domingo, 29 de noviembre de 2015

La lucha antifascista en el Donbass. Contra la oligarquia ucraniana y rusa



Extraido de: https://comitesolidaritatdonbassvalencia.wordpress.com/

Información de primera mano en Internacionalistas36: Novorrossia y Donbass: https://www.youtube.com/playlist?list=PLgx0y7Re3lILN5vAJiLuBuI3t0l4Yfkd_

CRONOLOGÍA Y PRESENTACIÓN DEL COMITÉ DE SOLIDARIDAD CON EL DONBASS ANTIFASCISTA DE VALENCIA.

ORIGEN DEL CONFLICTO.

El pasado 21 de Noviembre de 2013 dio comienzo una oleada de protestas y disturbios (a las que se les da el nombre de “EuroMaidán”) en la capital de Ucrania, Kiev, con motivo de la ruptura de las relaciones comerciales con la UE.


Manifestantes nacionalistas pro-UE
Manifestantes nacionalistas pro-UE.

Estas protestas de carácter europeísta y nacionalista fueron al poco tiempo hegemonizadas y absorbidas por grupos de ultra-derecha como Sector Derecho o Svoboda, quienes utilizaron el contexto de crisis actual para crecer, fortalecer sus posiciones, mejorar su imagen, y difundir la rusofobia, el anticomunismo, y el ultra-nacionalismo entre la población ucraniana.


Grupos neonazis en las protestas del Euromaidán
Los fascistas fueron la punta de lanza de las protestas.

Con el fuerte apoyo de EEUU y de la UE (quienes pretenden alejar a Ucrania de Rusia para hacerse con su economía), y de la oligarquía ucraniana, estas protestas desembocaron en el derrocamiento del gobierno presidido por el corrupto Viktor Yanukovich en Febrero de 2014, y en la creación de una nueva Junta, que convocó unas elecciones de dudosa credibilidad en las que salió escogido Poroshenko, uno de los oligarcas más grandes del país.
Los ministerios y responsabilidades del gobierno fueron repartidas entre distintos líderes fascistas y derechistas de las protestas, y comenzó una gran campaña de represión contra la oposición antifascista, comunista y contra la población rusófona y extranjera.


Grupos neonazis en las protestas del Euromaidán
Grupos neonazis en las protestas del Euromaidán.

Durante este periodo represivo miles de comunistas, antifascistas y activistas prorusos fueron detenidos, torturados, y encarcelados, o directamente ejecutados por grupos paramilitares fascistas (como Sector Derecho) con el total beneplácito del la nueva Junta, y de la UE, que ayudó con cientos de millones de euros a la nueva Junta que gobernaba Ucrania para que ‘restableciera el orden y la democracia’. El Partido Comunista de Ucrania fue ilegalizado y el resto de organizaciones comunistas perseguidas y sus sedes y locales destruidos.


Quema de propaganda y simbología comunista en las calles de Kiev.
Quema de propaganda y simbología comunista tras saquear una sede del PCU.
Quema de banderas comunistas tras saquear una sede del PCU
Quema de banderas comunistas en las calles de Kiev.
Derribo de una estatua de Lenin
Derribo de una estatua de Lenin.
Desfile fascista con antorchas en conmemoración a Bandera (Colaboracionista nazi en la IIGM)
Desfile fascista con antorchas en conmemoración a Bandera (Colaboracionista nazi en la IIGM).


COMIENZO DE HOSTILIDADES.
En este contexto, comienzan a darse fuertes protestas en varias regiones del Este y Sur de Ucrania, históricamente rusófonas, y de tradición más pro-rusa y nostálgica de la URSS, que se oponían al nuevo gobierno oligarca y pro-fascista.


Protestas en Donetsk contra la nueva Junta de Kiev
Protestas en Donetsk contra la nueva Junta de Kiev.

En el mes de Abril, en el punto más álgido de las protestas, miles de manifestantes tomaron las instituciones públicas en las regiones de Jarkov, Lugansk, Donetsk, y Crimea. En las que proclamaron unas repúblicas populares independientes del gobierno y anunciaron que iban a hacerse referéndums por la independencia. Pese al intento de la Junta de Kiev por reprimir estas protestas y referéndums, se llevaron a cabo, y tuvieron como resultado la independencia de las 4 regiones con el apoyo y votos de la inmensa mayoría de la población, y en el caso de Crimea, la anexión a Rusia, país al que históricamente había pertenecido, y al que votó formar parte.


Toma de instituciones en Donetsk
Toma de instituciones en Donetsk.

La Junta de Kiev, no tardó en enviar a parte del ejército al sureste del país para reprimir estos procesos independentistas. También se legalizaron y armaron batallones de voluntarios paramilitares fascistas de las principales organizaciones de ultra-derecha del país, quienes fueron usados como batallones de castigo contra los ‘rebeldes’ que crecían imparablemente en estas regiones.
A pesar de sus esfuerzos por resistir, la República Popular de Jarkov cayó al poco tiempo. El Ejército terminó arrasando con toda oposición y ejecutando a decenas de opositores y líderes del proceso independentista.


Manifestación anti-Maidán
Manifestación anti-Maidán.


DESARROLLO.
Para evitar el mismo destino, las Repúblicas de Lugansk y Donetsk (territorio conocido como “El Donbass”, y políticamente Novorrosia), crearon con limitados recursos y fuerzas una Milicia Popular, formada por voluntarios y voluntarias de todas las edades e ideas, pero de mismos objetivos, armados con cualquier objeto que pudiera ser usado como arma.
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Se sacaron armas de antiguos depósitos de la URSS, de los edificios de la policia, y vehículos de la propia población, y se consiguió contener al ejército y a los batallones fascistas que se acercaban en un primer comienzo.
Tras los primeros enfrentamientos, un número considerable de soldados del Ejército Ucraniano que luchaban por obligación decidieron unirse al bando rebelde, llevando consigo material militar y vehículos blindados que contribuyeron enormemente al fortalecimiento de la nueva Milicia.


Batalla por el aeropuerto de Donetsk
Batalla por el aeropuerto de Donetsk.

El conflicto fue avanzando, se dieron numerosas batallas decisivas e importantes, y la Milicia fue fortaleciéndose y creciendo (contando con el apoyo de la población local y de cientos de voluntarios extranjeros de ideologías antifascistas y antiimperialistas) a medida que vencía al ejército y obtenía más recursos y materiales militares.


Milicia con blindados arrebatados al Ejército Ucraniano
Milicia con blindados arrebatados al Ejército Ucraniano.

Mientras tanto la Junta de Kiev, engañando a su propio pueblo sobre la situación en el Este del país, y camuflando este conflicto con el nombre de “Operación Antiterrorista”, se dedicó a bombardear masivamente las ciudades y territorios controlados por las nuevas Repúblicas, causando verdaderas masacres entre la población civil, y permitiendo que los batallones fascistas y de mercenarios (Aidar, Azov, Donbass, etc) saquearan, torturaran y ejecutaran a la población de todo asentamiento que cayera en sus manos a modo de castigo.


Brigadistas españoles.
Brigadistas españoles.
Caravana internacionalista de ayuda humanitaria de 'Banda Bassoti'.
Caravana internacionalista de ayuda humanitaria de ‘Banda Bassoti’.
Brigadistas internacionales de varios países en la
Brigadistas internacionales en la “Interunit”, Brigada Prizrak.



CONSECUENCIAS.
Finalmente, el conflicto armado se ha convertido en una guerra civil en toda regla, que ha tenido como consecuencia, por el momento, el desplazacimento de más de 1 millón y medio de refugiados, más de 8.000 personas muertas (cifra oficial reducida), más de 17.000 heridos, y la destrucción completa de decenas de ciudades y pueblos en tan solo un año y medio de guerra.


Decenas de pueblos y ciudades han quedado completamente destruidos.
Decenas de pueblos y ciudades han quedado completamente destruidos.

