa comunidad con ascendencia coreana denominada Zainichi.



Los coreanos fueron usados como esclavos para la explotación minera y arrocera cuyo trabajo iba íntegramente a las arcas japonesas, además de que las mujeres eran obligadas a prostituirse para el férreo ejército nipón que controlaba todos los ámbitos de la vida  del pueblo ocupado. La brutal opresión política y cultural provocó numerosas hambrunas por la falta de alimentos y recursos como la madera, el arroz o el pescado siempre en manos de un Japón que no paraba de reforzar la presencia militar en la península coreana para preparar el ataque que acometió contra China años más tarde.

Al estallar la Primera Guerra Mundial la atención mundial se centró en este conflicto y el hecho de que Japón se uniera en alianza con Alemania no contribuyó a la ayuda de la causa coreana que había saltado a la escena con los “Catorce puntos” de Wilson y el derecho de la autodeterminación de los pueblos. En febrero de 1919 estudiantes coreanos de Tokio demandaron públicamente la liberación de Corea y, días más tarde, las protestas se extendieron a Seúl donde treinta y tres intelectuales se reunieron en el Parque Pagoda para proclamar la Declaración de Independencia:

Aquí proclamamos la independencia de Corea y la libertad del pueblo coreano. Se lo decimos al mundo en testimonio a la igualdad de todas las naciones y se la pasamos a nuestros sucesores como su derecho de herencia.

Hacemos esta proclamación, teniendo 5,000 años de historia, y 20,000,000 de personas leales unidas. Tomamos este paso para garantizarles por siempre a nuestros niños, su libertad personal de acuerdo a la nueva consciencia de esta era. Esto es un claro mandato de Dios, el principio manifiesto de la era presente, el justo reclamo de toda la humanidad. Esto es algo que de ninguna manera se puede extirpar, sofocar, amordazar o suprimir.

Tras la inmediata detención de los líderes nacionalistas se iniciaron por todo el país protestas masivas por la soberanía de Corea y la expulsión de los colonizadores. El Movimiento por la Independencia fue reprimido con dureza por las autoridades japonesas durante los meses venideros cifrando el número de muertos y encarcelados en torno a 23.500. Aunque el movimiento estuvo abocado desde un primer momento al fracaso, sirvió para conformar firmes vínculos de identidad y patriotismo entre la población coreana aunando en una misma lucha a clases altas y bajas. Este acontecimiento es crucial para entender la conciencia nacional coreana en sentido moderno y condujo a rechazar la vuelta al antiguo orden social monárquico a favor de una república moderna gobernada democráticamente. Para ello, coreanos residentes en el exterior como Synghman Rhee, Ahn Chang-ho, Ying Dongnyeong o Kim Koo establecieron en Shanghái un Gobierno Provisional para organizar la lucha y representar al legítimo pueblo de Corea.


En la última fase de la ocupación y ante el fuerte sentimiento nacionalista que estaba desarrollando la oposición, los japoneses intentaron erradicar completamente la identidad cultural coreana. Se enseñaba japonés en la escuela, no había clases de historia coreana y estaba prohibido que la gente escribiese o hablase en su propio idioma. Además numerosas reliquias históricas coreanas fueron enviadas a Japón, donde se encuentran aún hoy en día.

En los años siguientes surgieron fuerzas anti-japonesas en la provincia de Jilin, en ese momento perteneciente al estado títere de Manchukuo. La resistencia la componían guerrilleros chinos, coreanos y rusos. Las guerrillas, aunque todas nacionalistas, tenían ideologías diversas que fundamentalmente se pueden dividir en: grupos de liberación de carácter religioso y expatriados coreanos que recibían apoyo extranjero. Cabe destacar que estas últimas se dividían a su vez en guerrillas financiadas por el Kuomintang para combatir la progresiva militarización japonesa que se estaba produciendo las fronteras con China, y guerrillas apoyadas por la Unión Soviética y el Partido Comunista chino.

