jueves, 26 de marzo de 2015

Izquierda española ¿IU o Podemos?

Rafael Reig 

23/03/2015 

Es norma que las elecciones vayan precedidas de una jornada de reflexión, cuando todos sabemos que la única reflexión se produce hoy, el día después, cuando ya no tiene remedio. O sí. ¿Vamos a dejar que desaparezca la izquierda también en el panorama nacional? Sin duda IU ha hecho méritos más que suficientes para que le den su merecido, pero ¿podemos permitirnos un parlamento nacional sin una sola voz de izquierdas? Por mi parte creo que no y no me apetece vivir en un país en el que la única izquierda concebible sea el populismo de derechas de Podemos o el del PSOE.

Ahora tenemos una bisagra y una cuña. Podemos se coloca en el quicio como bisagra para subastar sus votos, mientras que Ciudadanos se ha convertido en lo que estaba destinado a ser: la cuña capaz de fragmentar el voto de al PP. Hasta ahora, nada había funcionado y el PP, tan ecuménico, no perdía un solo voto, desde el de los nazis al de los liberales elegantes con un MBA. A partir de ahora, el PP tendrá que entenderse con Ciudadanos y el PSOE con Podemos. En otras palabras: los señoritos de siempre se llevan al parlamento cada uno a su querida.



Lo más llamativo ha sido que ni por curiosidad los andaluces han votado otra cosa que no sea el PSOE. Y van treinta y tres años. Se dice pronto, pero la verdad es que están a punto de prolongar su mandato en el cortijo andaluz durante tanto tiempo como Franco. Hay niños que han nacido con el PSOE en el Gobierno andaluz y ya han cumplido treinta y tres años sin conocer nada distinto. El panorama no puede ser más desolador. En Andalucía se confirma que jamás dejarán de votar al PSOE, pase lo que pase, con la inquebrantable adhesión que reclamaba el Caudillo.

Por otra parte, de los resultados andaluces puede sacarse la conclusión de que el famoso bipartidismo, que decían que ya estaba mandado recoger, goza de excelente salud. Los señoritos del PSOE y del PP siguen casados con los votantes, que al parecer sólo querían que cambiaran de amantes, porque las pelanduscas nacionalistas han envejecido muy mal y encima han salido respondonas.

En resumen, Andalucía ha dado pruebas de que el voto sigue siendo conservador. Ha expulsado a la izquierda del espectro político y ha reforzado el voto de derechas a través del sistema bipartidista. Mi pregunta a los votantes es: ¿vamos a repetir esto para todo el país?

Comentario al artículo


#22 Andrés Bloom


 Las huestes del orden progresista ponen verde al señor Reig pero pasan bastante de los comentarios del reddit de Podemos en los que se reclama un "giro al centro" para no quedar desplazados del nicho de electores que da la victoria. Querer ganar unas elecciones es más que legítimo pero si por el camino nos vamos dejando "símbolos, canciones y banderas" para hacer "lo que quiere la gente" pues qué quieren que les digan...que tienen un ramalazo postmoderno que tira para atrás. Claro, el reino está hecho unos zorros pero ni hablar de probar el camino de las tradiciones políticas más revolucionarias..."eso el pueblo no lo quiere". ¡El pueblo dejó morir a Franco en la cama! ¡A la ciudadadía no le pareció mal del todo el gal! ¡La gente te llama(ba) bobo si no estudiabas para médico, profe o ingeniero o te agenciabas el coche&casa&churri! ¡Los mismos empoderados alos que le parece genial que se despueblen territorios o estemos en niveles de emigración de principios del siglo XX, perdón, "exiliados económicos" que ellos no son plebe! Quizás lo que señala el señor Reig es que estas huestes son timoratas y previsibles, así es posible sondearlas con varias marcas blancas y tranquilizar al personal. Desde que retomamos la crisis, hubo momentos que avisaban de una generalización de las hostilidades hasta que llegamos a podemos: 2014, año con menor conflictividad social desde hace treinta años. Ustedes, por supuestos, hagan lo que quieran y lapiden si hace falta, pero que podemos es un fiasco centralista y alienante lo saben hasta en el ibex35.

Fuente: http://www.eldiario.es/cartaconpregunta/votantes_6_369623038.html

“El de las barbas”, como Varoufakis denomina a veces a Marx, se pasó toda su vida bosquejando planos y esquemas de ese tipo para formar con ellos un modelo general de la economía capitalista. El modelo general está ciertamente incompleto, los esquemas no nos permiten predecir por ejemplo que EEUU se convertiría en la segunda mitad del siglo XX en el principal país del sistema capitalista mundial, que revoluciones anticapitalistas tendrían lugar en Rusia y en China (y fracasarían) y que las computadoras y la comunicación internética cambiarían por completo la apariencia del mundo. Pero los esquemas de Marx, abstractos en extremo como son, permiten entender por qué el capitalismo es fuente continua de desigualdad social, por qué está abocado a crisis una y otra vez y por qué los intentos bien o mal intencionados de regularlo o “salvarlo” solo conducen al fracaso o a convertir a quienes los protagonizan en parte de ese grupo de gerentes de alto copete que en España hoy reciben a menudo el apelativo de “la casta”. Eliminar el capitalismo es ciertamente difícil y muchos estarán de acuerdo con Varoufakis en que “la izquierda” no está preparada para ello. Pero afirmar que de lo que se trata hoy es precisamente de salvar el capitalismo, ¿no es negar todo lo importante que estuvo alguna vez tras esa nebulosa idea de “la izquierda”? ¿Es compatible esa idea de salvar el capitalismo con la defensa a corto plazo de los desempleados que pierden sus subsidios, de los empleados que ven deteriorarse sus condiciones de trabajo, de los que son desahuciados porque no pueden pagar la hipoteca? Defender los intereses de quienes son golpeados por la crisis no sustenta al capitalismo, lo debilita. Pero desde John Maynard Keynes muchos economistas se creyeron aquello de que aumentar los salarios es bueno para los capitalistas y para el capitalismo, porque crea más demanda y reactiva los negocios. Y parece que Varoufakis también se lo cree. Y se lo creen muchos de Podemos. Pero no es verdad.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195383