Tras la mayor escalada del conflicto a finales de 2014, y la presión internacional, llegaron las primeras negociaciones entre países y regiones para buscar la paz y una solución al conflicto.
De estas negociaciones en Febrero de 2015, en las que participaron Rusia, Alemania, Francia y Ucrania, pero en ningún momento las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, surgió un acuerdo de alto el fuego y unas condiciones de retirada de artillería y armas grandes de la zona del frente para ambos bandos: los “Acuerdos de Minsk”. Que nunca se terminaron de respetar y que han sido violados continuamente, principalmente por la Junta de Kiev.


Batalla de Debaltsevo, posterior a los acuerdos de 'alto el fuego'.
Batalla de Debaltsevo, posterior a los acuerdos de ‘alto el fuego’.
La milicia de 'Novorrusia
La milicia de ‘Novorrusia”, cada vez mejor equipada.


SITUACIÓN ACTUAL.
El conflicto se encuentra actualmente en una situación de semi-tregua.
El Ejército Ucraniano está recibiendo ayuda económica y armamentística de la OTAN, la UE, y principalmente de EEUU, quienes entrenan gratuitamente al Ejército y a los batallones fascistas y quienes más ayuda militar entregan.


Fascistas Ucranianos del batallón 'Azov' con banderas de la Otan y simbología nazi
Fascistas Ucranianos del batallón ‘Azov’ con banderas de la Otan y simbología nazi.

Mientras tanto, las repúblicas populares siguen fortaleciendo sus posiciones y tropas, y asentando su poder en las zonas que controlan, en las que cada vez más población local les entrega su apoyo, y en las que por desgracia, la guerra de desgaste está causando estragos y una verdadera crisis humanitaria.


Mapa de la línea del frente el 22 de Septiembre de 2015
Mapa más reciente de la línea del frente, del 22 de Septiembre de 2015.


ANÁLISIS. ¿QUÉ FUERZAS INTERVIENEN?
Hacer un análisis político del conflicto es bastante complejo. No es una guerra en la que existan dos únicos bandos con intereses opuestos: Por una parte se encuentran la UE, la OTAN, EEUU y el nuevo gobierno de Ucrania.
La oligarquía ucraniana y el bloque imperialista occidental ponen su empeño en recuperar la región del Donbass, al ser ésta una de las regiones más ricas de europa, contando con uno de los terrenos más fértiles del mundo, y con una minería e industria metalúrgica de las más grandes y fuertes.
Por otra parte se encuentra Rusia, cuya oligarquía pretende apoderarse del terreno por los mismos motivos.
Y en medio se encuentran las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, que buscan la independencia y la construcción de un sistema más justo, y que sufren los ataques de la UE, EEUU, y Ucrania, y los chantajes de Rusia, quién a cambio de entregar ayuda humanitaria y un mínimo de recursos, está cogiendo poder entre el gobierno de las repúblicas y haciendo que sirvan a los intereses de su oligarquía.
Actualmente, y se debe ser críticos y realistas, a raíz de las elecciones de noviembre de 2014, los gobiernos de las repúblicas de Donetsk y Lugansk están dirigidos por personas que sirven a los intereses de la oligarquía rusa. Todos los batallones, brigadas, y unidades de las milicias han sido obligadas a unirse bajo un mismo Ejército Popular de Donetsk, y otro de Lugansk, con la finalidad de no representar una amenaza para la oligarquía. Gran parte de las fábricas y empresas que al comienzo de la guerra fueron expropiadas y colectivizadas para servir al pueblo y a las repúblicas han sido entregadas a la oligarquía rusa. Y se ha intentado sofocar las ansías de poder popular de la población, aunque esto último no se ha conseguido.


Las milicias de ambas repúblicas, ahora mejor equipadas y entrenadas, se han unido bajo un mismo Ejército Popular.
Las milicias de ambas repúblicas, ahora mejor equipadas y entrenadas, se han unido bajo un mismo Ejército Popular.


¿QUÉ HACER?
Pese a esta situación, las ideas predominantes en la milicia y en la población de las repúblicas son las del antifascismo y la lucha contra la oligarquía, y la construcción de una sociedad y sistema más justos, inspirados en el socialismo y el poder obrero. El pueblo del Donbass sigue ejerciendo presión al gobierno de las repúblicas y dejándo claro que no se va a doblegar ni ante Rusia ni ante Ucrania, y actualmente hay bastante inestabilidad dentro de la milicia, que está comenzando a replantearse si su enemigo no está únicamente en frente sino también detrás.


Marchas y protestas contra EEUU, la UE, la Junta de Kiev, y por la paz.
Marchas y protestas contra EEUU, la UE, la Junta de Kiev, y por la paz.

Aunque todas las milicias se han unido en un mismo Ejército controlado por las Repúblicas y ahora están controladas por la oligarquía rusa, todavía queda una última brigada independiente, llamada “Prizrak” (Fantasma), que controla cierta parte del territorio de Lugansk, y que ha conseguido resistirse a formar parte del Ejército Popular al ser una brigada grande y fuerte. Esta brigada lucha contra la oligarquía rusa y la ucraniana y se declara una brigada antifascista, antiimperialista, y heredera de las Brigadas Internacionales de la Guerra Civil Española, al contar con voluntarios de muchos países y ser un proyecto de izquierdas.
Además, Prizrak no es únicamente una brigada militar, sino un proyecto político, social, y económico. Desde la existencia de la Brigada, ésta ha expropiado varias fábricas, granjas y edificios que ha convertido en cooperativas y granjas colectivas para conseguir suministrar a la población de las zonas que controla y a sus combatientes. Además de la ayuda humanitaria que da a la población local y el contacto permanente que tiene con los trabajadores locales para poder representar mejor sus intereses o tratar de llevar a cabo sus propuestas.
Por desgracia, esto no es suficiente. Y uno de los mayores problemas con los que cuenta Prizrak actualmente es la dificultad para su financiamento y su escasez de recursos. Mientras el resto de la Milicia recibe todas las ayudas del gobierno de las Repúblicas y éste de algunas empresas rusas a cambio de favores, Prizrak es una brigada que funciona con sus propios medios, y con donaciones de personas físicas y organizaciones y comités de solidaridad, por lo que tiene sus recursos mucho más limitados.


La Brigada Prizrak
La Brigada Prizrak “Fantasma”, se declara antifascista y antioligárquica hasta la victoria o la muerte.

NUESTRO COMITÉ
Ante esta situación surge el Comité de Ayuda al Donbass Antifascista de Valencia. Consideramos que toda ayuda que se pueda enviar al Donbass, absolutamente necesaria, es más útil que se envíe a la Brigada Prizrak. Ya que pese a que todas luchan contra Ucrania, ésta es la única que verdaderamente sigue ofreciendo resistencia y en la que depositamos la confianza de que sigue y seguirá luchando por la clase obrera y el poder popular. Y porqué sabemos con certeza que toda la ayuda que se le envíe también será repartida con responsabilidad en su comedor social y en los diversos repartos de ayuda humanitaria que hace entre la población local más necesitada, y que así no caerá en manos de unidades de la milicia de tendencias nacionalistas o ultra-religiosas que hacen el juego a la oligarquía del lugar.


Su comandante,
Su comandante, “Mozgovoy”, fue asesinado en un atentado. Todavía no se sabe quienes fueron los culpables.

Hacemos un llamamiento al Internacionalismo Proletario: a todas las organizaciones y personas que se consideren antifascistas de Valencia y de todo el territorio que ocupa el estado español para reunir medicinas, comida no perecedera, ropa de invierno, juguetes, y sobretodo dinero, para la brigada Prizrak y la población del Donbass, que está sufriendo las peores consecuencias de esta guerra y que vive día a día bajo los bombardeos masivos y disparos del ejército ucraniano y bajo el yugo del hambre y la miseria que toda guerra imperialista trae consigo. El Donbass está en una situación CRÍTICA y necesita de toda la ayuda y solidaridad internacional posible.


