miércoles, 2 de abril de 2014

Uzbekistán. Historia y el complejo juego de la disputa ruso-americana por Asia Central

La estrategia de la UE y EEUU en Asia Central y el Caúcaso Sur desde la caída de la URSS en un nuevo Uzbekistán que añora su pasado socialista


Higinio Polo
El Viejo Topo

La desaparición de la Unión Soviética creó un vacío estratégico en Asia central, resuelto apresuradamente con la proclamación de cinco repúblicas (Kazajastán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguizistán y Tayikistán), de las que sólo dos, Kazajastán y Uzbekistán, contaban con población suficiente para crear Estados viables: las otras tres tenían todas las condiciones para convertirse en protectorados o en países dependientes. Así, en Uzbekistán, los días confusos de la agonía gorbachoviana trajeron una nueva república que sustituyó a la República Socialista Soviética de Uzbekistán. Nadie la había pedido: apenas unos meses después de que, en 1991, la gran mayoría de la población (más del noventa por ciento) de la república se pronunciase en un referéndum apoyando el mantenimiento de la Unión Soviética, los dirigentes del país proclamaron la independencia. Fue una verdadera burla y una estafa, igual que en el resto de la URSS, porque en la práctica totalidad del territorio soviético, los ciudadanos querían conservar la Unión, pero las élites de cada zona (una mezcla de viejos comunistas conversos y de nuevos liberales) querían retener el poder y disponer de un país: había comenzado el tiempo del robo de la propiedad estatal soviética, de la acumulación del botín, objetivo siempre acompañado de hipócritas palabras sobre la democracia, la libertad y el desarrollo futuro. Estados Unidos estimuló ese proceso, nacido del pacto de Bieloviézhe en 1991.



Uzbekistán nunca existió: es una división administrativa soviética. Antes, en el territorio de Asia central que hoy forma el país, habían existido emiratos, ciudades independientes, imperios. Con la proclamación de la actual república, que cuenta con 25 millones de habitantes, el nuevo poder impulsó una política de invención del pasado: construyeron nuevos monumentos, como el del emperador Tamerlán en uno de los lugares más céntricos de Tashkent; sustituyeron la estatua de Lenin por un globo terráqueo con Uzbekistán en el centro, reescribieron la historia. Todos los símbolos que recordaban a la URSS fueron retirados. La creación de un nuevo patriotismo necesitaba ensuciar la memoria de los años soviéticos y a esa tarea se dedicó con empeño el nuevo gobierno. El converso Islam Karimov (actual presidente, que había sido dirigente comunista uzbeko) llegó al extremo de fundar un Museo de Víctimas del Colonialismo, donde se identifica la historia de la Rusia zarista y de la Unión Soviética como si ambos sistemas políticos hubieran formado un mismo núcleo imperialista para sojuzgar a los uzbekos, y ha insistido en que los problemas que hoy tiene el país forman parte de “la herencia totalitaria soviética”. Sin embargo, la mayoría de la población uzbeka añora la URSS.

Gobernando con su nuevo Partido Democrático Popular, Karimov ha perseguido a toda oposición política, empezando por los comunistas, que no tienen existencia legal: ya se sabe que no hay nada peor que los conversos. Pese al mantenimiento de una fachada democrática, los procesos electorales han estado controlados por el poder, y el propio Karimov ha decidido en estos quince años postsoviéticos los partidos que podían presentarse y quienes podían participar, formando incluso organizaciones progubernamentales para dar apariencia de pluralidad al régimen. Karimov no tuvo empacho en prolongar su mandato como presidente en un referéndum, y, en 2000, más del noventa por ciento de los votantes lo reelegían por cinco años más, aunque un nuevo referéndum ampliaría otra vez su mandato: las próximas elecciones, si no se introducen nuevos cambios, tendrán lugar en 2007. Su dominio del país quedó patente cuando, en 1998, el parlamento uzbeko (llamado Oly Majlis) le concedió la máxima distinción, Tamerlán, y después, en 2003, aprobaba la inmunidad vitalicia para los expresidentes del país (¡sólo lo ha sido hasta ahora Karimov!), promulgando así una ley hecha a medida para asegurar, en su día, el tranquilo retiro del autócrata.

En el nuevo Uzbekistán no sólo se organizó una gigantesca y feroz campaña de descrédito de la Unión Soviética: había que romper con el socialismo y elaborar un nuevo relato histórico del pasado uzbeko. La invención del pasado implicaba identificar a los rusos y a la Unión Soviética como un poder colonial (ocultando la participación uzbeka en la construcción de la URSS) y eso llevó a Karimov a cambiar el alfabeto cirílico por el latino, en su versión turca, de forma que, en todas las calles de todas las ciudades del país, letreros y carteles están hoy escritos en uzbeko con alfabeto latino, un alfabeto ajeno a la historia del país. Para desgracia del nuevo poder, el cambio nunca fue del agrado de la población, de tal forma que va a cambiarlo el año próximo, volviendo al alfabeto cirílico. Se limitó, además, la utilización de la lengua rusa, aunque la tozuda realidad muestra que por todas partes del país se habla ruso, aunque también es muy utilizado el uzbeko, y en Samarcanda y Bujara se habla tayiko. Karimov introdujo el estudio de la escritura árabe, y se abrieron madrasas islámicas e incluso una universidad, financiadas por Arabia saudita. En Bujara, por ejemplo, esa política de identificación islámica y de ocultamiento del pasado soviético llevó a levantar un enorme complejo para acoger la tumba de Bahouddin Nakshband, un sufí del siglo XIV, para dotar al nuevo Uzbekistán de referencias históricas con las que pueda identificarse la población. Así, Tamerlán y el Islam se convirtieron en señas de identidad de Uzbekistán.

El presidente Karimov, aunque hizo aprobar una constitución secular, impulsó una política de recuperación de las tradiciones islámicas en la vida cotidiana que ha penetrado en algunos sectores del país, aunque al mismo tiempo prohibió los partidos que utilizaban la religión como estandarte, utilizando las revueltas islamistas en la vecina república de Tayikistán y la guerra civil que se desató en los años noventa como aviso de los peligros que podían suponer para Uzbekistán. Pero el islamismo creció: en nuestros días se está poniendo de moda casar a las mujeres ¡con dieciséis años!, a través de los acuerdos entre familias, algo que casi se había erradicado con la Unión Soviética. Incluso se ha vuelto a imponer la circuncisión a los niños, y en algunas zonas la presión religiosa islamista es evidente. Pese a todo, la gran mayoría de la población es laica, y su vestimenta y comportamiento no tiene nada que ver con las imágenes de mujeres cubiertas con el velo y muchedumbres llenando las mezquitas que llegan desde otros países. Setenta años de socialismo no han pasado en vano.


