sábado, 2 de agosto de 2014

"Un tipo listo y bueno en su trabajo": la clave del éxito en televisión

Tu héroe puede hacer un montón de cosas malas, puede cometer todo tipo de errores, puede ser perezoso y parecer estúpido, siempre y cuando sea el tipo más listo de la habitación y sea bueno en su trabajo


¿Qué ocurre si ese tipo listo y bueno en su trabajo... es un hijo de la grandísima puta?

...lo que nos importa en el fondo no son los conceptos morales abstractos de la bondad y la docilidad sino el poder real. Y por eso las cuatro series están protagonizadas por machos alfa tan admirados por los hombres como deseados por las mujeres. ¿Cínico? El mundo es así.


CRISTIAN CAMPOS

No creo que nadie pida las sales si afirmo que las cuatro mejores series de televisión de los últimos años son, en el orden que ustedes quieran, Los SopranoBreaking BadMad Men yThe Wire. Del proceso de creación de esas cuatro series habla el libro Difficult Men: Behind the Scenes of a Creative Revolution, de Brett Martin, publicado en inglés en junio de 2013 y todavía no traducido al español. Difficult Men es, resumiendo mucho, una recopilación de entrevistas con los creadores, guionistas, actores y productores de esas cuatro series y de algunas otras como Deadwood y A dos metros bajo tierra. Son gente como David Chase(Los Soprano), Matthew Weiner(Mad Men) y David Simon (The Wire), entre muchos otros.  
El título Difficult Men ("hombres difíciles") alude tanto a los protagonistas de esas series como a sus creadores. Estos últimos son en su mayoría individuos hoscos de mediana edad curtidos durante años como guionistas en series de TV de las que nadie se acordará en poco tiempo. Es decir, tipos de innegable talento que tuvieron que ver como sus mejores ideas y proyectos quedaban abandonados durante largos años en un cajón remoto de la productora de turno.
Las reglas de la TV obligaban a la búsqueda del mínimo común denominador capaz de captar al mayor número posible de telespectadores.

Lo que los diferencia del resto de tipos de mediana edad curtidos como guionistas en series de TV de las que nadie se acordará en poco tiempo es que Chase, Weiner y Simon consiguieron un día, y eso es lo que se explica en el libro, que un medio tan conservador, asustadizo y renuente al temperamento artístico como la televisión confiara en unas ideas que subvertían por completo las viejas reglas de la industria. Unas reglas que habían obligado tradicionalmente a la búsqueda del mínimo común denominador capaz de captar al mayor número posible de telespectadores y de molestar al mínimo número posible de ellos. En cierta manera, el éxito de esta nueva hornada de creativos supuso para la TV lo mismo que la llegada del Cruyff entrenador al F.C. Barcelona: la constatación de que el juego bonito no es simplemente una opción estética más sino el camino más directo al éxito. Al artístico y al comercial.  
La afirmación anterior tiene muchos matices: no es lo mismo la televisión en abierto que la televisión por cable, Twin Peaks no dejaba de ser una serie de autor con unas pretensiones intelectuales a años luz de las habituales por aquel entonces en la pequeña pantalla, series como Seinfeld o Los Simpson ya habían dado señales de indomabilidad con anterioridad, etcétera. Pero a los efectos de este artículo basta con saber, y eso es una obviedad, que estas cuatro series revolucionaron la televisión. Y utilizo la palabra revolución no en el sentido en el que se utiliza esta con frecuencia (“¡esta lavadora es revolucionaria!”) sino en el tradicional. En el que está cargado de significado. Como dice un veterano de la TV en este artículo de The Guardian, “esto no es como publicar la novela de un lunático o dejarle que dirija una película. Esto es darle al lunático el mando de una división entera de la General Motors”.
Los protagonistas de Los Soprano y Breaking Bad resultan entrañables no pese a sus defectos sino gracias a ellos.

Lo extraño de las revoluciones, por traumáticas que sean, es lo rápido que nos acostumbramos a sus efectos y los damos por sentados cuando hasta hace poco nos parecían inimaginables. Y es que hoy en día nos parece lo más normal del mundo lo que en 2000 sonaba aberrante: que una serie de cinco, seis y siete temporadas se olvidara del maniqueísmo moral, exigiera intelectualmente a los espectadores hasta extremos nunca antes vistos en TV y escupiera sobre los conceptos tradicionales de héroe y villano. ¿Qué es lo que tienen en común esas cuatro series? ¿Qué es lo que las ha hecho conectar de una forma tan visceral con una nueva hornada de espectadores de gustos mucho más elevados que los de la media del público televisivo tradicional? Pues precisamente que los protagonistas de Los SopranoBreaking BadMad Men y The Wire son egoístas, mentirosos, machistas, violentos y manipuladores. Pero también admirables. Y entrañables. Entrañables no pese a sus defectos sino gracias a ellos.
En el mismo artículo de The Guardian antes mencionado se cita un consejo que Stephen J. Cannell, el productor de El Equipo A (entre otras series), le dio a David Chase, creador de Los Soprano: “Tu héroe puede hacer un montón de cosas malas, puede cometer todo tipo de errores, puede ser perezoso y parecer estúpido, siempre y cuando sea el tipo más listo de la habitación y sea bueno en su trabajo. Eso es lo que le pedimos a nuestros héroes”.
Es una observación de una finura y una perspicacia extraordinarias. Porque la diferencia entre las series de TV del siglo XX y las del XXI es exactamente esa. Las primeras seguían a rajatabla la máxima de Cannell… siempre y cuando el héroe perteneciera al bando de los buenos. Pero las series del siglo XXI han llevado la frase a su corolario lógico. ¿Qué ocurre si ese tipo listo y bueno en su trabajo... es un hijo de la grandísima puta?
Y es por eso por lo que Los SopranoBreaking BadMad Men y The Wire han empatizado con el telespectador. Porque mientras las series que las precedieron entretenían, a veces incluso con inteligencia, ellas han ido un paso más allá. Han conectado con la verdadera naturaleza humana, esa que admira, respeta y se encariña del macho alfa no porque encarne los valores que, se supone, la mayor parte de los seres humanos deberían considerar como positivos y deseables, sino porque encarna aquellos que lo son en la vida real: el hecho de hacer bien tu trabajo, sea ese matar, sea cuidar de tu familia sin importar los cadáveres reales o metafóricos que caigan por el camino o sea hacerse con el cliente más deseado aplastando a la competencia con todos los medios a tu alcance.
La clave del triunfo de esas cuatro series, en definitiva, no radica en aquello que dicen acerca de sus protagonistas sino en lo que revelan de nosotros los espectadores: que lo que nos importa en el fondo no son los conceptos morales abstractos de la bondad y la docilidad sino el poder real. Y por eso las cuatro series están protagonizadas por machos alfa tan admirados por los hombres como deseados por las mujeres. ¿Cínico? El mundo es así. Lo raro es que la televisión haya tardado tanto en darse cuenta de ello.


When I was seventeen - Frank Sinatra


viernes, 1 de agosto de 2014

El proceso de colonización e independencia de Argelia

Historia de Argelia hasta el siglo XX

Los reinos que se formaron en Argelia desde la más remota antigüedad estuvieron vinculados a los dos centros de polarización política de la región: Túnez, desde la época cartaginesa (siglo X a.C.), y Marruecos, a partir de la conquista de la península ibérica por los árabes (711 d.C.). Esa posición intermediaria hizo factible que allí se concentraran los desconformes con la discriminación establecida entre los musulmanes de nacimiento y los recién convertidos. El desacuerdo atrajo al pueblo hacia la secta jariyita, que promovía principios de igualdad y la creencia de que los califas no debían obligatoriamente ser descendientes de Mahoma o su familia: así, cualquier musulmán podía ascender al califato sin tener en cuenta su estirpe, color o estatus social. Este grupo religioso apelaba especialmente a los bereberes (derivado de cómo los romanos los llamaban: «bárbaros»). Habían resistido la invasión árabe en el siglo VII, pero finalmente fueron convertidos al Islam y desempeñaron un papel en la conquista árabe de la península ibérica. Los bereberes permanecieron subordinados a los árabes, quienes dominaban políticamente pese a ser menos en número. En el siglo XII, invasiones de beduinos árabes destruyeron la economía agraria de los bereberes en la costanera del norte africano. Como resultado, muchos se volvieron nómades.