Kim Il Sung (de nombre de nacimiento Kim Song-ju) era en esos años un joven nacido en 1912 descendiente de una familia de exiliados coreanos en China (su padre Kim Hyong Jik era un destacado dirigente del Movimiento por la Liberación de Corea). Ingresó en junio de 1926 en la escuela de Hwasong, un centro docente político-militar fundado por nacionalistas coreanos. Junto con otros compañeros que compartían su causa llegó a crear el 17 de octubre la Unión para Derrotar al Imperialismo, lo que sería el germen de una organización revolucionaria de nuevo tipo en Corea. El programa de la UDI no se quedaba en la liberación e independencia nacional sino que apostaba por la construcción del socialismo y el comunismo en Corea. Kim Il Sung, que conocía el marxismo gracias a que era cercano al PCCh, convocó en verano de 1930 en Kalun la conferencia de los directivos de la Unión de la Juventud Comunista y la Unión de la Juventud Antimperialista donde presentó el histórico informe El camino a seguir por la revolución coreana. En él expuso la línea revolucionaria para llevar a cabo la liberación de Corea y vencer al imperialismo japonés por medio de la lucha armada y el reconocimiento de la identidad nacional en lo que posteriormente se denominaría idea Juche e idea Songun. Siguiendo las pautas dadas se creó el 25 de abril de 1932 una fuerza armada revolucionaria, la Guerrilla Popular Antijaponesa, antecedente de lo que sería el Ejército Revolucionario Popular de Corea.

Las guerrillas coreanas operaban cerca de la frontera con China en torno al Monte Paekdu y las contiendas contra los japoneses eran especialmente duras por las condiciones geográficas y climáticas de la zona. Hacia 1936 el ERPC se había fortalecido lo que llevó a Kim Il Sung a crear la Asociación para la Restauración de la Patria que unificaba distintos frentes de lucha anti-japonesa por la liberación del pueblo coreano.


Rápidamente la ARP arraigó en toda Corea, Manchukuo e incluso en la comunidad Zainichi en Japón. La organización y la activa resistencia de los intelectuales y guerrilleros coreanos asestaron golpes decisivos a un imperialismo japonés desgastado por el despliegue de tropas por todas sus colonias de Asia meridional y Pacífico. Las guerrillas coreanas consiguieron victorias importantes como la toma de Ponchobo en 1937, pero en un último acopio de fuerzas el ejército japonés consiguió hacer retroceder a la resistencia hacia el norte. El propio Kim Il Sung tuvo que huir en 1941 a la Unión Soviética llegando a ser capitán del Ejército Rojo en la colaboración coreano-soviética cerca de Jabárovsk.

Mientras las guerrillas combatían en el norte del país, el Gobierno Provisional coreano situado ahora en Chonqing intentaba establecer relaciones diplomáticas con las grandes potencias en representación de los exiliados coreanos, desmarcándose sin embargo de la lucha guerrillera que se estaba llevando a cabo en Manchuria y la península coreana. El apoyo militar de ésta institución se conformó con la creación del Ejército de Liberación de Corea en 1940 junto con un pacto de ayuda mutua con los nacionalistas chinos en 1941 a propósito del ataque japonés en Pearl Harbour y que desequilibraría la balanza de la Segunda Guerra Sino-japonesa por el apoyo coreano en la lucha conjunta con los Aliados en el Sudeste Asiático. Esta alianza con China y por consecuencia con EE.UU. y Gran Bretaña, llevó al gobierno provisional a publicar una declaración en la que solicitaba el reconocimiento del Gobierno coreano y la participación de Corea en la decisión que se tomara sobre el futuro del país después de la guerra. Cuando EE.UU, Gran Bretaña y China se reunieron en El Cairo el 1 de diciembre de 1943 incluyeron en su acuerdo una clausula en la que pedían la autodeterminación y la independencia de Corea.

A finales de 1943, con la Segunda Guerra Mundial ya avanzada, era evidente que la previsible derrota de Japón convertiría a EE.UU. en la principal potencia del Extremo Oriente. La indiferencia que habían mostrado los americanos por la zona en los tratados a principios del siglo XX se convirtió en temor por el posible control de la península por la Unión Soviética.  Al comienzo de la Guerra Mundial, EE.UU sabía que la Guerra del Pacífico iba a ser larga y difícil y por ello habían buscado la participación de la U.R.S.S en las batallas contra el Imperio Japonés en los territorios asiáticos, por lo que tenían que pagar el precio del control soviético sobre Manchuria, la península de Corea, las islas Sajalin y las Kuriles como se acordó en las conferencias de Yalta y Postdam.

A raíz de estos pactos, la Unión Soviética declaró la guerra a Japón el 8 de agosto de 1945 y al día siguiente comenzó la ocupación sobre los territorios acordados. Sin embargo, el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, el 6 y el 9 de agosto respectivamente, que significaban el fin de la Segunda Guerra Mundial marcaron el cambio de postura de los norteamericanos que viendo acabada la amenaza japonesa eran reacios al avance del comunismo en Asia que suponía la invasión soviética de Manchuria y Corea.