La fulgurante aparición de Podemos ha puesto en evidencia un hecho que estaba a la vista de todos los que quisieran ver: una parte mayoritaria de la ciudadanía, sacudida por la crisis económica y la corrupción sistémica, se había divorciado de sus tradicionales representantes políticos. La crisis del 2008, con sus terribles secuelas de paro, pobreza, exclusión social, etc. agravada por la corrupción sistémica, ha trastocado la percepción por la ciudadanía de las formas tradicionales de actuación política. Podemos nace tanto como reflejo del desafecto político, como del rechazo al régimen del 78. Y lo hace desde planteamientos populistas, que los mismos dirigentes reconocen, o al menos no rechazan. Populismo bueno, sin el habitual sentido peyorativo del término, inspirado en las teorías de Ernesto Laclau (La razón populista) y Chantal Mouffe (Hegemonía y estrategia socialista) Nos enfrentamos pues a un fenómeno novedoso cuya incidencia en la configuración política española no se puede ignorar o menospreciar. El joven equipo dirigente de Podemos supo captarlo y traducir su análisis en una propuesta de reconstrucción de esos vínculos rotos sobre nuevas bases. En este caso, siguiendo, de una manera más o menos estricta, las teorizaciones sobre el populismo de Ernesto Laclau. Es decir, una propuesta que busca aglutinar la protesta y el rechazo bajo unos significantes (flotantes o vacíos, en la terminología de Laclau) genéricos, asumibles por todos, opuestos o distintos de los términos habituales del discurso político oficial de los partidos tradicionales. Hasta aquí, pocas diferencias con otros movimientos de carácter transversal nacidos en Europa, como el 5 Stelle de Pepe Grillo, creador del término casta. Por todo ello, el éxito in crescendo de Podemos estaba cantado. Y sus consecuencias en el seno de la izquierda también.

Es lógico que, en mayor o menor medida, el desconcierto se apoderara de los partidos tradicionales que veían en Podemos un peligro, bien para su existencia, como ocurre con Izquierda Unida, bien para mantener su electorado. De ahí que la mayoría de los partidos trataran de imitar los exitosos aspectos formales del fenómeno, como el uso de las tecnologías digitales y las redes sociales de Internet; o adoptando alguna de sus propuestas más movilizadoras, como la lucha contra la corrupción. Y hemos visto como se fraguaba una lucha frontal contra Podemos y su patada al tablero electoral. En Izquierda Unida el desconcierto ha sido mayor porque Podemos era, y es todavía en gran medida, percibido como una opción de izquierdas con la que hay que confluir, aunque Podemos no se defina políticamente, sino que busque la centralidad socialdemócrata. Lo ilusorio de dicha política se hizo patente en cuanto se plantearon las primeras confrontaciones electorales, o se buscaron plataformas unitarias. Ahora todo es confusión y peleas dentro de la organización de izquierdas histórica en nuestro país. Pienso que será imposible salir del actual marasmo con medidas disciplinarias, o simplemente organizativas, que siempre provocan divisiones y fugas, como ya está ocurriendo. La cuestión debería abordarse, en mi opinión, plateándose con claridad y sin miedo la pregunta: ¿qué hemos hecho mal? Fase previa para responder a la cuestión clave: ahora, qué hacer. Responder adecuadamente es para Izquierda Unida sencillamente vital. Se juega lisa y llanamente su existencia como fuerza mayoritaria de la izquierda radical. Por eso, me gustaría contribuir a la solución de los actuales problemas de Izquierda Unida con unas reflexiones que atañen tanto a la naturaleza y posible evolución de Podemos, como a las tareas que definen hoy a una organización verdaderamente de izquierdas.

Cuando un partido de vanguardia (y lo es todo partido que se propone la transformación de la sociedad) se ve desbordado por los movimientos sociales, donde se supone que esta inmerso, es que está en la retaguardia. No debe extrañarle que una parte de dichos movimientos sociales o le ignoren o le rechacen.  Por lo tanto, la pregunta es: somos un partido de vanguardia. Es decir, tenemos una propuesta de transformación social, una ruta hacia el socialismo que abarque lo económico, lo político y lo cultural? Y, si la tenemos, ¿la hemos defendido y propuesto con la suficiente claridad como para que, cuando las circunstancias sean favorables, como ocurre en una crisis global del sistema, pueda verse cono la única salida con futuro? ¿O nos hemos comportado, y eso en el mejor de los casos, como el pepito grillo de la socialdemocracia, sin mayor operatividad y con el peligro claro de terminar siendo identificados con ella? Eso por no hablar de los lastimosos casos de prácticas políticas oportunistas como ha ocurrido en Extremadura, posibilitando primero y permitiendo después un gobierno del Partido Popular.