Al entrar en crisis el Imperio Almohade, Yaglimorassen ibn Ziane instauró un nuevo Estado en el litoral argelino, que experimentó un auge económico y cultural: se sedentarizaron los nómades y se consolidaron las fronteras. Los zianidas gobernaron el país entre 1235 y 1518 y debieron enfrentar las incursiones militares españolas que obtuvieron algunas posiciones como Orán luego de que en España los cristianos terminaran en 1492 con siete siglos de dominación musulmana.

Junto con Túnez, Argelia se convirtió en posesión otomana en el siglo XVI. Los hermanos Arroudj y Kheireddine expulsaron a los españoles de sus costas y extendieron la autoridad del Estado sobre un vasto territorio. La potencia de su flota lo hizo respetado y su soberanía fue reconocida en sucesivos tratados (con los Países Bajos en 1663, Francia en 1670, Inglaterra en 1681 y Estados Unidos en 1815).

La producción de trigo creció hasta volver a ser exportable, por primera vez, desde la invasión hilaliana (ver Mauritania). Esta exportación sería la causa indirecta de la intervención europea: a fines del siglo XVIII, el gobierno revolucionario de Francia compró a Argelia grandes partidas de trigo que no pagó; Napoleón y la monarquía restaurada dieron largas al asunto hasta que en 1830 el rey de Argel exigió enérgicamente al cónsul francés el pago de la deuda. Al recibir nuevas disculpas y dilatorias, respondió con un fustazo en el rostro del perplejo funcionario. El desplante del bajá turco costaría caro: 36.000 soldados franceses desembarcaron para «vengar la ofensa», pretexto que Francia esgrimió para poner en práctica sus ya maduros planes de instalar una colonia en el litoral africano frente a sus costas.

Presencia francesa en Africa durante el siglo XIX:

Muchas razones determinaron el paso del imperialismo marítimo-mercantil al imperialismo colonial en la segunda mitad del siglo XIX. En África esto se dio relativamente tarde, pero Argelia constituía una excepción. En 1830, Francia había ocupado el país, en soberanía del Imperio Otomano. La experiencia colonial argelina fue muy amplia y diferente a la de los demás países. Ciento treinta y dos años fue Argelia colonia francesa, desde el 5 de julio de 1830. Durante esos años la colonización francesa había tenido modo de expresarse cumplidamente, realizándose en la versión extrema de la asimilación política y cultural, tanto como para hacer necesariamente extremada la reacción del pueblo colonizado, obligado a recurrir a la revolución para encontrar su propia identidad. El interés de Francia por Argelia se remonta a la época napoleónica. La política colonial francesa había sufrido un vuelco en las últimas décadas del reinado de los Borbones a raíz del engrandecimiento de la Corona Británica, ya que en la guerra de los siete años logró una victoria casi total. También Napoleón había pensado en las colonias en la época de las conquistas europeas, un ejemplo de esto fue la aventura en Egipto. Napoleón eligió Argelia para castigar al rey por su errónea jugada entre Francia e Inglaterra. Los planes para la conquista se llevaron a cabo recién en 1830 por Carlos X. Argelia representaba un lugar ideal y estratégico para un imperio como Francia, decidido a fundar colonias en África septentrional. Luego de la restauración, Francia reemprendió un programa de expansión colonial, con una idea netamente imperialista.


[Sucesivas dominaciones extranjera del Mogreb:]

Argelia se encuentra en el centro del Mogreb, llamado también "Isla del Occidente". En conjunto, se la llamaba a Argelia, Trípoli y Túnez, Estados Berberiscos. Argelia era el país más conocido en Europa, por sus corsarios en el mar. Pero el refugio de los corsarios se transformó en un centro de gran actividad comercial con Francia y Europa; así se formó una red de tráficos legales e ilegales, que eran los más, amenazando el comercio marítimo de las otras potencias. Argelia no disponía de una autoridad política, para competir con una potencia técnica y militar superior. El Mogreb pasó por lo que Gautier llamo "una cascada ininterrumpida de dominaciones extranjeras", que significaba un constante reemplazo donde los turcos reemplazaron a los árabes y éstos a los bizantinos. Por el año 1671, la autoridad del bey, no se extendía más allá de la capital. Sólo en el siglo XVIII, el gobierno del bey alcanzó un nivel de relativa seguridad y a fines de siglo, el bey consiguió el título de bajá, que implicaba una semiindependencia. La disminución de los ingresos de la piratería y la concentración de los beneficios en las casas de comercio europeas debilitaron económicamente la regencia, haciéndola deudora de grandes potencias. Fue por una disputa financiera entre Argelia y Francia el pretexto, luego de varias tensiones e incidentes, para que en 1830 desembarcaran en tierras del bey de Argel las tropas francesas.


[Ocupación francesa (1830):]

"Veinte días han sido suficientes para abatir a un Estado cuya existencia hacia tres siglos que exasperaba a Europa", afirmó el General Bourmont, jefe de expedición francesa. Políticamente hablando, Argelia no era un Estado sino parte del Imperio Otomano. Desde Constantinopla no llegaron ayudas para Argelia, ni tampoco por parte del Gobierno de Londres, defensor de los otomanos y enemigo principal de Francia. El reino de Carlos X tenía finalmente en su colonia la diversión esperada y la popularidad, que por cierto no le sirvió para salvar el trono luego de revocar la Carta Constitucional de 1814. La conquista militar de Argelia no fue nada difícil. Las tropas de Bourmont desembarcaron el 14 de junio de 1830 en Sidi Ferruch, veinticinco kilómetros al oeste de Argel. El 5 de julio el bey firmó una capitulación y partió al exilio. La capitulación de Hussein no era la rendición de Argelia. La colonización duró así hasta la Primera Guerra Mundial y la conquista militar, poco menos y a través de numerosas etapas. Cornevin distingue cuatro etapas:

    la de las ocupación restringida, desde 1830 a 1841 (cuando Francia tropezó, con el emir Abdel Kader, el jefe capaz de movilizar en Argelia una fuerza de dimensiones casi nacionales)

    la de 1841 a 1847, dominada por la guerra contra el mismo Abdel Kader
    la comprendida entre 1847 a 1857, con la conquista de Aurès, de los oasis meridionales y, el fin, de la Cabilia,

    y de 1857 a 1871, con la represión de las ultimas insurrencias locales."

