lunes, 24 de julio de 2017

La memoria de las mentiras del pasado ilumina las sospechas del presente



Un universo dominado por grandes empresas en la órbita de grandes intereses. La información internacional veraz e independiente al servicio de la mayoría social se hace rara. Inserto en tal medio, el periodista suele tener como función primordial el transmitir los mensajes del poder y contribuir a una presentación que de un aspecto justo y racional a lo que no suele serlo.

Guerras en nombre de los derechos humanos, conflictos en los que se enfatiza lo uno y se omite lo otro para obtener la explicación conveniente, opciones económicas presentadas como leyes sin alternativa, y mentiras, muchas mentiras, forman el medio ambiente general de la “información”.

En las últimas décadas la globalización ha uniformizado todo eso como una apisonadora. Donde antes cabían ciertas especificidades nacionales, hoy el pluralismo queda casi restringido a una especie de competición estructuralmente corrupta entre los diferentes intereses de los diversos centros de poder del mundo multipolar. Ese pluralismo de propagandas, claramente dominado por Euroatlántida, es lo único que da cierto juego a la información establecida global, lo que se llama el “mainstream”.

Contra ese sombrío panorama, existen algunos paliativos. Echar mano de la historia, de la geografía, de la economía de los recursos en disputa, ayuda a situar un conflicto. Poner siempre las dudas y las preguntas por delante (Cui bono – ¿a quién beneficia?), complica la eficacia de cualquier trampa. Ser consciente de que el periodista “objetivo y sin ideología” es un cuento chino y que los medios “serios” solo lo son porque suelen ser los que mienten con mayor influencia y seriedad.

En septiembre de 1939 la agencia efe (efe de Franco) informó de los preparativos de ataque polacos contra la Alemania nazi. La guerra de Vietnam comenzó con el falso ataque contra un buque americano en el Golfo de Tonkin, la de Iraq con falsas armas de destrucción masiva y falsa relación de Saddam Hussein con el 11-S neoyorkino, la de Kosovo con la falsa limpieza étnica de albaneses… Todos los grandes medios americanos y europeos  suscribieron aquello, pero solo las informaciones del adversario son “Fake news”, noticias falsas, y merecen una condena del Parlamento Europeo.

Ahora nos vienen con la “injerencia rusa” en las elecciones americanas para echar o neutralizar a ese extraño presidente ultra en el que parecen ver una amenaza.  Nos vienen con las fantasmagóricas “amenazas” militares de Moscú en Europa, contra los países bálticos, contra Polonia, contra todos, una manera de castigar la reacción militar rusa a un cuarto de siglo de avance atlantista en su entorno más inmediato. Nos vienen con el “expansionismo militar chino” ante el cerco del Pivot to Asia, que pretende rodear su potencia emergente. Y continúan con la selectiva denuncia de los escándalos humanitarios mediante la cual Alepo sí pero Mosul no… La memoria de las mentiras del pasado es el antídoto que ilumina las sospechas del presente.


Snowden y Assange (“agentes de Moscú”) han confirmado documentalmente que todas las sospechas se quedan cortas. Por eso las preguntas que suscita la duda más racional son replicadas con un nuevo recurso-comodín: la “teoría de la conspiración”. El concepto nació en las cocinas de la CIA, cuando se comenzó a poner en duda la increíble versión oficial de la muerte de Kennedy. Es significativo que hoy tengan que aplicar en tantos frentes ese recurso. Pues tantas son las dudas y las sospechas.

Fuente: http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch/2017/06/07/las-preguntas-delante-84847/



Máscara mortuaria de Robespierre

Decididamente, incluso en 3D, el odio al más ilustre portavoz del jacobinismo, les hace perder la cabeza. Anuncio enseguida que este billete de blog será redactado exclusivamente en defensa de Maximilien Robespierre, siempre atacado, burlado, caricaturizado, incluso dos siglos después de su muerte. Será también una ocasión para volver a hablar de máscaras de cera, que según algunos, blandidas por el pueblo de Paris en julio de 1789, iniciaron, de alguna manera, la gran Revolución francesa.

Para realizar esta tarea entrañable, me alejo instante de los combates cotidianos del Frente de Izquierdas y sobre todo de mi propia campaña municipal, por otra parte bien encauzada en el doceavo distrito de Paris. Pronto la presentaré más detalladamente. Además, la reunión del Consejo de Paris de diciembre que se desarrollará el próximo lunes y martes será un momento privilegiado para volver sobre los dossiers municipales. El lector me perdonará pues, esta furtiva escapada, fuera de los caminos trillados de la acción militante, si ha entendido para que sirve este espacio virtual, lugar de libertad real que es mi blog. Aquí hablo de lo que quiero, ¿de acuerdo?