El 15 de agosto de 1945 el emperador Hiro Hito proclamó la rendición incondicional de Japón acompañado de la progresiva retirada de las tropas niponas de los territorios asiáticos invadidos. Para Corea, la liberación no condujo a la independencia y la soberanía por la que habían luchado los coreanos durante más de treinta años, sino el inicio de un nuevo conflicto incitado por intereses externos a los del país.

Años previos a la Guerra de Corea (1945-1950)

Ante la preocupación estadounidense al ver que los soviéticos podían ocupar Corea antes de que los marines desembarcaran en sus costas, se encomendó a dos jóvenes coroneles (Dean Rusk y Charles Bonesteel) que no tenían el menor conocimiento del territorio coreano la tarea de dividir la península en dos zonas; una de influencia soviética y otra norteamericana. De manera completamente arbitraria se decantaron por situar la frontera en torno al paralelo 38 y, para sorpresa del panorama internacional los rusos aceptaron (probablemente como compensación a la ayuda económica que había recibido de Estados Unidos al fin de la guerra) frenando sus tropas a la altura fijada a la espera de la llegada de los estadounidenses por el sur.
En septiembre de ese mismo año líderes y políticos coreanos de izquierda proclamaron una República del pueblo coreano en Seúl, siendo inmediatamente reprimidos por militares americanos que rechazaron los comités populares en beneficio de la minoría conservadora local, la cual se había posicionado a favor del régimen colonial años atrás.

Al cabo de tres años de gobierno militar y de varios intentos fallidos de unificación, el 15 de agosto de 1948 los norteamericanos crearon la República de Corea del Sur y, días más tarde, el 9 de septiembre, los soviéticos contestaron con la formación de la República Popular Democrática de Corea del Norte.
El elegido para gobernar en el sur fue Syngman Rhee, un político reaccionario de avanzada edad que había vivido en Estados Unidos. Rhee pertenecía al Gobierno Provisional, único gobierno legítimo para Occidente y Corea del Sur una vez finalizada la guerra. En Norcorea tomó posesión como Jefe del Estado Kim Il Sung, veterano de la lucha guerrillera contra los japoneses. Al conformarse los dos estados las potencias ocupantes retiraron sus ejércitos.

En la ya Corea del Norte, Kim Il Sung que trabajaba por estructurar los tres pilares básicos de la revolución coreana (Partido, Estado y Ejército).  Había unificado el Partido Comunista de Corea del Norte con el Partido Neodemocrático formando así el Partido del Trabajo de Corea por la unión de Norte y Sur. El ERPC pasó a estar dirigido enteramente por el Partido cambiando de nombre a Ejército Popular de Corea. En política económica tuvieron lugar diversas medidas que impulsaron la economía del país como la reforma agraria o la masiva industrialización de los sectores básicos. Destacan las políticas sociales que se llevaron a cabo en esta época tales como la ley del trabajo que garantizaba la seguridad laboral, la ley de igualdad de género, los movimientos de alfabetización…así como las reformas del derecho para democratizar los sectores de la administración jurídica, la fiscalía, la educación o la cultura. En definitiva se intentó paliar los atrasos ideológicos, técnicos y culturales que restringían a las masas trabajadoras en torno a una base democrática y revolucionaria.

La propaganda occidental de la época condenaba al gobierno del norte por autocrático, obviando que el del sur se había convertido en un completo estado policiaco  que aseguraba el dominio de la derecha aplastando los movimientos de izquierda como los “comités populares” o las revueltas campesinas. La represión se manifestó de manera brutal en la isla de Cheju, en 1948, donde policías surcoreanos y militares estadounidenses mataron a 60.000 civiles obligando a otros 40.000 a exiliarse a Japón.