La guerra ha sumido a la población del Donbass en una auténtica crisis humanitaria
La guerra ha sumido a la población del Donbass en una auténtica crisis humanitaria

Nuestra intención es la de ofrecer todo el apoyo moral y de recursos, y ofrecer información y noticias continuamente sobre el conflicto, para romper con el cerco informativo y la campaña de desinformación que llevaban a cabo los Mass Media. Próximamente también daremos charlas y actos recaudatorios para acercar a la clase trabajadora de aquí a un foco como este que merece toda nuestra atención.
Esperamos poder ver pronto a toda la milicia popular unida liberándose de los oligarcas del gobierno de las repúblicas, expulsando al invasor ucraniano, y construyendo un verdadero proyecto obrero y popular. Mientras tanto, ayudaremos para que la lucha siga y el pueblo resista.
Para recibir más información, enviar ayuda, o colaborar, de momento os podéis dirigir a nuestro correo: comite.solidario.donbass@gmail.com


La Guerra Sagrada - Elena Vaenga:


domingo, 22 de noviembre de 2015

La historia de Portugal y la Revolución de los Claveles desde una perspectiva de clase

Hasta la edad media, la historia de Portugal es inseparable de la de España. Lo que hoy es Portugal pasó a ser parte de la provincia romana de Lusitania en el siglo II a.C. En el siglo V el control de la región pasó a los visigodos y, en el siglo VIII fue ocupado por los musulmanes. En el año 997, el territorio entre los ríos Duero y Miño (actual Portugal septentrional) fue reconquistado a los árabes por Bermudo II, rey de León, y en 1064 Fernando I, rey de Castilla y León, llevó la reconquista hasta lo que hoy es Coimbra. Los distritos reconquistados se organizaron como condados feudales sometidos al rey de Castilla y León. El nombre de Portugal derivó del feudo más septentrional, el comitatus Portaculenis, que se extendía alrededor del antiguo puerto romano de Portus Cale, la actual Oporto.

En 1093 Enrique de Borgoña ayudó a Castilla en su labor de reconquista. En gratitud, Alfonso VI de Castilla nombró a Enrique conde de Portugal. A la muerte de Alfonso en 1109, el conde Enrique (y más tarde su viuda, Teresa), se negaron a mantener su dependencia de Castilla y León. Invadió León y comenzaron una serie de guerras peninsulares, pero de pequeña trascendencia. En 1128 su hijo, Alfonso Henriques (el futuro Alfonso I, rey de Portugal), se rebeló contra su madre. Los caballeros portugueses aceptaron a Alfonso como rey en 1143; en 1179, el papa reconoció la independencia de Portugal.



El reino medieval de Portugal

Alfonso I, ayudado por los templarios y otras órdenes militares, extendió el límite del nuevo reino hacia el sur del río Tajo. Su hijo Sancho I  animó a los cristianos a que repoblaran el área reconquistada donde se establecieron municipios autogobernados. Un destacado papel tuvieron los monjes cistercienses, cuyas repoblaciones promovieron un aumento de la producción agraria. A finales del siglo XII, los almohades, una dinastía musulmana del norte de África, frenaron temporalmente el avance de los cristianos hacia el sur, pero después de su derrota en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), la reconquista continuó.

El rey Alfonso III completó la expulsión de los musulmanes del Algarve y trasladó la capital de Coimbra a Lisboa. También puso en marcha el gobierno con ayuda de las Cortes (asamblea representativa que incluía miembros de la nobleza, del clero y de los ciudadanos) e incrementó el poder de la monarquía a expensas de la Iglesia. Su hijo Dionisio el Liberal, fomentó la agricultura, fundó la primera universidad de la nación en Coimbra y fue el responsable del desarrollo de la Armada portuguesa. En 1294 firmó un tratado comercial con Inglaterra, que fue el comienzo de una serie de alianzas entre los dos países. El sucesor de Dionisio, Alfonso IV, se unió con Alfonso  XI de Castilla para conseguir la victoria sobre los musulmanes en la batalla del río Salado en 1340. En este periodo fueron frecuentes los matrimonios entre miembros de las casas reales de Castilla y Portugal, abriéndose la posibilidad de que ambos reinos pudieran unirse.

Después de la muerte de Fernando I, el último de los descendientes legítimos de Enrique de Borgoña, su hermano ilegítimo Juan I se aseguró el trono portugués en 1385, tras dos años de guerra civil, y dio lugar al nacimiento de la dinastía de Avís. El reinado de Juan fue uno de los más notables de la historia de Portugal. Consolidó la independencia portuguesa tras derrotar a Castilla en la batalla de Aljubarrota (1385). En 1386 Inglaterra y Portugal se aliaron permanentemente en el Tratado de Windsor. Otro hecho destacado del reinado de Juan fue el inicio de las exploraciones marítimas portuguesas, que comenzaron bajo la dirección de su hijo Enrique el Navegante, príncipe de Portugal, que exploró la costa africana en busca de una ruta hacia las Indias. Comenzó un siglo de exploración y conquista que hizo de Portugal uno de los mayores poderes coloniales del mundo y permitió el desarrollo de la burguesía mercantil. Entre 1418 y 1419 los navegantes portugueses exploraron Madeira y en 1427 descubrieron las Azores. En Marruecos hubo una importante campaña militar que acabó con la ocupación de Ceuta en 1415.

La era de la expansión portuguesa

 Madeira y las Azores rápidamente se convirtieron en importantes centros de producción de azúcar, y la conquista de Ceuta dio a Portugal un enclave estratégico en el norte de África, que serviría de base para futuras exploraciones de la costa africana. Utilizando la carabela (un nuevo tipo de navío ligero especialmente adaptado a los viajes por el Atlántico), los marineros portugueses navegaron más al sur de Cabo Verde en 1444 y, hacia 1460 alcanzaron Sierra Leona. Mientras tanto, los sucesores de Juan I, el rey Duarte I o Eduardo I ) y Alfonso V, enviaron expediciones a Marruecos y tomaron las ciudades de Tánger y Arzila (Asilah).

El reinado de Juan II.

El rey Juan II restableció el prestigio de la monarquía sometiendo a los turbulentos nobles a su autoridad. En el extranjero, fundó (1482) un fuerte portugués en Elmina (la actual Ghana) y estableció relaciones con el reino del Congo (en la actualidad, Angola). Entre los años 1487 y 1488, Bartolomeu Dias se convirtió en el primer navegante que bordeó el extremo meridional de África y abrió una ruta marina hacia Oriente. Después del viaje a América de Cristóbal Colón en 1492, Portugal y España firmaron el Tratado de Tordesillas (1494) que concedía a Portugal todas las tierras descubiertas al este de una línea a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Véase Línea de demarcación.

Manuel I y sus sucesores.

Bajo el mandato del rey Manuel I, el poderío portugués alcanzó el máximo esplendor. En los años 1497 y 1499 Vasco da Gama realizó el primer viaje a la India siguiendo la ruta descubierta por Dias e inauguró un lucrativo comercio de especias y otros artículos de lujo entre Europa y Asia meridional. Dirigidos por Alfonso de Albuquerque, los portugueses ocuparon Goa (en la India), en 1510, Malaca (actual Melaka, Malaysia) en 1511, las Molucas (en la actualidad Indonesia) en 1512-1514 y la isla de Ormuz, en el golfo Pérsico, en 1515. Durante ese mismo periodo, los portugueses abrieron el comercio con China y establecieron relaciones con Etiopía. Como habían hecho otros reyes portugueses, Manuel I soñó con la unidad de Portugal y España bajo su mandato y se casó sucesivamente con dos hijas del rey Fernando II de Aragón y de la reina Isabel I de Castilla (los Reyes Católicos). A imitación de lo sucedido en España, expulsó a los judíos y a los musulmanes de sus dominios en 1497; de este modo se privó a Portugal de la mayor parte de su incipiente clase media. Su hijo Juan III promovió el asentamiento en Brasil e introdujo (1536) la Inquisición en Portugal para reforzar la obediencia religiosa. A su muerte en 1557, Portugal había empezado a declinar su poder político y comercial. Esta tendencia continuó bajo el rey Sebastián, que murió durante una expedición a Marruecos en 1578 que concluyó con la derrota de Alcazarquivir. Con la muerte de su sucesor, el rey Enrique, en 1580, finalizó la dinastía de Avís.



