lunes, 26 de enero de 2015

La comunidad túrquica judía: los caraítas

Dentro del mundo túrquico sin duda uno de los grupos más sorprendentes y enigmáticos son los caraítas o karaim. Se trata de un grupo étnico repartido en pequeñas comunidades a lo largo y ancho del mundo cuya identidad colectiva se fundamenta en su fe religiosa. Efectivamente el caraísmo es una rama del judaísmo, que a grandes rasgos se basa en el valor preponderante que conceden a las Escrituras (el Tanaj o Antiguo Testamento), frente a la corriente mayoritaria del judaísmo, la rabínica, que incorpora los preceptos del Talmud, la tradición oral.

De hecho, la palabra “caraíta” proviene del verbo qara ‘leer’ (de la misma raíz semítica de la que deriva la palabra “Corán”), es decir, ya el propio etnónimo es un reconocimiento de la autoridad de la Ley Escrita. Los templos donde se reúnen los caraítas no se denominan sinagogas, sino “kenesas”.

Todo esto no tendría mucho interés en un blog como este, si no fuera porque una buena parte de quienes profesan esta fe hablan una lengua túrquica: el caraíta, o karaim. Sus asentamientos tradicionales están en la península de Crimea, en Lituania y en Polonia.

No se sabe en qué momento se produjo la turquización de los caraítas, de hecho su origen mismo es bastante oscuro. Básicamente lo que no se ha logrado saber es si los actuales caraítas son descendientes de judíos que adoptaron la lengua turca o descendientes de turcos que adoptaron la religión judía. Los propios caraítas se reclaman herederos del reino jázaro, un reino túrquico medieval radicado en las estepas del norte del Cáucaso cuyos gobernantes se convirtieron al judaísmo presumiblemente en algún momento entre los siglos VIII y IX. Como rasgo significativo de su antigua turquicidad baste recordar que entre ellos es frecuente llamar a Dios con el nombre túrquico de Tengri o Tanrı, en lugar del más común Yahvé.

Sabemos que ya en el s.XIII los caraítas formaban una comunidad de cierta importancia en la península de Crimea, a orillas del mar Negro. Uno de sus centros principales en época medieval era Çufut Kale (literalmente “fortaleza judía”).

En 1397, en el transcurso de su guerra en Crimea, el gran duque Vitautas (el mismo que encargó el primer plano de Constantinopla), invitó a 483 familias caraítas a instalarse en Lituania, en concreto en una zona a lo largo de la frontera de su dominio con el de los Caballeros Teutones. Era una franja estratégica que el gran duque pretendía repoblar como colchón defensivo frente a sus enemigos germánicos, y aún hoy viven en ella comunidades caraítas.



Los caraítas de Ucrania, Polonia y Lituania se han dedicado tradicionalmente a la agricultura y la ganadería, a la trata de caballos, y en ocasiones especiales, debido a su dominio de la lengua turca, eran encargados de llevar a cabo el pago de rescates para liberar a prisioneros en manos otomanas.

En los siglos XVI y XVII los caraítas despertaron la curiosidad de numerosos teólogos protestantes, quienes se veían en cierto modo reflejados en su concepción del judaísmo, enfrentada a una tradición rabínica en la que percibían analogías con la Iglesia Católica.

En el s.XVIII numerosas comunidades caraítas comenzaron a distanciarse públicamente de sus orígenes judíos, sobre todo tras la conquista rusa de Crimea. Fundamentalmente trataban de impedir que se les aplicase la legislación restrictiva que en materia de propiedad e impuestos imperaba sobre los súbditos judíos. Alegaban que sus ancestros llevaban en Crimea desde el s.VI, donde habían sido enviados tras la conquista de Israel por parte del rey Senaquerib de Asiria. También alegaban que no se encontraban en Palestina en el momento de la crucifixión de Jesús. La administración rusa transigió con sus peticiones y desde 1795 los caraítas de Crimea dejaron de ser judíos a efectos legales.

Durante la Segunda Guerra Mundial los caraítas fueron excluidos de la política nazi de exterminio de los judíos. Los nazis no los veían como hebreos, sino como un pueblo túrquico más, similares a los tártaros, de modo que fueron objeto del mismo trato que otras poblaciones no eslavas de la Unión Soviética, a quienes al final de la guerra los nazis trataban de volver en contra de la mayoría rusa.

Desgraciadamente se ha sabido que en 1944 había un número nada desdeñable de caraítas sirviendo en la Wehrmacht y en las Waffen-SS, de modo que se confirma la trágica paradoja que supone la existencia de judíos combatiendo codo a codo con los nazis.

Hoy, en el siglo XXI, perviven poblaciones caraítas no sólo en Crimea, sino también en localidades que actualmente pertenecen a Lituania, Polonia y Ucrania, es decir, los descendientes de las 483 familias invitadas por el duque Vitautas. Entre estas, las comunidades más importantes se encuentran en Halych (Ucrania) y sobre todo en Trakai (Lituania), donde existe un barrio caraíta, una kenesa muy bien conservada y un museo sobre el pueblo karaim. Las casas del barrio caraíta tienen una arquitectura muy particular, con tres ventanas en la fachada que da a la calle, que según la tradición corresponden, respectivamente, a Dios, a la familia que vive en esa casa, y al gran duque Vitautas.


El respeto por la comunidad es tal que cuando dos personas se cruzan en la calle del barrio caraíta, es costumbre saludarse en caraíta, aunque ninguno de los dos sea hablante de la lengua.