Los dos regímenes aspiraban a reunificar los dos países y desde mayo de 1949 los enfrentamientos fueron constantes en la frontera. Los libros de historia recalcan que no se puede señalar de manera clara al culpable del inicio del conflicto pero afirmaciones del comandante general Roberts de las fuerzas armadas norteamericanas afirmó que “los dos bandos eran culpables, aunque el sur inició más batallas que el norte”. El gobierno de Corea del Sur pretendió apoyarse en la ONU en un último intento de acercar a los dos países en torno a la democracia burguesa y los intereses imperialistas americanos. Corea del Norte y la Unión Soviética se negaron rotundamente a entrar en el juego y provocaron el descontento del gobierno de Syngman Rhee el cual llegó a decir que “prefería una Corea desunida y en guerra que una Corea comunista”.
Kim Il Sung también maquinaba un plan de invasión del sur para el que necesitaba autorización y apoyo de Stalin a quién propuso realizar un rápido ataque contando con el apoyo de la guerrilla pro-comunista de Corea del Sur, con la cual el norte podía llegar a los 200.000 combatientes. Stalin se negó rotundamente a un enfrentamiento tan directo con Estados Unidos por el empeoramiento de las relaciones con la OTAN y Europa y el Politburó desautorizó la propuesta. Sin embargo la necesidad de la U.R.S.S. de una salida al mar Amarillo llevó a recapacitar la propuesta de invasión de Corea del Sur. De todos modos Stalin aceptó con reservas: sin proporcionar mucha ayuda militar y exigiendo a Kim Il Sung el negociar con Mao Zedong, cosa a la que el líder norcoreano era reacio.

Guerra de Corea (1950-1953)

En la madrugada del 25 de junio de 1950 las tropas norcoreanas cruzaron la frontera y a los pocos días llegaron a Seúl con la consecuente huida del gobierno de Rhee. Aun así debido a la propaganda anti-comunista y a la represión sufrida durante 3 años, no se produjo el levantamiento que Kim Il Sung esperaba. Para los Estados Unidos el ataque supuso un gran desconcierto ya que no consideraban la península coreana como un lugar de valor estratégico y pensaron que era una maniobra de distracción de los soviéticos para invadir Europa oriental o incluso un avance para crear un eje de poder que fuera desde Tokio al Golfo Pérsico pasando por Corea, Taiwán y el sur de Asia. La paranoia estadounidense consiguió hacer que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tomase partido, en una medida de discutible legalidad al tratarse de una guerra civil que no necesitaba de intervención internacional. Cabe reseñar que el embajador ruso Yakov Malik no acudió a intervenir en la decisión por lo que se especula que recibió órdenes directas de Stalin para no hacerlo. Se cree que el líder georgiano deseaba ver a EE.UU. desperdiciar tropas y armamento en un lugar de escaso valor estratégico.

Contra las previsiones del general MacArthur que calificaba al ejército norcoreano de “monos indisciplinados”, las tropas del norte demostraron un duro carácter en las primeras contiendas de la guerra llegando a arrinconar a los norteamericanos que pudieron sobrevivir gracias a su superioridad aérea. Sin embargo en una maniobra arriesgada considerada “el último éxito de MacArthur”, el 15 de septiembre 80.000 marines desembarcaron en Inchon, tras las líneas de los norcoreanos exhaustos por el esfuerzo de los primeros meses de combate, hecho que cambió la guerra de signo e hizo avanzar al ejército estadounidense hacia el norte.

La pelota se situó en el tejado de Mao Zedong que temía que tras la ocupación de Corea del Norte los marines siguieran avanzando hacia Manchuria, temor que se acentuaba al ver como MacArthur situaba a la séptima flota en el estrecho de Taiwán. Además Mao quería devolver la ayuda que había recibido China de los coreanos en la lucha contra el Guomindang mostrando la voluntad revolucionaria del maoísmo.

En una reunión con Truman en la isla Wake, MacArthur aseguró al presidente estadounidense que la guerra de Corea estaba acabada y que los chinos no intervendrían. El viejo comandante estaba convencido de que si lo hacían, bastaría con mandar a la aviación norteamericana a bombardear sus ciudades como ya hicieron con Japón y estaban a punto de hacer con Corea del Norte. El 19 de octubre, el mismo día que las tropas invasoras tomaran Pyongyang, un destacamento de voluntarios chinos cruzaba la frontera del río Yalu. Esta maniobra era arriesgada para Mao ya que de manera prácticamente paralela había comenzado la conquista del Tíbet y las fuerzas del Ejército Popular de Liberación eran escasas para soportar un ataque nuclear estadounidense (país que contaba en ese momento con 300 bombas atómicas), por lo que hacía inesperada su intervención en Corea. Por su parte, Stalin, vacilante desde un primer momento a ofrecer ayuda por el enfrentamiento directo que se produciría con EE.UU. acabo cediendo al proporcionar cobertura aérea soviética en el espacio chino.