Las dinastías de los Habsburgo y de Braganza.

A la muerte de Enrique, siete aspirantes se disputaron la sucesión al trono. El más poderoso era Felipe II, rey de España, quien en 1580 fue elegido rey por las Cortes de Tomar con el nombre de Felipe I de Portugal. La anexión de Portugal por parte de la monarquía española de los Habsburgo generó fuertes gastos por las guerras españolas en Europa en el periodo conocido como el ‘cautiverio de los seis años’, aunque la apertura de los territorios coloniales españoles favoreció a la burguesía y a miembros de la alta nobleza portuguesa. Después de 1600, el dominio portugués sobre las Indias Orientales se perdió a favor de holandeses y de ingleses. Bajo Felipe I, Portugal disfrutó de una autonomía considerable, pero sus sucesores, Felipe II (Felipe III de España) y Felipe III (Felipe IV de España), trataron a Portugal como una provincia española más, lo que provocó un gran descontento. Después de las fallidas revueltas de 1634 y de 1637, los conspiradores portugueses consiguieron, con el apoyo de Francia, la independencia de su reino en 1640, aprovechando la revuelta catalana y la debilidad de la monarquía hispánica, que no reconoció la independencia hasta 1668. Juan, duque de Braganza, fue elegido rey como Juan IV, primer rey de la casa de Braganza, que gobernó Portugal hasta la finalización de la monarquía.

Juan IV y sus sucesores.

El rey Juan IV (1640-1656) expulsó a los holandeses de Brasil, que se habían instalado allí en 1630 y restableció las relaciones tradicionales con Inglaterra. Aunque bastante debilitado por los conflictos con España en la segunda mitad del siglo XVII, Portugal recobró una parte de su prosperidad en el siglo XVIII, después del descubrimiento de oro y diamantes en Brasil. Entre 1683 y 1750, durante los reinados de Pedro II y de Juan V, los británicos dominaron el comercio portugués; la monarquía se hizo más despótica y las Cortes cayeron en desuso. Durante el reinado de José I , el reino estuvo bajo el control de un valido, Sebastião José de Carvalho e Melo, marqués de Pombal, considerado uno de los mayores hombres de Estado de la historia moderna de Portugal y máximo exponente de la Ilustración portuguesa. Aunque de forma despótica, trabajó para disminuir el poder de la nobleza y de la Iglesia, fomentó la industria y la educación, y acabó con el monopolio extranjero del comercio. Sin embargo, Pombal fue destituido al subir al trono la hija de José I, María I, en 1777. Durante la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas, Portugal se alió con Gran Bretaña en contra de Francia.

En 1807, cuando los ejércitos de Napoleón entraron en España y amenazaron a Portugal, la familia real se retiró a Brasil y estableció en Río de Janeiro la sede del gobierno. Un ejército francés ocupó Portugal, pero fue derrotado en 1808 por tropas inglesas al mando de Arthur Wellesley, después primer duque de Wellington. Por la Convención de Sintra (30 de agosto de 1808), los franceses abandonaban el país, pero lo volvieron a invadir un año después. Wellington frenó de nuevo el avance francés y, en 1811, Portugal se libró de la influencia francesa. La familia real portuguesa decidió de todas formas permanecer en Brasil, que en 1815 se declaró como nuevo reino. En 1816, Juan VI accedió a los dos tronos, gobernando Portugal a través de un Consejo Regente.



La monarquía constitucional.

En 1820 la Armada portuguesa encabezó una revolución con el fin de conseguir un gobierno constitucional. El rey Juan, que acordó volver a Portugal como monarca constitucional, nombró a su hijo Pedro regente de Brasil. En 1822 éste proclamó la independencia del imperio de Brasil, y pasó a ser el emperador Pedro I. En Portugal, mientras tanto, el hermano de Pedro, el infante don Miguel, pidió ayuda a los partidarios de la monarquía absoluta para acabar con los constitucionalistas y dirigió una insurrección el 30 de abril de 1824. Sin embargo, el rey Juan mantuvo el poder y Miguel se marchó al exilio a Viena.

En 1826, Pedro I de Brasil le sucedió en el trono de Portugal como Pedro IV. Puso en marcha un régimen constitucional que mantenía la autoridad de la monarquía. Obligado a abdicar a favor de su hija, María II (llamada Maria da Gloria, una niña de siete años de edad), el príncipe Miguel volvió de Viena en 1828 y, gobernando como regente de María II, subió al trono. A este periodo le siguió una etapa de lucha civil. Con la ayuda de Inglaterra, Francia y España, María volvió en 1834 a ocupar el trono.

Su reinado estuvo caracterizado por los conflictos entre los liberales, que apoyaban la Constitución de 1822, y los absolutistas, que apoyaban la Carta otorgada por Pedro I en 1826. Bajo sus sucesores —Pedro V, que reinó desde 1853 hasta 1861, y Luis, que reinó desde 1861 hasta 1889— las luchas políticas se hicieron menos pronunciadas.

La República

Durante el reinado de Carlos I se desarrollaron movimientos republicanos y radicales que se agudizaron con el nombramiento del absolutista João Franco como primer ministro en 1906. En 1908, Carlos y su hijo mayor fueron asesinados en Lisboa. El segundo hijo de Carlos subió al trono como Manuel II y, aunque restauró el gobierno constitucional, su gobierno corrupto igualó al de su padre. En octubre de 1910 el Ejército y la Armada dirigieron una revolución que depuso a Manuel y que estableció la República. En 1911 entró en vigor una constitución liberal que en uno de sus artículos se proclamaba la separación entre la Iglesia y el Estado. Manuel José de Arriaga fue elegido primer ministro de la República de Portugal.

Durante los siguientes 15 años, Portugal estuvo sacudido por el caos político. El promedio de duración en el  cargo de los primeros ministros era de cuatro meses. A principios de 1916, durante la I Guerra Mundial, Portugal, respetando su alianza con Gran Bretaña, se apoderó de los barcos alemanes en el puerto de Lisboa. El 9 de marzo Alemania declaró la guerra a Portugal. Las tropas portuguesas combatieron en Francia y en África. Sin embargo, continuó el desorden interno y la turbulencia política, y en 1919 un levantamiento realista añadió mayor confusión a la situación. En mayo de 1926, un golpe de Estado depuso al ministro decimocuarto desde que se proclamó la República. A los pocos días de estos sucesos, los dirigentes militares eligieron al general António de Fragoso Carmona para encabezar el nuevo gobierno. En 1928 Carmona fue nombrado presidente en unas elecciones en las que él era el único candidato. En el mismo año nombró a António de Oliveira Salazar, un profesor de economía de la Universidad de Coimbra, como ministro de Finanzas. Salazar recibió poderes extraordinarios para dar una base solvente a la economía portuguesa.



El régimen de Salazar

Salazar tuvo éxito y rápidamente se convirtió en la figura política más importante de Portugal. Profundamente religioso, restableció gran parte  del poder de la Iglesia. En 1930 fundó la União Nacional (Unión Nacional), una organización política basada en principios autoritarios. Pasó a ser primer ministro y dictador en 1932 y promulgó una nueva constitución en 1933 por la que se creó el Estado Novo (Estado Nuevo). Portugal se convirtió en un Estado corporativo con una economía planificada, donde no había ninguna posibilidad de llevar a cabo gestos o actos de oposición política. En 1936, con el inicio de la Guerra Civil en España, Salazar apoyó a los insurrectos dirigidos por el general Francisco Franco. En 1939 Portugal firmó un tratado de amistad de no agresión con España, al cual se le añadió, el 29 de julio de 1940, un protocolo para asegurar la neutralidad de ambos países durante la II Guerra Mundial. Sin embargo, en octubre de 1943, cuando las fuerzas del Eje se debilitaron, Portugal permitió a los aliados utilizar las Azores como base aérea y naval.