Un análisis riguroso de nuestra sociedad, sin anteojeras ideológicas reformistas ni voluntarismo pseudorevolucionario, evidencia que toda propuesta de avance real al socialismo, que es la razón de ser de la izquierda radical, será minoritaria mientras el sistema capitalista no entre en una de sus crisis profundas y sistémicas, como es la actual. Es decir, una crisis que afecte a todo el sistema social, de forma que la mayoría de la ciudadanía se plantee la necesidad de un cambio profundo del sistema económico y la representación política. ¿Debemos por ello renunciar a plantear dicho camino a la sociedad? Por supuesto que no. Alguien tiene que hacerlo. No debemos olvidar que ser vanguardia conlleva necesariamente ser inicialmente minoría. ¿Quiere esto decir que no se puede hacer política mientras no se alcance la mayoría política? Naturalmente que no. La izquierda radical construye su mayoría movilizando y presionando para que se realicen las mayores reformas y mejoras sociales posibles, lo que exige tener la capacidad de realizar una acción política hábil, pero sin olvidar los planteamientos estratégicos y la pedagogía transformadora. No tengo datos suficientes como para saber si esto es lo que se ha tratado de hacer en Andalucía durante el gobierno de coalición. En cualquier caso, la estancia en el gobierno andaluz de Izquierda Unida se ha saldado electoralmente con un sonoro fracaso. Por eso, en mi opinión, lo que Izquierda Unida debe analizar antes que nada es si tiene una propuesta clara, científicamente elaborada, de avance al socialismo, o si el pragmatismo del día a día de la actividad parlamentaria se ha impuesto, diluyendo sus presupuestos estratégicos. Sin complejos ni disfraces. Lo mismo que el neoliberalismo no los tiene cuando afirma, sin recato, que su política es la única posible.

Todo lo cual nos lleva al tema central de este artículo. ¿Cómo enfrentar el fenómeno Podemos? Y para hacerlo con garantías de éxito es necesario tener claro lo que es y significa Podemos en la actual situación de crisis de representación. Si no, el dilema puede ser: integrarse y desaparecer o convertirse en una organización marginal. Este es, en realidad, el debate que se está desarrollando en Izquierda Unida, en mi opinión de una manera desordenada, acuciados por la velocidad de los acontecimientos. Dice con razón Llamazares que hay que pasar página en la discusión de la convergencia con Podemos, entre otras cosas porque, con buena lógica, Podemos no quiere converger, salvo en las próximas elecciones municipales, y eso por cuestiones tácticas coyunturales. Hay que tener previsto lo que vamos a leer cuando pasemos página. Y eso obliga a una reflexión profunda y rigurosa sobre lo que queremos ser, de acuerdo a la evolución de nuestra sociedad desarrollada y los nuevos desafíos de la globalización y el capitalismo financiero. O, lo que es lo mismo, el modelo de sociedad que vamos a proponer. Tal vez la confusión venga de nuestra percepción del fenómeno Podemos. Confusión inexplicable ya que sus dirigentes han dejado bien claro cual es su propuesta y en que principios se basa. Parece que no queremos escuchar, entre otras cosas, porque muchos de esos mismos dirigentes proceden de las propias filas de Izquierda Unida. Son de izquierdas, aunque lo disimulen para aglutinar el mayor número de votos, por lo tanto será fácil converger. La negativa de Podemos ha debido de dejar a mas de uno en blanco, incluido Julio Anguita, que en el mitin de las elecciones en Andalucía afirmó rotundamente que ellos son de los nuestros, y había que tender la mano.



No discuto que, en lo personal, los dirigentes de Podemos sean de izquierdas, o mejor dicho, pretendan ser de izquierdas. Pero su planteamiento no lo es, algo que se encargan a menudo de recordar, aunque sea por su insistente negación de la dicotomía derecha-izquierda. Como saben -al fin y al cabo son profesores de políticas en la universidad- que en España (y en el conjunto de Europa) la mayoría social se ubica, a lo sumo, en el centro izquierda, y que esa mayoría ni siquiera es suficiente para un cambio de paradigma social, se acogen a la teoría del populismo elaborada por Ernesto Laclau para construir su alternativa mediante un discurso performativo (que no se limita a describir un hecho sino que la misma acción de expresarlo lo realiza[1]) capaz de abarcar a todos los afectados por la crisis: indignados, decepcionados, incluso disgustados, creando un nuevo sujeto político. De ahí que su planteamiento sea de todo o nada, de mayorías absolutas que garanticen su acceso al gobierno. Y en ese proyecto no cabe Izquierda Unida, precisamente por ser claramente de izquierdas. Y encima parte del régimen del 78. De Izquierda Unida solo quiere, y necesitan, sus cuadros y organizaciones convenientemente disueltas. Aquí quien se engaña es porque quiere. Naturalmente, Izquierda Unida puede apostar también por el modelo populista de Laclau (con toques de Lacan, y una mala interpelación de Gramsci y su concepto de hegemonía) en cuyo caso lo mejor es apoyar a Podemos con todas sus consecuencias. Consecuencias que significan la disolución de Izquierda Unida y de cualquier otra alternativa de izquierdas en nuestro país. En pocas palabras, el triunfo de Podemos significa la desaparición de Izquierda Unida o su transformación en un partido residual, como ya ha empezado apuntarse en Andalucía, precisamente uno de los bastiones de Izquierda Unida.