El robo de la propiedad soviética siguió caminos semejantes a los de Rusia y las otras repúblicas de la URSS. El robo de la propiedad colectiva llegó a extremos insospechados: en el Museo de Samarcanda desaparecieron importantes piezas y colecciones. La privatización y destrucción de muchas de las conquistas sociales fueron de la mano, y afectaron a la sanidad, educación, cultura y ocio. De esa forma, la hija de Karimov, Gulnara Karimova, por ejemplo, ha podido construir un gigantesco grupo empresarial, mientras que el desastroso cambio para la población puede ilustrarse con la venta de los pisos existentes en el país, construidos por la URSS, ¡a sus propios habitantes! Durante los años soviéticos, la vivienda era un derecho universal y los inquilinos apenas pagaban una cantidad simbólica por el alquiler, que era de por vida, y por los servicios de agua, gas y electricidad. Aunque ese sistema tenía problemas: la dejación colectiva y la deficiente conservación de muchos bloques de viviendas es una de ellas. Así, el nuevo gobierno uzbeko inició la venta de los pisos a sus propios moradores, que tuvieron que pagar por un bien que, de hecho, ya era suyo de forma vitalicia, en una operación donde el gobierno ingresó enormes cantidades de dinero, cuyo destino final se pierde, aunque no hay duda que fue a parar a los bolsillos de los nuevos oligarcas. En nuestros días, los inquilinos deben pagar el agua, gas y electricidad, que antes eran prácticamente gratuitos. Un piso convencional cuesta hoy entre siete mil y ocho mil dólares (que, con salarios de cuarenta dólares mensuales, supone para los compradores un esfuerzo titánico). No es extraño, así, que muchos uzbekos afirmen que “se vivía mejor con la Unión Soviética”.

La supuesta libertad conquistada en el proceso de independencia es ilustrada por el régimen de Karimov con la posibilidad que la población tiene ahora de viajar al extranjero y estudiar, pero es muy difícil que los uzbekos puedan sufragar los estudios de sus hijos en el exterior. Los defensores del nuevo Uzbekistán dicen que esa posibilidad, antes, ni siquiera existía, pero lo cierto es que cuesta mucho dinero y sólo pueden hacerlo los hijos de familias ricas: en la práctica, salen al exterior menos estudiantes uzbekos que antes. Además, Uzbekistán no ha superado la crisis que trajo la desaparición de la URSS. El algodón, el oro y el uranio son las principales riquezas del país, pero los riesgos estratégicos son grandes: Uzbekistán no tiene agua suficiente, y la intensa explotación de las aguas del Amur Daria y Sir Daria en toda Asia central ha hecho retroceder al Mar de Aral y ha creado nuevos problemas en la economía, porque el algodón es el gran recurso del país. Por eso, diversos sectores mantienen que los uzbekos necesitan a Rusia: la evidencia de la soledad de unas pequeñas repúblicas en un mundo de gigantes sigue conservando los lazos que creó la Unión Soviética.

Tashkent es hoy una ciudad nueva. El terremoto del 26 de abril de 1966 destruyó casi por completo la capital uzbeka, y todas las repúblicas soviéticas se volcaron en la ayuda y en la reconstrucción, dando lugar a una ciudad de amplias avenidas, de grandes parques y gigantescas plazas, que es la metrópolis más poblada de Asia central. Los signos de la crisis tras la desaparición de la URSS siguen visibles, y el trabajo ha dejado de ser un derecho colectivo. En Tashkent, el salario medio de un obrero oscila entre cuarenta y sesenta mil som mensuales, unos cuarenta dólares. En Samarcanda, visité una fábrica de seda. Es privada: se creó en 1992, inmediatamente después del colapso de la URSS. Trabajan allí cuatrocientas cincuenta mujeres, la mayoría jóvenes, que ganan un salario de entre ochenta y ciento veinte dólares mensuales (entre sesenta y cinco y noventa y cinco euros). Utilizan tintes naturales para teñir la seda, corteza de nuez, granada, flores silvestres. Las obreras se consideran afortunadas, a la vista de las dificultades del país. En Bujara, otra de las ciudades míticas de la vieja ruta de la seda, la destrucción de la economía alcanzó niveles alarmantes: algunas fuentes hablan de un sesenta por ciento de desempleo o de subocupación. Se ven niños trabajando en la ciudad, fabricando alfombras o artesanías: el cambio en las prioridades ha llevado, incluso, a muchas familias a no llevar a los niños a la escuela: dicen que eso no aporta nada, y los ponen a trabajar.

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La orfandad política de las repúblicas de Asia central las convirtió en presas apetecibles para Estados Unidos. Mientras rompía lazos con Rusia, Karimov se involucró en el conflicto afgano, apoyando en los años noventa al general Abdul Rashid Dostam, un militar de raíces uzbekas, y llegó a mediar con los sanguinarios talibán (una criatura creada por los servicios secretos pakistaníes y norteamericanos, con financiación saudí), que se habían convertido en la fuerza dominante en Afganistán: era una forma de conseguir espacio político para Dostam y, de paso, fortalecer el peso de Uzbekistán en la zona. Al mismo tiempo, Karimov intensificó su relación con Estados Unidos, hasta el punto de que llegaron a organizar ejercicios militares de la OTAN en territorio uzbeko. Pero las dificultades exteriores aumentaron. Pakistán alimentaba campamentos de entrenamiento de terroristas islamistas que se infiltraban después en Uzbekistán, creando episodios de crisis, y también las relaciones con Moscú se hicieron tensas, a consecuencia de la gran minoría rusa del país y de la decisión del gobierno uzbeko de abandonar el Tratado de Seguridad de la CEI (Confederación de Estados Independientes, sustituto de la URSS), aunque ello no impidió la colaboración con Rusia para combatir el terrorismo islamista. En febrero de 1999, unos confusos atentados terroristas (organizados por un partido llamado Hezbolá, como el libanés) contra la sede del gobierno causaron casi veinte muertos en Tashkent, en una operación que parecía dirigida contra Karimov, y muchos aspectos apuntaban a que, tras ella, se ocultaba una oscura amalgama de servicios secretos. Pese a ese peligro, a partir de 1999 Uzbekistán abandonó el Tratado de Seguridad Colectiva, que reunía a Rusia con otras repúblicas de la desaparecida Unión Soviética, y decidió integrarse en el GUAM (que, con la incorporación uzbeka, pasó a llamarse GUUAM), una organización que agrupaba a Georgia, Ucrania, Azerbaiyán y Moldavia, urdida en los laboratorios estratégicos de Washington con el propósito de consolidar la división del territorio soviético y asegurar su propia penetración en la periferia de Rusia. Hay que hacer notar que, al margen de su origen soviético, esas repúblicas ni siquiera tienen fronteras comunes y que su forzada integración en el GUUAM fue, desde sus inicios, una baza al servicio del despliegue estratégico norteamericano. A cambio de protección y apoyo diplomático, Karimov estaba dispuesto a ser un peón de Washington.