El criterio predominante en que se inspiró la política colonial francesa en Argelia fue el de la asimilación. Argelia, incapaz de una unidad política y de la independencia, se convirtió en el teatro de una dislocación integral, mediante una transposición de todo un patrimonio de leyes y de costumbres, además de la imposición de un poder extraño. En Argelia la asimilación adquirió caracteres todavía más vinculantes, porque las condiciones climáticas favorables hicieron de ella una colonia de poblamiento. La conquista de Argelia había sido prematura respecto a la fase de desarrollo del colonialismo, Francia no tenia entonces una política colonial. Pero el gobierno francés se adhirió rápidamente a la idea de fundar en el norte de África una importante colonia. A pesar de esto, la política francesa en Argelia fue improvisada e indecisa y confiada a la iniciativa de cada uno de los gobernadores. Los continuos cambios institucionales un Francia sometieron a la administración a inevitables contragolpes. Llevada a término por Carlos X la constitución de las bases de la colonia, en la veintena aproximadamente del reino de Luis Felipe depuesto en 1848, los administradores franceses estuvieron ocupados sobre todo con la conquista. A falta de un sistema centralizado, la conquista se dispersaba en múltiples episodios, desangrando en guerras sin fin a las fuerzas francesas, que encontraron en las regiones más inaccesibles de la Cabilia las mayores resistencias, y afligiendo al os argelinos con matanzas y destrucciones indiscriminadas. Francia celebró la aparición de un líder como Abdel Kader, que tenía los poderes y las capacidades para dar a Argelia una unidad. El choque final con Kader debía ser, en efecto, la solución del problema de la conquista. Aunque Abdel Kader se apropio del nacionalismo argelino, Francia encontró en él un aliado.

[Resistencia del sultán Abdel Kader:]

En 1832, Abdel Kader fue elegido sultán de las tribus Hashem de Mascara, en el Oranesado, entrando en contacto con la penetración francesa desde una posición de reconocida potestad. Su prestigio aumentó notablemente con el tratado que en 1834 estipuló con Francia para definir las respectivas zonas de influencia. De 1834 a 1841, la expansión francesa se vio condicionada así por la necesidad de mantenerse fiel a los acuerdos con el mismo Abdel Kader en la parte occidental del territorio, y con el bey Ahmed en la región de Constantina. El punto culminante de su poder fue sancionado por el tratado de Tafna. El tratado reconocía la soberanía del emir sobre las provincias de Titteri y sobre casi toda la provincia del Oranesado, excluía Oran, además de una porción limitada de la de Argel, con una superficie total equivalente a toda la ex regencia, excepción hecha de la zona de Constantina y pequeñas circunscripciones alrededor de Argel y Oran, donde ya se había instalado la colonización. Abdel Kader, hijo de familia noble, asumió en los primeros tiempos del colonialismo la tarea de la resistencia; supo desvincularse de los perjuicios de su posición social, ampliando las dimensiones y significado de la rebelión. Abdel había adquirido mucho conocimiento de las realizaciones mas recientes en Egipto, que había emprendido un proyecto de reformas sistemáticas en los entes políticos y económicos; cuando regresó a su patria, Kader tenía una sólida idea política. Su actividad de condotiero, con las variantes vicisitudes de las operaciones militares y la derrota de 1829 no es exhaustiva para su personalidad y sobre el valor que su lucha ha tenido para el nacionalismo argelino. Un documento oficial de la Argelia independiente, la Carta aprobada en 1964 por el Congreso del Frente de liberación Nacional de Argel, menciona a Abdel Kader entre las "fuerzas auténticamente argelinas". Su mérito principal el la abrogación de ciertas instituciones típicas del feudalismo musulmán. Kader no unificó al estado porque había una gran anarquía en las tribus internas que no lo hacía posible.

Algunos historiadores de nuestros tiempos han iniciado a revalorizar la obra de Kader, que estaba desvirtuada porque los europeos que escribieron la historia lo contaron como si Abdel hubiera hecho una guerra santa regresiva en vez de una revolución nacionalista. En realidad la guerra que peleó Kader fue en defensa de las tierras y la religión, con un sentido de nacionalismo natural y unidad política. En 1847, cuando se rindió, Ben Salem, uno de los jefes de la Calibia, expresó sus sentimientos con respecto a esto. Y hasta el mismo Bugeaud rindió homenaje a la noble causa. Al caer Kader, su poder y la pacificación fueron abatidas por la fuerza, pero quedaban aun sin someter las tribus bereberes, que nunca habían suspendido su agitación y eran hostiles a la penetración francesa. La conquista de Cabilia se inició en 1848, en los tiempos de la segunda república. La batalla de Icheriden, en 1857 fue el episodio decisivo para la suerte de la guerra y la independencia de la Cabilia, y 1857 se considera, en efecto, el año determinante de la conquista, aunque en la pequeña Cabilia los levantamientos antifranceses se prolongaron hasta 1864. Entre 1849 y 1854 cayeron Aurés y los oasis meridionales. Se inició seguidamente a gran escala, sobre todo después de 1890, el avance en las regiones del Sahara, que adquirieron en 1903 estatutos de régimen especial bajo el calificativo de "territorios del sur". Una serie de revueltas menos espontaneas, seguidas de pesadas represalias, retrasaron 14 años mas la estabilización del poder colonial, que utilizó en la represión sistemas tales, como para desmentir cualquier intento de "civilización". La revuelta de Moqrani puede ser fácilmente vinculada con el preludio del futuro movimiento nacionalista, pues estaba alimentada por la frustración de las masas campesinas privadas de sus mejores tierras. De este modo se formó en Argelia una tradición de lucha en el sector campesino que un siglo mas tarde conseguiría la libertad de Argelia. La particular estructura del Estado de Argelia y la forma gradual que tuvo la conquista influyeron directamente en las soluciones constitucionales que elaboró Francia para la Colonia. El general Clauzel, que sucedió al legitimista Bourmont en 1830 a la caída del último Borbón, consiguió que Francia administrase directamente la faja costera, controlando el resto del país a través de los jefes musulmanes vinculados a Francia por tratados de protectorado. Una síntesis entre los criterios de asimilación y de la administración indirecta impuesta por la autonomía de gran parte de Argelia en cumplimiento del principio, entonces en rigor, de la "ocupación restringida". A esta concepción respondían los tratados con Abdel Kader antes del choque decisivo. En 1845 la colonia vio separada legalmente la dirección de las cuestiones militares del la administración civil, y es entonces cuando Argel queda dividida en tres provincias: Argel, Oran y Constantina; en cada una de ellas se diferenciaban las zonas civiles de las militares. Entre 1847 y 1848, la derrota del glorioso emir y la instauración de la segunda república en Francia aceleraron el curso de la conquista. La caída de Abdel Kader facilitó mucho a Francia ya que era la única amenaza que podía obstaculizar la conquista de toda la colonia. La sucesión de un régimen imbuido de fervientes sentimientos colonizadores, en contraste con la agnóstica incertidumbre de Luis Felipe, demasiado preocupado por los problemas internos y con la benevolencia de Londres, alentó el desarrollo de la colonización en todos sus aspectos.

[Afluencia de colonos:]

La instauración de una voluntad colonial declarada tuvo muchísimos efectos; por ejemplo y ante todo intensificó la corriente migratoria hacia Argelia, pues el pueblo francés de la segunda república veía en las colonia un desahogo de la crisis social de la metrópoli. Por algún capricho del destino fueron los obreros parisienes que habían vencido a Luis Felipe los que marcharon a Argelia para completar la obra del general Bugeaud (). En menos de dos años llegaron a Argelia al rededor de veinte mil franceses, dando comienzo al sistemático despojo de las tierras fértiles, que debía ser una de las notas dominantes de la colonización de Argelia. Se inventó otro pretexto, el de la "tierra vacante". El sistema administrativo se modificó a la luz de la nueva situación, proclamando a Argelia en 1848 "territorio francés" y dividiéndola en tres departamentos encabezados cada uno por un prefecto; departamentos que enviaban representantes propios a la Asamblea nacional en elecciones reservadas, naturalmente, a los colonos. Por otro lado los poderes del ministro de la guerra disminuyeron, se perfiló la distinción entre zonas militares y civiles y se crearon órganos ejecutivos y consultivos para favorecer la integración. Pero la simulación se quedó solamente en perspectiva, tanto, que de pronto fue sometida a debate. El eje de las contradicciones fue la imposición de la política del "reino árabe" por parte de Napoleón III, después de una visita personal a Argelia. Las directrices a las que se atuvo Napoleón III en un primer tiempo pueden sintetizarse en la fórmula "más capital y menos colonos".