¿De qué se trata?  Voy a ello. Esta mañana ha sido enseñada a la prensa un bien ridícula fotografía representando la pretendida “cara verdadera” de Robespierre ( Cf. Imagen). El diario Le Parisien/Aujourd’hui afirmaba con toda seguridad: “Robespierre reencuentra su cabeza”. Nada menos. Cada uno juzgará. El efecto es sobrecogedor y, digámoslo claramente el resultado es repelente. Es un rostro repugnante y contrahecho, en una pose lúgubre mirada heladora, cóctel entre Jack el Destripador y Marc Dutroux sin el bigote … y añadamos, golpeado profundamente, bastante más de lo que numerosos testimonios lo afirmaban de la viruela ( más preciso que la expresión "petite vérole", que tiene otra connotación, como he leído aquí i allá), enfermedad de piel frecuente en la época, que dejaba lesiones en el rostro de la mayoría de los hombres empezando por Georges Danton. A la vista de esta foto, ¿quién no sentirá que un escalofrío le recorre la espalda? Ese es sin ninguna duda el objetivo. Para hacer detestar a un hombre siempre es útil afearlo. Ello simplifica la tarea.
Pero volvamos a esta fotografía, más verdadera que lo real. ¿Cómo han sido posibles este prodigio y casi-resurrección? Sería debida a un francés de Mulhouse, el señor Philippe Froesch, especialista en este tipo de reconstituciones faciales . A él se le debe hace algunos años una reconstitución del rosto de Enrique VI, ofreciéndonos, en relación con el que parece que inventó la frase  “la gallina a la olla” ( la poule au pot), Un rostro pacífico e inteligente, fiel a la leyenda del “buen rey Enrique”… salvo que este retrato del hombre de Navarra fue reconstituido a partir de un cráneo real.

Ahora, en relación a Robespierre, no hay nada, y a mi modo de ver es precisamente ahí donde se sitúa uno de los primeros problemas. Esta vez, no se ha trabajado con un cráneo auténtico, si no a partir de la copia de una máscara mortuoria post-mortem. Curioso. Esta copia de máscara se encontraría actualmente en el Muséum d’Histoire naturelle en Aix-en-Provence. Sería obra deAnne-Marie Grosholtz quien devendría Madame Tussauds, fundadora del celebre museo londinense que lleva su nombre. Hasta aquí bastantes cosas creíbles. La futura madame Tussauds estuvo  presente en el Paris revolucionario de 1789 a 1794, después de haber sido una de las principales escultoras del « cabinet de cire » del Doctor Curtius que en aquellos momentos gozaba de una gran éxito. Guiño a la historia fue entrando en su gabinete de cera que el 12 julio de 1789, el pueblo de Paris se apoderó de los bustos de Necker, y del Duque de Orléans, que estaban allí, para desfilar a continuación blandiéndolos para reclamar el retorno de Necker, a quien el rey Louis XVI había destituido por su « condescendencia extrema » hacia los Estados-Generales. LO que siguió es bien conocido. Dos días más tarde, el pueblo tomaba la Bastilla, y a continuación el pueblo Buscaba armas para evitar que una represión salvaje le golpease.

Anne-Marie Grosholtz (o Marie Grosholtz) era efectivamente la mejor empleada de Curtius, participó en la realización de numerosos bustos y máscaras de cera, es algo indiscutible. De todos modos, numerosos historiadores dudan sobre la autenticidad de esta máscara post mortem ( cf. imagen) de Maximilien Robespierre y sobre las condiciones en las que fue realizada, si se tiene en cuenta que el diputado originario de Arras, fue ejecutado de manera bastante precipitada, con 22 de sus camaradas, después de haber recibido un pistoletazo en la cara que le fracturó la mandíbula, y que lo desfiguró totalmente. Algunas horas después de su ejecución, su cuerpo fue lanzado a una fosa común sin ningún tipo de miramientos, para que no tuviera tumba, ni el mínimo lugar de memoria, donde sus amigos pudieran ir a recogerse. ¿ Se puede imaginar seriamente que fuera posible, en este tumulto, realizar una máscara para fabricar estatuas de cera ( es decir para fabricar elementos para mantener su memoria) , y  que la pretendida máscara mortuoria atribuida a Robespierre sea realmente la suya, cuando se piensa en la velocidad en la que se desarrollaron aquellos acontecimientos políticos? Por razones políticas, era imprescindible hacer desaparecer el cuerpo lo más rápidamente posible. Además, parece establecido que en esa época se desarrollo un verdadero « business » en torno a estas máscaras mortuorias y parece que era frecuente que algunas de entre ellas fueron realziadas únicamente “de memoria” por sus autores. En fin es notorio que Madame Tussauds usaba un talento real para poner en escena, de manera particularmente expresiva y personal, los rostros que fabricaba.

Brevemente según muchos historiadores contemporáneos, es muy posible que esta máscara, hecha de memoria, habla más sobre lo que Madame Tussauds pensaba de Robespierre, que sobre la realidad milimetrada del rostro del « incorruptible ». Así pues es muy probable que la máscara que ha servido de base para este retrato 3D no es muy riguroso. La mayoría de los historiadores, especialistas de la Revolución francesa, que he interrogado hoy, pienso en primer lugar en el excelente Guillaume Mazeau (pero hay otros) se han sorprendido de la gran diferencia entre retratos conocidos de Robespierre y realizados en vida, como el de Gérard expuesto en el museo Carnavalet o el celebre busto de Charles-André Deseine (que se puede ver en Vizille) y esta pobre imagen 3D demasiado lúgubre y poco expresiva. Además, la distancia es tal, con lo retratos contemporáneos conocidos  que estos historiadores ponen en duda el valor de todo esto.

Me diréis: ¿que es lo que está en juego en todo esto? En realidad importa poco conocer el rostro verdadero de Maximilien Robespierre. Poco importa que fuera feo o guapo, las mejillas devoradas por la viruela o no, los ojos alegres o con ojeras... Sus discursos y sus actos tienen una importancia bastante más significativa para la Historia de nuestro país. Esto es lo que me fastidia más en este asunto y ridiculiza, a mi modo de ver, toda esta iniciativa. Philippe Froesch, el creado de este 3D declara en el Parisien: « Cuado he abierto los ojos de Robespierre, su mirada helaba, inquietaba. Sin duda, este hombre daba miedo». En BFM TV, añadía : "No debía ser simpático..", y matizando, BFM TV dirá que se trata del “rostro del Terror”. Grotesco. Nos encontramos ante el delito de tener la cara sucia. ¿ El artista aceptaría que se hablase de él de ese modo? Y, evidentemente, este comentario muy personal alimenta la “leyenda negra” sobre Robespierre que le presenta como un dictador. Con una jeta como ésta no debía ser un demócrata, se dice quien descubre este fotografía. Este es el objetivo sin duda. Dar miedo con Robespierre, esta vez con su cara supuesta, y después, en el mismo movimiento, hacer detestar aún más al hombre para que se olviden definitivamente sus ideas. Se descubre, leyendo los artículos que acompañan esta imagen, que esta cara 3D servirá de suporte para una gira de conferencias de un médico forense, M. Philippe Charlier que, en la línea de muchos otros charlatanes que tienen siempre páginas abiertas en todos los magazines (Historia, Valeurs actuelles, L'Express, Nouvel Obs, etc..), explicará doctamente quien era « el verdadero » Robespierre a partir de una simple máscara 3D basada por añadidura sobre un modelo original dudoso. Así, armado con este método, este señor hablará, sin vergüenza, de un político exclusivamente en función de su « jeta » y de sus enfermedades de piel. No sonriáis, se piensa inmediatamente en la próstata de presidentes de la República que ha interesado a algunos medio estos días… Se piensa también en esta nueva tendencia y corriente histórica (tan presente en los grandes medios de comunicación) que explica los acontecimientos   de nuestro pasado por la acción de un solo hombre, y por tanto lo único que tendría sentido sería la psicología ( que algunos expertos nos aclaran dos siglos más tarde). Así progresivamente se deslizan hacia una antropomorfia vulgar como método sistemático. El nuevo axioma de estos tunos es: me río de tus ideas, pero muéstranos tu jeta. Ejemplo: la monarquía era positiva ya que los reyes de Francia eran buenos. El Terror, nunca explicado en su realidad, sería el producto de un hombre medio loco que horroriza al contemplarlo. El nazismo sería debido al “magnetismo” terrorífico de Adolf Hitler que hipnotizaba a las masas alemanas, etc… Sobre todo, no busquéis razones económicas, culturales y sociales para comprender los desórdenes de este mundo. Es ridículo. En función de la cara, en la actualidad, se atribuyen sentimientos, capacidades en los seres humanos, al final es una visión digna de los peores antropólogos racistas del fin del siglo XIX que se impone sin que se note. Este tipo de aproximación peligrosa marca el fin de la política y de la Historia que invitan a la reflexión en beneficio del sensacionalismo más vulgar. Temo lo pero para el futuro. Un hombre ante su pantalla de ordenador y sus software fabricando una cara varios siglos después de la muerte de aquel a quien se le atribuye, pretenderá explicarnos la Historia y el compromiso de las mujeres y de los hombres políticos, que los historiadores que se empeñan rigurosamente  a exhumar los textos y los hechos y a darles un sentido. Esta moda de los rostros 3D es el fin del pensamiento. Recelo.

Es ahí, pues donde se encuentra lo más escandaloso de este historieta. Más que invitar a leer y a releer los obras y discursos de Robespierre (también para criticarlos sin concesiones, naturalmente), más que evocar por ejemplo la aparición reciente de excelente libro: « Robespierre, la fabrication d’un mythe » (Editions Ellipses) de Marc Belissa et Yannick Bosc, Ambos entre los mejores especialista del tema, más que invitar a leer los trabajos de historiadores como  Guillaume Mazeau de quien he hablado más arriba, pero también deClaude Mazauric, Michel Biard, Jean-Clément Martin y de muchos otros (a no olvidar el inmenso Albert Mathiez o a Albert Soboul), los medios de comunicación hacen una amplia publicidad a este tipo de rostros 3D. Para resistir intelectualmente, leed los libres de todos estos sabios. Si no, a la postre, el reflejo reemplaza la reflexión, y los  nostálgicos del Ancien régime pululan y dedican su tiempo a ensuciar  a los grandes revolucionarios y a los grandes patriotas sin los que nuestro país no sería el mismo.

Fuente: http://lacarmagnole.blogspot.com.es/2013/12/falsa-mascara-en-3d-y-autenticas.html



Sender en Moscú

Fórcola reedita por primera vez un clásico desapercibido de la literatura de viajes contemporánea. Publicado por primera vez en 1934, refleja un estado de ánimo exaltado: no olvidemos que la obra fue escrita en un año revolucionario, y después de haber redactado Sender su reportaje sobre los hechos lamentables de Casas Viejas, que tanto perjudicaron a Manuel Azaña. No es, pues, Madrid-Moscú un libro complaciente con la izquierda republicana, cuyo proyecto empezaba a tambalearse acosado desde los extremos del hemiciclo. Más bien abundan en sus páginas andanadas contra la democracia burguesa española, que había sido incapaz de solucionar (o cuando menos de atender) los problemas sociales de las clases subalternas españolas. 

Todo ello puede explicar, en parte, el entusiasmo con el que Sender celebró las novedades del mundo soviético, el experimento sociológico más ambicioso de la historia. El libro reúne las breves crónicas que empezaron a ver la luz en La Libertad el 27 de mayo de 1933, y que terminaron de publicarse el 13 de octubre, cuando el autor llevaba ya tres meses de nuevo en casa.

José-Carlos Mainer firma el prólogo: un prólogo que no solo presenta una síntesis útil de la trayectoria literaria e ideológica de Sender, sino que sitúa Madrid-Moscú en ella, mientras va comentando cuál es la bibliografía fundamental para introducirse en el denso mundo narrativo y político del autor. Fórcola ha editado la obra perfecta para introducirse en ese mundo en el que se entrecruzan periodismo, ensayo, revolución y pura narrativa. Mainer comenta que “la estrategia del narrador de Madrid-Moscú es una calculada mezcla de impasibilidad y desparpajo, de curiosidad abierta a los hechos y de dogmatismo en sus presupuestos” (p.19). Y es verdad: Sender intenta, a través de un estilo rápido y vertiginoso, imitar la nerviosidad misma de la sociedad soviética en trance de constante transformación. Y con mucha frecuencia justifica las medidas del gobierno que pueden parecer chocantes comparándolas con el grotesco mundo social y político español, cuajado de contradicciones y absurdos. Es, por esta razón, una obra revolucionaria pero también un relato que se puede situar entre los que buscaron en la URSS un revulsivo capaz de sacudir la adormecida existencia hispánica. Participa, pues, como Rússia. Notícies de la URSS, de Josep Pla (1925), o los ya lejanos libros rusos de Luis Morote, de la literatura regeneracionista aún muy viva en el imaginario ensayístico español. 

SENDER INTENTA, A TRAVÉS DE UN ESTILO RÁPIDO Y VERTIGINOSO, IMITAR LA NERVIOSIDAD MISMA DE LA SOCIEDAD SOVIÉTICA EN TRANCE DE CONSTANTE TRANSFORMACIÓN

Mainer concluye que “el lector de Madrid-Moscú advertirá que Sender tuvo noticias del envés del paraíso. Sabía lo sucedido en Ucrania y también en el Cáucaso, en las tierras de los antiguos cosacos, pero lo justifica, aunque quizá no muy convencido” (p.15). Sin embargo, no menciona los campos de concentración, ni las detenciones arbitrarias y desapariciones de ciudadanos, que otros viajeros (por ejemplo, Fernando de los Ríos, sí habían observado y denunciado). Álvarez del Vayo y Pestaña visitaron al terrible Dzerzhinski para indagar sobre ejecuciones de disidentes; Sender ni se lo planteó, diseñando un libro de cuño mucho más jovial y picaresco, con poco espacio para el análisis de las contradicciones: “Domina en la casa, que es grande, el recuerdo de una posibilidad poderosa, siempre vivo: Maiakovski. Existe por este poeta revolucionario verdadera veneración. Yo he preguntado por las razones que pudieron llevarle al suicidio. Nadie las conoce. En realidad, cuando ocurre eso es que se han perdido las razones para vivir y hasta para morir. Debe ser el vacío interior que les atrae como un abismo. Nadie sabe nada. Pero el suicidio de Maiakovski es el complemento de su obra. Quizá sentía el socialismo y se sentía incapaz al mismo tiempo de vivirlo. Su vida era caótica y desordenada” (pág.89). He aquí una constante en la literatura española dedicada a la URSS: el ansia de orden, dejando atrás una calle dominada por la agitación anarquista. Un orden revolucionario o conservador, pero en todo caso siempre una estabilidad, un agarradero, una necesidad de fijación: fijación de precios, de salarios, de pactos colectivos, en un continente que atraviesa un barrizal político guerracivilista.

Sin embargo, es cierto: muchas veces Sender no se percata de la sordidez de lo que está describiendo. Por ejemplo, el ritual colectivo de la Chistka, el momento en que todo comunista ha de enjuiciar públicamente su conciencia y su conducta, mientras se le examina de conocimientos revolucionarios: “La Chistka  es la depuración del Partido Comunista, hoy integrado por cerca de cuatro millones de ciudadanos soviéticos. Consiste en el examen de la conducta de todos los miembros del partido en las fábricas, en el campo, en los cuarteles. No solo de su conducta, sino de su mentalidad. Se juzgan primero en asambleas públicas, donde todos los ciudadanos tienen voz y voto, las conductas de los hombres o mujeres que van a constituir los Consejos depuradores, según las candidaturas presentadas en los lugares de trabajo. Cuando los Consejos están formados, comienza la tarea de depuración, que dura varios meses” (pág.158). No puede negarse de la eficacia de los métodos de afirmación de una ortodoxia ideados por los soviéticos. Del éxito o fracaso en estos actos de afirmación o contrición dependía la clasificación de cada ciudadano en la casta que le correspondería según criterios ideológicos: de esas depuraciones (purgas, digámoslo claramente) dependía el futuro vital y laboral del ciudadano. 

Por lo demás, el autor es capaz de consignar hasta el más mínimo detalle de la estructura social y cultural de la Rusia revolucionaria. Por ejemplo, describe con gran detalle los “rincones rojos”, distribuidos por parques, fábricas y talleres, a los cuales podía acudir cualquier ciudadano para informarse sobre teoría marxista, cultura general o cualquier aspecto de la vida industrial del país: “Yo he visto acercarse a un obrero a uno de estos rincones y preguntar, muy intrigado, qué distancia hay de la Tierra a la Luna. La respuesta fue acompañada de una serie de explicaciones, muy sumarias, sobre astronomía. Otra vez, dos obreros que avanzaban por una avenida discutiendo se acercaron a resolver sus dudas a un “rincón rojo”. Preguntaba uno de ellos si, una vez terminado el segundo plan quinquenal, los sindicatos y las cooperativas podrían sustituir ya al Estado y éste sería innecesario. Ignoramos cuál fue la respuesta” (pág.187). Lo que más admiró Sender fue la habilidad con la que los bolcheviques habían logrado movilizar a toda una sociedad antes despolitizada, interesándola por el progreso vertiginoso de la nación. Esto no podía conseguirse sin dos cosas: sin el sentimiento de estar aportando algo a un gran proyecto común y sin un sistema educativo especialmente dinámico y bien engrasado.

Por esta razón elegía el formato del documental. Por esta razón escribía con esta tensión interna. Sender se desesperaba con la abulia de la opinión pública española, y buscaba el aldabonazo, la nota estridente.

La URSS fue un Estado generoso con la instrucción universal, y Sender no es una excepción en el elogio de las iniciativas educativas del nuevo estado: los socialistas Rodolfo Llopis y Álvarez del Vayo fueron los autores que más atención prestaron a estos innovadores experimentos.

LO QUE MÁS ADMIRÓ SENDER FUE LA HABILIDAD CON LA QUE LOS BOLCHEVIQUES HABÍAN LOGRADO MOVILIZAR A TODA UNA SOCIEDAD ANTES DESPOLITIZADA

Fue durante la Guerra Civil, y al cabo de un proceso no totalmente descrito ni aclarado, cuando Sender se apartó de la ortodoxia comunista, antes de partir hacia México y Estados Unidos y cultivar un concepto más dinámico de la izquierda política. 

A mi modo de ver, los artículos que Sender escribió sobre la Alemania hitleriana, que pisó de camino hacia Moscú, son tan valiosos como los escritos en territorio soviético. Durante los días que permaneció en territorio alemán, retrató con mano maestra el ambiente de las ciudades cada vez más impregnadas de nazismo. Sender (como el catalán Xammar) no solo comprende perfectamente el fenómeno del carácter y el encumbramiento de Hitler, sino que explica muy acertadamente el éxito de los disparates totalitarios: “Hitler no es una individualidad. Es un millón de germanos uniformados. No ha dicho en su vida Hitler una frase original, una idea verdaderamente propia. Desde el año 1919 viene repitiendo las mismas toscas generalidades sobre la patria, la producción industrial y la raza. La misma asimilación de una parte del espíritu revolucionario de las masas trabajadoras, que parece un movimiento táctico muy sagaz, no es sino el reflejo de la conciencia común. Una idea que estaba en la calle y que todo el mundo respiraba. Esto de las ideas generales enloquece a los germanos, como suele ocurrirles a los hombres de individualidad poco acusada. Un funcionario de tercera, que para vivir con el sueldo tiene que hacerse el menú de pie en los restaurantes automáticos –diez céntimos, un bocadillo de jamón; otros diez, uno de queso, o un vaso de cerveza-, y que vive en una casa antihigiénica, pequeña y oscura, es capaz de estar ocho horas rígido e inmóvil con sus calzones y su camisa pardos, en el umbral de un ministerio, y si al final otro nazi de mayor graduación se cuadra ante él y le da la mano, diciéndole: “Eres un buen servidor de Alemania”, se siente completa y absolutamente feliz” (págs.42-43). Es la misma eliminación del individuo en la colectividad que observará en Moscú, pero esta vez dirigida a fines racionales, dirigida a la consolidación de un ideal igualitario ante el cual carece de fundamento oponerse. 

En definitiva, el diagnóstico senderiano para la realidad alemana es de una sorprendente exactitud: “El nacionalsocialismo alemán no ha venido a estabilizar las cosas, sino a precipitarlas. El ritmo, ya de por sí acelerado, de la política europea no tolera pasivamente un movimiento como el de Hitler. (…) No hay duda –es necesario reconocerlo- de que la próxima guerra habrá nacido en Versalles. Esto es demasiado sabido. El fenómeno nazi, que hay que aceptar como un hecho consumado, tiene allí sus raíces. Estos niños son una prueba más, con la energía de sus movimientos, una energía teatral y decadente, pero en la que hay cierta sincera desesperación de personas mayores” (pág.53). A Sender no se le escapa nada, como, por ejemplo, la ausencia de nombres franceses en los menús de los restaurantes. Ausencia que es presagio de una guerra próxima.

En el tren, nuestro autor certificó lo que también consignó Pla: la comida era una tercera parte más barata en un vagón de camino a Moscú que en cualquier ciudad española. Estos detalles no eran inocentes: su función era desactivar los embustes que la prensa desinformada y/o rocosamente derechista publicaba con el objetivo de demonizar esa nueva sociedad apocalíptica que era suma y resumen de todos los pecados posibles. Hasta la vajilla de ese vagón restaurante despertó la curiosidad de Sender: la cerámica había sido decorada con aeroplanos, chimeneas de fábricas, torres de radio o con la hoz y el martillo (pág.80).



MADRID-MOSCÚ ES EL LIBRO DONDE MEJOR SE COMPRUEBA EL INTERÉS DE LOS ESCRITORES ESPAÑOLES POR COMPARAR LA GRIS Y MORTECINA REALIDAD POLÍTICO-CULTURAL ESPAÑOLA CON LA VIVACIDAD SOVIÉTICA

Madrid-Moscú es el libro donde mejor se comprueba el interés de los escritores españoles por comparar la gris y mortecina realidad político-cultural española con la vivacidad soviética: “Los escritores, no pocos de verdadero talento, trabajando con palas y carretillas. Esto no lo sabían seguramente nuestros elegantes compañeros de Madrid. A Algunos les iría muy bien para apaciguar sus nervios” (pág. 89); o “Desgraciadamente para los amigos del arte, la mayor parte de las obras no pueden ser exhibidas en los teatros españoles. Es decir, podrían exhibirse; pero las autoridades de Casas Viejas no entienden tampoco de libertades artísticas. Hemos visto teatro sintético, realista; teatro de propaganda. Hemos visto una obra antirreligiosa, puesta en escena con alardes de técnica, recursos de decorado e iluminación, que en España no se pueden ni imaginar” (pág.90). 

Constantemente está Sender mostrando su profundo desacuerdo con la deriva conservadora que está tomando la República española (y de esta crítica no excluye, ni mucho menos, a los partidos de izquierda). Al fin y al cabo, el mensaje último de Madrid-Moscú podría ser: Españoles, ¿a qué esperamos para iniciar nuestra República Socialista? Sender suspiraba, en 1934, por la llegada de una República Popular que aplastase al poder burgués, y que electrizase y dinamizase la cultura propia.

A Stalin lo ve como un obrero más, un dirigente con la tosquedad y la franqueza sanas que observa en los líderes de las plantillas industriales. La falta de cortapisas intelectuales es juzgada positivamente por un escritor que encuentra superior a la reflexión decadente y escéptica la pura acción revolucionaria y la construcción a todo trance. Sender, nacido en 1901, quiere formar parte de una juventud revolucionaria llamada a desterrar toda clase de rémoras culturales e ideológicas. La generación dispuesta a arrasarlo todo y a jugarse el tipo por la subversión total. De algún modo fundaría y anunciaría, con su tono y su estética, la escritura desarrollada durante la guerra civil.

SENDER, NACIDO EN 1901, QUIERE FORMAR PARTE DE UNA JUVENTUD REVOLUCIONARIA LLAMADA A DESTERRAR TODA CLASE DE RÉMORAS CULTURALES E IDEOLÓGICAS

De ahí esa sensación de dogmatismo que tanto salpica su prosa. Es urgente emprender reformas como las soviéticas. Inmediatamente. Y no son pocas las veces en las que nuestro periodista es convincente en sus tajantes planteamientos: “Los obreros no entienden de arte; pero tampoco entienden los burgueses. Llevan los obreros de ventaja que no están corrompidos por un intelectualismo y un idealismo sensiblero y falso” (pág.90). Sender quiere pensar rápido, está ávido de acción, de resultados. De golpes definitivos, de cirugía revolucionaria. Está harto de la semivida de su patria, anegada en tópicos fáciles y literatura blanda y boba.

Y por ello rompió a escribir sin descanso. Sender alcanzó una cima o plenitud en ese turbulento año de 1934. Mainer nos recuerda que ese mismo año publicó el escritor aragonés el imprescindible Viaje a la aldea del crimen. Documental de Casas Viejas, así como también Carta de Moscú sobre el amor, La noche de las cien cabezas y Proclamación de la sonrisa, que reunía crónicas publicadas en 1933 en el periódico La Libertad. Madrid-Moscú es, junto a La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja de Manuel Chaves Nogales (reeditado por Libros del Asteroide en el año 2012), el mejor relato de viajes de la literatura española contemporánea. Y lo es por su frescura y por el instinto de auténtico periodista que, como el también genial Chaves, supo imprimir a su estilo y a los asuntos que trataba. Esa rapidez, ese gusto por el trazo rápido y fijador, es herencia de Valle-Inclán. Chaves, claro está, era más barojiano: explotó una veta más escéptica. Ambos, Chaves con sus dudas y Sender con su indignación, consiguieron escribir los mejores libros españoles sobre la realidad revolucionaria de la Rusia soviética en trance de transformación.

Fuente: http://ctxt.es/es/20170405/Culturas/12015/serder-mosc%C3%BA-comunismo-fascismo-revolucion-rusa-socialismo.htm


Stalin sobre Franco

Stalin, Truman y Churchill sobre el régimen de Franco (Conferencia de Postdam 1945)
En el siguiene extracto de las discusiones de la Conferencia de Postdam, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, entre Truman, Churchill y Stalin, podermos apreciar cómo las "Potencias occidentales", Inglaterra y Estados Unidos, mantendrán el mismo disimulado apoyo a Franco que también habían mantenido durante la Guerra Civil.

Solo Stalin y los pueblos soviéticos, tal y como sucedió también en la Guerra Civil, apoyaría la lucha del pueblo español por la democracia, mientras Truman y Churchill siguieron mirando para otro lado pensando en sus intereses económicos y en su futura estrategia, en la cual su principal enemigo, tal y como lo era antes de que se vieran obligados a enfrentarse a Hitler, era el Socialismo y, por lo tanto, la propia democracia.

Los españoles que habían sido los primeros en enfrentarse al nazismo alemán en una guerra, que para muchos fue el primer acto de la Segunda Guerra Mundial, fueron olvidados por Inglaterra y Estados Unidos, que ya estaban planificando su nueva estrategia para acabar con su mayor amenaza, invitando, como Franco, nazis a sus industrias militares, y dando inicio a la guerra fria y a enormes campañas de manipulación  para evitar como sea que el Socialismo extendiera su ejemplo de igualdad y de su milagroso crecimiento económico al servicio de los trabajadores entre la clase obrera mundial.

Veamos la transcripción de las conversaciones:

"STALIN: Es necesario examinar la cuestión del régimen de España. Nosotros los rusos consideramos que el presente régimen de Franco en España fue impuesto por Alemania e Italia y que entraña grave peligro para las naciones unidas amantes de la libertad. Opinamos que será bueno crear condiciones tales que el pueblo español pueda establecer el régimen que elija.

CHURCHILL: Estamos debatiendo aún las cuestiones que incluir en la agenda. Convengo que la cuestión de España debería ser comprendida en ella.

TRUMAN: Desea el generalísimo hablar sobre la cuestión.

STALIN: Se han distribuido copias de la propuesta. No tengo nada que añadir a lo que allí se expresa.

CHURCHILL: Señor presidente, el gobierno británico siente odio contra Franco y su gobierno. Donde veo alguna dificultad en adoptar el borrador propuesto por el Generalissimo es su punto primero que trata de la ruptura de toda relación con el gobierno de Franco, que es el gobierno de España. Creo que, considerando que los españoles son orgullosos y más bien sensibles, semejante medida causaría el efecto de unir a los españoles en torno de Franco, en vez de apartarlos de él. […] Por lo que toca a los países que han sido liberados en el curso de la guerra, no podemos permitir que se establezca en ellos un régimen fascista o tipo Franco. Pero aquí tenemos un país que no tomó parte en la guerra, y por eso es por lo que soy contrario a interferir en sus asuntos internos. El gobierno de su Majestad necesitará debatir muy detenidamente esta cuestión antes de decidir romper relaciones con España.

TRUMAN: No tengo ninguna simpatía al régimen de Franco, pero no deseo tomar parte en una guerra civil española. Ya estoy harto de guerra en Europa. Nos alegraríamos mucho de reconocer otro gobierno en España en vez del gobierno de Franco, pero pienso que es una cuestión que ha de resolver la propia España.

STALIN: ¿Es decir que no habrá cambios en España? […] No estoy proponiendo ninguna intervención militar, ni que desencadenemos una guerra civil en España. Deseo solamente que el pueblo español sepa que nosotros, los dirigentes de la Europa democrática, adoptamos una actitud negativa respecto al régimen de Franco. A menos que lo declaremos así, el pueblo español tendrá motivo para pensar que no somos contrarios al régimen de Franco. Podrán decir que, dado que hemos dejado en paz al régimen de Franco, esto significa que lo apoyamos. La gente entenderá que hemos aprobado, o dado nuestra bendición tácita, al régimen de Franco. Esto constituye un grave cargo contra nosotros. No me agrada estar entre los acusados.

CHURCHILL: Ustedes ya no tiene relaciones diplomáticas con el gobierno español y nadie podrá acusarle de lo que dice.

STALIN: Pero lo que si tengo es el derecho y la posibilidad de plantear la cuestión y resolverla. Todo el mundo cree que los tres grandes pueden resolver estas cuestiones. Yo soy uno de los tres grandes ¿Es que no tengo derecho a decir nada sobre lo que está pasando en España acerca del régimen de Franco y el grave peligro que representa para el conjunto de Europa? Cometeríamos una grave falta si ignorásemos esta cuestión y no dijéramos nada sobre ella.

El pueblo español supo agradecer el apoyo de la URSS a la guerra
contra el fascismo internacional y, por lo tanto,  el capitalismo

CHURCHILL: Todo gobierno es dueño de expresar sus ideas por su cuenta. Nosotros tenemos antiguas relaciones comerciales con España, que nos proporciona naranjas, vino y otros productos a cambio de nuestras propias mercancías. Si nuestra intervención no diera los frutos deseados, yo no querría que este comercio padeciera daño. Pero, al propio tiempo, comprendo totalmente a actitud adoptada por el Generalissimo Stalin. Franco tuvo el valor de enviar su división azul a Rusia, y entiendo muy bien la posición rusa. España, empero, no nos ha hecho nada a nosotros, ni siquiera cuando podía hacerlo en la bahía de Algeciras. Nadie duda que el Generalissimo Stalin odia a Franco y opino que la mayoría de los británicos comparte su pensar. Sólo deseo subrayar que nosotros no hemos sido perjudicados por él por ningún concepto.

STALIN: No es cuestión de perjuicios. Por lo demás, creo que Inglaterra también ha sido perjudicada por el régimen de Franco. Durante mucho tiempo, España puso su costa a la disposición de Hitler para que la usasen sus submarinos. Puede usted decir, por tanto, ha sufrido daños causados por el régimen de Franco en una forma u otra. Pero no deseo que este asunto se valore desde el punto de vista de algún perjuicio. Lo que importa no es la división azul, sino el hecho de que el régimen de Franco es una amenza grave para Europa. Por eso es por lo que creo que se debe hacer algo contra ese régimen. Si no es adecuada la rotura de relaciones diplomáticas, no insistiré en ella. Pueden encontrarse otros medios. Sólo tenemos que decir que no simpatizamos con el régimen de Franco y que consideramos justa la exigencia de democracia por parte del pueblo español; sólo tenemos que indicarlo y no quedará nada del régimen de Franco. Yo se lo aseguro. Propongo que los ministros de asuntos exteriores debatan si se puede encontrar otra forma más suave o flexible para hacer patente que las grandes potencias no apoyan al régimen de Franco.

TRUMAN: Me parece bien. Convengo en pasar el asunto a los ministros de asuntos exteriores.

CHURCHILL: Debo oponerme a esto. Creo que este es un asunto que debe ser resuelto en esta reunión.

STALIN: Claro que lo resolveremos aquí, pero que los ministros puedan examinarlo antes.

TRUMAN: Yo tampoco me opongo a pasar el tema a los ministros para su examen preliminar.

CHURCHILL: No lo considero conveniente, porque es un asunto de principios, es decir, de interferencia en los asuntos internos de otros países.

STALIN: Esto no es un asunto interno. El régimen de Franco es una amenaza internacional.

CHURCHILL: Todo el mundo puede decir esto del régimen de cualquier otro páis.

STALIN: No, no hay ningún régimen en país alguno como el de España. No queda régimen como ése en país alguno de Europa.

CHURCHILL: Portugal también podría ser condenado por tener un régimen dictatorial.

STALIN: El régimen de Franco fue instaurado desde el exterior, por medio de la intervención de Hitler. Franco se comporta de manera provocadora y da asilo a nazis. Yo no planteo ningún problema acerca de Portugal.
(…)"

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