La política exterior de Karimov cultivó la amistad y la alianza con Estados Unidos, pero hoy ese diseño estratégico ha sido abandonado por un retorno hacia la alianza con Moscú. Pero, antes, tuvieron que sonar todas las alarmas. Karimov se negó a integrar a Uzbekistán en la Comunidad Económica Euroasiática, creada en octubre del 2000 por Rusia, Bielorrusia, Kazajastán, Kirguizistán y Tayikistán: era un reflejo de su prevención ante la diplomacia rusa, que trabajaba con el objetivo de reunificar el espacio económico soviético, y un guiño a los norteamericanos, siempre deseosos de aumentar su influencia en la zona en prejuicio de Moscú y Pekín. Después, los atentados del 11 de septiembre en Nueva York llevaron a Karimov a ofrecer su colaboración a Estados Unidos, que se concretó en la firma de convenios militares con Washington, que autorizaban al ejército norteamericano para utilizar bases en territorio uzbeko, asunto de trascendencia estratégica que llevó a Colin Powell, jefe de la diplomacia norteamericana, a visitar Tashkent. El apoyo uzbeko al nuevo régimen de Karzai instalado en Kabul por Estados Unidos, fue, también, una consecuencia de ese pacto. Un año después, Karimov visitaba Washington, consolidando su alianza con Estados Unidos y firmando nuevos acuerdos militares y económicos. De hecho, puede decirse que la consecuencia más importante de los atentados del 11 de septiembre para la zona no fue el ataque estadounidense a Afganistán, sino la penetración norteamericana en Asia central. Washington no buscaba a Ben Laden, asunto para consumo popular: perseguía el control de Asia central, y Afganistán caía por añadidura. Tras la ofensiva militar y diplomática, Estados unidos consiguió presencia militar en Afganistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguizistán y Kazajastán. El retroceso estratégico de Moscú era evidente, hasta el punto de que los estrategas del gobierno norteamericano especularon con la posibilidad de forzar a Rusia a hacerle jugar el papel de guardián de los intereses estadounidenses ¡en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia central! Pero el gran juego no ha terminado.



En marzo de 2004, nuevos atentados terroristas en Uzbekistán, coordinados en varias ciudades, entre ellas la capital, Tashkent, causaron diecinueve muertos y decenas de heridos. Y el 12 y 13 de mayo de 2005, en Andijan, una importante ciudad del valle de Fergana, la policía reprimió una manifestación tras una confusa incursión guerrillera. Grupos de hombres armados atacaron una comisaría y un cuartel y mataron a diez policías y soldados y, después, asaltaron la cárcel y abrieron sus puertas a más de dos mil presos. La peligrosa crisis abierta fue liquidada por Karimov, que consultó a Putin la respuesta, con rapidez. Según Amnistía Internacional, en la represión ordenada por Karimov murieron centenares de personas, aunque no se ha podido realizar una investigación independiente. Hasta ese momento, Estados Unidos era el principal apoyo diplomático de Karimov, que incluso había accedido a acoger en Uzbekistán a prisioneros de los norteamericanos para interrogarlos, aceptando la subcontratación de la tortura. La incursión, que utilizaba para sus fines la insatisfacción popular por el retroceso de las condiciones de vida, las reivindicaciones islamistas, y los negocios de la droga y las actividades de turbios empresarios, aprovechaba la proximidad de la ciudad de Andijan a zonas convulsas como Afganistán y Pakistán. La confusión sobre la identidad de los autores intelectuales de la operación de Andijan no podía ocultar, pese a todo, las actividades de grupos islamistas, de servicios secretos y la preparación de provocaciones. Karimov acusó a extremistas islámicos de ser los responsables de la operación y (sin declararlo públicamente) sospechaba que la larga mano de Washington estaba tras la infiltración. No en vano, Estados Unidos había organizado las revoluciones naranja para instaurar regímenes cliente en antiguas repúblicas soviéticas, como Georgia y Ucrania, que triunfaron, y otras en Bielorrusia y Azerbaiján, que fracasaron. Algunas fuentes, como Ahmed Rashid, mantienen que, después de la represión de Andijan, más de mil uzbekos se refugiaron en Afganistán, refugio que resulta revelador. Ese mundo de las redes islamistas, infiltrado por el ISI (los servicios secretos pakistaníes), la CIA, el Mossad, es oscuro, pero interviene en la gran batalla estratégica por Asia central. Según el fiscal general uzbeko, su gobierno dispone de pruebas de que la operación fue organizada por el Movimiento Islámico de Turkestán (llamado antes Movimiento Islámico de Uzbekistán), Hizb ul Tahrir y una de las ramas de éste, Akramiylar. No es difícil adivinar quienes dirigen esos grupos.