Todo mi respeto para los que así piensan de buena fe, hartos de la inoperancia de la izquierda clásica. Yo creo, y trato de demostrarlo en mi próximo trabajo La sinrazón del populismo, que Podemos es, en el mejor de los casos, un epifenómeno, obligado tras las elecciones a optar por una configuración de partido normal, aunque sea con métodos participativos avanzados, dotado de una ideología populista y propuesta concretas reformistas en línea con las socialdemocracias de los países nórdicos, que ha conseguido dar cauce político a la indignación, sacando de la abstención crónica a colectivos marginados o desengañados. No está mal y puede rendir frutos progresistas. Pero en las sociedades complejas, de intereses cruzados, la transversalidad dura poco: lo que tarda en tener que dar soluciones concretas a problemas inversos no lineales[2]. Es decir, hasta que se empieza a hacer política práctica. La hegemonía, necesaria para conquistar el poder político, no consiste en diluir los diferentes intereses de clase y grupo en un planteamiento general vago (vacío) sino en ganar a la mayoría de la población, para una salida política concreta, el socialismo, porque encarna la superación del capitalismo, sus crisis cíclicas y su desigualdad crónica. Para construir la hegemonía es necesario plantear, sin disfraces tácticos, un modelo de sociedad socialista para nuestro tiempo y lugar, como hacen el conservadurismo liberal y la socialdemocracia. Y es lo que debe hacer Izquierda Unida.

Mientras, Podemos se encuentra ante una encrucijada, una vez fallido su intento populista de mayoría social: puede optar por configurarse como una forma renovada de socialdemocracia (no debe extrañar su llamamientos a los antiguos votantes de Felipe González, cuyo papel en 1980 tratan de emular) o preferir convertirse en un partido nítidamente de izquierdas, como lo es Syriza en Grecia, en cuyo caso Izquierda Unida debe jugar un papel importante en el necesario proceso de unidad. Pero para eso hace falta que cuando llegue el momento, tras la elecciones generales, Izquierda Unida siga viva y entera.

El problema para Izquierda Unida, y la izquierda en general, no estriba tanto en que los presupuestos y las expectativas de Podemos sean irreales unos y exageradas otros, lo que las próximas elecciones pondrán de manifiesto, como en su incidencia, que puede ser catastrófica para un planteamiento serio de avance al socialismo, es decir marxista. Podemos puede generar confusión, división y frustración. Lo que no significa negar los efectos beneficiosos de su aparición, así como de su posible papel positivo, impulsando reformas, cuando conquiste parcelas de poder. Pero, insisto, pretender construir una mayoría de cambio (salvo que sea cosmético) sobre significantes vacíos (un oxímoron tan disparatado como el Yo subconsciente de la pseudociencia psicoanalista) como casta, arriba y abajo, gente común, dignidad nacional, etc., es una utopía en el mejor de los casos, y una traba para la verdadera emancipación en el peor.

Resumiendo, Izquierda Unida es hoy por hoy, y pese a su esclerosis teórica, confusión política y practica errática, la única alternativa de izquierdas realmente existente. Y solo por eso, merece la pena defenderla, ayudándola en el urgente e inevitable proceso de revisión, reorganización y cambio necesarios para que pueda enfrentarse al desafío que ha supuesto la aparición de Podemos. Y para no dejar huérfanos a los trabajadores de una opción política socialista.

Fuente: http://www.nuevatribuna.es/articulo/politica/izquierda-unida-podemos/20150406130548114439.html




Empieza a darse a los de Podemos casi por muertos, como si no hubieran sido más que un sueño incómodo, algo de lo que hubiera que despertarse cuanto antes para que todo siguiera siendo igual. El más claro ejemplo de ello es que comienzan a reconocérseles los servicios prestados: que si Podemos ha conseguido introducir en el sistema a quienes renegaban de él, que si han obligado al PSOE a ponerse las pilas, que si crearon un magnífico dique de contención a los nacionalismos en su propio territorio, etc. Lo que hasta hace poco era leña pura y dura ha pasado a convertirse en dulce condescendencia. Eso significa que algo en este partido no está funcionando como estaba previsto. Ya no atemorizan, y eso es muy mala señal. ¿Qué ha pasado para que lo que parecía tan sólido se desvanezca en el aire?

Desde luego, todavía tiene que verse cuál es su verdadero potencial en las elecciones que faltan. No es bueno vender la piel del oso antes de cazarlo. Pero sí es cierto que se observan algunas señales de fatiga en el proyecto que tan sorprendentemente pusiera en marcha un puñado de profesores de la UCM. La explicación canónica apunta a la vertiginosa aparición de Ciudadanos en el carril del centro y a la capacidad de este último partido para operar en el reciente eje de nueva/vieja política. Esto es cierto, aunque tengo para mí que la causa principal reside en algunos de los errores de su propio diseño.