Los años de la guerra alteraron considerablemente la economía planificada. La industria pesquera declinó, las exportaciones disminuyeron y los refugiados afluyeron de forma masiva al país. Además, el avance japonés en las Indias Orientales amenazó sus territorios ultramarinos de Asia, y Timor fue tomada en 1942. Al finalizar la guerra, el desempleo y la pobreza aumentaron de forma alarmante. Se prohibió la actividad de la oposición política a Salazar y los candidatos de la Unión Nacional monopolizaron las elecciones de noviembre de 1945. En mayo de 1947, después de aplastar un intento de revuelta, el gobierno deportó a numerosos dirigentes unionistas y a varios oficiales del Ejército a las islas de Cabo Verde. El mariscal Carmona fue elegido presidente sin oposición en febrero de 1949. Murió en abril de 1951 y fue sucedido en julio por el general Francisco Lopes, un partidario de Salazar.

Durante la década de 1950, Portugal fortaleció las relaciones con Estados Unidos y en 1958 Salazar permitió que un candidato de la oposición, Humberto Delgado, se presentara a la presidencia, pero fue vencido por el candidato gubernamental, el contralmirante Américo Deus Thomaz, que en 1965 y en 1971 fue reelegido.

En la década de 1960, Portugal tuvo que hacer frente a varias revueltas en sus territorios ultramarinos; la India se anexionó Goa en 1961 y en África estallaron varias rebeliones: en Angola a principios de 1961, en Guinea a finales de 1962 y en Mozambique en otoño de 1964. La respuesta del gobierno fue organizar campañas militares represivas contra estos levantamientos africanos, al tiempo tomó medidas para mejorar las condiciones políticas y económicas en esos territorios. Así, en 1961 Portugal extendió la ciudadanía portuguesa a los habitantes de sus colonias africanas, pero continuaron los fuertes enfrentamientos a lo largo de toda la década y de la siguiente. Durante este periodo, las Naciones Unidas condenaron a Portugal por mantener guerras coloniales. La importancia de las colonias para el mantenimiento del régimen dictatorial era fundamental en el aspecto económico, pues constituían la principal fuente de divisas portuguesas.

A mediados de la década de 1970, varios préstamos extranjeros ayudaron a desarrollar varios proyectos de regadío y construcción de obras públicas. Aunque hubo varias manifestaciones de estudiantes durante este periodo, la oposición política al régimen de Salazar no se organizó.

Reformas democráticas

El 29 de septiembre de 1968, Marcelo Caetano, un profesor de derecho y hombre de negocios y durante mucho tiempo asociado a Salazar, se convirtió en primer ministro sucediendo a Salazar, que había quedado incapacitado por una apoplejía. Aunque Caetano era partidario de reformas, cuando entró en posesión de su cargo continuó la política represiva de Salazar, especialmente en África.

Una serie de éxitos militares y políticos realizados por los movimientos de liberación africanos amenazaron la estabilidad económica (ya muy débil por los elevados gastos militares para mantener las guerras coloniales) de Portugal y permitieron que un grupo de oficiales portugueses derrocaran el gobierno de Caetano el 25 de abril de 1974 de forma incruenta, en la denominada ‘revolución de los claveles’. Una junta de siete miembros, dirigida por el general António de Spínola, se hizo con el poder y prometió establecer un sistema democrático en Portugal y la independencia de los territorios africanos. Durante 1974 y 1975, Guinea-Bissau, Mozambique, las islas de Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe y Angola se independizaron, y en 1975-1976 el Ejército indonesio ocupó Timor. El regreso de las tropas y de los colonos a Portugal desde las nuevas naciones independientes agravó los problemas de desempleo y de inquietud política en la metrópoli.

El 30 de septiembre de 1974 Spínola dimitió ante el crecimiento de la influencia comunista. Le sustituyó el general Francisco da Costa Gomes. Vasco Gonçalves, que se había convertido en primer ministro en julio, permaneció en su cargo. A principios de 1975 el Movimiento de las Fuerzas Armadas (Movimento das Forças Armadas, o MFA) asumió un papel formal en el gobierno y se dieron los primeros pasos para reorganizar las Fuerzas Armadas. El gobierno provisional aprobó una ley que autorizaba los sindicatos; de este modo se comenzó a reformar la economía y la vida social portuguesa. Entre las primeras acciones que se llevaron a cabo estaba la nacionalización de algunas industrias pesadas y de la banca, y la expropiación y redistribución de los grandes holdings agrícolas. En marzo se sofocó un intento de golpe de Estado por parte de la derecha, dirigida por Spínola. En abril los socialistas triunfaron en las elecciones para formar una asamblea constituyente.

Gonçalves formó un nuevo gobierno, pero se mostró inestable. Después de una serie de choques entre socialistas y comunistas, seguidos por violentas manifestaciones anticomunistas (especialmente en el norte), el MFA estableció un triunvirato compuesto por Costa Gomes, Gonçalves y el general Otelo de Carvalho, encargado de las fuerzas de seguridad de Portugal. En septiembre, ante la insistencia de la Armada, el vicealmirante José de Azevedo sustituyó a Gonçalves como primer ministro. Bajo el gobierno de Azevedo se consiguió una cierta estabilidad y se adoptó una nueva legislación económica con el fin de atraer capital extranjero. En las elecciones generales de abril de 1976, los socialistas consiguieron la mayoría de los votos, y su dirigente, Mário Soares, pasó a ser el primer ministro. En junio, el general António Ramalho Eanes fue elegido presidente de Portugal. La situación económica no mejoró durante los dos años siguientes y, a mediados de 1978 Soares dimitió. Después del fracaso de dos gobiernos sucesivos, la conservadora Alianza Democrática (dirigida por Francisco), ganó por clara mayoría las elecciones parlamentarias celebradas en diciembre de 1979. Sá Carneiro juró el cargo de primer ministro en enero de 1980, pero murió en un accidente aéreo en diciembre de ese año. Le sucedió Francisco Pinto Balsemão, otro conservador, en enero de 1981. Durante su gobierno, se disolvió el Consejo Militar de la Revolución en 1982 a través de una enmienda constitucional. Las elecciones parlamentarias de abril de 1983 llevaron de nuevo a Soares al cargo de primer ministro. El gobierno de Soares introdujo un programa de austeridad y comenzó las  negociaciones para que Portugal entrara a formar parte de la Comunidad Europea (actual Unión Europea). Las elecciones de octubre de 1985 permitieron la formación de un gobierno minoritario dirigido por el socialdemócrata Aníbal Cavaco Silva. Soares fue elegido presidente de la República en las elecciones de 1986; Portugal entró en la Comunidad Europea en ese mismo año. La economía mejoró notablemente con la introducción de una política económica neoliberal y tecnocrática, y en las elecciones de 1987 los socialdemócratas consiguieron el control del Parlamento: por primera vez un solo partido conseguía la mayoría desde 1975. En enero de 1991, el presidente Soares renovó su cargo por un periodo de cinco años y los socialdemócratas mantuvieron su mayoría en las elecciones generales de octubre de ese año. En 1992, al tiempo que Portugal ocupaba la presidencia de la Comunidad Europea, se enrareció el ambiente social; hubo manifestaciones masivas de estudiantes contra los exámenes de ingreso en la universidad que provocaron la dimisión del ministro de Educación; los empleados de los servicios públicos se unieron para conseguir salarios más altos y los médicos mantuvieron dos días de huelga para protestar contra los planes del gobierno para privatizar algunos servicios de sanidad.

Tras una década de gobiernos de centro-derecha del Partido Social Demócrata, las elecciones legislativas de octubre de 1995 dieron el triunfo, aunque no la mayoría absoluta, al Partido Socialista. António Guterres accedió al cargo de primer ministro ese mismo mes. En enero de 1996 Mário Soares fue sucedido por Jorge Sampaio, también socialista, al frente de la presidencia de la República.  Esto ha provocado una situación insólita que no se producía desde hacía años: tanto el presidente como el primer ministro del país pertenecen al mismo partido político, lo que presumiblemente redundará en el buen entendimiento entre ambos cargos. El nuevo gabinete, que ha mantenido el carácter europeísta y la política de privatizaciones desarrollados por los socialdemócratas, ha de hacer frente a dos importantes retos: el del desempleo, cuyo porcentaje incluso ha aumentado en los últimos años, y el proyecto de regionalización, por el que se contempla la creación de nuevas entidades administrativas, que cuenta con el rechazo de numerosos sectores.