Obvias razones de prestigio obligaban al emperador a repudiar la política de repoblación de una tierra lejana, tanto mas cuanto que la potencia financiera de los grandes complejos franceses empezaba a valorar las primeras formas de imperialismo bancario y comercial. Al principio se desarrollaron las premisas de la asimilación, pero en 1860, suprimido el ministerio de Argelia y rehecho el cargo de gobernador general, el sistema administrativo se empezó a parecer al sistema de administración indirecta de la escuela inglesa con detrimento de los elementos típicamente franceses de asimilación, mientras la jerarquía militar recobraba la supremacía sobre la civil con el decreto imperial del 7 de julio de 1864. El incremento natural de la población europea residente, la afluencia de franceses de compañías financieras e industriales y la llegada de técnicos para la construcción de obras públicas emprendidas por Francia, aumentaron considerablemente la población blanca en África y no permitieron una reducción eficaz de los blancos. De forma tal que al hundirse el segundo imperio los europeos de Argelia habían subido a 245.000, con el agravante de destinar el capital a los colonos y de constituir en Argelia una minoría provista de poder económico tal, como para aspirar inevitablemente a escalar puestos de mando. Sin embargo, el mayor impulsor de la colonización y centralización fue la tercera república, opina Cataluccio "Fue la gran época de la colonización francesa, tanto de la oficial como de la libre, de la proletaria como de la capitalista"(). Como aconteció en todas las posesiones coloniales, las divisiones verticales (en clases) desaparecieron ante las horizontales (en razas), ubicando a los blancos contra los árabes, mas allá del virtual interés común de los blancos pobres y de los campesinos árabes, proletarizados por las expropiaciones forzosas, contra los grandes colonos. La ley de confiscación promulgada en 1871 para castigar a las tribus cabilias protagonistas del levantamiento de Mohamed Moqrani y el decreto de 1878 sobre la nueva practica del arrendamiento y de la propiedad, dieron lugar a otros colonos. El problema era que hacer con los árabes. Algunos hablaron claramente de exterminio, otros, mas prudentes, de mancha de aceite, para empujar a los argelinos cada vez mas al sur. "Se desenvolvía así el drama más degarrador de la colonización argelina, el de la expulsión de las tribus de sus tierras ancestrales sin provecho real para la población francesa ni para la revalorización".

[Políticas de asimilación:]

De la misma manera procedería la reanudación de la política de asimilación. La administración de Francia en Argelia tuvo siempre el propósito de meter al país conquistado dentro de la matriz del conquistador. Una serie de decretos sobre la integración de la colonia en la ley francesa como prolongación de Francia en África se promulgaron en 1870, según la fórmula de las competencias separadas: ejecución en Argel, decisión y control en París. En 1881 el primer autentico gobernador civil, Albert Grevy, perfeccionó la asimilación con los decretos que pusieron a todos los sectores administrativos a las directas dependencias de los respectivos directores franceses, reduciendo al mismo gobernador al simple papel de portavoz del Gobierno Central, dotado de poderes casi exclusivamente nominales. La política asimilacionista, de acuerdo con la política colonial de Francia tropezaba en Argelia con los intereses consolidados de los colonos. El mismo Jules Cambón, gobernador de Argel decía que Argelia era demasiado distinta para asimilarse a la cultura francesa, pero también está demasiado próxima a Francia como para estar totalmente desvinculadas.



 En 1871 los colonos habían recobrado un lugar en el Parlamento de París y desempeñaban una indudable influencia sobre la gestión administrativa de Argelia, a través de los grupos de presión en Francia y de los órganos consultivos en Argelia, pero sus aspiraciones no estaban satisfechas. Para suplir la carencia de poderes, se habían constituido en comités luego de la derrota de Sedán. Los colonos querían gobernar Argelia por sí mismo, que en parte era una creación suya y que estaba convirtiéndose en su patria efectiva, no obstante las estrechas relaciones de su dependencia con Francia. Siendo así, en 1900, el gobierno francés aceptó llevar a cabo un principio de descentralización a favor de los colonos reformando el sistema de las competencias separadas y fundiendo en las llamadas Delegaciones Financieras con las funciones de las Asambleas Consultivas en el área de los impuestos. Para los colonos Argelia era Francia. Por eso, si bien excluía de cualquier derecho a los indígenas, no era incompatible, sino que debía incluso fomentarla con una autonomía cada vez mayor. En todo este proceso, la opinión de los argelinos tenía que adaptarse a una doble oposición entre el poder colonial francés y la pretención de los colonos de ser destinatarios virtuales de la política liberal del gobierno de París. El final de este período de acomodamiento coincidente con la pacificación y con la afluencia de los colonos, fue la ley del 19 de diciembre de 1900, que otorgó a Argelia personalidad jurídica, separando su presupuesto de los de Francia. En éste contexto, las Delegaciones de Hacienda instituidas en 1898 se transformaron en asambleas deliberantes que defendieron los intereses de los europeos residentes. Esta aparente descentralización es contraria a la idea asimilatoria del colonialismo francés. Argelia no escapaba como colonia a la cultura francesa y a la política de Francia. La asimilación se llevó a cabo a través de la mediación de los colonos residentes en el país norteafricano, a favor de los cuales debían entenderse todas las concesiones. "Ningún pueblo como el argelino ha padecido con más violencia, en todas sus consecuencias, este proceso de desposesión y alienación". Argelia arremetió contra todas las estructuras capaces de unir a la sociedad argelina. El velo había sido concebido como símbolo del código de la mujer argelina, sin embargo, el proceso de asimilación-alienación en los años de colonialismo se operó en dos sectores: el de la común fe islámica, y el régimen de los bienes raíces como elemento esencial de la producción de la sociedad árabe argelina. La organización religiosa constituía un punto vulnerable de la sociedad argelina. A partir de 1830, Francia concede a la administración colonial poderes de supervisión sobre la vida del Islam, confiscando los bienes inmuebles de las hermandades y legislando prácticamente toda la actividad religiosa.

[La tierra:]

La sociedad árabe - argelina se regía sobre la tierra, sobre el trabajo en el ámbito tribal , o sobre la simple vida en común. El colonialismo actuó contra la indivisión (destinada a defender la integridad del patrimonio contra el excesivo fraccionamiento, las incursiones extranjeras y la absorción de las pequeñas parcelas por los grandes latifundios). Ninguna medida económica a favor de los árabes ha podido compensar la crisis provocada por la pérdida de las mejores tierras de cultivo y por el continuo repliegue hacia las zonas semidesérticas del Sur. Marcel Egretaud, un historiador marxista, dice que las mayores consecuencias fueron catastróficas para el pueblo argelino, porque no se trataba de un cambio revolucionario parangonable con la destrucción, por parte de la burguesía, del orden feudal en Europa. Para hacer frente a las exigencias de la corriente inmigratoria, las primeras confiscaciones se adoptaron en perjuicio de los dominios del rey; siguió la transformación de los bienes de las organizaciones musulmanas, en bienes del patrimonio nacional. Con las ordenanzas de 1844 y 1846 se prescribir paso a los bienes del patrimonio nacional de todas las tierras incultas y de aquellas de las que los indígenas no pudieran presentar documentos de propiedad anteriores a la conquista francesa. Estas medidas se mostraron insuficientes ante el plan de repoblación a gran escala de la Segunda República y se promulgó la ley del 16 de junio de 1851, conocida como Carta de propiedades rústicas de Argelia, que aseguró al dominio estatal una parte de las tierras triviales. La carta, con el pretexto de proteger y garantizar la propiedad indígena, proclamaba la inviolabilidad de los derechos de las propiedades individuales o triviales, prohibía todo acto de enajenación sobre las tierras de las tribus y aseguraba al Estado una especie de derecho de prelación y de compraventa sobre las mismas. Otras leyes se promulgaron en 1871 y 1878. No es una casualidad que el centro de la resistencia durante todos los años de la conquista fuese el mundo rural. Ni la reacción se limitó a la simple defensa de los bienes, porque de aquella defensa se desprendía lógicamente un esfuerzo unitario con un preciso alcance político. Esta destrucción sistemática, determina una resistencia dotada por primera vez de los caracteres de unidad nacional. Sostenida por la espontánea revuelta del pueblo argelino, instintivamente nacionalista y patriótico, toda esta fase merece la clasificación de "revolucionaria".