El primero y fundamental es el no haber sido suficientemente radicales, el difuminar su naturaleza de izquierdas y jugar a ser un partido transversal con capacidad de atraer a “la gente”. Así, a secas. Demasiado populismo a lo Laclau y demasiada dependencia de los mecanismos de agitación de la experiencia política bolivariana; o sea, de la práctica latinoamericana, no de la europea. Aquí no es tan fácil esquematizar el mundo con el mantra de los de arriba y los de abajo, ellos y nosotros, siendo ese nosotros la masa de los electores potenciales. Más fácil lo hubieran tenido si hubieran especificado desde el principio medidas concretas frente a las políticas de austeridad, a la desigualdad, a la corrupción. El movimiento debería haber sido el contrario: llevar a la izquierda a los votantes de centro, no adaptarse ellos a lo que consideran que son las políticas de la centralidad.

En el fondo les dio miedo infundir temor. Quizá por eso desempolvaron al bueno de Olof Palme y la socialdemocracia anterior a la globalización. O sea, una ideología que ya no sirve porque se corresponde con las condiciones objetivas de otra época. Y eso no puede contrarrestarse con la modernidad de su excelente manejo en las redes o la novedad de su organización en Círculos. El fallo está, pues, en la doble desorientación, la espacial y la temporal. El desafío era crear una izquierda europea —adaptada a las condiciones de este continente— y para el siglo XXI, no el mundo previo al estallido del capitalismo financiero y el declive del Estado.


Su primer paso debería haber sido conseguir la hegemonía en la izquierda, no pretender ganar las elecciones. Porque cuando toda la contienda se sitúa en la lógica electoralista, lo nuevo acaba desvaneciéndose en lo viejo.

Fuente: http://elpais.com/m/politica/2015/04/30/actualidad/1430411803_297215.html



Por Nicolás García Pedrajas

Es evidente que Izquierda Unida está atravesando momentos convulsos. Aunque algunos pretenden que el futuro de IU es renovarse o morir, entendiendo por renovarse la pérdida de principios de lucha de clases y la dilución de su mensaje, el futuro de IU no es ese. El futuro de IU es definirse o morir. IU enfrenta una encrucijada importante, debe dejar claro cuál es su alma real, si sigue manteniendo los principios de la lucha de clases y la denuncia del capitalismo, más allá de referencias retóricas, o si los abandona por una socialdemocracia que ya no tiene razón de existir. Pero por incierto que parezca su futuro, es por el camino de la indefinición por el cual tiene asegurada su desaparición como fuerza relevante.

En este momento estas dos tendencias están conviviendo, aunque no precisamente en paz, en IU. Por un lado hay una presión, más o menos disfrazada, que pretende una evolución del partido hacia una formación ciudadanista, que abandone los principios más duros de la lucha de clases para convertirse en algo parecido a una versión de Podemos, con algo más de contenido ideológico, pero cuyo objetivo sea el electorado de “clase media” y no la clase trabajadora y obrera. Por otro lado, un sector de IU trata de mantener el partido en lo que han sido sus principios desde su fundación. Aunque sectores externos suelen asociar este último sector al PCE, en la actualidad esa identificación carece de sentido.

En esta situación IU se plantea una disyuntiva entre definirse como partido obrero o ciudadanista de clase media. Es evidente que IU se juega su mismo futuro como formación política. Y esto es más cierto aún debido a la manera traumática con la que se se está tratando de afrontar este debate. En general los intentos de modificar el discurso están siendo más soterrados que explícitos, tratando de negar incluso que estás dos visiones del partido estén presentes.

Cuando los problemas existen negar la evidencia apelando a la unidad o a la lealtad es una actitud pueril. Los problemas no se arreglan solos simplemente porque se ignoren. Es evidente que durante mucho tiempo en IU han convivido dos tendencias bastante diferenciadas, una que siempre ha pretendido que IU sea un partido de clase trabajadora, y de identificación al menos socialista, y otra mas tendente a acercarse a la “clase media” y a la “ciudadanía”. Hasta hace poco estas tendencias estaban representadas básicamente por el PCE e Izquierda Abierta. Sin embargo en los últimos meses la situación se ha fragmentado y la posición de cada uno está siendo más bien individual, independientemente del partido o colectivo al que pertenezcan. Estas dos tendencias han convivido en IU en los últimos años manteniendo un equilibrio difícil. Con la irrupción de Podemos y la fiebre que ha causado en algunos dirigentes la situación ha empeorado.

Es absurdo tratar de afirmar que la IU que representan Cayo Lara y Alberto Garzón es la misma. Ni su procedencia social, ni su formación, ni su experiencia en política, ni su discurso, ni las personas a las que va dirigido ese discurso son iguales. La estrategia hasta ahora ha sido tratar de hacer convivir ideas políticas cada vez más divergentes ocultando debajo de la alfombra los problemas. Pero como se está viendo en el caso de IUCM, los problemas que se ocultan siguen estando presentes y acaban pudriéndose. Partidos de diseño sin base ideológica y con el único objetivo de la promoción electoral, como Podemos o Ciudadanos, pueden sobrevivir en la ambigüedad y la indefinición, IU no. Las diferencias que están apareciendo en el partido van más allá de enfrentamientos personales, afectan a la propia definición ideológica de IU.