En política internacional, Portugal ha mejorado sus relaciones con España desde la década de 1980 y ha tenido desde esas fechas como máxima prioridad su plena integración en todas las estructuras de la Unión Europea. Las negociaciones con la República Popular de China dieron como resultado el acuerdo de 1987 para transferir Macao, territorio ultramarino de Portugal, al control chino en diciembre de 1999. Desde comienzos de 1988, Portugal desempeñó un papel significante en el proceso de restaurar la paz en Angola (una antigua posesión portuguesa), y en la participación de las negociaciones de paz en Mozambique. A pesar de los contratiempos, en 1993 continuaron las discusiones con Indonesia sobre el antiguo territorio portugués de Timor Oriental, que el régimen indonesio invadió violentamente y al que le niega su legítimo derecho a la autodeterminación.

Fuente: http://www.escuderos4x4.com/historia_de_portugal.htm



La Revolución de los claveles. El rechazo obrero y militar a la dictadura portuguesa.


Jorge Costa

 En la víspera del 25 de Abril, la sociedad portuguesa ardía lentamente en las contradicciones acumuladas por medio siglo de dictadura. En el centro de esas contradicciones estaba una guerra, que duraba trece años, por la conservación de las colonias africanas de Angola, Mozambique, Guinea, Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe. Este conflicto condicionaba toda la vida nacional, por el sufrimiento causado por la movilización de doscientos mil hombres, una décima parte de la población activa (un coste humano equivalente al doble de la guerra de Vietnam), por la ola de emigración impulsada por el hambre y por la guerra, por la inviable solución militar, la única concebida por el régimen.

La capacidad del Estado Novo, que organizó las derechas portuguesas en las formas que tomarán a lo largo del siglo, atravesando la Guerra Civil en España, la Segunda Guerra Mundial y los procesos de autodeterminación de los pueblos colonizados, se desgastó por el efecto de la guerra colonial y por la afirmación política de un sector burgués cuyo “desarrollismo” estaba cada vez menos conforme con el régimen de representación corporativa (que integraba los gremios patronales y los “sindicatos” del régimen) y del condicionamiento industrial, que mantenía una férrea tutela sobre todo el sistema productivo. Los propios grupos monopolistas, sin ablandar en ningún momento la extracción colonial, se interesaban desde los años sesenta por los mercados europeos, presionando por reformas que acentuaban las fracturas en el bloque político del régimen. Desde finales de los años sesenta, Portugal vivió un incremento de las luchas. Las universidades estaban paradas o cerradas, la represión se cernió sobre centenares de estudiantes de enseñanza secundaria. Se asentaron formas de organización sindical independiente de las que saldría la Intersindical (más tarde Confederación General de Trabajadores de Portugal, CGTP). Solo en el último medio año de dictadura, hubo cien mil huelguistas en los sectores industrial y servicios.

 El orden en el Estado Novo se volvió demasiado inestable. Los de “arriba”, así como los de “abajo”, presentían su fin. La intensificación de la guerra, con el alargamiento de sus frentes, llevó a un incremento del ejército que obliga a la atribución de mandos intermedios a jóvenes movilizados bajo el servicio militar obligatorio, salidos directamente de los medios estudiantiles radicalizados. Esos militares estarán en la preparación del 25 de Abril y en las luchas que le sucederán. En 1973 se formó el Partido Socialista, en torno a la figura de Mario Soares, que esperaba el final del régimen, decidido a explotar las posibilidades abiertas por sus relaciones con las potencias externas. El Partido Comunista Portugués (PCP), el más alineado con la Unión Soviética en toda Europa Occidental, permaneció como principal referencia de la resistencia clandestina, capaz de aglutinar sectores políticos amplios, incluso en los frentes creados para la participación en las actuaciones electorales de la dictadura. En la última década de la dictadura, el PCP se confrontó con una miríada de formaciones a su izquierda, fruto de la efervescencia estudiantil y capaces de dialogar con la radicalización obrera. A pesar de ser “una olla a presión”, como escribe Fernando Rosas, el Portugal de 1973 e inicios de 1974 no vivió una situación preinsurreccional. Sería el golpe militar, en gran medida involuntariamente, el que cambiaría la calidad del protagonismo popular.

 Los últimos intentos de reforzar la autoridad del Estado vinieron del interior del régimen, y resultaron en la formación de un campo político de pretensión neocolonial federalista, con fuertes relaciones con las potencias occidentales y con disposición a acometer la integración europea. El general Spínola lideraba esta política, representada en el parlamento de la dictadura por cuadros que fundarían los partidos de la derecha post 25 de Abril: Centro Democrático y Social (CDS) y Partido Socialdemócrata (PSD).

El primer ministro, Marcello Caetano, que sustituyó a Oliveira Salazar en 1968 con señales de apertura política, acabó por alinearse con los sectores africanistas y de ultraderecha, marginando al sector “liberalizador”. Elementos de los mandos intermedios militares, agotados por el esfuerzo de la guerra, organizaron el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), partiendo de unas reivindicaciones iniciales esencialmente corporativas. En las vísperas del golpe, intentaron buscar el apoyo político de la jerarquía y lo recibieron del jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Costa Gomes, y de su segundo, Antonio Spínola, exgobernador de Guinea.




 Año uno

El levantamiento militar del 25 de Abril no encontró resistencia relevante (excepto en la sede de la policía política, que disparó sobre civiles en el centro de Lisboa). El general Spínola recibió el poder de Marcello Caetano, que partió hacia el exilio. En la capital, pocas horas después de la entrada de los tanques en la Baixa, solo circulaban los claveles de la victoria, la primera señal de desobediencia al nuevo poder, que instaba a la población a no salir de sus casas. “A pesar de ser ‘una olla a presión’, el Portugal de 1973 e inicios de 1974 no vivió una situación preinsurreccional.

Sería el golpe militar, el que cambiaría la calidad del protagonis mo popular.”  Después de retirar del programa del MFA la autodeterminación de las colonias, Spínola subrayó en su discurso al país que la primera tarea del nuevo poder que presidía era “garantizar la supervivencia de la Nación soberana en su todo pluricontinental”. Sin embargo, las primeras semanas después del 25 de Abril bastaron para hacer fracasar las tentativas de mantener operativa la represión política y de consolidar una dirección burguesa mínimamente estable para el proceso político. 

El nuevo poder habló a varias voces, dividido entre la Junta de Salvación Nacional (donde Spínola dirigía los restos de la vieja jerarquía militar) y el Consejo de Estado, que incluía a los militares del MFA. Spínola esbozaba la tentativa de mantener el orden social (represión de la huelga de correos) y de articular rápidamente su base de apoyo (las grandes familias burguesas constituyeron el Movimiento por el Desarrollo de las Empresas y la Sociedad, con la promesa de la creación inmediata de cien mil empleos). Pero al nuevo poder le faltó la coherencia política y la fuerza armada para garantizar que los débiles movimientos de los grupos económicos condujeran a cualquier forma de normalidad. Esta casi total falta de presencia de la represión y las señales de apoyo de algunos sectores del propio MFA al movimiento de masas abrieron las puertas de la iniciativa popular y desencadenaron la Revolución portuguesa. En las colonias cesaron los combates y se inició la confraternización entre las tropas coloniales y de liberación. En la metrópoli los nuevos espacios de democracia fueron reconocidos a un ritmo siempre más lento que su imposición. Lo mismo ocurrió con la libertad sindical y el derecho a la huelga, el salario mínimo, el horario de trabajo, los festivos o el saneamiento político de las empresas en donde aún quedaban fieles al régimen caído y saboteadores de las transformaciones en curso. 