El balance final de la colonización no deja dudas sobre su significado para la sociedad argelina. La nación argelina había desaparecido en todos sus valores (unidad económica, lengua, religión, cultura, etc.), porque la resistencia impidió el asentamiento del colonialismo sobre las bases de la dominación indirecta como en Túnez o Marruecos. La Argelia de la primera mitad del siglo XIX presentaba menos indigencias, más ocasiones de progreso con relación a la civilización de la época y al movimiento de los pueblos líderes, de las que mostró al final del mismo siglo, cuando este país, despojado de millones de hectáreas de tierra, de sus bosques, de sus minas, de su libertad y de sus instituciones, perdió al mismo tiempo el apoyo esencial y el motor de toda evolución verdaderamente colectiva(). En Argelia se realizó con cuarenta años de conquista implacable, una expoliación colosal dirigida a todas las fuentes de riqueza, el sofocamiento de las libertades y de todas las formas de cultura. Todos los valores tradicionales se fueron desmoronando inevitablemente. La unidad política sólo se conservó subordinándola a los fines de asimilación de la madre patria. La economía colonial asumió el puesto del equilibrio económico preexistente. Resumiendo, los caracteres de la dislocación provocada por la irrupción del colonialismo y de la civilización europea, Pierre Bourdieu evoca los efectos causados por la desproporcionada permuta de sistemas culturales, la demografía, las técnicas económicas y de la incompatibilidad entre las dos civilizaciones. Apresado entre la explotación demográfica y el engranaje de la economía monetaria, el hombre argelino vio debilitarse su identidad y la propia estabilidad psicológica y sociológica, adquiriendo un espíritu reindivicativo sin precedentes al tomar conciencia sobre sus necesidades insatisfechas y sobre las desigualdades reveladas por la sociedad europea. Cualquier manifestación de la presencia francesa, expresaba un continuo arraigo en el presente y el futuro argelino, que había que interpretar siempre bajo el signo de una opresión indefinida. Gracias a la sociedad rural, que reaccionó para eludir el empobrecimiento y su desaparición, una razón de continuidad sobrevivió a pesar de todo a cualquier violencia, y, a través de un proceso fatigoso y de difícil apropiación, formulando en sus compuestos ideológicos por los evolucionados de las ciudades, el objetivo de la batalla del nacionalismo argelino moderno, sería logrado.



Argelia, principios s.XX:

La invasión de Argelia por parte de los Franceses fue prolongada y en consecuencia sus efectos sociales, políticos y económicos fueron intensos. En primer lugar, se produjo una mezcla étnica muy significativa que trajo una separación social ajena al esquema europeo; y una gran afluencia de blancos franceses que constituyeron una minoría provista de un poder económico importante. Por otro lado los argelinos sufrieron el proceso de asimilación, que implica la supresión de la individualidad estatal y cultural del pueblo colonizado; situación muy poco favorable para la evolución de un pueblo. Los franceses rompieron con el esquema político y establecieron sus propias instituciones subordinadas a su gobierno. Si bien la administración de las colonias era indirecta, el sistema de las competencias separadas hacía a Argelia totalmente dependiente de la voluntad del Gobierno general. Otra cosa importante es que la potencia conquistadora y las colonias eran demasiado diferentes pero a su vez muy cercanas una de la otra, lo que dificultaba la asimilación pero por otro lado aumentaba la comunicación entre ellas haciendo mas fuerte el vínculo y facilitando la centralización política.

La revolución argelina

Independencia de Argelia:

La Constitución de 1946, que estableció la IV República en Francia, hizo que el conjunto de territorios que habían conformado su poder colonial pasara a denominarse Unión Francesa, y se recalcaba que, cualquiera que fuera el régimen jurídico de cada territorio (departamento, colonia, protectorado), y cualesquiera que fueran los objetivos para el desarrollo económico y cultural, siempre prevalecería un principio, el de la unión entre los territorios de ultramar y la Francia metropolitana. No hacía posible atender cualquier pretensión de independencia o de autogobierno en los territorios de ultramar.

El proceso de independencia de Argelia fue muy sangriento. La presencia de colonos franceses era muy numerosa y los intereses económicos muy elevados. La población europea (pied noirs) se resistió mucho a abandonar la colonia. Los independentistas crearon el Front de Libération National una de cuyas máximas figuras fue Ben Bella. El 1 de noviembre de 1954 estalló la rebelión abierta, apoyada por las kabilas de la montaña. Francia tenía sobre las armas a 400.000 hombres. El gobierno de París, presionado por la opinión internacional y por la sangría económica, no encontraba una salida. La población europea creó la OAS (Organisation de l'Armée Secrète), de la que formaban parte algunos generales y coroneles de prestigio (Salan, Chelle, Zeller, Jouhaud). El gobierno acudió al general de Gaulle, que ofreció a los argelinos la paz de los valientes (1958), y después de su rechazo la autodeterminación (1959). En 1962 un referéndum consagraba la independencia. El primer presidente, Ben Bella, fue derrocado por un golpe de estado dirigido el 19 de julio de 1965 por Bumedian. La política argelina adoptó una línea progresista prosoviética. Desde territorio argelino reciben los saharauis la ayuda argelina e internacional.

El Argelia, el Frente de Liberación Nacional (FLN), una coalición de partidos opuestos al gobierno europeo (todos ellos reprimidos sistemáticamente por Francia desde la primera aparición hacia los años 20) declaró la guerra abierta a Francia en 1954. Al año siguiente surgió en Marruecos otro movimiento que reclamaba la vuelta del Sultán, cuya deportación le había convertido en un héroe nacional. Estando Túnez ya camino de su independencia, Francia comprendió el poco sentido que tenía luchar para mantener su posición en Marruecos. Prefirió concentrar sus esfuerzos en Argelia, donde existía una considerable comunidad de colonos con influencia en la política francesa. Así pues, el Sultán fue repuesto en su trono y en 1956 se concedió completa soberanía a Marruecos, que poco después se aseguró la incorporación de Tánger y el protectorado español. Túnez no podía quedarse atrás, y pidió y consiguió la independencia. En 1957 el Bey fue depuesto y Túnez se convirtió en república con Burguiba como presidente. Francia tenía ahora sólo un frente en el que luchar, pero el combate resultó ser el más encarnizado en Africa desde su primera conquista de las tribus argelinas durante los años 1840-1879. De hecho, estaba haciendo de nuevo la misma guerra, pero las circunstancias ahora eran muy diferentes. El FLN contaba con el apoyo moral de todo el mundo musulmán y de todo el Africa negra independiente y recibía ayuda activa de Egipto, Túnez y Marruecos. Sólo el empleo de cerca de medio millón de tropas permitió a Francia mantenerse en la lucha. Pero el precio de este esfuerzo era inmenso, tanto políticamente como en hombres y dinero. En 1958, el ejército francés en Argelia se rebeló contra el modo en que llevaban los asuntos argelinos el régimen parlamentario francés y colocó al generla De Gaulle al frente del Estado francés. Pero, en contra de lo que esperaban algunos oficiales del ejército, De Gaulle estaba tan convencido como la mayoría de los franceses metropolitanos de que había llegado a ser inútil tratar de seguir manteniendo la presencia francesa en Argelia por la fuerza. En 1959 se reconoció el derecho de los argelinos a su autodeterminación, y en 1962 su Gobierno consiguió finalmente negociar el alto el fuego con los nacionalistas. El principal problema de Francia fue entonces el conseguir que su política fuera aceptada por los colonos argelinos, entre los cuales existían extremistas dispuestos a usar el terrorismo -tanto contra los franceses como contra los musulmanes- en un desesperado intento de frustrar la creación de una Argelia independiente que sería gobernada por mayoría musulmana. No obstante, se reconoció por fin una república argelina con Mohamed Ben Bella como presidente (Oliver)



Abd al-Aziz Buteflika (Orán, 1935):

Ingresó en el FNL hacia 1958 y combatió como guerrillero. Cuando se proclamó la independencia (1962) era capitán y se había convertido en un allegado colaborador de Ben Bella, que al asumir el cargo de primer ministro le nombró sucesivamente ministro de Deportes y ministro de Asuntos Exteriores (1963). Disconforme con el socialismo autogestionario impulsado por Ben Bella, se sumó a la conjura que devino en el golpe de estado dirigido por Bumedián, quien asumió el poder e implantó un socialismo centralista y sovietizante. Buteflika fue designado miembro del Consejo de la Revolución Argelina, se mantuvo como ministro de Asuntos Exteriores, y en contra de sus personales preferencias prooccidentales, para sostenerse en los cargos condujo una política de alineamiento con el neutralismo activo promovido por la India, Yugoslavia y Cuba, y en 1973 presidió la Conferencia de Países No Alineados celebrada en Argel. Prestigiado como buen conocedor de la política internacional, en 1974 fue presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas. En 1979, poco después de la muerte del coronel Bumedián, que era su protector, y con el acceso al poder de Bendjedid Chadli, fue destituido de todos sus cargos oficiales, acusado de oportunista. Su estrella política se eclipsó e incluso fue sometido a juicio por malversación de fondos públicos (1983), aunque el proceso fue cancelado y continuó siendo miembro del FLN. Tras este periodo de eclipse, su nombre volvió al espacio público en 1996, en plena guerra civil entre el ejército, ligado al viejo aparato del FLN, y el Frente Islámico de Salvación (FIS) y los Grupos Islamistas Armados (GIA), ambos de carácter fundamentalista. En 1999, cuando el general Liamine Zerual, que ejercía de dictador, aunció elecciones generales para intentar normalizar la situación, Buteflika fue el candidato oficialista en los comicios. En ellos careció de adversarios porque no concurrieron los principales oponentes (ni el FIS ni su viejo protector Ben Bella), quienes denunciaron la manipulación previa a que fue sometida la convocatoria. Nuevo presidente de la República, Buteflika anunció sus intenciones reconciliadoras para cancelar la guerra civil y promulgó una amplia amnistía, que inmediatamente sería recortada por decisión del ejército, verdadero poder fáctico del país.

Ahmed Ben Bella (Marnia 1916):

Combatió en el ejécito francés durante la II Guerra Mundial. En 1949 militaba en el movimiento independentista y protagonizó un atraco a la administración de Correos de Orán, convirtiéndose en uno de los dirigentes argelinos más buscados por las autoridades coloniales. Capturado en 1950 y condenado a trabajos forzados, en 1952 pudo fugarse del campo de concentración y se exilió en El Cairo, desde donde llegó a ser uno de los máximos dirigentes del FLN. Como jefe de las relaciones exteriores tomó contacto con los principales líderes del movimiento de países del Tercer Mundo y viajó por las principales capitales de los países comunistas para recabar el apoyo de la URSS en la lucha por la independencia de Argelia. Fue apresado en octubre de 1956 cuando el avión en que viajaba bajo identidad falsa, junto con otros líderes revolucionarios, fue interceptado por los servicios secretos franceses. Conducido a Francia fue condenado a perpetuidad hasta que el gobierno de De Gaulle pactó con el FLN los acuerdos de Evian (julio 1962), base para la inmediata independencia de Argelia: Ben Bella fue liberado y regresó triunfalmente a Argel como el líder más carismático del movimiento. Tras las elecciones de octubre de 1962 accedió a jefe de Gobierno, en 1963 fue elegido presidente de la República y en 1964 asumió la secretaría general del FLN, el partido único. En la lucha política que se estableció entre las diversas facciones del FLN, Ben Bella representaba un socialismo autogestionario, alejado del socialismo sovietizante y se hallaba totalmente distanciado del sector liberal. En política exterior apoyó un neutralismo activo en la línea de Cuba y el Egipto nasserista, convirtiéndose en uno de los líderes más importantes del Movimiento de los Países No Alineados. Fue derribado en el golpe de Bumedián de 1965.

Huari Bumedián (Guelma 1925-Argel 1978):

Se incorporó al movimiento por la independencia en 1953. Dirigió las operaciones del FLN en la V Vilaya (región militar). En 1960 era oficiosamente el jefe clandestino del Estado Mayor. Tras la independencia Ben Bella lo nombra ministro de Defensa. La orientación autogestionaria del socialismo causó malestar en los medios más duros del ejército, partidarios de un socialismo centralizado al estilo soviético. Bumedián dio un golpe contra Ben Bella (1965) y asumió la presidencia de un Consejo de la Revolución desde el cual procedió a eliminar a toda la oposición. Convertido en dirigente indiscutido procedió a nacionalizar todo el sector industrial, creando una poderosa burocracia estatal. Impulsó una reforma agraria radical. En política exterior se alineó junto al neutralismo activo proclive a simpatizar con la URSS, en línea con el Egipto nasserista. Apoyó radicalmente la lucha palestina contra Israel, procedió a arabizar Argelia y en 1975 apoyó al Frente Polisario. En 1976 promulga una nueva Constitución y fue procalmado presidente de la República por abrumadora mayoría. El FLN decidió que le sucediera (1978) Bendjedid Chadli.



Hadam Argelia. Años 90:

A partir de 1994 los militares pasaron a ejercer abiertamente el poder con la designación del general Liamin Zerual como presidente del país. El nuevo jefe de estado se mostró favorable a iniciar un diálogo nacional para preparar las elecciones presidenciales previstas para finales de 1995, pero también persiguió la derrota militar de las guerrillas fundamentalistas, he hizo oídos sordos a los acuerdos alcanzados por los principales partidos de Argelia, entre ellos el Frente de Liberación Nacional y el FIS, reunidos en Roma a principios de 1995. Todos ellos propusieron la celebración de una conferencia nacional que determinara las estructuras transitorias que habían de regir el país hasta las elecciones. Además, se reclamaba la renuncia a la violencia, la liberación de todos los detenidos políticos y la legalización del FIS. El gobierno lanzó en marzo de 1995 una gran ofensiva contra la guerrilla integrista que se saldó con varios miles de muertos. Se calcula que la violencia ha provocado en el transcurso de tres años más de veinte mil muertos. En estas condiciones, es lógico que la economía se resintiera todavía más, con un descenso constante del PNB. La industria está funcionando a un nivel muy inferior a su capacidad real, mientras que el desempleo ronda el 20 por ciento de la población activa. Lo más grave es la abultada deuda, cuyos intereses se acercan a la totalidad de los ingresos que se pueden lograr con la exportación de hidrocarburos. El clima de diálogo creado tras la victoria de Zerual en las elecciones de noviembre de 1995 y su posterior aceptación por el FIS, que anunció una tregua total, permitió entrever el inicio de la recuperación del país, a pesar de la oposición activa de los extremistas armados. Francia ha seguido siendo el principal apoyo del régimen argelino.

