lunes, 16 de mayo de 2016

La educación de un futuro no tan lejano

ENTETANIMIENTO

por Enrique Sánchez Ludeña el 8 marzo, 2015 en Educación

En 1995, en el Hotel Fairmont de la ciudad de San Francisco, se celebró el primer Foro del Estado del Mundo, al que asistieron líderes políticos, económicos y científicos de primer orden;  entre ellos George H.W.Bush, Mijail Gorbachov, Margaret Thatcher o Bill Gates. Su objetivo era estimar la situación del mundo, presente y futura, y sugerir posibles líneas de actuación.

Una de las conclusiones de este encuentro fue el reconocimiento de una evidencia: en el próximo siglo (es decir, en este) bastaría con el 20% de la población para mantener la actividad económica mundial. En consecuencia, el 80% restante no sería necesario para estos fines; lo que planteaba un serio problema social y político: ¿cómo podría la élite mundial mantener la gobernabilidad de la humanidad sobrante?

Entre las posibles soluciones que se propusieron al problema, tuvo gran aceptación la propuesta por Zbigniew Brzezinski, uno de los asesores y consejeros habituales en política exterior de los Estados Unidos. Esta solución consistía en proporcionar una mezcla de alimento físico y psicológico que fuera suficiente para mantener adormecida y de buen humor a la población frustrada del planeta. Hay un término para describirla, tittytainment, que puede traducirse como entetanimiento, una combinación de teta y entretenimiento, donde el término teta no tiene connotaciones sexuales sino de lactancia materna.

No es una idea nueva; es el equivalente del soma del mundo feliz descrito por Aldous Huxley, o de la vieja fórmula Panem et circenses aplicada por los emperadores romanos. Se trata de aplicarla en una sociedad real y más compleja. Y en esta aplicación juega un papel importante la educación recibida.

Desde la lógica, llevada al extremo, del sistema económico actual, capitalista, globalizado, liberal y tecnocrático, ¿qué características debería tener el aparato educativo, de forma que atendiera a sus intereses?

En primer lugar, aceptando la necesidad de que 20%  de la población genere y mantenga la maquinaria económica, sería preciso garantizar la formación de este sector de excelencia. Si bien hay dos niveles de excelencia: el de las élites técnicas, científicas, financieras y de gestión, es decir, los dirigentes, y el nivel exigible a los técnicos medios, cuyos saberes y competencias se vuelven, en muchos casos, obsoletos con el tiempo. La educación de unos y otros no requiere necesariamente de las mismas vías y los mismos métodos, y su selección será una combinación de herencia y meritocracia.

Una vez asegurado este mínimo necesario, queda la educación del resto de la población, de los más numerosos, de aquellos que no van a acceder al trabajo, o lo van a hacer de una forma precaria y esporádica. ¿Cómo tendría que ser esta escuela para la mayoría?

Para empezar, debería ser una escuela prolongada, de manera que mantuviera concentrado y ocupado durante el mayor tiempo posible al sector más joven de la población. La intención es retrasar en la medida de lo posible la necesidad de encontrar un trabajo y, por tanto, la frustración de no encontrarlo, a pesar de la supuesta formación recibida.

Sería una escuela finalista, que prepara para el trabajo prometido, en la que hay que permanecer cuanto más tiempo mejor, para tener más preparación y, por tanto, más y mejores oportunidades laborales. Se trataría, en consecuencia, de una escuela utilitarista y pragmática, en la que el Arte, la Filosofía y todas aquellas prácticas y saberes que no tienen una aplicación inmediata no serían relevantes; incluso serían inconvenientes, por el potencial que tienen de transformar al que los practica o se ve expuesto a ellos.

Aunque la música, la pintura, la literatura no deberían ser erradicadas, sino puestas al servicio de la diversión, de todo aquello que pudiera entretener; como tampoco debería prescindirse de la lógica, la metafísica o la ética, siempre y cuando se transformaran en ideología, en máximas  y sentencias doctrinarias revestidas de profundidad.

Para educar a los futuros parados ilustrados, debería ofrecerse una explicación sencilla y cerrada de la existencia, compuesta de hechos y verdades indiscutibles, que coloquen a cada cosa y a cada cual en su lugar. Todo ello complementado con eso que se llama cultura general; es decir, un revoltijo de nombres, fechas, libros, películas, exposiciones y monumentos que se deben conocer, leer, ver o visitar. Que se deben consumir.

La escuela de un mundo tecnocrático debe ser diseñada por técnicos, por expertos en educación. Ellos serían los responsables de descomponer todo lo que debe enseñarse en una relación de competencias observables, demostrables y medibles, indicando además cómo y cuando se enseñan estas competencias y cuál es la forma de medir su adquisición. En este diseño, los profesores tendrían que trabajar de una forma distinta a como ahora lo están haciendo, siguiendo las instrucciones y cumplimentando los correspondientes formularios que lo demostraran. Aunque, diseñado de esta manera y con las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, gran parte de este trabajo se podría automatizar.

Disfrazado de aprendizaje autónomo, los alumnos podrían dedicar buena parte de su tiempo a visualizar vídeos, escuchar explicaciones breves, responder cuestionarios de respuesta múltiple o accionar los distintos comandos de un simulador, guiados por un ordenador y bajo la supervisión de un profesor.

Profesor cuyo perfil deberá adaptarse al de la nueva escuela que se pretende implantar. Porque, más que de sabios, este tipo de escuela necesitará de especialistas, animadores y terapeutas; de transmisores de conocimientos muy concretos, moderadores de debates televisivos y profesionales que empoderen o devuelvan la autoestima. Son fórmulas eficaces y conocidas de alimentar la ignorancia, reducir la frustración y mantener controlado el descontento.

Fuente: http://www.otraspoliticas.com/educacion/entetanimiento



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