Sin fuerza de Estado, cada vez más dependiente de la turbulenta asamblea del MFA, Spínola realiza su acto político final al apelar, en septiembre de 1974, a la “mayoría silenciosa”, una movilización de masas como reacción que falló y que aumentó la confianza popular para el ciclo siguiente. Fueron aislados los elementos de continuidad con la vieja jerarquía y se insertaron las fuerzas armadas en el proceso de lucha de clases. El general del monóculo acabaría por juntarse con Marcello Caetano en Brasil.

 Dos corrientes en choque 

La revolución duró diecinueve meses, de abril de 1974 a noviembre de 1975, y dejó marcas duraderas en la democracia portuguesa, como forma constitucional y como modo de ejercicio de libertad política. Dos corrientes contradictorias chocaron, se cruzaron y se mezclaron en aquellos meses. Una fue la del permanente esfuerzo, concentrado en torno al MFA, de rehabilitar un centro de poder de Estado mínimamente eficiente. A lo largo de casi todo el período revolucionario, las principales fuerzas de izquierda, PCP y PS, integraron esa corriente, procurando influir en la conformación  del nuevo poder y una porción de este. 

En esta búsqueda de respetabilidad institucional, el PCP se empeñó en la desmovilización de huelgas consideradas “salvajes” y aseguró que no haría de la salida de la OTAN una prioridad política; al mismo tiempo, al prever un resultado adverso en las elecciones generales en un país con las características de Portugal, se concentró en la “institucionalización” del MFA en cuanto legitimidad de Estado paralela a la Asamblea Constituyente por elegir. En cuanto al Partido Socialista, preparó las elecciones, esenciales en la reconstitución de un poder que se pudiera imponer a la dinámica popular. Soares concilió las proclamaciones a favor del socialismo (por otra parte compartidas por todo el espectro político) con el eslogan “Europa con nosotros”, que remitía a la integración en el mercado común europeo, de cuyas potencias recibió relevantes apoyos. 

La otra corriente es la de la democracia real, el protagonismo popular directo y la autoorganización de las masas, que se enfrentaron a unas necesidades urgentes y a la presión de la crisis (poco después del shock petrolífero de 1973) generando su propia cultura política y estructuras de intervención. Esta corriente sobrepasó ampliamente los márgenes de la autoridad del Estado, en la forma de movimientos de ocupación de casas por la población confinada en barracas, la construcción directa en los barrios y los servicios sociales, escuelas, centros de salud, la constitución de organismos de barrio, de empresa, la autogestión obrera, la fundación de unidades cooperativas de producción en las áreas agrícolas ocupadas. 

En cada una de estas experiencias se vivieron contradicciones, impasses, conflictos y conquistas de profundo significado y duradero alcance. Fueron el violento despertar de partes importantes de una sociedad atrasada y despolitizada, donde la autoorganización de la clase trabajadora fue prácticamente invisible durante cuatro dé- cadas y que aprendió en días y semanas a realizar la revolución, dirigiéndose desde muy temprano al corazón del sistema: la propiedad, fuese de la tierra, inmobiliaria o industrial.

Este súbito cambio de todas las dimensiones de la vida social fue un gran trauma histórico que la burguesía portuguesa nunca superaría. Su clímax ocurre a partir del 11 de marzo de 1975, fecha de una fracasada intentona militar aún dentro del entorno del general Spínola, a la que sucedió una aceleración del proceso revolucionario. Acusados de sabotaje económico, numerosos dirigentes de los grupos monopolistas conocieron la prisión o el exilio. Fueron aprobados los decretos de la reforma agraria y de nacionalización de la banca (esta última medida, condición de mantenimiento del sistema financiero, fue aprobada hasta con los votos del PSD, de derecha). Con la disolución de varios grupos de extrema derecha, se establecieron en el Estado español redes de agitación y terrorismo anticomunista, apoyadas en sectores de la jerarquía católica portuguesa, que realizaron centenares de atentados contra sedes y activistas del PCP y de la izquierda radical, e incluso algunos asesinatos.




 La ruptura en el MFA y la preparación del 25 de noviembre

 Estas dos corrientes van a coexistir durante un año entero, un año que transforma el país en profundidad. Pero, sobre todo a partir de las elecciones del 25 de abril de 1975, los impasses económico y político de la Revolución portuguesa abrirán una fractura entre dos campos políticos en confrontación. En estas primeras elecciones, de elevadísima participación, el Partido Socialista fue el más votado (38%). Considerando la votación del área comunista (PCP+MDP: 16,5%) y la izquierda radical (4%), los partidos de derecha (PSD+CDS: 34%) se quedaron a gran distancia. Sin embargo, los alineamientos políticos siguientes serían otros, definidos por la naturaleza del poder tras las elecciones, que durante medio año sería producto de una negociación entre el MFA y los partidos representados en la Asamblea Constituyente y en el Gobierno. 

El papel de intermediario del MFA entre la debilitada autoridad del Estado y el movimiento de masas había llegado a su límite. Los choques provocados por la lucha de clases se reflejaron en el movimiento militar: “spinolistas” (derecha), “grupo de los nueve” (PS), “gonçalvistas” (PCP), Comando Operacional del Continente (Copcon, dirigido por Otelo). El “verano caliente” de 1975 se vivió como un enfrentamiento entre dos campos contrapuestos. Por un lado existe un protagonismo político de sectores sociales movilizados, que llegaron a ensayar formas de “doble poder” (en junio de 1975, por ejemplo, se reunió en Lisboa en el regimiento militar de ingeniería, la primera asamblea popular, reuniendo a más de cincuenta comisiones de habitantes y 26 de trabajadores), acentuándose la crisis jerárquica de las fuerzas armadas, a partir de la formación de los colectivos “Soldados Unidos Vencerán” (SUV) y del propio Copcon. Este último cuerpo mantiene un estrecho contacto con las acciones de masas más avanzadas, que tuvieron sus momentos culminantes con las ocupaciones de instalaciones militares y en las manifestaciones convocadas por los SUV el 10 de diciembre en Oporto, donde se reunen mas de cuarenta mil personas, encabezadas por dos mil soldados, y la del 25 de septiembre, con la participación de cerca de cien mil personas, entre las cuales destacaron centenares de militares de uniforme llegados de quince unidades. Al final de la manifestación, decenas de autobuses fueron ocupados para llevar a los manifestantes al presidio de Trafaria, donde liberan a militares presos por pertenecer al SUV. 

A pesar de su dinámica ascendente, este amplio sector estaba lejos de conseguir generar una dirección política revolucionaria que encontrara formas de alianza social y política mayoritarias y que correspondiera con la expresión autónoma de la iniciativa popular. Por otra parte, quien sí que se articuló y se unificó es el campo de la reacción, en torno a la bandera de imponer el orden y la autoridad del Estado. Ese, al final, fue el único sector que, como escribió Francisco Louça, “era poder y luchaba por el poder” (Louça, 1984).

El desenlace de esta confrontación llegará el 25 de noviembre, fecha del pronunciamiento militar que agrupa a la derecha política y militar junto con el PS bajo el mando de Eanes (“grupo de los nueve”), el cual llegaría a presidente de la República con esos apoyos. El PCP fue aceptado en la “democracia consensual” a partir de entonces. En sus textos, este partido explicaba claramente su postura en las horas críticas de la revolución portuguesa: El Comité Central del PCP llama la atención sobre las ilusiones idealistas que llevaron a algunos sectores a ver en las formas de organización popular los futuros órganos de poder del Estado. Llama también la atención sobre la teorización verbal sobre el “poder popular”, que solo crea la ilusión de la existencia de un poder político popular en oposición al poder militar y gubernamental (Avante, 16/12/1917). Ya derrotado, este sector de “ilusos idealistas” se expresará todavía en las elecciones presidenciales de 1976, reuniendo el 16% de los votos en la candidatura del teniente-coronel Otelo Saraiva de Carvalho, más del doble de los obtenidos por el candidato del PCP, Octavio Pato.