Algunas fuentes consideran que la embajadada norteamericana en Tashkent estaba detrás de la intentona de Andijan: los servicios secretos estadounidenses influyen sobre grupos opositores uzbekos refugiados en Londres, a los que han financiado, como han hecho con otros grupos islamistas de Asia central, y están en permanente coordinación con el despliegue diplomático y militar que mantiene Estados Unidos en toda la zona. Es decir: Washington, pese a que mantiene una estrategia que busca limitar la influencia del islamismo militante, no desdeña al mismo tiempo financiar, adiestrar y controlar facciones islamistas que sean útiles para el desarrollo de sus objetivos y para la preparación de provocaciones y atentados. No hay que perder de vista que la región china de Xingqianq está a sólo doscientos kilómetros de Andijan y que los servicios norteamericanos siguen apoyando los grupos islamistas chinos que especulan con una supuesta independencia: aumentar en el Oeste la presión sobre China sería un triunfo estratégico para Washington. Así, todo indica que Estados Unidos se equivocó en Uzbekistán, pretendiendo cambiar a un dictador aliado, pero imprevisible, por un régimen cliente teledirigido desde Washington. Karimov constató que su alineamiento con Estados Unidos no le aseguraba la continuidad en el poder y volvió sus ojos a Moscú: no tenía otra alternativa. De esa forma, los disturbios de Andijan de 2005, trajeron un cambio de alianzas.

Las presiones norteamericanas y europeas no se hicieron esperar: en octubre de 2005, la Unión Europea aprobó un embargo de armas y limitó la entrada de dirigentes uzbekos a su territorio. Tampoco la reacción uzbeka: al mes siguiente, Karimov cerraba el territorio y el espacio aéreo de su país a las fuerzas de la OTAN a partir de enero de 2006, en una decisión que —unida al desalojo forzado de las tropas norteamericanas de la base uzbeka de Karshi-Janabad, donde llevaban estacionadas desde octubre de 2001— ha complicado sobremanera el despliegue estadounidense en la zona, afectando a Afganistán y a la propia ISAF. La prepotencia norteamericana, que le ha jugado una mala pasada a su gobierno, había llegado al extremo de no pagar a Uzbekistán el alquiler estipulado por la base de Karshi-Janabad: cuando Washington se percató de que la amenaza de desalojo de la base era seria, quiso pagar los alquileres atrasados, aunque esa promesa no hizo retroceder al gobierno de Karimov.



Estados Unidos cometió un error de cálculo en Uzbekistán, que ha limitado su influencia en la región, aunque continúa trabajando para influir sobre Kazajastán y Turkmenistán, república ésta gobernada de manera despótica por Saparmurat Niyazov. La política de Washington se ha orientado a forzar cambios políticos en la periferia soviética y en todo Oriente Medio, utilizando para ello su presión diplomática, la organización de redes financiadas y la infiltración: organizaciones como Freedom House, que dirige James Woolsey, un antiguo jefe de la CIA; la USAID, United States Agency for International Development; y la NED, National Endowment for Democracy, junto con la actividad de sus servicios secretos y de grupos de mercenarios, completan el panorama. No toda su actividad es militar o terrorista, ni mucho menos. En Bujara, por ejemplo, puede constatarse la infiltración norteamericana: USAID financia un caravasar y negocios de comerciantes. Hay que poner huevos en diferentes cestas.

La complejidad de la disputa por Asia central complica el escenario para las grandes potencias. El interés de Rusia, de Uzbekistán y de la mayoría de las antiguas repúblicas soviéticas radica en la consolidación de la CEI, que en lo sustancial es equivalente a la URSS, y es evidente para la mayoría de los gobiernos del área que los elementos que juegan a favor de la integración son mucho más sólidos que los que llevan hacia la dispersión. Pero también Estados Unidos juega sus cartas: las inversiones realizadas por sus empresas en Kazajastán son muchos mayores que las que han hecho en Rusia, consciente además de que se ha reducido el intercambio comercial entre Moscú y el resto de las repúblicas exsoviéticas por la tendencia a aumentar el comercio con países occidentales. Con China al fondo del escenario, completa el panorama Irán, que está redefiniendo su política para Asia central: en la década de los noventa, Teherán inició una acción exterior orientada a exportar su visión de revolución islámica en las cinco repúblicas del área, iniciativa que acabó en un rotundo fracaso. La nueva orientación, más pragmática que ideológica, pone el acento en los intercambios económicos: los acuerdos iraníes con Turkmenistán para el envío de gas a Irán, y con Tayikistán, que engloban proyectos industriales y de construcción de gasoductos, son una muestra de ello. Tampoco la política de buena vecindad entre Turkmenistán e Irán es una buena noticia para Washington, que sigue especulando con la posibilidad de utilizar territorio turkmeno para un hipotético ataque a Irán. Las relaciones de Irán con Uzbekistán son más frías, a consecuencia del recelo uzbeko hacia la retórica islamista de Teherán. No son las únicas potencias atentas a la evolución de los acontecimientos: el anterior primer ministro japonés, Koizumi, visitó este mismo verano Kazajastán y Uzbekistán. Objetivo: asegurar sus suministros energéticos y minerales (desde cobre y plomo, hasta uranio), y, de forma más oculta, colaborar con Estados Unidos en la contención de China y Rusia en toda Asia central. La discreta diplomacia nipona no descarta estimular el enfrentamiento entre Rusia y China, como una vía para hacer prosperar sus intereses en la zona, siempre bajo la atenta mirada de Washington.

La Comunidad Económica Euroasiática (CEE), formada por Rusia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán, es clave en la organización económica de parte del antiguo territorio soviético. No hay que olvidar que Washington sigue saboteando el intento de Rusia de integrarse en la Organización Mundial del Comercio, OMC, y que una de las cartas que juega Moscú es la creación de un espacio económico y aduanero con la mayoría de las antiguas repúblicas soviéticas. Rusia, Kazajastán y Bielorrusia han avanzado mucho en ese terreno, y junto con Ucrania (que tiene estatuto de observador en la CEE) componen la parte más sustancial de lo que era la URSS. Otra entidad, el Espacio Económico Común (EEC), está reforzando la integración paulatina y la creación de nuevos lazos. No sin problemas, desde luego. En enero de 2006, Uzbekistán ha ingresado en la CEE y, más tarde, en la Organización del Tratato de Seguridad Colectiva (OTSC, que está compuesta por los países que integran la CCE, más Armenia).
La integración de fuerzas militares en la zona también avanza: este verano, la OTSC organizó unos ejercicios militares, Frontera 2006, dirigidos por el ministro de defensa kazajo, Mujtar Altinbaev, orientados a evitar la infiltración de grupos armados (de las redes islamistas internacionales, de movimientos autóctonos, u organizados por servicios secretos occidentales) y a aumentar la cohesión y la seguridad en toda Asia central: en ese aspecto los intereses rusos son plenamente coincidentes con los chinos, y entran en colisión directa con los norteamericanos y, en menor medida, con los turcos. (Recuérdese que los servicios secretos norteamericanos, israelíes y turcos trabajan en muchas operaciones conjuntas: la detención del dirigente kurdo Abdulá Ocalam en Nairobi, Tanzania, fue una de ellas). Otra de las organizaciones que se ha fortalecido en los últimos años, la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS, donde, junto a Rusia y China, se integran Kazajastán y Uzbekistán y otras repúblicas menores), está creando un nuevo equilibrio estratégico en la zona y en el mundo. Uno de los frutos de la colaboración, cada vez más importante, entre sus miembros, es el nuevo oleoducto Kazajastán-China, que en mayo de 2006 empezó a enviar petróleo a China.