Por parte del sector más próximo a Podemos se está tratando de imponer un giro ciudadanista eliminando en lo posible las referencias al marximo, el socialismo y por supuesto el comunismo. Las palabras clave de la izquierda, clases sociales, lucha de clases, socialismo, capitalismo, etc., son eliminadas del discurso o relegadas a términos vacíos, rara vez mencionados y presentes en el discurso sólo como adorno. Se trata de imponer este giro evitando la discusión previa necesaria, porque no se está seguro de tener la fuerza necesaria para imponerlo sin máscara. El resultado hasta ahora está siendo una indefinición en los planteamientos políticos de muchos dirigentes y una desorientación creciente entre los militantes.

IU está en la encrucijada de definirse o morir. Un partido solo puede sobrevivir a largo plazo si cumple una función determinada. PP o PSOE, en cuanto son las herramientas del capitalismo para dar apariencia de democracia al sistema plutocrático liberal, tienen ahí su razón de existir. El sistema garantiza su presencia mientras cumplan esa función. Si es necesario pueden ser objeto de recambio, como el PASOK en Grecia, si dejan de cumplir su misión. Partidos que no tienen una función determinada, más allá de proporcionar una forma de vida a sus miembros, caso de UpyD, tienen una vida corta y suelen ser sustituidos cuando surgen nuevas modas. Partidos burbuja que nacen con el apoyo de campañas mediáticas para ser útiles en un momento determinado, por ejemplo para canalizar el descontento ciudadano, caso de Podemos o Ciudadanos, tiene también una vida corta y suelen acabar integrados en partidos más estables del sistema. Esto ya ocurrió con el Movimiento 5 Estrellas en Italia y está empezando a ocurrir con Podemos en España.

En esta situación IU debe encontrar y definir su sitio. Y tiene dos alternativas, reforzar su postura como partido de clase trabajadora y socialista o convertirse en un sucedáneo de Podemos, con apelaciones, vacías, a los de abajo, los ciudadanos y la transversalidad, palabras todas que no significan nada. Algunos, por devoción real o por táctica electoralista, apoyan esta segunda alternativa. Sin embargo, si IU abandona sus principios de lucha de clases, ¿qué utilidad tendría si se convierte en un remedo de Podemos? Muchos argumentan que mientras IU siga manteniendo el discurso socialista su techo electoral seguirá siendo muy bajo. Sin embargo, los resultados están demostrando que el giro a la desideologización tampoco está dando réditos electorales. Pero mi objeción es mucho más de base, si IU acepta diluirse en propuestas que no son de izquierdas ni de derechas, dirigidas por la élite de siempre1, propuestas dirigidas de forma casi exclusiva a la “clase media” donde los trabajadores y trabajadoras ni siquiera son considerados ¿para qué servirán los votos que obtenga? Ganar unas elecciones a cambio de renunciar a tu política es lo que ha hecho Mateo Renzi en Italia con resultados que deberían repugnar a cualquier militante de IU.

Es por ello que IU se juega en este momento su supervivencia como movimiento político. Y no me refiero solo desde el punto de vista electoral. Hablo de algo más profundo. Su supervivencia como herramienta útil a la clase trabajadora. IU aún podría sobrevivir como partido, pero un partido sin más horizonte que su propia supervivencia orgánica, no siendo útil a nadie. Un partido tipo UPyD. En este sentido creo que es necesaria una reflexión interna real, a cara descubierta y explícita, en la cual cada uno haga sus propuestas, sean las que sean, de forma honesta y sin falsedad. IU no puede seguir dando trompicones y con un discurso que ni los militantes sabemos claramente cuál es. Una conferencia política al uso, precocinada y atada de antemano, no es la solución. El debate ha de ser real y a fondo.

Por si a alguien le interesa está es mi propuesta de cómo debe IU afrontar su futuro:

-En primer lugar debemos empezar a recuperar el lenguaje como herramienta para describir y explicar la realidad, y no el lenguaje que trata de esconder la verdad. Hay que huir de palabras vacías como ilusión, los de abajo, los ciudadanos, etc. Debemos de explicar y convencer, y no apelar a las emociones, esa es la estrategia del fascismo. Las emociones son manipulables muy fácilmente.

-Tenemos que tener claro que IU debe seguir siendo un partido de izquierda real, aunque sea el único y eso signifique luchar en solitario. Incluso con una presencia electoral reducida su valor ahí es grande, ya que permite mantener sobre la mesa cuestiones que en muchos países occidentales ya han desaparecido completamente del discurso político.

-Las elecciones son un medio, no un fin. Ganar no sirve para nada si no se plantea como una herramienta de cambio social real. Participar en proyectos de reformismo gatopardiano pueden servir para que algunos consigan poder y relevancia, pero no servirán para mejorar las condiciones de la clase obrera.

-Un partido como IU no limita su influencia a las elecciones y los cargos orgánicos. Un partido bien armado ideológicamente y con presencia en las luchas sociales puede conseguir que se apliquen muchos de sus puntos programáticos mediante la movilización social. Esta presencia en la lucha y en la calle ha sido olvidada en IU en los últimos años y debe ser un pilar básico en su acción política.

Además, los temas deben tratarse de forma honesta y sin subterfugios y ambigüedades calculadas. La convergencia con Podemos ha de ser enfrentada. Los responsables del partido que están a favor de la coalición con Podemos, o cualquier tipo de unidad de acción con propuestas ciudadanistas similares, deben manifestarlo sin ambages y dejar de jugar con la militancia. Mi postura es clara. Un no rotundo a la convergencia con Podemos por dos razones fundamentales. La primera porque Podemos no representa una opción de izquierda trabajadora como ellos mismos han repetido hasta la saciedad, aunque algunos en IU se empeñen en taparse los oídos. La segundo porque Podemos ha manifestado su no interés en converger con IU, aunque muchos en IU hayan decidido hacerse los sordos también en eso. A excepción de en algunos provincias en el caso de las elecciones municipales, y sólo por una estrategia propia, Podemos se ha negado a llegar a ningún tipo de pacto con IU que no pase por la humillación pública de Izquierda Unida y su desmembración como partido. No es muy diferente lo que se podría decir sobre otros proyectos similares como Ganemos, En Común o Ahora Madrid.

El comportamiento de IU en los últimos meses ha sido errático en muchos aspectos. La falta de homogeneidad de la propuesta electoral no ayuda a que el potencial electorado de IU identifique a esta formación como suya. La mayoría de plataformas Ganemos, una apuesta muy arriesgada de IU, han acabado en fracaso con un coste que será muy alto no sólo en términos electorales, sino también la credibilidad a largo plazo de IU. La inclusión en plataformas sin una definición ideológica clara, como Barcelona en común, tampoco ayuda. Qué la líder de esta plataforma, Ada Colau, defienda la “colaboración” público-privada en una reciente entrevista debe ser muy doloroso para la mayoría de militantes de IU. Al menos lo es para mi.

La situación en Madrid también ha creado confusión entre militantes y votantes. La deserción de Tania Sánchez y Mauricio Valiente ha sido justificada y defendida por personalidades dentro del partido. Sin una decisión clara por parte del partido, se ha defendido la presencia en Ahora Madrid, una plataforma “transversal”, como se denomina ahora a la vacuidad, que en ningún caso se ha definido como de izquierda. Con la llegada de Luis García Montero a la candidatura a la Comunidad de Madrid se ha dado un paso en esa misma dirección. Independientemente de otras consideraciones, es evidente que Luis García Montero está mucho más cerca de una intelectualidad socialdemócrata que de una clase obrera. En este sentido su presencia ha reactivado los apoyos de las figuras mediáticas cercanas unas veces al PSOE y otras a IU. No creo que personas como Sabina, Almodóvar o Bardem sean precisamente ejemplos del modelo de sociedad que quiere construir IU. ¿Vamos a aceptar que millonarios y burgueses representen públicamente los principios de nuestro partido?

O IU se define y vuelve a sus principios como formación de defensa de la clase trabajadora o habrá dejado de ser útil a los trabajadores y trabajadoras y habrá perdido su razón de ser. Su mera existencia estaría amenazada ya que también perdería su terreno político. En esa situación su supervivencia sería más una preocupación de sus dirigentes que algo útil porque habría vendido su alma al diablo del ciudadanismo y la “convergencia”.





Shangay Lily

Podemos no quiere intelectuales, no son bienvenidos. Al menos ese es el mensaje que ha quedado claro tras la cínica rueda de prensa exprés que Pablo Iglesias ha montado para anunciar la dimisión de Monedero. Ni eso han dejado hacer al “disidente”: anunciar su dimisión. Que haya sido el mesías de Podemos el que haya hecho ese anuncio en lugar del propio interesado no dice mucho sobre la pluralidad del partido.

“Nuestra organización se quedaba estrecha para Juan Carlos. Juan Carlos no es un hombre de partido. Juan Carlos es un intelectual que necesita volar”, ha dicho literalmente Pablo Iglesias. Ergo: los intelectuales no tienen cabida en Podemos. Dicho de otro modo: Podemos quiere borregos que no piensen demasiado por si mismos y acepten las consignas sin rechistar. No hace falta hilar mucho para llegar a esa conclusión. Pero ya en los continuos dedazos, los boicots a listas disidentes, los cambiazos de candidatos en viajes relámpago de Pablo Iglesias, las expulsiones inexplicables, el forzar a disolverse a partidos –Izquierda Anticapitalista– utilizados para saltar a la arena política para que no hagan sombra al férreo liderazgo, Podemos ha demostrado no ser el partido más democrático del espectro. A pesar de sus eternas asambleas, listas abiertas (que de repente se vuelven plancha y se benefician de estrategias sucias que las imponen) y marketing obamero que quiere vender una pluralidad y democracias ausentes.

En estos meses he recibido numerosas llamadas de ayuda desde dentro de Podemos denunciando la falta de democracia y la manipulación de candidatos y cúpulas. Son muchos los amigos decepcionados con un proyecto al que dieron mucho y que ha acabado dirigido con disciplina férrea hacia la jerarquía insalvable. Lo que el podemita declarado Juan Carlos Barba anuncia en su Pasaste la línea roja, Pablo. Por qué dejo de colaborar con Podemos.

Algo de esto es lo que Monedero denunció en esa entrevista que precipitó la ruptura. Incluso llamó casta a Podemos… ¿ahora te das cuenta, querido Monedero? Siempre he mantenido que no hay mayor casta que la de la Académia. Esa que se forja en despachos, pasillos y lameculerío general de catedráticos que permitan a los trepas de turno ascender hasta la cúpula. Esa que con tal de recibir una beca le dan la mano al Borbón. Esos que se callan tanto mientras van subiendo (el que denuncia, lucha y presenta una alternativa es sometido a un cínico ostracismo demoledor que ahora vemos reproducir a Pablo Iglesias).

Pero volvamos a este insultante silogismo:

Monedero es un intelectual
Monedero no encaja en Podemos
Los intelectuales no encajan en Podemos

¿Qué dice eso de los miles de militantes del partido que repiten como loros los retorcidos discursos de la cúpula Complutense? Muy poco, la verdad. Pablo Iglesias los ha dejado a la altura de un ejército de nopensantes. Ese discurso está muy de acorde con el simplón discurso que los jerarcas universitarios vienen imponiendo a la organización. Lemas casi de marketing de detergente: casta, ilusión, cambio, felicidad, nuevo, viejo…

Es profundamente irónico que el Partido y su mesías desprecien a los intelectuales cuando ha sido ese halo de intelectuales, politólogos, pensadores el que han utilizado para legitimar su irrupción en el sistema. Nosotros somos mejores porque somos profesores, politólogos, intelectuales, se han hartado de repetir Pablo, Juan Carlos, Alegre, Bescansa, Errejón en las tertulias a las que acudían a dar juego a la derecha.

El desdén hacia Monedero por ser “un intelectual que debe volar libre” es casi un acto de karma instantáneo tras el desprecio de Monedero a los artistas que según él debemos dedicarnos a nuestro arte y dejar la política en manos de los expertos. Como le dije en un tuit (que amablemente contestó), ¿qué es lo que no ha entendido del concepto de hegemonía de su tan amado (y paseado) Gramsci?

Yo he tenido mis más y mis menos con Monedero, pero he de decir en honor a la verdad que es el único jerarca de Podemos al que me he encontrado en protestas en la calle. En la manifestación de los afectados por la hepatitis C, más concretamente. Y eso es mucho decir, porque yo a Pablo Iglesias lo conocí en un acto de apoyo a las Valientas de la Complutense que denunciaron las capillas en el campus y no lo volví a ver en un solo acto en la calle (la última vez que nos encontramos fue en la Fiesta del PCE durante la actuación de los Chikos del Maiz). De repente, empecé a verle renunciar a esa reivindicación que, como otras, se había apropiado para conseguir atraer los focos (una denuncia de la asociación rqtr que se quejaba de que “todas las que han hecho la acción en la capilla de la Complutense son bolleras y este tipo salido de la nada se ha apropiado de la acción e invisibilizado el aspecto LGTB y feminista de las protagonistas para hacerlo algo abstracto de izquierdas y que él representa”, me explicaban las chicas de rqtr. Luego le veríamos especializarse en estas maniobras). Incluso le escuché pedir “respeto” hacia los templos y lugares de culto a raíz de una acción de las Femen que él repudió (mi mandíbula en el suelo). Era el principio del camino a la socialdemocracia moderada.

Lo que más me preocupa de todo este engendro es intuir qué ha llevado a Pablo Iglesias a desvirtuar lo acordado hasta dejar fuera a Monedero (y a muchas y muchos). Me preocupan esas reuniones en EEUU con los popes del capitalismo que —como ya hicieran con Zapatero— a la vuelta de ese viaje programador te habían ya convertido en otro, muy moderado, muy traidor de las causas de izquierdas (en una charla se negó a apoyar las propuestas de Tsipras de reducir un 50% la deuda públicamente), muy palmero del capitalismo. Me preocupan esas reuniones con el embajador de EEUU, que casi ni se han mencionado en los medios, en las que os hacíais tan amigos. Me preocupa, en definitiva, que estés reviviendo el fatal proceso de Felipe González que ahora ya sabemos que fue una creación de la CIA. ¿Qué te han prometido para que estés traicionando hasta los objetivos más básicos?

Para terminar, maravillarme ante el cruce de artículos de amor entre los dos magnates de Podemos. Todas estas proclamas de amistad dicen lo peor de ambos. Dejan claro que nadie quiere manchar la marca de la que saca muchos beneficios. Ni Monedero la de asesor a estados e instituciones que debería caérsele la cara de vergüenza ni mencionar (como el BCE) y Pablo su carrera de nuevo peón del sistema. Nadie quiere amenazar un sistema que les ha recibido con los brazos (y los platós de televisión) abiertos. Y mucho menos delatar su mascarada de rebeldes antisistemas que tanto vende. Es lo que ocurre cuando se entiende La rebeldía como negocio.

Fuente: http://blogs.publico.es/shangaylily/2015/05/01/monedero-podemos-no-quiere-intelectuales/

Into the Night - Santana:


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