El Estado rehace a la burguesía portuguesa

Los años siguientes al período revolucionario fueron los de la reorganización de las condiciones de producción, sobre el marco de las relaciones de fuerzas provocado por la Revolución y de la concreción en ley de algunas de las “conquistas” del proceso. El viento de Abril soplará aún en el campo de los derechos sociales, con el desarrollo de la Seguridad Social y del Servicio Nacional de Salud, así como avances en el terreno de las libertades y de los derechos de las mujeres. Las nacionalizaciones a lo largo de 1975 conformaron un sector público con más de ochenta empresas y otras ciento cuarenta en las que participaba el Estado, incluyendo el 90% de la banca y la mayor parte de los transportes, comunicaciones y energía, abarcando cerca de una cuarta parte del PIB. La reforma agraria, que en 1975 alcanzó 1,2 millones de hectáreas, y que afectaba a más de cuarenta mil trabajadores (y otros tantos eventuales) duró una década, aunque concentrada en la región de Alentejo, en el sur del país. 

Solo en 1977 se registró la primera caída de los salarios reales. A lo largo de una década y media, el sistema económico permanecerá fuertemente intervenido por el Estado, con una clase dominante débil y sin condiciones políticas y financieras para gestionar por sí misma las grandes empresas. El Estado se hizo cargo de la gestión del sistema económico y asumió su papel histórico como incubadora y protector de la burguesía portuguesa. Es bajo la dirección estatal que opera la reconstitución del poder de la burguesía. El fin de este periodo de transición estuvo marcado por la adhesión a la Comunidad Económica Europea en 1986. A lo largo de los años 80 se reforzó  la dependencia externa, el modelo de bajos salarios y de especialización en sectores de mano de obra intensiva y bajo nivel tecnológico. Esta realidad permaneció incluso con la masificación de la universidad y de toda la enseñanza (en 1974, el 40% de la población era analfabeta). El crecimiento económico acelerado producido entre 1974 y 2004 (3,5% al año) se asentó fundamentalmente sobre la movilización de más trabajo, especialmente de mujeres. 

La integración europea y las mayorías absolutas de la derecha (gobiernos de Cavaco Silva, PSD) crearon las condiciones para la apertura de un ciclo de privatizaciones, con las necesarias revisiones constitucionales que revirtieron la “irreversibilidad” de las nacionalizaciones. La derecha y después el PS entregaron a las viejas familias capitalistas de la dictadura (Champalimaud, Espírito Santo, Mello) el control de gran parte de la banca, estructura estratégica para el proceso de financiarización de la siguiente fase de las privatizaciones. Es en la banca privatizada donde se va a asentar el fuerte endeudamiento de los viejos y nuevos grupos económicos (Sonae, Amorin, Jerónimo Martíns, construcción civil) que recurrieron a los grandes negocios del momento: las rentas monopolísticas de energía y telecomunicaciones, la gran distribución y el sector inmobiliario. Es precisamente en el sector inmobiliario y en la construcción en donde se apoyó la demanda interna durante este largo período de compresión salarial. Esta política se vio compensada por las facilidades para el endeudamiento de los hogares desde la banca nacional y privada con la banca europea. Entre 1991 y 2010, el número de viviendas en Portugal crece a un promedio anual de 80.000 nuevas viviendas, el equivalente a una ciudad como Coimbra. 




Todo este modelo dependía de una fuerte inversión pública, principalmente del gasto en infraestructura y de la especulación, como en el caso de los estadios de fútbol, por ejemplo. La estrategia neoliberal, impuesta a partir del espacio europeo, fue disminuyendo la capacidad de la economía portuguesa, cada vez más dependiente de capitales extranjeros, más subalterna y endeudada. La capacidad exportadora quedó limitada por las condiciones de adhesión a la moneda única, y la inversión externa se limitaba a cadenas de montaje de reducido valor añadido. La clase dominante buscó su “zona de confort” en una economía vulnerable a las recesiones, que reventó con la crisis financiera de 2008 y la especulación internacional con deuda pública portuguesa. El resto de la historia es conocido: la intervención externa de 2011 desencadena una contrarrevolución social de proporciones inesperadas y un proceso de transferencia de la riqueza sin precedentes en la historia nacional. Los sectores protegidos de la economía continúan produciendo fortunas crecientes, al mismo tiempo que, considerando los patrones de 2009, el porcentaje de la población que vive bajo el umbral de la pobreza pasa del 18% al 25%. El periodo de la intervención de la Troika es el más intenso en privatizaciones desde la Revolución, entregando al capital extranjero los aeropuertos, el control del sistema energético, un tercio del mercado de seguros, correos… y la lista de privatizaciones previstas para 2014 se extiende a los transportes aéreos, las líneas ferroviarias suburbanas y al tratamiento de residuos urbanos. 

Los números del desempleo son mal disfrazados por las iniciativas estatales que retiran de las estadísticas a una parte significativa de los desempleados y sobre todo por el éxodo forzoso de más de cien mil portugueses por año. Mientras tanto, de los que mantuvieron el empleo, más de la mitad recibían el salario mínimo (485 euros) o sufren recortes del 23% del salario. Existen en Portugal 5,5 millones de personas capaces de trabajar y 1,2 que están en paro o emigran. Casi un millón trabaja menos de 10 horas por semana. Un millón trabaja más de cuarenta horas por semana.

“Todo lo que es sólido…” 

La ruta portuguesa de los últimos cuarenta años nos lleva a la amargura de la “irreversibilidad” de las conquistas populares inscritas en la Constitución de 1976. El gran miedo experimentado por la oligarquía portuguesa en aquel corto período fue el resultado de una transición democrática hecha “en caliente” (a diferencia de la experiencia de la transición española). En ella surgieron, después de las primeras erupciones del pueblo en la iniciativa social y política, en abril y mayo de 1974, los signos de la presencia del “viejo topo”, la revolución socialista, con incursiones en la propiedad privada y en el control del territorio y de las empresas. Pero el Estado nunca perdió el control y fue capaz de reconocer pacientemente victorias parciales y avances históricos, restableciendo el consenso, es decir, el control total de la clase dominante. 

Cuando Portugal parece volver por el camino de los años sesenta (tiempos de desnutrición y de guerra, con centenares de miles de portugueses expulsados de su país), la actual tragedia portuguesa es una impugnación de las ilusiones gradualistas de ciertas izquierdas. Quien quiso ver en la crisis prerrevolucionaria de 1974-1975 el principio de un camino de modernización democrática y social del país, como pregonaba la doctrina del PCP en los años sesenta con sus teorías sobre las tareas de la revolución democrática antimonopolista, tienen hoy un triste retrato de lo que es una “democracia avanzada” bajo el poder del capital. Para la izquierda que hoy lucha por una mayoría social de ruptura contra el chantaje de los acreedores, que defiende la nacionalización de la banca y de los sectores estratégicos para la autodeterminación económica del país y la ruptura “En esos diecinueve meses, totalmente únicos en la historia portuguesa por la dimensión del movimiento popular en el proceso revolucionario, el pueblo conquistó una dignidad como nunca antes y cambió toda la fachada del país” de los mecanismos que comprimen la democracia —los tratados europeos, el militarismo de la OTAN— la experiencia de la crisis prerrevolucionaria de 1974-75 continúa siendo una lección esencial sobre la naturaleza del poder de la burguesía, de su capacidad de supervivencia, adaptación y recomposición. 

En esos diecinueve meses, totalmente únicos en la historia portuguesa por la dimensión del movimiento popular en el proceso revolucionario, el pueblo conquistó una dignidad como nunca antes y cambió toda la fachada del país. Por eso mismo, incluso en horas sombrías como estas que los trabajadores atraviesan hoy, las calles de Portugal vuelven a encenderse con la canción que en la madrugada del 25 de Abril dio la señal a los rebeldes para salir de los cuarteles,“Grandola, Vila Morena”, de Jose Afonso.

Fuente: http://vientosur.info/IMG/pdf/VS133_J_Costa_40_anyos_Revolucion_claveles.pdf


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Grandola, Vila Morena - José Alfonso: