miércoles, 3 de febrero de 2016

Partido Comunista de España: refundarse o morir

Un grito desesperado en favor de IU

Octubre de 1938, un airado debate está teniendo lugar en el Comité Central del Partido Comunista de China, las contradicciones dentro de la organización están laminando sus posibilidades de victoria al frente del país; Mao Tse Tung se levanta pausadamente de su silla, toma la palabra, y dice: “Los servicios secretos del imperialismo japonés tratan constantemente de minar nuestro Partido y de hacer que, disfrazados de activistas, se infiltren en él colaboracionistas, trotskistas, elementos pro japoneses, degenerados y arribistas”.

Marx, al inicio de “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”, plantea: “La historia se repite dos veces. La primera como tragedia, la segunda como farsa“. Que nadie se engañe, nosotros, los militantes de Izquierda Unida y del Partido Comunista de España no estamos asistiendo a la tragedia que vivió el PCCh; estamos presenciando la farsa. Izquierda Unida, por desgracia, no es la herramienta que emancipará a la clase obrera del yugo del capitalismo, como diría un comunista ortodoxo, y el que piense lo contrario, es que lleva demasiado poco tiempo militando en esta organización.

Sin embargo, sí es cierto que Izquierda Unida ha sido la única (y digo “única” con conocimiento de causa) organización política a nivel estatal desde hace décadas, que ha mantenido encendida la llama de la lucha de clases, que ha participado en todas y cada una de las luchas sociales que han tenido lugar en España durante los últimos 30 años, y que ha permitido, gracias a una abnegada militancia, que la izquierda española no corra la misma suerte que la italiana.

Eso que algunos llaman de forma despectiva “mochila” y otros llamamos “orgullosa historia” parece ser que de pronto se ha convertido en un lastre para los nuevos (y no tan nuevos) dirigentes, que parecen haberse conjurado para colgar en el perchero esa mochila cargada de luchas para alcanzar la cartera de ministro, y por desgracia, nosotros, la militancia, estamos asistiendo impasibles a la lucha ideológica que se está viviendo en el seno de nuestra organización.

Imaginémonos por un momento que Izquierda Unida gana las elecciones en España con mayoría absoluta, en serio, imaginémoslo. El Presidente del Gobierno Alberto Garzón firma un decreto mediante el cual nacionaliza Telefónica, Repsol, Inditex, Cepsa, Mercadona y Endesa. Al día siguiente, a través de un nuevo decreto, sube el salario mínimo a 1.100 euros al mes, saca a España de la OTAN y expulsa de nuestro territorio a los norteamericanos y sus odiosas bases militares. Tan sólo una semana después se nacionalizan tres medios de comunicación, y un poco más tarde, el presidente Garzón se reúne con el presidente de Coca Cola España y le dice que tiene tres días para devolver lo que es suyo a los trabajadores, y que de no hacerlo, se nacionalizará la empresa y será el gobierno el que resuelva esta injusticia. ¿Cuánto pensáis que duraría ese gobierno? o mejor dicho, ¿cuánto creéis que tardaría la gran burguesía en derribar como sea ese gobierno?

Este breve ejercicio de reflexión lo que nos aporta gráficamente es una idea que los comunistas tenemos clara desde que comenzamos a formarnos como cuadros, y es que ganar las elecciones no te da el poder. Si lo quieren ver más claro aún, sólo tienen que echar un vistazo a Grecia y ver lo que está haciendo el traidor de Alexis Tsipras.

¿Si ganar las elecciones no te da el poder, para qué nos presentamos a las elecciones? ¿por qué Lenin decía que la participación en las elecciones parlamentarias y en la lucha desde la tribuna es obligatoria para el Partido Comunista? Pues muy sencillo: Las gentes de izquierdas, mientras no tengamos fuerzas para ser capaces de disolver el parlamento burgués y sustituirlo por uno que represente realmente los intereses del conjunto de los trabajadores, tenemos que usar las instituciones reaccionarias como altavoz para ser capaces de trasladar nuestro mensaje al conjunto de la sociedad.

Llegados a este punto, parece profundamente estúpido pensar que hay militantes de Izquierda Unida que se muestren seducidos por Podemos, ¿verdad? Podemos es un partido fundado y dirigido por ex militantes de IU: Su Secretario General Pablo Iglesias fue asesor de campaña y militante, era de esos que almorzaba solo en las fiestas del PCE con tal de hacer amigos y aprovecharse económicamente de la organización. Otro de sus fundadores, Juan Carlos Monedero, estuvo trabajando durante cinco años a sueldo de Llamazares y defendía la revolución bolivariana hasta que creó un partido que la desechó por imposiciones del prime time.

Estas personas, hoy tan de moda, que se aprovecharon tras IU de Izquierda Anticapitalista para después fagocitarla, han montado un partido que reniega de nacionalizar empresas, que dice que hablar de Monarquía o República “no toca”, que dice que respetará hasta la última coma de los acuerdos con EEUU, que no sacaría a España de la OTAN, que defendería la enseñanza concertada y que asegura que la despenalización del aborto no es una prioridad.

La pregunta que toca hacerse ahora es ¿para qué?. ¿Para qué quieren algunos formar parte de un proyecto que es todavía más light que Izquierda Unida en sus reivindicaciones? o personificando la pregunta ¿para qué critica tanto Lara Hernández, por citar un ejemplo, que no se haya “confluido” con Podemos? Pues la respuesta también es bien sencilla. Estas personas, que se han criado en una organización que por su propia deriva ideológica se ha convertido una maquinaria electoralista, ven con buenos ojos la estrategia de Podemos porque su objetivo no es acabar con el modelo capitalista, eso sólo forma parte de la retórica, su objetivo es alcanzar el gobierno, y una vez allí, conseguir pequeñas concesiones para la clase obrera sin cuestionar lo más mínimo el sistema. Socialdemocracia que se llama.

¿Se ha percatado usted, querido lector, que todos los semi dirigentes de Izquierda Unida que se han visto seducidos por Podemos, eran los mismos que IU enviaba a los programas de televisión y por tanto tenían mayor visibilidad? Hablo de Lara Hernández, de Tania Sánchez, de Yolanda Díaz, de Diego Cañamero, de Enrique Santiago, o del propio Alberto Garzón.

Todos ellos han desfilado de forma casi permanente en los últimos tiempos por los principales programas de televisión que casualmente producía la misma persona que lanzó a Podemos a la fama, Jaume Roures Llop, productor de La Sexta Noche, Las Mañanas de Cuatro y dueño del diario Público. ¿Será que mi endiablado raciocinio me inclina a pensar que Roures tenía algún tipo de interés en promocionar a esta gente? Seré un conspiranoico quizás.

De hecho, Roures, no sólo está detrás del salto a la fama de Pablo Iglesias. También decidió por nosotros que Tania Sánchez ganara las primarias en Izquierda Unida en Madrid, impulsándola desde la televisión día sí y día también; decidió que Willy Meyer tenía que dimitir por una absoluta estupidez, organizando una campaña de desprestigio enorme; y decidió que el candidato a la presidencia del gobierno tenía que ser Garzón, proporcionándole una visibilidad pública que ni por asomo tenía Cayo Lara. Ser dueño de uno de los principales medios de comunicación de este país es lo que tiene, que te da una capacidad de influencia enorme.

Si aún no se ha dado cuenta el lector que toda esta tormenta perfecta es una campaña orquestada desde fuera y desde dentro para acabar con Izquierda Unida, entonces es que resulto ser un pésimo articulista. Pero así es, y por desgracia a muchos militantes esto le suena a culebrón de Daniel Estulin. Sin embargo, somos las bases de IU y el PCE los únicos capaces de frenar esta hemorragia ciudadanista que está dispuesta a acabar con la única izquierda decente que queda en España. Si la militancia de Izquierda Unida no visualiza este problema meriadamente claro, es capaz de reconocerlo y señalarlo, y por el contrario se deja seducir por los discursos grandilocuentes no sólo de Podemos, si no de engendros como Manolo Monereo, entonces IU desaparecerá y con ella el PCE, y el capital habrá ganado la batalla en España reduciendo a cenizas cualquier organización que mantenga vigente la lucha de clases.

¿A alguien le sorprende que IU tenga más diputados dentro del grupo de Podemos que en el propio grupo de IU-UP? Es parte de la misma estrategia. Tanto en Galicia, como en Cataluña, dos elementos de esos que Mao calificaba como arribistas y degenerados disfrazados de activistas, Yolanda Díaz y Joan Josep Nuet, han sido la punta de lanza del plan para destruir Izquierda Unida, el mismo plan que colocó a Alberto Garzón como candidato a la presidencia del gobierno. La diferencia es que con Garzón el plan les ha salido mal, y el chaval, por más recaíadas que tenga con eso de ser el eterno pretendiente de Pablo y siga diciendo que el modelo a seguir es el catalán y el gallego, no ha abandonado su organización ni ha dejado a Izquierda Unida en la estacada, circunstancia que habría sido la puntilla para la izquierda española, y para lo que fue impulsado como candidato a la presidencia.

Bajo mi punto de vista, lo primero que habría que hacer es no sólo visualizar el problema y denunciarlo, si no ser capaces de reconocerlo. Cada vez que un nuevo super dirigente de izquierdas, limpio y aseado, se pasee por los platós de televisión, sospechad. Cada vez que alguien repita cincuenta y siete veces la palabra “confluencia” en un discurso, sospechad también. Y cada vez que un dirigente de esta organización, o simpatizante como Willy Toledo, sea vapuleado en televisión y dirigentes de Podemos lo pongan como mal ejemplo de la “mochila” de Izquierda Unida, pensad, “ese es el bueno”.

La segunda tarea sería reflexionar. Reflexionar qué clase de organización queremos. ¿Queremos una organización que vende sus principios a cambio de muchos votos como Podemos? Si usted es de esas personas que entienden la política como una agencia de colocación, sin lugar a dudas dirá “¡Sí! ¡eso es lo que yo quiero!”; Si es usted de esas personas que para adquirir cultura política se pone los sábados La Sexta Noche en lugar de coger un libro y no sabe lo que significa la palabra “plusvalía”, dirá “¿pero qué estás diciendo?, Podemos tiene grandes principios”; pero si por el contrario usted es de esos militantes de base que sale de manera abnegada a pegar carteles, estudia, se forma, para desahucios desde antes que fuera una moda y le duele en el alma ver como cada vez que levantamos cabeza, la televisión impulsa un nuevo proyecto político, entonces dirá, “¡No! yo no vendo mis principios”.

La tercera tarea sería la lucha interna. Es necesario organizarnos. No seré yo el que encabece esa tarea porque no me veo en absoluto preparado para tan ingente empresa, pero tenemos que conseguir entre todos y todas plantear una alternativa seria, creíble, y razonada, que sea capaz de plantar cara a los planes liquidacionistas que muchos dirigentes están planteando. Cuando Jose Luis Centella, Secretario General del PCE dice “tenemos que evitar perder el tiempo en batallas internas que sólo favorecen al sistema” hay que decirle alto y claro que no, que los que creemos en un proyecto emancipador no vamos a permitir que se liquide Izquierda Unida y con ella el PCE, y por supuesto que vamos a batallar con los Ramón Luque de la vida porque no vamos a permitir que nuestros sesudos dirigentes nos hagan entrar uno a uno, con el carnet en la boca, en Podemos, porque ellos hayan acordado puestos, cargos y sillones como han hecho en Cataluña. Hay que perder el miedo a dar la batalla, a la expulsiones y a las purgas como hicieron en Madrid. Si perdemos la batalla será porque lo dimos todo para ganarla, pero que no podamos echar la vista atrás y decir que por nuestra inacción en España desapareció la izquierda. Somos de izquierdas, somos comunistas, herederos de los que murieron peleando contra el fascismo ¿acaso le vamos a temer a dar la pelea interna?

No me importa sinceramente que estas palabras no sean bien acogidas en las cúpulas de Izquierda Unida, tampoco me importa que se plantee mi expulsión de la organización como hicieron en Madrid con cerca de cinco mil militantes, tampoco me importa que los conocidos como “cuadros medios” se echen las manos a la cabeza y me digan la famosa frase de “los debates se dan en los órganos” porque no es cierto que se puedan dar, ya que lo que allí se plantea no le llega a las bases de la organización. Lo que sí espero y deseo, es que este grito desesperado en favor de Izquierda Unida sea bien recibido por todos aquellos militantes de base que sienten que poco a poco le están arrebatando la única herramienta que tienen para intentar cambiar esta sociedad, los que no comprenden el entreguismo de muchos a Podemos, y los que aún tienen fuerzas para luchar. A todos esos, aquí me tenéis y estaré a vuestro servicio si dais el paso al frente.

Alberto J. Miranda, Director del Diario laRepublica.es

Fuente: http://larepublica.es/2016/01/21/un-grito-desesperado-en-favor-de-izquierda-unida/#.VqFOOVNZoqd.twitter



Existen bases críticas silenciadas por los nuevos cargos directivos reformistas

La reunión que el Comité Federal del PCE celebrará este sábado se anuncia tormentosa. Desde la debacle electoral de IU el 20D son cada vez más las voces críticas no solo con la actual dirección de Izquierda Unida sino también con el equipo comandado por José Luis Centella, secretario general del Partido Comunista.

Las críticas no han cesado desde hace semanas, primero culpando al candidato de IU-Unidad Popular, Alberto Garzón del desastre, y pidiendo abiertamente su dimisión por su intento de “transmigrar” hacia Podemos, una estrategia que siguen defendiendo muchos, entre ellos Julio Anguita.

En una carta abierta al “camarada” Centella a la que ha tenido acceso Nuevatribuna, varios miembros de la dirección del PCE de Madrid, han vuelto a cargar contra la política de alianzas de la formación y por lo que consideran un desprecio a los principios ideológicos del Partido Comunista. Exigen que se cumplan los compromisos adquiridos en el XIX Congreso celebrado en noviembre de 2013, donde se acordó impulsar la reconstrucción del PCE como “espina dorsal de IU” capaz de liderar un “amplio y unitario movimiento político social” en defensa de una “alternativa social, democrática y anticapitalista a la crisis” sufrida dese 2008.

Pero todo, indican, ha quedado en “papel mojado”, ya que “dos años y pico han bastado para que el PCE y su Proyecto Político Unitario quedaran reducidos a la mayor insignificancia y marginalidad política que hayamos conocido en los últimos 40 años”.

Reprochan a Centella su falta de autocrítica y su “injustificada autocomplacencia” y le sitúan, a él y a la dirección que encabeza como máximos responsables de la debacle de IU, lo que además imposibilita “una serena reflexión acerca de la gestión política al frente del PCE a fin de avanzar hacia el objetivo de mejora”.

La lista de reproches es abultada. Culpan a la dirección de aplicar criterios sin debatirlos en los órganos internos, “situando así al conjunto de la militancia ante hechos consumados y decisiones irreversibles”, una actitud –afirman-, que se reveló “con toda crudeza a partir de la fascinación política que os suscitó el surgimiento de Podemos en las Europeas”. Y de ahí a una “notable deriva estratégica, concretada en una reducción posibilista de nuestro proyecto político, la atenuación de nuestros perfiles ideológicos y una cesión de la autonomía de Izquierda Unida que, no por ser decididamente unitaria, es menos soberana”.

Una deriva que se ha visualizado –dicen- en las “declaraciones de destacados dirigentes de nuestro Partido promoviendo un obsesivo e infantil ‘ahora o nunca’, afirmando que en los últimos decenios ningún PC ha cumplido su papel histórico, sustituyendo el enfoque de clase por un criterio ciudadanista y transversal, utilizando conceptos políticos ajenos al marxismo y al método dialectico, u oficializando teorías superadas en la historia del movimiento obrero tales como la del partido único de las clases populares”.

Y todo ello sin hacerse una “reflexión seria y profunda sobre lo que tendría que ser nuestra política de alianzas”, más bien al contrario: aplicando “una sucesión de dispares improvisaciones por parte de un influyente grupo de camaradas cuya responsabilidad, incluida en la promoción de Podemos, resulta ya tan manifiesta como tolerada”.

Una posición política que tachan de “irresponsable” y que ha derivado en una “auténtica deconstrucción pública de la marca Izquierda Unida. En este punto, vuelven a criticar la “voladura” de la organización de IU en Madrid “en un brutal ejercicio de ordeno y mando”, así como las alianzas en Cataluña en la confluencia con Podem En Comú, “violando el sentir mayoritario de los afiliados y el propio protocolo EUiA-IU”.  En opinión de los firmantes de la Carta, todo ello conduce “hacia un Podemos bis transitorio, sin espacio político propio“, y subrayan que no les convence la idea de “transmigrar hacia una nueva versión de la casa común de la izquierda”.

Concluyen exigiendo que se restañen las heridas y que se recupere “la credibilidad y la autoridad política que merece la dirección del PCE”. “Queremos compartir una reflexión política de fondo, el sano ejercicio de la crítica y la autocrítica y, sobre todo, concederle la palabra y el protagonismo a los comunistas”, cara a impulsar esa “reconstrucción del PCE” que se verificará en el XX Congreso, a celebrar en 2017, año emblemático por ser el Centenario de la Revolución de Octubre.

Fuente: http://www.nuevatribuna.es/articulo/espana/dirigentes-pce-madrid-cargan-jose-luis-centella-deriva-estrategica-iu/20160127200152124818.html






El respeto que merece el PCE

Nicolás García Pedrajas |

 Los estatutos de Izquierda Unida en su artículo 31.4.o consideran infracción muy grave:

“El abandono o la no integración en los grupos institucionales constituidos por las candidaturas legalizadas por IU o sus organizaciones territoriales federadas.”

Para las faltas muy graves el artículo 33.c prevé: “Para las infracciones muy graves la suspensión de los derechos como afiliado/a por un periodo desde un año a dos años o la expulsión de I.U.”. Por si estos artículos dejaran alguna duda el artículo 98.2 indica:

“Todos los cargos públicos electos para una Institución en las listas de Izquierda Unida o propuestos por IU en las coaliciones de las que forme parte deberán constituir el Grupo institucional de Izquierda Unida o el que resulte del acuerdo del Consejo Político Federal de IU. Las diputadas y diputados de I.U. electos al Parlamento Europeo formarán la componente de I.U. en el seno del Grupo Parlamentario Europeo que se constituya como resultado de los acuerdos que pudiera alcanzar la dirección de I.U. con otras formaciones políticas europeas que hubieran obtenido diputados al Parlamento Europeo.”

Los diputados, afiliados a Izquierda Unida, Yolanda Díaz (que además es Coordinadora General de Esquerda Unida), Joan Mena y Félix Alonso forman desde hace varios días parte del grupo parlamentario de Podemos. Sin embargo la Presidencia Federal de Izquierda Unida el pasado jueves, máximo órgano ejecutivo, ha avalado tácitamente la actuación de estos tres diputados ignorando sus propios estatutos e incluso ha defendido a estos parlamentarios de las críticas recibidas. Mientras se expulsaba a 5.000 militantes de IU pertenecientes a IUCM, ignorando no solo los estatutos sino los mínimos principios del derecho que prohíben los castigos colectivos, se muestra una enorme comprensión hacia actitudes que están dañando de forma irreparable a IU. Tampoco ha habido reproches al desprecio que la dirección del partido en Cataluña tuvo con los militantes que rechazaron de forma abrumadora, con más de 87% en contra, las condiciones del acuerdo con En Comú Podem y a pesar de ello EUiA entró en la candidatura con nocturnidad y alevosía.

En esta misma Presidencia se aprobaba crear una comisión para tratar la agónica situación económica en que queda IU después de no obtener grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados. Sin embargo, esa situación se habría evitado si los tres diputados de IU que se han integrado en Podemos formaran parte del grupo de IU en el Congreso. Ni siquiera la ruina económica hace que se levanten voces críticas contra la voladura controlada de IU por parte de sus dirigentes actuales.

En realidad esto no es nada nuevo, la misma Yolanda Díaz afirmaba hace unos días en una entrevista: “No vamos a ninguna parte con esta IU”. En un artículo de opinión reciente Víctor Casco, excoordinador de IU Extremadura, escribía: “Dejemos morir en paz al paciente (IU). Aferrarse a un fetichismo de siglas es, simplemente, antimarxista. Además de estúpido. Convóquese una Asamblea de disolución de la dirección federal y las direcciones de federaciones, para permitir que lo más sano de nuestra casa pueda tener las manos libres para trabajar y sobre todo, para tener futuro.” Este artículo fue compartido en sus perfiles de redes sociales por Yolanda Díaz y Ramón Luque, miembro del Comité Ejecutivo del PCE, de la Comisión Nacional de EUiA y de la Comisión Ejecutiva Federal de Izquierda Unida en la que es responsable de Coordinación de los Grupos Parlamentarios. Pero se puede esperar muy poco cuando el candidato a presidente del gobierno en las pasadas elecciones, Alberto Garzón, llegó a afirmar hace solo unos pocos meses: “Me aterroriza que Podemos se pueda convertir en otra IU”. La crítica constante a IU y la defensa de Podemos por líderes o militantes de IU como Manuel Monereo, Julio Anguita, etc. ya no es ni siquiera noticia.

Sin embargo esto no es nada más que el reflejo de una situación institucional en IU cada vez más deteriorada. Quizás el punto de no retorno se alcanzó con la expulsión de los 5.000 militantes de IUCM, de los que casi 4.000 no han vuelto a reafiliarse. A partir de ahí comenzó una situación en la cual ha primado el personalismo, el tacticismo y la falta de principios, junto con la negativa a asumir responsabilidades de ningún tipo. En contra de la opinión de muchos militantes se apoyó en Grecia a Syriza a pesar de que se trataba de un partido socialdemócrata clásico que debería estar alejado de la ideología de IU. Una vez que Syriza consumó su venta del pueblo griego y se convirtió en el capataz bien aleccionado de la troika, los defensores de Syriza en IU han guardado un vergonzoso silencio y jamás han pedido disculpas por su error. Aún muchos recordamos el apoyo de Alberto Garzón a Tsipras por su “lección democrática” a Europa. Tampoco se han asumido responsabilidades por el peor resultado electoral de la historia de IU. Se obtuvieron 923.105 votos, menos que los 969.946 del 2008 y menos que los 935.504 de 1986. Eso a pesar de un censo mayor en 1,5 millones que en 2008 y en 7 millones que en 1986. La excusa de la presencia de Podemos es pueril. En 2008 no estaba Podemos pero el PSOE obtuvo 6 millones más de votos, y en 1986 el PSOE obtuvo el 44.1% de los votos. En ambos casos IU contaba también con un rival a su derecha con un discurso muy similar al actual de Podemos. Y en ambos casos ese hecho no fue excusa para tapar el fracaso. Tampoco es excusa el hecho de que Galicia y Cataluña no contaba esta vez, ya que en 2008 se obtuvieron solo 25.308 en Galicia y en Cataluña se fue bajo la marca de ICV.

De la misma forma se han abandonado el respeto a los órganos y al funcionamiento de IU. Alberto Garzón se comporta desde hace meses como Coordinador Federal de IU a pesar de que Cayo Lara sigue ocupando ese puesto. Ha sido Alberto Garzón el que ha lanzado y organizado la asamblea de IU a pesar de que una vez pasadas las elecciones no tiene ningún cargo ejecutivo más allá de su pertenencia al Consejo Político Federal. Constantemente se hace referencia a los órganos y los estatutos como “vieja burocracia de partido”, contraponiendo a esta burocracia lo democrático que es el seguidismo y el culto al líder. Culto al líder que en las pasadas elecciones generales alcanzó límites grotescos. Se trata de esconder el hecho de que los estatutos y los órganos son precisamente la única garantía del funcionamiento democrático de un partido. Es la única forma que tiene el militante de base de expresarse y de exigir responsabilidades y el cumplimiento de sus obligaciones a los cargos. Es evidente que para el líder son un impedimento para hacer su voluntad sin cortapisas. Para ello es mejor una organización “más ágil y moderna”, aunque nadie haya dicho qué es exactamente eso.

Este desprecio por los militantes forma parte de una estrategia a largo plazo de sustituir al militante por el simpatizante. No es casual que desde hace algo más de un año en todos los procesos de toma de decisión importantes en IU el simpatizante haya tenido el mismo peso que el militante. Esto hace que muchos militantes se hayan planteado ya si tiene sentido pagar una cuota y dedicar un tiempo a un partido que valora lo mismo su opinión que la del primero que pasa por la calle. Dice un buen amigo que el primer papel de un militante comunista es el de ser un librepensador, pero en ningún partido, e IU no es la excepción, son bienvenidos los librepensadores. La dirección prefiere Umpa Lumpas a militantes críticos. En momentos en los cuales la línea ideológica ha desaparecido en favor del tacticismo cortoplacista, un militante crítico es un obstáculo para los actuales dirigentes de IU. Además, en una política como la que ha entrado IU basada en el líder mediático, todo se fía a la presencia en los medios de comunicación, con lo que el militante tiene muy poco que aportar al líder y sin embargo es un estorbo para sus objetivos.

Y en esta situación resulta muy significativo lo que sí se aprobó en la Presidencia Federal. La Presidencia se apresuró a marcar los principios de negociación con el PSOE por entrar en el Gobierno, a pesar de que ni siquiera el partido que debería encabezar dicho gobierno haya iniciado ningún tipo de negociación. Parece que a algunos la posibilidad de ser ministro ha hecho que les entre mucha prisa. Con la falta de inteligencia colectiva que caracteriza a IU en los últimos tiempos, la falta de principios en muchos de sus dirigentes ya ni se discute, nadie se ha preguntado por la repentina generosidad de Podemos ofreciendo a IU entrar en el Gobierno. Es evidente que no es por la necesidad de contar con los dos diputados de IU, número poco necesario y que en cualquier tendría asegurado sin necesidad de ofrecer nada, como ya se comprobó en la votación para elegir presidente del Congreso de los Diputados. Las razones reales son mucho menos beneficiosas para los intereses de IU. En primer lugar, la presencia de IU en el Gobierno contribuiría a la desmovilización social, de la misma forma que la presencia de Podemos en las instituciones ya lo ha hecho. Pero sobre todo, la presencia de IU lo haría corresponsable de las políticas del Gobierno que volverán a ser de recortes como ya viene exigiendo la UE. Podemos es consciente que participando en un Gobierno con el PSOE dejaría un flanco izquierdo importante desguarnecido que podría aprovechar IU a medio plazo para denunciar la falsedad del discurso de Podemos. Sin embargo, incluyendo a IU en el Gobierno cubre ese flanco y arrastra a IU como cómplice en las políticas que dicta Bruselas. Cegados por los posibles cargos parece que nadie en la dirección de IU ve algo tan evidente. Parece que no se ha aprendido nada del pacto con el PSOE en la Junta de Andalucía. También parece que ya se han olvidado las políticas llevadas a cabo por el PSOE en todos sus gobiernos, y especialmente entre el 2008 y el 2011. ¿Dónde quedarían los principios anticapitalistas, antiimperialistas, de defensa de una sociedad laica y contrarios al euro y al TTIP de IU en un gobierno con el PSOE? ¿Acaso alguien en su sano juicio cree que el PSOE renunciaría a la OTAN, el seguidismo a EE.UU., el euro, la sumisión a la Iglesia Católica o el TTIP por tener un ministro de IU?

Y entretanto, se prepara una Asamblea Federal de la que no se sabe apenas su objetivo. Aparte de referencias genéricas a repensados y estructuras más ágiles nada se ha dicho de qué es lo que se va a tratar. Nada concreto sobre el fondo o la forma del pretendido cambio. En realidad esta asamblea a nivel real parirá un ratón, porque el único objetivo es un cambio de dirigentes y unos órganos a su medida para poder consumar su proyecto político real, la transformación definitiva de IU de un partido de clase trabajadora a un partido burgués de “clase media”. Esta transformación lleva años gestándose a medida que la toma del poder en los órganos de IU es ya mayoritaria de gente procedente de la clase media universitaria, y los trabajadores y trabajadoras procedentes del mundo obrero han perdido de forma casi total su presencia. Solo queda el paso de la toma total del control de IU para ir, en un corto o medio plazo, a una confluencia/fusión/absorción con Podemos que les de a todos estos jóvenes líderes la posibilidad de vivir de la política durante muchos años. En esto existe aún el escollo del PCE, organización que Podemos no aceptará nunca como tal ya que le supondría un contrapoder a los actuales dirigentes. Y su forma de actuar en estos casos quedó bastante clara con la eliminación de Izquierda Anticapitalista. El escollo del PCE viene por su potencial de control de Podemos a medio plazo, no por ninguna reticencia ideológica que vaya a plantear un partido cuyos dirigentes hace mucho que dejaron de creer en el comunismo. Sin embargo la eliminación del PCE en este cambalache tendría algo de justicia poética porque han sido precisamente los dirigentes del PCE los que han estado detrás de toda la pérdida de identidad ideológica de IU consumada en el último año y medio. Y bien es cierto que el PCE hace tiempo que se comporta dentro de IU simplemente como un grupo de presión y no como el referente ideológico que debería ser su papel.

Ante esta situación, la única esperanza de IU, si es que aún la tiene, es la rebelión de los militantes aún no alienados. Es necesario que todos levanten la voz y olviden malentendidas lealtades a unos dirigentes que usan la lealtad de los militantes como coartada para sus canalladas. Y también es necesario que aquellas personas de relevancia dentro del partido que ven esta deriva de destrucción ideológica dejen su zona de confort, y se pongan al frente que lo que puede ser la última resistencia en favor de la conservación de IU como partido de clase. En caso contrario solo quedará enterrar a IU sin ni siquiera un epitafio que la recuerde.

Salud y república

Fuente: http://larepublica.es/2016/01/30/izquierda-unida-respeto-por-los-militantes/#.Vq03mDsHIv4.twitter



La organización en la calle y centros de trabajo como objetivo. Las instituciones no dan el poder.

En 1969, Sam Peckinpah firmó Grupo Salvaje, una historia, en apariencia, sobre una banda de asaltantes de bancos en el crepúsculo de aquello que se dio en llamar el oeste americano. La película es un western en cuanto a la estética polvorienta y desolada pero apenas cumple ninguno de los atributos clásicos del género: no hay buenos ni malos, sino tan sólo supervivientes. Por contra levantó críticas debido a la excesiva violencia que destilaban sus escenas, una violencia poco común para el cine del momento (muerte cruenta de niños y mujeres, por ejemplo) pero presente, en ese mismo año, en aquel país del sudeste asiático llamado Vietnam. The Wild Bunch, en su título original, era algo más que eso. Narraba la gran tragedia de quien mantiene una forma de vida que ya no es aceptada en una nueva época, más sofisticada pero tan salvaje como la anterior.

Las películas de Sam Peckinpah van de esto, de la irresoluble contradicción entre la construcción de un presente deudor de una sociedad cerrada y sus antagonistas, los que se oponen a aceptar unas reglas que saben hipócritas, injustas y sobre todo favorecedoras de privilegios. Puede que los personajes de Peckinpah no sean buenos, pero sí son héroes clásicos: enfrentan el conflicto que su resistencia a lo pautado les provoca.

Nosotros también vivimos un inicio de siglo, un cambio de época. De los muchos debates que nuestro momento nos ha dado hay uno que crepita insistente en las brasas de la esfera pública, esto es, el debate sobre la izquierda. Tanto es así que la propia palabra que da nombre, más que a una ideología concreta, a unas formas de dirigirse en la vida, se ve cuestionada. Lo nuevo pretende ser una ola, que en su afán por diferenciarse, arrasa incluso el léxico originario.

Este debate encierra uno concreto, el del destino de IU. En un momento de tensión las zonas que más sufren son las que se sitúan en los puntos de quiebra, e IU estaba justo sobre la falla, en ese lugar indeterminado entre institucionalidad y superación, aceptación de las costumbres políticas y nuevas formas de hacer.

A mí, sinceramente, el destino de IU me preocupa relativamente poco, visto, sobre todo, la prontitud con que algunos de sus cargos públicos y parte de su dirección han dado el salto por la borda. En la vida nunca se puede penalizar el cambio, pero sí señalar, al menos, a los oficiales que abandonan el navío en plena tormenta: si tan claro tenían el chaparrón deberían haberlo anticipado. Es comprensible el enfado de una tripulación -afiliados, simpatizantes y votantes- que ven alejarse en barquitas a quien, hasta hace nada, decía ser el recambio a la vieja guardia del aparato. Aparato, por cierto, del que todos formaban parte. Cualquier dirección política o cargo público debería saber que, si está ahí, si sus palabras tienen una resonancia particular o su trayectoria se ha convertido en carrera política, es, sobre todo, por esa gente anónima que les eligió como sus representantes y trabajó en la sombra sin aspiraciones personales.

Decía que el futuro de IU me preocupa relativamente poco. Lo que sí me preocupa, en serio, es el hundimiento de determinadas ideas que empiezan a quedar relegadas a un espacio injusto, máxime viendo el panorama político y sus consecuencias sociales.

Porque al final esto va bastante más allá de Podemos e IU o las expresiones confluyentes municipales o autonómicas. Va de cómo enfrentar el cambio. El cambio, sí, pero no ese que nos hemos narrado con mejor voluntad que acierto, sino el que ya está en marcha, tanto en este país como a nivel europeo y que comprende, entre otros asuntos, autoritarismo y militarización, destrucción del sistema de derechos o quiebra de la estabilidad laboral.

Si hay algo que me molesta profundamente -en política, en todo- es que la validación de las ideas dependa exclusivamente de su repetición. Si hay algo que me preocupa es que esa repetición dependa más de la calidad mediática del que las expresa que de las propias ideas.

Por ejemplo, la próxima vez que alguien cite al 15M como excusa sería de agradecer que se quitara el hábito. Mi generación sufrió la elevación a los altares de Mayo del 68, en versión hispana corrí-delante-de-los-grises y me temo, que si la cosa sigue así, el mayo de las acampadas sigue el mismo camino. El 15M, hoy, para la mayoría social trabajadora de este país no supone absolutamente nada, acaso un eco lejano de algo que no afectó a su materialidad demasiado. Y ya. Que ese momento haya tomado la categoría de acontecimiento fundacional no responde a más motivo que el que da carta de naturaleza a la mayoría de religiones, la necesidad del sacerdocio resultante de mantener el mito para validarse a sí mismos. Ni el 15m fue la primera vez que la sociedad se organizó al margen de un partido o sindicato concreto ni será la última. El 15m no fue la protesta más masiva del periodo antecedente ni de lejos. Y sí, el 15m dio algunas ideas interesantes, la mayoría ya desactivadas por la estructura cultural dominante hace tiempo (véase el sí se puede de Rivera o la publicidad de cualquier producto con gente representando asambleas, y luego revisen su concepto de hegemonía).

Digo esto del 15M porque para volver a tomar las calles, las plazas y la iniciativa en la agenda pública creo que nos deberían interesar más ejemplos, como las Marchas de la Dignidad, las expresiones descentralizadas y no espectacularizadas de barrios en conflicto o las luchas de barrenderos, Movistar, HP o Coca-Cola. Acontecimientos, también del periodo antecedente, los cuales han generado mucha menos literatura pero cuyas repercusiones han sido más concretas y tangibles. No se trata de contraponer, pero sí de hacer notar la memoria selectiva respecto a aquellos conflictos donde los que narran el debate de la izquierda o no estuvieron o su presencia no fue tan decisiva como hubieran deseado.

Aquí, lo que se plantea, no es cómo debería ser eso que se ha llamado nueva política, sino si existe espacio para una política de clase. O en términos más concretos, no qué debe hacer Podemos, sino si hay suficiente gente que piensa que las ideas defendidas por IU (más allá de la organización en sí) pueden conformar un proyecto diferente al primero.

La idea general no debería ser tanto ese, ya, lugar común de repensar la izquierda, sino evitar que ésta perezca entre prisas y supuestas novedades. Es cierto que las banderas no abrigan ante la intemperie o que las siglas no conforman cuerpo teórico, casi tanto como que vagar con un rumbo dependiente de figuras carismáticas, los bandazos tácticos y las cesiones concretas sonrojantes tampoco me parecen un buen plan.

La izquierda de este país (y aquí que se incluya quien quiera, ya sin dramatismos ni exigencias) no puede permitirse estar atrapada en un bucle inacabable entre lo simbólico y lo procedimental, es decir, en esas formas de hacer y pensar tan propias de los que han renunciado a la transformación material.

Entre otras cosas porque equivoca y olvida, acomplejada por los nuevos discursos, a los suyos, a esa gente de la que nunca se habla, a esas que cada día ponen en marcha la maquinaria capitalista. Personas a las que en su cotidianidad nadie les da respuestas a problemas concretos que no serán solucionados por declaraciones de transparencia, ejercicios de supuesta participación o creación de nuevas identidades artificiales por los que dicen renegar de la identidad.

Esa gente existe y no nos espera ni le interesan nuestros alambicados debates porque están, estamos, demasiado ocupados sobreviviendo. Todo el tiempo perdido en no llevar la ideología a su vida y no tan sólo ese pálido reflejo táctico llamado electoralismo son instantes ocupados por la enorme capacidad del sistema para imponer sus prejuicios, sesgos y formas de actuar. No se trata, deconstruyendo otro falso debate, en que sólo haya una forma posible de ganar elecciones, se trata de que mientras que sólo pensemos en cómo desnaturalizarnos para ganar elecciones seremos incapaces de ganar la vida.

Fuente: http://www.lamarea.com/2016/01/07/grupo-salvaje/

Eastbound and down - Jerry Reed


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