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Muchos países musulmanes se interrogan hoy hacia dónde se dirigen, cuál es nuestro modelo. Algunos han optado por el modelo nacionalista, que ha fracasado. Otros, por el modelo socialista, que también ha fracasado. No hay modelo. Tienen todos los problemas que puede tener el Tercer Mundo: problemas de vivienda, de paro, una juventud perdida a la que no se le ofrece nada, a la que nadie propone nada porque hay una crisis moral en el mundo... Hay crisis de modelos en el mundo entero. La gente se pregunta: ¿qué debemos hacer? ¿Qué clase de régimen, qué sociedad queremos? Por esta razón son tan proclives a aceptar tesis primarias, tesis que les dicen que lo importante es amarrarse a su propia religión. Puedo asegurar que el cuarenta por ciento de los argelinos que han votado por un partido islámico realmente no sienten ningún deseo de establecer un estado teocrático en Argelia. Habrá sin duda una minoría que lo pretende, pero con ese voto la inmensa mayoría protesta contra la ingobernabilidad, contra la corrupción. Ese es un voto de protesta porque los ciudadanos no tienen vivienda, porque no pueden casarse ya que no cuentan con un hogar, porque no tienen trabajo, porque hay carencia de todos los productos esenciales puesto que sus dirigentes acaparan toda la riqueza. Que la gente vote por un partido islámico no quiere decir que un cuarenta por ciento de los argelinos -o los ciudadanos de cualquier otro país musulmán, Irán incluido- vote por un Estado teocrático sino que vota contra todos sus problemas. Se lo aseguro. Ha sido necesario un cúmulo de circunstancias muy graves para que un país como Irán haya inclinado el fiel de la balanza hacia donde lo ha hecho, pero nada es irreversible... (Amin Maalouf)

Fuente: http://www.mgar.net/africa/argelia.htm


Una guerra de intereses

La brisa del mar hace ondear las banderas verdes y blancas que coronan las terrazas de la casbah de Argel. La luna roja alza su vista al otro lado del Mediterráneo, donde se encuentra la nación a la que había pertenecido durante 130 años. Su estrella se maravilla con la euforia que inunda las calles, con los coches repletos de personas que ondean las banderas argelinas bloqueando el tráfico y con la multitud vestida de verde y blanco que danza en las calles pasado el anochecer.

Desde el 5 de julio, día en el que Francia reconoce la independencia de Argelia, las principales ciudades del país se convierten en una fiesta. Durante cinco días los argelinos festejan no solo la restauración de su independencia, sino también la posibilidad que ésta abre para lograr una sociedad más igualitaria, con un mejor reparto de los recursos recuperados. Aunque los poderes ejecutivos de Francia habían sido transmitidos al presidente del ejecutivo provisional, Abderahmane Farés, el 3 de julio, los argelinos preferían hacer coincidir la fecha de su independencia con el aniversario de la toma de Argel por los franceses, 132 años después.


La independencia había sido firmada por Louis Joxe, francés a cargo de los Asuntos Argelinos, y por Krim Belkacem, "el león de las montañas", miembro del Gobierno Provisional de la República de Argelia (GPRA) formado por el Frente de Liberación Nacional (FLN). La paz del 18 de marzo, que adquirió el sobrenombre de "Acuerdos de Evian" por la ciudad en que se firmaron, no se lograría de manera pacífica ni tampoco de forma gratuita. En los acuerdos, se estableció que Francia tendría derecho a explotar el Sahara durante seis años y que Argelia se comprometía a proteger a las poblaciones europeas, obteniendo a cambio los fondos del Plan Constantine, un plan de ayuda al desarrollo económico y social que Francia había comenzado en 1959.

Sin embargo, lo más lamentable de la Guerra de Argelia, Guerra de la Independencia o Revolución de Argelia -según la perspectiva desde la que hablemos- es el gran número de pérdidas humanas (460.000 según Francia; un millón y medio según Argelia) o el millón y medio de campesinos argelinos desplazados. Los Acuerdos de Evian, que proclamaban el alto el fuego, estarían bañados de júbilo pero también y, sobre todo, de la sangre de uno de los conflictos más violentos de la descolonización. Tal violencia no acabaría con la independencia, proclamada por un 99,72% de la población en el referéndum de autodeterminación del 1 de julio. Las balas seguirían siendo un visitante inoportuno durante al menos dos meses más.

Tanto es así que incluso el día 5 de julio, fecha de la independencia, Orán vivió una desafortunada masacre que, para muchos historiadores, constituye el verdadero punto final de la "Argelia francesa". La manifestación de euforia que había comenzado a las 7 de la mañana se convirtió en una batalla cuando alguien disparó sobre la multitud. La respuesta de las fuerzas argelinas, fundamentalmente las del FLN, no se hicieron esperar y la vida de cientos de personas, en este caso, de pied-noirs (franceses que vivían en Argelia), tocó a su fin.

La masacre de Orán no solo simboliza el fin de la "Argelia francesa" o la imposibilidad de la convivencia de las dos comunidades, sino también la complejidad del conflicto convertido en una guerra civil donde la principal lucha se libra entre el Movimiento Nacional Argelino (MNA) y el FLN (Frente de Liberación Nacional) a través de su brazo armado, la Armada de Liberación Nacional (ALN). Sin embargo, con la extinción del MNA, las luchas se producen en el seno del Gobierno Provisional de la República Argelina (GPRA), donde se enfrentan dos facciones: una más moderada y otra más radical, hostil a la presencia europea en Argelia, que recibirá el apoyo del ALN y cuya figura visible será Ahmed Ben Bella, que será nombrado en 1963 como el primer presidente de la República de Argelia.

Todos los bandos utilizarán los medios de comunicación para librar su lucha por la conquista del poder, ya sea para la recuperación o para la conservación de una tierra que consideran suya. Precisamente, la radio será el acompañante del fin y del principio de la guerra. El 5 de julio, Radio-Alger retransmitía los llamamientos del GPRA más moderado para la realización de una manifestación en Omán de carácter "antibenbellista", donde más tarde podría leerse en las pancartas "No al culto de la personalidad" o "Solo un héroe, el pueblo". El mismo llamamiento a la movilización se produjo cuando el secretario general del FLN difundió la conocida como "Declaración del 1 de noviembre de 1954" en la que exigía "a las autoridades francesas (...) el reconocimiento una vez por todos de los pueblos a los subyugaban el derecho de disponer de ellos mismos" y reiteraba su intención de continuar con "la lucha por todos los medios para la realización su objetivo, la restauración del Estado Argelino soberano, democrático y social en el contexto de los principios islámicos".



La Llamada al Pueblo Argelino y el referido por los historiadores franceses como "Toussaint rouge" ("día de todos los santos rojo"), en el que se produjeron diversos atentados del FLN en todo el territorio, daban comienzo a una historia de dolor que se prolongaría durante siete años y medio. La respuesta francesa a los ataques fue contundente. Así, el 12 de noviembre de 1954 Pierre Mendés France, jefe del gobierno francés, declaraba a la Asamblea Nacional: "no habrá por parte del gobierno ni indecisión, ni retraso, ni términos medios en la disposición que tomará para asegurar la seguridad y el respeto de la ley. A la voluntad criminal de algunos hombres debe responder una represión sin debilidad porque ella es sin injusticia".

Una guerra sin nombre

Comenzaban entonces una guerra atroz en la que el principio "el fin justifica los medios" se convirtió en la máxima de ambos bandos. El enfrentamiento dejó tantas cicatrices que todavía es difícil esclarecer qué ocurrió durante casi ocho años de oscuridad. Precisamente, Francia no reconoció que la Guerra de Argelia fue, precisamente, una guerra hasta 1999 cuando la Asamblea Nacional elimina los términos de "pacificación" o "acontecimientos" para maquillar la utilización de la tortura, de las armas no permitidas o el abandono a los harkis -argelinos que lucharon o se mostraron a favor de la permanencia francesa en Argelia-.