La operación comenzó con 130.000 “militares” manchués de origen campesino comandados por Peng Dehuai que penetraron en territorio coreano a finales de octubre y principios de noviembre. Mientras tanto en Occidente comenzaron a surgir posiciones en contra del liderazgo auto-legitimado que ejercía Estados Unidos en la península coreana, al mismo tiempo que MacArthur especulaba con la posibilidad del uso de armas nucleares para finalizar con la guerra; propuesta que fue considerada pero finalmente rechazada por la posibilidad de contestación por parte de los soviéticos en Europa. El primer enfrentamiento con los chinos se produjo en Unsan y acabó pocos días más tarde con una humillante derrota norteamericana. MacArthur, desatendiendo a la información que le proporcionaba la inteligencia y guiado por su desprecio a los chinos, pensaba que la derrota había sido puntual y cifró a los combatientes enemigos en 34.500 cuando realmente el número de tropas chinas que había en ese momento en Corea rondaba los 300.000. De manera progresiva el ejército estadounidense se iba desgastando  por la impecable organización estratégica de los chinos y su guerra de guerrillas que aplacaba la superioridad aérea yanqui. Sin embargo MacArthur decidió no recular y seguir avanzando hacia el norte, quedándose sin aprovisionamiento en la retaguardia y cayendo en la trampa que le habían tendido. El contraataque comenzó el 27 de noviembre y supuso una de las mayores derrotas de los Estados Unidos en su historia. El retroceso del ejército norteamericano por las acometidas chinas llegó hasta la frontera del paralelo 38 a fines de 1950 y hasta Seúl el 4 de enero de 1951.

 Eufórico por la victoria, Mao rechazó toda propuesta  para negociar el fin de los combates en un primer momento ya que deseaba expulsar de manera total a los estadounidenses de Corea, pero las dificultades a las que estaban sometidas las tropas unido a las condiciones climáticas de un frío invierno le obligaron a cambiar de opinión. Truman por su parte no quería extender la guerra a China, al contrario que MacArthur que propuso toda clase de acciones para parar la guerra en diez días: “Habría lanzado 30-50 bombas atómicas a lo largo de la frontera con Manchuria, adiestrado soldados nacionalistas chinos y lanzarlos sobre el Yalu y esparcido un cinturón de cobalto radiactivo (que tiene una vida de entre 60 y 120 años) entre el mar de Japón y el mar Amarillo”. Y aunque no hubo tal demencia, sí que hubo bombardeos de napalm incesantes durante todo el territorio de Corea del Norte, arrasando prácticamente todas las ciudades del país y provocando una absoluta destrucción que causó alrededor de un millón de muertes civiles.

El problema para el gobierno norteamericano se estancó en una fase de no retorno. No querían avanzar demasiado hacia el norte ya que implicaría un enfrentamiento con los rusos y una posible respuesta de éstos en Europa, pero tampoco querían abandonar Corea ya que incitaría a los chinos a invadir otras zonas de Asia, por lo que finalmente optaron por una guerra limitada y agresiva sin objetivo claro.

Tras la destitución de MacArthur por desobediencia e incitación en unas declaraciones públicas a una “cruzada” contra el comunismo en Asia, el gabinete de gobierno estadounidense comenzó a buscar una solución política al conflicto. Las negociaciones para el alto el fuego se iniciaron el 10 de julio de 1951, conversaciones que se alargarían dos años frenadas por el intercambio de prisioneros o las acusaciones por el uso de armas químicas mientras la aviación norteamericana seguía bombardeando incesantemente objetivos industriales y civiles del norte.

Tras tres años de guerra, el 27 de julio de 1953 y promovido por la amenaza del nuevo presidente Eisenhower de lanzar armas atómicas si no se ponía fin al conflicto, se firmó el armisticio en Panmunjon. La paz, en cambio, continúa en la actualidad sin ser firmada y no cierra esta brutal guerra que jamás fue declarada y que provocó alrededor de 4 millones de muertos, más de la mitad de ellos civiles.
Para EE.UU. el conflicto supuso un punto de inflexión a la hora de reforzar su hegemonía mundial al cuatriplicar su gasto militar, situar centenares de bases por todo el mundo y conformar un ejército estable en permanente estado de seguridad nacional. Por otro lado para China y Corea del Norte, los mayores afectados por la guerra, significaba una victoria moral al convertirse en el primer ejército asiático en derrotar de igual a igual a una potencia imperialista.


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