Ese es el panorama en donde se inserta Uzbekistán, y donde sus nuevas alianzas están inclinando la balanza en Asia central. Nikolai Bordiuzha, secretario general de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, afirmaba hace unas semanas que “la reciente decisión de Uzbekistán de reintegrarse a la OTSC cambia radicalmente la situación geopolítica no sólo en el Asia Central, sino también en todo el espacio post-soviético”. En esa encrucijada estratégica, donde Estados Unidos, Rusia y China tanto tienen que ganar o que perder, se encuentra Uzbekistán, oprimido por el régimen de Karimov, con su población añorando el pasado soviético, mirando otra vez a Rusia.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=42209

Historia de Uzbekistán

Al ser un texto traducido tiene errores de coherencia y puede ser difícil de leer

En la actualidad el territorio de Uzbekistán se considera un lugar importante, donde había unas huellas del hombre primitivo. Las humanos han comenzado a asimilar estas tierras aún en paleolítico temprano (de 150 000 hasta hace 30 000 años.). En las regiones de Fergana moderna y Bujara por los investigadores han sido encontrados los instrumentos primitivos del trabajo de la piedra.

Los períodos tempranos de la actividad humana se refieren a la época del paleolítico medio. Las pruebas de la existencia de los humanos en este momento son las viviendas encontradas en las montañas de Baysun y el instrumento del trabajo encontrado en Samarcanda. Los desiertos Kyzyl - kum y el Kara - kum se hacían también la casa segura del punto de vista climático para los hombres primitivos.

En 1931 - 1948 en Ásia Central trabajaba la expedición bajo la dirección de Parfenov G.V. y Okladnikov A.P. En la zona de Surjandarya por ella fue descubierto el esqueleto  de un muchacho de 8-9 años. Su enterramiento en la gruta Teshiktash da el motivo de suponer que aquí habitaba la colonia de los neandertales. Se ha sabido que en todos territorios modernos de la CEI han comenzado a pasar los ritos semejantes fúnebres. Como han mostrado las investigaciones, el cuerpo del niño era dado en el hoyo rodeado alrededor de los huesos de cabra montés. Este hallazgo arqueológico en su tiempo se hacía "la sensación" ahora en los círculos de los arqueólogos de Asia Central y ha permitido sacar la conclusión indiscreta sobre Uzbekistán como merecedor por completo del el título «la cuna de la civilización más antigua».

Gracias a las excavaciones, se conoce que en la época del paleolítico el hombre usaba los instrumentos primitivos del trabajo, en general, hechos de piedra (aunque había también unos objetos de madera para la caza y para el uso cotidiano). Principalmente los hombres antiguos se ocupaban de la caza y de la recolecta, que eran hasta un tiempo las únicas fuentes de la alimentación de los neandertales, cuales tenían que conducir constantemente a veces al juego desigual con las condiciones crueles del mundo circundante. Más tarde la caza por los mamuts salvajes otros animales prehistóricos, la recolecta de las frutas y de las raíces fueron sustituidos poco a poco por la agricultura y la ganadería que ha facilitado considerablemente la supervivencia del hombre primitivo.

Por la suposición de muchos científicos las personas más antiguas de Uzbekistán han aparecido aquí en el período Ashel, aproximadamente 700 - 500 mil años atrás. Hipotéticamente tenían un cierto parentesco con los sinántropos que poblaban sudeste y Oeste de Ásia.

Luego ha comenzado una nueva etapa de la edad de piedra - el mesolítico, el transcurso del tiempo que ha comenzado 15 - 12 mil años atrás. Poco a poco los hombres antiguos evolucionan, comienzan a aparecer los instrumentos cada vez más perfectos del trabajo fabricado no por las manos inhábiles primitivas, sino que por completo comparado con cualquier fineza y la elegancia, y ya tratado por los dedos bastante hábiles. A principios del V milenio AC la población antigua de Uzbekistán ha entrado en la época del período neolítico, cuando eran inventados muchos cosas del menaje utilizados en la vida cotidiana, necesarias para la gestión, como por ejemplo, la rueda.

Tercer milenio AC se hacía el tiempo, cuando ante la persona han surgido las nuevas posibilidades. Los secretos fueron descubiertos para las personas. El cobre es el primer metal en la historia, que han comenzado a tratar más, los primeros herreros. El descubrimiento de este metal no ferroso se hacía para la persona el empeño original del desarrollo futuro impetuoso y el perfeccionamiento. Hoy podemos inventar los centenares modos de su uso, porque realmente para las personas que han conocido la existencia del cobre en la imagen, da una facilidad, la comodidad de su uso y la ligereza relativa en el tratamiento. Nos podemos imaginar, que es posible que un trozo del mineral de cobre ha caído de cualquier otro modo en la hoguera junto con la leña y habiendo fundido (para la fusión del cobre no son necesario las altas temperaturas) ha salido por el chorro delgado de la hoguera, y luego se ha helado en la tierra. Se inventaron así unos instrumentos del trabajo del cobre, y empezaban a formarse más tarde las primeras colonias sedentarias de los agricultores.

Más tarde en la arena histórica ha entrado la época del bronce. Además de la aparición de los instrumentos y adornos de bronce, este período está caracterizado también por el surgimiento de algunos centros de cultura.

La etapa siguiente esencial histórica debe contar la aparición de los primeros estados. Conforme a las fuentes históricas el estado más antiguo, que se ha formado en el territorio de Ásia Central en el siglo VII AC es el reino antiguo Baktriya, que incluía en su estado a Baktriya, Margian, Sogd. Se considera la asociación estatal de las nacionalidades distintas antiguas parentescos. Aunque se ha formado en el territorio de Jorezm (al sur del mar de Aral y a la orilla del río de la Amu-Darya) un estado antiguo independiente.
La etapa siguiente importante en la historia de Uzbekistán debe contar con el período de las famosas conquistas de Alejandro Magno (IV AC), cuando la cultura y el arte del territorio dado se han sometido a una fuerte influencia griega. Los científicos han llamado este proceso de la época helenística.
Aproximadamente, en el mismo tiempo comienza activamente a desarrollarse el comercio. Sobre esta etapa es posible hablar como el tiempo del nacimiento de las rutas famosísimas de la Gran Ruta de la Seda. A propósito tres caminos más importantes de la legendaria Gran Ruta de la Seda pasaban por Uzbekistán central y por el Valle de Fergana.

La posibilidad del intercambio cultural, de lengua y mercantil ha cambiado radicalmente la vida y la vida cotidiana de los pueblos que vivían en el territorio de Ásia Central. Por ejemplo, el historiador conocido de Ásia Central Bartold S.V. vincula la difusión de las lenguas y el alfabeto a Ásia Central antigua, exclusivamente al desarrollo de las relaciones comerciales entre los estados y los continentes. Sogd en aquel momento se hacía la zona rica en comercio. En ella entraban 30 grandes y 300 ciudades pequeñas, que estaban vinculadas con las rutas comerciales bien desarrolladas. Muchos viajeros de los países diferentes llegaban a Sogd para promover las relaciones comerciales.


Los ciudadanos en aquel entonces ya llevan buena ropa. Las mujeres llevaban los vestidos de telas de seda, y los hombres se vestían en los caftanes orlados. Se puede decir que en aquel tiempo "el trabajo" de la Gran Ruta de la Seda iba creciendo: la gran cantidad de seda, el terciopelo, otras telas distintas, los productos de cristal, adornamientos, el brocado, los productos de cuero por el flujo iba de China a Bizancio y atrás, asentando en Bujara, Samarcanda, Tashkent, Merv, Kashgar, y Siyab. El desarrollo del comercio internacional estimulaba el desarrollo de la producción artesanal. En Jorezm se acumulaba el arte de los artesanos de los países distintos, y al mismo tiempo había un número grande de propios artífices, y que sus productos valían caro en todos los rincones del Este. Gurganch se hacía el centro de los artesanos más hábiles de Jorezm. En total había aquí 50 especialidades básicas. Las mujeres de Gurganch eran las bordadoras hábiles, y los herreros, los carpinteros, los grabadores en el marfil y en la madera, los trabajadores de la industria de confección, los productores de seda tenían fama por su arte bellísimo y por su trabajo fino. En las ciudades había muchos mercados, y en cada uno reinaba el orden severo.

El crecimiento de las relaciones comerciales, la colocación del mercado interior único y el mecanismo único económico en Maverannajr (la región entre la Amu-Darya y el Syr-Darya), la formación de las clases sociales contribuían al desarrollo de las fuerzas centrífugas que conducen a la colocación del estado único centralizado en Ásia Central. A esto contribuía la descomposición del imperio mongol que ha comenzado desde 1260, cuando Hubilay, el nieto de Genghiz Kan proclamado por el Kan en el congreso, ha llevado la capital de Karakorum a Pekín, habiendo dado comienzo a la dinastía china el Yuan. En relación a esto en el lugar del imperio anterior de Genghiz Khan surgen tres estados independientes mongoles - en Persia, en la Orda Dorada y en Maverannajr.

El escalón siguiente esencial en la historia de Uzbekistán es el fin del siglo XIV. Está caracterizada por el comienzo de la época de la dinastía de los Temuridas, cuando el poder sobre Ásia Central ha pasado a las manos del jefe de una de las tribus de origen mongol llamado Amir Temur. Él fue apodado como Temur-leng (Temur el cojo), es decir conocido en Europa bajo este nombre Tamerlán. Temur ha creado el imperio enorme con la capital en Samarcanda, que extiende las fronteras de China hasta el Oriente Medio. Temur ha destruido la Orda Dorada de los tártaro-mongoles, protegía la religión musulmana y el arte. Durante su reinado fueron elevados muchos de los conjuntos arquitectónicos glorificados en Ásia Central.

Temur (Tamerlán, Amir Temur, o El brazo de hierro) nació en 1336 en el lugar el Jozha-ilgar, cerca de la ciudad de Shajrisabz. El padre de Temur era el Emir Taragay, el jefe de una pequeña tribu túrquica mongol.
Desde 25 años Temur conducía el juego grande político. 10 años fueron necesarios para él para que pudiera eliminar a todos los rivales y hacerse el gobernador único de Maverannajr en la región entre la Amu-Darya y el Syr-Darya. En una de las batallas Temur fue herido gravemente en el pie derecho, y por ésta causa él empezó a cojear. De allí los pueblos conquistados le llamaban despectivamente bajo el nombre Tamerlán.
En 1370 él ha declarado Samarcanda la capital del imperio y 35 años siguientes se ocupaba de la ampliación de sus fronteras. Él ha destruido la Orda Dorada, él realizó sus marchas conquistadoras a Irán, Transcaucásica, India y la Ásia Menor, devastaba las ciudades, destruía y llevaba en el cautiverio a las personas de los países diferentes. Al final de su vida Tamerlán extendió su imperio del Volga hasta el Ganges y de Siria hasta la China Occidental.

Pero el imperio se mantenía enteramente solamente con él mismo. Tras la muerte del gran conquistador, los descendientes se han agarrado entre ellos en la lucha por el poder, y el estado se deshacía rápidamente en las partes separadas. Ahora Tamerlán mismo yace eternamente en la capital en el mausoleo de ­ Gur-emir.
La biografía de Tamerlán recuerda en muchos aspectos la biografía de Genghiz Khan. Temur, tanto como su "colega" mongol, se ocupaba personalmente de la organización del ejército, recogía las informaciones detalladas de los enemigos y usaba la autoridad incondicional a los súbditos. Sin embargo, en opinión general, el nivel cultural de Tamerlán era mucho más alto que del Genghiz Khan. Las construcciones de Temur descubren en ello el gusto artístico que es raro ver en los conquistadores. Gracias a Temur en Samarcanda han sido recogidos los representantes de todas las ramas del arte ­ y de la ciencia de los países diferentes. Excepto la lengua natal túrquica, Temur hablaba el persa, quería conversar con los científicos y sabía de memoria el Corán.

Después de la muerte de Temur en 1405 entre sus herederos, Temuridas, han comenzado las discordias por el poder, que se acompañaban de las agitaciones públicas. Todo esto también han dado camino a las guerrillas interiores, aquello que parecía el poder inquebrantable del imperio.

Después de la muerte del nieto de Temur, el científico y el ilustrador Ulugbek, en el territorio de Maverannajr en las estepas extensas nortes han entrado y han invadido las tribus nómadas túrquica conocidas bajo el nombre general de los uzbekos. Estas tribus se asemejaban con la población local sedentaria, habiéndole entregado el nombre. Hacia 1510 su jefe, Sheybani-jan, ha subordinado todo el país, habiendo expulsado de ella a todos los representantes de la dinastía de Amir Temur.



En el siglo XVI en este territorio se han formado dos kanatos grandes. La más grande de estos kanatos se forma en Bujara, y en el conjunto aquellos kanatos o llamémoslos reinos empiezan a marcar el territorio moderno de Uzbekistán. El kanato de Jiva, con la capital en Jorezm, ocupaba el delta de la Amu-Darya y las regiones que se adhieren. Más tarde, en el siglo XVIII, se ha formado el tercer kanato de Kokand, respectivamente con su centro político en la ciudad de Kokand (el Valle de Fergana). El período entre XVI y los siglos XIX se podría describir por las grandes guerrillas internas entre los kanatos, las incursiones de los nómadas y la reducción del comercio por la Gran Ruta de la Seda.


Rusia ha comenzado a entrometerse en los asuntos interiores de los kanatos de Asia Central en el siglo XVII. Hasta XIX los rusos conducían la política de la difusión gradual de la influencia a las zonas esteparias al norte y al este del Syr-Darya. En 1870 han invadido los límites de Maverannajr.


Al comienzo de 1870 el kanato de Kokand ha sido sometido en el territorio de Rusia zarista y empezó a formar parte del Gobierno General de Turquestán, donde existía un cargo del gobernador, con su capital en la ciudad de Tashkent. Los kanatos de Bujara y de Jiva han reconocido a su vez el vasallaje de Rusia.
Al principio la administración rusa trataba no meterse en la vida cultural y religiosa del Este. Sin embargo, el fomento de la industria ha exigido los cambios en la economía y en la región. El lugar central en la agricultura ha ocupado la cultivación masiva del algodón, en detrimento de la siembra de otros cultivos y de la ganadería. El gran significado para el desarrollo de la región del Asia Central tenía la construcción de los ferrocarriles que han vinculado Ásia Central con Rusia y con la costa del mar Caspio.

A finales del siglo XIX el grupo de los intelectuales de Asia Central ha comenzado la búsqueda de los modos de la superación del atraso económico y social del pueblo uzbeko. Estas personas conocidas bajo el nombre «Zhadidchilar»(los renovadores), tenían las editoriales y creaban las escuelas, donde enseñaban la propia lengua y la cultura, así como las disciplinas de las ciencias avanzadas. El crecimiento de la conciencia nacional de la población bajo la dirección «Zhadidchilar» llevaba a las acciones masivas y las insurrecciones. En respuesta a este gobierno zarista ha endurecido el control político en la región y empezó a entrometerse activamente en las costumbres locales y en la cultura.


Durante la Primera Guerra Mundial el ejército ruso ha sufrido las grandes pérdidas en el frente de la guerra, y en verano de 1916 el gobierno de Rusia zarista ha anunciado el decreto sobre la movilización de los musulmanes al ejército y a los trabajos de retaguardia. Este decreto despertó la insurrección de masas en Ásia Central. Durante la insurrección y en su “aplastamiento” han muerto miles de personas civiles.

El centro, de los acontecimientos revolucionarios de 1917 en Turquestán, ha sido la ciudad de Tashkent, o sea en la antigua residencia de la administración colonial. El gobierno provisional que ha llegado a sustituir al zar en febrero 1917, no ha manifestado el deseo de permitir a participar en la vida política del país a los musulmanes de Turquestán. A cambio los bolcheviques prometían poner fin a la opresión nacional.


En noviembre de 1917 los dirigentes musulmanes religiosos han reunido al congreso extraordinario en Kokand, donde han declarado la autonomía de la parte del sur de Ásia Central. Sin embargo, en febrero de 1918 «la autonomía de Kokand» fue deshecha por las fuerzas superiores del Ejército Rojo enviado desde Tashkent. El aplastamiento cruel de Kokand por parte de los bolcheviques  ha dado lugar al nacimiento de un nuevo movimiento, enemigo de los rojos llamados Basmach, que lucharon contra los bolcheviques en las distintas regiones de Ásia Central.

En abril de 1918 el Gobierno General de Turquestán de Rusia zarista se transforma en la República Autónoma Soviética Socialista de Turquestán - RASST. Por medio del Ejército Rojo fueron derrocados los poderes anteriores en Bujara y en Jiva. Posteriormente se han creado las repúblicas de Bujara y de Jorezm
que más tarde formarían parte de Turquestán - RASST.

En octubre de 1924 introdujeron las nuevas unidades administrativas "nacionales", una de ellas era la República Uzbeka Soviet Socialista. Desde 1924 hasta 1929 dentro de la UzSSR en calidad de la república autónoma entraba Tayikistán. La capital de Uzbekistán era originariamente Samarcanda, pero en 1930 la capital fue cambiada por Tashkent. En 1936 en la constitución de la URSS había un artículo sobre la entrada en la composición de la UzSSR del territorio de la República Autónoma Soviet Socialista de Karakalpakistán - RАSSK.


La aceptación del primer plan quinquenal en 1928 se hacía el comienzo de la llegada ancha del régimen económico tradicional y de la cultura de Uzbekistán. La colectivización, que precedía la realización de las reformas de tierra y de agua, cogió el carácter masivo a finales de 1929. En primavera de 1932 tres cuartos de las tierras de Uzbekistán eran socializados y se han formado los koljóses.


Especialmente a los cambios considerables han sometido la caligrafía uzbeka fundada en árabe gráfico. Para propia comodidad los rusos han tomado la decisión de introducir la escritura eslava en la lengua uzbeka (alfabeto cirílico). Tras esta reforma ha seguido la introducción del programa de la liquidación del analfabetismo entre la población simple (por decirlo así "inculto"), cuando  estos ya tenían su propia lengua y su escritura.

La formación de Uzbekistán se acompañaba con la organización del partido comunista y del aparato del gobierno. El primer presidente del gobierno uzbeko (el Consejo de los comisarios del pueblo) fue Fayzulla Jodzhayev que era “zhadid” de Bujara. Como el primer secretario del Partido Comunista de Uzbekistán en 1924 nombraron al representante de la nacionalidad rusa Ivanov S.I. Sin embargo, ya en 1927 él fue sustituido por Akmal Ikramov, el uzbeko de Tashkent. Jodzhayev e Ikramov conservaban los puestos hasta 1937. A finales de 1920 y al comienzo de 1930 la cantidad de los miembros del Partido Comunista en la república se aumentaba rápidamente, con un aumento simultáneo por la parte de los uzbekos entre los miembros del partido. Hacia 1934 64 % de los miembros del Partido Comunista de Uzbekistán componían los uzbekos. Sin embargo, esa cantidad de miembros del partido ha disminuido fuertemente como la consecuencia de las represalias de Stalin. Las víctimas de las limpiezas de las filas del partido eran miembros de la élite uzbeka, especialmente como Ikramov y Jodzhayev, quienes también estaban vinculados fuertemente con los miembros llamados Zhadidchilar. Ikramov y Jodzhayev han sido condenados a muerte y fusilados en marzo de 1938, en último de los procesos ejemplares de Moscú.

La figura más considerable en Uzbekistán de posguerra siempre fue y será Sharof Rashidov, quien ocupó el puesto del primer secretario del Partido Comunista de la República de Uzbekistán (desde 1959 hasta 1983). El sucesor de Rashidov, Inamzhon Usmonjozhaev en 1983 nuevamente ha comenzado la limpieza de las filas de partido y de la administración pública de la república. Miles de los funcionarios fueron dimitidos de sus puestos de trabajo o en el peor caso serían arrestados. La atención especial de la URSS en este momento está sobre “al asunto uzbeko” (sobre el problema de la corrupción creada en la época de Rashidov relacionado con el algodón). A pesar de seguir con la limpieza dirigida desde Moscú, en enero de 1988 Usmonjozhaev fue sustituido por Rafik Nishanov en el puesto del primer secretario PCRUz y al cabo de un tiempo arrestado por la acusación en la corrupción.

En la segunda mitad del siglo XX se podía completamente llamar Uzbekistán la república agroindustrial con la industria bastante desarrollada, la energética, el sistema de transporte, los volúmenes crecientes de la producción de agricultura y que sin embargo, conserva el monocultivo, o sea especializado en algodón. Ha sido realizada una serie de las grandes construcciones de irrigación. El progreso visible fue alcanzado en la esfera social, especialmente en el desarrollo de la formación de los trabajadores. Pero el crecimiento económico no llevaba el carácter complejo, se acompañaba del ahondamiento de las desproporciones en la economía nacional, la agudización de los problemas económicos y sociales. La república dependía rudamente del centro aliado.

El 31 de agosto de 1991 el Consejo Superior de Uzbekistán ha aceptado la decisión «Sobre la proclamación de la independencia estatal de la República de Uzbekistán», y también la Ley «Sobre las bases de la independencia estatal de la República de Uzbekistán». La República Soviet Socialista de Uzbekistán se ha cambiado por la República de Uzbekistán.

El 29 de diciembre de 1991 fueron convocadas las primeras elecciones presidenciales al nivel nacional. Desde el verano de 1992 la tarea principal de Karimov I.A. ha sido el mantenimiento de la estabilidad en la república y el refuerzo del poder. En las siguientes elecciones presidenciales en diciembre de 2007 Karimov I. A. fue nuevamente elegido como el presidente de Uzbekistán.

Fuente: http://www.iberiasiatour.com/espanol/Historia.html

La liberación de la mujer musulmana soviética


En enero de 1918 la Comisión central de asuntos musulmanes de la joven Revolución soviética declaró abolidas la poligamia y el matrimonio de niñas que eran feroces instituciones opresivas en contra de la mujer musulmana soviética. En 1926 el Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS ordenó liberar de manera efectiva a la mujer de todo tipo de brutales supervivencias feudales: el velo completo que era llamado la "prisión móvil para las mujeres", el kalym que era la obligatoria dote de la familia del futuro esposo al clan familiar de la futura esposa, el matrimonio de niñas, la poligamia. En 1927 el Partido Comunista de Uzbekistán lanzó la campaña de movilización de masas llamada hudjum que en lengua uzbeka significa ataque u ofensiva. El partido impulsó manifestaciones de mujeres, actos públicos y fiestas especiales en que las mujeres quemaban en público el opresivo velo que en ocasiones cubría el cuerpo entero. En 1928 el Código de familia del Uzbekistán socialista recogió los nuevos derechos de las mujeres. Por ejemplo la edad mínima para el matrimonio pasó de los 9 AÑOS (!) a los 16 para las niñas. La campaña hudjum terminó en 1932 después de aplastar la ola de violencia desatada por algunos hombres a los que la tradición daba "derecho legítimo" a ejercerla contra las mujeres.

La investigadora Marianne Kamp ha escrito un libro al respecto: The New Woman in Uzbekistan. Islam, modernity and Unveiling under Communism, Seattle-London: University of Washington, 2006.


La contrarrevolución instaurada por la dictadura del gorbachoviano traidor Islám Karimov en Uzbekistán ha destruido los derechos civiles, sociales y políticos de la mujer soviética uzbeka.

Fuente: http://civilizacionsocialista.blogspot.com.es/2010/04/el-partido-comunista-libero-las-mujeres.html




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