Si bien su número es extremadamente reducido (la población más importante, la lituana, no llega a 400 personas) los caraítas han mantenido su lengua túrquica a lo largo de los siglos, en parte gracias a su uso en la liturgia.

De hecho al parecer ya hubo traducciones de la Biblia a su lengua en el s.X, textos que se han ido transmitiendo de generación en generación, y gracias a los cuales la lengua caraíta  presenta muchos rasgos arcaicos, algo similar a lo que sucede con el ladino de los sefarditas o el yiddish. Según muchos estudiosos, la actual lengua caraíta, que será objeto de una entrada en este blog, es básicamente la misma que la que se puede leer en el Codex Cumanicus, un texto túrquico para uso de misioneros católicos cuya composición se remonta al s.XIII.


Aparte de sus asentamientos tradicionales en Crimea y Lituania, ha habido comunidades caraítas esparcidas por numerosos lugares de todo el mundo: Kiev, Moscú, Varsovia, París, Berlín, Jerusalén, El Cairo, Estados Unidos, incluso en España hay atestiguada la presencia de caraítas en el s.XII, aunque sospecho que no se trataba de caraítas de lengua túrquica.

Los caraítas de Estambul

Los primeros caraítas pudieron haber llegado como misioneros a la antigua Constantinopla alrededor del s.X. De hecho, paradójicamente, su lengua litúrgica tradicional no era el caraíta, sino el griego. En el s.XII Benjamín de Tudela cuenta unos 500 caraítas en la ciudad, frente a unos 2000 rabinitas, todos ellos instalados en Pera, y antes de 1453 se estima en siete el número de kenesas en la ciudad. Con la conquista de la ciudad por parte de los turcos numerosos caraítas de la vecina ciudad de Edirne emigraron a la nueva capital, lo que fue el comienzo de una nueva edad dorada para la comunidad. En esa época sobresale la figura del humanista Caleb Afendopolo, un intelectual considerado un mediador entre la comunidad caraíta y la sefardita.

El lugar de asentamiento tradicional de los caraítas, por lo menos en los últimos siglos, es el barrio de Hasköy, donde había también una importante comunidad de judíos sefarditas. En este barrio, próxima a varias sinagogas, se encuentra la única kenesa de la ciudad que sigue en pie. Se trata de un edificio muy humilde, construido en fecha desconocida. Fue restaurada en 1536, pero ardió totalmente en un incendio en 1774 y no volvió a ser reconstruida hasta el s.XIX. En 1908 un nuevo incendio supuso la marcha de la mayor parte de las familias caraítas del barrio.

Antiguamente también había habido comunidades y kenesas caraítas en otras partes de la ciudad: en los barrios de Fener, de Balat y Eminönü, en los terrenos que desde 1597 ocupa la Mezquita Nueva, así como en la parte baja de Gálata, en un barrio conocido como Karaköy, cuyo nombre puede provenir de los propios caraítas (“karayköy”, villa de los caraítas).

Los caraítas de la ciudad se dedicaban tradicionalmente a dos oficios: el comercio de tabaco y la joyería de perlas. Sus lazos con el resto de comunidades caraítas repartidas por el mundo eran estrechos. Durante mucho tiempo Estambul se convirtió en parada obligatoria en las peregrinaciones a Jerusalén y los caraítas locales acogían en sus casas a los peregrinos extranjeros. Muchos de ellos, como Samuel David Bar en el s.XVII, dejaron por escrito vívidas descripciones de la vida de la comunidad.

La comunidad más próxima a Estambul, física y también espiritualmente, era la de Crimea. En no pocas ocasiones muchas familias acudían a Crimea en busca de jóvenes casaderas, que acababan llevando savia nueva a la pequeña comunidad del Bósforo. Los contactos se intensificaron en la Primera Guerra Mundial, cuando muchos caraítas emigraron a Estambul, donde acabaron instalándose definitivamente.



Ya en 1955, el intelectual caraíta Simon Szyszman (Simon Şişman) visitó la comunidad caraíta de Estambul y constató, entristecido, su descomposición. Tuvo noticia de varios cementerios caraítas abandonados en la ciudad y alrededores, uno de ellos en Küçükçekmece, antigua localidad, hoy barrio de la ciudad, donde antaño había habido una comunidad caraíta. También conoció los estragos que había causado el incendio de 1908, la pérdida de manuscritos iluminados, de documentos de valor incalculable, de títulos de propiedad y otros tesoros. Concluía con pesar que

No es una exageración decir que desde el punto de vista cultural, la comunidad [caraita] de Estambul es completamente estéril. […]Miserable heredera del otrora brillante grupo de caraítas de Asia Menor y los Balcanes, hoy está muerta espiritualmente.

Sesenta años más tarde, las estimaciones más favorables cifran en menos de cien el número de caraítas de Estambul, entre los cuales la persona más joven ronda los cincuenta años. Con todo, la pequeña kenesa de Hasköy se sigue abriendo en algunas fechas señaladas, y aunque sea de forma testimonial, continúan los contactos con otras comunidades repartidas por el mundo. Es de esperar que algún día las autoridades de Estambul rindan homenaje, acaso en forma de museo, a esta antiquísima y humilde congregación que durante tantos siglos aportó un color más al ya de por sí polícromo paisaje religioso de la ciudad.

Fuente: https://turquistan.wordpress.com/2011/12/02/los-caraitas/


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