lunes, 26 de mayo de 2014

Uruguay. Mujica y la historia del MLN-Tupamaros

Historia de Uruguay: 


José Mujica y la fachada del sistema

Antonio Velasco. LaRepública.es  

Hace ya mucho que vivimos en un mundo donde aquellos que acaparan el poder viven ostentosamente y muy alejados de los problemas reales de la población a la que dicen representar. Nuestro gobierno, así como las élites económicas situadas en la sombra, no sufren los recortes que aplican, sino todo lo contrario. Las empresas del Ibex 35 tienen cada vez mayores beneficios y los políticos siguen legislando a su favor. Los trabajadores, desengañados, empiezan a buscar ejemplos de que otro tipo de líder es posible. Ahí entra Pepe Mujica, un caso de escopeta. El presidente más pobre del mundo, le llaman. Se ha convertido en una figura emblemática para muchos, ya hartos de políticos que muestran un desapego exacerbado por los trabajadores, a los cuales sólo buscan durante la campaña electoral.

Pepe Mujica es un antiguo guerrillero perteneciente al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) que surgió en los años 60 y sería derrotado en 1972, un año antes de la dictadura militar. Mujica, al igual que muchos otros dirigentes tupamaros, pasó más de una década en prisión y, una vez recuperada la democracia, sería liberado por una ley de amnistía para presos políticos. El MLN-T se integraría, en 1989, a la coalición política de izquierdas Frente Amplio (FA), donde gestó la coalición llamada Movimiento de Participación Popular (MPP).

Mujica obtendría un puesto de Diputado con el FA en las elecciones de 1994, donde derrotarían al Partido Colorado (derecha), siendo Tabaré Vázquez el presidente resultante y  Mujica el primer Tupamaro con un cargo público. Después de tantos años de dictadura y clandestinidad, la izquierda había llegado al poder. Las calles del país se desbordaron de trabajadores emocionados y cánticos revolucionarios por la hazaña lograda. La izquierda gobernaba y ahora empezarían las políticas destinadas a mejorar la vida de los trabajadores. O eso creían.

Mujica se hizo ya famoso en esa época por su austeridad, cuando acudía a las sesiones parlamentarias en una Vespa. En 2010 llegaría a Presidente de la República Oriental de Uruguay tras la reelección del FA y, una vez en el gobierno, no cambiaría su estilo de vida. No se mudó al palacio de gobierno sino que se mantuvo en su pequeña residencia junto a su esposa Lucía Topolansky (también antigua guerrillera del MLN-T) y dos escoltas. Tampoco acudió al coche oficial ni a ningún lujo en particular. Se trata de un presidente cercano que retomó la antigua práctica de pasear y conversar con los vecinos, como se hacía en los años 50 en Uruguay, antes de la llegada del FMI. Además, dona el 90% de su sueldo a proyectos y causas benéficas. Esta faceta austera es lo que le ha reportado fama internacional.

Su discurso se caracteriza por ser muy filosófico y rompedor de los estándares y costumbres usuales de los poderosos. Habla sin tapujos de la necesidad de proteger el medio ambiente, de lo malo y vacío del consumismo desmedido o de que el capitalismo no aporta realmente aquello que nos hace ser felices. Palabras atractivas pero que, por desgracia, no han ido acompañadas por hechos en la misma linea.

A pesar de que se han logrado cambios en el país (ayudas para los más pobres, el  seguro nacional de sanidad, ley de matrimonio homosexual, aborto o legalización de la marihuana), realmente no se ha legislado en favor de los intereses de los trabajadores uruguayos. El modelo económico, salvo algunas excepciones, sigue siendo básicamente el mismo.

Mujica, con un discurso que aboga por la protección del medio ambiente, ha apostado por empresas transnacionales que están contaminado el país y que gozan, además, de exoneraciones y beneficios tributarios. Nunca en Uruguay ha habido tantas tierras en manos de las transnacionales. Algunos ejemplos son las empresas relacionadas con las papeleras, las cuales plantan eucaliptos para sus productos, destrozando la tierra; las empresas que cultivan soja transgénica con agrotóxico; o el proyecto Aratirí, relacionado con la megaminería a cielo abierto para la extracción de hierro, práctica con un alto impacto contaminante sobre el medio ambiente. Existe una contradicción flagrante entre el discurso del presidente y los hechos.

La pobreza ha sido reducida en el país, pero la tercera parte de los trabajadores uruguayos tienen ingresos inferiores a los 14.000 pesos al mes cuando se ha calculado que, para una familia media de 4 personas, se necesitarían unos 50.000 pesos al mes para cubrir las necesidades básicas. Los ricos, sin embargo, siguen enriqueciéndose. Es cierto que los sueldos han subido y que el porcentaje de desempleo es bajo, pero en su mayor parte se trata de empleo precario.

Uruguay es un país de 3 millones de habitantes con 12 millones de cabezas de ganado pero, sin embargo, la carne tiene unos precios desorbitados. En lugar de desarrollar industrias para generar valor agregado en este mercado (industrializar la materia prima), se exporta el producto primario y se enriquecen los productores. Uruguay no transforma los productos, los exporta y el mercado interior no ve beneficios.

El gobierno de Pepe Mujica se ha alejado del programa inicial del FA, que era anti-imperialista y anti-oligárquico. Se alineó con la rama más socialdemócrata de la coalición (representada por Danilo Astori, vicepresidente de Uruguay), reproduciendo el discurso de que hay que desarrollar el capitalismo, incluyendo traer a grandes transnacionales al país, para llegar al socialismo. Dice además ser partidario de un capitalismo bueno y humano. Este alejamiento del gobierno ha provocado la aparición de un sector crítico que reivindica el antiguo programa frenteamplista. Además, las políticas del gobierno de Mujica y del primer presidente del FA Tabaré Vázquez, han traído la resignación y la desafección por la política por parte de los uruguayos al verse traicionados por los políticos, tal y como sucede en España.

El sistema productivo de Uruguay no ha cambiado. Mujica obedece los dictados del FMI y el Banco Mundial, en detrimento de los trabajadores, que han visto, decepcionados, cómo la socialdemocracia ha tomado el control y ha dejado a Uruguay dependiente del capital extranjero. Después, Mujica sale al exterior con su imagen austera, su discurso grandilocuente y filosófico que a todos agrada y sorprende pero, a pesar de haberse conseguido cosas, el gobierno se vendió al capitalismo y a las grandes empresas, incumpliendo el viejo programa del FA.

El problema principal, del cual se deriva el resto, es que Mujica y su equipo han negado la lucha de clases. Suyas son frases como “Para que haya redistribución, los capitalistas han de ganar dinero”. Esto es un absurdo. No se puede redistribuir partiendo de la base de que las empresas gozan de grandes beneficios, exenciones fiscales y que no se les imponen apenas condiciones al instalarse en Uruguay. Mujica aboga por “sacar lo mejor del sistema” pero, ¿cómo sacar lo mejor de las transnacionales, que se instalan porque pagan escasos impuestos, tienen a los trabajadores en condiciones precarias y no respetan el medio ambiente? Se está actuando como si se pudiese gobernar para los ricos y para los pobres a la vez, cuando tienen intereses de clase contrapuestos. Como digo, el principal problema es la negación de la lucha de clases. ¿Existe redistribución posible sin tocar los privilegios del poder económico? ¿Se puede gobernar para el poder económico y para la gente de la calle por igual? Claramente, no. La prueba es que, a pesar del enorme crecimiento del PIB del país en los últimos años, no ha habido una redistribución eficiente que haya beneficiado a los trabajadores tanto como debiera y, sin embargo, los ricos se han enriquecido como nunca. Se trata de la clásica política socialdemócrata.

No es extraño que los grandes medios alaben a Mujica. Las políticas del presidente uruguayo benefician enormemente a los propietarios de los mismos. Si hubiese incorporado el antiguo programa del FA, cuyas propuestas giraban en torno a no pagar la deuda externa ilegítima, una reforma agraria que favoreciera a los trabajadores o nacionalizar la banca; ni Jordi Évole le habría entrevistado ni tendríamos la imagen que tenemos de él. Los medios se habrían encargado de mostrárnoslo como un dictador más y todo el mundo lo aceptaría a ciegas, como aceptan ahora que es el mejor presidente del mundo, sin saber qué políticas ha llevado a cabo y cómo estas han repercutido en la clase obrera uruguaya. Si se legisla en favor de los intereses del capital, los medios controlados por el mismo te presentan favorecido, si lo haces en favor de los trabajadores (y, por consiguiente, en contra del capital), esos medios te muestran al mundo como un político antidemocrático. Ejemplos hay de sobras.

En definitiva, por muy buenas intenciones que tuviese Mujica tanto en sus años de tupamaro como en la actualidad, que no las pongo en duda, un país no se cambia sobre la base de la actitud de una persona (aunque sea el presidente), sino sobre la organización y la construcción de un tejido social fuerte y crítico y unas políticas concretas dirigidas a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. No podemos creer a ciegas, como se hace en España, que Uruguay va perfectamente sólo fijándonos en el estilo de vida de su presidente (aunque este sea admirable, como en su caso). Es necesario averiguar y adentrarse en las políticas que repercuten en la vida cotidiana de las personas para conocer su realidad. Sólo entonces podremos sacar conclusiones. Pero si únicamente nos quedamos con la filosofía y la fachada de su presidente, estaremos cayendo en la trampa de la clase dominante una vez más.

POR MARAT: Nunca me gustó Pepe Mújica y el franciscanismo de forma de vida que ostenta. Me parece una forma de presumir de bonhomía austera que sirve de señuelo para que no se mire a las políticas que practica, las cuales no difieren mucho de las que lleva a cabo Bachelet en Chile u Obama con sus pretendidos programas sociales y la defensa de los "derechos civiles" en su primer gobierno. Esto sólo es un modo de ir de progre. Ser revolucionario es otra cosa, por mucha forma de vida humilde que exhibas.

De no ser así el emperador del mundo, Obama, no diría de él "Mujica tiene credibilidad en el mundo y es un líder a lo largo de todo el hemisferio". Cuando un revolucionario lo es de verdad, el capital y el imperio lo ignoran o lo denigran y vilipendian, no lo convierten en una estrella en los medios de comunicación capitalistas. Saben que la clave más importante no es que tenga una casa muy humilde o un coche viejísimo -entre el aspecto mendicante de un Presidente y un modo de vida sin ostentaciones materiales ni acumulación indebida de bienes hay una distancia notable- Lo realmente importante es qué política lleve a cabo ese Presidente, qué intereses y a quiénes defienda, no ya de palabra sino con sus hechos. El resto es luz de gas sobre la política real que se lleva a cabo.

Fuente: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2014/05/pepe-mujica-y-la-revolucion-olvidada.html?showComment=1400573674190#sthash.ewq8xUXj.dpuf

Historia Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros

Por Julio Marenales: Fundador del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Integrante del Comité Ejecutivo del MLN-T.

Para comprender la aparición de una organización clandestina en la década de los sesenta, es necesario describir brevemente el marco histórico en el cual se desarrolló.

El Uruguay, por mucho tiempo fue categorizado como la "Suiza de América". El fundamento objetivo de esta categorización estaba dado por varias razones.

Era un país con menos de 3 millones de habitantes, con una densidad demográfica de unos 16 habitantes por kilómetro cuadrado, con población integrada en su mayor parte por descendientes de inmigrantes europeos. Eso, además, dio de hecho un peso a los elementos culturales europeizantes, los cual marcó una gran diferencia con el resto de la América Latina, de fuertes influencias afro-indígenas. En el Uruguay la cuestión indígena fue saldada en el siglo pasado con el exterminio de la población aborigen. Más allá que esa población revistó en los ejércitos artiguistas y se mixturó con la población de la campaña, lo que hizo que la influencia de lo indígena en la nacionalidad se expresara de manera poco ostensible pero nada despreciable.



La economía del Uruguay tiene su principal fundamento en el campo. No hay minerales, por lo menos en cantidad explotable, no hay petróleo, que se sepa, por lo tanto la única fuente de riqueza es la tierra. En el Uruguay el principal rubro económico es la ganadería. Esta se sigue practicando en forma extensiva, con pasturas naturales. De esta manera, el máximo de animales que puede soportar el campo uruguayo, es de 9 millones de cabezas de ganado vacuno. La ganadería, desde el tiempo de la colonia hasta alrededor de 1930, tuvo un desarrollo sostenido. Pero a partir de esa fecha, cayó en un estancamiento, del cual sólo sería posible salir con un cambio muy profundo en el modo productivo. Pero está demostrado que cada terrateniente en particular no está dispuesto a encarar ese cambio.

Como indicación muy esquemática podríamos decir lo siguiente: a principios de siglo, cuando el Uruguay tenía 1 millón de habitantes, en números redondos teníamos 9 millones de cabezas de ganado vacuno. Quiere decir que como poder de compra, teníamos 9 cabezas de ganado vacuno por habitante. Cuando la población se acercó a los 3 millones el poder de compra en el comercio exterior se redujo a la tercera parte. Dado que la redistribución de los ingresos ganaderos es lo que ha sostenido la actividad económica del país, una reducción tan drástica de los ingresos relativos, trajo graves consecuencias, en el largo plazo. Las consecuencias económicas del estancamiento productivo no se notaron en lo inmediato, pues la segunda guerra mundial, por un lado permitió vender toda la carne disponible tanto vacuna como ovina, y por otro lado redujo drásticamente las importaciones de todo tipo, debido a que las potencias centrales volcaron toda su capacidad productiva al esfuerzo de guerra. O sea, que hubo una especie de ahorro forzoso. Pero además, comenzó el desarrollo de una industria de sustitución de importaciones que generó muchos puestos de trabajo y dinamizó el mercado interno.

Hacia la ruptura.

Finalizada la segunda guerra mundial y cuando sus efectos benéficos para el Uruguay comenzaban a mermar, la guerra de Corea trajo un cierto respiro. Pero eso no duró mucho. Se inició entonces una espiral inflacionaria que comenzó a afectar seriamente el poder de compra de los salarios. La clase obrera, que con el relativo desarrollo industrial había crecido y se había fortalecido, se lanzó entonces a la resistencia de las medidas restrictivas en materia salarial, defendiendo el poder adquisitivo de los salarios logrados en años de lucha. Al mismo tiempo pelea por organizarse y por niveles de salarios dignos, al punto de que también en ese aspecto el Uruguay se destacaba del conjunto de la geografía latinoamericana. Las clases dirigentes del país acusaban a los trabajadores organizados de ser los responsables de la inflación, por los continuos aumentos de salarios que reclamaban. Comenzó una escalada represiva contra los trabajadores organizados.

En ese marco económico social, al comienzo de la década de los '60, se organizaron los trabajadores de la caña de azúcar en el Norte del país. Estos trabajadores trabajaban y vivían en condiciones infrahumanas. Organizaron marchas recorriendo el país, caminando, cruzando pueblos y ciudades del Interior informando de su situación. Primero plantearon el cumplimiento de las leyes que existían para los trabajadores rurales, que por cierto eran malas leyes, pero ni esas cumplían las patronales de las plantaciones de caña de azúcar. Luego plantearon la expropiación de un latifundio improductivo, que ni tan siquiera era explotado con los métodos tradicionales. Este latifundio tenía una superficie de 22.000 hectáreas. En un país en el cual se acusaba a los trabajadores de ser responsables de la inflación, los trabajadores cañeros del departamento de Artigas pedían tierras para trabajar. Los cañeros realizaron cuatro marchas hacia la capital, Montevideo. Recibieron apoyo solidario de mucha gente. Un grupo de militantes provenientes de los partidos de izquierda, de los sindicatos y militantes independientes, resolvieron dar un apoyo decidido a los compañeros cañeros. En el proceso de trabajo solidario, se fueron haciendo una serie de constataciones. Una de ellas y muy importante, era que el gobierno, ante las demandas de gente que quería trabajar, contestaba con dura represión, violando una legalidad que él, primero que todos, tenía que respetar. Por otra parte la represión contra los trabajadores era generalizada. Habían comenzado a organizarse bandas fascistas, se atentaba contra los locales de partidos políticos de izquierda, se atentaba contra personas, en algunos casos se les habían tatuado —con elementos cortantes— esvásticas nazis. Incluso fue asaltada la Universidad de la República por bandas fascistas con la complicidad del jefe de Policía de Montevideo. En el ambiente político se manejaba la posibilidad de un golpe militar, al punto que la única central sindical, la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), en 1964 aprobaba un Plan de resistencia al golpe de Estado.

El coordinador.

El apoyo militante al movimiento de los trabajadores cañeros se agrupó en un organismo que se denominó Coordinador, que precisamente, coordinaba la acción de las distintas personas que estaban realizando el trabajo solidario. Ante el clima de violencia, y reiteradas violaciones a la legalidad de las bandas fascistas con la complicidad policial muchas veces e incluso violaciones de la propia Policía, los militantes del Coordinador resolvieron actuar, llegando a no respetar las leyes vigentes, y si fuera necesario, utilizando incluso procedimientos violentos. En una de las marchas cañeras hubo violentos incidentes en Montevideo, donde resultó muerta una persona por un disparo efectuado contra los trabajadores por individuos de derecha. Se pretendió inculpar a los trabajadores y a raíz de ese episodio, Raúl Sendic, que era asesor letrado del sindicato de los trabajadores cañeros (UTAA) y al cual se le quiso adjudicar la responsabilidad del hecho, pasó a la clandestinidad. Los militantes del Coordinador cumplieron un proceso de discusión política de varios meses. En esa discusión se analizó la situación de la izquierda, los acontecimientos de la Revolución Argelina, la Revolución Cubana y los procesos de lucha política latinoamericana. Respecto a la izquierda uruguaya, se reconoció su aporte a las luchas sociales del Uruguay, pero se concluyó que había experimentado un proceso de adaptación al sistema, de tal modo que ya no generaba en los sectores populares reales ideas de cambio profundo de un régimen que progresivamente iba extendiendo la pobreza en más amplias capas de la población. Debe tenerse presente que la fuerza más importante de la izquierda era el Partido Comunista, muy supeditado a la geopolítica de la ex Unión Soviética y por lo tanto enfocando su accionar político por las necesidades del enfrentamiento Este-Oeste. En esas discusiones se efectuaron críticas muy duras contra lo polemista de la izquierda y su fragmentación. También se analizó el descreimiento de la gente hacia las políticos, que habían llegado a graves posturas demagógicas. Durante ese proceso de discusión, en el seno del Coordinador se fueron perfilando dos tesis, ambas con el fundamento de la necesidad de comenzar a actuar en política de un modo diferente.



La identidad tupamara.

Una tesis sostenía el planteo clásico del partido político con su aparato armado. La otra tesis, proponía un planteo estratégico defensivo, y la estructuración de una organización político-militar, pues desde siempre, las clases adineradas que han detentado el poder real y el control del Estado con sus aparatos coercitivos, han recurrido a la violencia, cuando la resistencia a su opresión, por parte de los pueblos, se ha vuelto peligrosa para sus intereses y privilegios. Finalmente se arribó a un Congreso, que se denominó Convención en el cual se definió la cuestión.

Se aprobó la tesis político-militar, se estructuró un reglamento, se aprobó una Estrategia Defensiva, pues la correlación de fuerzas era totalmente desfavorable para el movimiento popular. Iba a ser una organización clandestina, cuya primera tarea sería construir las bases materiales para una organización de este tipo. Sus objetivos políticos serían una paciente acumulación de fuerzas, más precisamente, una contribución a la acumulación de fuerzas del campo popular, ya que nunca se pensó que una sola fuerza política sería capaz de resolver los problemas de un país.

La organización se definió como socialista desde el principio. Con esto se quería significar solamente una sociedad en la cual el centro de la actividad humana fuera el hombre y no la ganancia. Esa sociedad se iría conformando en el proceso histórico. El MLN nunca tuvo ni tiene modelo de sociedad. Se entendió —y se sigue pensando así— que cada pueblo con su historia y su idiosincrasia se irá dando las formas sociales necesarias a su desarrollo. Se salió de la Convención sin nombre, que se adoptó meses después. La Convención se efectuó en enero de 1966. La designación de la nueva organización como Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros tiene como fundamento la manera cómo el MLN ha entendido y entiende que se darán los procesos de lucha político- social en nuestros países. Partimos del reconocimiento de nuestra condición de países dependientes. Imposible que un pueblo pueda decidir sobre su destino si no rompe los férreos lazos de dependencia. Entra aquí la cuestión nacional. En esta lucha, para el MLN, es necesario aglutinar todas las fuerzas posibles, aún aquellas que no se planteen un cambio social profundo, pero que sí estén dispuestas a enfrentar al Imperialismo, por ser también sus víctimas. Esta concepción se enfrentó en su momento con la que sostenían los partidos comunistas, que estaban definidos por la confrontación Este-Oeste.

La Organización comenzó a construir las bases materiales que se había propuesto.



El 22 de diciembre.

En diciembre de 1966, en la preparación de una operación de finanzas, hubo un enfrentamiento con la Policía en el cual resultó muerto un compañero. Comenzaron a realizarse detenciones de amigos de ese compañero, entre los cuales lógicamente había integrantes del MLN-T. Su dirección consideró que desde el punto de vista de la seguridad era necesario que varios compañeros y compañeras pasaran a la clandestinidad. Este suceso ocurrió el 22 de diciembre de 1966. A partir de esa fecha en el transcurso de los días, fueron pasando a la clandestinidad unos 22 compañeros. La Policía allanó locales, en uno de los cuales en un enfrentamiento murió otro compañero. Toda la infraestructura montada fue desmantelada. Hay que agregar la pérdida de las casas de los compañeros y compañeras que pasaron a la clandestinidad, que aunque sus familias ignoraban esas actividades, para muchos efectos las casas prestaban utilidad. Fue un momento muy difícil que se pudo superar gracias a la solidaridad de gente que no sabían en realidad qué era esa organización que de pronto aparecía a la luz pública. Antes de este suceso del 22 de diciembre, había operado incluso utilizando el nombre de Tupamaros, pero más bien parecía un grupo que una organización estructurada. La Organización se había venido planteando un crecimiento muy cuidadoso, atendiendo que para ingresar e integrar una organización clandestina, es necesario aprender las reglas de funcionamiento clandestino que son muy estrictas. El acontecimiento de diciembre obligó a un cambio total en el enfoque. Se vio que era necesario un trabajo político y un crecimiento, como única manera de asegurar la continuidad de la Organización. La primera tarea que se hizo necesaria, fue construir nuevamente una infraestructura mínima, ya que no era correcto comenzar un trabajo político desde los locales que nos habían brindado la solidaridad. Se comenzó a construir cabañas en los balnearios pues era la zona donde existían menores dificultades para adquirir terrenos. Además, la construcción de las cabañas proveía la cobertura apropiada para pasar desapercibidos. Comenzó un lento crecimiento tanto en infraestructura como numérico. Se instaló una nueva base en la zona denominada Pajas Blancas. Esa base es la conocida como "Marquetalia". Posteriormente se instaló otra base cerca de la ciudad de Pando.

Mientras se construía esa infraestructura, por un tiempo la Organización se mantuvo sin operar. Había ganado las elecciones el general Gestido, persona con prestigio de honesto y que había despertado esperanzas en mucha gente. Era necesario esperar su desgaste. Pero la espera no fue larga pues este hombre murió y lo sucedió el vicepresidente Pacheco Areco. Pacheco Areco actuó con mano muy dura. Gobernó con medidas permanentes de Pronta Seguridad, es decir, Estado de Sitio. Fue una dictadura disfrazada. Tuvo la habilidad de no disolver el Parlamento, pero lo desconoció por completo y gobernó por decreto.

La toma de Pando.

Ante la nueva situación creada, el MLN, comenzó una escalada operativa que llega al copamiento de la ciudad de Pando. En esa operación se toma el cuartelillo de Bomberos, la central telefónica, dos bancos de los cuales se expropia el dinero y la Comisaría, en donde hay un enfrentamiento con heridos y un muerto por parte de la Policía. La operación, bien ejecutada en su primera parte, por errores cometidos en el repliegue deviene en un fracaso militar. Mueren tres militantes y son apresados una treintena, entre ellos un compañero de dirección. Paradojalmente, con la operación Pando ocurrió un fenómeno que también se dio el 22 de diciembre de 1966. A una derrota en el plano militar sucedió un crecimiento político. Ese crecimiento que tuvo lugar después de Pando, a la larga marcó a la organización y fue uno de los factores que contribuyó a su derrota posterior. El crecimiento tan acelerado no permitió la formación adecuada de los militantes clandestinos. Este no sólo se dio a lo interno, sino también a lo externo. Comenzaron a surgir los CAT (Comités de Apoyo a los Tupamaros). Algunos de esos CAT tenían contacto con la Organización, pero probablemente la mayoría eran "silvestres", que actuaban autónomamente integrándose intuitivamente en los lineamientos estratégicos del MLN.

Estrictamente, el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros nunca fue una guerrilla. Realizaba operaciones de pertrechamiento y de propaganda armada. La guerrilla, en cambio, es una forma de acción militar. Su objetivo es destruir las fuerzas vivas y materiales del enemigo. El MLN se planteaba una estrategia de acumulación política. Se diferenciaba del resto de la izquierda tradicional en su metodología de acción política. Se realizaron muchas operaciones de copamiento para hablar con los trabajadores y hacer planteos políticos. El MLN estaba estructurado en columnas, que integraban alrededor de 100 personas, además de lo que se llamaba" la periferia de apoyo"de cada columna.



El principio organizativo era de círculos concéntricos. Al centro, en el núcleo interior, estaba la organización, hacia fuera los círculos se iban ampliando y su relación era más laxa. La necesidad de un trabajo político cada vez mayor obligó a organizar una columna política. Se le llamó la columna 70. Esta columna, a su vez, era la que tenía el vínculo con un organismo legal que se creó y que fue cofundador de la coalición de izquierda Frente Amplio. Ese organismo se llamó Movimiento de Independientes 26 de Marzo, por la fecha en la que el Frente Amplio salió a la luz pública.

Los caminos del golpe de Estado.

La acción clandestina en territorio dominado por el enemigo es muy costosa y se tienen grandes pérdidas humanas y materiales. Ante la necesidad de rescatar de las cárceles la experiencia acumulada en los militantes que se encontraban en prisión, la dirección resolvió organizar fugas de prisioneros.

El 8 de marzo de 1970, fugaron de la cárcel de mujeres 8 compañeras por el portal de la capilla del establecimiento.Posteriormente, en la noche del 29 al 30 de julio de 1971, 38 militantes fugaron por un túnel realizado desde afuera por sus compañeros. Finalmente, por otro túnel que se excavó desde adentro de la cárcel de Punta Carretas, en la madrugada del 6 al 7 de setiembre de ese mismo año se fugaron 111 militantes. Si bien las dos fugas proporcionaron una militancia experimentada, también es cierto que recargaron a una organización clandestina con integrantes también clandestinos. La organización era clandestina pero sus integrantes en su mayor parte eran personas legales. Ante el intenso accionar de la organización el gobierno, con el apoyo del Parlamento decretó el Estado de Guerra Interno. Junto con esta medida se unificaron las fuerzas represivas. La Policía, que era la que tenía a su cargo la represión, había sido desbordada. Ahora con las fuerzas conjuntas ( el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea) se integraban a la represión con amplios poderes. Se aplicó la tortura generalizada como medio de obtener información. Hubo graves violaciones a los derechos humanos, capítulo que aún hoy, 1997, permanece sin cerrar. Como se había dicho anteriormente, el crecimiento acelerado que había tenido lugar después de la derrota de Pando no permitió una transmisión adecuada de las normas de funcionamiento clandestino, y por lo tanto la compartimentación, elemento clave de la seguridad, no se mantuvo con rigurosidad. La compartimentación debía mantener a la Organización dividida en compartimientos herméticos separados, de modo que si la represión destruía una parte, las otras no quedaban afectadas. No hubo tiempo de desarrollar en la nueva militancia la actitud, que es lo esencial en la compartimentación, el no querer saber más de lo necesario para funcionar. Con la aplicación generalizada de la tortura, la represión pudo lograr elementos informativos suficientes como para desarticular al MLN. No fueron apresados todos los integrantes y colaboradores pero sí una cantidad tal que el conjunto perdió toda capacidad operativa. La mayor parte de los dirigentes de los distintos niveles fueron apresados o muertos, y se perdió la capacidad de regeneración, pues acto seguido de la derrota se instauró la dictadura militar, que barrió con el conjunto del movimiento popular, partidos políticos de izquierda, sindicatos, etcétera. Muchos militantes y simpatizantes del MLN pudieron irse al exilio, contribuyeron de manera importante a la solidaridad, pero no lograron reorganizar al MLN.

Tal vez la consecuencia más dramática de esta desarticulación , en el año 1972 fue que se constituyó en condición necesaria para el golpe de Estado del 27 de junio de 1973. La respuesta del movimiento obrero y popular fue una formidable huelga general con ocupación de los lugares de trabajo que duró quince días. Pero la fuerza del movimiento obrero ya estaba desprovista del apoyo militar que representaba el MLN, por lo que la dictadura cumplió con el diseño estratégico de su ofensiva, que jerarquizó el enfrentamiento con éste en un primer tramo de su avance, para luego caer sobre un movimiento popular inerme y carente de respaldo armado.

Durante todo el primer período de la dictadura, ninguna fuerza política tuvo presencia real -porque no fueron permitidos los partidos políticos, ni tan siquiera los de los representantes de la burguesía, los dos partidos conservadores del país, el Nacional y el Colorado-. La dictadura cívico-militar se fue desgastando, y además dejó de contar con el beneplácito de los Estados Unidos, agregado esto a que comenzó a gestarse, desde el comienzo de la década del ‘80, una resistencia sorda por parte del pueblo, todo lo cual hizo que los militares resolvieran replegarse en orden hacia los cuarteles. Hicieron un pacto con personeros de los partidos políticos y permitieron la realización de elecciones, que llevaron al gobierno nuevamente a uno de los partidos conservadores tradicionales del país, el Partido Colorado.



La reorganización.

Por la presión popular, el nuevo Parlamento aprobó una ley de amnistía, por la cual salieron en libertad todos los presos políticos. Los integrantes del antiguo Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, fueron convocados por los viejos dirigentes para discutir la pertinencia o no de la reorganización del MLN. Se realizaron tres plenarios consultivos que reunieron a unos 500 militantes. Esos plenarios facultaron a estas cabezas dirigentes a constituirse en una dirección provisoria, para convocar a todos los antiguos integrantes y simpatizantes para discutir los nuevos lineamientos políticos y resolver en una nueva Convención. Los presos habían sido liberados en marzo de 1985. Transcurrieron varios meses y en diciembre de ese año se reunió la Tercera Convención Nacional del MLN. En ella se establecieron acuerdos básicos, pero se hizo evidente que sería necesario un largo proceso de discusión y práctica social, para llegar a un conjunto de definiciones que sintetizaran las muy diferentes experiencias vividas por los militantes, en la cárcel, en los diferentes exilios y en el propio Uruguay. La Convención ratificó algunas definiciones establecidas en un encuentro clandestino realizado en 1968, que se le denominó Simposio. Esas definiciones se refieren a la utilización del Materialismo Dialéctico como herramienta científica para el conocimiento y transformación de la sociedad. Funcionamiento en el Centralismo Democrático, esto es, organismos de decisiones colectivas, responsabilidades individuales, supeditación de las minorías a las decisiones de las mayorías, distintos niveles de organismos con responsabilidad de dirección y, como elemento esencial, total democracia y participación en las instancias de toma de decisiones fundamentales y funcionamiento jerarquizado en las instancias de ejecución de tareas.

Se ratificó la concepción de continentalidad de la lucha, entendiendo que la liberación nacional de cada país dependiente será imposible sin una acción de conjunto por parte de los países dependientes. Entre otras resoluciones, también se aprobó un nuevo reglamento para el ordenamiento del funcionamiento político del MLN.

En general, los dirigentes de los partidos conservadores del Uruguay vaticinaron una corta vida a esta nueva aparición del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Este comenzó a desarrollar su tarea política. Hacia 1987, se iniciaron conversaciones con distintas personas y organismos políticos para ver si sería posible llegar a algunos acuerdos para un trabajo político conjunto. Esas conversaciones se prolongaron por espacio de más de dos años. Al final se lograron acuerdos que permitieron la conformación de un organismo político que se denominó Movimiento de Participación Popular (MPP), y que se definió como un movimiento de lucha por la liberación y el socialismo. Quiere decir que este movimiento no sería solamente de carácter electoral, sino de lucha política en todos los ámbitos posibles, también incluido el electoral. El Movimiento se presentó en las elecciones de 1989 logrando dos diputados. Actualmente, 1997, cuenta con dos diputados en la Cámara baja y un senador en la Cámara alta.

El M.L.N. hoy.

El MLN integra el MPP, como así también la coalición de izquierda Frente Amplio, porque considera que los instrumentos políticos tienen que ser diversos, para poder realizar la acción política en los diferentes ámbitos. El MLN sigue siendo una organización política relativamente cerrada, desde el momento que no se define como una organización de masas sino como una organización de cuadros y militantes. El aspirante a ingresar a ella, aparte de ser conocido y presentado por algunos de los integrantes del MLN, tiene que cumplir un proceso al cabo del cual y realizada una evaluación favorable, se integra como miembro pleno.

El MLN entiende que la lucha por la transformación profunda de la sociedad, esto es, una transformación revolucionaria, lo es no por los métodos utilizados, sino porque esa transformación abarcará todos los aspectos de la estructura social y será un largo proceso.


Esa transformación se irá operando a medida que el desarrollo social vaya conformando un nuevo tejido social, elaborando una nueva escala de valores, todo ello orientado hacia una nueva estructura , que tenga como centro las necesidades humanas de todo orden y en donde no exista la injusticia y la explotación del hombre por el hombre. Si bien se considera que en el fundamento último de la sociedad, está la forma cómo los integrantes de ella producen lo que necesitan para vivir, siendo que esas necesidades son valores de carácter histórico, o sea cambiantes en el tiempo, la transformación no se da de manera automática a medida que el ser humano va acumulando saber y experiencia, sino que hay una interacción permanente entre individuos y marco social.


Por ello, aunque los seres humanos están condicionados por el medio social en el cual han crecido, tienen un importante margen de maniobra, lo cual hace que el desarrollo social no sea lineal, en una sola dirección. Las civilizaciones desaparecidas son elocuente ejemplo de ello. Por lo tanto es necesaria la acción político-social para trabajar en el sentido del cambio social. Muy sintéticamente, eso es lo que fundamenta la actuación política del MLN. Su estrategia política es una estrategia defensiva de acumulación. Esto es así porque la correlación de fuerzas es desfavorable para el movimiento popular. Esa acumulación se entiende en varias direcciones: en aumento numérico de voluntades dispuestas a la lucha, en organización, en experiencia, en avances en el campo de la teoría, etcétera. Esa acumulación además tiene que operarse también en el plano internacional, con otras fuerzas progresistas y revolucionarias de otros países, pues el MLN nunca ha pensado que pueda ser posible el socialismo en un solo país. Se ha definido desde su aparición en la década de los sesenta, por la lucha prolongada. Manteniendo siempre su definición de lucha por los intereses de las clases explotadas, es partidario de todas aquellas alianzas políticas que sin contravenir aquel principio, permitan avances en ese sentido. El MLN no rechaza ningún método de lucha política, entendiendo que la metodología está condicionada por la coyuntura histórica.

No es una organización política electoralista, sin embargo participa en la lucha electoral, pero sin adjudicarle la principal importancia, considerándola un frente más. No considera los sistemas políticos establecidos, aún aquellos en los cuales se realizan elecciones, como verdaderas democracias. Para el MLN no existe la democracia como enunciado general. Han existido en el proceso histórico diferentes tipos de democracia. La democracia como la entiende el MLN, tiene por lo menos tres dimensiones: la política, la económica y la social. Con esto se quiere significar que los pueblos y no ciertas castas dirigentes, tienen que ser los que tomen las decisiones más importantes que afectan sus destinos.

Cuáles mecanismos participativos lo harán posible, será creación que surgirá en el proceso de desarrollo de la práctica social y no una elaboración de laboratorio político. El MLN considera que en el siglo veinte se han realizado importantes experimentos sociales a gran escala, sin embargo aún no se han encontrado fórmulas eficaces de participación social. La división de la sociedades en clases con intereses antagónicos es el escollo principal, por lo tanto es requisito indispensable la eliminación de las clases, que tienen una antigüedad de por lo menos 5.000 años. Es una tarea gigantesca.

Fuente: http://www.oocities.org/guerrillasenlatinoamerica/tupamaros.htm

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