El dolor se había gestado en los corazones argelinos durante la Segunda Guerra Mundial. Los principios de la Carta del Atlántico de 1941, en la que los países occidentales proclaman "el derecho de los pueblos a elegir el régimen de gobierno bajo el cual han de vivir", hacía tambalear los resquicios de los imperios coloniales europeos. Ferhat Abbas, líder nacionalista argelino, tomaba conciencia de que el colonialismo "es una empresa racial de dominación y de explotación" y escribía el Manifiesto del Pueblo Argelino, donde pedía la construcción de una "nación argelina". En este contexto se produce, para algunos historiadores, el comienzo de la Guerra de Argelia con las revueltas o masacres de Sétif y Guelma. En ambas ciudades, aprovechando el desfile por el fin de las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas nacionalistas, resentidas por el trato dado a los argelinos durante el conflicto, deciden mostrar su fuerza. La protesta sorprende a la armada francesa que, en Sétif, dispara contra los manifestantes. Esta fecha es conmemorada cada año en Argelia por "haber servido de referencia para la insurrección victoriosa de 1954".

Sin embargo, la insurrección no fue siempre "victoriosa" pues, tal y como anunciaban las palabras de Mendès-France, Francia practicó una "represión sin debilidad" con un envío masivo de tropas. En 1955 llegaron a Argelia los paracaidistas, que habían combatido en Indochina, y Jacques Soustelle, un etnólogo que, al principio, trató de comprender la cultura árabe pero que, ante la imposibilidad de conservar la Argelia francesa, acabó implicándose en la OAS (Organización de la Armada Secreta), un grupo terrorista en pro de la conservación de la Argelia francesa. Precisamente en 1955 se produce la separación definitiva de las dos comunidades en Argel: por un lado, la parte occidental y, por otro, en la casbah, los árabes.



Francia no solo dividirá la capital, sino todo el país. De esta forma, Soustelle fue sustituido por Robert Lacoste, quien adquirió "poderes especiales" y dio carta blanca a los militares para ejercer la violencia. Argelia se dividió entonces en tres zonas: la zona de operaciones, donde se escondían los "rebeldes" argelinos; la zona de pacificación, donde Francia armó al pueblo (harkis) para que se enfrentara contra el ALN; y la zona prohibida, donde todas las personas que la atravesaban eran sistemáticamente asesinadas. Sin embargo, la parte más importante era aquella que no se conocía oficialmente: el Sahara, donde compañías francesas habían descubierto petróleo. El líquido de oro negro se convertiría, como ha ocurrido después, en una razón fundamental para el derramamiento de sangre.

Una de los enfrentamientos más brutales de la Guerra sería la Batalla de Argel. La llegada a la ciudad del General Jacques Massu, quien toma la ciudad con 8000 paracaidistas, se traduce en una mayor represión a la población de la casbah, donde se esconden numerosos líderes del FLN. La represión será contestada con bombas, colocadas por mujeres, en los cafés e incluso con una huelga general. La escalada de atentados provocará una violenta respuesta de la armada francesa, que utilizará la tortura en los interrogatorios para tratar de desmontar la compleja estructura piramidal del FLN, donde cada miembro conoce como máximo a otros tres miembros.

El FLN se debilitará como consecuencia de la derrota en la Batalla de Argel. Sin embargo, no será vencido, en parte, debido a la inestabilidad política de Francia y a la incapacidad de sus líderes de poner fin al conflicto que hará caer la IV República. El 13 de mayo de 1958, la desconfianza en las autoridades de la metrópolis impulsa a cuatro generales, apoyados por Soustelle y la división paracaidista del general Massu, a llevar a cabo un golpe de Estado en Argel (putch d'Alger). Los generales y la multitud, que se concentra en la sede del gobierno de la ciudad, piden un jefe de gobierno fuerte y autoritario. En ese momento, De Gaulle, que posteriormente validará su mandato en un referéndum, formulará la famosa frase de "je vous ai compris" ('Os he oído'). De Gaulle extenderá la nacionalidad francesa y, por tanto, los mismos derechos a todos los habitantes de Argelia. Sin embargo, no descuidará el campo de batalla, especialmente el Sahara, donde el 3 de febrero de 1960 Francia realizará su primer ensayo nuclear.

El veterano general de la Resistencia se irá alejando progresivamente de los militares que le habían permitido alzarse en el poder. Así, el 16 de septiembre de 1959, en París, De Gaulle reconoce el derecho a la autodeterminación del país. Las palabras de De Gaulle son rechazadas por el FLN, que pide la "independencia". En este sentido se posicionarán el 70% de la población de Argelia y el 75% de la metrópoli al responder "sí" el 8 de enero de 1961 a la pregunta del referéndum "¿Está usted de acuerdo con la independencia de Argelia?". A pesar de los intentos de golpe de estado que realizaron cuatro generales el 23 de abril de 1951 (putsch des Généraux), el proceso era irreversible. Nada podía ya cambiar la proclamación de independencia del país del 5 de abril.

Heridas internas

La independencia no saldría gratis a ninguno de los dos bandos. En Francia, la represión a los argelinos, muchos emigrantes a consecuencia de la guerra, fue brutal: el gobierno francés les prohibió salir de noche o hacer manifestaciones nacionalistas. Como consecuencia de estas medidas, los argelinos organizaron una respuesta en París que, debido a la intervención brutal de la policía parisina dirigida por Maurice Papon, acabó con casi un centenar de muertos y la expulsión del resto de los participantes a Argelia.

Asimismo, Francia viviría durante años el terrorismo de la OAS (Organización Armada Secreta), formada el 11 de febrero de 1961 al amparo de la dictadura franquista en Madrid por los generales que estaban a favor de conservar la Argelia francesa, como el General Radul Salan, que había electrificado las fronteras de Túnez y Marruecos para impedir la salida de los argelinos. La violencia se extenderá la primavera de 1961, cuando París temblase por los atentados de la OAS, que el 9 de septiembre del mismo año trata de matar al presidente de la República, Charles De Gaulle.

La violencia del OAS no acabará con la Guerra de Argelia, del mismo modo en el que la represión a la represión a los harkis se extenderá más allá de las matanzas con restricciones como la imposibilidad de que sus hijos accedan a laeducación superior. Los harkis, considerados por unos como traidores y por otros como fieles patriotas franceses, fueron argelinos que lucharon del lado de Francia. En un principio, los harkis fueron reclutados en el "sector de pacificación", donde la armada francesa emprendió una labor de ayuda social sobre las poblaciones rurales argelinas. Así, la armada controlaba a los individuos y les convencía para formar "grupos de autodefensa" que se enfrentaban contra el ALN. Posteriormente, los harkis serían reclutados como prisioneros de guerra.



Todavía quedan muchas heridas por cerrar. Algunas comenzaron a cicatrizar el 5 de julio de 1962, cuando el viento comenzó a acariciar las banderas rojas, blancas y su media luna roja. Durante 50 años, los estandartes han contemplado las mutaciones de un pueblo que, tras la Guerra de Argelia, seguirá tratando de perseguir sus sueños. La revolución de 1988 y una tímida revolución árabe se perfilan en el horizonte. La situación cambiará, pero hay una frase de Jean-Paul Sartre que permanecerá estable: "Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren".

Fuente: http://www.iecah.org/web/index.php?option=com_content&view=article&id=2047:argelia-un-repaso-por-su-historia-contemporanea-50-anos-de-independencia-i&catid=34:analisis&Itemid=85



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